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Mostrando entradas de diciembre, 2018

Irene Gruss (1950/2018 )

Autorretrato Ah, si pudiera recostarme, ser así, la mosquita muerta que inclina su cuello, lánguida ; si borrara el rictus de una Callas desahuciada, Magnani en batón, así me veo, dulces musas de la debilidad, dónde estáis, denme la brisa, dénmela, no la ventolina a orillas del mar, siempre a orillas del mar, ay me, mandolina y no viola da gamba, quién me miraría si él observa el culo de la que pasa, ay me, cuántas uñas delicadas habrán rasguñado el hombro, la nuez, su espalda, oh, su espalda, y engalanar lo que no tengo, un aspecto sutil, ese gesto de no haber sufrido hambre, menos ansia de saber, una sor Juana cortejada por virreyes y virreinas, la suavidad del papiro, y el vientre sin estrías, ay me, si hubiese usado aquel pote, si no supiera que el tiempo no es el Teatro No, máscara que cubre el savoir faire y otras minucias, oh, gatitas, si pudiera lagrimear, las he visto contonearse sinuosas hacia mi objeto incólume, han conseguido lo que apenas ...

Louise Glück (1943 )

Mañana lluviosa No amas el mundo. Si amaras el mundo habría imágenes en tus poemas. John ama el mundo. Tiene un lema: no juzgues si no quieres ser juzgado. No discutas este punto con la teoría de que no es posible amar lo que uno renuncia a comprender: renunciar al discurso no significa suprimir la percepción. Fíjate en John, fuera en el mundo, corriendo incluso en un día miserable como hoy. Que elijas no mojarte se parece a la patética preferencia del gato por cazar aves muertas: completamente consistente con tus dóciles temas espirituales, el otoño, la pérdida, la oscuridad, etc. Todos podemos escribir sobre el sufrimiento con los ojos cerrados. Deberías mostrarle a la gente algo más de ti misma; mostrarles tu clandestina pasión por la carne roja. ("eterna cadencia", trad, andrés catalán)

César Vallejo (1892/1938 )

Hasta el día en que vuelva, de esta piedra... Hasta el día en que vuelva, de esta piedra nacerá mi talón definitivo, con su juego de crímenes, su yedra, su obstinación dramática, su olivo. Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo, con franca rectitud de cojo amargo, de pozo en pozo, mi periplo, entiendo que el hombre ha de ser bueno, sin embargo. Hasta el día en que vuelva y hasta que ande el animal que soy, entre sus jueces, nuestro bravo meñique será grande, digno, infinito dedo entre los dedos. ("obra poética completa", ed. casa de las américas, la habana, 1975, tercera ed.)

Salvador Novo (1904/1974 )

Imagen
Epifania Un domingo Epifania no volvió más a la casa. Yo sorprendí conversaciones en que contaban que un hombre se la había robado y luego, interrogando a las criadas, averigüé que se la había llevado a un cuarto. No supe nunca dónde estaba ese cuarto pero lo imaginé, frío, sin muebles, con el piso de tierra húmeda y una sola puerta a la calle. Cuando yo pensaba en ese cuarto no veía a nadie en él. Epifania volvió una tarde y yo la perseguí por el jardín rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre porque mi cuarto estaba vacío como una caja sin sorpresas. Epifania reía y corría y al fin abrió la puerta y dejó que la calle entrara en el jardín. ("otra iglesia es imposible")

Uriel Martínez (1950 )

Aunque Aunque ya cayó un aguacero los pronósticos indican lluvia en gran parte de la noche; aunque ya humea el incienso y empieza a expandirse en rincones y abraza pleuras; aunque la hoja da cabida a confesiones que callas de día y no te expresas a ti mismo; aunque las goteras caigan y escurran en vidrieras y paredes, la noche es joven; aunque los libros sigan alineados en estantes y guarden resinas y hojas de árboles añejos; aunque la noche se dilate en irse y en día en su arribo, tú hablas. [Inédito]

Charles Simic (1938 )

Atardecer de verano Haciendo tiempo bajo un árbol, mientras charlaba con un pájaro al que podía oír pero que nunca vi y se hacía de noche y unas pocas casitas se iluminaban a lo largo de la calle sorprendiendo a un gato con algo entre los dientes. En la manzana de al lado había una agencia de viajes con un cartel de Venecia en el escaparate que estudié con cuidado para determinar si los barcos del Gran Canal estaban algo más cerca de su destino. Detrás de los raíles cubiertos de maleza había una pequeña feria pobremente alumbrada con un tiovivo, una barraca de tiro al blanco y una joven pareja probando suerte con un rifle y una hilera de patos, mientras pasaba de largo y pensaba: tarde o temprano encontraré el camino a casa, solo o en compañía de un amigo real o imaginario que golpea la cerca con su blanco bastón o reparte comida china por el barrio. ("perros en la playa", trad. jordi doce)

