Carlos Pellicer (1899/1977 )
Soneto postrero II Nada hay aquí, la tumba està vacía. La muerte vive. Es. Toma el espejo y mírala en el fondo, en el reflejo con que en tus ojos claramente espía. Ella es misteriosa garantía de todo lo que nace. Nada es viejo ni joven para Ella. En su cortejo pasa un aire frugal de simetría. Cuéntale la ilusión de que tú ignoras dónde está, y en los años que incorporas junto a su paso escucharás el tuyo. Alza los ojos a los cielos, siente lo que hay de Dios en ti, cuál es lo suyo, y empezarás a ser, eternamente. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)