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Mostrando entradas de mayo, 2016

Marco Antonio Ettedgui (1958/1981 )

Lloro mi muerte A mí, cuando vivo vivía Lloro mi muerte y la de todos como yo de velas rodeado cinco círculos de flamas separadas unas de otras por puñales tallados con los que me asesinaron mientras pensaba horizontal morí con una lágrima en cada ojo y con una en el oído izquierdo honor a los sordos sobrevivientes humanistas presocráticos ¡Cómo hubiese amado mi retrato en la verídica prensa del siglo XX! varias veces introdujeron los puñales como en novelas de Agatha Christie misteriosamente encontrado oyendo en mi alcoba al aire tocando el piano que le presté y dos pinos con guitarras alquiladas por mis vecinos del frente, Morela se las dio para que tocasen en las noches  de niebla. Música como de amor en Bar fino en los bolsillos cargaba raros dulces y chupetillas con sabor a joven guinda. ("medusario, muestra de poesía latinoamericana", sel. y notas r. echavarren, j. kozer y j. sefami, ed. FCE, México, 1996)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Setiembre                                       a alejandro oliveros Mira setiembre: nada se ha perdido con fiarnos de las hojas. La juventud vino y se fue, los árboles no se movieron. El hermano al morir te quemó en llanto pero el sol continúa. La casa fue derrumbada, no su recuerdo. Mira setiembre con su pala al hombro cómo arrastra hojas secas. La vida vale más que la vida, sólo eso cuenta. Nadie nos preguntó para nacer, ¿qué saben nuestros padres? ¿Los suyos qué supieron? Ningún dolor les ahorró sombra y sin embargo se mezclaron al tiempo terrestre. Los árboles saben menos que nosotros y aún no se vuelven. La tierra va más sola ahora sin dioses pero nunca blasfema. Mira setiembre cómo te abre el bosque y sobrepasa tu deseo. Abre tus manos, llénalas con estas lentas hojas, no dejes que una sola se te pierda. ("alfabeto del mundo", ed. fce, méxico, 2a. ed., 2005)

Uriel Martínez (1950 )

Otro país enero: con tecnología google di con tu casa, llegaste pasado de copas, como reptil de piedra febrero: otro día te seguí hasta la puerta de otra casa, donde nadie respondió tu toc toc toc marzo: una semana después, casi sobrio, oprimiste el timbre de un edificio deshabitado y de ventanas rotas abril: por un momento creí que tirarías piedras al tercer piso, donde vivió quien esto expresa en otro país.

Cristian López Talavera (1985 )

Mi cuna deriva como un vendaval a ovillarse en el olvido Padre, ¿A qué sabe la luz? ¿A qué sabe la sombra? ¿A qué el silencio de tus ojos? Ahora que la noche ciega reposa en el manto de estrellas fugaces ¿A qué sabe el dolor de perros acogidos en la lluvia? ¿A qué tu cuerpo inmóvil en la doblez de los dioses? Ahora que la carne se ha transformado en oruga ¿En qué cierzo deshabitado estos parajes oscuros, valles claustrofóbicos? ¿A qué tu escafandra agusanada de melancolía? Padre, ¿Para qué tu soledad si tu diáfana luz desciende sobre estos párpados bifurcándose en llantos? ("revista ping pong")

Enrique Solinas (1969 )

El doble Ese hombre que está sentado frente a mí es apenas un reflejo de lo que soy. Tiene mi voz atrapada en su garganta -y sé que es personal - como si alguien lo hubiera autorizado a dejarme mudo. Transcurren sus días en mi contemplación. Sabe más de lo que yo comprendo. Ese hombre que está sentado frente a mí sonríe, acomoda su pelo y espera a que me duerma de una buena vez para ocupar mi historia. Ahora observo que se aleja, sin mortificaciones. Ahora: parte como quien regresa   de un largo sueño. Y es tan simple, tan vacío de significación, tan elegante, tranquilo y eficaz, que da gusto verlo cada vez, regresando hacia mí, abriendo           las puertas de la muerte. ("al pial de la palabra")

Carmen Callejo (1990 )

