Miguel Ángel Petrecca (1979 )
La indiferencia Ya sabés: lo que no se rinde nunca a un largo cortejo cede de golpe a un comentario o un gesto distraídos. Es hora entonces de que, sin proponértelo, te dediques a recrear las condiciones de absoluta indiferencia en las que estuviste sumergido un día en que sucedió todo eso: y no estabas, precisamente, frente al espejo, como esta mañana, luego de un desayuno ordinario (sin naranjas!), de una ducha caliente y un vistazo a los mensajes que en la bandeja de entrada dejó la noche igual que el mar en una playa. Absoluta indiferencia, sí, parado debajo de un tilo encendido al mediodía, vibrando. Y pasó el afilador por la cuadra en ese momento. Sonó la armónica del afilador con su piedra dulce girando sobre el manubrio de una bicicleta inglesa. ("el poeta ocasional.blogspot")