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Mostrando entradas de abril, 2019

Denise León (1974 )

[voy a quedarme quieta para que nada se mueva] voy a quedarme quieta para que nada se mueva. Yo, niña. Yo, en mi casa sentada en la cocina. A través del humo que moja las ventanas se escuchan las campanas de las iglesias griegas. Voy hacia atrás para no saber lo que estoy tocando, para no saber que mi mano acaba en mis dedos, que mis dedos están muertos.Mi madre se me soltó de las manos como cuando se sacaba las pulseras. Tres meses dormimos juntas en el hospital en una camita de sillas. Tengo once años y voy hacia atrás. Veo el humo caliente de la cocina y me inunda el olor amarillo de las naranjas. La cáscara es dura y mi madre, sudada, corta los gajos con un cuchillito afilado. No son mis dedos. Me quedo quieta pero la cáscara se desprende, la piel se desprende y brilla en la olla mientras la cuchara la mueve. Ésta va a ser la comida para los pescados, dicen. Afuera cantan diez hombres. Aquí hay dos muertas. ("por mi boka, textos de la diáspora sefardí en ladino", ...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

La colina ¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley, El débil de voluntad, el de brazos fuertes, el payaso, el borracho, el peleador? Todos duermen en la colina. Uno murió de fiebre, Uno ardió en una mina, Uno fue asesinado en una pelea, Uno murió en prisión, Uno cayó desde un puente, cuando trabajaba para su mujer y sus hijos- Todos, todos duermen, duermen, duermen en la colina. ¿Dónde están Ella, Kate, Mag, LIzzie y Edith, La de corazón tierno, la de alma simple, la bulliciosa, la orgullosa, la feliz? Todas, todas duermen en la colina. Una murió en un parto vergonzoso, Una a causa de un amor frustrado, Una en un prostíbulo a manos de un bruto, Una con su orgullo roto, persiguiendo el deseo de su corazón; Una, después de una vida alejada en Londres y en París, Fue traída a este pequeño espacio junto a Ella y Kate y Mag- Todas, todas duermen, duermen, duermen en la colina. ¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily, Y el viejo Towny Kincaid y Sevigne Ho...

Uriel Martínez (1950 )

DRAMATURGOS Y POETA: LA PALABRA DESNUDA                                               Sinopsis: en esta ocasión nos ocupamos de dos dramaturgos del siglo XX, Óscar Liera (Sinaloa) y Víctor Hugo Rascón Banda (Chihuahua) y del poeta zapoteco nacido en el Istmo, Elvis Guerra, quienes le dieron al país dos voces para la escena;   y una voz lírica que se ocupa del mundo del muxe, de los usos y costumbres de una minoría racial y sexual pocas veces atendida por una sociedad occidental que le ha dado la espalda a las minorías étnicas pese a la riqueza de su cultura. 1. Hubo un tiempo en que los carros de comedia recorrían los caminos y veredas llevando la buena nueva del teatro, hubo otro tiempo en que los corrales eran el sitio en donde se representaban farsas de cornudos, alcahuetas y graciosos. Moliere y Lope de Vega mantuvieron viva la llama del teatro en l...

Raymond Carver (1938/1988 )

Miedo Miedo a ver un patrullero entrando por el camino. Miedo a quedarse dormido a la noche. Miedo a no dormirse. Miedo al pasado que vuelve. Miedo al presente que vuela. Miedo al teléfono que suena en lo profundo de la noche. Miedo a las tormentas eléctricas ¡Miedo a la mujer de la limpieza que tiene una mancha en la mejilla! Miedo a los perros aunque me hayan dicho que no muerden. ¡Miedo a la ansiedad! Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto. Miedo a quedarme sin dinero. Miedo a tener demasiado, aunque la gente no lo crea. Miedo a los perfiles psicológicos. Miedo a llegar tarde y miedo a llegar más temprano que los demás. Miedo a la letra de mis hijos en los sobres. Miedo a que mueran antes que yo, y a sentirme culpable. Miedo a tener que vivir con mi madre en su vejez, y en la mía. Miedo a la confusión. Miedo a que este día termine con una nota infeliz. Miedo a despertar para encontrar que te fuiste. Miedo a no amar y miedo a no amar lo s...

