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Mostrando entradas de julio, 2020

Yusef Komunyakaa (1941 )

Nunca sabemos Se tambaleó por un momento entre la hierba alta, como si estuviese bailando con una mujer. Nuestros cañones se pusieron al rojo vivo. Cuando me acerqué, un halo azul de moscas volaba sobre él. Cogí de sus dedos la foto deteriorada. No hay otra manera de decirlo. Me enamoré. La mañana empezaba a clarear, menos para un mortero lejano y para algunos helicópteros que despegaban en alguna parte. Le metí la cartera en el bolsillo y le di la vuelta para que no siguiera besando el suelo. ("trianarts", traducción juan José vèlez otero)

Juan José Vélez Otero (1957 )

Bésame la boca... Bésame la boca con tu boca de rosas, con tu boca de mirtos, con tu boca de cáscara de naranja mandarina. Bésame la boca y ahuyenta mi tristeza de lata en la basura. Llévame al garaje, el día es frío y ando a tres pistones. Bésame. Famélico de labios me ato a la camilla y fumo del recuerdo. Bésame la boca, píntate los labios de carmín oscuro y bésame la boca con tu boca de cáscara de naranja mandarina. ("trianarts")

José Javier Villarreal (1959 )

Es el tenedor lo que más se distingue sobre la mesa , el espejo en el cuarto de baño, el baño con su pasta, su cepillo y sus toallas. No hay relación entre el tenedor y el baño oscuro, viejo y cansado ni siquiera están cerca ni siquiera en el mismo piso. Yo leo sobre la cama una extensa novela, por la ventana se filtra el sol. Es el tenedor el cubierto que domina a un lado del plato, el espejo lo que más sobresale en el baño, la temperatura constante, yo sobre la cama, el piso abajo y el techo arriba. La novela ha quedado sobre la cama, no se involucra. No hay una clara razón para escribirte esto que en realidad es tan poco: el tenedor sobre la mesa, la luz del día, el baño, la cama que me sostiene, el piso abajo y el techo arriba; no hay que olvidar que la temperatura se ha mantenido constante, que hablé contigo, y estabas triste; no hay que olvidar ni un solo detalle de esta naturaleza que ...

Safo (625 aC/570 aC )

Poema Recuerdo a Anaktoria que me ha dejado, cuyo adorable andar y pálida tez preferiría tener ante mis ojos en vez de las cuadrigas de Lidia en todo su esplendor preparadas para la batalla. ("el flautista en el pozo", ch. simic)

Antonio Marín Albalate (1955 )

Celebración de lo a ti bebido   Qué camisa tan triste la mía, con la sal de tus lágrimas, empapándola toda poco antes de abrazarte en el andén para decirnos adiós. Y qué alegre ahora —no sin melancolía— recordar el ángel caído del tatuaje de tu espalda que tan enloquecidamente besé. Recordar y nombrarte, más allá de esta triste camisa, muchacha de mis noches mejores. Caracol de luz   Como un regalo caído a mis manos, vino el rojo encendido de tu boca en copa de luz envolviéndome todo. De tu boca de blanca dentadura, vino esa luz para morder la sombra del cuerpo que me habita. Sin apenas darnos cuenta, vino el deseo mudándonos de piel como de camisa se mudan la serpiente y los infieles amantes. Vino, sin quererlo, la bestia azul de los sobresaltos. ("zenda libros")

Arturo Gutiérrez Plaza (1962 )

Imagen
                                                            foto de martha viaña pulido Mientras él leía a Shelley                                              a charles simic Mientras él leía a Shelley, el otro lo leía a él. No en un café mugriento de algún callejón de Manhattan, ni en un restaurant de rojas cortinas y hábitos chinos, en cuyo brillo se asentara la escapadiza grasa de las cocinas. Mientras Shelley le hablaba, le murmuraba -entrelíneas- historias de multitudes contagiadas por la peste y reyes enloquecidos, ciegos y moribundos, el otro lo leía a él; pero no en algún bar de la calle McDougal o en algún recoveco de la Cuarta Avenida. Lo leía desde muy lejos, desde antes de nacer; ni en...

