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Mostrando entradas de marzo, 2020

Octavio Paz (1914/1998 )

La vida sencilla Llamar al pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes, papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento? no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que ...

Horacio Castillo (1934/2010 )

Simeón estilita Aquí en lo alto de la columna, estoy vivo. La última estrella se apagó definitivamente, los árboles y los animales se desvanecieron en la oscuridad y con ellos los hombres y las obras de los hombres. Estoy vivo, mirando allá abajo la corriente que arrastra diarios, latas de conserva, cámaras                                                                  [fotográficas, arrastra gatos muertos, automóviles, coturnos, arrastra palabras de Esquilo, máscaras japonesas, souvenirs, todos los detritos de la época. Pero de pronto los cielos se parten y una lluvia poderosa cae sobre el mundo. Llueve infinitamente y el agua abre los nichos y lava los huesos, abre los hospitales y lava a las parturientas, abre los tálamos y lava a los recién amados. Estoy vivo. ¡Ladra, Tiempo, rebuzna, Muerte! Y se...

Uriel Martínez (1950 )

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                                                                      foto de erick elías "Orita vengo", escuchó Penélope la voz aguardentosa de Ulises, "voy por papel higiénico al OcZo". "No te tardes", respondió ella. Me consigues gel y estambre. Ella tuvo una corazonada. (del muro fb del autor)

Iwan Llwyd (1957/2010 )

Araña Aquella vez la telaraña era perfecta, sostenida en su trama. Pasó tiempo trenzando la luz solar en la zona de rocío; y ahora que acabó con ese deber escucha cómo escande la lluvia sus versos, y entonces la mutación silenciosa de la lluvia. Sobre el río que corre mañoso, cascada imposible de acompañar, áspera entre el mundo de liquen, con la visión de la orilla, la araña, predadora paciente, se mantiene estudiosa frente a su guión, sopesa cada perla en su provincia. De pronto una brisa llega para estremecer el esquema entero, inmaculado de las cosas. Y allí me paro como un viejo con el mal aliento del otoño uniendo el encanto a mi propia crónica enredada. "altazor", traductores katherine m. hedeen y víctor rodríguez núñez)

Efraín Barquero (1931 )

Si he de tener contigo un hijo Si he de tener contigo un hijo, que éste llegue cuando nuestra casa sea toda la tierra. Si hemos de dejar un heredero, que éste venga para mirar sin asco nuestro mundo. Si he de hacerte madre, que sea con amor y no con vergüenza de vivir y de ser hombre. Si hemos de traerlo, conquistemos para él el derecho de ser libres para que después no nos maldiga. Conquistemos la tierra donde habrá de crecer, para que después no nos olvide al no encontrar nuestras raíces. Conquistemos la paz en que habrá de construir, para que después no nos desprecie al impedírselo sus propios hermanos. Que nuestro hijo rasgue en dos tu vida y tu grito de dolor conmueva las estrellas; hienda en dos mi canto, y por mi herida entre el sol a todas las conciencias. ("altazor")

Uriel Martínez (1950 )

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                                                              foto: javier báez zacarías Bolero Quiero creer que el equinoccio está por empezar de nuevo; quiero imaginar que vendrás antes que termine el día; deseo intensamente que vengas y permanezcas hasta el oscurecer; quizá al otro día vuelvas a irte y me vaya yo contigo; quiero creer que luego cerraré los ojos, la puerta, todas las salidas; quiero creer que aún creo. (muro fb del autor)

Elisa Díaz Castelo (1986 )

Escoliosis En la búsqueda de la forma, se me distrajo el cuerpo. Es eso, nada más, asimetría. La leve errata vertebral, el calibraje óseo, la rotación espinada. Es el hueso mal conjugado. Es una forma de decir que a los doce años ya se ha cansado el cuerpo, que le pesa el aire y su gravedad es otra. Es la puntería errada de mis huesos, la desviada flecha. No es lo que debiera, mi esqueleto quiso escapar un poco de sí mismo. Se le dice escoliosis a esa migración de vértebras, a estos goznes mal nacidos, hueso ambiguo. A esa espina dorsal bien enterrada. A los doce años se me desdijo el cuerpo. Porque árbol que crece torcido, nunca. Porque mis huesos desconocen el alivio de la línea, su perfección geométrica. Me creció adentro una curva, una onda, un giro de retorcido nombre: escoliosis. Como si a la mitad del crecimiento dijera de pronto el cuerpo mejor no, olvídalo, quiero crecer para abajo, hacia la tierra....