Charles Simic (1938 )

Una carta Queridos filósofos, me pongo triste cuando pienso. ¿A ustedes les pasa lo mismo? Justo cuando estoy por hincarle el diente al noúmeno, Viene alguna antigua novia a distraerme. "¡Ni siquiera está viva!" le grito al cielo. Fue la luz invernal la que me llevó para ese lado. Vi camas cubiertas de idénticas mantas grises. Vi tipos de aspecto lúgubre sosteniendo a una mujer desnuda Mientras la manguereaban con agua fría. ¿Lo hacían para calmarla o era un castigo? Fui a visitar a mi amigo Bob que me dijo: "Alcanzamos lo Real cuando superamos la seducción De las imágenes". Me puse contento, hasta que me di cuenta De que nunca voy a ser capaz de semejante ascetismo. Me descubrí mirando por la ventana: El padre de Bob estaba paseando al perro. Se movía con dolor, el perro lo esperaba. No había nadie más en el parque, Solo árboles desnudos en una infinidad de formas trágicas Que complicaban el pensamiento. ("zoonphonanta",ver...

Elías Nandino (1900/1993 )

Silencio en poema Para poder decirte lo que ansío busco lo más sutil, lo más celeste, lo que apenas se acerque al alba pura de iniciar su existencia, sin haber sido herido ni por una mirada ni tampoco por nadie imaginado. El aroma del sueño, la estela sin color que va quedando cuando la nube avanza, la oración que se eleva de la espuma al nacer y morir, la queja que pronuncia la corola cuando vuela el rocío o el íntimo gorjeo del agua que abandona su venero: no pueden ayudarme porque ya están violados sus secretos y opacan la avidez del solo intento de querer pensar lo que anhelo decirte. No hay palabra, ni canto de paloma, ni roce, ni suspiro, ni silencio, que puedan expresar la frase virgen con que yo quiero hablarte. Es idioma que traigo sumergido en estado naciente, inmaculado, que lucha atravesando mis tinieblas como la luz de estrellas ignoradas que viene, desde siglos, descendiendo para tocar la tierra… Así es la profunda voz sedienta que l...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Minerva Jones Soy Minerva, la poetisa del pueblo, Silbada y abucheada por los Yahoos de la calle Por ser bizca, de cuerpo pesado y andar bamboleante, Y por todo lo demás, después de que Butch Weldy, Tras una brutal cacería, me capturara. El me abandonó a mi suerte en lo del Doctor Meyers; Y así me hundí en la muerte, adormeciéndome de los pies hacia arriba, Como el que se interna más y más en un cauce de hielo. ¿Irá alguien al periódico del pueblo Para reunir en un libro los versos que escribí?- ¡Estaba tan sedienta de amor! ¡Estaba tan hambrienta de vida! ("zoonphonante",versión isaías garde)

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Margaret Fuller Slack Pude haber sido tan grande como George Eliot Pero mi hado fue adverso. Miren la foto que me tomó Penniwit, El mentón reposando en mi mano, los ojos atentos, Grises, por cierto, contemplando la distancia. Pero estaba ese antiguo, antiguo problema: ¿Soltería, matrimonio, libertinaje? Después John Slack, el farmacéutico rico, me cortejó, Y me sedujo con la promesa de tiempo libre para mi novela, Me casé con él, di a luz ocho hijos, Y no tuve tiempo para escribir. De cualquier modo, todo se terminó para mi Cuando me clavé la aguja en la mano Mientras lavaba la ropa del bebé, Y morí de tétanos, con la mandíbula rígida, irónica muerte. Escuchen, almas pretenciosas: El sexo es la maldición de la vida. ("zoonphonante", versión isaías garde)

Uriel Martínez (1950 )

Réquiem Un manojo de betabel para cubrir con su tinte sábanas mortuorias, hervidos en agua y un trozo de canela; con la llama suave y un plato de porcelana que abarque la boca del peltre. Ya cocido el manojo, espere a que enfríe antes de vaciarlo en cubos a la licuadora. Después vacíe el licuado en un trasto de vidrio y agregue hielo frappé, miel, azúcar o cualquier endulzante de maple. Sirva un vaso a cada uno de sus muertos porque ya es cuaresma. [Inédito]

