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Mostrando entradas de noviembre, 2018

César Vallejo (1892/1938 )

El momento más grave de la vida Un hombre dijo: —El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho. Otro hombre dijo: —El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas. Y otro hombre dijo: —El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú. Y otro dijo: —El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre. Y el ultimo hombre dijo: —El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía. ("cómo cantaba mayo")

Tomi Kontio (1966 )

Según sus deseos Antes de morir papá anunció que sus cenizas debían ser esparcidas en el mar. Era uno de esos hombres que no quieren su nombre tallado en granito. El cinturón lo había colgado sobre una mantequera vieja y si no nos portábamos bien lo agarraba y nos daba en la espalda. Más tarde, borracho, a la mantequera la hizo pedazos de una patada y el cinturón se cayó al piso. Allí descansaba como una serpiente enroscada floja con una lengua de latón. Hacían falta todos los hijos y la madre para arrastrarlo a la cama y ni el pantalón pudo llevarse, quedó tirado en la puerta como una piel que se mudó. Era uno de esos hombres que no quieren su nombre tallado en granito. Nos lo marcó en la espalda con mandíbulas de latón. Fuimos a buscar sus cenizas al crematorio y guardamos la urna dentro de un morral Marimekko negro. Y nos hicimos a la mar. Mi hermano remaba y mi hermana indicaba el camino. Los remos graznaban un salmo y el viento se levantaba en ráfagas s...

Adam Zagajewski (1945 )

Temblor En la belleza creada por otros Sólo en la belleza creada por otros hay consuelo, en la música de otros y en los poemas de otros. Sólo otros nos salvan, aunque la soledad sepa a opio. Los otros no son el infierno, si se les ve temprano, con sus frentes puras, lavadas por sueños. Por eso me pregunto qué palabra debería utilizarse, "él" o "tú". Cada "él" es una traición a un cierto "tú" pero a cambio el poema de alguien ofrece la fidelidad de un grave diálogo. ("marcelo leites", trad. xavier farré)

Mia Couto (1955 )

Las calles En el tiempo en que había calles, al final de la tarde mi madre nos convocaba: era la hora del regreso. Y la calle entraba con nosotros en casa. Tanto el Tiempo moraba en nosotros, que prescindíamos del futuro. Recogida en mi cuarto, la ciudad adormecía en el mismo arrullo de nuestra madre. A la entrada de la cama, yo sacudía la arena de los sueños y despertaba vidas más allá. Entre la casa y el mundo ninguna puerta cabía: ¿qué cerradura encierra los dos lados del infinito? ("lljournal", trad. mitzi e.martínez guerrero )

Uriel Martínez (1950 )

Otoños A diferencia de otras noches esta vez me he sentado en la sala con un libro de Salinger en el regazo, como una madre que carga una criatura. A diferencia de otros días me he asomado a la ventana y he visto la luna como una hoz, lista a levantar la cosecha de otoño. Me llevo a los labios el tabaco, me acerco a la lengua el café y la brasa de canela; sin confesarlo espero las mañanas frías. Los pronósticos de la víspera son esos: la caída inexorable de termómetros, la desbandada de aves a tierras cálidas. Yo no, seré como los atlantes de Tula; terco y de una pieza como las ruinas de civilizaciones antiguas que permanecen mudas sin lecturas posibles, sin compañía alguna más que un silencio que va y vuelve como vuelven y siguen las nubes allá lejos. Si paso la noche en vela, si despierto y detengo la respiración pausada, si enciendo la luz antes de apagarla es que me volví humo. [Inédito]

Fernando del Paso (1935/2018 )

PoeMar I Para cantar al mar, no hay enseres, para cantar al mar y sus placeres, al mar azul, al mar y sus bahías, al mar y al sol, espejo de sus días, al mar de vientre colosal, derroche de lumbres verdes y de espesa noche, que mis palabras, mis palabras solas, que navegan, sedientas, en dos ola: olas en las que el cielo cristaliza su esencia azul, alada y quebradiza. ("poeMar", ed. fce, méxico, 2015, primera reimpresión)

Ana Cunha (1993 )

El poema a tu lado Buscas el poema y solamente después de un tiempo te percatas que ha estado al lado tuyo incluso desde antes de que iniciaras las búsqueda, que a pesar de ello tu mirada simplemente lo omitía. No se trata de desprecio sino de descuido, aún así sus letras reciben dóciles el movimiento de tu mano que las coloca en la página para que no vuelvas a perderlas de vista. ("depósito de objetos perdidos", trad. alejandro rodríguez morales)

Filipa Leal (1979 )

