Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2017

Mario Benedetti (1920/2009 )

Angelus Quién me iba a decir que el destino era esto. Ver la lluvia a través de letras invertidas, un paredón con manchas que parecen pronombres, el techo de los ómnibus brillantes como peces y esa melancolía que impregna las bocinas. Aquí no hay cielo, aquí no hay horizonte. Hay una mesa grande para todos los brazos y una silla que gira cuando quiero escaparme. Otro día se acaba y el destino era eso. Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: siempre suena una orden, un teléfono, un timbre, y, claro, está prohibido llorar sobre los libros porque no queda bien que la tinta se corra. ("rua das pretas")

Janet Frame (1924/2004 )

Soy invisible Soy invisible. Siempre he sido invisible como la pobreza en un país rico, como los ricos en sus cuartos velados de sus casas con muchos cuartos, como las pulgas, los piojos, como lo que crece bajo la tierra, los mundos más allá del cielo, el viento, el tiempo, las ideas – el catálogo de invisibilidad es inagotable, y, eso dicen, no es buena poesía. Como las decisiones. Como cualquier otra parte. Como las instituciones alejadas del camino llamado Scenic Drive. No más símiles. Soy invisible. En un mundo poblado por gente de visión binocular después de todo soy parte de la mayoría mientras que tú y yo caminamos con nuestra lunita creciente de visión en nuestra oscuridad personal a través de un mundo en el que las decisiones de ser y no ser se encuentran controladas por la luz asistidas por las lágrimas y el sueño de la desatención o la muerte. Soy invisible. Los amantes atraviesan mi vida para tocarse entre sí, la lluvia que cae en mí me traspasa c...

Miguel Barnet Laza (1940 )

Salimos a la calle Salimos a la calle, caminamos bajo la llovizna, entramos en un bar, bebemos, compramos una pizza, la envolvemos, se enfría, la tiramos, seguimos malecón abajo, las olas blancas levantan sobre nuestras cabezas, la noche es lenta, acuosa, no sé si triste, tomamos café, tú casi no me ves, no me oyes Te acompaño al ómnibus No puedo articular palabra Te vas en silencio Yo tomo el ómnibus siguiente, nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío, me quedo en el puente, las parejas jugueteando en la yerba, demasiado lejos mi casa Entro, subo las escaleras Repaso mi vida, y en cada imagen estás, en cada imagen perteneces, abro la puerta, el apagón, qué maravilla, me tiro en la cama, oscuro, silencioso, Alguien llama al teléfono. No respondo. Afuera es posible que siga cayendo la llovizna. ("arte poética")

Mario Montalbetti (1953 )

Momentos estelares del Estado-Nación Perú II el amor tiene algo de odio de dios el amor siendo humano tiene algo del odio de dios el odio de dios no es humano el amor siendo humano tiene resaca y delito el amor humano se empoza y se quema en la puerta del horno como el odio de dios como el odio ciego de dios su luces en luces en sol Objeto y fin del poema Es de noche y tiene que aterrizar antes de que se acabe el combustible. Así terminan todos sus poemas, tratando de expresar con un lenguaje público un sentimiento privado. Su ambición es el lenguaje del piloto hablándole a los pasajeros en medio de una situación desesperada: parte engaño, parte esperanza, parte verdad. Todos los poemas terminan igual. Hechos pedazos contra un cerro oscuro que no estaba en las cartas. Luego hallan los restos: el fuselaje, la cola como siempre, intacta, el olor a cosa quemada consumida por el fuego. Pero ninguna palabra sobrevive. ("círculo de poesí...

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El misterio de las cosas El misterio de las cosas, dónde está? ¿Dónde está que no aparece para mostraros al menos que es misterio? ¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol? Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso? Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres piensan de ellas, Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras. Porque el único sentido oculto de las cosas Es que no tienen ningún sentido oculto, Es más extraño que todas las extrañezas Y que todos los sueños de los poetas Y los pensamientos de todos los filósofos, Que las cosas sean realmente lo que parecen ser Y que no haya nada que comprender. Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos: — Las cosas no tienen significado: tienen existencia. Las cosas son el único sentido oculto de las cosas. ("revista el humo", trad. m.a. flores)

Verónica G. Arredondo (1984 )