Derek Walcott (1930/2017 )

Juncos de mar La mitad de mis amigos están muertos. Te daré otros nuevos, dijo la tierra. No, en vez de eso, devuélvemelos como eran, con defectos y todo, grité. Robar puedo esta noche sus palabras al confuso rumor del oleaje entre los juncos, pero no andar a solas sobre las hojas del océano que la luna baña por aquel blanco camino, ni cernirme en el vuelo, propio de un sueño, de los búhos ya libres del peso de la tierra. Los amigos que guardas, oh tierra, son más que aquellos que dejaste para amar. Al pie del farallón brillan los juncos, verdes, plateados; fueron lanzas seráficas de mi fe, pero de eso que está perdido crece algo más fuerte que irradia el resplandor racional de la piedra, tenaz claro de luna, más allá de la desesperación, resuelto como el viento, que entre divisores juncos trae delante de nosotros a los que amamos, como eran, con defectos y todo, no más nobles, pero aquí. ("trianarts", trad. josé luis rivas)

Juana de Ibarbourou (1892/1979 )

Sueño Venía del oeste del sueño, el unicornio, Bajo un cielo de uvas y de algas. No sé qué prados de azafrán hollaba. Muerto y atravesado sobre el lomo, Iba el insomnio. Mostrando apenas el horror del monstruo La cabellera roja le arrastraba. Yo tuve ganas de besar la exacta Pezuña de coral del unicornio. (en muro fb de alfredo fressia)

Uriel Martínez (1950 )

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Animal alerta A sale temprano a recorrer a pie la ciudad desierta, desayuna en el mercado antes de las once: le llama su interés el agua de frutas, de tendajones, las fresas guayabas y pomelos dispuestos para una sed. A observa pantorrillas tintas de algas impresas en carne joven, vellos abundantes tapizando torsos, escucha a Pink Floyd en la tienda de al lado: abren antes del mediodía. A no buscará a B, no en viernes, al final de la cuaresma, la última cuaresma de su vida; no quedará ciego en esa fiebre de búsqueda, en esa sed de encuentros cercanos de ningún tipo, de ninguna tarde; A no espera lluvia, no busca balnearios, no procura bañistas ni anteojos para sol, es sólo la sed de estarse, de permanecer quieto como figura de bulto exhibida en mercado popular, al aire libre como aliento de animal alerta, animal velludo. (Inédito)

Esther Seligson (1941/2010 )

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                                            esther y julio castillo, foto rogelio cuéllar Simiente xix Petición sumaria                                     ¿Caerá? ¿Se lo devorará el espacio? ¿En qué cenizas,                                         en qué vientos, en qué volátil brisa terminará su día?                                                                   mario golobogff, los versos del hombre pájaro Quiero que me llames en el mismo día de tu partida esa misma fecha quiero partir también y que sea ...

Charles Simic (1938 )

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Escenas de los viejos tiempos La colada se tendía en la escalera de incendios. Los muchachos tiraban gatos desde los tejados. Los veteranos de guerra andaban en muletas, lanzando centavos y fumando porros. Escritores destinados a no dejar de ser desconocidos escribían hasta altas horas de la noche usando un lápiz y el tipo de cuaderno que sus hijos llevaban a la escuela por la mañana. Afuera de un club que anunciaba bailarinas exóticas, un hombre con un traje blanco arrugado fue encontrado con un cuchillo en el corazón, y una ceja oscura que levantó al sorprenderse. En invierno, la lluvia caía como si fuera a durar para siempre. Manteníamos el horno de gas encendido para calentarnos, mientras que nuestra madre lloraba y lloraba cortando cebollas y mi único pez de colores nadaba en un frasco de pepinillos. ("altazor", traducción nieves garcía prados)

Esther Seligson (1941/2010 )