Nocturno para Varsovia Me gustaba invitarte a mi casa, como a los amigos en los viejos tiempos. Abría una botella de vino y te contaba de cuando era pequeño y tú me contabas de cómo iba el trabajo, el amor. Nos vemos todos los días y hablamos tan poco. Te extiendo la mano y a veces me das una moneda, pero hablamos tan poco. Me gustaba invitarte a mi casa pero no tengo casa, va a tener que ser para la próxima. ("depósito de objetos perdidos",trad. de alejandro rodríguez morales)

Rodolfo Häsler (1958 )

Diario de la urraca Página uno: lunes. La urraca lúcida Tengo una urraca que todo lo mira. Aunque huidiza, ahí está, quizá un azar, tira de la hebra, un deslizamiento al caer sobre un montoncito de hierba de Ibirapuera. En territorio agreste, lejos de mantener la calma la urraca se manifiesta, insiste en un vuelo sin laberinto, atraviesa el éter y anula el deseo yéndose por el costado, se esfuma por el mejor lugar, su juicio en la fronda. Repite un salto que es una línea, y abarca más, embauca temprano a su adiestrador. Celebran ambos la vez, bordea el refrán siempre a punto de perder la ocasión, hurgando en tierra mansa, sobre hojas húmedas, un hondo sentimiento de abandono. ("espacio luke")

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Dos islas No hago vida de mí. Cuando estoy solo no hago vida de mí. Te necesito a cada instante, siempre, incluso cuando no sé quién eres tú ni dónde estás ni qué quieres de mí. Cuando estoy solo siento que estoy en mala compañía. No sé hacer vida de mi soledad. Pero no sé tampoco no estar solo. No sé de mí sin ti. Te necesito tanto como te temo. Amo tus manos tal vez porque no están. Amo el abismo abierto entre nosotros (¿qué es nosotros?), que no existimos. Busco otro pronombre que no sea tú ni yo, nosotros, nadie, una especie de yu, de to, de tuya de Mogador para tallar la barca de madera y mentira donde huir dónde, juntos, deseándonos. Somos dos islas una frente a otra que aman el mar que las separa y une. ("espacio luke")

Manuel Bandeira (1886/1968 )

El último poema    Así querría yo mi último poema Que fuese tierno diciendo las cosas más simples y menos intencionales Que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas Que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume La pureza de la llama en que se consumen los diamantes más límpidos. La pasión de los suicidas que se matan sin explicación. ("la poesía alcanza"s/c al traductor)

Francisca Aguirre (1930 )

Un pedazo de hielo No es bueno andar por este mundo Soportando el desgaste de nuestra sombra. No es bueno alzar la voz a nuestras vísceras, Inaugurar un grito que hace crujir Tan solo a nuestro despavorido bazo. No es bueno andar en soliloquio Con el filo mugriento del desdén. No es bueno ser residuo de un espejo: Trae mala suerte esa mutilación Con apariencia de totalidad. No somos de fiar con tanta arista, Somos humanamente peligrosos Y desdichados inhumanamente. Entonces, con la humildad que otorga la desolación: Compañero, cualquier pedazo de hilo. Cualquier trapo para remendar Este agujero que llamamos vida. Mi hija y yo                                                 a mi hija, que tanto añora el mar Mi hija y yo recorremos las calles con la esperanza de encontrar el mar. Es domingo y las calles brillan quietas en este atardece...

Verónica Volkow (1955 )

Petición Dame la humildad del ala y de lo leve, de lo que pasa suave y suelta el ancla, la despedida ingrávida, y el abandono al vuelo, la cicatriz que avanza como ala en su desierto Dame la humildad del alma sin cuerpo y ya sin cosas. Ser la poesía y su luz, tan sólo la poesía y la región más de aire, inaccesible al desastre. Dame la luz sin límites acechando adentro y la noche que soy y el barro, con la estrella distante que la sed no sacia. Dame la humildad que suelte las cadenas, la verdad que desnuda el polvo, el hueso que me fraguan. Sólo en lo que soy caigo, me derrumbo. Déjame andar sin equipaje, leve, abierta al horizonte. ("el hacedor de sueños")

Rosario Castellanos (1925/1974 )

Elegía Nunca, como a tu lado, fui de piedra. Y yo que me soñaba nube, agua, aire sobre la hoja, fuego de mil cambiantes llamaradas, sólo supe yacer, pesar, que es lo que sabe hacer la piedra alrededor del cuello del ahogado. Meditación en el umbral No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libr...