Las manos de los asesinos Mi vecino me habla de Guaros, de tesoros incas enterrados en el bosque para huir de las garras destructoras de mis antepasados. Me cuenta también cómo hace pocos años todo el pueblo marchó y cómo juntos cerraron esa mina. Mi alumna me explica el Inti Raymi, la fiesta del sol del solsticio de invierno y hablamos por horas del Tunche, el Chullachaki, de todos los espíritus que habitan en el bosque. ("Miss Carmen, dime, ¿tú crees en ellos?") En el pueblo del otro lado de las montañas un anciano me cuenta cómo su lengua natal, el awajún, se le ha ido oxidando entre los labios cuando se le obligó a tragar castellano a la fuerza. "Los awajún viven allá," me dice un compañero, "al fondo de la selva, en pequeñas cabañas. Tienen flechas y arcos, son parte del bosque y es por eso que defienden como nadie sus árboles sagrados de las madereras." Una amiga me cuenta que desde que llegara el cristianismo y fo...

Raúl Henao (1944 )

El olvido Cerca al desposeído al desamparado El olvido pasea sus muertos Insepultos entre la niebla Cruza el sordo la calle A brincos la sangre le hace señas En el espejo de la mañana. Y no hay un árbol a la redonda Donde poner un nido de pájaros Una sola nube donde acampar al sol. El olvido pasea sus muertos insepultos Cerca al desposeído al desamparado. El sordo cruza la calle. Entre la niebla acampan los pájaros Porque no hay un sol donde poner una nube Un árbol donde borrar La sangre a cántaros de la madrugada. ("ala de cuervo.blogspot")

José María Cumbreño (1972 )

El timbre Sé que me dijiste que no pensabas volver. Que te marchabas           definitivamente. Que, según tú, era lo mejor para los dos. Lo sé. A pesar de todo, no quise que me devolvieras las llaves. Porque aunque no me hayas llamado ni una vez. Ni una sola. Ni cojas el teléfono cuando yo lo hago. Todas las tardes, al regresar del trabajo, antes de abrir la           puerta pulso el timbre. Y espero. Por si acaso. ("emma gunst")

Linda Pastan (1932 )

Lo que queremos Lo que queremos nunca es sencillo. Nos movemos entre las cosas que pensamos que necesitábamos: un rostro, una habitación, un libro abierto y esas cosas tienen nuestro nombre... ahora, nos necesitan. Pero lo que necesitamos se aparece en sueños, lleva disfraces. Descendemos, tendemos los brazos y por la mañana nos duelen. No recordamos el sueño, pero el sueño se acuerda de nosotros. Está ahí todo el día igual que un animal está ahí debajo de la mesa, igual que las estrellas están ahí aun cuando el sol brilla ("otra iglesia es imposible", versión jonio gonzález)

Philip Larkin (1922/1985 )

Alambradas Las praderas más amplias tienen cercas eléctricas, pues aunque las reses viejas saben que no se han de descarriar los novillos jóvenes husmean siempre agua más pura no aquí, sino en cualquier parte. Más allá de las alambradas. Les lleva a chocar contra las alambradas cuya violencia los desgarra sin mesura. Ese día el novillo joven en res vieja se ha de transformar, límites eléctricos a sus más amplias miras. ("escomberoides", s/c al traductor)

Juana de Ibarbourou (1892/1979 )

Las olas Si todas las gaviotas de esta orilla Quisieran unir sus alas, Y formar el avión o la barca Que pudiesen llevarme hasta otras playas . . . Bajo la noche enigmática y espesa Viajaríamos rasando las aguas. Con un grito de triunfo y de arribo Mis gaviotas saludarían el alba. De pie sobre la tierra desconocida Yo tendería al nuevo sol las manos Como si fueran dos alas recién nacidas. ¡Dos alas con las que habría de ascender Hasta una nueva vida! ("emma gunst")

Luna Miguel (1990 )

