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Mostrando entradas de marzo, 2014

José Revueltas, los años difíciles

Nunca me llevé bien con José Revueltas. Pepe, le decíamos. Antes de conocerlo en persona, usaba uno de sus títulos: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza , para robar libros cuando tenía 20 años. Elegía un par y luego pedía el título inconseguible para alejar al empleado. Alguna vez me saqué tres juegos (de tres tomos) de El Capital . No sé cómo. En agosto de 1968, en pleno movimiento estudiantil, lo llevó Roberto Escudero a Filosofía y Letras. Le dimos cubículo, máquina de escribir y cuanto papel deseara. Escribía y escribía. Y fumaba, uno tras otro, así que era un tormento entrar a su cubículo. Y bebía. Las guardias de huelguistas tenían prohibido beber. ¿Cómo prohibírselo a una gloria de la literatura? Y se gastaba el papel para volantes… Las guardias eran solo de estudiantes, así que todos éramos veinteañeros. ¿Qué hacía allí un señor a la mitad de su cincuentena y con la edad de mi papá? Pedía frecuentes reuniones con la izquierda del movimiento: Economía, Ciencias Políticas...

Octavio Paz poeta

Aparición Si el hombre es polvo esos que andan por el llano son hombres (fuente: "24 poetas latinoamericanos", coed. Latinoamericana, México, 2012)

CUADERNO DE APUNTES

En el cuaderno A coloqué la almohada con tu nombre, rellena de plumas B ic . La libreta B contiene una alcancía con tu boca, tu bragueta y tus brackets de alambre. En el diario C acomodé tu culo de porcelana, tu cara de ciruela y tus canas de utilería. En hojas sueltas cosí la letra D con la inicial de tu seudónimo que he olvidado sobre manteles de sueño. Cada bitácora nocturna guarda un muelle y en éste un barco cubierto de bruma y olvido; al fondo se ve un pañuelo de encaje, agitado en silencio.

Laura Yasán (1960 )

C ad a mañana lo hago como si fuera a producirse un milagro salvaje con un pie en el umbral de la derrota  y otro en el callejón de la locura lo hago ensuciando la verdad trabajando en los bordes de un secreto minúsculo lo hago en los intervalos de la conciencia en los cajones del dormitorio sobre la mesa del desayuno lo hago sin vacilar con la perseverancia de los fanáticos y la codicia de los mendigos lo hago con lentitud sin inocencia hundo cada mañana los dedos en la mierda buscando una razón para vivir y fracaso y lo hago y fracaso y lo hago (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Emmanuel Carballo y su cánon

Sus obras ocupan un lugar imprescindible en la historia de la literatura mexicana del siglo XX. Críticos y académicos han celebrado la belleza y rigor de sus textos e incluso uno de ellos gozó de las mieles del éxito al convertirse en el primer  best seller  de las letras nacionales. Se trata, afirma el editor y crítico literario Emmanuel Carballo (1929), de las creaciones de los cinco escritores más grandes que ha dado México, las cuales, paradójicamente, han sido enterradas en el olvido por las nuevas generaciones que se entretienen leyendo a autores “de segunda, tercera y hasta cuarta categoría”. Los “cinco maestros” a los que se refiere Carballo son: Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos (pertenecientes al Ateneo de la Juventud); José Gorostiza (del grupo de Los Contemporáneos) y Octavio Paz, ganador en 1990 del Premio Nobel de Literatura, a quienes formar parte de los “imprescindibles” no les ha servido de mucho para atraer nuevos lectores. Así lo cons...

W. H. Auden (1907/ 1973 )

Blues del refugiado Digamos que esta ciudad tiene un millón de almas, algunas viven en mansiones, otras en agujeros: pero no hay lugar para nosotros, mi amor, no hay lugar para nosotros. Una vez tuvimos un país y creímos que era justo, mira en el atlas y lo encontrarás: no podemos ir ahí ahora, mi amor, no podemos ir ahí. En el patio de la parroquia del pueblo hay un tejo añoso, que vuelve a florecer cada primavera: los pasaportes viejos no pueden hacer eso, mi amor, no pueden hacer eso. El cónsul golpeó la mesa y dijo, ‘Si no tienen pasaporte, oficialmente están muertos’: Pero aún estamos vivos, mi amor, aún estamos vivos. Fui a un comité; me ofrecieron una silla; me dijeron gentilmente que volviera al año siguiente: ¿Pero a dónde iremos hoy, mi amor, a dónde iremos hoy? Fui a un acto público; el orador se paró y dijo: ‘Si los dejamos entrar, nos robarán el pan de cada día’; Estaba hablando de nosotros, mi amor, hablaba de nosotros. Creí escuchar un trueno re...

