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Mostrando entradas de 2017

José Villa (1966 )

El talismán Después de la tormenta te vi tomar una de las piedras de hielo y caminar rumbo al contorno sombrío de la casa Ponés la piedra dentro del congelador donde yo me asomo a ver cada tanto aquel resplandor crepuscular ("marcelo leites")

Carolyn Forché (1950 )

El coronel Lo que han escuchado es cierto. Yo estaba en su casa. Su esposa llevaba una charola de café y azúcar. Su hija se arreglaba las uñas, su hijo salió esa noche. Había periódicos, perros, una pistola en la almohada a su lado. La luna se descubrió en su cable negro sobre la casa. En la televisión había un show policiaco. Estaba en inglés. Botellas rotas estaban incrustadas en las paredes alrededor de la casa para sacar las rótulas de la pierna de un hombre o cortar sus manos de tajo. En las ventanas había rejillas como aquellas de las licorerías. Teníamos cena, costillas de cordero, buen vino, había una campana dorada en la mesa para llamar a la sirvienta. La sirvienta trajo mangos verdes, sal, un tipo de pan. Me preguntaron si disfrutaba el país. Hubo un corto comercial en español. Su esposa se llevó todo. Había alguna charla sobre cuán difícil se ha vuelto gobernar. El loro dijo hola en la terraza. El coronel le dijo que se callara y se alejó de la mesa. Mi amiga me dijo con...

Rosabetty Muñoz (1960 )

La elevación El vendaval que dejó la santa                        al elevarse. Despojada de sí. Cerúleo el rostro. Transformada y bella. Me sorprendió encontrarla, al otro día donde mismo. Cansada. Con algunas arrugas cerca de los ojos y, sobre todo, subiendo desganada al pedestal. Quiero decir (parecía) cansada de la perfección tratando de confundirse con los feligreses. La santa de terciopelo La Santa vestido de terciopelo le cuelgan abalorios. En andas. Viaja sobre los hombros y le agitan pañuelos blancos Sortea temporales              inmóvil. Fija la mirada. Fijo el madero portentoso          de su cuerpo. Sobrepuestos los retazos de otros rezos. La pueblan arañas y polillas. Resplandeciente el rostro                        policromado. Bajo...

Adam Zagajewski (1945 )

Autorretrato Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo. Vivo en ciudades ajenas y a veces converso con gente ajena sobre cosas que me son ajenas. Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich. En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos. El cuarto no tiene nombre. Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos. Me gusta dar largos paseos por las calles de París y mirar a mis prójimos, animados por la envidia, la ira o el deseo; observar la moneda de plata que pasa de mano en mano y lentamente pierde su forma redonda (se borra el perfil del emperador). A mi lado crecen árboles que no expresan nada, salvo su verde perfección indiferente. Aves negras caminan por los campos siempre esperando algo, pa...

Aleš Šteger (1973 )

Venda Cada mañana te venda la cabeza. Y aprieta, aprieta. Por no ser deudor de nadie, has de pagar a todos. Pero no como el herido del frente. Nadie se vuelve para      mirarte. Y no como alguien que ha pegado contra la jamba del      confesionario. Sigiloso y lento con el trueno cayó el cielo sobre ti, tanto que no sabes para qué esa venda. La tocas. La buscas. intentas quitártela, la desgarras por no saber si esconde  una herida, si esconde cualquier      cosa. Tus dedos tientan en balde, se enredan como los      políticos. Tu pensamiento sólo amontona nuevos nudos en la      cabeza. Como las mujeres que se encaminan con cántaros en la      cabeza hacia su casa, así vagas con tu venda por el mundo. Pero los pozos hace mucho que se han secado. Sin límites ya no tienes adonde ir. ("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, 2014, s/c traduc...

José Villa (1966 )

Último poema En la pensión donde vivo no hace mucho se ahorcó un cabrón era poeta y estaba viejo y nunca soltaba el whisky hasta esa noche cuando su cuello se cruzó en el camino de aquella cuerda lo encontraron 2 días después apestaba lo bajaron se lo llevaron en la mesa dejó un poema dedicado a "la muy puta" el cuarto que ocupo era el suyo yo también soy poeta igual de mierda y de borracho pero no estoy viejo o no mucho y si en una de esas decido ir y colgarme no pienso escribirle un último poema a la perra aquella no se merece ni siquiera eso la muy puta. ("marcelo leites")

Fabián Casas (1965 )

Final Este es el patio donde fui chico. Las baldosas se han gastado un poco y las plantas han crecido por las rendijas de las paredes. En esta soledad de la casa deshabitada tengo la terrible certeza de estar parado sobre una                                          [equivocación. No todo es tan duro, ya lo sé; pero convengamos que esta falsedad de tensar los poemas con una catástrofe se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza. Cuando veo a la gente besándose en las plazas no puedo dejar de creer en un futuro donde los únicos vestigios del amor serán videos pornográficos. Carta abierta a tres personas del Perú Rodolfo Hinostroza, José Watanabe, Antonio Cisneros: le estuve recitando sus poemas a la botella de Johnny Walker, mi psicólogo rubio, quien se veía visiblemente emocionado. Hinostroza, Watanabe, Cisneros: se repudiaban también Eliot y Williams...

Uriel Martínez (1950 )

Temprano Temprano tendemos la cama como quien tiende un cuerpo ya inerte. Sin pudor golpeamos cobertores, frazadas, cobijas como quien sacude un muerto (un muerto que ya no vuelve en sí). Acomodamos los pliegues, cojines simétricos como dedos desiguales. Comprobamos que ahí seguirán para siempre la cama y el desorden. Salimos a la puerta, a la calle, al alba y nos abrazamos al silencio. [ Inédito ]

Alexsandr Blok (1880/1921 )

Los poetas En las afueras de la ciudad crece solitario un barrio Sobre una tierra movediza y pantanosa. Allí viven los poetas y se saludan Unos a otros con una sonrisa arrogante. El día se levanta inútil y radiante Sobre este triste pantano: Sus habitantes lo dedican al vino Y al trabajo arduo y persistente. Cuando se emborrachan se juran amistad, Conversan cínica y despiadadamente Hasta el amanecer. Luego, entregados a su pasión Trabajan cual necios sin remedio. De pronto, salen a rastras de sus buhardillas Para mirar cómo arde el mar entre la tarde: Con los ojos abiertos quedan cautivados Por las trenzas doradas de las muchachas que pasan. Enternecidos sueñan el Siglo de Oro, Amigablemente riñen a sus editores Y lloran con amargura sobre una florecilla O sobre alguna nubecilla perlada ¡Así viven los poetas, amigo lector! Quizás tú pienses que todo esto sea peor Que tus diarios débiles y vanos esfuerzos, Que tu charco pequeño burgués. No, querido lect...

