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Mostrando entradas de enero, 2019

Teresa Calderón (1955 )

He aguzado He aguzado el olfato para husmearla mejor en tus camisas en los jardines de tu pecho. Si captaras la sutileza de mi oído qué magnífico espectáculo pegado a las puertas el ojo a las cerraduras como el náufrago a su tabla y todo el océano para él solo. ("rua das pretas")

Juan José Arreola (1918/2001 )

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El cuervero (1949 )              [fragmento]     Era el tiempo en que todo costaba más barato, cuando los peones ganaban sesenta centavos en las labores y cuando se pagaban a diez las colas de tuzas. Al muchacho que andaba de cuervero le daban veinticinco centavos por que los espantara todo el día con su honda.     El niño de Hilario nació y se murió en la temporada de siembra. Cuando los cuervos van volando sobre los potreros y buscan entre los surcos las milpitas tiernas, que acaban de salir de la tierra y que brillan como estrelllitas verdes. ("confabulario", edición joaquin mortiz, méxico, 1966)

Circe Maia (1932 )

Invitación Me gustaría que me oyeras la voz y yo pudiera oír la tuya. Sí, sí, hablo contigo, mirada silenciosa que recorre estas líneas. Y repruebas, tal vez, este imposible deseo de salirse del papel y la tinta. ¿Qué nos diríamos? No sé, pero siempre mejor que el conversar a solas dando vuelta a las frases, a sonidos (el poner y el sacar paréntesis y al rato colocarlos de nuevo). Si tu voz irrumpiera y quebrara esta misma línea... ¡ Adelante! Ya te esperaba. Pasa. Vamos al fondo. Hay algunos frutales. Ya verás. Entra. ("la mirada del lobo")

Patrick Kavanagh (1904/1967 )

Paz Y a veces estoy triste cuando el pasto crece en silenciosos huecos sobre las piedras y el pasto ovillo se inclina a través del bacheado camino de carretas por no ser la voz de mis compatriotas quienes ahora se paran sobre un promontorio a hablar sobre los nabos, papas, o el incipiente maíz de territorios de laderas rayadas por la victoria. Aquí la paz está aún ofertando sus peines coloridos y bufandas y cuentas de asta. Sobre un promontorio junto a un seto de boj una liebre se sienta y vislumbra un surco rastrillado hay un viejo arado dado vuelta sobre un promontorio lleno de malezas y alguien está cargando al hombro una pequeña grada a casa. De aquel país de la niñez ¿qué tontos suben para pelear con los tiranos Amor y Vida y Tiempo? ("ogham", versión marina kohon)

José Luis García Martín (1950 )

  Poética para desanimar a los lectores Nada digo que no haya sido dicho. No busques novedades en mi verso. Amé sin ser amado, como tantos. Fui joven, como todos, sin saberlo. Le pedí al arte cosas que he olvidado. Sólo sé que de nada me sirvieron. Tuve un tesoro entre las manos, tuve oro y arena, luz y desconsuelo. No busques novedades. Lo que digo tú lo has pensado y otros lo dijeron con palabras más bellas que las mías. Escribo sólo por matar el tiempo. ("cómo cantaba mayo en la noche")

John Better (1984 )

Pájaros del Tedio Es inútil recoger ese trébol que se cruza en mi camino. En vano colgar herraduras detrás de la puerta. La suerte y la luz se marcharon hace siglos Como un carruaje tirado por caballos ciegos. La nada es un presente y un futuro al alcance de la mano. El miedo... Ser un hombre es tan complejo como ser un roble. Es inútil casi todo. El hacha taja mi corteza. Los días son un constante palpitar. sanguíneo Castillos de naipes hechos de horas. De terribles y pasmosos minutos. Segundos sobrecogedores como latidos de pequeñas aves esparcidos en cal. Los días son una perpetua desazón. Pájaros averiados dentro de un reloj sin tiempo. (tomado del muro fb del autor)

Manuel Vicent (1936 )

El tiempo El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada. Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta será primavera. Ajenos a ti en algunos valles florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates. Una mañana radiante, camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas y los melocotones y sin saber por qué ya será verano. De pronto te sorprenderás a ti mismo rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte del jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las va...

