SUPONGAMOS
Supongamos que ni los reyes magos
se acuerdan de tu cumpleaños;
que ni la navidad advirtió
tus poros cerrados...
Imaginemos que el frío
sopla sobre tu pelo, mueve
tus párpados inertes y desprende
la cutícula de manos y pies...
En silencio, como una coartada
perfecta, la noche invade
tus mañanas como el alcohol
las heridas permanentes...
Despacio, como los decesos
sin importancia, la noticia
como el gas de uso doméstico
se esparce, se expande
y satura pulmones y tráqueas...
Mientras desciendes a la fosa común
de las últimas planas de los diarios,
alguien se percata que el crematorio
guarda tu resuello último.
se acuerdan de tu cumpleaños;
que ni la navidad advirtió
tus poros cerrados...
Imaginemos que el frío
sopla sobre tu pelo, mueve
tus párpados inertes y desprende
la cutícula de manos y pies...
En silencio, como una coartada
perfecta, la noche invade
tus mañanas como el alcohol
las heridas permanentes...
Despacio, como los decesos
sin importancia, la noticia
como el gas de uso doméstico
se esparce, se expande
y satura pulmones y tráqueas...
Mientras desciendes a la fosa común
de las últimas planas de los diarios,
alguien se percata que el crematorio
guarda tu resuello último.
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