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Mostrando entradas de abril, 2017

Anne Sexton (1928/1974 )

La asesina La muerte correcta está escrita. Voy a satisfacer la necesidad. Mi arco está tenso. Mi arco está listo. Yo soy la bala y el anzuelo. Estoy gatillada y dispuesta. En mi mira lo tallo como una escultora . Modelo su última mirada a los demás. Pongo sus ojos y su cráneo en todas las posiciones. Conozco su sexo de varón y lo recorro con mi índice. Su boca y su ano son uno. Estoy en el centro de la sensibilidad. Un subte viaja a través de mi ballesta. Tengo un cerrojo de sangre y lo hice mío. Con este hombre tomo el control de su destino, con esta arma tomo los diarios y con mi fuego voy a tomarlo a él. Va a doblarse ante mí y las venas le van a salir como hijos... Dame su bandera y su ojo. Dame su cáscara dura y su labio. Él es mi manzana y mi mal y voy a acompañarlo a casa. ("el placard", versión sandra toro)

Manuel Ponce (1913/1994 )

A una bondad relativa Yo bendigo al Señor porque te hizo aproximadamente dulce y bella: en cuanto pudo te acercó a la estrella para que recibieras su bautizo. Yo bendigo al Señor por el hechizo que recatadamente se destella de tu barco mortal, por esa huella de eternidad sobre tu ser huidizo. Y lo bendigo con la certidumbre de que tu gracia es nada más probable, amenazada de inminente herrumbre. Y aunque carezca de razón tu hechizo, sólo por un imperativo amable, yo bendigo al Señor porque te hizo. ("el jardín increíble", ed. jus, méxico, 1999, col. clásicos cristianos)

Anónimo

No hables, vence... No hables, vence a las palabras. No nos veamos, vence a los encuentros. Oh, querida flor primera abierta a la sombra del follaje. Dices que apuestas la vida por aquél que piensas con el corazón. ("cantos de geisha", ed. uam-azc., méx., 1981, trad. jorge mouriño)

Manuel Ponce (1913/1994 )

Imagen
Hazla llover sobre tu cabeza La lluvia más los suplementos míos: la liviandad insigne de su peso, sus propósitos limpios de fineza y su lenta semilla que no acaba. Con intervalos de mental llovizna: sus balbucientes lenguas de blandicie, sus fragmentos de peces deshojados, multiplica minúsculos otoños. A borrar el color de mis recuerdos, lavar imperfecciones inocentes, contribuye su tela delicada. A propagarte en incidentes múltiples, y resolverte en inexhausta lluvia: la lluvia más sus consecuencias leves. ("el jardín increíble", ed. jus, méxico, 1999) 

Chantal Maillard (1951 )

Llevo acostada largo tiempo... Llevo acostada largo tiempo en la orilla. Mis pechos son colinas cubiertas de hoja seca. Levanto la cabeza y me contemplo: en mis muslos el vello a punto de ser vello, me incorporo: la hierba a punto de ser hierba, doy un paso y despierto al agua a punto de ser agua, se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto de ser negra... Un resplandor me ciega: el bosque me contempla, a punto de ser bosque, a punto de ser tuya. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Charles Simic (1938 )

A medio camino Tan pronto hube dejado A. comencé a dudar de su existencia: su gentío y sus calles ruidosas, sus cárceles y sus cafés nocturnos. era la hora de la cena. Las panaderías echaban el cierre: en las repisas solo restos de harina blanca. Los tenderos bajaban las persianas de hierro. Una joven encantadora compraba el último melón. Hasta la callejuela donde nací se borra y desvanece… ¡Oh tejados! Regimientos de camisas y sábanas ondeando en el aire carmesí del anochecer… ("cómo cantaba mayo en la noche", trad. jordi doce)

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

El mes adolescente Llegó Abril con sus aguas escasas colocando diamantes en cada hoja El mes de los árboles aún sedientos El mes de la enredadera que trepa el muro Joven Abril como una adolescente casi virgen te deseé en las tardes de verano y ahora llegas primoroso a encantarme con el batir de tu llovizna Amado Abril beso tu piel de esmeralda me entristezco bajo tus cielos grisáceos Con las voces de tus pájaros me hago un nido del tamaño de mi deseo En ti estremecido de ternura derramo la leche agria del amor que ha esperado. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Fernando del Paso (1935 )