Celerina Patricia Sánchez (1984 )

Regalo Te obsequio las palabras antiguas de Yu’kúyata su eco viaja en la lluvia tejedora de historias para que tú sepas el pasado de la madre antigua Te regalo el sueño desgastado guardado desde siempre cuando se necesite como una gota de esperanza que despierta con ojos negros Te ofrezco mi tierra las hojas frescas /secas los ríos en amaneceres nublados con llovizna lenta que lava mis heridas desde hace 500 años y que no termina de limpiarse Ofrezco lluvia que lave las heridas provocadas en la era de castas hasta las células /antagonismos mentales solo Koosavi (tornado) quizá pueda liberar esa incapacidad de sentir la esclavitud por una estructura mental crónica ("leecirce")

Martín Tonalmeyotl (1983 )

Algunas veces me pierdo entre los escombros de la vida en otras me siento como agobiado por el silencio Hay de esas donde desvanezco como el humo En otras despierto enérgico y con ganas de pintar el mar y volar sobre el cosmos Algunas otras veces me sueño en la luna no sé cómo es eso, pero sé que me sueño ahí Otras veces hablo involuntariamente como si platicara con las ranas como si las palabras se movieran sobre las paredes como si los árboles me escucharan y en secreto murmuraran mis pálidos pensamientos A veces dejo de pensar dejo de animarme, pero no estoy triste ni afligido ni desconsolado ni apagado sólo estoy como pensativo como queriendo soñar la vida de otros de esos otros que se sueñan aves perros de raza o peces de colores Por ello escribo mi cansancio la brevedad de mis días el color de las risas para robarle vida a la noche para no dejar dormir al silencio para hacer ruido y acompañar a los grillos en sus silbidos ...

Enriqueta Lunez (1981 )

Sueños Desnuda, me veo florecer dentro de un lago que no recuerdo         . inmóvil, temerosa, confundida del sueño que no comprendo desesperadamente huyo de los ángeles y demonios que se baten por adueñarse de mis sueños. No soy la tierra... No soy la tierra del sol en mi suelo no yace el cordón umbilical de los hombres en mi suelo nadie cargó con una cruz en mi suelo jamás un hombre atentó en contra de su hermano nadie quiso ser mestizo en mi suelo tu cuerpo despedía aromas de incienso, laurel y naranjillo. Lo recuerdo en tu suelo las niñas eran hacendosas los hombre cargaban leña los viejos sabían pedir agua Mi madre conocía el conjuro para sanar la piel yo, solía de niña salir del camino para darle cabida a los pasos del tío anciano. Sí, aún lo recuerdo esa era tu grandeza, antes de hablar español. ("tercera vía" y "latin american literature today")

Manuel Iris (1983 )

Para brindar ahora                                    homenaje a pedro lastra.                                 para raúl diego y denis pech. Después diremos que hemos sido jóvenes, que salimos en aviones a buscar palabras y muchachas nuevas.                                                 Que nos sentamos la belleza en las rodillas, la encontramos amarga y la injuriamos. Después diremos que hemos sido mercenarios de calles largas y licorerías. Diremos que hemos despertado alegres. Que una mañana desnudamos la poesía y allí, frente a su cuerpo irregular y enorme difícil de preñar hemos tenido el miedo y el deseo de que todo termine. Diremos que nos hemos conformado con hacer l...

Florentino Solano (1982 )

[Origen] Devorando viene la noche a reventar en la mirada: estallido de sueños de muertos y de historias que mi abue dibujó con estrellitas en el cielo. “De la noche surgió todo” , dice abue “todo era noche y la soledad parió a los muertos y los muertos —hágase la luz— comenzaron a dar a luz y después vinimos nosotros” , dice abue. No somos hijos de la chingada sino de la oscuridad y de la muerte. Mi abue se fue una noche a oscuras como el mar: a tientas. Cada noche es un estallido. ("la piraña")

Mikeas Sánchez (1980 )

La poesía como resistencia IV Hablo de mi Madre cuyo nahual se agazapa bajo el manto de Piogbachuwe mientras su niñez es un saraguato saltando entre los lienzos de caña Pienso en mi Madre si pienso en ella y en su olor a castañas desde la cocina en esa su ternura casi ciega impenetrable Pienso en mi Madre y ella piensa en su Padre alcohólico que espera el viento del norte en señal de lluvia que espera de nuevo mirar en el río a la abuela desnuda con sus 16 años VI Soy el sembrador protector de esta tierra la flor del maíz Observo con mis ojos antiguos elijo con el corazón cada semilla no es en balde mi conocimiento del mundo Converso con el dueño del cerro riño con las plantas malignas Soy el provocador de los seres invisibles mi voz se escucha hasta los confines de las montañas porque nadie podrá negar mi paso por el universo ("lee circe")

Erri de Luca (1950 )

Cincuenta Desde Turín enseñaban a hacer una radio por correspondencia, el tendero vendía las judías en sacos y las aceitunas en cartuchos. Era pecado estropear los zapatos, jugar con ellos a la pelota, mejor descalzos. Las personas gritaban incluso desde cerca. Una vez a la semana albóndigas en su jugo, el aceite de hígado de bacalao lo curaba todo. El sol llegaba por la tarde, el cielo era un hospicio de santos, el mar un paseo de domingo. Nadie decía: no tengo palabras. Con el dialecto las tenía todas. Todo era napolitano, incluso las cartas de juego. Los soldados no, eran americanos. Los dientes caídos no regresaban, el frío mataba a los ancianos, febrero era el nombre de una epidemia. Entre aquellos a los que conocía, no faltaba ninguno, no había muertos. La cosa más hermosa que podías ver era un barco, la más preciosa, una librería. ("cómo cantaba mayo en la noche de enero", trad. fernando valverde)

Elvis Guerra (1993 )

Búsqueda También busqué con barba, de manos largas y piel de quince años; busqué un hombre fuerte, un hombre manso. Busqué un hombre que me amara, que me besara una vez al día; busqué. Te busqué, papá. ("círculo de poesía")

Rosa María Roffiel (1945 )

Quise ser hombre Una vez quise ser hombre para casarme con mi hermana que ya lleva tres divorcios. Para amar a mis amigas que en cada relación mueren un poco. Quise ser hombre para fecundar sus vientres, no de hijos, sino de poesía, vino tinto, relojes parados, unicornios azules. Para decirle a Josefina cuanto admiro su forma de entregarse. Para escribirle a Rosi esas cartas que no llegan nunca. Llamar por teléfono a Pilar que espera tantas tardes. Llenar de caricias prolongadas el espacio de Beatriz, que vive sola y le tiene miedo a los temblores. Quise ser hombre, para amarlas a todas y no sentir más el frío de sus lágrimas en mi playera, ni mirarlas apagarse, ni presenciar sus funerales en sus ataúdes de treinta años. Quise ser hombre para invitarlas a volar el periférico, a bailar descalzas porque el América le ganó al Guadalajara, para llevarlas del brazo hasta una cama donde no tengan que fingir orgasmos. Pero soy mujer y, aunque ...

