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Uriel Martínez (1950 )

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                                                  foto de alejandro ortega neri Luis Ayer cumpliste 32 años de fallecido, te secabas el pelo recién lavado con pistola, hasta que tu casa cerró como acordeón sin fuelle; temías dormir solo siempre tenías una enfermera cerca, como el aliento, como los dedos de la mano: supongo que en el fondo temías morir pronto, la mañana de un 19 de septiembre y ahora yaces solo; ni modo luis, porque te llamaste luis como hay miles, agradece que me acuerdo de ti que lloro demasiado pronto., demasiado tarde. (Inédito)

José A. Ramírez Lozano (1950 )

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                                                                  foto: trianarts Ropa tendida Tú renunciaste al patio, esa galera comunal que vigilan los gatos en su oscura complicidad de cómitres divinos. Lo tuyo era subir de noche a por la ropa a la azotea y jugar a perderte conmigo entre las sábanas. Virgen tú entre tus prendas, desnuda me burlabas, esquiva te reías de la torpeza de mis manos. Hasta que te rendías, pipa de melón ya tu boca, sobre el blanco montón de la colada. La espuma deja siempre tras de sí el rastro leve de la huida y ampara también las formas puras que sostuvo un instante en su ola. ¡Oh luna de algodón, jabón de mar con el que lavo aún mis pecados más viejos, la memoria que sigo tendiendo en tu azotea. ("trianarts")

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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                                                                                                                         foto: cervantes.es Los sonetos de la muerte I Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de morirme en ella los hombres no supieron, y que hemos de soñar sobre la misma almohada. Te acostaré en la tierra soleada con una dulcedumbre de madre para el hijo dormido, y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna al recibir tu cuerpo de niño dolorido. Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, y en la azulada y leve polvareda de luna, los despojos livianos irán quedando presos. Me alejaré cant...

Charles Baudelaire(1821/1867 )

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Las ventanas Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive. Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo. De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad. Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros. Y tal vez me digan: «¿Cómo sabes que esa...

Irene Gruss (1950/2018 )

Pero el arte Pero el arte Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte sino malentendidos: no saber oír, trastabillarme; raro cansancio hacía que diera cosas por sentado: el abrazo; hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas, ya fuera por bueno, o malo, sin arte alguna, me equivocaba. Tarde descubrí que el errar, el perderse, podían ser lo mismo, un oficio extravagante. Pero el arte, ah el arte, no es oficio sino servir un simple puré de papas, ni muy caliente ni tibio.                                                                        a mirta rosenberg, a elizabeth bishop ("eternacadencia")

Ana Blandiana (1942 )

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Caza en el tiempo Siento que soy la presa pero no sé de quién, pues las alas y las garras que descienden sobre mí, y me encadenan a la sombra mucho antes de alcanzarme carecen de nombre. Sólo la frescura del aire dibuja la amenaza que se acerca con cruda y voluptuosa lentitud. Sé que no hay salvación, pero tampoco sé qué sería la salvación. Si intento huir, la sombra también cambia amoldándose a mi horizonte como las nubes, feroz y protectora en su cuidado de no perderme, presa de otro. En la espera, los sobresaltos se confunden, el pavor se mezcla plácidamente en el misterio, desentrañar su enigma será mi sino: tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta un tiempo igual al tiempo de la caza en el que, al menos, sé que soy la presa. ("zenda libros·, traducción de viorica patea y antonio colinas)

Javier Egea (1952/1999 )

Eran tiempos muy duros Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir. Por eso madrugué por los despachos, volví mañana, les expuse el caso y conseguí un empleo para ella: tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo- le entregaron la llave más preciada, pusieron a su cargo el alumbrado. Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba, y no la he vuelto a ver: aquella misma noche me cortaron la luz. ("ruadaspretas")

Javier Egea (1952/1999 )

A pesar del dolor No moriré en tus ojos que tantos ojos tiene mi canción como cuentas el collar de los trigos. Es otra muerte nueva la que ahora me cita: la de los brazos amplios y el corazón sencillo y claro, la de la frente en pleno campo de batalla en pleno campo de batalla sin más arnés que un manojo de versos libres para la vida y el amor. Por eso no moriré en tus ojos. Es otra muerte nueva la que ahora me cita cada día. ("ruadaspretas")

Jotamario Arbeláez (1940 )

MCCLXIV En 1964 había un hombre que se llamaba Jotamario y usaba sombrero de copa. Las gentes le decían: Señor Jotamario, ¿que hace usted con ese sombrero          de copa? Y él les decía: Señoras Gentes, ¿qué hacen ustedes con esa pregunta? Era 1964 y él no se había dado cuenta que los poetas que escribían para el futuro estaban pasados de moda. Era 1964 y él no se había dado cuenta que en los Estados Unidos los negros estaban matando a los blancos con           armas blancas. Era 1964 y él no se había dado cuenta que si alguien le abría sus puertas era para que se estrellara más fuerte. Pero había oído hablar de la bomba de californio en los bailes de pascua de las embajadas; pero había donado medio litro de sangre para la anemia de los hospitales del trópico; pero había leído en la revista Playboy que Malcom X sostenía  que Jesucristo era negro; pero había mirado hacia atrás por el espejo de su bicicleta...