Álvaro Mutis (1923/ 2013 )

Exilio Voz del exilio, voz de pozo cegado, voz huérfana, gran voz que se levanta como hierba furiosa o pezuña de bestia, voz sorda del exilio, hoy ha brotado como una espesa sangre reclamando mansamente su lugar en algún sitio del mundo. Hoy ha llamado en mí el griterío de las aves que pasan en verde algarabía sobre los cafetales, sobre las ceremoniosas hojas del banano, sobre las heladas espumas que bajan de los páramos, golpeando y sonando y arrastrando consigo la pulpa del café y las densas flores de los cámbulos. Hoy, algo se ha detenido dentro de mí, un espeso remanso hace girar, de pronto, lenta, dulcemente, rescatados en la superficie agitada de sus aguas, ciertos días, ciertas horas del pasado, a los que se aferra furiosamente la materia más secreta y eficaz de mi vida. Flotan ahora como troncos de tierno balso, en serena evidencia de fieles testigos y a ellos me acojo en este largo presente de exilado. En el café, en casa de amigos, tornan con dolor ...

Miriam Reyes (1974 )

No soy dueña de nada M e dejé ayer olvidada la cabeza en tu casa, y hoy no puedo peinarme ni acercarme al dentista. Quiero que me la mandes aunque ella se resista, si es preciso la obligas contra reembolso a volver con su dueña y sus preocupaciones; un beso sin boca. (fuente: "rua das petras")

Oliverio Girondo (1891/ 1967 )

Visita No estoy. No la conozco. No quiero conocerla. Me repugna lo hueco, La afición al misterio, El culto a la ceniza, A cuanto se disgrega. Jamás he mantenido contacto con lo inerte. Si de algo he renegado es de la indiferencia. No aspiro a transmutarme, Ni me tienta el reposo. Todavía me intrigan el absurdo, la gracia. No estoy para lo inmóvil, Para lo inhabitado. Cuando venga a buscarme, Díganle: "se ha mudado". (fuente: "rua das petras")

UN SUEÑO

En alguna franja de la noche se oyen risas que suben en espiral a las ventanas. Quizá sean exclamaciones que arrastra el viento en caudas que conmueven los cristales. Acaso provengan del cuerpo que reposa en capilla ardiente como garganta esmerilada a fuego. Pero no sé, busco callado el cimiento, la base, la razón o motor de ese coro plural. Quizá sea una risa que teje el viento con la velocidad del auto que va, quizá sea de una mujer fabulosa salida de la boca de los muertos. Una historia urdida en otra parte, un episodio que imagina la noche, un sueño favorecido por fiebres altas. Una compuerta que se abre silenciosa, inadvertida.

Manuel Bandeira (1886/1968 )

El cactus Aquel cactus recordaba los desesperados gestos de la escultura: Laocoonte oprimido por las serpientes, Ugolino y los hijos hambrientos. Evocaba también el seco nordeste, palmeras, pobres matorrales... Era enorme aun para esa tierra de grandezas excepcionales. Un día, un huracán furibundo lo arrancó de cuajo. El cactus cayó a lo ancho de la calle. Rompió las cercas de las casas. Impidió el tránsito de tranvías, automóviles, carros. Arrancó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas privó a la ciudad de iluminación y energía: Era bello, áspero, intratable. (fuente: "otra iglesia es imposible", versión: Santiago Kovadloff)

Amalia Bautista (1962 )

Vamos a hacer limpieza general Vamos a hacer limpieza general y vamos a tirar todas las cosas que no nos sirven para nada, esas cosas que ya no utilizamos, esas otras que no hacen más que coger polvo, nos traen recuerdos amargos, las que nos hacen daño, ocupan sitio o no quisimos nunca tener cerca. Vamos a hacer limpieza general o mejor todavía, una mudanza que nos permita abandonar las cosas sin tocarlas siquiera, sin mancharnos, dejándolas donde han estado siempre; vamos a irnos nosotros, vida mía para empezar a acumular de nuevo. O vamos a prender fuego a todo y a quedarnos en paz, con esa imagen de las brasas del mundo ante los ojos y con el corazón deshabitado. (fuente: "cómo cantaba mayo en la noche")

Alfredo Veiravé (1928/ 1991 )