Poema para una niña del mar Con la lengua del zapato te voy a besar de miedo por las orejas. Te voy a amar bocabajo como se bebe la tierra. Y te voy a abrir de piernas hasta la luna, en Y griega. Llamaré al vino vino y al ombligo ombligo: te colgaré de las tetas dos aguamalas, y las lameré despacio, como quien deshoja lámparas.                                        En los dientes quiero                                        [una esponja de musgo y ámbar. Y en una cuna de brazos te voy a coger del pelo con la boca derretida en el pomo de una espada. Si ya ni entiendes, niña, si no entiendes nada, si para ti las olas no tienen alas las alas no son de llamas y las llamas no te escurren entre los muslos, saladas, no importa nada:       ...

Pepe Ramos (1971 )

De paso Cuando vivía junto a la estación tenía la sensación de estar de paso. Ahora vivo junto al cementerio. Y la sensación es la misma. ("rua das petras")

Fernando Pessoa (1888/1935 )

Si muero pronto... Si muero pronto, Sin poder publicar ningún libro, Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde, Ruego, si se afligen a causa de esto, Que no se aflijan. Si ocurre, era lo justo. Aunque nadie imprima mis versos, Si fueron bellos, tendrán hermosura. Y si son bellos, serán publicados: Las raíces viven soterradas Pero las flores al aire libre y a la vista. Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo. Si muero pronto, oigan esto: No fui sino un niño que jugaba. Fui idólatra como el sol y el agua, Una religión que sólo los hombres ignoran. Fui feliz porque no pedía nada Ni nada busqué. Y no encontré nada Salvo que la palabra explicación no explica nada. Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia. Al sol cuando había sol, Cuando llovía bajo la lluvia (Y nunca de otro modo), Sentir calor y frío y viento Y no ir más lejos. Quise una vez, pensé que me amarían. No me quisieron. La única razón del desamor: Así tenía que ser. Me consolé ...

Robert Graves (1895/1985 )

La mañana antes de la batalla Hoy, la pelea: mi fin está muy cerca, y sellada la orden que limita mis horas: lo supe mientras caminaba ayer al mediodía por un desierto jardín lleno de flores. ... Cantando, despreocupado, me prendí unas rosas en el pecho, corté una rama de cerezas... y luego, luego la Muerte sopló en el jardín desde el norte y el este agostando toda la belleza con un aliento helado. Miré, y ¡ah! vi de pie ante mí a mi espectro, con la cabeza aplastada por violentos golpes: la fruta entre mis labios en sangre coagulada se había transubstanciado, y exudaba la pálida rosa un olor enfermizo, hasta que me pareció a través de una inundación de llanto que hombres muertos en el cercado jardín florecían. ("otra iglesia es imposible", versión rolando costa picazo)

Djuna Barnes (1892/1982 )

Descontento En verdad, cuando me paro a pensar Que con cuerda de cáñamo yaceré ovillada a la cama, Consciente de que las nacientes lágrimas de las plañideras Son meras salpicaduras marinas de la agitada cabeza, Entonces, como la ardilla que pelea con su nuez, Con mi acopio para el invierno disputo mi territorio, Pues nadie cavará madrigueras para compartir mi pan. ["poesía reunida 1911-1982", ed. igitur, montblanc, 2004, trad. osías stutman y rosa lentini]

Uriel Martínez (1950 )

El gato se despereza/en el silencio. [Inédito]

Cysko Muñoz (1976 )

Adicciones Mis amigos están preocupados porqué dicen que paso demasiadas horas mirando el móvil. No quiero ni pensar como se pondrían si supiesen que estoy leyendo poesía. [ La Putta Poesia ]

Concursos

1. Hace unos años fui jurado del premio de poesía "Renato Sierra". El concurso contó con escasa publicidad, y el monto del premio era exiguo.Pese a todo, llené una caja, toda una gran caja con poemas que los concursantes enviaron a cada uno de los jueces. Dejando a un lado los participantes más rezagados, a los que todavía desembuchan sus resentimientos personales en culebrones escritos en tercetos (y la receta fue buena , sólo que hace siete siglos), resultó que la gran mayoría de los aspirantes al laurel estaba compuesta de poetas modernísimos, difíciles y abstrusos, no inspirados por las musas sino, respecto a las intenciones, perfectamente à la page . ¿Quiénes eran ellos? Sólo en algunos casos era posible identificarlos: maestros de escuela, curas, madres de familia, comerciantes; industriales que ponen a temblar a sus dependientes, pero que ellos mismos tiemblan por temor a que descubran su "pequeño vicio" poético; médicos, contadores, suboficiales del ejérci...