Eduardo Carranza (1913/1985 )

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Tema de fuego ymar Sólo el fuego y el mar pueden mirarse sin fin. Ni aun el cielo con sus nubes. Sólo tu rostro, sólo el mar y el fuego. Las llamas, y las olas, y tus ojos. Serás de fuego y mar, ojos oscuros. De ola y llama serás, negros cabellos. Sabrás el desenlace de la hoguera. Y sabrás el secreto de la espuma. Coronada de azul como la ola. Aguda y sideral como la llama. Sólo tu rostro interminablemente. Como el  fuego y el mar. Como la muerte. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Jaime Gil de Biedma (1929/1990 )

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No volveré a ser joven. Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante. Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra. ("algundiaenalgunaparte")

Uriel Martínez (1950 )

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Te acuerdas te acuerdas de uriel, era bajito de tez morena, siempre se sentaba en primera fila, donde se sientan los inteligentes, los favoritos de la maestra, los aplicados; te ayudaré un poco: en la primaria era regordete, de cachetes colorados, cuando le crecía el pelo lo lucía quebrado,; más adelante llevó la greña larga; yo siempre lo noté afeminado, se juntaba en otra ciudad con otros tipos como él; estoy casi seguro que ellos sus amigos, lo iniciaron; uriel fue el tercero de una familia de cinco, aunque no l recuerdes murió la semana pasada. (Inédito)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

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Para mi 80º aniversario El año ochenta de mi vida está tan lejos como la hora en que nací. A la distancia se borran sus relojes, pero esta noche abro la casa a mis amigos, quiero que vengan todos para que a mi lado lo celebren. Sólo mis biógrafos pueden ser exactos con lupas tenebrosas. Y aunque su astucia mañana me corrija, doblo mi edad sobre su horóscopo y me anticipo al sol futuro. Es lo mejor: los dioses son avaros, no sé cuánto me quede. En esta noche de pronto me envejezco, tal vez sobre mis sienes no ha nevado, soy de un país sin nieve. La vida entre mis huesos rodó tanto que no pesa, la edad me hizo liviano, me fui poblando de vacío sin llegar a ser sabio, —son pocos años mis ochenta. Sólo las lupas de mis biógrafos restituirán las cifras de los días hasta fijar la cantidad de sombra en sus cuadrantes de ceniza. El año ochenta ya es un límite impreciso en que me veo y no me veo, se halla tan lejos de esta hora, es tan incierto, q...

Charles Simic (1938 )

Nada Quiero verle cara a cara Y luego intentaré desatar un infierno No, no tengo nada preparado Voy a confiar por entero en la inspiración Además en mis ancestros que Justo ahora comienzan a reír a carcajadas. Con toda probabilidad, voy a hacerle al tonto Me alejaré sonriendo estúpidamente Encenderé un cigarro con Manos temblorosas Preguntaré sobre el clima: Sobre aquella nube, que asemeja Un morral de medicinas Flotando tan quieto en el cielo sin viento. ("zendalibros", tard. laura di verso)

Adão Contreiras (1944 )

Me gano el pan Hoy, me gano el pan besando el culo de los versos con la lengua. No te sorprendas no lo veas como algo anormal. Grande es aquel que ya muerto, va tras el destino de su amada. (tomo del muro fb de daniel montoly, autor de la versión)

Magdalena Portillo (1991 )

Esta vez Esta vez El silencio habita en el mantel blanco arrugado en la cocina la mermelada de higo las frutas la taza de té verde que tomabas siempre a las siete de la tarde el mate, las charlas eternas en lo oscuro, las pecas en la nariz el saludo al subir al ómnibus vos alejándote esta vez para siempre. (en muro fb de alfredo fressia)

Dana Gelinas (1962 )

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Altos Hornos La poza de la becerra 1 En medio del desierto salobre bajo el peso del sol, hace millones de años fue atrapado un fragmento del mar, y formas e vida que no existen en Groenlandia ni en el Tíbet. La taxonomía tradicional se resquebrajó como los maderos de las arcas antiquísimas al ser libradas del musgo lodoso del lecho de los ríos. Nuestros cíclidos sobreviven las eras. ("mediodía blanco, antología personal", ed.sria. cultura de coahuila, méx., 2014)

Mercedes Luna Fuentes (1969 )

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La belleza de la madre Abres el clóset de tus hijas notas que han pasado años cuando encuentras que ellas mismas                 no tú han ordenado de los vestidos de niña en una bolsa una madre debería hacerlo así es tu descuido abres otras puertas y bajo un joyero está el cadáver de tus palabras              diminutas          pastillas          blancas               alineadas          perfectas                                        para rodar dentro de la palma de tu mano para rodar con la música que suena mientras todas en casa duermen sacas el cadáver de ti lo acomodas a un costado  de las bolsas de basura en plena calle ahí tu vergûenza ahí las dagas en fo...

Iván Oñate (1948 )

Cuando morí Para levantarme la tapa de los sesos no hizo falta una mágnum 44 o la Lugger que portaba Marlon Brando en El baile de los malditos Bastó mi dedo índice Mi dedo índice apuntando mi sien Fue un suicidio íntimo, discreto, Silencioso. ("revista altazor")

Antonia Pozzi (1912/1938 )

Límites Cuánto me acuerdo de mi cartera escolar, manoseada, gris, que toda yo estrechaba con mis libros en un único abrazo seguro. No conocía entonces este acezante trascender, este desbordamiento estéril, este perderse que todavía no es morir. Cuántas veces me apeno, pensando en mi cartera escolar. ("hoja negra", trad. de juan andrés gutiérrez)

Antonio Pereira (1924/2009 )

Sólo la voz Si tuviera una guitarra, siempre callada estaría. Me basta con las palabras. La música va escondida. Digo amor, y suena el mar haciéndome compañía. Dios grito, y no es una cuerda, es mi corazón que vibra. Canciones sin más ni más que escribo, nunca más vivas. Si tuviera una guitarra, para qué me serviría. ("poéticas")