José Infante (1946 )

Casa vacía Entro y sorprendo la última luz de la tarde en el balcón. Apenas unas sombras que se cambian de sitio y unos muebles, que apenas se dibujan. Todavía puedo ver lo que forma este hogar sin mañana. Puedo hablar en voz alta que nadie contestará a mis palabras. Puedo mirar a fondo en todos los rincones y descubrir la nada agazapada en las esquinas, en las motas de polvo o en el aire que puebla lo vacío. ¿Es la serenidad este campo de miedo y de silencio? ¿Cuándo hicimos el pacto la soledad y yo? ¿Y hasta dónde? El tiempo ha sucedido. Y sólo tengo señales en los ojos. ("trianarts")

Marie Henri Beyle Stendhal (1783/1842 )

Proposiciones a Las miradas son el gran arma de la coquetería. b Todos los hombres pierden la cabeza; ése es el momento en que las mujeres toman sobre ellos una innegable superioridad. c El alma tierna nada consigue por la fuerza, y debe resignarse a no conseguir nada, como no sea por la caridad de la amada. d Hay que acordarse de que con frecuencia, un ser enamorado no advierte la emoción de la persona que causa la suya. e En los pueblos salvajes sólo se halla un amor bárbaro. ("poesía contra el olvido", pdf)

Fernando Pessoa (1888/1935 )

Ayer el predicador Ayer el predicador de sus verdades habló de nuevo conmigo. Habló del sufrimiento de las clases que trabajan (no de las personas que sufren, que es, al fin, quien sufre). Habló de la injusticia de que unos tengan dinero y otros tengan hambre, que no sé si es hambre de comer o si es sólo hambre del postre ajeno. Habló de todo lo que pudiera hacerle molestarse. ¡Qué feliz debe ser quien puede pensar en la infelicidad de los demás! ¡Qué estúpido si no sabe que la infelicidad de los demás es de ellos y no se cura por fuera, porque sufrir no es tener falta de pintura o que el ataúd no tenga aros de hierro! Que haya injusticia es como que haya muerte. Yo nunca daría un paso para alterar aquello que llaman la injusticia del mundo. Mil pasos que diera para eso serían sólo mil pasos. Acepto la injusticia como acepto que una piedra no sea redondeada, y que un alcornoque no haya nacido pino o roble. Corté la naranja en dos, y las dos partes no podían qued...

Don Paterson (1963 )

a para Russ Si en verdad quieres saber, te cuento: ¿recuerdas que hace dos años te sentaste en una poza para jugar a la joyería con piedras robadas de la orilla? La mayoría oscureció y punto, pero otras lucían un color oculto en alguna parte de su sueño lítico. Así reconocías las piezas únicas. Pues yo también guardo las cosas grises del día en las que encuentro promesas que aunque muertas contienen la sorpresa que no sé, y no tengo poza donde ver matices – por eso las miro hasta que en mis ojos alguna de ellas forma un espejo que esta lágrima pinta y enciende. Es por esto que me quedo hasta tan tarde. b En la oficina de turismo de Aubeterre, columbario de archivos y expedientes, ella te explica, mientras hojeas folletos de la capilla y el teatro de títeres, que hasta primavera nada hay disponible, incluso – sin que preguntes – el único hotel. Una moto ronronea en la llovizna. Te descubres revisándole las manos. Ella prepara cena ligera; charlan, su...

Ángel Crespo (1926/1995 )

El pedregal ¿Son alas deshojadas, huesos, tristes restos de algún naufragio, trances sin nombre, tiempo derrumbado ¿o no son más que piedras? Detrás de ellas habrá un paisaje abierto o soledad tan sólo; habrá un vuelo, un tumulto acre de plumas, un fragor de olas contra el casco vivo, o una muralla, por la que pasean centinelas y brumas y el mediodía se alzará lo mismo que una rama que crece. O tal vez no. Me paro junto a este pedregal: no me atrevo a dar un paso más hacia lo que me engaña revelándose. ("trianarts")

Eugenio Montale (1896/1981 )

Recuerdo Sólo ella percibía los sonidos de mis silencios. A veces yo temía que huyera el tiempo hostil mientras hablábamos. Desde entonces perdí la memoria y ahora me reencuentro hablando de ella contigo, entre volutas de humo que disimulan nuestra conmoción. Y ésta es mi parte que reencuentro cambiada: el sentimiento, de suyo informe, que hoy es solamente de añoranza. ("la jornada semanal", no.26, 10 de diciembre de 1989; versión de guillermo fernández)

José Ángel Valente (1929/2000 )

El adiós Entró y se inclinó hasta besarla porque de ella recibía la fuerza. (La mujer lo miraba sin respuesta.) Había un espejo humedecido que imitaba la vida vagamente. Se apretó la corbata, el corazón, sorbió un café desvanecido y turbio, explicó sus proyectos para hoy, sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás. (Ella lo contemplaba silenciosa.) Habló de nuevo. Recordó la lucha de tantos días y el amor pasado. La vida es algo inesperado, dijo. (Más frágiles que nunca las palabras. Al fin calló con el silencio de ella, se acercó hasta sus labios y lloró simplemente sobre aquellos labios ya para siempre sin respuesta. ("trianarts")

