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Mostrando entradas de febrero, 2016

Janet Frame (1924/2004 )

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El espejo de bolsillo Tantas miles de veces por minuto la luz de los faroles se apaga. Concebí un método con el que esto puede enseñarse a quienes desconocen los hechos de la luz. Tomando el espejo de bolsillo, captura el reflejo de la hilera de lámparas. Aquita el espejo. Así. ¿Ves estas franjas negras que se alternan con el amarillo? Son barras de oscuridad real que no pueden percibirse a simple vista. Para desengañar a la visión se requiere un instrumento imparcial como un espejo. Los sentidos humanos jamás dicen la verdad si pueden ceñirse a una mentira fácil. ¿Tigres merodeando? ¿Alquitrán embarrado en mantequilla? ¿El Señor Oscuridad en su uniforme de sargento? ¿Un gato negro en una cama de queso? ¿Plumas de jilguero? ¿Barro y cipreses? ¿Un sándwich de Cielo e Infierno? ¿Orugas serpenteando a lo largo de la calle nutriéndose de la oscuridad para mutar en mariposas matinales? ¿Qué más puedo decir aparte de que estás lleno de mentiras? Balbuceas...

Osvaldo Bossi (1963 )

Ruego por el tornado Que no regrese, que no relinche contra la ventana como un caballo y a su paso se lleva los muebles, abrigos de lana, ollas, el televisor... Sobre todo que deje en paz al techo: cada chapa fijada con clavos a los tirantes, no las arranque como a barajas de cartón. No se pavonee en torno a mi lámpara y lo confunda todo con esa voracidad omnívora, sin restricciones. Que yo no piense: En el fondo, en el centro de su pecho, se esconde un sitio calmo para nosotros. Que yo no encuentre cierta belleza o música en esa órbita destructiva. No finalmente, molido a palos, recaiga sin consuelo en el odio o torne a la guardia que forjó un niño tímido. ("otra iglesia es imposible")

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Alfred Attendu En el transcurso de los diferentes procesos que tuvo que sufrir el doctor Attendu de 1946 en adelante, apareció otro detalle científico interesante: casi todos los retrasados de uno, dos o tres años que se hallaban en el sanatorio, los llamados " p´tits anges ", eran hijos suyos, producidos in loco a través, según parece, de la inseminación artificial; para las jóvenes mamás, veintitrés, se había construido algo así como un gallinero-maternidad, con un suelo de cemento fácilmente lavable. ("la sinagoga de los iconoclastas", ed. anagrama, barcelona, 2010, trad. joaquín jordá)

Cees Nooteboom (1933 )

Atahualpa y Pizarro La afirmación de que ciento sesenta y siete españoles y cuarenta caballos vencieron al Inca sólo es válida para nosotros. A ojos de él, fue vencido por animales con pies de plata (caballos, que los incas no conocían), animales que al mismo tiempo eran hombres y que de noche perdían su fuerza; si se alcanzaba al hombre sobre el animal, se acababa con la vida de ambos. O bien fe vencido por la leyenda de los dioses blancos que habían regresado a la tierra. ("hotel nómada", ed. de bolsillo, trad. isabel-clara lorda vidal, méxico, 2008)

José Watanabe (1947/2007 )

Poema del inocente Bien voluntarioso es el sol en los arenales de Chicama. Anuda, pues, las cuatro puntas del pañuelo sobre tu cabeza y anda tras la lagartija inútil entre esos árboles ya muertos por la sollama. De delicadezas, la del sol la más cruel que consume árboles y lagartijas respetando su cáscara. Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje, y esta otra: de cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial y ardió demasiado súbito y desmedido como si fuera de pólvora. No te culpes, quien iba a calcular tamaño estropicio! Y acepta: el fuego ya estaba allí, tenso y contenido bajo la corteza, esperando tu gesto trivial, tu mataperrada. Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza) sin arrepentimientos porque fuiste tú, pero tampoco. Así en todo. ("enfocarte", no. 32 )