 Las evas de velarde no andaban de mala copa al contrario, ajustaban talla 36 ó 34 bajos larguísimos encajes, a veces, al aire Ni putas ni infantas Canonizadas, alabadas, malqueridas, reprimidas, endiosadas –más no a la deidad correcta– malcogidas, jamás Ramón puedo tener a la que le viniera en gana, o mejor dicho, a La que decidiera apuntarle en el ojo y morder la bala Colegialas ilustres, de parentesco inventado (?), coquetas y espigadas, de la infancia amigas susurraban su nombre, de cuchicheo en cuchicheo La falda bajada hasta el huesito es un mito urbano, la altura deseada es: bajo el maxilar de las caderas, exponiendo en su totalidad las caladas medias, pendiendo de un fino liguero Es mentira que las Evas prendieran el fogón sin meterse a bañar (sin excepción en domingo) Cosificadas, multiplicadas, patriarcadas, endemoniadas y exorcizadas, beatificadas, lubricadas, empoderadas y mul-ti-or-gásmicas De la jarciería desaparecía la soga para marcar en la piel enroj...

Uriel Martínez (1950 )

Lluvia que llegas Lluvia que llegas de noche, haz que germinen mis muertos, mis recuerdos, que mi oscuridad crezca antes del dilatado silencio; agua que llueves a altas horas de mis años, tiende alrededor de mis sienes la máscara del reposo; aguacero que llegas callado como cobija de siglos, cubre discreto mi rostro, mi cuerpo de voces mil. Lluvia que invitas a la sed, moja mis labios con tus labios, pasa tu lengua por mi lengua de pasto; contigo ya tarde quisiera ya lento, como tú, volver y luego desvanecerme, quieto. [Inédito]

Saúl Ordoñez (1981 )

Diez canciones Pacos 1 entonces supe que todos los guapos se llaman paco la muerte dormida en su piel de sarnoso terciopelo moteado pero estaba de guano hasta el cuello como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros o un mal poema firmado por mí                                                                o nos mayestático ("trompa de perro", fondo editorial estado de méxico, toluca, 2017)

Gastón Baquero (1914/1997 )

Sintiendo mi fantasma venidero Sintiendo mi fantasma venidero bajo el disfraz corpóreo en que resido, nunca acierto a saber si vivo o muero y si sombra soy o cuerpo he sido. Camino la ciudad, la reconstruyo día tras día contemplando en vano; luego vuelvo a perderla, luego huyo protegiendo mi ensueño con la mano. Y me tropiezo a mí, me reconozco lleno de muerte, en sombra construido; y sé que no soy más, pregunto, y no conozco otro saber que el no saber sentido por el muerto futuro que conduzco bajo el disfraz corpóreo en que resido. ("crear en salamanca")

Nazim Hikmet (1902/1963 )

Sobre quedarse sorprendido Puedo amar, y tanto, pide lo que quieras, mi vida, mis ojos. Puedo enfurecerme, mi boca no se llena de espuma, pero la ira de un camello no es nada al lado de la mía, solo la ira del camello, no su rencor. Puedo comprender muchas veces con mi nariz, es decir oliendo lo más oscuro lo que está más lejos y puedo pelear, por todos y por todo lo que me parece justo, correcto y hermoso, ni mi edad ni mi porte me lo impiden, sin embargo hace tiempo que se me olvidó quedarme sorprendido. La sorpresa me dejó y se fue con sus ojos bien abiertos y bien jóvenes. ¡Qué lástima! Tanganika, febrero 1963 Hotel Maranga ("cómo cantaba mayo en la noche", s/c al traductor)

Álvaro Mutis (1923/2013 )

 Amén Que te acoja la muerte con todos tus sueños intactos. Al retorno de una furiosa adolescencia, al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron, te distinguirá la muerte con su primer aviso. Te abrirá los ojos a sus grandes aguas, te iniciará en su constante brisa de otro mundo. La muerte se confundirá con tus sueños y en ellos reconocerá los signos que antaño fuera dejando, como un cazador que a su regreso reconoce sus marcas en la brecha. ("trianarts")

César Vallejo (1892/1938 )