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Planta Descienden las hojas abrasadas en el aceite pelirrojo del otoño, cubren el suelo de monstruos raquíticos y tensos que los pies desmenuzan como a una especia nada más para el oído. Desvían, distraen; a veces engañan. No dejan pensar. Callamos. Da largo el paso para pisar aquélla. Andén 5 Y un sañudo alacrán trenzado de vainilla beberá junto a mí en la fresca ráfaga que anuncie el tren cercano y nos despeine pronto. ("material de lectura", unam )

Manuel del Cabral (1907/1999 )

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El mueble Por escupir secretos en tu vientre, por el notario que juntó nuestros besos con un lápiz, por los paisajes que quedaron presos en nuestra almohada a trinos desplumados, por la pantera aun que hay en un dedo, por tu lengua que de pronto desprecia superficies, por las vueltas al mundo sin orillas en tu ola con náufragos: tu vientre; y por el lujo que se dan tus senos de que los limpie un perro que te lame, un ángel que te ladra si te vistes, cuatro patas que piensan cuando celan; todo esto me cuesta solamente tu cuerpo, un volumen insólito de sueldos regateados, un ponerme a coser silencios rotos, un ponerme por dentro detectives, cuidarme en las esquinas de tu origen, remendar mi heroísmo de fonógrafo antiguo, todo el año lavando mis bolsillos ingenuos, atrasando el reloj de mi sonrisa, haciendo blando el día cuando llega visita, poniéndole gramática a tus ruidos, poniendo en orden el manicomio cuerdo de tu sexo; déjame ahora que le junte mi...

Bruce Chatwin (1940/1989 )

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1. La tortuga se refugia en su caparazón. El puerco espín eriza sus púas. La polilla se oculta camuflándose contra la corteza de un árbol, y el conejo corre al interior de una madriguera muy pequeña, donde el zorro no puede seguirlo. Pero el hombre estaba indefenso en una llanura sin árboles. La reacción del robustus  consistió en desarrollar más músculo. Nosotros utilizamos el cerebro. 2. El matorral espinoso fue el territorio donde se expandió el cerebro del primer hombre: la Corona de Espinas no fue una corona causal. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

Karmelo C. Iribarren (1959 )

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Momentos ¿Qué haces? Nada. Sólo miro llover sobre la plaza. Y se sentó a su lado. Y se sumó, en silencio, a aquella celebración de la nostalgia, a aquella exuberancia de la melancolía. La vida tiene que ser otra cosa Esto no puede ser la vida, este montón de días tristes, grises, que sumados forman semanas, luego meses, después años, no puede ser la vida. La vida tiene que ser, por fuerza, otra cosa, estar en otra parte, más allá de esa lluvia que no deja de caer ahí fuera, que no deja de caer aquí dentro… Y así una tarde y otra y otra, frente a un café sobre la mesa que a veces hasta se te enfría, cavilas y elucubras y sigues cavilando… Como si a la vida le importase. ("sureando")

Uriel Martínez (1950 )

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La escalera la escalera tiene dos sentidos, como la rayuela, cielo y tierra, abajo y arriba, frío y calor; como la escalera mi cuerpo tiene peldaños, tiene fortalezas, tiene trabes, tiene clavos y refuerzos; la rayuela como el cuerpo y la escalera, tiene vértigo, tiene mareos, tiene un aquí y un ahora; la escalera, la rayuela, mi cuerpo además de peldaños, tienen puertas, tienen bisagras, tienen cerrojos; una entrada y una salida. (Inédito)

Bruce Chatwin (1940/1989 )

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Lo que aún no había  visto era la cabeza de la serpiente, lista para atacar, erguida detrás de un arbusto. Embragué mis piernas en la marcha atrás y retrocedí, muy lentamente, uno... dos... uno... doss. La serpiente también se replegó, y se deslizó dentro de un agujero. Me dije:"Estás muy sereno"... hasta que sentí las convulsiones de la náusea. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

Natalia Ginzburg (1916/1991 )

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Domingo Ha habido en mi vida interminables domingos desolados y vacíos, en los que deseaba ardientemente escribir algo para consolarme de la soledad y del aburrimiento, para ser acariciada y acunada por frases y palabras ("sureando", s/c al traductor)

Vladimír Holan (1905/1980 )

Ese instante ¿Qué esperas todavía? Tal vez ese momento que es pecado y absolución. Ese momento en que hay que ir a robar manzanas al huerto del párroco, y te ayuda en ello el sacristán. ("cómo cantaba mayo", trad. clara janés)

José Coronel Urtecho (1906/1994 )

Nihil Novum No busque nada nuevo, ¡oh mi canción!; nada hay oculto bajo el rascacielo, nada en la máquina que sube al cielo, ha cambiado desde Salomón. Es muy antiguo el hombre y su pasión, guarda en el nuevo día el viejo anhelo, bajo la nueva noche igual desvelo y el mismo palpitar del corazón. No te engañen los nuevos continentes, con sus plantas, sus bestias y sus gentes, ni sus canciones con sus nuevos acentos. Todo lo que dice algo ya está dicho: sólo nos queda el aire y su capricho de vagos sones que se lleva el viento. ("nueva antología depoesía hispanoamericana 1914-1970"), josé olivio jiménez, alianza edit., madrid, 1973.)