Niki Marangou (1948/2013 )

Don Jabis del pueblo de Julu Al cumplir los sesenta don Jabis del pueblo de Julu se fue al bosque y eligió dos robustas ramas. Talló sendos bastones uno para su esposa y otro para él y los guardó en el armario para cuando los necesitara. La electricidad en Fiti Don Nikos me contó que hace cincuenta y tantos años cuando la electricidad llegó a Fiti toda la noche lloraron los animales y las aves revolotearon inquietas porque no entendían lo que pasaba. ("estampas de chipre, ed. uv-xalapa, ver., méx., 2015, selma ancira traductora)

Eduardo Cote Lamus (1928/1964 )

El vértigo Todo se va cayendo, todo es piedra, molino que cambia aire por harina como el hombre es igual a lo que anhela. Todo se va cayendo, todo es plomo que cae ceniciento por la piel. Y todo va cayendo al miedo. Alguien usa la voz como perfume: cae sobre su sombra y la destruye, cae envuelto de pasión sobre sus pasos: los borra, los sepulta, los camina. Todo se va cayendo, todo es sueño: la luz para encenderla tiene un nombre, otro para apagarla.  Todo es sueño. Alguien se fue quitando días, poco a poco, hasta quedar sin años, para meterse en tierra y embozarse en ella. ("casa de poesía silva")

Janet Frame (1924/2004 )

Un queso nuevo Mi libro se agrió. Sus bacterias ácidas se multiplicaron al calor de mi esfuerzo. Tiene una gruesa capa de nata encima, cortada. Lo más que puedo esperar es dejarlo, dejar que madure, se añeje en un queso de sabor fuerte y olor fétido. ("huesos de jilguero", ed. uv-xalapa, ver., méx., trad. de paula busseniers)

Uriel Martínez (1950 )

La escarcha cuando cae la noche caen también los muros del silencio; cuando bajan los párpados hay una sombra que altera, lastima y sangra; cuando muere el día hay un manto de hielo extendido, extenso, abarcante; cuando llegas callado al límite silente, entonces los frutos ruedan en cascada y llenos, ahítos de sí se expanden, se esparcen, se ensanchan; sólo entonces, de nuevo, aparece la escarcha y te abrasa, te quema.

Miguel Méndez Camacho (1942 )

Recuérdame, desnuda ¿En qué bar estarás dónde tu risa suene más que la música? ¿Donde tu pelo sea el rincón más oscuro de la fiesta y tu escote la ventana mejor iluminada? Alguien sabrá que eres impredecible de la cintura para abajo, hacia arriba te salva la sonrisa y esa mirada ausente como si no quisieras compañía. ¿A quién decidiste seducir? ¿Algo tiene de mí tu próxima aventura? Recuérdame, desnuda y no olvides que nadie sabe más de tu cuerpo que mis manos. ("círculo de poesía")

Armando Romero (1944 )

Flores de uranio Llegaron los tres al mismo sitio Pidieron espumeantes bebidas Saludaron a la amable concurrencia Llegaron los tres a la misma mesa Tomaron humeantes pociones No conocían a nadie No estaban incómodos Y he aquí Que cuando los tres se encaramaron Sobre la cornisa Sobre la ventana Sobre el agujero La mujer de la cantina dijo no se asusten que ellos            eran una nueva flor traída de Oriente Pero cuando descendieron y mataron a toda la             [concurrencia Ella dijo antes de morir que no había nada que temer Que se había equivocado de jardín Que se había equivocado de flor Y que en vez de traer flores de Buda Había traído flores de Uranio ("círculo de poesía")

Héctor Viel Temperley (1933/1987 )