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

Campidoglio usted no sabe cuánto pesa un corazón solitario hay noches en que la lana oscura la lana tibia que me protege llega hasta el cielo y mientras duermo mientras respiro mientras sollozo se me derrama la leche hirviendo sobre la cara y entonces una máscara magnífica con la sonrisa del rey de espadas cubre mi llanto y todo eso no es nada todavía usted no me creerá pero luchar luchar luchar todas las noches con un tigre hasta convertirlo en una magnolia y despertarse despertarse todavía y no sentirse aún cansado y rehacer aún raya por raya el mismo tigre odiado sin olvidar los ojos los intestinos ni la respiración hedionda todo eso para mí es mucho más fácil mucho más suave créame usted que arrastrar todos los días el peso de un corazón desolado. ("confabulario")

Raymond Carver (1938/1988 )

Tu perro se muere Lo atropella una furgoneta. lo encuentras a la orilla de la carretera y lo entierras. te sientes mal. te sientes mal por ti mismo, pero te sientes peor por tu hija porque era su mascota y lo quería mucho. solía canturrearle y lo dejaba dormir en su cama. escribes un poema sobre ello. lo titulas un poema para tu hija y trata del perro al que atropella una furgoneta, de cómo te ocupaste de él, lo llevaste al bosque y lo enterraste hondo, muy hondo, y el poema sale tan bien que casi te alegras de que hayan atropellado al pobre perro, si no, no habrías escrito nunca ese poema. entonces te sientas a escribir un poema sobre la escritura de un poema que trata de la muerte de ese perro, pero mientras escribes oyes a una mujer gritar tu nombre, tu nombre de pila, ambas sílabas, y tu corazón se para. dejas pasar un rato y vuelves a escribir. ella grita de nuevo. te preguntas cómo va a terminar esto. ("zenda libros", trad. jaime pr...

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Nuevo día Después de tantos días sin camino y sin casa y sin dolor siquiera y las campanas solas y el viento oscuro como el del recuerdo llega el de hoy. Cuando ayer el aliento era misterio y la mirada seca, sin resina, buscaba un resplandor definitivo, llega tan delicada y tan sencilla, tan serena de nueva levadura esta mañana… Es la sorpresa de la claridad, la inocencia de la contemplación, el secreto que abre con moldura y asombro la primera nevada y la primera lluvia lavando el avellano y el olivo ya muy cerca del mar. Invisible quietud. Brisa oreando la melodía que ya no esperaba. Es la iluminación de la alegría con el silencio que no tiene tiempo. Grave placer el de la soledad. Y no mires el mar porque todo lo sabe cuando llega la hora adonde nunca llega el pensamiento pero sí el mar del alma, pero sí este momento del aire entre mis manos, de esta paz que me espera cuando llega la hora -dos horas antes de la media noche- del tercer oleaje, que ...

Carmen Matute (1944 )

Presagio Tras las ventanas que tamizan la luz del sol que muere aguardaba el amor de un joven fauno, su ternura despiadada, su plenitud un poco melancólica, el abismo y la certeza del pecado que me acechaban en el fondo de la noche fogosa de su boca. Tras los párpados guardaba ya el dolor de su mirada en sombra, su proclamado corazón infiel de su olvido la ciega certidumbre. ("zenda libros")

Selva Casal (1930 )

 Los misiles apuntan a mi corazón                                   Los misiles apuntan a mi corazón la puerta se cerró el viento quedó solo ahora quien puede recuperarle nadie donde están los que matan los asesinos son dulces en mis manos y mi vientre es un campo de batalla no conozco a los que me aman y ellos no me conocen me arrancaron de un vientre de una espada la noche fulguraba el sol es triste y duele es maravilloso estar vivo es maravilloso estar muerto arden las ramas las estrellas mi corazón ardía el paraíso es así fulgura y duele huyamos tocarás mi ventana con una hoja amarilla y me levantaré desnuda si sabes mi locura despiértame de prisa mátame no sé quién soy no existo pero amanezco siempre sorprendida como de haber estado en algún sitio oculto aprendí a deletrear tardíamente los colores y la luz toda fue yo no quería aprend...