Mi casa es una parte del universo   L os que la vieron dicen que la tierra es una esfera en el espacio, un planeta más bien pequeño del tamaño del dedo pulgar de los astronautas. Yo no lo dudo porque he visto fotografías y porque ahora estoy a casi medio planeta de mi casa. Lo mejor de todo esto es que en ese pulgar también mi casa es una parte del universo. Cómo no serlo si en el patio del fondo hay un filodendro de gigantes hojas y también gusanos                                                       bajo la tierra aptos para la pesca, y ahora que me acuerdo el olor de los helechos contra la pared la cara de Delfina o Federico*  entre los árboles y aquel canario que se nos voló de noche. *nombre de sus hijos   ( fuente: "emma gunst")

Chella Courington (1956 )

Cuando murió Berryman Dejó los zapatos, unos gastados mocasines, en el puente. Era un par de cuero de cabra que podría haberse quitado en cualquier parte: en la universidad, junto al escritorio, debajo de una mesa del café Tate, a los pies de la cama de un amante. Todas las noches pensaba, mañana. Por la mañana, se acordaba de su traje en la tintorería, de su ensayo sobre Marlowe, de los estudiantes que esperaban ante la puerta de su despacho. El 7 de enero las razones se agotaron. Se lavó y recortó la barba, se puso una camisa nueva. Poco a poco caminó hacia el puente. (fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Jonio González)

Jorge Teillier (1935/ 1996 )

Bajo un viejo techo  Esta noche duermo bajo un viejo techo, los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo, y el niño que hay en mí renace en mi sueño, aspira de nuevo el olor de los muebles de roble, y mira lleno de miedo hacia la ventana, pues sabe que ninguna estrella resucita. Esa noche oí caer las nueces desde el nogal, escuché los consejos del reloj de péndulo, supe que el viento vuelca una copa del cielo, que las sombras se extienden y la tierra las bebe sin amarlas, pero el árbol de mi sueño sólo daba hojas verdes que maduraban en la mañana con el canto del gallo. Esta noche duermo bajo un viejo techo, los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo, pero sé que no hay mañanas y no hay cantos de gallos, abro los ojos, para no ver reseco el árbol de mis sueños, y bajo él, la muerte que me tiende la mano. (fuente: "rua das petras.blogspot")

Nuria Mezquita (1976 )

Yo quería ser como Marilyn Yo quería ser como Marilyn, pero algo salió mal. Mi pelo, mis muslos, mi boca, mis tetas… Algo salió mal. Yo quería ser como Marilyn, jugar con mis amantes cambiarlos romperlos engañarlos quitarle la pierna a uno a otro el brazo comérmelos despacio, como cerezas cubiertas de caramelo. Morderles el corazón. Yo quería pasear sin bragas cantar happy birthday al presidente tener contento a mi daddy follarme a mi tiger llenar de diamantes la mesita de noche sudar soñar revolcarme entre sábanas de raso sobado por las manos de tres o cuatro gigantes. Yo quería ser como Marilyn. Tentar la vida de los magnates joder a Franky a Jonny y a Ronny. Poner en jaque a los United cantar canciones fracasadas en el piano de Truman Capote. Beber hasta caer al suelo ponerme lavativas de heroína tocar los cojones de un equipo completo de fútbol chupar pollas a cambio de rosas pastillas 100 frases. Dibujar el infierno en una sola línea,...

EL POETA DESCONOCIDO

La semana pasada, mientras espulgaba el blog de un lusitano, me encontré un poema tan excepcional, que no supe si dejarlo pasar o sustraerlo para mi blog o mi muro de FB. Lo dejé pasar. Hasta que volví a hallarlo -sin buscarlo- y releerlo una y otra vez. Busqué los datos  del autor en Wikipedia, infructuosamente. Poemas suyos los encontré en otros blogs. Pero no daba con su fecha de nacimiento para pasarla al poema que yo había encontrado dos veces. Escribí entonces su nombre en el buscador de FB. Y lo encontré y le solicité el dato en mi idioma. Era el sábado en la noche. El domingo encontré su respuesta, que me dejó helado: había muerto en 1999. Esto es, recibí eco a mi solicitud de alguien que había fallecido hace quince años. En vida respondió a un nombre; y ya finado todavía respondía a ese Daniel Faria inscrito, quizá, en una urna con sus cenizas.

