LA VIDA SIN CABLENET
Como un acto simbólico, el pasado 31 de diciembre cancelaste el servicio de televisión por cable (Megacable) para, de esta manera, iniciar el año nuevo sin tanta programación de basura y sin demasiada información oficial, que de todos modos se te cuela por la chimenea, los visillos de la cerradura, la radio y en la calle todo el año y toda la vida. Claro, el enemigo ya lo sacaste de casa, crees de una forma ingenua.
Antes de tomar nota de la cancelación, la empleada te solicitó anotar en una hoja membretada los motivos de tamaña decisión; y anotaste: me purga el menú con demasiados predicadores en pantalla; me repatea que a las dos de la mañana encienda la caja y sólo aparezcan puntitos blancos y negros en la ventana; me pudren los canales con comerciales las 24 horas del día; me ofende la cancelación -sin previo aviso- de estaciones dedicadas al arte y la cultura y la multiplicación de aquellos dedicados al fútbol, béisbol, box, lucha libre, telenovelas, videorrolas y los malditos payasos desgraciados y desangelados del canal 9.
¿Algo más que desee agregar? Me conmociona llegar cada mes a hacer fila detrás de dos clientes que llegaron primero que su servidor y perder, irremediablemente, mínimo 45 minutos; que me incrementen la mensualidad sin previo aviso; que acuda a pagar al banco y que me cancelen el servicio cuando pagué oportunamente y todavía quieran conbrarme recargos; que la señal de internet siempre esté "baja", "muy baja" o "sin señal", sea fin de semana, puente o la madre; que se vaya la imagen si sopla viento, si vuela una paloma o si estornudo cerca de los cables.
Luego la empleada te manda a casa bajo promesa de que el servicio será cancelado.P ero no ocurre así. Frenético llamas a la procu del consumidor y te dicen que tienes que llevar a Megacable una solicitud escrita con copia para que la firmen y puedas externar tu queja con un comprobante. Y así lo haces. De nuevo la empleada te dice que te cancelarán si pagas el servicio de los días transcurridos y otra comisión por atender tu solicitud de cancelación. En ese momento le extiendes ambas cantidades y te dan un papelito de suspensión unilateral del servicio. Llegas a casa y estrellas la maldita caja contra la pared, aunque la empresa jamás regresa a tu domicilio a retirar el cablerío que estorba en donde lo veas; y aunque estés fuera de casa, recordar los pinches cables, negros y crema, te da purgación.
Hace cinco días desapareció de la faz de su rancho, en Querétaro, el Jefe Diego Fernández de Cevallos, que todos soñábamos que llegara a los Pinos antes que E. Zedillo Ponce de León. Pero no fue así, otro enigma más de nuestra bendita política. Los hacedores del Evangelio televisivo, o sea Televisa, determinaron en reunión interna de consejo "suspender toda información hasta que haya un desenlace", se supone que oficial, aunque los cadáveres entran en descomposición si no se resguardan a determinada temperatura en alguna gaveta, refri o hielera.
Y aunque desde fines del año anterior cancelé el servicio de tele de paga o restringida, tengo la alternativa de sintonizar por TvAzteca la magra información sobre el hombre de puro y barba a que nos tienen acostumbrados los blanquiazules; o consulto en internet los diarios extranjeros que se escriben en mi idioma o cualquier otra lengua romance de raíces semejantes a mi lengua. Por último, me queda la alternativa de la radio o consultar el blog de alguna medium, cartomanciana o cabalista semejante a aquella mujer que contrataron para localizar los huesos de Manuel Muñoz Rocha, la famosa Paca.
Antes de tomar nota de la cancelación, la empleada te solicitó anotar en una hoja membretada los motivos de tamaña decisión; y anotaste: me purga el menú con demasiados predicadores en pantalla; me repatea que a las dos de la mañana encienda la caja y sólo aparezcan puntitos blancos y negros en la ventana; me pudren los canales con comerciales las 24 horas del día; me ofende la cancelación -sin previo aviso- de estaciones dedicadas al arte y la cultura y la multiplicación de aquellos dedicados al fútbol, béisbol, box, lucha libre, telenovelas, videorrolas y los malditos payasos desgraciados y desangelados del canal 9.
¿Algo más que desee agregar? Me conmociona llegar cada mes a hacer fila detrás de dos clientes que llegaron primero que su servidor y perder, irremediablemente, mínimo 45 minutos; que me incrementen la mensualidad sin previo aviso; que acuda a pagar al banco y que me cancelen el servicio cuando pagué oportunamente y todavía quieran conbrarme recargos; que la señal de internet siempre esté "baja", "muy baja" o "sin señal", sea fin de semana, puente o la madre; que se vaya la imagen si sopla viento, si vuela una paloma o si estornudo cerca de los cables.
Luego la empleada te manda a casa bajo promesa de que el servicio será cancelado.P ero no ocurre así. Frenético llamas a la procu del consumidor y te dicen que tienes que llevar a Megacable una solicitud escrita con copia para que la firmen y puedas externar tu queja con un comprobante. Y así lo haces. De nuevo la empleada te dice que te cancelarán si pagas el servicio de los días transcurridos y otra comisión por atender tu solicitud de cancelación. En ese momento le extiendes ambas cantidades y te dan un papelito de suspensión unilateral del servicio. Llegas a casa y estrellas la maldita caja contra la pared, aunque la empresa jamás regresa a tu domicilio a retirar el cablerío que estorba en donde lo veas; y aunque estés fuera de casa, recordar los pinches cables, negros y crema, te da purgación.
Hace cinco días desapareció de la faz de su rancho, en Querétaro, el Jefe Diego Fernández de Cevallos, que todos soñábamos que llegara a los Pinos antes que E. Zedillo Ponce de León. Pero no fue así, otro enigma más de nuestra bendita política. Los hacedores del Evangelio televisivo, o sea Televisa, determinaron en reunión interna de consejo "suspender toda información hasta que haya un desenlace", se supone que oficial, aunque los cadáveres entran en descomposición si no se resguardan a determinada temperatura en alguna gaveta, refri o hielera.
Y aunque desde fines del año anterior cancelé el servicio de tele de paga o restringida, tengo la alternativa de sintonizar por TvAzteca la magra información sobre el hombre de puro y barba a que nos tienen acostumbrados los blanquiazules; o consulto en internet los diarios extranjeros que se escriben en mi idioma o cualquier otra lengua romance de raíces semejantes a mi lengua. Por último, me queda la alternativa de la radio o consultar el blog de alguna medium, cartomanciana o cabalista semejante a aquella mujer que contrataron para localizar los huesos de Manuel Muñoz Rocha, la famosa Paca.
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