Armando Rojas Guardia (1949/2020 )

La promesa visual Si mis ojos fueran capaces de mirar, como Basho y Mondrian contemplarían este asfalto mojado, el automóvil reluciente en mitad de la garúa, la mujer que camina, sus zapatos, el cielo engordado por las nubes, aquel reloj que cronometra el vuelo de un triángulo ligero de palomas (y en fin, árboles y charcos y camisas y postes y anteojos y vidrieras), si me fuera posible mirar esto que en equilibrio puntual ha amanecido haciendo de la calle una textura de planos y ángulos sedantes donde todo, al vibrar, es traspasado por el único relámpago vacío, Caracas no sería –desde siempre– esta costumbre absurda, arrinconada, sino el centro real del universo que puede ser cualquiera de sus puntos para el Génesis libre de los ojos. ("colección los conjurados")

Louise Glûck (1943 )

Granada Primero me dio su corazón. Era una fruta roja con muchas semillas, de piel coriácea, improbable. Yo preferí pasar hambre, para seguir con mi entrenamiento. Después él me dijo Mirá como se ve el mundo, pensando en tu madre. Yo me asomé por debajo de su brazo: ¿Qué había hecho con el color & el olor? Con lo cual él dijo Esta es una mujer que ama con ganas, y agregó Considerá que está en su elemento: los árboles se vuelven hacia ella, pueblos enteros se hunden aunque en el infierno los arbustos aún arden con granadas. En ese punto cortó una & empezó a chuparla. Cuando al fin me miró fue para decirme Mi querida ahora sos tu propia mujer, por fin, pero examiná este dolor que tu madre hace desfilar sobre nuestras cabezas y recordá que a ella nadie le ofreció estas profundidades. ("poesiacontraelaislamiento", versión de eugenia santana goitia)

W. H. Auden (1907/1973 )

No habrá paz Aunque el cielo clemente y despejado sonríe de nuevo en la orilla de tu estima y sus colores vuelven, la tormenta te ha cambiado: Nunca olvidarás la oscuridad borrando la esperanza, el vendaval augurando tu caída. Debes vivir con lo que sabes. Años atrás, más allá de ti, fuera de ti hay otros, de los que nunca oíste en ausencias sin luna, quienes por cierto han oído de ti, seres de género y número desconocidos: y no les gustas. ¿Qué les hiciste? ¿nada? nada no es una respuesta: llegarás a creer – ¿cómo puedes evitarlo? que lo hiciste, que les hiciste algo, te encontrarás deseando hacerlos reír, ansiarás su amistad. No habrá paz. Contraataca, entonces, con todo el valor que tengas y con cada cobarde estratagema que conozcas, con la conciencia tranquila de que: su causa, si tuvieron una, no les importa ahora en absoluto; Ellos odian por odiar. ("buenosairespoetry", trad.rodrigo arriagada zubieta)

Myriam Moscona (1955 )

Reencuentro de la Mandrágora                  (fragmento) Oh, señora del meridiano, hazme profunda y cóncava, hazme inagotable. Dame el tiempo. Dame el espacio. Otórgame la brújula, acerca la balanza. Necesito una imagen de mí. Ayúdame a tenerla en la memoria. Destílame decántame recíbeme. Regrésame la voz. Sale de mi alma una sustancia volátil,             una resina. ("la jornada semanal", nueva época, no. 24, 30 nov. 1989)

Diego Medina (1992 )

Frente al beso de Rodin                                                 “Sí yo sé de tu miedo a las alturas pero aún así te veo revoloteando”                                                                                                                                          Sergio Loo Hace poco o mucho,} el tiempo va más allá de la correa que sujeta el reloj, tuve un sueño en el que besaba la estatua del Beso de Rodin… y recordé el día que me atreví a quererme a mí mismo y me miré al espejo, cantando Don’t start m...