Aurora Luque (1962 )

Gel Preparo la toalla. Me descalzo. Esa esponja porosa y amarilla que compré en un mercado obsceno de turistas en la isla de Hydra qué dócil bajo el agua cotidiana tantos meses después, en el exilio. De pronto el gel recuerda -su claridad lechosa, su consistencia exacta- el esperma del mito, el cuerpo primitivo y trastornado de Urano, un susurro de olas mar adentro y una diosa que aparta los restos de otra espuma de sus hombros. Me punza una emoción tan anacrónica, un penoso latir, hondo y absurdo, por ese mar. Por ese sólo mar. Busco una dosis de mares sucedáneos. Cómo podría desintoxicarme. Dependo de por vida de una droga. De Grecia. ("cervantes virtual")

Oscar Hahn (1938 )

                        Nacimiento del fantasma Entré en la sala de baño cubierto con la sábana de arriba Dibujé tu nombre en el espejo brumoso por el vapor de la ducha Salí de la sala de baño y miré nuestra cama vacía Entonces sopló un viento terrible y se volaron las líneas de mis manos las manos de mi cuerpo y mi cuerpo entero aun tibio de ti Ahora soy la sábana ambulante el fantasma recién nacido que te busca de dormitorio en dormitorio ("revista altazor")

Uriel Martínez (1950 )

Tareas I. Se ase a su cuerpo como bebé a la ubre salvadora; se aferra a su torso como quien llega cansado al último archipiélago; se agarra de sus manos como sordomudo al abecedario desconocido; se toma del pretil lo mismo que hombre mosca a la cantera del derrumbe; en fin, callado, en susurros, ciego le dice "hazme el paro" [Inédito]

Xavier Villaurrutia (1903/1950 )

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Inventar la verdad Pongo el oído atento al pecho, como, en la orilla, el caracol al mar. Oigo mi corazón latir sangrando y siempre y nunca igual. Sé por qué late así, pero no puedo decir por qué será. Si empezara a decirlo con fantasmas de palabras y engaños al azar, llegaría, temblando de sorpresa, a inventar la verdad: ¡Cuando fingí quererte, no sabía que te quería ya! ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", j. olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Nadia López García (1992 )

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                                                             foto fb autora Tiricia La tía Otilia siempre tenía frío. Temblaba mucho, la tristeza le pesaba en los ojos. Recuerdo que le arrimaban café y telimón para que su estómago se calentara, pero el frío seguía bien abrazado a ella. Decía mi abuela que estaba tiricienta porque se le había puesto triste el corazón. Sí, tenía tiricia porque le dolía el alma. Tenía tiricia porque no le daba hambre y tampoco podía llorar. Dicen que la agarró cuando se enteró que mataron a su hijo, allá en el norte, por eso comenzaron a bañarla con flores blancas para luego aventarlas al río y así él se las llevara y con ellas la tristeza se fuera, también la llevaban a escuchar la banda del pueblo porque con la música…se cura la tiricia. Tiricia Bitzinchua zini chichi Tili...

W.S. Merwin (1927/2019 )

Árboles Estoy mirando los árboles tal vez sean una de las cosas que extrañaré más de la tierra aunque muchos de los que he visto ya no pueda recordarlos y aunque pocas veces abrace los que veo y aunque nunca he podido hablar con uno los escucho con ternura nunca alcanzados por sus nombres en ronda han cuidado mi sueño y cuando estaba prohibido subirse a ellos me han mecido en sus ramas ("pájaros lanzallamas', traducción de jorge esquinca y maría palomar)

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Yace aquí Tuvo y tendrá incondicionales                                                    y detractores feroces. Cometió errores,                            ganó indulgencias; conoció la gloria.                              Gran político, sin él sería otra la faz del tiempo; concuerdan aún las apreciaciones más inglesas. Ojalá, por lo menos, haya sido enterrado vivo. ("mansalva", sep, segunda serie lecturas mexicanas, no.85, 1987)

Joan Margarit (1938 )

Mujer de invierno Hoy que la soledad es la última forma del amor, esta triste ciudad ha hecho que pierda lo que había perdido, ya, de ti. ¿A qué has venido? ¿Quién eres, si eres sólo la imagen en el fondo del pozo de mí mismo? He quemado tu cuerpo en mi interior, todo ha llegado demasiado tarde. Ser viejo Entre las sombras de los gallos y los perros de patios y corrales de Sanaüja, se abre un agujero que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia cuando los niños van hacia la muerte. Ser viejo es una especie de posguerra. Sentados a la mesa en la cocina, limpiando las lentejas en los anocheceres de brasero, veo a los que me amaron. Tan pobres que al final de aquella guerra tuvieron que vender el miserable viñedo y aquel frío caserón. Ser viejo es que la guerra ha terminado. Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles. ("trianarts" y blog autor)

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Boquiabierto Un pobre intelectual se me quejaba de que la música lo despersonificacioncionalizaba. Yo pensaba con pasmo si sobreviviría a un simple orgasmo. ("mansalva", sep, dir. gral. publicaciones, col. lecturas mexicanas, 1987)

Carlos Pellicer (1897/1977 )

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Nocturno No tengo tiempo de mirar las cosas como yo lo deseo. Se me escurren sobre la mirada y todo lo que veo son esquinas profundas rotuladas con radio donde leo la ciudad para no perder tiempo. Esta obligada prisa que inexorablemente quiere entregarme el mundo con un dato pequeño. ¡Este mirar urgente y esta voz en sonrisa para un joven que sabe morir por cada sueño! No tengo tiempo de mirar las cosas, casi las adivino. Una sabiduría ingénita y celosa me da miradas previas y repentinos trinos. Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser. Y acelerando rachas -quilla o ala de oro-, repongo el dulce tiempo que nunca he de tener. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", j.olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Eugenio Florit (1903/1999 )

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Campo 7 Vi desde un pico de sierra -con mi soledad estaba- cómo el cielo se aprestaba a caer sobre la tierra. Nubes de color de guerra con fuegos en las entrañas hundían manos extrañas en las ceibas corpulentas y la brisa andaba a tientas rodando por las montañas. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973).