Wislawa Szsymborska (1923/2012 )

Encuentro inesperado Somos sumamente corteses el uno con el otro, decimos: qué agradable encontrarnos después de tantos años. Nuestros tigres beben leche, nuestros halcones van a pie. Nuestros tiburones se ahogan en el agua. Nuestros lobos bostezan frente a jaulas abiertas. Nuestras víboras se quedaron sin relámpagos, los monos sin inspiración, y los pavos reales sin plumas. Los murciélagos renunciaron a nuestros cabellos tiempo ha. Sucumbimos al silencio sin acabar la frase,  sonreímos, sin recursos. Nuestros humanos no saben qué decirse. ("de sibilas y pitias",traducción de jerzy skvomirsky y ana maría moix)

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

23. "Piensa, hombre civil, que eres el último hombre que queda sobre la tierra y piensa: todos los diamantes se han vuelto piedras, eres el rey de América y de Rusia, con las esterlinas te puedes limpiar el culo, ¿pero por quién deberías ahora limpiártelo? ¿por un escrúpulo hacia los gusanos? Y como el falo busca la vulva ausente, tu lengua va en busca de una oreja, te pones la máscara de oro de Agamenón y te miras al espejo, pero no te habla, buscas la Esfinge, pero no te interroga, lees los diarios viejos para reencontrar la voz inmunda de la raza desaparecida, avara, hipócrita, asesina y ladrona, pero que al menos te hablaba, no como ahora, te mentía, te odiaba, te escarnecía, pero te hablaba, y a veces, te escuchaba, extrañas al juez, al esbirro, al verdugo, que te reflejaban con la máscara, pero aquellos labios de oro te hablaban, no como las riquezas de la tierra que sin las palabras son polvo, cenizas, andrajos, piedras, papel y metales. Puedes h...

Basilio Sánchez (1958 )

Estaba en el segundo Estaba en el segundo movimiento. En el ruido del aire que entraba en nuestras casas en los atardeceres de los primeros días y en el rumor cercano de las aguas que entonces se agolpaban contra el muro de piedra y que no reconocimos. Estaba en los lugares que recorrimos luego durante la tormenta y en los vasos que quedaron vacíos en las enredaderas de nuestra juventud. Estaba en las aceras y en los jardines públicos, sobre la mesa oscura de las lamentaciones y el labio de los dóciles. Estaba en la palabra que salió de mi boca y en la que nunca dije. Estaba en vuestros ojos cuando os abandonasteis a una música extraña y ofrecisteis a todos los que amabais las estatuas de sal de vuestras lágrimas. Estaba entre los nombres que dejamos escritos a merced de la lluvia, sobre el fuego que encendimos más tarde para ahuyentar al agua. Estaba ya en el tedio del otoño y en la usura del frío, estaba en los cabellos, en las dulces preguntas de l...

Francisco Álvarez Velasco (1940 )

Pasar Dicen que ha pasado un ángel, mas solo pasaba el tiempo con la clepsidra en silencio, con sus andares de lana, con sus gotas de penumbra, con sus arenas cayendo. Y el barco que hace caminos sobre las aguas del mar y pronto borran las aguas las aguas que van                                   que                                            vienen, las aguas que vienen                                          van. Pasa el caballo en la noche y busca la madrugada al pie de la fuente fría, al pie de la fuente clara. Pasa el pájaro de abril sobre el lago de la niebla hacia el calor de su nido con una brizna de hierba. Y tú pasabas desnuda por los valles de mi sue...