Mala sangre I La felicidad no puede ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos. Eso me dijeron los que dibujaban tus ojos en un pañuelo blanco. Los que me tentaban: si otra persona, si una sola persona recuperara antes que tú este pa- ñuelo, los ojos de tu amado desaparecerían para siempre. Los ojos. Desaparecería para siempre. Tu amante. Los ojos de tu amante/amado como una gallinita ciega. Ven. Date prisa. Tómalos la primera. Los otros niños corren más que tú. Tó- malos antes que ellos. Nunca ganaste al juego del pañuelo, pero aguanta. Aguanta esos ojos estériles. Aguántalos sangrantes en tus manos, en tus globos oculares, los ojos sobre los ojos, y más ojos sobre más ojos. Introdúcelos en tu organismo. Pez de tres ojos. Pez radioactivo de dibujos animados. Toma los ojos de tu amado. ¿Cuántos ojos hacen falta para ver el mundo? ¿Cuántos iris, para creer en el amor? La felicidad es ciega, dicen. Nadie la ha visto. A todos nos mienten sobre su esenci...

Inmaculada Pelegrín (1969 )

Extraños que os cruzáis... Extraños que os cruzáis conmigo por la calle, que rozáis vuestro anónimo hombro contra el mío, o bebéis, distraídos, un café a media tarde, en medio de una plaza con flores. Confieso que os espío. Piernas, dedos, escotes, rostros, pechos, espaldas, ojos, frentes y cinturas. Tantas formas de estar y de moverse. El gesto de extender la mano abierta, un bostezo o el pie que, impaciente, repica contra el piso, el codo que apuntala la inopia del mentón, la oreja que sujeta detrás de sí el cabello, la pierna que se cruza y se abanica. Sin nada que saber de vuestra historia, más allá de la piel que me mostráis, envidio, insanamente, vuestros pasos, pues parecen llevaros a algún sitio y diría que vais lo mismo de feliz que otro cualquiera. Desde el cristal oscuro de mis gafas siempre he querido ser como vosotros. ("life vest under your seat")

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Mrs. Benjamin Pantier Sé que decían que enlacé su alma con un lazo que lo fue desangrando hasta la muerte. y que todos los hombres lo querían y que muchas mujeres le tuvieron compasión. Pero suponte que eres realmente una dama, y que tienes gustos delicados y detestas el olor del whisky y la cebolla. y que la “Oda” de Wordsworth fluye en tus oídos mientras él va repitiendo, de la mañana a la noche, partes como esa cosa ordinaria: “¿Oh, por qué será orgulloso el espíritu del hombre?” Y luego, suponte: eres una mujer con una buena dote y el único hombre con quien la ley y la moral te permiten tener relaciones conyugales es justamente aquel que te repugna cada vez que piensas en eso — y piensas en eso cada vez que lo ves. Por eso lo eché de casa a vivir con su perro en un cuarto sombrío detrás de su oficina. ("caína bella", versión gerardo gambolini)

José Emilio Pacheco (1939/1914 )

La diosa blanca Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en               su ausencia, la nieve vino a despedirme. Pintó de Brueghel los árboles. Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío. Imposible dar gusto a todos. La nieve que para mí es la diosa, la novia, Astarté, Diana, la eterna muchacha, para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera. Estorba sus labores y sus ganancias. La odian por verla tanto y haber crecido con ella. La relacionan con el sudario y la muerte. A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha. Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día. Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante. ("escomberoides")

Salvador Novo (1904/1974 )

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Soneto ¿Cómo hablarás, Ernesto, de humorismo: cómo de bromas, leves o pesadas; cómo de risas ni de carcajadas, sin hablar, como es justo, de ti mismo? Prueba tú viviente del darvinismo, tú demuestras que el hombre en sus pasadas épocas mono fue, y a las andadas suele volver- simiesco mimetismo. Si esta noche te aplauden por tu rango (que pueden aplaudirte, te lo abono), no equivoques el rabo por el mango.                                                                 No aplaudirán tu gracia ni tu encono:                                                                 sino el hecho de ver hablar a un chango ,             ...

Uriel Martínez (1950 )

aquel jueves... aquel jueves abrí los ojos con una certeza: todo está por hacerse: la cama, el café, la noche. aquella noche cerré los párpados con una certeza: no amaneceré en otra ciudad, en otro paisaje, en otro cuerpo. aquel día lluvioso me asomé al balcón del moribundo con la seguridad: la sed no acaba en junio. aquella mañana soleada, al correr las hojas de puertas y ventanas, tuve una epifanía: el olvido. aquella madrugada, al recordarte, tuve la certeza del gas, el sosiego, el veneno, la soga; y recobré la calma.