Yolanda Pantín (1954 )

Conversación en un baño Por costumbre se acuesta en la cama a esperar a su marido que llega siempre tarde da las buenas noches bosteza Ella se va al baño aplaca la furia con su mano maestra recostada en la toalla cuando él entra y pregunta: “¿Qué haces aquí?” “Nada”, responde. Deslave Desolación llorada. Nostalgia. Arenas que no son tales, escombros, costas de tierra apelmazada que el mar irá cavando hasta los huesos. En estos vertederos de basura, están las piedras también que arrancaron las casas de sus raíces. Irá cavando el mar en esa costra, y a dejar sus arenales como fueron. ("poemaspoetas" y "otra iglesia es imposible")

Aleš Šteger (1973 )

Mondadiente Un pedacito de carne sin digerir se extravió y llama a la sublevación. Cuerpo extraño desobediente. Se le oye de tu boca. Aunque no hables tú. Aunque no le hayas permitido a nadie que hable en tu nombre. Pero él sigue gritando, incita a la rebelión, presiona. Con la lengua intentas desalojarlo, pero no hay palabras que acallen su protesta. Menudo Robespierre en las fauces de Polifemo. Pero sin la suerte astuta, sin dioses y sin rebaños de su    parte. Lo extraes de tu conciencia, trituras lo que te remordía. Que muera la revolución. Y aunque caiga el último tilo. Te recuestas sobre su tronco, arrancas una astilla y lanzas      un eructo. El mondadientes asoma de tu boca como la lanza de      un centurión que ha limpiado un imperio. El agujero negro del diente murmura: también este imperio implosionará una vez. ("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, méx., 2014, s/c trad.) ...

Gemma Gorga (1968 )

Diciembre Desde la ventana observo la plaza: a los plátanos les quedan cuatro hojas exhaustas que no se deciden a emprender el último vuelo. Cuatro son también los días que cuelgan del calendario, a punto para caer cuando nadie mire. Todo acaba desprendiéndose y volviendo a tierra con la fría ventada de la estación desfavorable. El proceso es lento, casi imperceptible. Hay que estarse noches enteras acostumbrando la mirada a la quietud antes de advertir cómo la vida pierde los pétalos, pierde los días, pierde el oxígeno, pierde las aves, pierde los cuerpos y pierde las respuestas. También los muertos celebran la Navidad, sentados alrededor de los juguetes. Tras la ventana pienso en ellos, que es una manera de pensar en mí. Y la vida pierde las hojas, indiferente a todo, como un inmenso árbol caducifolio. Temperaturas Medio refunfuñando lo decía siempre la abuela: en la cocina no puedes distraerte. La leche se derramará cuando estés de espaldas trajinando ...

Uriel Martínez (1950 )

Planes este diciembre venidero como el anterior, me quedaré en casa; si salgo saldré con la costurera en busca de remiendo para cuadernos, igual que el año pasado; como no sé natación no extrañaré mares, ríos  ni al monstruo de Loch Ness; tampoco practico alpinismo ni imaginaré ningún Pico de Orizaba; si acaso, con la vista que me quede, igual el pasado diciembre escalaré montañas, echaré de menos a Zaratustra y sus discursos descabellados; este mes próximo ni vendrá el correo, será otro fin de año blanco. [Inédito]

Robin Myers (1987 )

Exceso Hay un mercado acá que vende todo: delineador, papayas, rosarios, carne cruda, plantas en sus macetas junto a otras retorcidas en ramos. No sé muy bien cómo lo toleramos. Hace ya varios años, vi una puesta de sol que duró horas; o eso me pareció: el resto de mi cuerpo acompañó a mis ojos a mirar desde el techo como si hubiera sido la primera vez. Más tarde, en camión por las montañas, todos los que subían en cierta parada trataban con apremio de venderte algo, casi siempre cebollas. Ayer me desperté con una angustia clavada al corazón igual que una mordida sobre un hombro, y a la mañana fui al mercado y compré una canasta para el pan. Me parece que esto es lo que busca la memoria: no en sí la permanencia, sino una relevancia permanente. Lo dispar todo junto y luego una canasta para el pan. ("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidenwerg)

Luis Antonio de Villena (1951 )

Un cuento de Isak Dinesen Hay noches en que pienso que tendré que irme y entonces me parece raro ser tenaz y hasta tener cobijo. Pienso en dejar que la casa envejezca y que todo se vaya deteriorando conmigo. Que sea todo viejo cuando el viaje se acabe y el fin de la noche sea el fin del invierno. Somos soldados en tormentas de nieve, capitanes que sueñan con un puerto lejano, buscadores de oro en ríos sucesivos... Pero una noche, en un puerto cualquiera, sabes que ese viaje habrá de interrumpirse. La caza se acabó, las tabernas, el oro y la ventisca. Sentado en una hamaca mirarás tranquilo todo lo que se va sin ti, todo lo que ya no existe. Brilla el mar lejano y en las montañas nieva... Adiós. El viaje sin destino te abandona. Solo fue un sueño la verdad del mundo, lo sabías. El hueco de la mano pareció un gran rey. Y el barco que era tuyo -sin ti- se pierde ya en la bruma. ("en afán desmedido", ed. uv-xalapa, ver., méx., 2017)

Brendan Kenelly (1936 )

Tres mareas En nuestra muy propia y pequeña guerra civil el mar, como lo emplean algunos, es un arma ejemplar que combina la capacidad de rematar un trabajo con un sólido estilo para humillar. El uso correcto de esta eficiencia natural, sin embargo, lo aprovechan solamente aquellos que conocen el carácter juicioso del mar en su flujo y reflujo constitutivo. Cuando se acerca a la costa empuja suavemente, primero, sobre los labios agonizantes, un tímido, espumoso veneno que recuerda al limo antes de ese estertor que siempre puede desmembrar a la familia más unida y provocar molestas especulaciones sobre un testamento. Ese es un veneno lento, rítmica, sensualmente lento. Acaso la estimulante luna apura el compás porque nuestro mar respetuoso de la ley acelera como un plan bien ejecutado de olas puntuales que ahogan, inexorables como las generaciones de una fecunda familia católica ajustada a las lujuriosas leyes de Dios, yendo, viniendo, yendo, viniendo, como los...

Ryszard Kapuscinski (1932/2007 )

A la muerte de un poeta Quizá antes de morir se acercaba a la estantería donde estaban sus libros de poemas apenas unas briznas de hierba le atormentaba una cosecha tan nimia invisible para una mirada rápida pero ¿aquello que dejaron tras una paciente vida los vecinos de Spinoza talladores de diamantes (La Haya, Ámsterdam) no es cierto que cabía apenas en la mano de un niño? ("cómo cantaba mayo en la noche de enero", trad. abel a. murcia soriano)

Nayar Rivera (1973 )

Mensajes de texto 1 Mi espalda es una fragua, mi boca es un molino, mi pecho es un cuaderno demasiado pintarrajeado. Sólo creo en el pasto, sólo pienso en coger como perro, sólo deseo esperanza, nada de nombres, nada de suspiros, nada de pequeños miedos, la membrana gris de la muerte, la pobreza, el tacto y nunca antes, la maldición del deseo. ("reglas de urbanidad", ed. quimera, méxico, 2008)

Aurelio Arturo (1906/1974 )

Morada al sur III En el umbral de roble demoraba, hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito, un viento ya sin fuerza, un viento remansado que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio. Y yo volvía, volvía por los largos recintos que tardara quince años en recorrer, volvía. Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando, temblando temeroso, con un pie en una cámara hechizada, y el otro a la orilla del valle donde hierve la noche estrellada, la noche que arde vorazmente en una llama tácita. Y a la mitad del camino de mi canto temblando me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas, con tanta angustia un ave que agoniza,cual pudo, mi corazón luchando entre cielos voraces. ("morada al sur", editorial panamericana, 2000, bogotá)

