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Mahmud Darwish (1941/2008 )

En esta tierra En esta tierra hay algo que merece vivir: la indecisión de abril, el olor del pan al alba, las opiniones de una mujer sobre los hombres, los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba sobre las piedras, las madres erguidas sobre un hilo de flauta y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores. En esta tierra hay algo que merece vivir: el fin de septiembre, una dama que entra, con toda su lozanía, en la cuarentena, la hora del sol en la cárcel, nubes que imitan a un grupo de seres, las aclamaciones de un pueblo a quienes ascienden, sonrientes, hacia su muerte y el miedo que las canciones inspiran a los tiranos. En esta tierra hay algo que merece vivir: en esta tierra está la señora de la tierra, la madre de los preludios y de los epílogos. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir. ("neorrabioso", trad. maría luisa prieto)

Eduardo Errasti (1960 )

Andas diciendo... Andas diciendo por ahí que exijo cierto nivel intelectual a las mujeres para salir conmigo. Por lo visto has olvidado que hubo un tiempo en el que hubiera dado todo por ti. Lo cual demuestra claramente que mientes. ("rua das pretas")

Enriqueta Ochoa (1928/2008 )

El deshollinador En mi centro amanecía Dios con su diamante de agua ensimismada, derramándola allí donde la yerba azul del verbo sin cercos corría limpia escalando hasta el borde de los labios. Pero redonda es la vida y en sus ruedas sorpresivas llegó de improviso el mediodía. El verano golpeó hasta quemar la luz tierna del valle. Anhelante se hizo el aliento, confuso el horizonte. El centro conmovido era un cristal vibrante. La luz se fue cayendo a pedazos. Aturdidas, las palabras subieron desde el fondo de la sangre. Jamás las recibió el papel. Más tarde, el deshollinador las encontró atascadas en la boca del tiro. ("bajo el oro pequeño de los trigos", ed. universidad autónoma de chapingo, méx., 1984)

Alfonsina Storni (1892/1938 )

Tú me quieres blanca Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya. Ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres blanca, tú me quieres nívea, tú me quieres casta. Tú que hubiste todas las copas a mano, de frutos y mieles los labios morados. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos dejaste las carnes festejando a Baco. Tú que en los jardines negros del Engaño vestido de rojo corriste al Estrago. Tú, que el esqueleto conservas intacto no sé todavía por cuáles milagros, me pretendes blanca (Dios te lo perdone) me pretendes casta (Dios te lo perdone) me pretendes alba! Huye hacia los bosques; vete a la montaña; límpiate la boca; vive en las cabañas; toca con las manos la tierra mojada; alimenta el cuerpo con raíz amarga; bebe de las rocas; duerme sobre escarcha; renueva tejidos con salitre y agua; habla con lo...

Elsa López (1943 )

Recuerdo el amor que me nacía al tiempo que la lluvia Recuerdo el amor que me nacía al tiempo de la lluvia. Recuerdo los baúles y las colchas de hilo, las flores de lavanda volando por espacios abiertos y felices, aquella despiadada multitud de grillos debajo de las lápidas, y tus besos, pan y aceite, detrás de los postigos. Recuerdo aquellos días cuando tú me besabas tras las torres caídas del castillo y las olas. Y recuerdo las noches naufragando tu cuerpo en aquella penumbra universal del hambre. Yo entonces era otra. Pero no he renunciado ni al amor ni a la herida. ("no me quites paz" blogspot)

Elynor Wylie (1885/1928 )

Huida Cuando los zorros coman las últimas uvas doradas y se mate al último antílope blanco, dejaré de luchar y huiré hacia una casa pequeña que voy a construir. Pero antes me encogeré hasta el tamaño de un hada, con un susurro que nadie entienda haciendo lunas ciegas de todos vuestros ojos y caminos embarrados de todas vuestras manos. Y en vano me buscaréis a tientas en agujeros bajo las raíces del mangle o donde, entre la lluvia que huele a manzanas, los plateados nidos de las avispas cuelgan como frutos. ("otra iglesia es imposible", trad. jonio gonzález)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Una del montón Soy la que soy. Casualidad inconcebible como todas las casualidades. Otros antepasados podrían haber sido los míos y yo habría abandonado otro nido, o me habría arrastrado cubierta de escamas de debajo de algún árbol. En el vestuario de la naturaleza hay muchos trajes. Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte. Cada uno, como hecho a la medida, se lleva dócilmente hasta que se hace tiras. Yo tampoco he elegido, pero no me quejo. Pude haber sido alguien mucho menos individuo. Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre, partícula del paisaje sacudida por el viento. Alguien mucho menos feliz, criado para un abrigo de pieles o para una mesa navideña, algo que se mueve bajo un cristal de microscopio. Árbol clavado en la tierra, al que se aproxima un incendio. Hierba arrollada por el correr de incomprensibles sucesos. Un tipo de mala estrella que para algunos brilla. ¿Y si despertara miedo en la gente, o sólo asc...

Harold Alvarado Tenorio (1945 )

La poesía ¿Qué eres sino la visión de la noche? Todo lo nocturno te pertenece. Invitas a los espléndidos banquetes de los sueños y a las no menos espléndidas vigilias de la realidad. Viajas con el hombre y la mujer como si fueras la llama de sus ojos, el bordón de su felicidad o el humo espeso de los amaneceres. Para ti, madre del dolor, sólo hay gloria y pesar, el mediodía no está escrito en tus agendas. Ninguna otra cosa eres, poesía, que la más alta sima donde el loco, los mortales, los desheredados de la suerte y la fortuna, encuentran cobijo. Tú, la detestada, la leprosa, la purulenta, eres la mejor de las hembras la mejor madre. la mejor esposa la mejor hermana y la más larga y gozosa de las noches. ("no me quites paz")

Carlos Pellicer (1897/1977 )

Si junto a ti las horas... Si junto a ti las horas se apresuran a quedarse en nosotros para siempre, hoy que tu dulce ausencia me encarcela, la dispersión del tiempo en mis talones y en mis oídos y en mis ojos siento. Yo no sé caminar sino hacia ti, ni escuchar otra voz que aquella noble voz que del vaho borde de la dicha vuela para decirme las palabras que aguzaron el agua del poema. ¡Decir tu nombre entre palabras vivas sin que nadie lo escuche! Y escucharlo yo solo desde el fino silencio del papel, en la penumbra que va dejando el lápiz, en las últimas presencias silenciosas del poema. ("no me quites paz")

Michael O'Loughlin (1958 )

Parnell Street                                         Vendrá la muerte y tendrá tus ojos                     Cesare Pavese Ésta es mi primera dirección: aquí es donde Se abrió mi boca por primera vez. Después de medio siglo Vuelvo a estar aquí, como si la partera del Rotunda Nunca hubiese cortado el cordón. Bellas sombras, mis primeros amores Erguidas en las paradas de bus de Finglas O protegidas en las puertas de entrada de pubs extintos. Aquí está el sótano donde jóvenes poetas Se abofeteaban unos a otros con las zarpas guardadas, Los altillos donde ensayábamos nuestras vidas Como Songs de Leonard Cohen. En los sorprendentemente bellos departamentos de los cincuenta Detrás de las fachadas georgianas, He vuelto a filmar niños Que vieron moverse estatuas religiosas: La última interpretación de los viejos dioses. A...