Uriel Martínez (1950 )

Al atardecer Ha pasado ya la hora del Ángelus, con el primer café del día me tiembla el pulso, me estorban los anteojos y el reloj de pulsera. Vine al cerrajero por un duplicado de llaves de la planta baja, la de entrada al hostal deshabitado y silencioso. A esta hora todas las chicas hablan con Dios, su chico, a su casa y con la mejor de sus amigas. Los viejos desplegamos crucigramas, el diario de la tarde y los whatsapp de amigos y grupos. En esta hora previa al oscurecer revisamos las fotos antes de borrarlas y salir de nuevo a la noche. [Inédito]

Elvis Guerra (1993 )

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Ni ruzee ruaa ti muxe’                                                                                        ni guicaa jean genet  Gunaxhiee naa xieelade’, nalaga, biaaxha’ guendabinnidxaapa’ lu ti daa, gasti’ balaana’ ne gasti’ guie’ xañee. Gunaxhiee naa renda’ ti bizuudi’ reza. Gunaxhiee naa bi’cu’, muxe’, ti bandá’, cadi ti dxido’. Gunaxhiee naa zitu ra zuhuaa gubidxa. Gunaxhiee naa nabiidi’ lade’ ndaani’ ti yu’du’  ra laca naa naca’ xpidua’ya’, gunaxhiee naa ne qui nutuí di’ lua’, gunaxhiee naa dxi guládxi bixhoze naa ra lidxi, dxi guiruti’ nudxibaluná’ xtiidxa’, dxi ca xhamigua’ nacheepa’ lu ca’, ne ca biche’ narucu ná’ ca’. Gunaxhiee naa guira guendaxheela’ ra biyaa  neca ni tobi cadi xtinne’. Gunaxhiee ...

Mary Oliver (1935/2019 )

Singapur En Singapur, en el aeropuerto, una sombra fue retirada de mis ojos. En el cuarto de baño de mujeres, una división estaba abierta. Una mujer de rodillas lavaba el fondo    de la taza blanca. Una desagradable sensación en mi estómago y toqué mi boleto en el bolsillo. Un poema siempre debiera tener pájaros. Un martín pescador, por ejemplo, con ojos audaces y alas relucientes. Los ríos son placenteros, y por supuesto los árboles. Una cascada, o si no es posible, una fuente    que suba y baje. Una persona quiere habitar en un lugar feliz, en un poema. Cuando la mujer me vio no pude interpretar su gesto. Su belleza y su bochorno se mezclaban, y ninguno de    los dos ganaba la batalla.  Ella sonrió y yo sonreí. ¿Tiene algún sentido? Todos necesitamos un trabajo. Sí, una persona quiere habitar en un lugar feliz, en un poema. Pero antes debemos mirarla ahí abajo mientras atiende su trabajo,      lo que es en s...

Fernando del Paso (1935/2018 )

LXXXIII Se transfigura el sol, cuando se moja, en una lenta llamarada roja. En el ocaso, su penacho rubio revienta en mil destellos, en diluvio, en cascada de luz, en remolino de gotas de oro puro y peregrino que se deshace en tersos, transparentes, desparramados pétalos ardientes. (tiende la noche sus brumosos toldos y apaga el arrebol de sus rescoldos) ("poemar", fce, méxico, 2015)

Alberto Szpunberg (1940 )

Todo poema... Todo poema es una despedida y un saludo.  Acaso la vida no repare en la nimiedad de las palabras  con que el silencio querría, por una única vez, ser sólo silencio,  como este río inmóvil  bajo un aura leve de espejos temblorosos. ¿Por qué nos preguntamos por qué si cualquier piedra arrojada contra el agua  da en el centro mismo de ondas infinitas? ("rua das pretas")

Ricardo Molinari (1898/1996 )

     Hostería de la rosa y el clavel         fragmento                     II Déjame esta tarde solo para mí, que tengo la voluntad perdida en el frío. En olvido inmenso crecen y mueren los pájaros. Hace un siglo que no duermo y tengo las uñas quebradas de peinarme. En el mes de marzo empieza el Otoño en mi  tierra; yo nací en el Otoño. De noche, cuando el alma se queda sola con su cuerpo. Alguna vez... Y el viento herido se queja como un ramo de flores en un vaso de vino. Si cada alma tiene su cuerpo, sus amistades y negocios; si hasta la de los hombres sucios tiene su lugar en este mundo y una sonrisa parecida a sus pensamientos, un cuerpo idéntico y compañías que viven sin ruborizarse: igual a los ojos de ellos, a los pies, a las manos, a la boca y dientes de ellos, tú, entonces, tienes un deseo semejante al mío. Yo quiero mezclar un día entre otros, ...