Antonio Orihuela (1965 )

Al final de la comida... Al final de la comida le he enseñado a mi madre el libro de poemas que acaban de publicarme. La artritis de sus manos apenas le deja mantenerlo abierto y sus escasos años de escuela recorren las palabras como un niño que gatea hasta hacer incomprensibles mis versos. Loca de contento, orgullosa de su hijo, le lee un poema a mi padre que la mira desde el sofá. Cuando termina, levanta la cabeza y ve a mi padre dormido. Lo despierta y vuelve a comenzar hasta tres veces la lectura... Yo no digo palabra, pienso en los amos de la fuerza de los humildes, en el tiempo delicioso que les robaron, en la lengua que apenas les dejaron para comer y reproducirse en los profesionales del estilo, en los críticos de las letras, y en lo lejos que estará siempre el pueblo sencillo y trabajador de eso que llaman literatura. (fuente: rua das petras")

Robin Myers (1987 )

El retorno Ésta es la calle donde naciste. Ésta es la llave que se te cayó en la nieve, y éste es el abrigo que te pusiste para ir a buscarla. Éste es el cielo visto desde la ventanilla del avión, la mañana que te fuiste del país. Éste es el lugar del que pensabas que jamás te irías. Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de una iglesia, las migas que les diste a las palomas. Ésta es la funda de la almohada que todavía tiene pelos tuyos. Esto es el verano. Éste es el continente que cruzaste, la carta que pusiste a lavar con la ropa por error, el cuchillo con el que te cortaste picando una cebolla. Ésta es la maravilla de poder reconocer a un amigo por su tos en el cuarto de al lado. Esto, aunque estás durmiendo, es un ratón debajo de las tablas de madera del piso, ésta es la luz que las recubre, y éstas son las sombras que salpican la columna vertebral de alguien que está acostado boca abajo. Esto es casi lo que querías decir. Esto es algu...

Mario Santiago Papasquiaro (1953/ 1998 )

Correspondencia infra   El mar toca nuestros cuerpos para sentir su cuerpo Lo mismo en Manzanillo pedregoso que en Neviot / isla de corales del desierto Nosotros devolvemos su sonrisa de sal dibujando nuestros nombres & apetencias en el caparazón de los cangrejos que parecen buscar viejas patas de palo devoradas                                                por la arena El mar se para de cabeza & nos canta / en el idioma más desnudo & afín                                        a nuestro tacto Port Vendrés Ville ruge como atún encolerizado                                        en nuestros ojos Bernard prende 1 de sus aretes verde flúor en...

Gemma Gorga (1968 )

Eclesiastés N os miramos hasta la extenuación, hasta llenarnos el cuerpo de llagas. Bienvenido el dolor que gotea incansablemente y nos perfora la piel. Todos los ríos corren al mar y el mar no se sacia. Nos bebemos hasta la extenuación pero la sed crece con cada marea que nos lanza contra la arena de la noche. Letal como un somnífero, te deslizás saliva adentro y me adormecés las palabras. La muerte no puede estar muy lejos de aquí: si apresuramos el paso, pronto la alcanzaremos. (fuente: "ema gunst.blogspot")

Daniel Faria (1971/ 1999 )

Homens que são como lugares Homens que são como lugares mal situados Homens que são como casas saqueadas Que são como sítios fora dos mapas Como pedras fora do chão Como crianças órfãs Homens sem fuso horário Homens agitados sem bússola onde repousem Homens que são como fronteiras invadidas Que são como caminhos barricados Homens que querem passar pelos atalhos sufocados Homens sulfatados por todos os destinos Desempregados das suas vidas Homens que são como a negação das estratégias Que são como os esconderijos dos contrabandistas Homens encarcerados abrindo-se com facas Homens que são como danos irreparáveis Homens que são sobreviventes vivos Homens que são como sítios desviados Do lugar (fuente: "rua das petras")

Berna Wang (? )

Hace falta coraje Hace falta valor para volver después de tantos años. Y reconocer que las ciruelas claudias que cogimos aquella madrugada de agosto mientras los demás dormían y que guardamos en la nevera, después de tantos años ya no tienen la piel brillante verde y amarilla de entonces, ni son firmes al tacto ni dulces al paladar. Hace falta mucho valor para regresar y abrir la nevera, verla invadida por el moho y la podredumbre, soportar el olor a vinagre y humedad, tirar a la basura esas pieles arrugadas, esa carne ya seca, esos huesos mondos, y limpiar los cuajarones después de tantos años. (fuente: "rua das petras")

LA YEGUA

¿Sabes que si de pronto vuelve el frío, no tendré con quien escuchar a Mikis Theodorakis The very best? ¿Sabes que si de un momento a otro cayese una lluvia torrencial, el jarro con tu nombre quedará intacto de tu vaho? ¿Sabes que si más tarde llega sin aviso previo el mesías, mi cuerpo no tendrá noche donde guarecerse? ¿Sabes que si la siguiente madrugada vienen a buscarte los guardias rurales, no tendré en mis corrales tu yegua ardiente? ¿Intuyes acaso que con tu nombre hay una tumba fresca en cada pulmón, en cada oído, en cada una de mis bocas?