Chantal Maillard (1951 )

Anduve por el dorso... Anduve por el dorso de tu mano, confiada, como quien anda en las colinas seguro de que el viento existe, de que la tierra es firme, de la repetición eterna de las cosas. Mas de repente tembló el universo: llevaste la mano a tus labios y bostezando abriste la noche como una gruta cálida. Llevabas diez mil siglos despertando y el fuego ardía impaciente en tu boca. ("rua das pretas")

Amalia Bautista (1962 )

Si ya Si ya sé que me quieres, si ya sé que me extrañas. Si ya sabes que vivo secuestrada del recuerdo de ti. Si ya sabes que tengo varias velas encendidas al dios de la esperanza. Si llamas y tu voz me hace temblar lo mismo que una hoja. Si llamo y tu respuesta al otro lado me hace temblar lo mismo que una hoja. Si ya sabemos ambos que ni puedo ni puedes hacer nada. Si ya es mucho cualquier cosa que hacemos, si ya es un mundo entero el montón de las cosas que no hicimos. ("emma gunst")

Hugo Gola (1927/2015 )

¿Ves esa niebla...? ¿Ves esa niebla que anda como desprendiéndose del río, la ves ahora, casi rozando el suelo, acariciante y huidiza sobre los pajonales secos, amarilleados por la escarcha de un otoño desmedido? Son nubes, nubes que han bajado, cansadas de tanto movimiento puro, sin apoyo, deseosas de sentir la solidez tozuda de la tierra, su beso opaco. ("vallejo & co.")

Uriel Martínez (1950 )

La primera helada Sé que de un momento a otro caerá la noche, se irá la luz las reservas de gas LP se habrán agotado. Aunque he consultado mapas de masas polares entiendo que tienen caminos trazados por la errancia. Los pronósticos del clima sólo son eso, buenos propósitos para salvar el día, para no morir después de medianoche. Sé que de un instante a otro caerá la primera helada del año, del mes, de la semana, no de nuestra vida. Sé que los tiestos a modo de bienvenida a casa amanecerán quemados por el frío intenso. Adivino incluso que en el balcón pueden aparecer tiesas de hielo parvadas que perdieron el camino al sur, a donde llamó el verano. No haré nada por las plantas que hasta la semana pasada florecían, pedían más agua y se bebían el sol. Nada haré por mí, ni por ti ni por nosotros; el mapa del mal tiempo nunca nos consideró salvables. [Inédito]

Margaret Atwood (1939 )

Esta es una fotografía mía Fue tomada hace poco. Al principio parece una impresión difuminada: líneas borrosas y manchas grises mezcladas con el papel; luego, mientras la examinas, disciernes algo en una esquina a la izquierda algo así como una rama: parte de un árbol (bálsamo o abeto) que emerge y luego, a la derecha, subiendo a la mitad del cuadro lo que podría ser una leve pendiente, una choza pequeña. Al fondo hay un lago, y más allá, algunas colinas bajas. (La fotografía fue tomada un día después de haberme ahogado. Yo estoy en el lago, al centro de la imagen, justo bajo la superficie. Es difícil decir en dónde exactamente, o decir cuán grande o pequeña soy: el efecto del agua a la luz es una distorsión. pero si observas lo suficiente tarde o temprano me podrás ver). ("periódico de poesía", trad. sergio eduardo cuevas rodríguez)

Sherko Bikas (1940/2013 )

Semillas Éramos millones, éramos viejos árboles, recientes brotes de plantas y semillas. Desde el casco de Ankara llegaron al amanecer ellos nos desarraigaron nos mandaron lejos, muy lejos. En el camino, las cabezas de muchos árboles viejos cayeron, muchas plantas nuevas murieron en el frío, muchas semillas fueron pisoteadas, perdidas y olvidadas. Crecimos delgados como el río en verano Hemos disminuido como bandadas de pájaros hacia la época del otoño Nos hemos reducido a unos cuantos miles Tuvimos las semillas arrastradas por el viento, llegaron a las montañas sedientas otra vez se escondieron dentro de las hendiduras de la roca la primera lluvia la segunda lluvia la tercera lluvia crecieron otra vez Ahora somos de nuevo un bosque Somos millones Somos las semillas, plantas y árboles centenarios ¡El casco antiguo ha muerto! Y ahora tú, el nuevo casco ¿por qué has puesto la cabeza de la lanza debajo de tu mentón? ¿Puedes terminar con nosotros? Pero y...

Meira Delmar (1922/2009 )

El llamado Tú estarás lejos. Yo dejaré la vida como un ramo de rosas que se abandona para proseguir el camino, y emprenderé la muerte. Detrás de mí, siguiéndome, irán todas las cosas amadas, el silencio que nos uniera, el arduo amor que nunca pudo vencer el tiempo, el roce de tus manos, las tardes junto al mar, tus palabras. Si donde estés tú oyes que alguna voz te nombra, seré yo que en el viaje te recuerdo. ("rua das pretas)

Ulrike Draesner (1962 )

loba una chica gris cabello largo oscuro el rostro moreno embadurnado de blanco pequeño, delicada con ropa amplia polar gris pantalón gris zapatos resistentes una niña loba, a su manera de hombros anchos bajando el par de escalones del autobús todavía pequeño ser después de tres días de campamento oliendo a oveja tierra burro como sin palabras ensimismada con una mirada salvaje acosante vino por segundos segundos extraña hacia mí por los escalones del bus un par de escalones un mundo después de tres días tan extraña. teníamos primero que buscar de nuevo dónde nosotros éramos nosotros para empalmar las ideas pegajosas o rejuntadas visibles como manos pobres entre nosotros cuando la, la cargué en los brazos y la toqué más dijo “ay” como si yo tuviera barba en la cara como si mi barba lobezca la hubiera rozado mi mirada lobezca yo había esperado tanto y acaricié ("periódico de poesía", trad. emma julieta barreiro)

Joan Margarit (1938 )

Ser viejo Entre las sombras de los gallos y los perros de patios y corrales de Sanaüja, se abre un agujero que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia cuando los niños van hacia la muerte. Ser viejo es una especie de posguerra. Sentados a la mesa en la cocina, limpiando las lentejas en los anocheceres de brasero, veo a los que me amaron. Tan pobres que al final de aquella guerra tuvieron que vender el miserable viñedo y aquel frío caserón. Ser viejo es que la guerra ha terminado. Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles. ("página oficial")

Enrique Solinas (1969 )

En la zarza ardiente Desde esta absoluta oscuridad veo a mi padre despedirse con esa dignidad propia de quien conoció el mundo y lo habitó. Acompaño a mi padre en el gesto de su despedida, en esta vida de hospitales donde todo pasado es presente y el futuro es nada más que una conversación. Atrás quedan los días de la noche, las palabras que debían madurar para ser ciertas; queda en el camino la expectativa de lo que no sucedió, la verdad de la belleza, su cuerpo inaccesible. Pero ahora es el silencio, el silencio que grita el silencio en la voz del bosque. Pero ahora es el deseo, el deseo de que el tiempo vuelva hacia atrás, cuando el invierno todavía joven encendía su lámpara mágica y alumbraba el camino de nuestro alegre porvenir. ("otra iglesia es imposible")

José Hierro (1922/2002 )

Con las piedras, con el viento Con las piedras, con el viento hablo de mi reino. Mi reino vivirá mientras estén verdes mis recuerdos. Cómo se pueden venir nuestras murallas al suelo. Cómo se puede no hablar de todo aquello. El viento no escucha. No escuchan las piedras, pero hay que hablar, comunicar, con las piedras, con el viento. Hay que no sentirse solo. Compañía presta el eco. El atormentado grita su amargura en el desierto. Hay que desendemoniarse, liberarse de su peso. Quien no responde, parece que nos entiende, con las piedras, con el viento. Se exprime así el alma. Así se libra de su veneno. Descansa, comunicando con las piedras, con el viento. ("ni un día sin poesía")

Luis Feria (1927/1998 )

Poema Llamadlo sólo agua libre de todo inútil nombre pasajero. Dejad luego que siga su lento respirar ensimismado. ("rua das pretas")

Efraín Barquero (1931 )