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                                                                 foto de rogelio cuéllar Simiente xvi y me duele en los nervios no haberte amado todo lo            que necesitas                         enriqueta ochoa, "reencuentros" Tus ojos eran sólo plegaria tu mirar un rezo ardiente Me dejabas en la carne un mensaje a descifrar de por vida mientras tu mano rápida  aleve se extendía ala premonitoria para alcanzar no sé qué invisible corcel esperándote en el aire más allá de la ventana Cristal de luz se me rajó el alma y tu cuerpo volando astilla cómo no se abrió la tierra urna para hundirnos ambos aliento de agua desnudados de dolor y de materia cómo vine a quedar tan huérfana de ti en este otro p...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

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Julia Miller  Reñimos esa mañana, pues él tenía sesenta y cinco años y yo tenía treinta. Estaba nerviosa y me pesaba el hijo cuyo nacimiento me atemorizaba. Pensé en la última carta que me escribiera esa joven alma, ya lejana, cuya traición oculté al casarme con el viejo. Entonces tomé morfina y me senté a leer. Por entre las tinieblas que me llenaron los ojos veo aún la luz vacilante de estas palabras: "Y Jesús le habló: te digo en verdad que hoy estarás conmigo en el paraíso". ("poesiacuatro", s/c al traductor)

Joan Larkin (1939 )

Querer Ella quiere una casa llena de tazas y fantasmas de lesbianas del siglo pasado; Yo quiero un departamento inmaculado, una computadora veloz. Ella quiere una cocina a leña, tres atados de fresno y un hacha; Yo quiero una llama limpia de gas. Ella quiere una fila de frascos: avena, coriandro, aceite verde espeso; Yo no quiero almacenar nada. Ella quiere ungüentos, ropa blanca, mantas de bebé tejidas, cuadernos de recortes. Quiere reuniones en Wellesley. Yo quiero las tablas del piso relucientes, el reflejo del río.  Ella quiere camarones, sudor y sal; quiere chocolate. Yo quiero un bol raku con el vapor subiendo del arroz. Ella quiere cabras, pollos, chicos. Alimento y llanto. Yo quiero que el viento del río refresque los cuartos despejados. Ella quiere cumpleaños, teatros, banderas, peonías. Yo quiero palabras como rayos láser. Ella quiere la ternura de una madre. La caricia antigua como el río. Yo quiero una agudeza de mujer rápida como un zorro. Ella es...

Constantino Cavafis (1863/1933 )

Plegaria El mar hacia sus fondos se llevó a un marinero. Su madre que lo ignora, viene a encender ante Nuestra Señora un cirio alto, por su pronta vuelta y por un mar en calma. Y no deja de prestarle oído al viento. Pero mientras reza y suplica, la imagen la escucha, seria y triste, sabiendo que el hijo al que aguarda ya no regresará. ("trianarts", traducción juan manuel macías)

Kostís Palamás (1859/1943 )

La tumba Durante el viaje al que te lleva el negro caballero, cuídate de no coger nada que provenga de su mano. Y si tienes sed en el mundo subterráneo no bebas del agua de la negación, pobre hierbabuena cortada. No la bebas, o nos olvidarás por siempre, por toda la eternidad; esparce señales para no perder el camino, y como eres pequeño y liviano como un golondrina, y no resuenan armas en tu cinturón de bizarro, mira y búrlate del sultán de la noche, huye lenta, furtivamente y regresa aquí arriba, y en tu hogar abandonado, a tu regreso, querido nuestro, ¡hazte soplo de aire y bésanos con dulzura! ("trianarts", trad. josé a. moreno jurado)

Uriel Martínez (1950 )

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                                                           foto de javier báez zacarías Rechazos me dicen que mi organismo rechaza la lactosa; su ingestión provoca en mí peñascos que llevo en la panza; náuseas parecidas a la deglución de lombrices vivas, de chapulines en ebullición noche y día; me dicen que evite fórmulas y recetas que los contienen; son malestares con origen en aquellos de edad cercana a la decadencia de cuerpo, sangre y alma; que reinvente mis rutinas alimenticias conforme a mi condición adulta; que prescinda de otros cuerpos y tentaciones; que te deje atrás. (Inédito)