José Revueltas, los años difíciles
Nunca me llevé bien con José Revueltas. Pepe, le decíamos. Antes de conocerlo en persona, usaba uno de sus títulos: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza , para robar libros cuando tenía 20 años. Elegía un par y luego pedía el título inconseguible para alejar al empleado. Alguna vez me saqué tres juegos (de tres tomos) de El Capital . No sé cómo. En agosto de 1968, en pleno movimiento estudiantil, lo llevó Roberto Escudero a Filosofía y Letras. Le dimos cubículo, máquina de escribir y cuanto papel deseara. Escribía y escribía. Y fumaba, uno tras otro, así que era un tormento entrar a su cubículo. Y bebía. Las guardias de huelguistas tenían prohibido beber. ¿Cómo prohibírselo a una gloria de la literatura? Y se gastaba el papel para volantes… Las guardias eran solo de estudiantes, así que todos éramos veinteañeros. ¿Qué hacía allí un señor a la mitad de su cincuentena y con la edad de mi papá? Pedía frecuentes reuniones con la izquierda del movimiento: Economía, Ciencias Políticas...