Elisa Molina (1961 )

Te oí decir A pocos días del comienzo del invierno presumimos que, como siempre pasajero, la estación quieta de la niebla se abriría a nuestra habitual preferencia por lo verde y sin embargo, no. Me fui apagando y no sé por qué. Un silencio de blanca cuando veíamos salir la luna y un vacío de gravedad justo en la boca del estómago incluso en las noches más frías. Esos minutos pueden ser la vida y sin embargo, no. Me fui apagando y no sé. ("el poeta ocasional")

Ana Cristina Cesar (1952/1983 )

Flores del Más despacio escriba una primera letra esclava en las inmediaciones construidas por los huracanes; despacio mida la primera pájara bisoña que risque el babero abierto sobre los vendavales; despacio imponga el pulso que mejor sepa sangrar sobre el cuchillo de las mareas; tranquilo imprima la primera mirada sobre el galope bañado de los animales; despacio pida más y más y más ("buenos aires poetry", versión sandra santos)

Irene Gruss (1950/2018 )

Adiós Yo estuve lavando ropa mientras mucha gente desapareció no porque sí se escondió sufrió hubo golpes y ahora no están no porque sí y mientras pasaban sirenas y disparos, ruido seco yo estuve lavando ropa, acunando, cantaba, y la persiana a oscuras. Remordimiento Nunca tuve lo que se dice una buena dentadura. Con mi boca mordí su nuca, su garganta, la forma de morder se fue adecuando al poco calcio, la poca fuerza, a las piezas postizas y a las que fueron salvadas. Reír, eso quise. Perdí las ganas de morder como quien deja la vida a un costado, la ve ahí, un vestido de fiesta doblado en la silla. Llovió sobre el jardín, gotean de lluvia y de un rocío nocturno bombitas de colores. Ahora, con lo que tengo dado y quitado, con mi boca beso, y cada noche, antes de dormirme, ruego a Dios no morir con los ojos abiertos, los dientes apretados. (en muro fb de orlando guillén)

Eliseo Diego (1920/1994 )

En la cocina Enrosca el gato su delicia de sí sobre sí mismo, duerme de su principio a fin, secreto. En tanto esboza la penumbra disidencias de cazuelas y potes, resistentes al imperio del sueño. Cae el mundo por el filo del agua, gruñe para sí el fuego, pero el gato lo ignora: permanece sencillamente, inmune a memoria y olvido, a salvo en la delicia de su ser - perfecto. Daguerrotipo de mi abuela Mi abuela está sentada: es una joven de esbelto rostro frágil sobre el altivo cuello: miro inmóvil la pupila en tinieblas que la mira desde un abismo: si volviera no más los ojos a la barba triste del padre sonriente, se animara. Pero mi abuela sigue inmóvil, joven. Se ha de poner en pie muy pronto. El día la arrastrará consigo hasta el zaguán mientras la calle vibra al choque cósmico de casco y casco. Se ha perdido. Cuando la vuelva a ver, será una anciana. Pero en tanto, serena, inconmovible, sigue mirando hacia la sombra inmensa, su esbelto rostro...

Uriel Martínez (1950 )

La noria II Cuando regreso de mi pueblo, en el segundo transbordo, después de mí trepa un padre de familia. No lo identifico hasta que su niña de brazos empieza a llorar a todo pulmón. Es Vladimir, de seguro no sabe diferenciar entre el llanto de una criatura hambrienta, con sueño o con el pañal mojado. A Vladimir lo conocí recién llegado de su pueblo, había venido a estudiar arquitectura y buscaba un departamento para compartir. Después supe quien era su padre, un narrador que había perdido a su mujer joven, a pedazos, enferma de diabetes. Más adelante, el propio Vladimir me contó su verdadero oficio: la venta de droga a baja escala; me narró el infierno de vivir en un cuarto de vecindad y a merced, más que de proveedores, de la policía. Unos y otros lo visitaban a altas horas del día, en esas horas en que los golpes a la puerta son partes de sus pesadillas; ver llegar ese instante en que no sabes si te buscan para "levantarte", "desaparecerte" o llevarte espos...