Unas macetas de amarillo No tengo para ver sólo los ojos. Para ver tengo al lado como un ángel que me dice, despacio, esto o lo otro, aquí o allí, encima o más abajo. Siempre soy el que ve lo que ya ha visto, lo que ha tocado ya, lo que conoce, no me puedo morir porque ya tengo la muerte atrás, vestida como novia. Voy entrando, de a poco, en lo que es mío, en lo que ya lo fue, en lo que me nombra, campos azules y altos hasta el pecho, con el machete centelleante y rápido. Veo cómo comienzan las naranjas a nadar por el aire, a perfumarlo, girando velozmente en sus semillas. Veo moverse ese árbol, luego el otro, pierdo el sentido de mirar la vida, me lleva el mar, el pecho hacia lo alto, muevo el cielo en el puño como un poncho. Me quieren despertar y estoy despierto, no me pueden tocar, me aman, me gritan, me lloran como a muerto y estoy libre. Yo puedo separar filo y cuchillo, guardar el uno y arrojar el otro, terminar con un truco la semana, pintar unas ma...

Cristina Toro (1960 )

Días de sangre Esto no lo entiendes. Nunca te pasará. Es cuestión de cuerpo, de ciclos que no imaginas. Son cosas de mujeres, tal vez por eso forman parte de los secretos. De estas cosas no se habla. Son asuntos de resolver en el baño, a solas, con sigilo, con discreción, para que no se note ni por fuera ni por dentro, que no se sepa, que no se sienta, que no se vea, que no se huela; que pase como si no pasara aunque pase y nos asalte puntualmente cada vez que no somos madres y nos imponga a veces su cuota de dolor, acaso como precio por elegir la soledad. Debemos ocultarlo con culpa, con pulcritud, aunque nos marque con escándalo, aunque nos haga sentir diferentes. Estas son cosas que no entiendes, tal vez porque nunca hablamos de eso, porque es un asunto de sangre sin herida visible. Es nuestra sangre inútil, la que el cuerpo desecha, esa que nos recuerda nuestra esencia animal, esa que nos distingue como hembras, es el grito del cuerpo que nos conecta con la...

Milan Rúfus (1928/2009 )

Anciana cogiendo leña Aún tira de ello, todavía aguanta el carrito de huesos a la doliente carretilla. Como un sable herrumbroso la ha sacado el verano por el trecho de vida que aún queda. Señor, no nos deseches y úsanos sin miedo. Úsanos hasta el último momento. Con dureza, como a una colilla: así písanos el cuerpo hasta que se apague, hasta que ya no sirva, y no nos dejes morir lentamente. ("apología de la luz", s/c al traductor)

Eduardo Cote Lamus (1928/1964 )

El desígnio          a ernesto mejía sánchez En las páginas solas de algún libro alguien (seguramente yo) há dejado escrita, para luego destruirla, una palabra: Muerte. Con amor la fue escribiendo, con amor la deja como para olvidarla en esa forma, pero vuelve después sobre las letras. Como un adolescente que lee un libro a escondidas, detrás de la família, se descubre culpable hasta los huesos: la misma mano que dejó los signos se endurece de pronto en la escritura y el mundo, entonces, ya, de nada sirve. ("antonio miranda.blogspot")

LEMEBEL, CRONISTA

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Las cárceles Es así que, en apariencias, la vejación en las cárceles de hombres sería la más traumática, dejando secuelas que llevarían al suicidio. Pero las apariencias engañan, "los muchachos de antes también usaban vaselina" y los padres de la patria ya no tienen patio trasero que defender. Más bien se lo juegan en barajas de ocio ganado y perdido, montándose unos a otros con las trenzas sueltas del encierro. En el adentro, nada es tan terrible; basta apretar los dientes, morder los encajes de la sábana carcelaria, relajar el esfínter y olvidarse de la ideología. "A desalambrar" y morir en la rueda, porque la hemorragia de la propaganda estigmatiza a quien delata el salivazo del hermano. Si Abel se hubiera hecho el leso, Caín sería su marico. [en "encajes de acero para almohada penitencial",  La esquina es mi corazón,  Seix Barral, 2004] Tía longeva Pero hay veces que también las tías se dejan desnudar por un guante tarifado. Cuando el taxi-bo...

