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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Miguel Ángel Petrecca (1979 )

La indiferencia Ya sabés: lo que no se rinde nunca a un largo cortejo cede de golpe a un comentario o un gesto distraídos. Es hora entonces de que, sin proponértelo, te dediques a recrear las condiciones de absoluta indiferencia en las que estuviste sumergido un día en que sucedió todo eso: y no estabas, precisamente, frente al espejo, como esta mañana, luego de un desayuno ordinario (sin naranjas!), de una ducha caliente y un vistazo a los mensajes que en la bandeja de entrada dejó la noche igual que el mar en una playa. Absoluta indiferencia, sí, parado debajo de un tilo encendido al mediodía, vibrando. Y pasó el afilador por la cuadra en ese momento. Sonó la armónica del afilador con su piedra dulce girando sobre el manubrio de una bicicleta inglesa. ("el poeta ocasional.blogspot")

Pablo García Casado (1972 )

Ford como un oso que despierta del letargo nuestro ford va derritiendo la nieve del parabrisas pongo las maletas en el asiento trasero repaso el mapa de carreteras ahora llegas tú medio dormida sin pintar sin arreglar rota por la noche pasada una noche de preguntas de miedo de ropa que entra y sale de los armarios una noche de nevera desconectada pero hoy es distinto y te sientas a mi lado como antes cuando viajábamos sin prisa a través de bosques y maizales en esas noches de faros encendidos en busca del océano el ford asciende lento por la colina quiero viajar al sur al sur de todos los proyectos ("rua das petras.blogspot")

Li Po (701/762 )

Canción Siempre me decías: "Envejeceremos juntos. Mis cabellos y los tuyos se iluminarán de nieve y de luna» Pero hoy amas a otra, y hoy vengo a ti, vengo dolorida a darte mi ultimo adiós. Llena por última vez nuestras tazas con el zumo que brinda el olvido y canta la canción que habla de aquella ave muerta bajo la nieve. Me iré luego a embarcar en las turbias aguas del Yu-Keú, allí donde ellas se dividen y, siguiendo rumbo contrario, unas van hacia el este y otras hacia el oeste» ¿Por qué lloran, al oírme, jóvenes amadas? Acaso den con el hombre del corazón fiel que, sinceramente, les diga» "Envejeceremos juntos..." ("marcelo leites.blogspot", trad. álvaro yunque)

Roberto Juarroz (1925/1955 )

Así como no podemos Así como no podemos sostener mucho tiempo una mirada, tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría, la espiral del amor, la gratuidad del pensamiento, la tierra en suspensión del cántico. No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo las proporciones del silencio cuando algo lo visita. Y menos todavía cuando nada lo visita. El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre, ni tampoco a lo que no es el hombre. Y sin embargo puede soportar el peso inexorable de lo que no existe. ("cómo cantaba mayo en la noche.blogspot")

Carilda Oliver Labra (1924 )

Discurso de Eva Hoy te saludo brutalmente: con un golpe de tos o una patada. ¿Dónde te metes, a dónde huyes con tu caja loca de corazones, con el reguero de pólvora que tienes? ¿Dónde vives: en la fosa en que caen todos los sueños o en esa telaraña donde cuelgan los huérfanos de padre? Te extraño ¿sabes? como a mí misma o a los milagros que no pasan. Te extraño, ¿sabes? Quisiera persuadirte no sé de qué alegría, de qué cosa imprudente. ¿Cuándo vas a venir? Tengo una prisa por jugar a nada, por decirte: "mi vida" y que los truenos nos humillen y las naranjas palidezcan en tu mano. Tengo unas ganas de mirarte al fondo y hallar velos y humo, que, al fin, perece en llama. De verdad que te quiero, pero inocentemente, como la bruja clara donde pienso. De verdad que no te quiero, pero inocentemente, como el ángel embaucado que soy. Te quiero, no te quiero. Sortearemos estas palabras y una que triunfe será la mentirosa. Amor... (¿Qué digo? e...

Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013 )

Fuego de pobres 26 Vengo a mirar aquí la madrugada; a las fauces de humo, donde el fuego se tuerce; al horno que se abre, no edificio para el trigo, sí puerta al resplandor del sacramento inicial que me desnuda el rostro. ¿Quién, pues, el adversario; el que dialoga conmigo? ¿A quién la tierra pertenece? Mi mujer una sólo; una sólo mi nieta, una mi hermana; una, mi casa en donde vivo; en mi contra y siempre de mi parte. Y aunque no se me diera el regocijo de sábanas ilustres, ni la mesa de un existir tranquilamente, ni el atributo cálido de hablarle de la lluvia exterior, disimulada por cerrojos y puertas. Almohada, creciente de latidos en la oreja sin sueño, lo que oía; reloj de ciego, desangrándose gota por gota; vértigo, aleteo tenaz de mariposa traspasada, de mariposa negra contra el muro. Y mi alma y mi lengua. Mal agüero la noche, mala el agua en los huesos metida, su ponzoña como niebla en los huesos. Espero la salida en donde miro; en dond...

Claudia Magliano (1957 )

El aljibe escupe... El aljibe escupe el agua esa que hemos de beber dijiste no otra de río o estanque porque la noche trae muertos a la superficie y en la mañana parece que ya no quedará nada sin embargo hay restos de piernas y brazos flotando allá más lejos cerca del molino y no los vemos la vida comienza justo en la puerta de tu casa en el galpón donde se alinea la lana del rabo de las ovejas que cortaste a fuego chilla y aúlla el ganado res cabeza molida a golpes o de un solo tiro pac seca es la muerte de los animales es seca y muda muda muda no dicen nada los animales no cuando los matan se dejan ser presa sabrosa ah hoy también comeremos tierna carne de oveja y mañana la alfombra de cuero acariciará mi piel delante de la estufa y haremos leños con el monte y haremos el milagro de la noche sin muertos flotando en el río porque no los vemos la vida comienza en la puerta de tu casa comienza sí así dulce es la tarde cayendo sobre los campos. ("el poeta ocas...

Ana Blandiana (1942 )

Sin saber Evidentemente no me parezco a ninguno de esos hilanderos de palabras que se hacen los trajes y las carreras de ganchillo, las glorias, los orgullos, aunque me muevo entre ellos y ellos miran mis palabras como si fueran jerseis, "-¡Qué bien vestida vas!", me dicen. "-¡Qué bien te queda el poema!", sin saber que los poemas no son mis vestidos, sino el esqueleto extraído con dolor y colocado encima de la carne como un caparazón, siguiendo el ejemplo de las tortugas que así sobreviven largos e infelices siglos. ("emma gunst", trad. de r. pisot y j.v. piqueras)

Uriel Martínez (1950 )

Tareas Te vi en la fila del banco, sección Jubilados y Pensionados, donde me apartaría espacio. De lejos te vi en Catedral, esperabas la bendición ingenuamente. Te vi en la subasta de strippers, habías reservado habitación por 3 días y 2 noches en Acapulco. Te encontré en lista de espera de Cubana de Aviación, para ese 26 de julio. En el pizarrón de Jardines del Olvido encontré tu nombre y el horario de misas.

Samuel Vásquez (1949 )

 Viejo, uno regala tiempo todo el tiempo. Uno sale a encontrarse con nadie a desmentir el espejo que otro habita a farfullar una canción borroneada a luchar contra el ángel del olvido a andar sobre esta sombra que conduce a                                                          nada La boca, una herida en mitad del rostro Los oídos, potes donde otro arroja sus babas Las piernas, dos grilletes cosidos hacia atrás El corazón, leño que no recibe fuego Los ojos, dos ratones que van por los rincones Es preciso regresar antes de que la propia sombra se hunda en la                                                               noche ahora que toda orilla ha naufragado cuando...