La herramienta que hace a los hombres Al encontrarlo después de mucho tiempo lo miré sin verlo porque pensé en la herramienta que hace a los hombres. Lo miré sin verlo lo vi sin ella en las manos y me pareció que las piernas ya no lo sostenían como antes. Había cambiado como todos vamos cambiando. Había cambiado para bien porque sonrió abrio grandes los brazos dio unos pasos en torno como mostrándome que los hombres aunque estén vacíos guardan en el fondo unos granos de esa materia preciosa. Y en los ojos una chispa de ese metal resplandeciente que arrancaron sus manos a los días opacos. ("otra iglesia es imposible")

Marianne Moore (1887/1972 )

El espíritu es una cosa encantadora es una cosa encantada al igual que el lustre en un ala de chicharra subdividida por el sol hastas que las redes son legión. Al igual que Gieseking tocando Scarlatti; al igual que la lezna del ápterix como un pico o el chal para la lluvia de kiwi con sus plumas peludas, el espíritu avanza tanteando como un ciego, sigue su marcha con los ojos fijos en el suelo. Tiene el oído de la memoria que puede escuchar sin tener que escuchar. Al igual que la caída del giróscopo, realmente inequívoca porque la certifica una certeza reinante, es un poder de enérgico hechizo. Es como el cuello de la paloma animado por el sol; es el ojo de la memoria. Es una concienzuda inconsistencia. Arranca el velo; rasga la tentación, la bruma que lleva el corazón, en sus ojos; siempre que el corazón tenga cara; desarma el abatimiento. Es fuego en el cuello irisdicente de la paloma; en las inconsecuencias de Scarlatti. La no-confusión pone a ...

Fabio Morábito (1955 )

En el pasillo... En el pasillo, mientras leo, se abre una puerta y se cierra, se abre y se cierra, y yo espero que acabe su agonía. Dicen que cuando el aire abre y cierra una puerta,, alguien muy cerca está en peligro. Hay que prestar oído, cerrar el libro que leíamos y unirnos a ese rezo; no levantarnos a cerrar la puerta, sino quedarnos quietos y oír, oír hasta sacarle alguna música al crujido. ("alguien de lava", coed. conaculta-era, méx., 2002)

Attilio Bertolucci (1911/2000 )

Retrato de hombre enfermo Éste que ven aquí pintado a la sanguina y en negro y ocupa enteramente el espacioso cuadro soy yo cuando tenía cuarenta y nueve años, envuelto en una bata amplia que cubre la mitad de las manos como si fuesen flores, no deja ver si el cuerpo está sentado o acostado: como el enfermo crónico que es puesto ante ventanas donde se enmarca el día, un día más otorgado a los ojos que se fatigan pronto. Si pregunto al artista, mi hijo quinceañero, a quién quiso pintar, me dice de inmediato: “a uno de esos poetas chinos que tú me hiciste leer, mientras mira hacia fuera, en sus horas finales”. Es verdad, recuerdo ahora haberle regalado ese libro que alegra el corazón de riberas celestes y pardas hojas otoñales; en él sabios, o falsos sabios, poetas graciosamente dejan la vida levantando la copa. Y yo, perteneciente a un siglo que cree no mentir, me reconozco en aquel hombre enfermo mintiéndome a mí mismo: y de él escribo para exorcizar un mal...

Ángel González (1922/2008 )

Dato biográfico Cuando estoy en Madrid, las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches. La luz no las anima a salir de sus escondrijos, y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio, lugar hacia el que —por oscuras razones— se sienten irresistiblemente atraídas. Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la República y yo me pregunto: ¿en qué país se creerán que viven?; estas cucarachas no leen los periódicos. Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache y baile tangos hasta la madrugada, para así practicar sin riesgo alguno su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas por las anchas baldosas de mi alcoba. A veces las complazco, no porque tenga en cuenta sus deseos, sino porque me siento irresistiblemente atraído, por oscuras razones, hacia ciertos lugares muy mal iluminados en los que me demoro sin plan preconcebido hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día. Ya de regreso a casa, cuando me cr...

Uriel Martínez (1950 )

AIDS Arrojé a la corriente de aguas negras la colilla del último Marlboro. Cuando vi que iba aguas abajo alcancé a ver que se abría. Al abrirse, el carmín de mis labios se fundió con las heces fecales, etc. Así pasó con mi saliva, con mis noches, con tu boca, tu sangre y su cauce. Como un bolero de 78 RPM te fuiste en escenas b/n con un traspié de fox-trot. Sin que nada ni nadie te detuviera, ni el otoño, ni las estrellas, ni el rojo Aids que vi llegar a tu vida. ("la biblioteca de marcelo leites", 14. V. 2015)

Philippe Jaccottet (1925 )

El ignorante Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia, cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino. Todo lo que tengo es un espacio alternativamente nevado o brillante, pero nunca habitado. ¿Dónde está el dador, el guía, el guardián? Permanezco en mi cuarto y de momento me callo (el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden), y espero a que las mentiras se aparten una a una: ¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere que le impide morir? ¿Qué fuerza le hace hablar aún entre sus cuatro paredes? ("el poeta ocasional", trad. rafael-josé díaz)

Raymond Carver (1938/1988 )

En Suiza Lo primero que hay que hacer en Zurich es tomar el trolebús No. 5 al zoológico hasta el fin  del recorrido y bajarse. Ir sabiendo lo de los leones. Cómo  sus rugidos pasan desde el complejo del zoológico al cementerio de Flutern. Allí camino por el hermosísimo sendero que lleva a la tumba de James Joyce. Siempre fue un hombre de familia, está aquí con Nora, su mujer, por supuesto. Y su hijo, Giorgio, que murió hace unos años. Lucía, su hija, el gran dolor de su vida, aún vive, aún confinada en un sanatorio psiquiátrico. Cuando le trajeron la noticia de la muerte de su padre, dijo: ¿Qué está haciendo ese idiota  bajo tierra? ¿Cuándo le va a dar por salir? Nunca nos quita el ojo de encima. Me quedé un rato. Creo que le dije al señor Joyce alguna cosa en voz alta. Debo haberlo hecho. Sé que debí hacerlo. Pero ahora no recuerdo qué y tengo que dejar las cosas así. Una semana después de aquel día, partimos de Zurich en tren a Lucerna....

Zbigniew Herbert (1924/1998 )

Un país En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro. Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y el amor. Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño. Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia. ("marcelo leites", trad. xaviero ballester)

Anne Sexton (1928/1974 )

La muñeca Dy-Dee Mi muñeca Dy-dee murió dos veces. Una vez cuando arranqué su cabeza y la dejé flotar en el excusado y otra vez bajo la luz de la lámpara cuando se derritió tratando de calentarse. Era una miseria con su carita abrazando sus pequeños brazos torcidos. Murió en plena sabiduría de goma. ("otra iglesia es imposible", versión verónica zondek)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Pavana para una dama egipcia Yo sé que un día aquí sobre la tierra no estaré nunca más. Habré partido como los viejos árboles del bosque cuando los llama el viento. Y esto que escribo no me lo dicta apenas una idea pues ya se ha hecho sangre entre mis venas. También sin meditar suelen los árboles tener claro su fin. Como toda materia guarda memoria de su nada póstuma. No es preciso pensar para decirse -cada cual a sí mismo- adiós por dentro. Con ver las hojas en otoño basta; con ver la tierra allá a lo lejos, roja, flotando en el abismo, sin nosotros, se aprende casi todo... Yo sé que un día con tus egipcios ojos me buscarás sin verme aquí en la tierra, y no estaré ya más. Y no es la mente quien me lo dice ahora, sino en tu cuerpo donde puedo leerlo; aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume, porque lo eterno vive de lo efímero como en nosotros el dios que nos custodia con tanto enigma en su perfil de pájaro y su vuelo que siempre está a la puerta. (...