Carlos Edmundo de Ory (1923/2010 )

En un café He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste, más triste que un tintero. Triste no soy, o si lo soy no sé la maldita razón porque no quiero. He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste en las calles de mi raza He vuelto a estar más triste que un quinqué, más triste que una taza. Estoy sentado ahora en un café y mi alma late, late de sed de no sé qué, tal vez de chocolate. No quiero esta tristeza medular que nos da un golpe traidor en una tarde. Pide cerveza y basta de pensar. El cerebro está oscuro cuando arde. ("cómo cantaba mayo")

Eugenio Montale (1896/1981 )

Antiguo, estoy embriagado por la voz  Antiguo, estoy embriagado por la voz que brota de tus bocas cuando se abren como verdes campanas y se repelen hacia atrás, disolviéndose. La casa de mis veranos juveniles -lo sabes- estaba a tu lado allá en la tierra donde el sol calcina y oscurecen el aire los mosquitos. Hoy como entonces ante ti permanezco inmóvil, mar, mas no me creo digno ya de la solemne admonición de tu aliento. Me dijiste primero que el pequeño fermento de mi corazón no era sino un instante del tuyo, que en el fondo de mí estaba tu arriesgada ley: ser enorme y diverso y fijo al mismo tiempo, para librarme así de toda suciedad, como tú cuando arrojas a tus playas entre estrellas de mar, corchos y algas las inútiles sobras de tu abismo. ("cómo cantaba mayo", versión l.r.s.)

Luis de Góngora (1561/1627 )

Ilustre y hermosísima María Ilustre y hermosísima María, mientras se dejan ver a cualquier hora en tus mejillas la rosada aurora, Febo en tus ojos y, en tu frente, el día, y mientras con gentil descortesía mueve el viento la hebra voladora que la Arabia en sus venas atesora y el rico Tajo en sus arenas cría; antes que de la edad Febo eclipsado y el claro día vuelto en noche oscura, huya la Aurora del mortal nublado; antes que lo que hoy es rubio tesoro venza a la blanca nieve su blancura, goza, goza el color, la luz, el oro. ("cómo cantaba mayo")

Teresa Amy (1950 )

Palabras en la Estudiantina I a eduardo faget, in memoriam - ¿baila? - y adelantás el cuerpo para que no me niegue tensa percibo olor a brea mezclado con perfume un cuello de camisa clara, mangas cortas vestido a lo paisano, pienso, y Xandre que había dicho arrastrando con un dejo de envidia: "la gente de zapatos blancos baila bien" miro la llama de la vela, arriba en la capilla cavada en la pared no es momento de pensar, pienso, quién habrá ofrecido ese conjuro para atraer qué sed (esta noche voy a preguntarle a Eduardo); ponés las manos impacientes en la mesa, me levanto y estiro la falda en la cadera: en cuanto a vos no te mimetices nunca, me gustan a muerte tus zapatos. ("las elecciones afectivas")

Francisca Aguirre (1930 )

  Hace tiempo                                                             a nati y jorge riechmann Recuerdo que una vez, cuando era niña, me pareció que el mundo era un desierto. Los pájaros nos habían abandonado para siempre: las estrellas no tenían sentido, y el mar no estaba ya en su sitio, como si todo hubiera sido un sueño equivocado. Sé que una vez, cuando era niña, el mundo fue una tumba, un enorme agujero, un socavón que se tragó a la vida, un embudo por el que huyó el futuro. Es cierto que una vez, allá, en la infancia, oí el silencio como un grito de arena. Se callaron las almas, los ríos y mis sienes, se me calló la sangre, como si de improviso, sin entender por qué, me hubiesen apagado. Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo: un asombro tan triste como la triste muerte, una extrañeza rara, húmeda,...