Raquel Lanseros (1973 )

A las órdenes del viento Para todos los que sienten que no están al mando Me habría gustado ser hija de Ícaro. Hubiera sido hermoso festejar las bodas de Calixto y Melibea. Me habría gustado ser un hitita ante la reina Nefertari  el joven Werther en Río de Janeiro la deslumbrante dama sevillana por la que Don José rechazó a Carmen. Yo quisiera haber sido el huerto del poeta con su verde árbol y su pozo blanco el inspector fiscal con el que conversara Maiakovski. Me habría gustado amarte. Te lo juro. Sólo que muchas veces la voluntad no basta. ("emma gunst")

Gloria Trinidad (1968 )

Dos cartas a Lucio 1 Ten en cuenta esto, Lucio. Tus obras huérfanas de ti habrán de defenderse solas. La muerte es un mecenas que sólo acepta la excelencia: desprecia las causas, sólo atiende a los efectos. Un mal verso es inmortal por abrasadora que fuera la dicha que envolvía. Sucederá que escribas nocturnos resplandecientes de verdad y amanezcan convertidos en garabatos. No te apene tirarlos; desprecia el frufrú de las palabras. No seas oscuro. Lo oculto y lo abstracto son atajos hacia una representación del mundo sin necesidad del mundo. Es preferible la palabra justa para designar las cosas que son como son. Agua debe querer decir agua no la líquida disonancia de un pensamiento. Prefiere lo menos. Rehúye la tentación de hacer explícito el daemon. ("la mirada del lobo", blog de andrés vara)

Macky Corbalán (1963/2014 )

Las moscas Las moscas, inevitables en el verano, como el calor que sofoca al envolvernos en su membrana sudorosa y anodina, los frutos henchidos y rojos, descomponiéndose en la acera, y —enlazados por el talle— las parejas de enamorados que habrán de odiarse el próximo invierno. ("el placard", blogspot de sandra toro)

César Fernández Moreno (1919/1985 )

Marche un poema al mostrador viejo si me vieras ahora estoy parado contra el mostrador mis pantorrillas tensas me soportan un rato cada una vos te hubieras sentado en una mesa tus hombros los hubiera soportado un respaldo hubieras perdido tu mirada en la vereda de enfrente qué fabulosa lejanía yo he venido a quedar un poco más arriba veo un poco más cerca alcanzo a leer las letras de la vidriera al revés pero es lo mismo la misma breve lucha con el paquetito de azúcar el mismo sabor aceitoso del café suburbano cambio propina por comentario sobre lluvia inminente saco mi libretita con disimulo para escribir este primer poema al mostrador pero el patrón me enciende una luz solícitamente y lo escribimos a medias entre mi mano y su mirada ("otra iglesia es imposible")

Susana Tosso (1946 )

Cuando abras... Cuando abras la puerta vas a verlo todo: la mesa en el lugar de siempre, los anteojos guardados en su estuche, la escalera desafiando al espacio o al tiempo (da lo mismo), la lámpara apagada. Me llamarás; te amordazará el silencio. En un día de locuras pensé en las palabras que dirás mañana. Mi nombre no estará entre tus palabras. (en muro fb marcelo leites)

Uriel Martínez (1950 )

El amado VIII señor, por qué no fui estúpido como aquel que desea el nuevo día; por qué no fui imbécil como ese que va por la orilla del miedo; por qué no tuve el don de rasguear una música que aplaque animales; por qué me mantuve en la sombra de la sombra, en los quicios del silencio; señor, por último, déjame golpear la aldaba por vez última; pero no respondas a mi llamada necia.

César Moro (1903/1956 )

Amo el amor 3 Amo la rabia de perderte Tu ausencia en el caballo de los días Tu sombra y la idea de tu sombra Que se recorta sobre un campo de agua Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo Que me deshace y te recrea El tiempo que amanece dejándome más solo Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en     la sombra de los días Como una bestia desdentada que persigue su presa Como el milano sobre el cielo evolucionando con una     precisión de relojería Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti Con una fatalidad de bomba de dinamita Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre Luchando con el día lacerando el alba Zafando el cuerpo de la muerte Y al fin es mío el tiempo Y la noche me alcanza Y el sueño que me anula te devora Y puedo asimilarte como un fruto maduro Como una piedra sobre una isla que se hunde ("material de poesía", unam)

Hugo Vera Miranda (1951 )