Mary Jo Bang (1946 )

Y como en Alicia Ella dice que Alicia no puede estar en el poema porque es solamente una metáfora de la niñez y un poema ya es una metáfora así que tendríamos una metáfora dentro de otra metáfora. ¿Ven? Asienten todos. Ven. Menos la chica con la cabeza en la madriguera. Desde esta perspectiva, su culito parece un panda blanco y negro visto de atrás. Y de hecho tiene uno en la parte interna del brazo. Claro que tieso y sin vida. ¿Quién iba a atreverse a tener un oso de verdad tan cerca de la oreja? Se pregunta por los posibles daños que podría sufrir si cayera hasta el fondo de la oscuridad a través de la que mira. Criaturas extrañas cantarían canciones en las que sílabas curiosas le pondrían al final un sibilante punto final. Tal vez los sonidos serían una forma de la luz que sisea. Como cuando una morsa sopla entre dos incisivos fracturados. Tal vez tomarían la forma de una serpiente. Pero, de haber serpiente, haría falta un árbol. ¿Podría hacer crecer uno ...

Uriel Martínez (1950 )

La anestesia antes de que sea demasiado tarde anoto en la agenda del jueves: una mascarilla de pepino, una película de crema como ese par de medias de seda, una cutícula de luna en cada dedo, un barniz en labios y un enjuague bucal para olvidarte. pero si esto no basta entonces cogeré tizones para la imagen de Narciso en el estanque, en el oído que escuchó tu nombre y lo repitió ad nauseam, en el dolor de los primeros días que pasé anestesiado, en el despertar cada vez con el sexo en llamas. [Inédito]

Eunice Odio (1922/1974 )

 Ion ¡Cuánto hacía que mi amor no la encontraba! ¡Ah, ciudad, mi ciudad! Los muros que te pulsan, tu atareado rumor, cuántas veces me rozaron el sueño. ¿Será verdad que hoy te regocijas porque vuelve quien nunca estuvo ausente? ¿Crees, en verdad, que pudo irse, íntegro, de ti, lo que era tuyo? Yo te traía desde lo más lejano y estabas ahí mismo, en mi garganta, con tus torres, tu piel y tu caballo; aquel caballo con la testa diurna y el corazón al viento que inauguramos juntos en el alba; aquella piel, tu piel, primera descendiente de la nube, continuación clarísima del árbol. (en muro fb hernán vargascarreño)

Doris Lessing (1919/2013 )

Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón, y todo el suelo blanquean con su muerte, y todas sus ramas van a sumergirse al río, y cada gota cae de mi corazón. Si hay justicia en el ángel de los ojos que brillan, va a decir “¡Espera!” y me va a alcanzar una rama de cerezo. El ángel barbudo, justo y firme como una cabra levanta una cabeza rumiante y mastica en la nieve con lentitud. ¿Hace falta, cabra, que te quedes acá? ¿hace falta que te quedes acá, quieta? ¿siempre vas a estar parada acá, a prueba de fe, a prueba de inocencia? ("el placard", versión sandra toro)

Alda Merini (1931/2009 )

Niño Niño, si encuentras el barrilete de tu fantasía, átalo con la inteligencia del corazón. Verás aparecer jardines encantados y tu madre se volverá una planta que te cubrirá con sus hojas, Haz de tus manos dos blancas palomas que lleven la paz a todas partes y el orden de las cosas. Pero antes de aprender a escribir, mírate en el agua del sentimiento. ("otra iglesia es imposible", versión j. aulicino) A través de los árboles Vos no lo sabés: hay abedules que de noche levantan sus raíces, y no creerías nunca que de noche los árboles caminan o se convierten en sueños. Pensá que en un árbol hay un violín de amor. Pensá que un árbol canta y ríe. Pensá que un árbol está en un barranco y luego se convierte en vida. Ya te lo dije: los poetas no se redimen, se los debe dejar volar entre árboles como ruiseñores listos para la muerte. (ídem, versión m. leites)

Mario Ortiz (1965 )

Virginia La ciudad del verano se vacía en invierno. Si tuviera que pensarla en una imagen diría que es un viejo que se ha encogido de reuma o una niña jugando con la ropa gigante de su madre y monta un teatrino en el momento ufano de la escena mayor niña primma-donna de la ópera imaginaria lady Macbeth con capelina como sombrero de mariachi Vine a dar clase de Lengua y Literatura en la Escuela Media porque no conseguían profesor. Me dieron un departamento en un edificio completamente vacío, el ascensor funcionaría solamente para mí si no fuese porque prefiero la escalera para subir al 5° piso Durante el invierno no importa verdaderamente que el sol salga y se ponga en el mar como dice la propaganda pero hoy levanto la vista de unos ejercicios de concordancia hacia la ventana que quedó abierta y veo a Lucianita con su abuelo sentados en la rambla envueltos en una frazada violeta mirando el atardecer dos líneas rojas: el verbo señala a un sujeto explícito el mar...

Alberto Blanco (1951 )

Primer poema del desierto Vuelan tan rápido las montañas y el colibrí que no se mueven ("portal de poesía")

Ramón Cote (1963 )

Cerezas & granizo Todo sucedió en la primera semana de marzo cuando por fin cayeron las cerezas. Y no cayeron por maduras, por redondas, por rotundas, cayeron por culpa del granizo y su inexplicable cólera. Después de la tormenta, sobre la compacta blancura del parque empezaron a brotar, aquí y allá, mínimas manchas de color púrpura, como si fuera el vestido nupcial de una novia apuñalada. Fue tanta la prohibición de febrero y la excesiva codicia entre las altas ramas las que provocaron esa avalancha de niños a quienes no les importó cortarse los labios con esa nieve de vidrio con tal de poder reventar su piel entre los dientes. Cuando pasados los años alguien les pregunte por el definitivo sabor que los devuelve a la infancia, no dudarán en decir el sabor de las cerezas, el sabor a venganza que tenían esas cerezas heladas, y enseguida añadirán que todo sucedió un lejano marzo, en su primera semana, después de una tormenta, cuando el granizo del parqu...

Eduardo Bechara (1972 )

La enfermera Lo único bueno que tiene este cuarto de hospital es Martica. Entra con su uniforme ceñido al cuerpo… Sus ojos negros entienden mi dolor… Acomoda la cánula en tus fosas nasales. Detallo su piel oliva, su cintura delgada, la curvatura de sus nalgas… ("marcelo leites")

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Washington McNeely Rico, honrado por mis conciudadanos, padre de muchos hijos nacidos de noble madre, todos criados ahí, en la gran mansión de las afueras del pueblo. ¡Fijaos en el cedro que hay en el césped! Mandé a todos los chicos a Ann Arbor y a todas las chicas a Rockford, mientras seguía mi vida ganando más riquezas y honores, descansado bajo mi cedro al atardecer. Pasaron los años. Mandé a las chicas a Europa; les di dotes cuando se casaron. A los chicos les di dinero para empezar sus negocios. Eran hijos fuertes, prometedores como manzanas antes de que aparezcan las partes picadas. Pero John escapó del país en desgracia. Jenny murió de parto... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Harry se quitó la vida después de una juerga. Susan se divorció... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Paul quedó inválido de tanto estudiar, Mary se recluyó en la casa por el amor de un hombre... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Todos estaban muertos o con ...