Cristina Peri Rossi (1941 )

La sádica como las felinas que persiguen a las gacelas regresa de la faena con las fauces ensangrentadas y restos de carne entre los dientes. Ha comido ha gozado. Entonces, cansada de la cacería y de la digestión bosteza y se echa pesadamente a roncar entre la hierba o entre las almohadas. +++ Encomienda No sé que apetencias oscuras hay en su cuerpo, señora, encerradas en las carnes blancas, señora. Para que de pronto, su ansiedad estalle como granada abierta (de grandes labios rojos)       Me hago cargo, señora, me hago cargo: la monto la manto la palpo la sobo la beso la calco la solapo y usted bala como bovina usted ruge como marabunta usted piafa como yegua de raza usted resopla como marsopa usted finalmente acaba a caballo y yo acabo. ("conflagraciones.blogspot")

Silvia Favaretto (1977 )

Agito el mar dentro de mí Cuando sea ángel viviré en el faro... Lloraré mirando las luces de los barcos alejarse en la noche... Sentiré nostalgia de emociones nunca tenidas... Gritaré imprecaciones al viento (porque los ángeles no tienen padres) y arrancaré una a una las plumas de mis alas, desesperada y sanguinaria por la mala suerte que me ha dado maravillosas alas ligeras y un cuerpo demasiado pesado para volar... ("letralia")

María Mercedes Carranza (1945/2003 )

Maldición Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover Ni mis ojos horizonte sin mirar. Dondequiera que mi voz hable Llegará sin perdón a tu oído Y mis pasos estarán siempre Dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos, Resucitarán los muertos y volverán a morir Y allí donde tú estés: Polvo, luna, nada, te he de encontrar. ("conflagraciones.blogspot")

Uriel Martínez (1950 )

Como fiesta Como fiesta o duelo que se dilata hasta el otro día, toda la noche cayó el agua. Como pretiles y brocales  desbordados escuché gotas que azotaron muros y cristales huérfanos. Era una sinfonía que bajaba y caía a tierra como aeronave sin combustible, en espiral. Yo la oía y callado me arrebujaba a tu cuerpo quizá -de pronto- inventado años después. Entre sueños, confuso, repetía tu complexión, tu nombre, tu estatura sin que la noche ni el agua respondiesen. [Inédito]

Robin Myers (1987 )

Alza la mano si alguna vez Ahora que volví a ser niña de nuevo, todo resulta más interesante. Tú me resultas más interesante, el alcohol me resulta más interesante; mi temor de quedarme bajo el agua es, a un tiempo, más obvio y más interesante. También los choques automovilísticos me llaman como nunca la atención, al igual que los rostros de jóvenes mujeres que venden cigarrillos y gardenias, al igual que mis propios y súbitos ataques de deseo, los cuales me desangran en torpes direcciones como dedos de plantas suculentas. ¿Te acuerdas del juego de “Quemados”? ¿Te acuerdas de los machucones? ¿Te acuerdas de la electricidad estática? Cada rostro es, de nuevo, un parpadeo. Un perro con correa termina por meterse en todas las preguntas adecuadas. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que tú quieres? Quisiera, a veces, echar mano de mis propias manos y sacudirme, y marcarme a mí misma con mis uñas. Ahora me doy cuenta de que esto, también, es una especie de éxta...

Fabián Casas (1965 )

Mientras me lavo la cara Darío, parado, grita y gesticula. Bajo una frazada marrón Daniel, se ríe y habla de sus novias. Están borrachos y los que gritan en la cocina, como diputados, también. Mi vieja, resucitada, golpea las ventanas, pidiendo entrar. Al amanecer, bajo una claridad despiadada; cigarrillos, libros desperdigados, platos con comida. Camino, despacio, hasta el baño; sé que la desgracia está sobre nosotros, no ahora, tampoco el año próximo, todavía somos jóvenes, pero eso se pierde enseguida. No tenemos nada, pienso, mientras me lavo la cara, ni un oficio, ni una herencia, ni una casa de sólida piedra. ("marcelo leites")

Elvis Guerra (1993 )

Nosotras Nosotras, las bastardas, las hijas no reconocidas de San Vicente, las flores marchitas en una laguna encantada, las luciérnagas que murieron antes de aprender a volar, las mariposas más oscuras, las más insaciables bajo el légamo, las perras que dan todo a cambio de una caricia, las sin rostro, las siempre anónimas. Las otras, las condenadas a morir en una casa sin altar, las novias de nadie, las Evas sin seno, las nunca bienvenidas en una cena familiar, las abusadas por el tío menor, las muñecas de papel bajo la lluvia, las cerdas que se embarran de semen la cara, las paridas al revés, las mordidas por el alacrán de la lujuria, las locas expertas en medición de pitos. Nosotras, las muxes que pagamos hasta la cena de tu esposa, también te queremos, aunque digas que sólo somos tus cuates (muro fb del autor)

Elkin Restrepo (1942)