César Moro (1903/1956 )

Cerré los ojos Cerré los ojos para nada más ver Cerré los ojos para llorar De no más verte ("praderas temporarias", trad. reynaldo jiménez, coed. magenta-sría. de cultura, 2017)

Rosabetty Muñoz (1960 )

Deseo El deseo es un barco poderoso arriando anclas y cadenas en medio de la noche. Estallando con el estrépito de las posibilidades. Bajo el silencio crispado el ansia apenas perceptible. Es también, el despliegue de luces en las islas de canales tan angostos donde un barco, más que navegar, acaricia. ("la poesía alcanza")

John Berger (1926/2017 )

Una canción de amor Las montañas son despiadadas la lluvia funde la nieve volverá a helar. En el café dos extranjeros tocan el acordeón y canta la habitación abarrotada de hombres. Las melodías llenan los sacos del corazón los pesebres de los ojos. Las letras llenan los establos que rugen entre los oídos. La música suprime las papadas relaja las articulaciones, la única cura para el reumatismo. La música limpia las uñas suaviza las manos restriega las callosidades. Una habitación abarrotada de hombres, venidos del ganado empapado, del gasoil, de la pala eterna, acaricia el aire de una canción de amor con manos dulces. Las mías han abandonado los brazos y están cruzando las montañas en busca de tus pechos. En el café dos extranjeros tocan el acordeón la lluvia funde la nieve.           ("elhacedordesueños", versión de pilar vázquez)

Vicente Gerbasi (1913/1992 )

Penumbras secretas Encontré la desdicha al amanecer, en un caballo que sangraba con la cabeza un poco caída en la yerba y el llanto de mi hermana de dos años que había sido operada en el vientre. Yo sentí un poco de sangre en las manos, un dolor triste como un cabrito degollado, una piel puesta a secar sobre las piedras. Anduve por el aire frío de las últimas estrellas donde moraban gallos dispersos, y sentí mi propia presencia en un árbol iluminado en el fondo de la casa. El día acogió el caballo herido con el llanto de mi hermana en los ojos. El día me recluyó en los rincones oscuros. Seguí siendo un triste que espanta las moscas de la tarde o dibuja una iglesia rodeada de aves marinas. Hay muchas maneras de estar muerto No quiero explicarme por qué mis ojos pueden ver este castillo cubierto de hiedras de verde muy oscuro y solitario bajo los astros de los búhos, ni por qué mis ojos pueden detenerse a ver caer la nieve durante tanto tiempo, hasta q...

Amy Lowell (1874/19925 )

Día de sol El viento ha metido la punta de tu chal dentro de la fuente, donde se ha quedado flotando entre los nenúfares como un tisú de zafiros. Pero a ti no te importa, tus dedos están arrancando los líquenes en el borde de piedra de la taza, y tus ojos siguen las altas nubes que van pasando sobre las encinas. ("nueva provenza", trad. j. coronel urtecho y ernesto cardenal)

Rubén Reches (1949/2018 )

El sastre y sus clientes Ya nada puede hacerse: estás viejo y tus clientes murieron. En la sastrería, tu cuerpo va y viene trazando débiles estelas de pez de acuario. Hoy vivir es para tu alma como si te mantuvieran sumergida la cabeza en una palangana llena al ras de dolor humano. Con su lápiz rojo, el sol te circunda, te señala. Estás ahí, pero tus clientes murieron.  Vos protestás, decís a quien quiera escucharte que todavía sos fuerte, que, si se te antoja, podés levantar por una pata la silla en que cosés sin que se incline; que quién sabe si no sos más fuerte que tus hijos. Pero tus clientes murieron. Se fueron de todas partes, Se salieron de sus tibiezas y ya no hay ángel que pueda encontrar a aquel que, mientras lo medías, hacía mohínes de galán de teatro; ni a aquel otro, el que venía con moño; ni al que te traía calendarios con mujeres desnudas; ni a ese al que tus hijos bautizaron “Rinoceronte Perfumado”. Porque tus clientes m...

Alfredo Buxán (1950 )

El hilo No sé qué andas haciendo cada tarde, lejos de mí, quizá sin un recuerdo memorable que nos junte un instante más allá de la vida cotidiana. Pero sí que en mis manos permanece el brevísimo calor de tu carne, en mis ojos el fulgor de los tuyos y en el fondo de mi sangre, serena y misteriosa, una música extraña, la certeza de haber sido una rama donde hallaste, fugaz, el merecido descanso de tu vuelo inalcanzable. Fue muy breve cada vez, pero late desde entonces incesante y eterno. Que tú no lo percibas es superfluo: hay un hilo en el aire que nos une. Una vida feliz. Polvo de oro que el viento disemina a su capricho. ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

El cuaderno Deja refugiarme debajo de esta página en blanco mientras pasa la lluvia, en tanto transcurre la tarde y llega la noche. Permite que mientras llueve resbalen mis recuerdos lejos, a las mañanas en casa de la abuela. Cuando oía los cascos de caballos que pasaban a alguna parte, a otros sueños, a grandes días jamás imaginados. Permite que el agua se multiplique y toque puertas y moje huertos, que cale en árboles, que llegue el sueño. Deja guarecerme en tu cuaderno, concédeme la gracia de ocupar renglones dobles, márgenes de anotaciones, pautas para el descanso. [Inédito]