Luna Miguel (1990 )

Azor común Ted Hughes escribió, a propósito de un azor, “yo mato donde quiero porque todo me pertenece”, sin embargo intuyo que el poeta no se refería exactamente a aquel rapaz, pues lo que mata cuando gusta, lo que destruye cuando se le antoja, lo que destroza cada cuerpo no es una simple ave antigua, sino el cáncer común. Lo sé: la enfermedad anida en nuestros espejos. Lo entiendo: y lavaré mi sexo con lejía. Frotaré mi sexo con lejía para que mis hijos nazcan sanos. Accipiter gentilis… los ratones tiemblan bajo el rastro de tu vuelo, los insectos tiemblan bajo el rastro de tu vuelo, los dolientes tiemblan, pero ella sonríe, ¿has visto cómo sonríe? Ahora aléjate. ("escrituras.indie")

Giovanna Pallarolo (1952 )

Después de los 30 Dicen que después de los treinta las mujeres envejecen pronto malhumoradas sufren de males jamás pensados no se resignan y sufren comparándose con la rosa marchita pétalos caídos belleza acabándose o se resignan y voltean los espejos prefieren las veladas a media luz huyen de las vidrieras hasta de los charcos de agua cuando hay luna llena. Dicen que después de los treinta las mujeres aprenden a hacer el amor y su ansiedad espanta ávida de órganos ninfómanas son suplentes en camas ajenas mujeres fáciles o se empiezan a secar asqueadas y temerosas de sus deseos (ávidas, urgentes) les falta hombre comentan putas reprimidas es a la larga lo mismo. Así dicen. (en muro fb daniel montoly)

Jean Turpy (1957 )

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Santos Cristo que moriste en la cruz a los treinta y tres años                                                                                                   sin haber fornicado ¡cuídalo! Santa Teresa de Jesús que morías porque no morías ¡ampáralo! San Arthur Rimbaud que fuiste poeta desde los siete años                                                                                                 o antes ¡protégelo! Santa Perestroica de la Glassnot concebida por obra y gracia ...

Lauren Camp (1967 )

Para el padre de las cinco niñas asesinadas en la cama ¿Qué edad tenían, tus niñas? Cada una en su mundo, creciendo en sus propios campos y océanos, el zigzag de sus cabellos castaños sobre la almohada, sus dedos entrelazados mientras dormían juntas, en la misma cama, llevando sueños hacia la oscuridad, esos serenos capullos blancos que atesoraban. Oh, tus ojos heridos, tu alarido; vivirás en el hueco de aquella habitación con el pelaje de sus fotos, tu corazón en vuelo, desde ya luchando contra la forma líquida de la codicia, una chispa de locura, nudo apretado a tu futuro. Desprendimiento de la memoria y la razón. Es obvio que no volverás a cantar pero no emerjas de ese objeto del dolor insultando y rechazando, por encima del gueto, a las familias que te marcaron. Otros pueden leer tu atrancado rostro en esos días pesados, en cada sol reluciente, en cada silencio. Las hojas se aferran a los árboles en primavera. Aq...

Sharon Olds (1942 )

El gazal del moretón Ahora en mi cadera un óvalo negro-y-azul se ha vuelto azulvioleta como tinta en la cáscara de un gran corte, doloroso como mordida de amor, demasiado grande como para venir de una boca humana. Me gusta, mi adorno en la piel – marco de oro, color de la envidia adentro un camafeo, con tintes violeta sobre él, el picaporte que mordió deja un púrpura oscuro con movimientos como las temerosas patas de un ciempiés. Cuento los días que pasaron, y los que faltan para que se vayan los colores podridos y después de a poco desaparezcan. Algunas personas piensan que ya debiera haber superado a mi ex – quizá incluso yo misma pensé que lo superaría un poco más para estos días. Quizá superé a medias a quien él era, pero no a quien yo pensaba que era, y no superé la herida, repentino golpe mortal que parece venir de ningún sitio, pero que vino del núcleo de nuestra vida compartida. Dormí ahora, Sharon, dormí. Incluso mientras hablamos, el trabajo se está hac...

Josefa Parra (1965 )

Más razones para la escritura Que inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado, qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas señalando inequívoco las ausencias futuras: la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo. Perfecto en su belleza de un instante. Inasible. No hay modo de retenerlo así. Ni las palabras podrían suspender esa condena de la fugacidad: escribe y calla. Que un verso lo sostenga en el vacío, que milagrosamente se eternice cuanto vas a perder. No es suficiente que hayas amado mucho y hasta el fondo. Antes de que la luz se apague, escribe. Escribe, escribe, simplemente escribe. ("rua das pretas")

Uriel Martínez (1950 )

La enmascarada Me dijeron permanece en casa y no te muevas antes de que llegue por ti Calixto el mancebo. Si te gana el sueño duerme, apaga el móvil nosotros te avisamos pronto. No asomes al balcón no abras la puerta vienen los predicadores a calentarte. Abre un libro, toca con yemas ardientes el piano, las cuerdas de guitarras. No mires a nadie a los labios a los ojos no prestes oídos no regales anillos un día vendrá enmascarada. [Inédito]

Moya Cannon (1956 )

Olvidar los tulipanes Hoy, en la terraza, señala con su bastón y pregunta: «¿Cómo llamas a esas flores?». De vacaciones, en Dublín, en los años sesenta compró los cinco bulbos originales por una libra. Los plantó y los fertilizó durante treinta y cinco años. Los hizo crecer, los dividió, los almacenó en el galpón sobre alambres tejidos listos para plantar en hilera, corolas rojo y amarillo intenso: tesoro transportado en galeones desde Turquía a Amsterdam, tres siglos antes. Ahora en abril se balancean con un viento de Donegal, encima de las delgadas hojas de los adormecidos crisantemos. Un hombre que cavó surcos derechos y que recogió negras plantas [de grosellas, que enseñó a hileras de niños las partes de la oración, tiempos y declinaciones debajo de un mapamundi de tela cuarteada; al que le encantaba enseñar la historia de Marco Polo y de sus tíos que, desalineados, volvían a casa al cabo de diez años de viaje, tajeando entonces el forro de sus abrigos pa...

Santiago Espinosa (1985 )

Soliloquio de un raspachín Con estas manos planto semillas de viento. Espero su floración de limbos pardos antiguos como el suelo. Las hojas son los rostros de los niños sin descanso creciendo en la selva, estrellas o corales olvidados que silban entre los árboles. Desayuno. Pienso en el padre de los lunes frente a un pocillo roto, repaso cicatrices. Limpio las hojas secas sobre una tablilla, en calma, como el que lava un aluvión de oro en lo profundo de su casa. En la semilla está el sol negro de los puertos, respirando a la distancia. El viento llega a los bolsillos de la noche. Recorre plazas que no conozco, avenidas desiertas. Tiendas donde se paga una promesa en la oficina de recaudos. Descansa en la furia de las llaves, traza dos líneas de fuego en la repisa del bar. Construye palacios y destierra casas viejas, casas de rejas blancas junto al espejo del lago. Mi oficio es el oficio de mi padre. Cuido la sal,...

Graciela Perosio (1950 )

a las 15,30 de un domingo en la esquina de Gurruchaga y Honduras un muchacho toca la flauta traversa suavísima música se abre paso entre paseantes y turistas tras la cabeza del ejecutante, el cielo azul venimos de comer en el restaurante de los sufíes El Señor bendiga a los verdaderos amantes rúcula con nueces, jenjibre y menta panes morenos con pasas arroz verde con brotes de arveja queso de cabra y castañas café con chocolate y canela El pan sobre la mesa no vive pero dentro del cuerpo se vuelve espíritu de la alegría Su trasmutación tiene lugar dentro de un alma nacida en el paraíso el sonido de la flauta se desliza por mis brazos, asciende la brisa se engolfa en los paraísos floridos y desde su espuma grisácea nos alcanzan oleadas de perfume la vida, a veces, ofrece instantes perfectos para que nos inunde   la añoranza ("marcelo leites")

Theodore Roethke (1908/1963 )

El vals de mi papá El olor a whiskey en tu aliento podía marear hasta a un niño; pero yo estaba aferrado a ti como la muerte: porque bailar ese vals no era fácil. Nos movíamos hasta que las sartenes cayeron desde el estante de la cocina; mientras el rostro de mi madre no podía dejar de fruncir el ceño. La mano que tomaba mi muñeca tenía los nudillos magullados; y a cada paso del baile que perdías mi oído derecho arañaba la hebilla de tu cinturón. Marcabas el compás sobre mi cabeza con la palma de la mano endurecida por la suciedad, entonces me llevaste a la cama bailando vals mientras yo aún colgaba de tu camisa. ("otra iglesia es imposible", trad. diana dunkelberger y marcelo rioseco)