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Derrota del otoño Aquí no es bienvenido el otoño. Nadie lo espera a la orilla de ningún río melancólico que esconda en su cauce los secretos del mundo. El otoño reina en otras latitudes. Allá lejos, donde los ciclos se cumplen, allá lejos donde envejecen y renuevan las metáforas. (El sol se hunde en un verdoso charco donde flota, solitaria, una hoja de laurel). Pero esta tarde no ha llovido. Las hojas se aferran a sus ramas, heroicamente luchan contra el viento y en la noche celebran la derrota del otoño. No saben que las hojas que caen son las escritas y el árbol un seco y callado poema sin estrías. ("otras criaturas poéticas")

Nikiforos Vretakos (1911/1991 )

Éxodo Todo termina alguna vez, Turbios ríos y noches. Basta que puedas Salvar al fin tu alma, Como la madre salva al hijo Atravesando un mar o un incendio. ("otras criaturas poéticas", trad. horacio castillo)

Circe Maia (1932 )

El medio transparente Lo mejor sería no pensar demasiado en ellas, las palabras. Ellas vienen así o de otro modo y no es tan importante. Vidrios, ventanas son y habría que limpiarlas con cuidado, por eso. No pintarlas -¿qué verías detrás?- y no adornarlas. Por mirar el adorno en la ventana no miraste hacia afuera. El más breve vistazo hubiera sido al menos suficiente para mirar la luz del otro lado. Sí, esa luz de afuera sobre un rostro que pasa. ("otras criaturas poéticas")

José Watanabe (1945/2007 )

La jovencita El algarrobo se inclina como una nube verde sobre la única bodega del pueblo. Detrás del mostrador humilde una grácil jovencita lleva nuestra mirada a un tiempo sin malicia. Tiene el cabello recortado como un muchachito travieso. El próximo año tendrá la cabellera larga. El cuerpo sobrecoge de tan puntual y prolijo: cumplirá con el crecimiento de cada uno de sus cabellos y hará sonar una música menos inocente. Mientras tanto, ella guarda sus negros mechones en un frasco de vidrio junto a los caramelos y gomas de menta. Eso es siniestro, pequeña. Tú, tan vivaz, hija del solcito que venimos a buscar, no deberías guardar nada muerto. No es justo para los que ahora te miramos como agüita de yerba para el desasosiego. ("otras criatura poéticas")

Alberto Cisnero (1975 )

Robé un auto para trasladarme a soledades vivientes III un erudito encanecido que acabará sepultado por volúmenes y fichas mira las últimas poblaciones, el precario género de vida, un acento diacrítico, en el mismo rincón, esperando que termines lo tuyo, sobre esto sabemos muy poco. avanzamos juntos. ya sobrevivimos a demasiadas cosas. empezó sin que nos percatáramos. tampoco sabemos cuándo dará su fin. leer y estudiar durante equis años de conformidad con un plan, con blandicia de égloga, por usar localismos arcaicos, lo que figura en un mapa y relata su pasado. murmuramos un nombre, un mensaje después del tono. ("otra iglesia es imposible")

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

Gracias señor Gracias señor por hacerme débil loco infantil Gracias por estas cárceles que me liberan Por el dolor que conmigo empezó y no cesa Gracias por toda mi fragilidad tan flexible Como tu arco Señor Amor ("otras criaturas poéticas")

Macky Corbalán (1963/2014 )

Olfateo Olfateo hondamente el aire, busco los datos que permiten al pájaro la vida. Dirección, sentido, peligro, alimento, todo uno en las especias del aire. Pesada y sin plumas, voy en desventaja, no crean que no lo sé. Pero, también empecinada, sé de lo que se trata la vida, y voy por ello. ("otras criaturas poéticas")

Camila Charry Noriega (1979 )

