EXPANSIVE SHIT (*)
Te mentiría si te digo que platiqué largo y tendido con mi amiga Luna , la perrita de mis vecinas del segundo piso, una cachorra pachona que este verano fue rapada para que pudiese sobrevivir a los 29 y 32 grados centígrados de este junio caliente y previo a las elecciones de gobernador, farsa que a todos los contendientes les ha salido de un gris rata y de la que los ciudadanos ya están hasta el tope. Como ya es frecuente en su rutina, Luna encuentra abierta la puerta de entrada a mi departamento y se lanza a treparse a los muebles de la sala, olfatea los fólders que tengo aquí y allá, los respaldos, el tapete y se echa atenta mientras yo escribo o leo los diarios de la tarde en línea. Cuando se harta por no recibir la atención suficiente, se acerca y echa brinquitos hasta que la cargo y le digo piropo y medio mientras me lame los antebrazos y el cuello. Mientras me levanto para abrir el refrigerador y sacar el tetrapack de la leche, vuelve a jadear de contenta y a reanudar su danza ...