Gina Saraceni (1966 )

El cansancio, a veces  El cansancio, a veces, nos toma de sorpresa. Cierra los párpados sin pedir permiso, sin saber qué palabra estábamos mirando antes de que la noche estirara la piel de las pupilas. La cabeza del padre descansa sobre un libro, se expande sobre las páginas, respira sobre el dictado ajeno. Como una hoja que se mueve por el tacto de la noche, duerme su vejez sobre el alfabeto de otra lengua. Su frente se desploma y sella un cielo donde las alondras vuelan más lejos que el verano. Más lejos las alondras se llevan la frente cansada del padre, más lejos de donde vienen y regresan, más lejos del viaje que aguarda todavía. (fuente: rua das petras")

Juana Bignozzi (1937 )

XLV nunca hubiera soñado salir de mi escenario de amor ahora ya no sé en qué ciudad vi ese andén pero vuelve como las fechas de mis viajes o mejor dicho como las facturas de mi aterrador teléfono el único sonido que me mantiene siempre subo la misma escalera hacia ese andén pero estoy empezando a creer que veo un desfile de mis adhesiones estoy empezando a creer que me recuerdan aquel hermoso paseo de tu mano porque ese amor tenía desconocimiento y jerarquía que luego nunca volví a encontrar unidos vi este andén en la soledad de tantos años de viajes de prestigio para darle y darme respiro el frío de Haarlem tan terrible que lloré contra una pared ¿lloré por el frío? dónde vi este andén que vuelve con la peor bruma de charles boyer pero ahora por él llega corriendo un hombre de la insolencia que me dice cada vez tendrás más miedo y cada vez habrá más bruma pero parece que no has aprendido y todas esas jóvenes fascinaciones que amás te seguirán rodeando (fuente...

Leopoldo María Panero (1948/ 2014 )

Lo que promulga... Lo que promulga el psiquiatra jefe de este manicomio Ya la página lo dice, qué oscuro es la mortalidad retrasada Qué terrible la vida que nada sabe del hombre Porque el hombre se arrodilla sin remedio ante la página llorando Y escupe contra el hombre Y dibuja líricamente en un árbol la silueta del colgado antes de colgarse El temblor oscuro del sepulcro Que está hecho no para los hombres Sino sólo para el silencio y la ruina Y para la buena nueva del desastre Para el terror gótico de estar vivo como un ángel Por eso la poesía es el camino de la oruga Que hablará de mí a los hombres Cuando esté muerto Cuando un caballo recorra las páginas Y anuncie a los hombres la buena nueva De que ya no estoy solo En la Santa Compaña del cierzo y del silencio (fuente: "el cultural")

Joan Margarit (1938 )

Monumentos El vacío que sientes, cada vez con más fuerza, es el de los traidores. También los monumentos, por dentro, están vacíos, con las entrañas llenas de óxido y de muerte: oscuros y podridos por la historia, es tan siniestro su interior como arrogante el gesto que en el aire dibuja el personaje. Según van traicionando los amigos -y la muerte es también una traición- nos vamos convirtiendo en monumentos. Por fuera queda un resto de elocuencia, sobre todo al hablar con alguien joven, pero la voz resuena en el vacío, perdida entre los hierros de un oculto entramado que se deshoja en leves capas de óxido. (fuente: "rua das petras")

Luis Villoro muere

El filósofo y escritor mexicano Luis Villoro falleció este miércoles a los 91 años en la Ciudad de México, confirmaron su esposa Fernanda Navarro de Villoro y Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta. El deceso se registró aproximadamente a las 14:00 horas debido a un paro respiratorio. Será velado esta tarde en la funeraria Gayosso de Félix Cuevas, se informó. El intelectual mexicano, padre del escritor Juan Villoro, nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España. Se naturalizó mexicano. Juan Villoro ingresó recientemente como miembro de El Colegio Nacional en el área de Literatura. Miembro de El Colegio Nacional desde 1978 y honorario de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2007, Luis Villoro era médico cirujano y maestro además de doctor en Filosofía por la UNAM. Hizo estudios de posgrado en la Universidad de París y en la Ludwigsuniversität de Munich. Además fue profesor de la Escuela Nacional de Maestros, de la Universidad de Guanajuato, la Universidad de Gua...