Charles Simic (1938 )

Una silla Que no puede evitar crujir de noche como si una araña descendiera por un hilo para colgar sobre ella haciendo que la silla se estremezca asustada ("si le ha fallado la suerte", ed. cal y arena, méxico, 2015, trad. rafael vargas)

Tulia Guisado (1979 )

Infierno Los hombres buenos dilucidan, elucubran, toman decisiones. Me abren las vías en la muñeca, en la yugular, las arterias, la boca, la vagina, la nariz, la uretra. Me abren las piernas, me abren los brazos, me abren el pecho, me abren los ojos, el cuello, la tráquea, los pulmones, la piel. Y no me matan. ("emma gunst")

Uriel Martínez (1950 )

Las huellas en tu maleta cabe el mapa del pueblo que abandonaste días antes; lo que ya no cabe es la ciudad olvidada a donde llegas, los parques habitados, los muertos que los recorrieron, reconocieron e identificaron. en la valija que arrastras llevas anotado el croquis de tu casa, el cesto de ropa sucia, la balsa en que duermes, el retrete donde te abstraes del mundo; pero aquellos que te desvelaron ya no vienen, ni van, ni regresan; simplemente se eclipsaron. si extraviaras la maleta, la valija, el mapa, el carnet de identidad, las huellas dactilares de zapatos, calcetines, ropa de algodón, la frecuencia cardiaca, tus proyectos, la luz que reposa al fondo de ti, los pasos por andar; no sé, no sé, no sé. [Inédito]

Sharon Olds (1942 )

A último momento De repente, a último momento antes de que me llevara al aeropuerto, se levantó, tropezando con la mesa, y dio un paso hacia mí, y como un personaje de una de las primeras películas de ciencia cción se inclinó hacia adelante y hacia abajo, y desplegó un brazo, golpeándome el pecho, y trató de abrazarme de alguna forma, yo me levanté y nos tropezamos, y después nos quedamos parados, alrededor de nuestro núcleo, su áspero llanto de temor, en el centro, en el nal, de nuestra vida. Rápidamente, después, lo peor había pasado, pude consolarlo, sosteniendo su corazón en su sitio, desde atrás, y acariciándolo por delante, su propia vida continuaba, y lo que lo había unido, alrededor del corazón – unido a él conmigo– ahora descansaba en nosotros, a nuestro alrededor, agua de mar, óxido, luz, fragmentos, los pequeños espirales eternos de eros aplanados a la fuerza. ("salto del ciervo", pdf, trad. patricio foglia y natalia leiderman)

César Cañedo (1988 )

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Rostro cuir Hay pájaros que nacen con el pico en la cola, con el nido en los huevos, con el vuelo en reversa. Yo nací, además, con el rostro torcido y la cicatriz abierta. Éste es mi cuerpo que será derramado por vosotros. En pedacitos Chuequito Jotito con retazos de burlas de despedidas de fracasos. Pegándome versos donde me falta pelo, mordiéndome el rabo donde me falta escroto, pelándome el chile donde me sobra rabia. La misericordia me llegó del culo y me encendió las noches en que mi cuerpo incompleto mi legado incompleto mi rostro incompleto mi amor incompleto mi nombre incompleto se encarnaban de la diferencia. Las miradas repulsivas los silencios de familia la penitencia, acaso por no nacer como debía nacer, lo llevo a cuestas, a cogidas, a carcajadas incrustadas en la espalda. Pesan lo que han pesado las íntimas sagradas perversiones que vomitan familia y no se borran. Rechazado antes de cualquier réplica exiliado de la si...

Adélia Prado (1935 )

Pistas No puede ser una ilusión fantástica lo que nos hace domingo tras domingo visitar a los parientes, insistir que así es mejor, que un buen empleo es medio camino andado. No puede ser verdad que tanto afán excave en la insolvencia. Hay vuelos maravillosos de ave, aviones tan bellos reposando en los campos y lo que es piadoso en el muerto: no su sexo marchito, sino sus manos empeñadas sobre el pecho. ("huellas en la ciénaga", versión josé francisco navarro)

Rodolfo Hinostroza (1945/2016 )

Con una camioneta llena de chicos soñolientos... Con una camioneta llena de chicos soñolientos Regresamos a Lima la tarde del Domingo Cuando la luz declina y en retrovisor Se desdibujan pueblos polvorientos Encallados como paquebotes en el desierto humeante Y de pronto avistamos el mar enrojecido Mis hijos se despiertan balbucientes, nos tocan sus manitas temblorosas Y la felicidad, salvajemente, nos roza con sus alas Dó están ahora, amigo mío, Los crepúsculos metafísicamente atormentados de París Dó mi psicoanalista Que hurgaba con un palito mis llagas purulentas Hasta hacerlas sangrar rojos fantasmas Dó las mujeres espléndidas y locas Que apasionadamente disputaban Mis despojos de poeta perdido entre dos siglos Desamparado y cínico Se han hundido en la bruma de los días Las ocasiones desaprovechadas Los viajes minuciosamente desolados Los poemas que no fueron escritos Las reconciliaciones perdidas para siempre Las ambiciones que no fueron colmadas Los hij...

Giorgio Bassani (1916/2000)

Llego mi madre no está bien... Llego mi madre no está bien telefoneo al primo médico rápido presto a declararse en pijama agarro el auto voy y helo allá debajo justo que llego ya me espera en corbata delante del umbral de su rosada rozagante vetusta casa de campo ¿Qué diablos decirse después de casi treinta años en los que no nos hemos visto? Nada comprometido ni demasiado íntimo naturalmente y así durante el breve tránsito de casa a casa no nos decimos casi nada. Me percato sin embargo mirándolo de reojo cómo en un cuarto de siglo se las ha ingeniado increíblemente para parecerse a mi padre médico también -pero a ratos perdidos- de cabecera Tiene los mismos -me digo- frágiles pómulos los mismos finos cansados un poco violáceos labios neuróticos los mismos cartílagos amarillentos emplea la misma idéntica paciente sumisa ironía hebrea. Insiste entretanto en guiarme de callejuela en callejuela en la sombra con la dulzura un poquito burlona del citadino que...

Irma Verolín (1953 )

Sábado Apuro el primer bocado de la mañana, el mundo es inaudito para alguien como yo que se extasía frente al círculo oscuro de la taza de café. Por suerte hoy sábado el mundo comienza a adormecerse y tengo el día entero para mí: una mercancía cara que se consume rápido, pura extensión hacia delante parecida a la llanura donde tenderé mis sábanas y lustraré mis zapatos. Estoy respirando y es casi un milagro percibir este aire que entra y sale de la casa de mis huesos. Mañana cuando el mundo esté  completamente adormecido bailaré bailaré hasta cansarme. ("caína bella")

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

Cuerpo enamorado Miro mi sexo con ternura Toco la punta de mi cuerpo enamorado Y no soy yo que veo sino el otro El mismo mono milenario Que se refleja en el remanso y ríe Amo el espejo en que contemplo Mi espesa barba y mi tristeza Mis pantalones grises y la lluvia Miro mi sexo con ternura Mi glande puro y mis testículos Repletos de amargura Y no soy yo que sufre sino el otro El mismo mono milenario Que se refleja en el espejo y llora ("círculo de poesía")

Laura Forchetti (1964 )

pd: hace ciento treinta millones de años que las plantas -estacionarias- despliegan una brillante sexualidad para anunciar su deseo colibríes abejas mariposas escarabajos polillas pequeños mamíferos el exquisito cortejo que vuelva al aire impregnado de polen y azúcar como minuciosas cartas       de amantes del otro lado sabe la flor         hace ciento treinta         millones de años que la esperan. ("la biblioteca de marcelo leites")