La copa negra La noche es una copa de mal. Un silbo agudo del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler. Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste, la onda aún es negra y me hace aún arder? La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra. Oye tú, mujerzuela, no vayas a volver. Mi carne nada, nada en la copa de sombra que me hace aún doler; mi carne nada en ella como en un pantanoso corazón de mujer. Ascua astral… He sentido secos roces de arcilla sobre mi loto diáfano caer. ¡Ah, mujer! Por ti existe la carne hecha de instinto. Ah, mujer! Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste, me ahogo con el polvo y piafan en mis carnes más ganas de beber! ("trianarts")

Verónica Volkow (1955 )

Laberinto Con mi vida escribo la huella de una estrella, un laberinto que encendida ando. Sumergida en la sombra mirada plena, Hay un vuelo que abre la luz en lo interno un caminar sensible, y cuidado del corazón despierto. ("latitudes latinas")

Siomara España (1976 )

La casa vacía No invites a nadie a nuestra casa, pues repararán en puertas, paredes, escaleras y ventanas, mirarán la polilla en los rincones, los cerrojos oxidados, las lámparas ciegas, arruinadas. No traigas a nadie a nuestra casa pues no tendrán más que angustia de tu mesa, de tu cama, tu mantel, del mobiliario se reirán de pena por las tazas, fingirán nostalgia de mi nombre, y reirán de nuestra hamaca. No traigas más gente a nuestra casa pues te escribirán canciones, te entusiasmarán el alma, te susurrarán traviesos, sembrarán una flor en tu ventana. Por eso no debes, te lo ruego, traer más gente a nuestra casa pues se pondrán rosados, verdosos, rojizos o azulados, al descubrir paredes rotas las plantas marchitadas. Querrán barrer en los rincones querrán abrir nuestras persianas y encontrarán seguro entre mis libros las excusas perversas que buscaban. No traigas más nadie a nuestra casa, así descubrirán nuestros absurdos te llevarán lejos a ...

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

El amor brujo He robado parte de tu cuerpo y de tu alma Le he tendido una celada a los recuerdos que aquí te recuerdo ¿Recuerdas amor? El cielo de la noche casi azul se asoma entre tus pestañas Noche vibrátil Una vez me fui hasta tu regió de monte enfermo de hongos y tristezas muy tristes Y aluciné con tu imagen alta y flexible galopando un caballo de nube Luego Venías por la tarde desde el Retiro de los Indios en tu carruaje blanco y yo iba a pie por la carretera Como un sonámbulo Sonríes desde lejos como si masticaras mi corazón entre tus colmillos Mis palabras le quitan a tu vida muerte Vives en este libro aunque te tengo miedo Aunque apenas si hemos hablado Pero te amo tanto como siempre Tanto como puedas imaginar Y estamos lejos Como el sol del mar. ("vallejo &  co.")

Allen Ginsberg (1926/1997 )

Muy lejos de aquí Dicen que los sudorosos negros se adentran ágiles en las infernales minas a miles de pies de profundidad en las montañas sudafricanas para extraer diamantes y oro para que brillen en las blancas manos de banqueros, políticos, ejércitos y policías. (muro fb de daniel montoly, trad. del propio dm)

Robin Myers (1987 )

La metafísica de Pedro el heladero Según lo veo yo, el cielo es otro mundo, nada más, y yo no soy de ahí. Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades, que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño. Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina. De intentar respirar, nos ahogaría el agua, y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos, comiendo lo que sea que ellos comen, todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada; y todas esas sombras y las cosas que brillan, junto con la comida invisible de los peces, tienen bastante más sentido que nosotros. ¿Por qué sería diferente el cielo? Otro país por el que para entrar tenemos que morir, y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos, y hay que aprender a parecerse al aire después de caminar por tantos a...

Frank Báez (1978 )

Nuestro Santa Claus Afuera no para de llover y nuestro negro y escuálido Santa Claus empuja un carrito de supermercado por toda la Independencia. Deja atrás repuestos, liquor stores, bancas de apuestas, iglesias evangélicas. Hasta el final de la Independencia como si no supiera que ya casi estamos en marzo. ("revista el humo")

Gonçalo M. Tavares (1970 )

Errores de uno o de muchos Los errores científicos son errores de una comunidad científica. Al error de Uno (sin seguidores) lo llamamos Arte. ("pájaros lanzallamas", trad. alonso sáenz delgado)

John Ashbery (1927/2017)