Juana Castro (1945 )

Disyuntiva La tentación se llama amor                                                          o chocolate. Es mala la adicción.                                           Sin paliativos. Si algún médico, demonio o alquimista supiera de mi mal,                                      cosa sería de andar toda la vida por curarme. Pues tan sólo una droga,                                                  con su cárcel del olvido me salva de la otra. Y así, una vez más, es el conflicto: O me come el amor, o me muero e...

Alda Merini (1931/ 2009 )

A todas las mujeres Frágil, opulenta mujer, matriz del paraíso, eres una semilla de culpa hasta a los ojos de Dios malgrado todas tus santas guerras por la emancipación. Rasgaron tu belleza y queda un esqueleto de amor que aún sigue gritando venganza y tú solamente aciertas todavía a llorar, luego te vuelves y ves todavía a tus hijos, luego te vuelves y no sabes todavía decir y callas maravillada y entonces te vuelves grande como la tierra. (fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Jorge Aulicino)

Theodore Roethke (1908/ 1963 )

El vals de mi papá El olor a whiskey en tu aliento podía marear hasta a un niño; pero yo estaba aferrado a ti como la muerte: porque bailar ese vals no era fácil. Nos movíamos hasta que las sartenes cayeron desde el estante de la cocina; mientras el rostro de mi madre no podía dejar de fruncir el ceño. La mano que tomaba mi muñeca tenía los nudillos magullados; y a cada paso del baile que perdías mi oído derecho arañaba la hebilla de tu cinturón. Marcabas el compás sobre mi cabeza con la palma de la mano endurecida por la suciedad, entonces me llevaste a la cama bailando vals mientras yo aún colgaba de tu camisa. (fuente: "otra iglesia es imposible", traductores: Diana Dunkelberg y Marcelo Rioseco)

Charles Simic (1938 )

Huérfanos de la eternidad Una noche caminábamos tú y yo juntos. La luna era tan brillante que podíamos ver la senda entre los árboles. Luego las nubes la escondieron y tuvimos que tantear el camino hasta que sentimos la arena bajo los pies desnudos y escuchamos el rumor de las olas. ¿Recuerdas qué me dijiste: "Todo, fuera de este momento, es mentira"? Nos desnudábamos en la oscuridad al borde del agua cuando arranqué el reloj de mi muñeca y sin ser visto ni decir  nada, lo arrojé al mar.  (fuente: "el azul de los lápices.blogspot", tr. Martín López-Vega)

Jaime Muñoz Vargas, escritor

Te vas, ángel mío La semana pasada estaba a estas horas en el DF. Como quedé hospedado cerca del centro histórico, nada me costaba echar una vuelta de rutina al zócalo, zona siempre idónea para comprar las chucherías artesanales que hacen las delicias de mis hijas en cada retorno a La Laguna. Pues bien, era domingo y el ombligo de la capital, la calle Madero sobre todo, lucía tupido de turismo, tanto que resultaba hasta difícil caminar. Al llegar a la plancha de la plaza vi que se levantaban unas inmensas casas de campaña verde olivo y un montón de personas hacía cola para entrar: era una exposición del Ejército mexicano, un museo itinerante. Mi hija y yo atravesamos la avenida y a un costado del zócalo, en una especie de pequeña jardinera para transeúntes, vi que un grupo de ancianos rodeaba el busto de Cuauhtémoc. Uno de ellos, muy grande ya, tocaba la guitarra, y los demás, la mayoría mujeres, como diez, formaban una especie de coro. Todos traían hojas de papel en las manos. Qui...

Carlos Marzal (1961 )

El pozo salvaje Por más que aburras esa melodía monótona y brumosa de la vida diaria, y que te amansa; por más lobo sin dientes que te creas; por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu; por más orden con que hayas decorado las paredes, por más edad que la edad te haya dado, por muchas otras vidas que los libros te alcancen, y añade lo que quieras a esta lista, hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo, un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte. Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas. En sus aguas dudosas reposa desde siempre lo que no está dormido, un remoto lugar donde se fraguan las abominaciones y los sueños, la traición y los crímenes. Es el pozo de lo que eres capaz y en él duermen reptiles, y un fulgor y una profunda espera. En tu rostro también, y tú eres ese pozo. Ya sé que lo sabías. Por lo tanto, acepta, brinda y bebe. (fuente: "rua das petras")