A divinis Dios vagaba a través del espacio sin hacer una mierda. Un día se le ocurrió la brillante idea de ponerse a trabajar. Creó los cielos y la tierra y muchas cosas más. Luego fruto de su esquizofrenia veloz, tomó del barro más nauseabundo diciendo: ¡Hágase un Hugo Vera Miranda! Más tarde en un acto de infinita crueldad y sin mediar consulta alguna, me saca una costilla y crea a esa perra. ("inmaculada decepción" y "rua das petras", blogs)

Edward Hirsch (1950 )

Pobres ángeles A estas horas el alma vaga ingrávida por las calles de la ciudad, invisible y muda, estupefacta ante la humeante mezcla de oros y grises que al aire rezuma, los sombríos medios tonos de polvo ocupando ya el cielo nublado mientras el cuerpo yace desganado a la ventana indolente y pesado, exhausto para mover un dedo, hastiado para levantarse o acostarse. A esta hora el alma es como una ala amarilla que escapa entre las frondas, una pequeña nube estática cerniéndose sobre las aceras, apelando a la noche que se aproxima: "azórame, azórame", mientras el cuerpo yace displicente a la ventana escuchando los claros reclamos de los muertos transparentes como vidrio, clarividentes como cristal... Algunas noches casi está listo para irse con ellos. Ah, esta es una tensa, insólita atadura, un injerto rabioso de lo rápido y lo lento: cuando el alma vuela, el cuerpo se hunde y toda la noche -encerrados en el mismo espacio atestado- se la pasan...

Francisco Hernández (1946 )

Alto contraste 1 de tus axilas brotan poemas ciegos como murciélagos de una cueva en el fondo del mar ("rua das petras")

Óscar Hahn (1938 )

Enemigos Si se muriera mi peor enemigo ay si se muriera el escas poder que tiene ahora se volvería fuerza sobrenatural Tengo miedo de que regrese a torturarme convertido en tenebroso fantasma Él nunca sabrá que el enfermero que lo cuidaba cuando estaba en la clínica era yo: su viejo adversario con anteojos oscuros y mascarilla blanca Si se vuelve a enfermar el insensato y fallece antes que yo debe saber que un día también voy a morirme y que iré a desafiarlo al más allá Ignoro con qué armas combaten los espectros pero sé que nuestro campo de batalla será el espacio de la muerte Dicen que el perdedor tendrá un castigo: reencarnarse en el cuerpo futuro de su eterno rival Tengo miedo de haber perdido ese combate y de estar cumpliendo la pena en esta vida ("la primera oscuridad", ed, fce, 2011, santiago de chile)

Saúl Ordoñez (1981 )

petite maman mamá te nací               en la estación de la muerte el inicio de los días azules y de los días negros mi vida una sucesión de días azules y días negros blues y melancolía mamá por qué no morimos con nuestros muertos ("petite maman", ed. mirabilis, toluca, méxico, abril 2015)

Vicente Aleixandre (1898/1984 )

Ven, siempre ven No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,  las huellas de unos besos, ese resplandor que aún me da se siente si te acercas, ese resplandor contagioso que me queda en las manos, ese río luminoso en que hundo mis brazos, en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero. No quiero que vivas en mí como vive la luz, con ese aislamiento de estrella que se une con su luz, a quien el amor se niega a través del espacio duro y azul que separa y no une, donde cada lucero inaccesible es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza. La soledad destella en el mundo sin amor. La vida es una vívida corteza, una rugosa piel inmóvil donde el hombre no puede encontrar su descanso, por más que aplique su sueño contra un astro apagado. Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la  propia conciencia duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de mo...