José María Fonollosa (1922/1991 )

Beaver Street Para lucirla por la calle, hermosa. Y para convivir, la razonable belleza que Lucrecio aconsejaba. Pero para la cama más bien fea. La hermosa y casi hermosa se te tienden en el lecho y esperan muy seguras el rápido homenaje que merecen. Mas son algo pasivas. Y con límites. La chica más bien fea, sin embargo, agradece el haber sido elegida entre otras de más bellas. Participa con mayor entusiasmo en el amor. La oscuridad ambiente la sitúa en plano de igualdad ante la estética. Y un ciego guía a un ciego, mas los dos -los cuerpos- hallan juntos sus caminos. Y deja hacer y accede de buen grado a cuanto la requiera aquel momento. Para pasarlo bien en una cama escoged una chica más bien fea. ("zenda libros")

Irene Gruss (1950/2018 )

Movimiento Una mujer sola frente al mar es más majestuosa que él. Puede pasar una gaviota augurando la muerte o puede caer el sol humedeciendo las lonas de las carpas hasta apagarlas, pero una mujer frente al mar mece su soledad como una dueña y no se estremece. La luz del mar tiene la importancia y el movimiento de su ánimo, de su alma. El viento suena alrededor de la mujer y la despierta: ahora se trata de la playa sin luz, una mujer, el sol caído, el sonido del mar, carpas levantadas, el viento que lo da vuelta todo. ("la ficción del olvido")

Ezra Pound (1885/1972 )

Un pacto Hago un pacto contigo, Walt Whitman: ya te he detestado bastante. Llego a ti como un niño crecido Que ha tenido un padre cabeza dura; ahora tengo edad para hacer amigos. Fuiste tú el que taló los nuevos troncos, Y ahora llegó el momento de tallarlos. Tenemos la misma savia y la misma raíz: Que haya comercio entre nosotros. ("marcelo leites" s/c al traductor)

José Luis Zúñiga (1949/2011 )

Esta tarde No sé dónde esculpieron tu cintura de hielo ni en qué fragua forjaron esos pechos metálicos. Más vale no saberlo cuando el sofá que acoge nuestros cuerpos desnudos está como de vuelta y esa música ajena, la del piso de al lado, nos envuelve en su scherzo de violines en celo. Yo quisiera ser gato, nada más, y maullarte y acurrucarme entero en tu regazo helado, y cogerte la mano, la que te deja libre el cigarrillo apenas encendido, y decirte lo mucho que te añoro debajo de la manta en estas tardes lacias en que me aterrorizan las garras del recuerdo de lo que nunca ha sido. Se me pasan las tardes en glaciares y fuegos preguntando al loquero por qué tanta locura, tantos rincones sucios en este sanatorio al fin y al cabo misericordioso. ("poemas en el camino")

Ana Blandiana (1942 )

¿Recuerdas la playa? ¿Recuerdas la playa revestida de cristales amargos sobre los que no podíamos caminar descalzos? ¿El modo en que mirabas el mar y decías que me escuchabas? ¿Recuerdas las gaviotas histéricas girando en el tañido de campanas de iglesias invisibles y los peces como santos patrones, el modo en que corriendo, te alejabas hacia el mar y me gritabas que te hacía falta distancia para contemplarme? La nieve se apagaba enredada entre las aves en el mar; con una desesperanza casi alegre yo miraba tus huellas en el mar y el mar se cerraba como un párpado sobre el ojo, dentro del cual yo esperaba. ("zenda libros" ,traducción viorica patea y natalia carbajosa)

Uriel Martínez (1950 )

Jim Se ha hecho tarde mientras jim morrison vuelve, piano moroso de teclas blancas sobre negras; pero el sol naranja no se va, permanece. Ha oscurecido sin darnos cuenta, no sé si el aire nocturno sopla sobre campos secos siniestrados; no sé si eso hace naranja el resplandor. Sea como sea morrison extiende sus dedos suaves, blancos, gordos y señala un punto en mi plexo solar, algo latente. Me miro el sueter que me abraza de noche y debajo no hay nada, acaso latidos débiles, morosos mientras el mezcal hace su efecto. En mí no priva el paso de sirenas de patrullas, ni las llantas y el caucho de bomberos que llevan agua a la fuente del fuego, al cerillo arrojado con intención. Cierro la noche con pasador porque el humo asciende lento, suave, oscuro en su origen, como nuestras vidas, nuestra suerte. [Inédito]