Diego Brando (1987 )

No esperábamos tanto viento No esperábamos tanto viento pero aquí está, cambiando todo de lugar. También nosotros que miramos con extrema quietud desde la ventana de qué manera se mueven las hojas acumuladas al fondo de la casa y la ropa que olvidamos colgada en el tendedero de cemento. En su soporte la inscripción de una fecha: primero de diciembre de mil nueve noventa y dos. Más allá del transcurso de los años en los que no hemos aprendido nada queda el suave paso de las hojas, la virtud del movimiento. Como seres ateridos por el frío admiramos lo que no entendemos. Soportamos las bromas de un dios urbano II A la hora en la que los obreros retornan a la fábrica nosotros nos dirigimos con nuestras motos a la laguna, incluso uno de nuestros amigos nos saluda con su casco amarillo en la mano, lo mantiene y lo mueve en el aire. Se ríe, pero nosotros lo compadecemos, a esa hora de la tarde, ese calor, quedar encerrado en un pequeño galpón en las afueras ...

Circe Maia (1932 )

  Supervivencias  De todo lo que está con nosotros ahora algunas cosas sobrevivirán. ¿La jarrita de loza? No lo creo. Es muy frágil. Los estoicos decían que al vidrio hay que mirarlo ya quebrándose. (Como deberíamos también mirarnos). —¿Y la pared? —Con el tiempo también se deshacen los muros. Y solo quedan ladrillos rotos, piedras sobre el suelo. —¿Y la escalera? Toda la madera desaparecerá. Un día –cierto y lejano– Se verá solo la armazón de hierro… Hierro-herrumbre. No te creas tampoco para siempre salvado. ("op. cit.")

María Víctoria Atencia (1931 )

Marchaba por su curso el Adviento Marchaba por su curso el Adviento y se estaban quedando los jardines a merced del poniente. Algunos animales prosiguieron en celo. Escurrían los peces su plata en las orillas. Derramaban serrín las muñecas de trapo y sintieron las tejas verdecer sus aleros. La tristeza en los barcos no aumentó con la lluvia ni lloraron los sauces más de lo conveniente. Encontró el recental las ubres deseadas. Ajenos, los amantes continuaron su sueño. Y aunque un frío finísimo paralizó mi sangre, estuvo a punto el té, como todos los días. ("no me quites paz")

Mary Oliver (1935 )

Cómo es con nosotros, y cómo es con ellos Nos volvemos religiosos, luego nos alejamos de eso, luego estamos necesitados y quizás volvemos atrás. Nos dedicamos a hacer dinero, luego nos volvemos a la vida moral, luego pensamos de nuevo en el dinero. Conocemos personas maravillosas, pero las perdemos ……….por nuestros negocios. Estamos, como dice el refrán, en todas partes. La constancia, al parecer, tiene más que ver con los perros que con nosotros. Una de las razones por las que los queremos tanto. ("life vest under your seat", s/c al trad.)

Soledad Castresana (1979 )

Un entierro todas las noches encerrábamos a los charitos en el gallinero una mañana cedió el tejido y un revoltijo de plumas se nos pegó a los ojos en el patio de la capilla enterramos los huesos las patas los picos hicimos guirnaldas de flores sobre las tumbas clavamos cruces de varillas y alambre las manos cubiertas de ampollas rezamos lloramos más tarde sacamos las cruces y las usamos de espadas ("pájaros lanzallamas")

Yolanda Segura (1989 )

Tengo 13 años... "Tengo 13 años (dentro de dos meses cumplo 14) y y hace 2 años me llegó, al principio me causaba ansiedad aunque siempre quise que me viniera, yo pensaba que sería un momento mágico, y me sentiría mujer, y lo mejor es que pensaba que me iba a gustar, y cuando me llegó me causó mucho miedo y mucha pena, no era capaz de contárselo a mi madre, hasta que tomé valor y le conté a ella y me ayudó, no sé en qué momento sucedió ni cómo pasó y dejé de contárselo, yo algunas veces le sacaba a mi mamá sin que se diera cuenta, o hacía cualquier otra cosa, esto ya casi lleva un año y mi mamá piensa que me dejó de venir y yo le digo que es normal". amaneciste... amaneciste con la regla,            te retiraste el calzón que tenías manchado            y lo pusiste en la cama mientras te fuiste a duchar.            olvidaste lavarlo, se quedó allí por 3 horas.   ...

Patricia Vázquez (1985 )

25 de julio de 2016 Mi esposa se alejó /sobre el temple oxidado de un taxi /acuático. Regresé/ al café americano/ de San Pedro mi tristeza/ agitaba/ las góndolas/ de esa noche en que Venecia/ mojaba/ el frente/ de sus casas. Olvidé/ el cementerio/ de poesía el sudor de la noche garganta/ de Italia                     Venecia, Italia 20  de octubre de 2016 Marcela y yo nos quedamos sin trabajo cangrejos ermitaños en un viaje sin rumbo que terminamos en las costas antes vírgenes de Oaxaca. Vi en la bóveda celeste la mirada de Marcela cuando los remos hicieron de su agua fluorescencia. Cangrejos ermitaños las pisadas de la una tras la otra con la concha sobre nuestro cuarpo ladeado en busca del orificio hacia la vulva de la tierra. Nos jaló la corriente hacia un océano que nunca conocimos tomadas de nuestras múltiples patitas somos cangrejos de la arena a los que en el puerto los vend...

Baudelio Camarillo (1959 )

Cauce interior I Como todos los niños, hicimos barcos de papel y nos subimos en ellos y nos fuimos. Después tuvimos uno verdadero, una lancha pequeña, y en ella recorrimos la misma trayectoria. Hoy poseemos las dos cosas. Cada mañana nos esperan. Mas preferimos los barcos de papel porque desde ellos el río se hace ancho como el mar que nunca hemos conocido. ("círculo de poesía")

Heraclio Castillo Velázquez (1985 )

Raíz de la materia 1. La vida duele. Así dijo mi madre, hace mucho, envuelta en los aromas del fogón. Y cada uno bebió de su silencio, de la noche tostada en el comal, remojando las palabras en el caldo. Nadie pudo cuestionar. Había dolor en el mendrugo de pan, en la cazuela con frijoles y en la tortilla con sal. Había dolor en la aspereza del petate, en las manos curtidas por la tierra, en los ojos hambrientos de horizonte. Dolor había en cada despertar, con cada paso, el pie descalzo para andar. Y en la ruta del dolor el tiempo transcurría. Hoy que no queda más camino me atrevo a cuestionar. La vida pesa, estremece, bifurca los caminos, se abre al mundo en bello ramadal. En su verdad, mi madre hablaba de algo diferente: “ser mujer” es lo que duele. [Inédito]

Jorge Cantú de la Garza (1937/1998 )

Mandrágora Del matrimonio entre el ahorcado y la muerte nace la mandrágora, al pie del cadalso, cementerio del suicida o condenado. El albumen carnoso de sus flores acampanadas despide un olor acre, mefítico, y sus raíces caprichosas rodean el lugar, como venas del pene que, erecto, eyaculó a los pies del ahorcado. En la antigua Grecia se utilizaba como narcótico y las brujas solían volar al ingerir trozos de su raíz. Los beneficios del alcohol                             para edward stachura Anoche, en un piadoso duermevela alcohólico, no vi el hilo áspero y fuerte de la lógica, mas sí uno frágil de sabiduría que por la mañana había olvidado. Armas de nacimiento Miro mis armas de nacimiento: aire de familia, insomnio pertinaz, silencioso, arribo tardío, inesperado, aislado con premura por asepsia maternal, paperas, sarampión, granos en la cabeza, rejas en la cuna, miedo, cel...