John Berger (1926 )

Sueño En un puñado de tierra he enterrado todos los acentos de mi lengua materna allí yacen como agujas de pino reunidas por las hormigas. Puede que algún día el llanto balbuciente de otro vagabundo las incendie entonces caliente y consolado oirá toda la noche la verdad como una nana. ("apología de la luz", s/c al traductor)

Óscar Hahn (1938 )

Hueso Curiosa es la persistencia del hueso su obstinación en luchar contra el polvo su resistencia a convertirse en ceniza La carne es pusilánime Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras que tan sólo maquillan el rostro de la muerte Tarde o temprano será polvo la carne castillo de cenizas barridas por el viento Un día la picota que excava la tierra choca con algo duro: no es roca ni diamante es una tibia un fémur unas cuantas costillas una mandíbula que alguna vez habló y ahora vuelve a hablar Todos los huesos hablan penan acusan alzan torres contra el olvido trincheras de blancura que brillan en la noche El hueso es un héroe de la resistencia ("estación quilmes.blogspot")

Joseph Brodsky (1940/1996 )

MCMXCIV Tiempos muy malos: nada que robar y nadie a quien robar. Las legiones regresan de sus expediciones por remotas regiones con las manos vacías. Una sibila confunde el pasado con el futuro como si ella fuera un árbol. Y actores, a quien ahora nadie aplaude, olvidan los versos sublimes. El olvido, sin embargo, es la madre de los clásicos. Algún día, estos años serán vistos también como una mole de mármol con una red de vasos capilares (el acueducto, el sistema de impuestos, las catacumbas, las murmuraciones), con una mata de hierba que brota del fondo de su grieta. Puesto que éste era un tiempo de pobreza y de tedio, cuando no había nada que robar, y menos aún que comprar, por no decir nada que ofrecer en regalo a nadie. La culpa no fue del César, quien sufría más que el resto por la falta de lujo. Tampoco deberíamos de culpar a las estrellas, pues el hondo celaje exime de toda responsabilidad a los planetas para con las regiones habitadas: una ausencia no puede...

Efi Cubero (1949 )

Juegos A veces te marginaban sin saber por qué. Te alejaban del juego y no entendías, tú que puro buscabas aquel calor desesperadamente. Puede ser que notaran, con la intuición que otorga el primer tramo, que algo en ti era distinto, como el cielo o el árbol tan ausentes de todo, tan cercanos, como la soledad que se incrustaba en la extrañeza absorta de tus ojos, que aún palpitan gozosos, en comunicación con la alegría, con sus desolaciones, con el don prodigioso, de lo vivo. ("la mirada del lobo")

Pablo García Casado (1972 )

Número trece te despiertas miras la hora vas a la cocina bebes agua te quedas sentada escuchando el motor del frigorífico por el patio interior los hijos de la vecina juegan a destrozarse los oídos estás sola y te acude una inquietud propia de domingos con resaca un nerviosismo de condones rotos ("el azul de los lápices.blogspot")

Joseph Brodsky (1940/1996 )

Canción de bienvenida Aquí están tus píldoras en la bandeja de plástico, tu radiografía crujiente y decepcionante. Bienvenido a la oración. Aquí está tu cementerio, un vallecito bien atendido. Bienvenido a una voz que reza: "amén". Se te acabó la cuerda, viejo. Aquí está tu testamento, y aquí hay algunas personas interesadas. Aquí hay un banco de iglesia vacío. Aquí está la vida después de ti. ("y así por el estilo", ed. uv-xalapa, ver., méxico, 2009, ed. bilingüe, trad. josé luis rivas)

Uriel Martínez (1950 )

La escoba como todas las mañanas la chica de enfrente barre los residuos de niebla aunque porta brazos como palos despeja de piedras los fantasmas que arrastra la noche nunca la veo que rocíe agua en los alrededores pero limpia a conciencia este día viste saco a cuadros negros y blancos, como fichas gastadas de dominó sé que si me ve que la observo me sonreirá porque sigo sus movimientos y aplomo; su aplomo para correr, como ensayo de un ave que planea la huida, el vuelo temprano.