Nuno Júdice (1949 )

La noche de verano Una noche antigua de verano en que todas las estrellas brillaban en su lugar cierto, esa noche de calor oí las ranas en el agua de los arrozales. Las nubes de mosquitos cubrían el camino por donde te vi pasar, descalza, corriendo sobre la tierra hasta el patio de la casa cerrada donde sólo vivían los fantasmas, esperando que les abrieras la puerta para atravesar el campo de los ahorcados. Pero tú no los viste, y seguiste corriendo hasta la estación donde ya ningún tren se detiene, y fuiste hacia el rincón más oscuro del jardín, quitándote la blusa para liberar el pecho del calor de la noche y ofrecer a las estrellas las puntas de los senos. Sol invernal Sentado al sol, un día frío de invierno, el hombre espera a que las nubes lleguen. Con ellas vendrán las noticias del norte, el sonido de antiguos vapores al entrar en el muelle, el pregón de quienes venden los primeros periódicos del día, los gritos de las criadas en el patio ahuyentando l...

Amalia Bautista (1962 )

Ida y vuelta Cuando nos dirigimos al amor todos vamos ardiendo. Llevamos amapolas en los labios y una chispa de fuego en la mirada. Sentimos que la sangre nos golpea las sienes, las ingles, las muñecas. Damos y recibimos rosas rojas y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra. Cuando volvemos del amor, marchitos, rechazados, culpables o simplemente absurdos, regresamos muy pálidos, muy fríos. Con los ojos en blanco, más canas y la cifra de leucocitos por las nubes, somos un esqueleto y su derrota. ("poetasdelmundoactual")

Jorge Carrera Andrade (1902/1978 )

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Hombre planetario Hombre planetario (fragmento) V Eternidad, te busco en cada cosa: en la piedra quemada por los siglos, en el árbol que muere y que renace, en el río que corre sin volver atrás nunca. Eternidad, te busco en el espacio, en el cielo nocturno donde boga el luminoso enjambre, en el alba que vuelve todos los días a la misma hora. Eternidad, te busco en el minuto disfrazado de pájaro, pero que es gota de agua permanente que cae y se renueva sin agotarse nunca. Eternidad, tus signos me rodean, mas yo soy transitorio: un simple pasajero del planeta. ("antología de la poesía hispanoamericana-1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Uriel Martínez (1950 )

Bienaventurados Bienaventurados aquellos que a las 22 horas tienden la cama antes de acostarse a morir Bienaventurados aquellos que antes de dormirse lavan detenidamente sus placas. encías y paladares Bienaventurados aquellos que se encomiendan a sus homónimos, fantasmas y pesadillas antes de entregarse al frío Bienaventurados aquellos que pasan la noche sin internet, sin cerveza ni Cabernet en las venas Bienaventurados aquellos que tienen el coraje de apagar la última colilla en el cenicero Bienaventurados los que tienen el propósito de enmienda cada noche, cada día, cada mañana  De todos ellos será el reino. (Inédito)

José Gorostiza (1901/1973 )

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Pausas II No canta el grillo. Ritma la música de una estrella. Mide las pausas luminosas con su reloj de arena. Traza sus órbitas de oro en la desolación etérea. La buena gente piensa -sin embargo- que canta una cajita de música en la hierba. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Carlos Pellicer (1899/1977 )

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Soneto postrero II Nada hay aquí, la tumba està vacía. La muerte vive. Es. Toma el espejo y mírala en el fondo, en el reflejo con que en tus ojos claramente espía. Ella es misteriosa garantía de todo lo que nace. Nada es viejo ni joven para Ella. En su cortejo pasa un aire frugal de simetría. Cuéntale la ilusión de que tú ignoras dónde está, y en los años que incorporas junto a su paso escucharás el tuyo. Alza los ojos a los cielos, siente lo que hay de Dios en ti, cuál es lo suyo, y empezarás a ser, eternamente. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Eunice Odio (1919/1974 )

Aprisionada por la espuma II Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos, igual que van los ríos a los pájaros y ellos al espacio desatado y florido. Vengo de ti a la era donde todo es de todos: los que llegan, los que se han ido, los que aún no han venido, los que no volverán… Porque eso es tu cuerpo: un adentro, un afuera compartido por mí y por el viento, por el mar y los seres que lo guardan; por el color y las embestidas del otoño, y las andanzas del verano ¡que viste cosas silvestres y es custodio de las abejas y funde las hierbas en un crisol matutino, en una prolongación de azucenas. ("revistaaltazor")

Francisco Luis Bernárdez (1900/1978 )

Soneto del amor victorioso Ni el tiempo que al pasar me repetía que no tendría fin mi desventura será capaz con su sombra obscura de resistir la luz de mi alegría, ni el espacio que un día y otro día convertía distancia en amargura que apartará de la persona pura que se confunde con mi poesía. Porque para el Amor que se prolonga por encima de cada sepultura no existe tiempo donde el sol se ponga. Porque para el Amor omnipotente, que todo lo transforma y lo transfigura, no existe espacio que no esté presente. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1970)

León de Greiff (1895/1976 )