W. H. Auden (1907/1973 )

Epitafio para un tirano Su propia perfección le daba prisa. Fácil de comprender la poesía que inventaba, miedos y flaquezas los utilizaba y amó sin medida sus fuerzas armadas. Si reía, solemnes senadores estallaban de risa y si lloraba, los niños morían a carretadas. ("revista de la universidad autónoma del estado de méxico", no.3, jul-sept. 1984, toluca; versión de carlos monsiváis)

Silvia Sigûenza (1943 )

a No quiero soñar mi muerte mientras no tenga comprados los cirios que han de llevarme por el camino -sin cristos- a la real feria del sueño. b Para comprender la muerte recorro mis pisadas retrato mi calavera en el espejo corto mi pelo vienen relojes nombres piedras y el cuerpo de mi sombra. Cada día del calendario hay que deletrear la vida. c Si la ocasión me sella con la muerte yo pongo ante su juicio mi traslado y me libro al parecer de un vino añejo. ("tierra de íntimo camino", ediciones cosmos, no.3, xalapa, ver., 5 dic. 1974)

Rosabetty Muñoz (1960 )

Hay ovejas y ovejas Las que comen de cualquier pastizal y duermen con una sonrisa de satisfacción en los potreros. Las que caminan ciegamente por los caminos acostumbrados. Las que beben despreocupadas en los arroyos. Las que no trepan por pendientes peligrosas. Esas van a dar lana abundante en las esquilas y serán sabrosas invitadas en las fiestas de fin de año. Hay también las que tuercen las patas buscando campos de margaritas y se quedan horas y horas contemplando los barrancos. Esas balan toda la gran noche de su vida encogidas de miedo. Y hay, por fin, las malas ovejas descarriadas. Para ellas y por ellas son las escondidas raíces y los mejores y más deliciosos pastos. ("altazor")

Ocean Vuong (1988 )

Oración por los recién condenados Queridísimo Padre, perdóname porque he visto. Tras la valla de madera, un campo iluminado de verano, un hombre pone una navaja contra la garganta de otro hombre. El acero mira a la luz sobre el cuello mojado de sudor. Perdóname por no retorcer esta lengua para darle la forma de Tu nombre. Por pensar: así es como debe comenzar cada oración– la frase Por Favor partiendo el viento en fragmentos, en lo que un muchacho escucha en su necesidad de saber cómo el dolor devuelve el cuerpo bendecido a su pecador. La hora se ha acallado repentinamente. El hombre, sus labios contra la bota negra. ¿Estoy mal por amar esos ojos, por ver algo tan claro y azul? ¿Por pedir que siga siendo claro y azul? ¿Me tembló la mejilla cuando la húmeda sombra floreció en su bragueta y goteó sobre la ocre tierra? Qué velozmente te vuelves la navaja. Pero déjenme comenzar de nuevo: hay un muchacho de rodillas en una casa en la que cada puerta ha sido abierta...

Yorgos Seferis (1900/1971 )

Niño Cuando empecé a crecer me atormentaban los árboles ¿por qué sonríe? ¿pensó acaso usted en la primavera, tan dura para los niños pequeños? me encantaban las hojas verdes creo que si aprendí algo fue porque el papel secante de mi pupitre también era verde me atormentaban las raíces de los árboles cuando la tibieza del invierno venían a enredarse por mi cuerpo de niño no tenía otros sueños; así conocí mi cuerpo. ("trianarts", trad. selma ancira y francisco segovia)

Juan Carlos Onetti (1909/1994 )

Y el pan nuestro Sólo conozco de ti la sonrisa gioconda con labios separados el misterio mi terca obsesión de desvelarlo y avanzar porfiado y sorprendido tanteando tu pasado Sólo conozco la dulce leche de tus dientes la leche plácida y burlona que me separa y para siempre del paraíso imaginado del imposible mañana de paz y dicha silenciosa de abrigo y pan compartido de algún objeto cotidiano que yo pudiera llamar nuestro ("trianarts")

Jaime Sabines (1926/1999 )

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                                                                    rogelio cuéllar Dos breves, de lo mismo 1 Yo no te pido nada, Señor, pero sí te pido: que me dejes vivir en paz. Un día, o dos o tres, un lustro o una década, déjame vivir en paz. Ya sé que tú eres una sombra, un fetiche, un cuento, ya sé que eres las uñas que me corto, el trago de agua que no bebo, pero te reverencio, te pido, te acongojo, déjame morir en paz. Paz para las horas que no encuentro, para el amor que me quitaron, para el duelo. Paz para mis días, por favor. II Todo me lo has dado, Señor. Me diste a mi padre y la muerte de mi padre, a mi madre y su muerte, a mi hermano Juan y a su destino, a Jorge, el verdadero y el fantasma, a mi mujer, Chepita, a mis hijos, a mi cama me diste y a mis huesos que rec...