Claudia Masin (1972 )

El silencio De niños respirábamos como las plantas pequeñas, y el aire más escaso, para nosotros, era suficiente. Vivíamos igual que las piedras: trasladados por corrientes o desprendimientos -fuerzas exteriores sobre las que no se tiene poder ni conciencia- hacia lugares nuevos. ¿Qué peligros y terrores habremos conocido entonces, cuando las manos amadas nos ponían en movimiento, hacia qué ríos furiosos, a qué pendientes donde íbamos a perdernos habremos sido arrojados, en qué avalanchas habrá quedado parte de nuestra materia? ¿Y si todo lo que quisiéramos decir ya estuviera escrito en esa piedra que otros moldearon como viento? ("la ficción del olvido.blogspot")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Si acaso Podría ocurrir. Tenía que ocurrir. Ocurrió antes. Después. Más cerca. Más lejos. Ocurrió; no a ti. Te salvaste porque fuiste el primero. Te salvaste porque fuiste el último. Porque estabas solo. Porque la gente. Porque a la izquierda. Porque a la derecha. Porque llovía. Porque había sombra. Porque hacía sol. Por fortuna había allí un bosque. Por fortuna no había árboles. Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno, un marco, una curva, un milímetro, un segundo. Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua. Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de. Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie, a un paso, por un pelo, por casualidad. ¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto? ¿La red tenía un solo punto, y tú a través d ese punto? No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla. Escucha cuán rápido me late tu corazón. ("la ficción del olvido", trad. abel murcia)

Benjamín Alire Sáenz (1954 )

Meditación sobre la vida en el desierto No.11 Estoy mirando un libro de fotografías. Las fotografías documentan el éxodo de mexicanos que cruzan el desierto. Me quedo viendo el rostro de una mujer que más bien es una niña que una mujer. Extiende sus documentos a un funcionario del gobierno. Yo sé y tú sabes y todos nosotros sabemos que los documentos son falsos. El funcionario no sale en la fotografía. Sólo los ojos aterrados de la niña. ("el libro de lo que permanece", ed. mantis, guadalajara, méx., 2015, trad. javier acosta)

Carla Sagulo (1977 )

El ruido de la luz I Azul, la capa de las vírgenes en sus cajas de vidrio en las esquinas de un país del que vimos tres manzanas y en cada cuadra una monja, la puta y el soldado. Azul, el cielo sin nombres, sin banderas, atrás del aire de gusanos transparentes venidos de mirar la pantalla del universo. Azul, el humo que salía de tu boca y subía por el azul de tus ojos por las pequeñas noches de tus pupilas, pozos de fuego y agua puros. ("marcelo leites")

Janet Frame (1924/2004 )

Los suicidas Nos es difícil entrar en el tipo de desesperanza que debieron conocer y como es difícil tenemos que forzar la cerradura si es necesario pues no tenemos la llave, aunque para ellos no había cerradura y los muros a su alrededor eran blandos, acogedores como olas y se ahogaron mas no amorosamente; somos nosotros quienes hemos de entrar así. Las tentaciones nos asediarán, ya ahí. Quizá queramos listar lo que han robado; Quizá sospechemos; quizá hasta critiquemos la decoración de su desesperanza suicida, quizá nos parezca que fue incongruentementa cómoda. Ya conscientes de la tentación entremos pues de lleno en su desesperanza y su piel y entendamos que murieron porque las palabras que habían dicho siempre regresaban a ellos desamparadas. ("huesos de jilguero", ed. uv, xalapa, ver., méxico, 2015, traductora julia constantino)

Idea Vilariño (1920/2009 )

Constante despedida Estos días los otros los de nubes tristísimas e inmóviles olor a madreselvas algún trueno a lo lejos. Estos días los otros los de aire sonriente y lejanías con un pájaro rojo en un alambre. Estos días los otros este amor desgarrado por el mundo esta diaria constante despedida. ("la ficción del olvido")