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Hija  Hija, si en algún momento,         mientras estás ocupada en crecer,         -dura y lícita tarea-         puedes mirarme a los ojos,         hazlo.         No te dejes las preguntas         para cuando sea la misma voz         la que cuestione y la que responda.         Mira que en esta familia         tenemos la dolorosa costum         de conocernos mejor de muertos. ("emma gunst")

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Catorce formas de melancolía 8 Una hormiga carga con esfuerzo una hoja.                                          La hoja es enorme y multiplica su tamaño. Se trata de un deber inevitable, de una obediencia atávica.                                         Detrás de ella idénticas hormigas cargan idénticas hojas. Mañana repetirán el rito, su razón de ser que ignoro. Pronto cumpliré cincuenta años. Pienso en la hormiga. En su ciega danza hacia la muerte. ("life vest under your seat")

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Lo que no es sueño Déjame que te hable en esta hora de dolor, con alegres palabras. Ya se sabe que el escorpión, la sanguijuela, el piojo, curan a veces. Pero tú oye, déjame decirte que, a pesar de tanta vida deplorable, sí, a pesar y aun ahora que estamos en derrota, nunca en doma, el dolor es la nube, la alegría, el espacio; el dolor es el huésped, la alegría, la casa. Que el dolor es la miel, símbolo de la muerte, y la alegría es agria, seca, nueva, lo único que tiene verdadero sentido. Déjame que, con vieja sabiduría, diga: a pesar, a pesar de todos los pesares y aunque sea muy dolorosa, y aunque sea a veces inmunda, siempre, siempre la más honda verdad es la alegría. La que de un río turbio hace aguas limpias, la que hace que te diga estas palabras tan indignas ahora, la que nos llega como llega la noche y llega la mañana, como llega a la orilla la ola: irremediablemente. Tiempo mezquino Hoy con el viento del Norte me ha venido aquella h...

José Watanabe (1946/2007 )

El miedo El burro hace girar la rueda del molino y a cada vuelta cierra               ese círculo vicioso que durante años ha hollado en la tierra. El polvillo blanco de la molienda flota en el ambiente. Se asienta en todo, pero en las pestañas del burro                   es toda la tristeza                                  y la condena. Me alejo silbando del molino, silbando para disimular el temor de poner el pie                              en una huella sin esperanza. ("blog del amasijo")

Uriel Martínez (1950 )

 El entrepaño                              in memoriam jorge cantú de la garza Sabes una cosa Jorge, nunca imaginé llevarte de paseo una tarde de otoño, una tarde cálida y previa al frío, a la oscuridad, a los Judas de pólvora. El pretexto del paseo fue una antología tuya de última hora, autorizada por tu albacea, ángel guardián o no sé quién Diablos. La cosa es que la disyuntiva era el café, el cinematógrafo o la alameda. Tú habrías preferido un mezcal o cualquier otra bebida combinada. Lo dejé a águila o sol y te traje a una mesa de café con música de Led Zeppelin antes que se haga noche. Ya lo dije: restan minutos antes de que el sol se hunda, como nosotros; antes de llevarte de vuelta al entrepaño de los poetas. [Inédito]

Clementina Arderiu (1889/1976 )

Habla el alma Entonces, cuando ya hayas hallado en el barro reposo, oh poder de esta carne que por vil me es pesada, el mundo espléndido mostrado y prometido por mi amigo el leve Inexpresable vendrá a ser mi patria generosa, y en el fuego sagrado que alto frente a Él se enciende, podré -¡oh goce supremo!-, purificarme. La tierra, lugar de dolorosas glorias y amores fementidos, quieras que no me gobierna. Mi paño débil de humana vestidura, más que yelmo y escudo es conductor de ofensas. Ligeras compañeras que ya os habeis desligado, oíd mi lamento, y mi conjuro oídme: venid a mí en divina lozanía, dadme las manos, y elevada me vea por vuestro esfuerzo a las regiones serenas. Yo sabré en un cántico tierno loaros como nunca otro podría ser oído por los inmortales. (muro fb de orlando guillén, traducción él mismo)

Ángel González (1925/2008 )

En serio Te llamábamos a veces por tu nombre para decirte lo que nos dolía, para pedirte cosas,                             para quejamos del frío —como si fueses responsable del invierno— para preguntarte, suspicaces, en dónde habías guardado esto o lo otro. Pero ¿qué te dimos realmente? ¿Qué hubiéramos podido haberte dado a ti, que no pedías, que parecías no necesitar nada más que estuviéramos allí, llamándote a veces por tu nombre, para pedirte siempre:                                 —danos, danos? Acaso amor, esa palabra impronunciable, impura. Porque lo extraño es que tal vez te amábamos. Pienso que te amábamos. ¡Ah, sí, cómo te amábamos! Presenciamos inmóviles tu vida y ahora, frente a tu muerte, se nos vienen de pronto todas esas palabras que no escucharás nunca. ("no me quites paz")

Cecilia Juárez (1980 )

Alter ego (aquí hay un blackout de dieciocho años) no te conocí cuando el terror bajó raudo entre las rodillas rojísimo a decir quién vive a decir que el himen finalmente había abandonado el edificio no supe de qué estabas hecha aunque el dolor fue levantando casas y albercas y asientos de cine y almejas vacías y cárceles y pozos Animal feral glaciando hacia la sutura esa frontera entre el albañal y el tejado de agujeros todas mis razones estaban equivocadas y todavía se jalan las greñas frente a sus ventanitas mientras pasa el animal con todo el territorio que carga agitado en el vaivén retórico y post erótico de la desnudez no te conocí ante la cercanía de los otros ni cuando el hambre fue talando los árboles no te conocí cuando el aviario estropeó las cerraduras y todos los pájaros huyeron tomaron el cielo lo hicieron negro y precioso como el plumaje del cuervo. no te conocí ni el polvo nunca supe qué pasaba contigo por qué tu afán de quedártel...

Hanni Ossotti (1946/2002 )

Por salir del charco                      a washington con manuel En algún lugar del mundo una mujer se sentaba todas las mañanas a contemplar un viejo edificio. Y había ventanas, sí plenas de sombras hombres, mujeres, monstruos. Esa casa estaba deshabitada no había amantes, no. Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje. En algún lugar del mundo   había una lámpara rota   que no era de ella. También un diccionario. Eso no podía resolver su soledad. Había tres árboles, cuatro árboles y ruidos, la calle, los automóviles. En algún lugar del mundo ella no pudo hablar con quien podría      ser su amante. El placer estaba vedado. Las ambulancias pasaban El fastidio cundía. En algún lugar del mundo ella se detenía a ver un enchufe un sofá una mesa repleta de libros y de centavos y al marido: mustio, callado, leyendo... También había pastillas, muchas pastillas y un ...