Autorretrato en espejo convexo Como hizo el Parmigianino, con la mano derecha más grande que la cabeza, adelantada hacia el espectador y replegándose suavemente, como para proteger lo que anuncia. Unos cristales emplomados, viejas vigas, muselina plisada, un anillo de coral corren unidos en un movimiento sobre el que se apoya el rostro, que flota acercándose y retirándose como la mano sólo que está en reposo. Es lo que está sustraído.Dice Vasari: “Francesco se puso un día a sacarse su retrato, y se miró con ese proposito en un espejo convexo, como los que usan los barberos… Para ello mandó a un tornero que le hiciera una bola de madera y tras partirla por la mitad y reducirla al tamaño del espejo, con gran arte se puso a copiar cuanto veía en el espejo" principalmente su reflejo, del que el retrato es el reflejo una vez quitado. El espejo decidió reflejar tan sólo lo que él veía, que fue suficiente para su propósito: su imagen barnizada, embalsamada, proyect...

Uriel Martínez (1950 )

Regresé de la peluquería Regresé de la peluquería con las orejas grandes y el cuello limpio antes de aplicarme la mascarilla de la semana. Quiero darle la bienvenida al mes de agosto después de un julio lluvioso, soleado y cálido, de 36 grados C. Mientras la mascarilla hace su tarea he puesto el CD de The Platters que tanto te gustaba escucharlo a esta hora del día. Quizá luego, después de la siesta, la comida y el sol en la distancia prepare una merienda ligera, para no morir en el intento. Mientras el sol muestre sus brasas a modo de despedida, termine de girar el disco una y otra vez y haya transcurrido al fin el día, aquí sigas, quizá Invisible como una presencia que no termina de irse ni de manifestarse. Con la cara lavada en agua fría me limpiaré los residuos. Residuos que aún perduran pese a nuestros lejanas exequias. [Inédito]

Enrique Molina (1910/1997 )

Amantes vagabundos Nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido Pero un poco más lejos hacia nada Están las lámparas de viaje Temblando suavemente Los hoteles de garganta amarilla siempre rota Y sus toscas vajillas para el suicidio o la melancolía -¡Oh el errante graznido sobre la cumbrera! Dormíamos al azar con montañas o chozas Bajo las altas destrucciones del cielo prontas a arder con un fuego inasible Junto al árbol de paso que se aleja A menudo asomados a ventanas en ruinas A balcones en llamas o en cenizas En esos lechos de comarca La lluvia es igual a los besos te desnudabas Girando dulcemente en la oscuridad con la rotación de la tierra Belleza impune belleza insensata Pero sólo una vez sólo una vez Juega el amor sus dados de ladrón del destino: Si pierdes puedes saborear el orgullo De contemplar tu porvenir en un puñado de arena. ¡Cuántos rostros abandonados! ¡Cuántas puertas de viaje entreabriendo su llanto! Cuántas mujeres que la luz ahoga Sueltan sus...

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

En las riveras del Maici En las riberas del Maici, un pequeño tributario del Amazonas brasileño, viven los indios Pirahã. Estos indios creen que la concepción de un nuevo cuerpo es provocada por el susto de una mujer cuando está menstruando. Creen también que ese susto (causado por motivos tan diversos como la presencia de un animal salvaje, la picadura de un insecto o el disparo de un arma) se encuentra ligado al lugar donde ocurrió. Para los Pirahã el territorio es algo que cada uno lleva en el cuerpo. Me gusta esa idea. Y me perturba. Río arriba, cruzando la frontera con el Perú, se encuentra Iquitos. Nunca he visitado esa ciudad. Fue ahí donde me concibieron mis padres. ("pájaros lanzallamas")

Mark Strand (1934/2014 )

Imagen
Detrás de la pregunta por la importancia de esa oscuridad que produce una sensación de encierro, o al menos de limitación, en los cuadros de Hopper, se encuentra el cuestionamiento de nuestro modo de afrontar el tiempo: qué hacemos con él y qué hace él de nosotros. En muchos cuadros de Hopper hay una espera aconteciendo. La gente a la que Hopper pinta parece no tener nada que hacer. Son como personajes que se hubiesen quedado sin un papel que desempeñar, y ahora, atrapados en el espacio de su espera, deben hacerse compañía, sin lugar adonde ir, sin futuro. ("pájaros lanzallamas", trad. juan antonio montiel)

Yolanda Pantin (1954 )