Las vísceras del ave... Las vísceras del ave aun palpitan sobre la liza piedra en ráfaga se desprenden de los árboles millones de polluelos que giran en círculo y chillan agudos sobre el altar. Es el momento del ocaso y el cielo arroja rojas señales de aprobación; son las nubes lívidas anuncian la misma lluvia de siempre ruedan pequeñas gotas de sangre desde el corazón del sacrificio y la hierba se abre silenciosa y la tierra negra se cuartea; emergen vigorosas        brillantes flores y tiemblan en la pupila de todas las aves que continúan sobre el cadáver su procesión. Llueve, todo se disipa como en un sueño las vísceras del ave expuesta se diluyen y entre gotas el plumaje de las que continúan su aleteo se confunde con la marcha de hojas secas que se ahogan del otro lado de los párpados. ("aurora boreal")

José Watanabe (1945/2007 )

Responso ante el cadáver de mi madre A este cadáver le falta alegría. Qué culpa tan inmensa cuando a un cadáver le falta alegría. Uno quiere traerle algo radiante o gustoso (yo recuerdo su felicidad de anciana comiendo un bife tierno), pero Dora aún no regresa del mercado. A este cadáver le falta alegría, ¿alguna alegría aún puede entrar en su alma que está tendida sobre sus órganos de polvo? Qué inútiles somos ante un cadáver que se va tan desolado. Ya no podemos enmendar nada. ¿Alguien guarda todavía esas diminutas manzanas de pobre que ella confitaba y en sus manos obsequiosas parecían venidas de un árbol espléndido? Ya se está yendo con su anillo de viuda. Ya se está yendo, y no le prometas nada: le provocarás una frase sarcástica y lapidaria que, como siempre, te dejará hecho un idiota. Ya se está yendo com su costumbre de ir bailando por el camino para mecer al hijo que llevaba a la espalda. Once hijos, Señora Coneja, y ninguno sabe qué diablos ...

Constantino Cavafis (1863/1933 )

El olvido Encerradas en un invernadero, bajo el cristal, las flores olvidan que la luz del sol existe y cómo temblaban bajo el rocío. ("escomberoides", sin cr. al traductor)

Óscar Hahn (1938 )

¿Por qué escribe usted? Porque el fantasma porque ayer porque hoy: porque mañana porque sí porque no Porque el principio porque la bestia porque el fin: porque la bomba porque el medio porque el jardín Porque góngora porque la tierra porque el sol: porque san juan porque la luna porque rimbaud Porque el claro porque la sangre porque el papel: porque la carne porque la tinta porque la piel la noche porque me odio porque la luz: porque el infierno porque el cielo porque tú Porque casi porque nada porque la sed porque el amor porque el grito porque no sé Porque la muerte porque apenas porque más porque algún día porque todos porque quizás. ("life vest under your seat")

Louise Glück (1943 )

Semejanza final La  última vez  que vi a mi padre  ambos hicimos lo mismo. El estaba parado en la puerta de su habitación, esperando que yo acabase de hablar por teléfono. Que él no estuviera pendiente a su reloj era una señal de que quería conversar. Conversar para nosotros siempre significó lo mismo. El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta. Y en eso consistía. Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad. Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca  en la marquesina. Mi padre y yo evitábamos estar solos; No lográbamos conectarnos, hablar por hablar. Era como si no existieran otras posibilidades. Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo, hay de que hablar.   Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero apareció al final de la cuadra hasta que se detuvo para estacionarse. Mi padre quería contarme cóm...

Marcelo Guajardo (1977 )

Poema 1 Sobre esta playa construiré una ciudad un fuerte para mis adversarios un laberinto para mi prole Entierro la sangre en la arena he fundado la locura ahora que venga el mar si puede y me arrastre lejos de estas construcciones estoy pegado a estos ladrillos a este miedo a esta ira ya nadie puede comer de mi carne si he de morir será en una cruz viejo y solo en medio de la playa. ("revista ping pong")

Uriel Martínez (1950 )

La blanca Mientras llegas, niña blanca, déjame dormir hasta tarde y a solas; llega muda; si te es posible, con cubos de hielo y pásalos por mis labios; si quieres trae contigo las tijeras del peluquero y corta callada mi pelo oscuro de adolescente. Ven, puta primeriza, no te hagas de oído sordo; trae contigo, en la bolsa de mano, el rouge cansado, el espejo redondo, las pinzas de cejas y sácame la espina que me espina la lengua, la vida, el costado; carga el hisopo de enamorados y moja, rocía varias veces este cráneo de cal hirviente.