Lugar común Si les dijeran que todo aquello es amor, lo negarían. Viven un hechizo y no se dan cuenta. Pero él se desespera si no la ve, y ella acude en su busca si no lo encuentra. Sentados en el bar, podrían pasar la vida entera. Dos que no saben que son uno, y que para reunirlos se movió de su sitio el universo mismo. Y hablan y hablan (de todo y nada en apariencia), sin saber que es del amor que hablan. ("conflagraciones")

Allen Ginsberg (1926/1997 )

Imagen
                                                       peter orlovsky No envejezcas I Ventiocho años antes sentados en el sofá del cuarto de estar me había    mirado fijamente, yo dije "Quiero ir a un psiquiatra -tengo problemas sexuales- homosexualidad" Yo había vuelto a casa por culpa de mis años difíciles de estudiante     Este era el fin de semana en el que hablaría con él. Una mirada sobresaltó su rostro, "¿Quieres decir que te gusta meterte      penes de hombre en la boca?" Igual de sobresaltado, "No, no", mentí, "No es eso lo que significa" Ahora yacía desnudo en el baño, con el agua caliente desaguando     bajo sus piernas. Peter el de los hombros fuertes, en otro tiempo auxiliar de     ambulancia, lo alzó en la acicatada habitación. Lo secamos con toallas, los b...

José Ángel Valente (1929/2000 )

Los colores del sacrificio San Jorge es apenas un niño sobre un blanco caballo de cartón. En el cielo azul pálido hay una luna mínima, cortante, y discurren distraídas las nubes. La boca de la cueva se abre enorme, apenas defendida por el dragón con ojos en las alas de encendidos colores como el pavo real. Su sangre corre roja, convencional la sangre, y tiñe tierno el verde de su piel. La mujer, roja y verde como el dragón, apenas lo sujeta con una leve cuerda que nada tensa.                               Dócil, el animal se presta al vencimiento. La mano izquierda de ella presenta, muestra, invita a la entregada bestia.                                         Mientras, la prolongada lanza del san Jorge inocente perpetúa la oscura penetración. ("perros en la playa")

Jorge Luis Borges (1899/1986 )

Caña de ámbar He aquí una flor llamada caña de ámbar. Es recuerdo querido de una tarde en que me dio su boca una palabra dichosa como un beso. Esas líneas publican mi secreto semejante al de todos. ¿A qué apilar altos alardes verbales, decoro de sentencias y de imágenes, para decirte lo que sabes? También tú junto a la esperanza viviste y hubo en ti dicha dolorosa, desolación de ausencia     y gloria inconstante y certidumbre venturosa entre dudas y amartelada gustación de otra alma. Quiero que ante esta flor y esa palabra nos reconozcamos iguales como ante una común música patria. ("borges todo el año")

Amalia Bautista (1962 )

Cuéntamelo otra vez Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso que no me canso nunca de escucharlo. Repíteme otra vez que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar de los problemas, se seguían besando cada noche. Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco. Las adelfas Las he visto crecer en las cunetas y en las medianas de las autopistas, en jardines privados y lujosos y rodeando bloques de ladrillo en suburbios tan tristes como el hombre. Me sorprende que sean tan bonitas, que se adapten tan bien a cualquier medio, que precisen tan pocas atenciones. Me sorprende que sean venenosas. ("elhacedordesueños" y "nomequitespaz")

José Eugenio Sánchez (1965 )

hay un viento y dios silba una canción de frank sinatra viene únicamente cuando amenaza lluvia cuando el viento sacude varias fotografías de su buró viene por instantes y por alguna prenda del ropero luego hacemos el amor para no platicar par no distraernos del asunto viene en sus días más negros cuando su cuerpo le discute cuando su casa la abandona pareciera que mis manos tuvieran algo que ver con su tristeza ("escenas sagradas del oriente", almadía, 2009, oaxaca)

Juan Manuel Villalba (1964 )

Ya puedes olvidar tu vida Ya puedes olvidar tu vida. Asume que carece de interés literario incluso para ti, aunque te duela. Aparta las canciones ya cantadas, no intentes descubrir lo descubierto fingiendo ser el único, el que llegó primero. Olvida ya el amor, no es nada nuevo. Incéndialo en secreto, sin testigos, que nada quede escrito, que nadie sepa nada. Retira los espejos, olvídate a ti mismo sin que eso te impida recordarte todo lo que no eres, porque ése sí eres tú. Fulmina los aplausos que tanto necesitas. Si quieres ser palabra, no oigas, enmudece. Deja la pirotecnia para la infantería. Y ahora, con las manos vacías y con frío, atrévete a sentarte y cuenta la verdad. ("pre-textos")