Charles Bukowski (1920/1994 )

Con el collar al cuello Vivo con una mujer y cuatro gatos algunos días me llevo muy bien con todos ellos. Cualquier día tengo problemas con uno de los gatos. Otros días con sólo dos de ellos. Después con tres miembros de la maldita ganga! Algunos días me peleo con los cuatro felinos y con la mujer también. Diez ojos mirándome todos, fijamente, como si miraran a un perro. (muro fb de daniel montolay y traducc. suya)

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Verano (I) Verano en una ciudad blanca. El olor del jazmín y del sexo inundan la habitación en penumbra. Desde el cajón el reloj dicta sentencia como un juez en un país sin policía. Durante una semana marcharé al ritmo que marca mi cuerpo. Mi cuerpo: paraíso fiscal sólo para tus riquezas. ("emma gunst")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Posibilidades Prefiero el cine. Prefiero los gatos. Prefiero los robles a orillas del Warta. Prefiero Dickens a Dostoievski. Prefiero que me guste la gente a amar a la humanidad. Prefiero tener a la mano hilo y aguja. Prefiero no afirmar que la razón es la culpable de todo. Prefiero las excepciones. Prefiero salir antes. Prefiero hablar de otra cosa con los médicos. Prefiero las viejas ilustraciones a rayas. Prefiero lo ridículo de escribir poemas a lo ridículo de no escribirlos. Prefiero en el amor los aniversarios no exactos que se celebran todos los días. Prefiero a los moralistas que no me prometen nada. Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula. Prefiero la tierra vestida de civil. Prefiero los países conquistados a los conquistadores. Prefiero tener reservas. Prefiero el infierno del caos al infierno del orden. Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico. Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas. Prefiero los p...

Cinzia Marulli (1965 )

Poema Escribo porque siento la luz hacerse espejo porque busco el camino que me lleve a un destino sin llegada a un bosque que huela a bosque, porque me siento una bellota diseminada en la tierra escribo porque florezco como un hibisco al sol porque mi voz no es suficientemente fuerte para gritar en la tempestad que me sacude. Escribo porque un día un amigo me regaló una pluma haciéndome creer que era una varita mágica. ("buenos airespoetry", trad. emilio coco) Relato Subí a la montaña más alta porque quería volar el viento estaba suave y debajo de mí las tierras salvajes me esperaban ‒verdes y grávidas me puse al borde del precipicio esperando que me crecieran las alas estuve allí hasta que el pelo se me puso blanco pero las alas no habían crecido aún luego dejé de esperar y me lancé al vacío con los brazos abiertos y los ojos cerrados en ese momento todos mis sueños se estremecieron alarmados  se esforzaron mucho se transformaron ello...

María Victoria Atencia (1931 )

Epitafio para una muchacha Porque te fue negado el tiempo de la dicha tu corazón descansa tan ajeno a las rosas. Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico y la tierra no supo lo firme de tu paso.     Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente -tal se entierra a un vencido al final del combate-, donde el agua en noviembre calará tu ternura y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.     Quieta tu vida toda al tacto de la muerte, que a las semillas puede y cercena los brotes, te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca sabrás el estallido floral de primavera. Lavadero viejo Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato  con un frescor que acepta mi mano en su recinto.  Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo:  doy paso a las rameras y al ajuar de los muertos.  Públicamente expongo al agua mis razones.  Su corriente no sabe más pasión que el olvido. ("poemas del alma")

Mashka Kaléko (1907/1975 )

Melancolía de otoño A mí no se me marchitan los jardines. No los tengo. Ni tampoco una casa donde los vientos giman. El nubarrón más negro no me daña, pues rara vez miro ya al cielo. Ya no pretendo estrellas áureas. Me conformo con una lamparita. No me engaña la dicha, ni desengaña una espera. No me duele el otoño, a mí no se me marchitan los jardines. ("no me quites paz", s/c al traductor)

Eva Strittmatter (1930/2011 )

Demonio No me puedo salvar. Me voy a pique. No hago otra cosa que autodestruirme. Cada hora resulta insuperable. Y mi poesía es una droga. Quién me ha perdido. Quién me ha traicionado. ¿Qué ocultos hechos pasados debo purgar? ¿Quién sucede dentro de mí? ¿Quién les calla a mis palabras el contexto y confunde su significado? Bien puede ser que sea yo. ("revista arquitrave", no.66,trad.I.G.)

Óscar Hahn (1938 )

Cosas que se escuchan Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia cuando no está lloviendo mirar por la ventana las calles secas y sentir el sonido incesante de la lluvia Ahora escucho el crujido de una silla mecedora Alguien teje alguien se para alguien entra con unas tazas de té alguien hace ruido con la vajilla Qué extraño es sentir el quejido de una silla mecedora cuando nadie se está meciendo el tintinear de la vajilla cuando nadie está poniendo la mesa la algarabía de los invitados cuando las sillas están vacías y el sonido de la lluvia el persistente sonido de la lluvia cuando no está lloviendo ("marcelo leites")

Jotamario Arbeláez (1944 )

Cadena de los amores imposibles He cortado todas las rosas del mundo, una por una, para nada, pues cuando voy con ellas acunadas entre mis brazos ardorosos en busca de mis amores, no están, o están haciendo la siesta, o en sus clases de piano con mequetrefes. Sobre áreas restringidas de mi piel he colocado gotas de perfumes exóticos y frotado mi cuerpo con todo tipo de menjurjes preparados por brujos con barbas de chivo.  Ninguno de estos aromas ha doblegado a ninguna de mis anósmicas amigas. He comprado libros de versos delicados, desde los Gazales de Haffiz hasta las perlas de Amarú, El Jardín Perfumado, La Unión Libre, La Amada Inmóvil, La Ciudad sin Laura, pero he comprobado que los libros permanecen sin abrir en sus tocadores entre potes de afeites y adornados portarretratos. Lo mismo pasa con mis cartas lacradas, idas a colocar en buzones de remotos países, a las que sólo arrancan las estampillas para el álbum del hermanito. Yo mismo ...

