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José Juan Tablada (1871/1945 )

Títeres Rosete Aranda Cuando llegó a Otumba una compañía de títeres muchos niños que no habían visto más que las pastorelas de navidad, se iniciaron en la ilusión teatral. Yo entre ellos. Aquella compañía debe  haber sido la clásica, la de Rosete Aranda... Mis hermanas y yo fuimos con los criados a una función vespertina. ¡Inefable programa! El Negrito y el Caimán; Juan Panadero y el Toro; Fiesta de Indios en Ixtacalco, ¡y una corrida de toros y una pelea de gallos...!      De regreso a casa se produjo algo curioso:      -¿De qué tamaño eran los títeres? -preguntó alguien, quizá mi madre...      -¡Del tamaño de las gentes! -contesté yo entusiasmado. ( La feria de la vida, Conaculta, Tercera serie Lecturas Mexicanas, no.22, México, 1991.)

Odysseas Elytis, poeta

Picasso Con su ejemplo, Picasso me sacó de todos esos complejos. Casi tenía a un griego de la época clásica a mi lado. Medio desnudo, vigoroso,  bronceado por el sol, vivía, a pesar de sus millones, en una pequeña y humilde casita en Villauris, de ésas que recuerdan las de nuestras islas. Andaba en calzones, pintaba, iba a Golfe-Juan a bañarse en el mar, comía a carretadas y se ponía a cuatro patas para hacerle caballito a Paloma, su hija entonces, pequeña. (fuente: Crónica de una década, coedición: Ediciones sin Nombre-Conaculta, México, 2008, traductor: Francisco Torres Córdova.)

Günter Grass (1927)

Erecciones sin gobierno A medias apretándome con intención y a medias empujado, me situaba entre chicas jóvenes o me veía metido entre mujeres adultas. Y, cuando no estaba encajado entre ellas, mis pantalones rozaban sin embargo ropa femenina. Con cada parada, cada arrancada del tranvía, se acercaban tela y tela, alzadas para agarrarse tela y tela, carne y carne bajo la tela.    Todavía amortiguaban abrigos de inviernos y chaquetas guateadas, pero con la primavera se frotaron tejidos más finos. Rodilla contra rodilla. Antebrazos desnudos, las manos, alzadas para agarrarse, se acercaban demasiado.    No es de extrañar que mi pene, de todas maneras independiente y además fácilmente excitable, se volviera semirrígido o rígido durante el trayecto de media hora hasta el lugar de trabajo. Escasamente aliviado por el cambio de tranvía, hacía que mis pantalones resultaran estrechos. Ni siquiera mediante una intensa fuga de pensamientos provocada se lo podía adormecer. Sa...

Günter Grass (1927)

Poemas escritos en la Olivetti De momento la Olivetti seguía escupiendo poema tras poema. Yo había encontrado mi tono, o quizá un tono vagabundo, como sin dueño, me había encontrado a mí. Los poemas estaban reunidos en una carpeta, de la que un día Anna y -de visita- mi hermana eligieron media docena y los enviaron a Süddeutsche Rundfunk, porque esa emisora, como podía leerse en el periódico, había convocado un concurso de poesía. Las dos me convencieron para que lo intentara. Entre los elegidos estaba el poema, a mi juicio demasiado cargado de metáforas, "Lirios del sueño".      Y rápidamente, no el bellísimo  himno al fumador "Credo", ni el lírico inventario "Armario abierto", ni tampoco "Peras y judías", sino las cloróticas flores, los lirios criados en mi sueño en sí sano, fueron las galardonadas con el tercer premio y recompensadas, como recuerdo con económica exactitud, con trescientos cincuenta marcos. Además, me pagaron mi primer vuelo...