David Leavitt (1961 )

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                                                                    La visitación ...Celia no acaba de creer que esté sentada, colinas que pertenecen a los fondos de cuadros del siglo XV: secas pero flexibles, con el verdor roto aquí y allá por la roca, y que justamente están empezando a quemarse bajo el sol del final de la primavera. Jesucristo podría estar arrodillado en esas colinas tras recibir el bautismo, la cintura envuelta en una tela empapada; o la virgen, en una casa de piedra abierta, podría estar inclinada sobre su rueca, esperando la visitación del ángel. ("un lugar en el que nunca he estado", anagrama, 1994, tr. juan gabril lópez guix)

Charles Simic (1938 )

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Tienda de ropa usada Un amplio surtido de vidas pasadas que uno puede revolver hasta encontrar la que mejor le ajuste, limpia y recién planchada, si bien un poco luída del cuello. Un maniquí vestido de etiqueta está a tus órdenes en la puerta. Sus ojos no dejarán de seguirte. Su bigote parece pintado con la colilla de un cigarro. Torres de pantalones se inclinan cuando das media vuelta para huir, sombreros de difuntos ruedan por el suelo, apurándose a escoltarte hasta la puerta. ("si le ha fallado la suerte", ed. cal y arena, méx., 2015, trad. rafael vargas)

Miguel Florián (1953 )

Es la hora más dulce Es la hora más dulce, cuando declina el sol. Y el horizonte arde hasta alcanzar el ala desnuda de los pájaros. (Las aves que conocen la frontera imprecisa de los cuerpos, el fulgor añil de las raíces... su confusa avaricia). Escucho gemir a los almendros, el temblor de sus ramas crecer hasta mis labios... Y su flor blanquecina, despojada, como un sexo vencido que cae hasta el crepúsculo. ("portal de poesía")

Charles Simic (1938 )

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El invisible X El invisible mira la nieve a través de una oscura ventana desde una hilera de oscuras ventanas de escuela asegurándose de que los copos caigan en el orden adecuado en que estaban destinados a caer sobre el patio gris y hace guardar silencio en el momento en que lo hacen. El cuervo asiente con la cabeza mientras él pasa debe haber sido un profesor de filosofía en una vida anterior pese a que las circunstancias han cambiado aún sobre el pico de vez en cuando como para dirigirse a los estudiantes que lo veneran y al no ver nada más que nieve mira con perplejidad una de las oscuras ventanas. ("si le ha fallado la suerte", ed. cal y arena, méx., 2015, trad. rafael vargas)

Toshiko Hirata (1955 )

Tesoro La palabra más hermosa del mundo es Concertgebouw Hace cuatro años en Ámsterdam mientras me paseaba en el tranvía de la tarde vi un edificio enorme frente a mí Te pregunté: ¿Qué es esto? Concertgebouw —Respondiste. Concertgebouw En ese entonces no sabía qué era eso pero tu voz que lo susurró fue tan linda que a partir de ese momento esa palabra se volvió     mi tesoro No había escuchado a alguien decirla antes ni después y fue la única vez que susurraste esa palabra que escuché sólo una vez Yo fui la única que oyó en aquel momento esa blanda voz tuya Escrito aquí de esta manera Mi tesoro de pronto pierde su brillo se convierte en algo menos que el cadáver de una cigarra Para desechar una cosa importante confesé mi secreto Para olvidarme de esa palabra y también de ti Adiós mi Concertgebouw Jamás volveré a enamorarme de ti Las cosas importantes hay que tirarlas una y mil veces Hasta el rocío dulce de la separación pierde sabor al ser escrito aquí Ni si...

Uriel Martínez (1950 )

Ya me preguntó el especialista si me he caído hace poco "una vez, una mañana" quiso saber si me levanté por mí mismo, "al verme en el suelo me pregunté si lo haría" luego de incorporarme me interrogué "quién me vio ahí, en tierra" me cuestionó si he usado bastón, báculo o algún apoyo artificial extra "no, hasta este día ninguno" le respondí con el aplomo de haberte enviado a la mierda. [Inédito]

Adélia Prado (1935 )

Poema extraño Me duele la cabeza a los treinta y nueve años. No es hábito. Me duele rarísimamente. Nadie tiene la culpa. Mi padre, mi madre, descansaron sus fardos, no existe más el modo de que tengan sus ojos sobre mí. Madre, oh madre, oh padre, mi padre. ¿Dónde se escondieron? Están dentro de mí. No les hice mausoleo, puse a los dos en el suelo. Una mata de no-me-olvides morado, que abunda en los cementerios. creció allá porque quiso. Quien la plantó fue el viento, el agua de la lluvia. Quien la va a matar es el sol. Pasó el día de muertos; no fui, tampoco fui en el aniversario. ¿Para qué, si cualquier lugar me sirve para llorar? No voy de tanto recordarlos. Ooooh, padre. Ooooh madre. Dentro de mí responden tenaces y duros porque el celo del espíritu es sin mimos: Heeey, hija. ("huellas en la ciénaga", versión francisco navarro)

Golgona (1979 )

Antes montaba grandes escándalos marchaba, abría con una revolución la primera página del Expresso. Estaba, seguramente, habituada a grandes poemas: Os Lusíadas, la Divina Comedia. Pero el destino decidió por nosotros. Tiró a Barthes bajo las ruedas de una furgoneta de lavandería; contaminó a Foucault con el VIH; encerró a Althusser en un manicomio. Está claro que Dios no es estructuralista. Podría escribirte un haiku para simplificar la cosa. Recuerdo a San Agustín, por ejemplo, el verano de 384, a una mujer en un cuarto con un libro leyendo sin conseguir articular palabra alguna. ("el cultural", tr. martín lópez-vega)

Cristian de Napoli (1972 )

Cuatro días en la ciudad 1 [Aguas] Recuerda el Chaco Horacio Quiroga y escribe: “Fracasé por culpa del rocío”. “En la aldea”, dice Mansilla, “cuando había tormenta no quedaba nada en pie”. Pero esta es la ciudad. Y la ciudad es el lugar donde las aguas no arrastran casas ni echan a perder plantaciones. ¿Se puede fracasar por culpa de una gotera? ¿Se inunda la calle y se lleva el hormigón? Acá la lluvia es tan linda que hubo que inventar las actividades que se suspenden por lluvia. ¿Puede irse todo a pique porque un día ibas a salir con alguien y el tiempo lo arruinó? ("salida al mar")

Horacio Fiebelkorn (1958 )

Love me tender Lo que hasta este momento fue una flor comienza a ser una cereza. Lo que hasta ahora fue la palabra cereza, cae de la página y se convierte en un fruto que rueda y se detiene en los labios de los amantes. En secreto lo muerden. En silencio arrasan los relojes hasta la próxima estación. ("marcelo leites")

Antonio Ferres (1924 )

El instante                 a lana En este instante está deshaciéndose la nieve en el tejado de este año está tan tibio el sol en este instante que vienen conmigo hombres como recién resucitados y mujeres con sudarios blancos. En este instante canta un gorrión en el tejado y está deshaciéndose la nieve mientras la tierra brilla como fuego en este instante mientras hay caminos con hombres iguales que nosotros y ciudades donde aún no he nacido. ("otra iglesia es imposible")

Toni García Arias (1969 )

Infancia De mi infancia, sin embargo, no albergo memoria alguna, de tal modo que jamás fui niño. La vida tiene, al fin, este modo perverso de vengarse de nosotros. Para reponer el hueco de ese órgano sin vida construí un niño semejante a mí, con mis ojos y mis miedos, un niño de papel teñido de recuerdos que otros me han contado. Tuvo una infancia feliz –aseguran-, así que le dibujé una cicatriz a modo de sonrisa, lo invadí de amigos que no perduraron, lo rellené de sentimientos que no recuerda. A veces me levanto con las manos salpicadas de años y de ausencias y de derrotas, agarro entonces mi muñeco infantil como si fuera un madero en mitad del abismo. Intento sobrevivir, nadar con rencor hacia una playa y, al llegar, dibujo sobre mi rostro una sonrisa resignada, una larga y oscura cicatriz que viene a salvarme de lejos, una larga y oscura cicatriz del tiempo que el tiempo no borra. (muro fb de francisco álvarez velasco)