Uriel Martínez (1950 )

Los invitados Hoy dormiré en el cuarto de huéspedes, donde nunca termino de ordenar maletas valijas ni portafolios. En un ala del armario guardo los muertos, libros empolvados sin orden ni alfabeto. La cama de invitados permanece sin grandes llanuras ni cañada ni ojos de agua. No sé si ya dormido aparezcan alimañas, seres no imaginados en los mejores circos. De cualquier modo estaré presto por si un día recuerdas aquellas tardes de insomnio. Considera que estamos a pocos días de noches dilatadas, cuando veo la luna trazar siluetas vivas. [Inédito]

Joaquín Benito de Lucas (1934 )

El búho  El búho ¿vive dormido o meditando? La noche le abre caminos de luz, el día le sobrecoge. Descansa sobre la rama de una encina mientras pone en orden su pensamiento. Ni se muestra ni se esconde. Su color es el color de la madera del bosque; en la frente le han crecido dos hojas con las que oye -verdinegras- el sonido silencioso de la noche. Cuando ésta llega despliega sus alas y vuela al monte, al llano, al valle, al río desperezado e insomne. ¡A cazar va por el Tajo lo que las aguas esconden! ("la sombra del membrillo")

Marin Sorescu (1936/1996 )

Ladrones Tenía un poema que no me dejaba dormir Y lo mandé al campo Donde un abuelo. Después escribí otro Y se lo envié a mi madre Para que lo guarde en el desván. Volví a escribir después unos cuantos Y con el dolor de mi corazón se los confié a mis parientes, Los que me prometieron cuidarlos bajo palabra de honor. Y así siempre, para cada nuevo poema, Se halló también un hombre que lo recibiera, Pues cada amigo mío Tiene a la vez un amigo, Tan bueno como para confiarle el secreto. Así que ni siquiera yo mismo sé ahora Dónde se encuentra cierto verso Y en caso que me atraquen los ladrones, Por más que me torturen, Igual no puedo decirles gran cosa, sino Que ellos están en un sitio seguro, En este país. ("círculo de poesía", versión omar lara) He vendado Vendé los ojos de los árboles Con un pañuelo verde Y dije: búsquenme. Y los árboles me hallaron en seguida Con una carcajada de hojarasca. Vendé los ojos de los...

Mary Oliver(1935 )

Rojos Todo el tiempo que estuve dando clases en el estado de Virginia quise ver al zorro gris. Finalmente lo encontré. Estaba en la autopista. Estaba cantando su canción de agonía. Lo levanté y lo llevé a un campo mientras los autos seguían pasando. Me mostró cómo podía gemir cómo podía sangrar. Adiós, le dije a la luz de su ojo mientras los autos pasaban. Dos días después encontré a su pareja. Estaba en la autopista. Estaba cantando su canción de agonía. La levanté y la llevé al campo donde gimió mitad gris mitad roja mientras los autos seguían pasando. Mientras los autos seguían pasando. Zorro gris y zorra gris. Rojos, rojos, rojos. ("griselda garcía", trad. natalia leiderman y patricio foglia)

Amelia Biagnoni (1916/2000 )

Poema de octubre Cuando desde mi nuca vuelvo al cuarto -que a veces me repite por todos los hoteles del mundo-, el espejo se mira, narciso de su historia, que acumula con suave, pavorosa memoria; la mesa da un gemido de bosque moribundo; y el agua de mi vaso cuida lejanos peces. De pronto se alzan noches de llama con rocío, esa mujer soltó su muerte agazapada, un gris viajante cuelga su sombra en el ropero, se volcó en esta silla un dolor verdadero, hay nudos y relámpagos de piel desesperada, un viejo calculaba, cuando llegó su frío... Y canto. Los fugaces de este cuarto de hotel dejaron, sin saberlo, su trance aquí; de suerte que yo, la socavada, sueno de su rumor. Dame tu colección, denso espejo: el amor, la esperanza, el fracaso, el instinto, la muerte... Toma, en cambio, una gota de mi agonía fiel. ("concédeme esos cielos")

Juan Bonilla (1966 )

Esto quería ser un poema de amor Tiras de las dos asas amarillas Y la bolsa se cierra. Luego haces dos nudos Sobre las mondas de naranja y las cáscaras de plátano, Las sobras de la cena, Unas cuantas docenas de colillas Y una planta que ha muerto. Son doce pisos luego y unos cuarenta pasos Hasta el contenedor –en el que apenas cabe ya ninguna bolsa. En el momento de depositarla allí Se ha iluminado un número en tu mente: Setenta y seis. Son pocas todavía Las bolsas de basura que habéis llenado juntos Si las comparas con las más de mil Que Laura y tú llenasteis; Son muchas, desde luego, un escorial, si las comparas Con las apenas diez Que de aquel sótano de Londres donde Marge, Sacabas rumbo a un minúsculo depósito en el patio. En La Habana Amarilis Cada noche colgaba la basura de las ramas de los árboles –para evitar la proliferación de ratas–: llenasteis juntos veintitantas bolsas. Es fea, bien lo sabes, tu costumbre De computar amores en bolsas de basura....

Jimena Arnolfi (1986 )

Tesoro Ahora dejé la ciudad y vuelvo de la huerta con olor a tomillo, albahaca, romero, vos enlazás mis manos, las respirás, pedís hacer tu casa en ellas. Un hogar es algo difícil de lograr. Un hogar es como un árbol. Si te quitan los árboles, perdés tranquilidad, belleza y protección. A veces caigo como una hoja en otoño, no sé si estoy quieta o en movimiento pero algo está crujiendo. Habrá que estudiar lo que dice el maestro. Cuando más de un árbol se seca en un mismo lugar, la naturaleza está avisando: hay un tesoro escondido bajo las raíces muertas. ("blog del amasijo")

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

De súbito estalló la guerra De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego; después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos, como rosas, como ratones que volvieran del infinito, todavía, con las alas. Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas: "Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...". Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este, el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran. De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra, arriba de las calas. ("concédeme esos cielo...

A.E. Quintero (1969 )

Veníamos... veníamos de cortar algunos capullos de mariposas. Las tardes de noviembre las usábamos para salvarlos de las primeras heladas. Y a ese bisbiseo de ir juntos, de cortar capullos, le llamabas -con tu voz de hablar bonito, ronca- silencio. Le llamabas silencio. Y yo te miraba más alto, corazón de raíz profunda, raíz, te miraba más alto y más mi padre que otros días. Y ciertamente el silencio bisbiseaba, y ciertamente todos mis corazones de niño que camina con su padre, de niño que huele a tierra despertada temprano y a yerbas echadas a un lado, bisbiseaban. Mi corazón, que no es mi corazón de ahora, te veía más alto. Y aquellos capullos de mariposa son la única prueba que aún tengo de que tuve un padre, y de que había momentos en los que caminábamos juntos y me quería. Porque hubo momentos en que me quería. ("monolito")

Theo Dorgan (1953 )

Ítaca                                                                                          para Leonard Cohen Cuando emprendas el viaje desde Ítaca otra vez deja que sea otoño, temprano, que las hojas planas caigan mientras te vas, para la primavera te sacudirían sus premuras, sus rumores de juventud. Te habrás ganado el camino de vuelta al puerto, deber cumplido, tu cuota de trabajo pagada, arraigada la casa, tu hijo en el pleno de la paternidad, su madre, tu largamente amada, disuelta en la penumbra. Camina por los umbrales, no mires a diestra o siniestra, no vayas a inhalar el humo de la leña, el tímido brillo de las muchachas, la resina y el pino de la casa. Quédate ahí, mantén su mirada, ellos han sido buenos vecinos. ...

