Jesús Malverde vive en Culiacán
El primer asomo del fenómeno en la expresión artística, aparte de la música norteña, su hábitat natural, se da con el libro Diario de un narcotraficante, de A. Nacaveva. Aparecido en 1967 bajo el sello de Costa Amic, el libro circuló casi dentro de un marco de clandestinidad, con el ingrediente morboso de que su autor, escondido en un seudónimo que invocaba a un brujo del norte de Sinaloa, se suponía un desertor de un negocio del que no se puede escapar con vida. En las páginas de Diario… encontramos, por decirlo de ese modo, la época romántica del comercio con la droga en nuestro estado, aquella en la que eran denominados gomeros o mariguaneros y se edificaba en torno a ellos una imagen idílica de generosos, benefactores, de hombres de ley fuera de la ley, de cabrones con los cabrones y amigos con los amigos. Por eso era tan fácil hacerles un corrido y hasta hacían falta en Culiacán. Veinte años más tarde, en 1987, en el marco del I Festival Cultural Sinaloa, vemos la siguiente esce...