Nuno Júdice (1949 )

La casa vacía Los pies desnudos en una alfombra de estopa sobre el suelo de piedra, el cuerpo recostado en la ventana abierta hacia el campo, de modo que no se vea el busto hasta el inicio de los senos, el pelo aún pegajoso del sudor de la noche, espera a que el día llegue. Si viese sus ojos, tal vez supiese hacia dónde partirá: el camino del mar o el camino de la ciudad se abren a su frente. Pero lo más seguro es quedarse en la casa de puertas de madera donde el sol desgastó la pintura, y de viejas sillas de paja, junto a la pared amontonadas, como si nadie más necesitase usarlas. Y comienza a vestirse con la lentitud de quien sabe que nadie la espera. No obstante, sus manos se conducen con agilidad, como si estuviesen en contradicción con el cuerpo; y sus hombros brillan con la luz que despunta por entre los árboles. La dejo quedarse en esa pose, escondiendo el manojo de flores recogidas en la víspera y que, después de que ella salga de la casa que abrigó c...

Jeymer Gamboa (1980 )

Gillettes usadas La puerta está abierta para que la canción de la radio llegue hasta el baño. Ella está depilándose las piernas y pensando en que esto va mejor. Su momento cumbre de reflexión se interrumpe justo con ese corte cerca del tobillo. ("el poeta ocasional")

Blanca Varela (1926/2009 )

Destiempo II Estréchame las manos, la única luz que nos queda, no me dejes olvidada en la cima de una ola. Aléjate. Aparten ese frío paisaje de cipreses, escombren esos náufragos que ocultan el horizonte. La vida es una noticia conmovedora. Atravieso el desierto, la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado. Estoy casi olvidando. ("ese puerto existe", uv, xalapa, méxico, 2003, segunda edición)

Elena Annibali (1978 )

Los trenes a las dos, a las cinco, los trenes cruzan el pueblo vacíos, fantasmales su vapor se confunde con la niebla que ciega a los caballos con el humo de neón de las cafeterías públicas con el tabaco amargo de los suicidas que a esa hora en grupos van a mirar los rieles a oler el perfume del aceite ardido una noche recordé a la mujer etrusca que sacó un pañuelo blanco por la ventanilla y me hizo la seña del adiós así de antigua es la felicidad así de inexacta las máquinas no hallan las salidas su timbre de soledad nos hace doler el corazón ("marcelo leites")

Mario Montalbetti (1953 )

Objeto y fin del poema Es de noche y tiene que aterrizar antes de que se acabe el combustible, Así terminan todos sus poemas, tratando de expresar con un lenguaje público un sentimiento privado. Su ambición es el lenguaje del piloto hablándole a los pasajeros en medio de una situación desesperada: parte engaño, parte esperanza, parte verdad. Todos los poemas terminan igual. Hechos pedazos contra un cerro oscuro que no estaba en las cartas. Luego hallan los restos: el fuselaje, la cola como siempre, intacta, el olor a cosa quemada consumida por el fuego. Pero ninguna palabra sobrevive. ("nueva provenza")

Jaime Gil de Biedma (1929/1990 )

Desembarco en Citerea                                                           a Elaine y Tony Como la luz, la música tiene una calidad fosforescente y suave de sueño recordado. Cerca el mar y la noche tranquila sobre el gran paseo le esperan, avivándole la rara y tenue sensación de estar que se siente en las islas y en los bares. De vivir en la arena, bajo el sol, son nobles esos cuerpos y capaces de hacer llorar de amor a una nube sin agua, en los que el beso deja un sabor de sal en la saliva, gusto de libertad que hace soñar y sobrexcita al extranjero. Cuando vaya a dormir, a solas y muy tarde, la nostalgia sucederá a la envidia y al deseo. Nostalgia de una edad del corazón, y de otra edad del cuerpo, para de noche inventar en las playas el mundo, de dos en dos. No sólo desear, pero sentirse deseado él también....

Uriel Martínez (1950 )

El amado vii señor, tú que no tuviste descendencia, acógeme en tu vientre, en la uretra, en cada uno de tus espejos en que te acicalas señor, tú que no tienes ojos, ni voz, ni sentimientos, hazme a tu imagen y semejanza como el agua duplica al Enamorado señor, tú que habitas las tinieblas, no me sueltes de la mano cuando esta mañana tropiece con aquellos ojos que me siguen sin saberlo y si espero demasiado de ti, permite que el agua resbale por mi dermis antes que me veas vencido como un día el viento subyugó la nuca del árbol sin raíces.