Juan Carlos Moisés (1954 )

El tomate Corto el tomate en la tabla de un tajo, lo parto en  mitades sucesivas, y para no demorar lo inevitable sigo cercenando esos pedazos indefensos hasta hacerlos papilla, y salvo el color rojo como una mancha de sangre en el pecho del herido ya no podemos saber lo que fue alguna vez, bajo nuestros pies, su raíz hablando una lengua desconocida, ni lo que será, después de condimentar a gusto, sentarnos a la mesa familiar y comenzar a comer sin culpa, mientras conversamos animados sobre los temas impiadosos del día. ("la ficción del olvido")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

La hoguera Quema cuanto puedas: las cartas de amor las cuentas telefónicas el cesto de ropa sucia las escrituras y certificados la deslealtad de los colegas resentidos la confesión interrumpida el poema erótico que confirma la impotencia y anuncia la arteriosclerosis los recortes antiguos y las fotografías amarillentas. No dejes a los voraces herederos ninguna herencia de papel. Sé como los lobos: muere en la madriguera y sólo muestra tus afilados dientes a los canallas. Vive y muere cerrado como un caracol. Dile siempre no a la escoria electrónica. Destruye los poemas inacabados, los borradores, las variaciones y los fragmentos que provocan el orgasmo tardío de filólogos y eruditos. No dejes a los catadores de basura literaria ninguna migaja. No confíes a nadie tu secreto. La verdad no puede ser dicha. ("no me quites paz", trad. josé carlos de nóbrega)

Sara Teasdale (1884/1933 )

Llegarán suaves lluvias Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra, Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos; Y ranas en los estanques cantarán por la noche, Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco. Los petirrojos vestirán su fuego emplumado, Silbando sus caprichos sobre una alambrada. Y nadie sabrá de la guerra, nadie Se preocupará al final cuando todo haya concluido. A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol, Si la humanidad pereció completamente; Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer Apenas se daría cuenta que nos hemos ido. ("el espejo gótico", trad. sebastián beringheli)

Joan Margarit (1938 )

No tires las cartas de amor Ellas no te abandonarán. El tiempo pasará, se borrará el deseo -esta flecha de sombra- y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, se ocultarán en ti, al fondo de un espejo. Caerán los años. Te cansarán los libros. Descenderás aún más e, incluso, perderás la poesía. El ruido de ciudad en los cristales acabará por ser tu única música, y las cartas de amor que habrás guardado serán tu última literatura. ("cómo cantaba mayo en la noche", trad. mismo jm)

Uriel Martínez (1950 )

Enredaderas He visto trepadoras cogidas de barrotes como el reo que desea sentencia, busca agua, otra pena capital. Veo enredaderas que suben sin escalera, sin tramos donde afianzarse, cumbres no vislumbradas. Las veo y paso pronto, con la mano derecha que imita anteojos de sol, cejas ralas. Ese soy, me digo, ese que lleva prisa por no alcanzar meta, nada, ningún final. Enredaderas y trepadoras sin propósito, sólo con la idea en mente de caer y caer un día no lejano. [Inédito]

María Victoria Atencia (1931 )

Baño Comienza a serme infiel la piel de la garganta; pero ahora que se pierden tras de mí las orillas, tómame una vez más, mi desdeñoso amante, mientras las algas ponen un collar en mi cuello. ("a media voz")

Alejandro Drewes (1963 )

After hours Nunca olvides a esa pálida muchacha entre los andenes de una estación de provincia un amanecer en bancarrota. Pues todo fruto se alza y perece, y no es rosa nunca la rosa por mano. Así el fruto más oscuro del tiempo como un astro gravita en su hora y en torno la hierba de penumbra celeste lo envuelve de a poco. Nunca olvides el viaje, las palabras, el rodar del último tren que se aleja: él sabe bien que nada te llevará mucho más lejos. ("el poeta ocasional") Quaestio Pues ni en los mejores poemas puedes salvarte del mundo . Hacia la unánime noche del sueño corren los lobos . Bastardos hijos del rey de la sombra en tus oídos . Opreso en un laberinto brama tu hermano de Creta . Y ante lo incierto del alba ese temblor en los huesos . Ni te salva ya la luz por las colinas del Este . Ni de los mejores poemas esa recóndita música (muro fb daniel montoly)

César Cantoni (1951 )

Gente de letras Sálvame, Señor, de los poetas, de los críticos literarios, de los académicos de la lengua, de los profesores de Lengua y Literatura, de los ilustres literatos, de los escribidores... Y, sobre todo, de mí mismo, sálvame, Señor. ("rua das pretas")

Amaranta Caballero (1973 )

I Hay un hombre al que le gustan los poemas chiquitos como los pezones de algunas mujeres. El hombre se reinventa a sí mismo contándose una historia cada vez mientras el cuerpo le tiembla un poco bañado de constelaciones. Nunca se desorienta por eso ve claramente desde su sitio un Sol que se oculta a sus espaldas. ("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

Luis Alberto Arellano (1976/2016))

Suite Bollard I Celebra los idus de marzo no temas el puñal en tu costad que la victoria es siempre una pequeña venganza la muerte secreta libra al niño de su padre solitario aprendo mi piel en jirones escritos vivo al tiempo de los dragones y se inmola mi santa santa qué más da este precipicio o aquel otro si la lluvia es sólo agua el berrinche eterno de un corcel gracioso la figura soñadora de una gacela desnuda tirada en la cocina de mis entretelas agua y sólo lluvia el filo de las navidades sentada en la porción más recóndita de mis almenas y gira la bola amarilla con un corcel verde y gira la mano alrededor de tu cintura entregada a los meandros de tus pechos y el fino estilete de tus pezones surcando el espacio más íntimo agua y sólo agua las mentiras de una putidoncella acariciable la revuelta de mis sentidos más lejanos el absoluto mirar de una bola amarilla con un corcel verde. ("alforja, revista de poesía", no. xx, primavera 2002) No mi...

Alicia Silva Rey (1950 )

Razas primero Marguerite D., luego su traductora, Alejandra, hablaron del palacio de la soledad: "No les disparen a los fantasmas", dijeron, "no le disparen al viento" como en una escena de cowboys en el palacio de la soledad; cómo situar palacios de soledad en Haití -filibusteros; ejércitos de Napoleón- víctima de negros africanos dirigidos por un tal Toussaint Loverture, negro cómo, en Haití, sin hacienda, mujeres abusadas y el culto fetichista de las serpientes (ellas y yo amamos nuestros palacios de soledad); no Puerto Rico, la más culta de las Antillas, húmeda perla, colonial, ni Cuba "la más hermosa que jamás ojos vieron" controladas por la Union sólo en lo que atañe a su luz, su espacio material e inmaterial, su puerto el más vasto de América, su catedral en la europea Habana que guarda (ca. 1913) el sepulcro vacío de Colón ("otra iglesia es imposible")

Salvador Novo (1904/1974 )

Soneto Escribir por que sí, por ver si acaso se hace un soneto más que nada valga; para matar el tiempo, y porque salga una obligada consonante al paso. Porque yo fui escritor, y éste es el caso que era tan flaco como perra galga; crecióme la papada como nalga, vasto de carne y de talento  escaso, ¡Qué le vamos a hacer! Ganar dinero y que la gente nunca se entrometa en ver si se lo cedes a tu cuero. Un escritor genial, un gran poeta... Desde los tiempos del señor Madero, es tanto como hacerse una puñeta. ("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)