José Watanabe (1945/2007 )

El árbol                                                               Para Alicia y Lucho Delboy En el bosque que bordea la carretera un árbol ha desenterrado una de sus poderosas raíces                  para abrazar una peña blanca. La tierra no le fue suficiente:                        la raíz es una extremidad donde el árbol se apoya para subir aún más alto. No conozco el nombre del árbol pero sus largas ramas caen lacias y rápidas               como una cascada                         sobre la peña. Como te lo digo: para el lenguaje subir y bajar son dos conceptos enfrentados,           ...

Amalia Bautista (1962 )

Cuéntamelo otra vez Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso que no me canso nunca de escucharlo. Repíteme otra vez que la pareja del cuento fue feliz hasta la muerte, que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera se le ocurrió engañarla. Y no te olvides de que, a pesar del tiempo y los problemas, se seguían besando cada noche. Cuéntamelo mil veces, por favor: es la historia más bella que conozco. ("en un mundo de palabras")

Gregory Orr (1947 )

El puente En las luces del amanecer estas vigas blancas son los huesos de los que quiero liberarme. El agua me llama, diciendo: Tu cuerpo está aquí con nosotros. ¿Dónde has estado? Te hemos esperado. Regresa a ti mismo. ("periódico de poesía", trad. daniela birt)

Ron Padgett (1942 )

Cafetería Las grandes tazones de café del desayuno en Francia, las pesadas tazas de porcelana en los viejos “diners” americanos, las desechables tazas marrones de plástico en los vestíbulos de los moteles, la sensación de que deberías beberte la taza entera, el leve resentimiento que te invade por sentir lo que sientes, la perplejidad con que te preguntas por qué lo haces entonces, la gratitud hacia el que hace el café, la decisión de no tomar una tercera taza gratis, la sorpresa ante una taza de café verdaderamente malo, el modo en que solía costar un centavo, después siete centavos, después diez, y ahora, en cualquier lugar, de sesenta a tres dólares con setenta y cinco, a veces un poco más si es descafeinado, su huella marrón secándose en el borde de la taza, la pequeña cantidad que ha quedado en el fondo, el resto chapoteando dentro de ti, enviando su estímulo a través de tubos en tu cuerpo, hola, vámonos, se nos ha hecho tarde, ¿tienes las llaves?, oh, di...

Uriel Martínez (1950 )

Indoloro el botón... Indoloro el botón se desprende de la cintura al fondo del agua sucia; un diente en cambio no sufre con la presión de pinzas en el reposet médico; sin dolor el cuerpo se va al fondo antes de emerger a flote de ninguna orilla; así, cada noche, a merced del viento las banderas desgastadas del sueño van y vienen, calladas; sin lugar a dudas, sin titubeos en voz, párpados, boca, nos vamos, nos quedamos a la deriva. [ Inédito ]

Mercedes Reynoso (1990 )

Paradoja Voy tras las almas libres, como caballos desbocados hacia el acantilado. Voy tras el aire de sus pasos, la sonrisa ajena que dispara mil historias en mi almohada. Busco los ojos que despiertan mi sueño, los que buscan horizontes e imposibles, los que aman lo austero de un atardecer. Voy tras las almas que no voltean atrás, se dejan llevar por una brisa casi perpetua que despide sus propios aromas. Y huelen a tierra húmeda, a café recién hecho y sábanas mojadas. Huelen a verdad y un misterio exquisito que me mantiene despierta. A revolución. A paz. Huele a mar viejo sobre piel ceniza. Voy tras esas almas libres que no se percatan de la sombra que les sobra. Y los miro de lejos con ojos de ensueño, porque vuelan alto y solas, sin ataduras. Y también sin mí. ("blanco móvil")

Gonzalo Rojas (1916/2011 )

Las hermosas Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos, turgentes, desafiantes, rápida la marea, pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle, y echan su aroma duro verdemente. Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas ni arcángeles: muchachas del país, adivinas del hombre, y algo más que el calor centelleante, algo más, algo más que estas ramas flexibles que saben lo que saben como sabe la tierra. Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile de las calles veloces. Hembras, hembras en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos para sacar apenas el beso de la espuma. ("poemas del alma")