César Moro (1903/1956 )

Visto el rostro del amor Visto el rostro del amor Adosado a los cuatro vientos Delante la muralla conclusa El invierno me hablaba al corazón Ninguna herida ningún vestigio Prevalecerán contra el silencio Al más fuerte tormento Las lágrimas desaparecieron En las vueltas del camino La luna brilla inválida Ninguna palabra sabría prender Tu dominio calcinante                                                    México, 24-x-1946 ("praderas temporarias", trad. reynaldo jiménez, coed. libros magenta y sría. de cultura, méx. 2017)

Óscar Hahn (1938 )

Cafiche de la muerte Como carne de cóndores hirvientes o de tordos quemados como cresta del rojo al negro se cambió la fiesta y en silencio se fueron los clientes. Se nos vació no más todo el prostíbulo se vaciaron las camas y los bares y todas las que estábamos de a pares sollozamos de a una en el vestíbulo. Por el pasillo viene la señora siempre tan maternal siempre a la hora con su taza de té y un trago fuerte. Para qué te moriste desgraciado. Mira mi pobre cuarto desolado tipo traidor: cafiche de la muerte. ("zendalibros")

Eugenio Montale (1896/1981 )

Poema  5 Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón de escaleras y ahora que no estás, cada escalón es un vacío. También así de breve fue nuestro largo viaje. El mío aún continúa, mas ya no necesito los trasbordos, los asientos reservados, las trampas, los oprobios de quien cree que lo que vemos es la realidad. He bajado millones de escaleras dándote el brazo y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos. Contigo las bajé porque sabía que de ambos las únicas pupilas verdaderas, aunque muy empañadas eran las tuyas. ("a media voz", versión f. ferrer lerín)

David Diop (1927/1960 )

El que todo lo ha perdido El sol brillaba en mi cabaña y mis mujeres eran hermosas y ágiles como las palmeras bajo la brisa nocturna. Mis hijos se metían en el gran río de profundidades de muerte y mis piraguas luchaban con los cocodrilos. La luna, maternal, acompañaba nuestras danzas El ritmo frenético y pesado del tantán, tantán de la alegría, tantán de la despreocupación en medio de la hoguera de libertad. Luego, un día, el Silencio... Los rayos del sol parecieron apagarse en mi cabaña desprovista de sentido. Mis mujeres comprimieron su enrojecida boca contra los finos y duros labios de los conquistadores de ojos de acero y mis hijos dejaron su apacible desnudez por el uniforme de hierro y sangre. También la voz de ustedes se ha apagado. Los hierros de la esclavitud desgarraron mi corazón, tantanes de mis noches, tantanes de mis ancestros ("caína bella", trad. maría renata segura)

Eugenio Montale (1896/1981 )

El lago de Annecy  No sé por qué mi recuerdo te vincula al lago de Annecy que visité algunos años antes de tu muerte. Mas entonces no te recordé, era joven y me creía dueño de mi suerte. Por qué puede irrumpir una memoria tan enterrada no lo sé; tú misma me has sepultado sin saberlo. Resurges ahora viva, mas no estás. Podía preguntar entonces por tu pensionado, ver salir las muchachas en fila, encontrar un pensamiento tuyo de cuando aún estabas viva y yo no lo he pensado. Ahora que es inútil me basta la fotografía del lago. ("a media voz",versión de josé ángel valente)

Fernando del Paso (1935/2018 )

PoeMar xvi A bendecirte, mar, yo me consagro: te encierro en un poema y un milagro. Invento y tejo tu invisible historia, y de ella el continente: mi memoria. Memoria que se empapa y se perfuma en los adioses blancos de la espuma. Hoy vives en mis ojos, hoy habito la consonancia azul de tu infinito, y hago de mis palabras tu recinto: palomar. casa, laberinto. Hoy que muero de amor por ti, de bruces, en un remanso de quebradas luces. ("poeMar", ed. fce, méxico, 2015)

Ana Blandiana (1942 )

Yo creo Yo creo que somos un pueblo de plantas, de otra manera, ¿de dónde sacamos la calma con que esperamos ser deshojados? ¿De dónde el valor para empezar a deslizarnos en un tobogán de sueños tan cerca de la muerte, con la certeza de que podremos nacer de nuevo? Yo creo que somos un pueblo de plantas, ¿Quién ha visto a un árbol rebelándose? ("cuadrivio", trad. beatriz estrada moreno)