Balada del tiempo perdido I El tiempo he perdido y he perdido el viaje... Ni sé adónde he ido... Mas sí vi un paisaje sólo en ocres: desteñido... Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas de turbio pelaje, de negras plumas. Y luces mediocres. Y luces mediocres. Vi también erectos pinos: señalaban un dombo confuso, ominoso, abstruso, y un horizonte gris de lindes circunspectos. Vi aves graves, aves graves de lóbregas plumas —antipáticas al hombre—, silencios escuché, mudos, sin nombre, que ambulaban ebrios por entre las brumas... Lodo, barro, nieblas; brumas, nieblas, brumas. No sé adónde he ido, y he perdido el viaje y el tiempo he perdido... ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Luis Palés Matos (1898/1959 )

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Elegía del Duque de la Mermelada ¡Oh mi fino, mi melado Duque de la Mermelada! ¿Dónde están tus caimanes en el lejano aduar del Pongo, y la sombra azul y redonda de tus baobabs africanos, y tus quince mujeres olorosas a selva y a fango? Ya no comerás el suculento asado de niño, ni el mono familiar, a la siesta, te matará los piojos, ni tu olor dulce rastreará el paso de la jirafa afeminada a través del silencio plano y caliente de las sabanas. Se acabaron tus noches con su suelta cabellera de fogatas y su gotear soñoliento y perenne de tamboriles, en cuyo fondo te ibas hundiendo como en un lodo tibio hasta llegar a las márgenes últimas de tu gran bisabuelo. Ahora, en el molde vistoso de tu casaca francesa, pasas azucarado de saludos como un cortesano cualquiera, a despecho de tus pies que desde sus botas ducales te gritan: -Babilongo, súbete por las cornisas del palacio- Qué gentil va mi Duque con la Madama de Cafolé, todo afelpado y pulcro en la onda azu...

Ricardo E. Molinari (1898/1996 )

Elegías III Estoy encerrado en mi país y tengo hastío, horror desesperado; nada me solaza, entretiene, sólo el campo es alto, inmenso, victorioso y leve como la sombra de las nubes sobre las tejas rojas de mi casa. Crece la muerte y ando distante de mí, soñado, junto a unos árboles que el viento ligeramente frío de abril hace vacilar, y  en las interminables brumas de la conciencia, las horrendas desveladas; en la pobre lumbre que busca su expurgación por el ardido espacio vacío, que recoge y desmorona y teje el inútil polvo brillante en otro, tal vez sereno o subido. El otoño arrolla estas hojas movedizas, y miro la lejana tarde, el sol en su ahogado y fuerte fuego profundo, en el àvido y deshecho horizonte, limpio y entrañable. Canta un pájaro y acucia a la noche, amado y monótono, en la rama más grande y baja del día. Y aprieta el otoño. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Ricardo E. Molinari (1898/1996 )

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Poema de la niña velazqueña Ah, si el pueblo fuera tan pequeño que todas sus calles pasaran por mi puerta. Yo deseo tener una ventana que sea el centro del mundo, y una pena como la de la flor de la magnolia que si la tocan se oscurece. Porqué no tendrá el pueblo una cintura amurallada hasta el día de su muerte, o un río turbulento que lo rodee para guardar a la niña velazqueña. Ah, sus pasos son como los de la paloma, remansados; para la amistad yo siempre la pinto sin pareja; en una de sus manos lleva un globo de agua, en el que se ve lo frágil del destino y lo continuado del vivir. Su voz es tan suave, que en su atmósfera convalece la pena desgraciada, y como en las coplas: de su cabellera nace la noche y de sus manos el alba. En qué piedad o dulzura se irán aclimatando las cosas que ella mira o le son familiares, como el incienso, la goma de limón y la tardanza con que siempre la miro. Porqué no tendrá el pueblo allá en su fondo, un...

Raúl Garduño (1945/1980 )

Persuasión Lavaré, lavaré, abriré los soles de cada puerta, habitaré la tarde de cada fallecimiento, seré la mirada recién nacida en el escondrijo de cada duelo. Lavaré, deshojaré en los aires las alcobas vencidas, pondré el otoño donde el olvido aguarde, seré la tumba donde el amor repose. De los pasillos retiraré las sombras, el agua herida en las formas de cada piedra. Seré la mano en piedra que indique un puerto donde mi mano había. Allí el recuerdo. Allí las cartas donde la luz lleva las palmas que degolló el silencio. Allí el espacio de otro mundo, de la otra orilla como memoria en fiebre y el atroz azoro de las estancias. (Veamos sobre las hojas anhelantes, junto a la piedra que nos halla, cómo la noche a solas, citadina y torva, lanza a mansalva las estaciones). ("los danzantes espacios estatuarios", edición gobierno estado de chiapas, méxico, 1982)

Mariano Brull (1891/1956 )

Epitafio a la rosa Rompo una rosa y no te encuentro. Al viento, así, columnas deshojadas, palacio  de la rosa en ruinas. Ahora -rosa imposible- empiezas: por agujas de aire entretejida al mar de la delicia intacta, donde todas las rosas -antes que rosa- belleza son sin cárcel de belleza. ("antología de la poesía hipsanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Tom Maver (1985 )

Cruces de palo Hay cruces de palo en el camino a Tiu Chacra. Ayúdeme, abuela, a avanzar entre las oraciones que elevan los muertos desde el cementerio al borde de la ruta. Si uno soltara su memoria en campo abierto, ella se quedaría paralizada, los ojos fijos en la negrura. Sáqueme el miedo, abuela, hábleme de las leyendas del viento, las transformaciones de los hombres en mujeres, en animales, del doble espíritu de cada uno, del ángel de la guarda que fortifica abandonando, de la ceniza que pasaba sobre la herida del cerdo recién capado y noche que pasaba cuidándolo. Yo vengo al pueblo donde nació por caminos secundarios, acerco mi oído a su lengua mestiza, a sus historias sobre las horas de trabajo, la resistencia de la gente de campo que ha hecho de sus días un entrenamiento del cuerpo para la ascensión de la cosecha. Hábleme, usted que habló tan poco en vida. ("sonámbula")