Germán Arens (1967 )

El mar... El mar estaba empecinado en tragarnos. Volví a pedirle a mi hermano que pise el acelerador. No hagas caso, me dijo, no hay mar, es solo una cristalización de tu mente; el día está hermoso. Sin insistir, en un acto reflejo, abrí la puerta de la camioneta. Al dar contra el suelo sentí dolor, no puedo expresarlo de otra manera: dolor. Mi codo derecho se desarticuló por completo y salvo movimientos del hombro mi brazo quedó inutilizado. Fue entonces que giré la cabeza, y otra vez el mar, perdiendo su liquidez, levantándose ante mí como una cobra gigante. ("el poeta ocasional")

Gemma Gorga (1968 )

Escondite No sé cuánto tiempo llevo escondida en el ojo ciego de la escalera. Se han cubierto las horas de una telilla irisada y triste como el plato de cocido que me esperaba en la mesa. La abuela ha dejado de llamarme y todos comienzan a cenar sin mí. Algunas noches, las cucharas se detienen un instante en el aire, como si hubieran perdido un recuerdo que les fuera necesario, pero enseguida recobran el movimiento y solícitas esparcen calidez y olvido a partes iguales. Como un cetáceo cansado de vivir también la escalera cerrará un día su inmenso ojo azulado y ya no estaré a tiempo de entrar en el comedor riendo y gritando que no era más que un juego. Poética del fragmento Al volver del mercado hay que limpiar los boquerones, o sea arrancarles la cabeza y las tripas, retirar los hilillos todavía pegajosos de vida, la espina central que se desprende con un leve murmullo de cremallera nueva, después lavarlos, purificarlos bajo el agua del grifo ...

Claribel Alegría (1924 )

Barajando recuerdos Barajando recuerdos me encontré con el tuyo. No dolía. Lo saqué de su estuche, sacudí sus raíces en el viento, lo puse a contraluz: Era un cristal pulido reflejando peces de colores, una flor sin espinas que no ardía. Lo arrojé contra el muro y sonó la sirena de mi alarma. ¿Quién apagó su lumbre? ¿Quién le quitó su filo a mi recuerdo-lanza que yo amaba? ("rua das petras")

Robert Creeley (1926/2005 )

Algo Me acerco temblando tan cuidadosamente y siempre siento la tonta pregunta final de qué se siente, y luego, qué hubo de sentirse, y por quién. Recuerdo una vez, una habitación alquilada en la calle 27, la mujer que, literalmente, amaba por entonces, después de que hubiéramos hecho el amor sobre una enorme cama, frente a un lavamanos con dos grifos, tenía que mear pero estaba nerviosa, avergonzada supongo, de que pudiera ver ese culo que tan solo un instante atrás se abría a mí por completo, desnudo, en la misma cama. En cuclillas, su cabeza reflejada en el espejo, su pelo oscuro allí, la totalidad de su rostro, los hombros, se sentó de piernas abiertas, abrió uno de los grifos y meó con timidez. Lo que el amor aprende de una visión así. ("palabras amarillas" blogspot, trad. martín abadía)

Uriel Martínez (1950 )

Cosechas Si hago cálculos estimados todavía faltan algunos meses, pocos, a que broten las crías de higos, la flor de granada, el azahar de cítricos. Hasta entonces no escucharé los gritos, las huellas trazadas en tierra, asfalto, en el piso mojado de vendedores que van y vienen ofertando cosechas. Tardarán las lluvias, los techos imprevistos de nubes negras, las sábanas blancas que traen consigo agua, cicatrices nuevas, repentinas. Cuando todo esto suceda esperaré en el quicio de mañanas, medio días, tardes de verano con un sol alto, impaciente, antes de recoger fruta madura y llevarla luego a mi sed. [ Inédito ]

Luz Machado (1916/1999 )

Narración de la tarde Cuando la luz se va con el ocaso y sobre el monte la cabeza inclina, la tarde quema lentas golondrinas en la pira solar de su regazo. Nubes de leve, silencioso paso, campos de dalias son y mandarinas. Arde un solo fulgor en la opalina lejanía del azul, como en un vaso. Suelta la brisa se levanta. Apenas se mueve el árbol. Y un color se niega a ser color ante el nocturno acoso. El cielo es playa de incendiada arena. Y un caracol de luz en sí repliega sus propias soledades, silencioso. ("no me quites paz")