Ana Blandiana (1942 )

Sílabas A veces quisiera rezar A mi voz, como un ciervo                    Que escondiera, incomprensible, Un escudo de unicornio Oigo cómo se transforma, con asombro,                              Mi torpe pensamiento en dioses y monarcas Y con ellos se comunica En una lengua ya olvidada. Extrañas, se juntan en mi pecho Las sílabas, sin mi intervención, Despiadadas y altivas. Ya no me asombro. Escucho, espero, Cuento su escaso y frío goteo, Alejadas como entre las estrellas, De mi boca redonda La muerte y mi vida eterna. ("luvina", versión viorica patea y natalia carbajosa)

Ana Salomé (1982 )

Oda del fin de la pasión ahora que la pasión se alejó de ti son pocas las noticias que te traigo. las palabras bien pueden ser pequeños papeles tirados al suelo si el viento los levanta es porque aún habrá un libro de poemas en las puntas de los dedos a herir el espacio para un último golpe. me dejaste así con la pasión rápida el funeral y los pájaros en las ramas a aprender tonterías y las marchas de siglos anteriores. rechazaste un corazón la cercanía de las manos a destapar el rostro oculto. ahora es tarde los poemas son las partes prohibidas de los bosques que no pueden crecer más. sin árboles el viento no sopla y es poco el que llega hasta ti. ("eg", revisión jôao guerreiro)

Héctor Viel Temperley(1933/1987 )

David David me aprieta el brazo como un bondadoso pastor negro y me pregunta qué quiero escuchar esta noche en su trompeta. Siempre quiero escuchar lo mismo, David, siempre creo en el mismo Jesucristo, todas las semanas cometo los mismos pecados, sigo crucificado en el mismo y destemplado aire. ("otra iglesia es imposible")

Ana Merino (1971 )

Desamor Sobre el dolor de estar y no ser querido pongo el mantel y espero la cena. Cada habitación tiene un sonido a modo de selva o de tormenta. Pero es en el baño donde los espejos no disimulan, escupen. Cada rincón tiene su nido y allí las arañas preparan sus telas; pero es en el patio donde me dedico a despiojar niños y aplasto las liendres con las uñas como si fuese una gran cacería de dedos largos y pelo sucio. Sobre el dolor se quejan mis manos y yo me olvido, no existo; ni siquiera a golpes abro la boca. ("poesía cuatro")

Alejandro Zambra (1975 )

Inverness iv Alguien cambió el lugar del bosque que antes estuvo aquí donde sólo quedan pedazos de mar acercándose a mis manos. iii Una casa, una ventana Abrazos para una derrota Abrazos para un regreso Una casa, una ventana y cuatro paredes cuando sopla el viento. ("poesía cuatro")

César Rodríguez Chicharro (1930/1984 )

Hastío Aquí, quemándome en fuegos de artificio. (¿La verdadera lumbre, Señor, dónde la guardas? ¿Dónde la fuerza, el sol? ¿Dónde la lucha? ¿Dónde la luz, la rabia?) Aquí, quebrándome en batallas inútiles en trabajos estériles. (¿Dónde el peligro, el mar? ¿Dónde la muerte? ¿Dónde la loca crepitación del fuego? ¿Dónde el volcán y dónde el exterminio?) Y guardo mi pasión, la encierro en la profunda gruta de mí mismo. Escucho la sonata de los días tendido en el desván de los recuerdos como el muñeco de la cuerda rota. Del ciego amor 1 Quien ha recorrido una y cien y mil veces mil cien y una calles de la ciudad el puerto cien mil y una veces rabioso jadeante y no ha dado con ella ha vivido sin ella —con otras— tediosa eternidad y de pronto la encuentra está allí la siente... piensa que no hay sima tan honda que no colme el deseo ni cúspide tan alta que no la alcance amor. ("poesía cuatro")