Rosabetty Muñoz (1969

(El río de la noche) El río de la noche es otro atravesado y solo en la ciudad que duerme. Le gusta que le lleve naranjas y poemas que no le tema y le tema arrullándome con alemanes hermosos que miraban el cielo para construir su casa y hombres tristes que se perdieron tierra adentro. “La vida les debe lo innombrable” y me abre los brazos oscuros. “Podrías dormirte dulcemente”. Me habla como a una amapola que tiembla en el viento. Pero amanece y no es el mismo. El río de la noche no me reconoce entre todas las muchachas que cruzan el puente. ("revistaaltazor")

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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Dios lo quiere III Dios no quiere que tú tengas sol si conmigo no marchas; Dios no quiere que tú bebas si yo no tiemblo en tu agua; no consiente que tú duermas sino en mi trenza ahuecada. V Si te vas y mueres lejos, tendrás la mano ahuecada diez años bajo la tierra para recibir mis lágrimas, sintiendo cómo te tiemblan las carnes atribuladas, ¡hasta que te espolvoreen mis huesos sobre la cara! ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Macedonio Fernández (1874/1952 )

Creía yo No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere. Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", Alianza editorial, Madrid, 1971, josé olivio jiménez)

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Tarde en el lago Trasimeno Aquí, donde tú y yo tomamos sol y nos bañamos, hubo hace siglos una batalla muy sangrienta. Aquí, donde los bañistas se reponen de su jornada de trabajo y los niños corretean desnudos sin que a nadie le importe, pelearon y murieron cientos de soldados por una causa que en verdad ignoro. Hay una heladería muy buena que se llama “Aníbal”, presumo entonces que un lado fue cartaginés y el otro romano. Pero Aníbal era cartaginés (y por lo tanto el enemigo), ¿por qué el recuerdo de una heladería? Nobleza italiana, supongo. Frente a la costa hay dos islotes. En uno de ellos (la guía no nos dice cuál) san Francisco ayunó, rezó y conversó con el Señor y los demonios. Aquí, donde hace siglos lucharon y murieron cientos de soldados, Francisco renunció a su sayal y nadó estilo mariposa hasta el islote donde el Señor lo esperaba. Aquí, donde tú y yo tomamos sol y nos bañamos, hay un montón de historias. Y una heladería muy buena que se llama “An...

Gabriel Ferrater (1922/1972 )

Ocio Ella duerme. Es la hora en que los hombres ya despertaron, y una escasa luz entra todavía a herirlos. Con muy poco nos basta. Solamente el sentimiento de dos cosas: la tierra gira y las mujeres duermen. Reconciliados, nos apresuramos hacia el fin del mundo. No nos es preciso hacer nada para ayudarle. ("antigua vamurta", versión de josé agustín goytisolo)

Raymond Carver (1938/1988 )

Anatema Toda la familia sufrió. Mi esposa, yo, los dos chicos y la perra a la que los cachorros le habían nacido muertos. Nuestros affaires, si así se podían llamar, se marchitaban. A mi mujer la dejó el amante, el profesor de música manco, que era su único contacto con el mundo exterior y con las cosas del espíritu. Mi novia también dijo que no podía seguir así, y volvió con el marido. Nos cortaron el agua. Todo ese verano la casa fue un horno. Los durazneros quedaron chamuscados. Las flores de nuestro jardincito, pisoteadas. Los frenos del coche se rompieron, y fallaba la batería. Los vecinos dejaron de hablarnos y nos cerraban la puerta en la cara. Los comercios nos devolvían los cheques —después, directamente, el correo dejó de llegar. Nadie más que el comisario pasaba de vez en cuando —con uno de nuestros dos hijos en el asiento de atrás, suplicando que lo llevaran a cualquier otra parte. Y más tarde los ratones entraron en tropel a la casa. Seguidos p...

Salvador Novo (1904/1974 )

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Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío... Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo, de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas, sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia. Si todos estos años que me falta como una planta trepadora que se coge del viento he sentido que llega o que regresa en cada contacto y ávidamente rasgo todos los días un mensaje que nada contiene sino una fecha y su nombre se agranda y vibra cada vez más profundamente porque su voz no era más que para mi oído, porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos y mi alma es como un gran templo deshabitado. Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo, suave de mi tersura, grande por  mis deseos, máscara estatua que he erigido en tu memoria. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Elder Silva (1955/2019 )

Tareas dominicales Atender a los evangelistas. Sintonizar una radio donde pasen canciones de Joao Do Vale. Juntar los vasos y las copas. Limpiar los vasos y las copas. Atender a los evangelistas y hablarles de Trosky y de Lenin para que no vuelvan. Tomar mate solo. Esperar a que despiertes para llamarte mientras miro a la reina de la primavera en jogging. Seguir con la mirada a los mormones. Ver cómo cambia el bosque en las mañanas. Ver cómo el sol se lleva las mejores flores y prepara un día sofocante. Comprar cebollas y pimientos rojos. Almorzar sin los niños y esperar a que empiece a rodar la pelota en la cancha de Rampla Juniors. Súper Machado Voy al market y me salteo la zona de cosméticos y de cremas para el pelo. Paso de largo por la fila de jabones, evito la pelea de los detergentes y me voy donde están la escarolas y radichas. No sé para qué entro a los supermercados si lo único que compro es el vino y algunas hortalizas que me alivian...