Pablo Anadón (1963 )

Los muertos Un día no estarán y tendré tu cabeza entre mis manos apretada en el pecho como un niño de horas, puro desvalimiento envuelto en un abrazo. Entonces, el sollozo será definitivo, agua que baja al fondo de unas palmas en cuenco y allí se queda para siempre, espejo de todo el que ha nacido: solo, sólo uno mismo, planta acuática, las raíces colgando a la deriva... En la corriente negra, brillantes de dolor nos amaremos como sólo se aman los hijos de los muertos. ("de sibilas y pitias")

Adélia Prado (1935 )

Antes del nombre  No me importa la palabra, la palabra común.  lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis  los sitios oscuros donde nacen: de, sino,  el, sin embargo, que, esta incomprensible  muleta que me apoya. Quien entiende al lenguaje, entiende a Dios, cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende. La palabra es disfraz de una cosa más grave, sorda-muda, fue inventada para ser callada. En momentos de gracia, infrecuentísimos, se le podrá atrapar: un pez vivo con la mano. Puro susto y terror ("huellas en la ciénaga",versión josé francisco navarro)

Efraín Barquero (1931 )

Detrás de junio Sueño tiene la tierra nuevamente arada. Y los bueyes parecen caminar dormidos. Y el labrador seguirlos con los ojos cerrados. Y yo quisiera dormirme en este aroma áspero y en est bandada de garzas desatadas, dormirme junto a la boca entreabierta y junto a los ojos de niebla despertados. Y soñar con la edad azul del río y con las yemas rosadas del silencio, cruzar el primer trigal recién nacido y alzar el primer fruto de la tierra como un pájaro de greda humedecida. Me envuelve el vapor como un abuelo blanco. Entre los surcos parece despertar la luz crecer el cielo como una fronda espesa levantarse el aire con un escalosfrío y cantar el primer pájaro del mundo con una voz insegura de barro poco firme. Pero a medida que lo eterno nace de los surcos nuevamente abiertos nosotros nos dormimos. Nos da sueño este amor oscuro de tierras y aguas sin descanso despertadas. Nos da sueño el olor de las raíces. Y el buey parece avanzar sin dirección y el...

Leonardo Martínez (1937/2016 )

Encantamiento Anochece Alguien canta con voz apagada En el cañaveral cercano las ranas plañen y sobre el árbol oscuro del traspatio un pájaro lastimero pía Las sombras se agolpan a esta hora Alguien canta a media voz Nosotros sabemos que en la casa el padre muerto enciende la lámpara mientras los perros lamen las puertas cerradas del invierno La luz convoca a los hermanos Uno trae el corazón equivocado otro los huesos divididos otro una mirada húmeda de bosque El padre después de rezar comparte la comida En la ventana del salón resplandeciente un gallo anuncia el alba Amanece Alguien empieza un canto distinto (en muro marina kohon)

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

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Venía del mercado excitada y dispuesta Maritza Qué nombre tan horrible como su cara  Pero tenía un culo que sacaba la cara por ella Y unas tetas como papayas blanditas que no había necesidad de tocar Venía del mercado excitada y dispuesta Me llevaba a un rincón y me acariciaba lo más rápido posible  Y lo mamaba de maravilla  Fantástico como diría José Barguil Yo la quería más que a nadie El chiquito lo tenía caliente y querendón  Y sabía moverlo como una licuadora Después del asunto me temblaban las piernas y al cuerpo le entraba un sudor frío y unas ganas de irse para donde mi mamá. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Idea Vilariño (1920/2009 )

Eso Mi cansancio mi angustia mi alegría mi pavor mi humildad mis noches todas mi nostalgia del año mil novecientos treinta mi sentido común mi rebeldía. Mi desdén mi crueldad y mi congoja mi abandono mi llanto mi agonía mi herencia irrenunciable y dolorosa mi sufrimiento en fin mi pobre vida. ("cómo cantaba mayo" blogspot)

Luis García Montero (1958 )

Esa luna... Esa luna color de viejo saxofón me retendrá en París. Esa luna color de vieja mariposa, de alma vieja buscando sobre el viento ojos para mirar el fin de siglo, gatos que son las dudas de la noche. Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria esa inquietud que guardan los que acaban de amarse, la imperceptible prisa de los labios que buscaron un cuello donde apoyar su aliento. Y déjame mirarte, frente a frente, con estos mismos ojos orientales que utiliza el amor para observamos. ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

Claves Sí, en la vida he perdido muchos password: el que me lleva al sueño, el que me abre tu cuerpo; he olvidado la clave a tu risa, a tu miedo, a las plantas de tus pies y al envés de mis párpados; he perdido la llave de tus ríos y corrientes subterráneas, al principio homicida de tu cama, al hervor de tus arterias, a tus silencios y cristales, al rencor de tus uñas, a la velocidad de tus ansias, al pupitre de lejanías, a la creación del mundo, a la señal de la cruz, al agua sagrada de tus noches sin mí y conmigo. [Inédito]

Jorge García Sabal (1948/1996 )

Soledades Es confuso lo que uno podría ser para otro cuando uno no conoce aquello que oscuramente quiere, pero sabe que lo perderá; como algo que no está sino en uno, que hace daño, pero como uno se hace daño a sí mismo; que humilla y da miedo. Un miedo que parece una pregunta de inicio y despedida; mejor: un permanente adiós. Es confuso; después uno vive la vida lleno de miedo ante su piel, un miedo de murciélago solo encerrado en una casa de luces, un miedo como una mancha oscura, otro. Y pasa el tiempo y de a poco uno va cambiando palabras intrascendentes o palabras de búsqueda cada día, y de a poco quita los espejos, descuelga los cuadros, vende los muebles de la casa. Con las puertas arrancadas, las ventanas abiertas, agachado en un rincón lleno de frío, uno termina preguntando a uno ¿qué vio? ¿qué? ("otra iglesia es imposible")

Idea Vilariño (1920/2009 )

O fueron nueve Tal vez tuvimos sólo siete noches no sé no las conté cómo hubiera podido. Tal vez no más que seis o fueron nueve. No sé pero valieron como el más largo amor. Tal vez de cuatro o cinco noches como esas pero precisamente como esas tal vez pueda vivirse como de un largo amor toda una vida. ("rua das pretas" y "emma gunst")

Sylvia Plath (1932/1963 )

A la luz de una vela Es invierno, es de noche, mi pequeño amor: Una suerte de crin negra, Una tosca y taciturna materia agreste, Acerada con el fulgor Que las estrellas verdes provocan en nuestra verja. Te cojo en brazos. Es muy tarde. Las campanas tediosas bardean su hora. El poder de una vela nos hace flotar en el espejo. Es aquí. en este fluido, donde tú y yo nos conocemos, En este halo radiante que parece respirar Y deja que nuestras sombras se apaguen Tan sólo para avivarlas Y agrandarlas de nuevo: gigantes inmpetuosos en la pared. Prendo un fósforo y, de repente, vuelves a ser real. Al principio la vela se niega a mantenerse: Recorta su llama hasta reducirla a casi nada, a una penosa decepción azul. Contengo el aliento hasta que estallas a la vida, Mi pequeño y furioso Erizo ovillado. El cuchillo amarillo Crece a lo alto. Tú te aferras a tus barrotes. Mi canción te hace gritar. Te acuno como una barca, yendo de un lado a otro Sobre la alfombra india, ...