Los que van a morir Hay dos millones de historias en la ciudad desnuda con qué indiferencia escuchamos de la boca de los otros ha muerto alguien hemos roto el vínculo Llueve llueve sobre el lago Rosas en el cielo Amarillo Nada nos importa Estos son nuestros miedos nuestros besos nocturnos quebrar los sueños y el cuello de los otros y orar –profundamente ("pájaros lanzallamas")

Jude Nutter

Epitafio en la interestatal 80 Un milagro, sólo mira alrededor: la tierra insoslayable — Wislawa Szymborska El mundo es una tumba. Con todas sus salidas cerradas. La única estación al alcance es Radio Peregrino, cuyos predicadores hablan sobre tu necesidad de penitencia y salvación y tratan de convencerte de que el cuerpo nunca es digno. A pesar de que sepas que la soledad que sientes en el paisaje es solo un eco de la tumba del cuerpo y una tristeza particular, escuchas: luz conectándose a la mugre con un suspiro, como la hoja de una guillotina; los muertos disolviéndose en la mugre. Campos del tamaño de países pequeños. Ganado muerto. El resto de la manada sólo pastoreando feliz, retocando los huecos y las tumbas de sus cuerpos. Incluso –te dicen los predicadores-  si sucumbes a la necesidad y encuentras a alguien lo suficientemente bello como para tentarte a salir de la soledad hacia el deseo, aun así todavía puedes darle la espalda a los placeres del cuerpo ...

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

Volveremos a vernos Volveremos a vernos donde siempre es de día y los feos son guapos y eternamente jóvenes, donde los poderosos no abusan de los débiles y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos. En ese hogar de luz que no hiere los ojos volveremos tú y yo a decirnos bobadas cogidos de la mano, viendo morir las olas sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone. Y viviré en tus labios el amor que la Tierra sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño, y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre canción de despedida mientras nos abrazamos. ("rua das pretas")

Tennesse Williams (1911/1983 )

Imagen
Háblame como la lluvia y déjame escuchar Personajes Hombre Mujer Voz de niño Escena única Una habitación amueblada al oeste de la Octava Avenida en la zona central de Manhattan. En una cama plegable está echado un hombre vestido con una camiseta arrugada, despertándose con los suspiros de quien se acostó muy borracho. Una mujer está sentada en una silla junto a la única ventana de la habitación, vagamente delineado su perfil sobre un cielo preñado de lluvia que todavía no ha comenzado a caer. La mujer tiene en la mano un vaso de agua que va bebiendo de a pequeños sorbos, a sacudidas, como bebería un pájaro. Los rostros de ambos son jóvenes y desmedrados, como los rostros de los niños en un país donde hay hambre. Se hablan con una especie de cortesía, una especie de formalidad afectuosa como la de dos niños solitarios que quieren ser amigos; y, sin embargo, dan la impresión de haber vivido juntos durante mucho tiempo, y de que la presente escena entre ellos es la repetici...

Robert Hass (1941 )

Amanecer Ay, amor, esto es miedo. Esto es miedo y sílabas y el comienzo de la belleza. Hemos caminado por la ciudad, un animal desollado que significa muerte, un dios híbrido que canta en la desolación de la porquería y el dinero una canción que el corazón es incapaz de recibir. De otro modo viviremos afligidos, y los ordenados tonos monocromáticos, las fauces mortíferas de aquel horizonte, nos sobrevivirán como nosotros sobrevivimos al placer. Qué poca esperanza. Qué feroz y pequeña privacía la del consuelo. Qué deslumbramiento de pétalos para la pobre carne. Ciegos, con ojos como estrellas, como flores astrales, desde la cegatona enfermedad copulante de las bestias nos erguimos, agitados como truchas en el aire hendido, aterrados, mientras el rayo escarlata del sol se arrastra desde la imaginación del estanque de un mar de muerte. Pez, topo, somos las criaturillas aturdidas dentro de estas resurrecciones humanas, las noches que la ciudad celebra y profana. Desd...

Zbigniew Herbert (1924/1998)

Un país Justo en un rincón de este viejo mapa hay un país que añoro. Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y del amor.  Por desgracia una araña tejió sobre él su tela y con su viscosa saliva cerró las aduanas del sueño.      Y siempre es así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia. ("pájaros lanzallamas", trad. xaverio ballester)