Luis Bacigalupo (1958 )

Estorbo Mis padres se fueron como se van los padres de este mundo dejando sus huellas en quienes a penas nos quedamos un tiempo más. El día es un estorbo al que las horas se ajustan como un tornillo. Qué demencia rezuma esa flor que liba la abeja luego, al ocaso, el colibrí. Pero mis padres no están hoy para decirme: “hijo siempre todo es más claro a la luz del sol.” Porque en la noche oscura brilla la ignorancia y su nobleza en la curva del gatillo de un arma impune. He visto el amanecer bajo la tierra y las pesadillas nunca fueron tales. He visto una realidad de horror consumado en el rostro de una flor y sin embargo, no están se han ido lejos, tan lejos de aquí dejando en mi carne el estigma del gusano. Por un momento pienso que la felicidad se ensaña consigo misma y la tristeza posee las ondulaciones de la llama arde igual que ella pero de modo sofocado. Estas adherencias suceden, curiosamente en los bosques donde mis padres todavía no han dado...

Uriel Martínez (1950 )

Otra pasta En casa todos usamos la misma pasta dental blanca, la de la risa, ya cariada, ya chimuela, ya colgante. Desde niños acostumbramos las gàrgaras ya de astringosol, ya de kolinos, ya de manzanilla hervida y colada y reposada. Si de pronto nos asalta un dolor a medianoche, en la alacena guardamos clavos de cocina, una dosis de canela en rama o las pinzas con que se extraen la maldita muela del juicio. Así navegamos los días meses y años sobre aguas quietas, desprovistos de propósitos ajenos a malestares que enturbien de repente. (Inédito)

Sara Uribe (1978 )

Te conozco de cuando eras árbol                                    para cristina rivera garza por su y con su cresta de ilión ¿Cómo es posible que alguien como yo haya dejado entrar en su casa  a una mujer desconocida en una noche de tormenta? ¿Cómo es posible que alguien como yo no haya podido no haya querido desviar la vista del hueso de la cadera ése que asomaba bajo el borde desbastillado de la camiseta y sobre la pretina de la falda floreada? Es posible que yo la deseara. Es posible que yo también la deseara. Convalecer es un verbo que me produce escalofrío. Dije: pensaba en ti y agucé el oído . Convalecer es un verbo que atestigua lo que escapa. Mencioné algo sobre abolir la transparencia. Una cierta desmesura. Mencioné algo sobre pelícanos. Su vuelo. La ingravidez. Es posible que yo estuviera por desaparecer o desapareciendo. Como un país que se parece más a sus n...

Dolores Etchecopar (1956 )

Redención una mesa el ruido de un tren al irse una ciudad una mano no sabe cómo se entra pero abre tus lágrimas y vuelve con tu rostro a la tierra ("blogpoemas")

Alfredo Fressia (1948 )

Fracaso Llegó tarde el poema, la piedra lanzada al azar del tablero, y pujaba al nacer en la violencia de un volcán, el del basalto en bruto, hecho oscuro adoquín, era rosado el de granito, adoquines de mi infancia que no evocan nada y el poema emanaba sin respuestas, cubría el adoquinado, entre el futuro y la calle Marsella, rocío en las mañanas sobre la piedra que giraba entre el blanco y el negro, sibila de mi barrio, piedra rota que ya no lee nada en la lava endurecida del poema. ("revistaaltazor")

Pablo Guerrero (1946 )

Dulce muchacha triste La recuerdo muy bien y no porque en sus labios se trajera cerezas de los Valles del Jerte sino porque, ya ves, tenía en sus zapatos polvo de todos los caminos. La recuerdo muy bien tan solo su mirada era el lugar del mundo donde no había un Vietnam. Viajaba en su mochila una andadura larga y un libro de poemas, mira tú. Dulce muchacha triste recorría caminos en busca de una risa en donde descansar. Tenía en su mente una ciudad con columpios de agua y mercados de arena en las esquinas… Hace tiempo, —le dije—, que cortaron al hombre una antigua costumbre de volar que tenía. Sólo seremos nuestros el día que consigamos ver nacer a los niños con alas. Dibujó un barco azul sobre un mar amarillo y me lo regaló oculto en una concha. Después se fue. No he podido encontrarla en ningún sitio del aire y de la tierra. No sé bien qué fue de ella. Un amigo me dijo que murió cuando supo que no es un rock la vida. Otros me aseguraron que envejeció de...

Margaret Randall (1936 )

Sospecha y parábolas vacías Viajamos a alguna parte pero no tenemos mapa. Las líneas de mi palma relucen como corriente eléctrica almohadillas de carne que hablan un idioma desconocido. Quedamos dos, y después estoy sola, pero enseguida hay miles que me acompañan hasta que cada cual desaparece detrás de una promesa hecha antes de que hubiera nacido. Llevar así el pasado es un gran lastre, cargado de sospecha y parábolas vacías. Los que no pueden seguir se queman como estrellas que agonizan. Todavía podemos ver su luz pero sabemos que es el reflejo de algo antiguo y frío, precioso en el recuerdo pero ahora inútil. Siempre llevé un diario de viaje, creía que les iba a servir a los que quedaran después de haberme ido. En mis sueños veo disolverse esas páginas en el fuego que consume una ciudad entera. Ya no me puedo agazapar más detrás del Otro. La hambruna y el fuego nos barrieron de ese espejo donde una vez sentí la seguridad hipócrita de la ex...