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Mostrando entradas de julio, 2016

Cristina Piña (1949 )

Calendario Era eso la vida: una callada compasión, maneras de ausentarse de la luz, la calandria mentirosa en el aire de febrero. No lo supimos entender: a cambio el fuego, el estruendo de la realidad, un héroe de Verdi que le canta a la muerte. Pero eso era la vida. Ahora es invierno para siempre. (muro fb marcelo leites)

Estela Figueroa (1946 )

Los huesos de mi padre Hace más de veinte años que murió y no renovamos el derecho de sus huesos a permanecer en el nicho. De mi parte fue intencional. A mi padre no le gustaba estar encerrado. Ojalá un sepulturero los haya vendido y haya comido algo especial con su mujer y sus hijos o se haya tomado unos vinos en rueda de amigos. Y con esos huesos un joven estudie medicina -esos huesos largos y bien formados- sin pensar en la muerte. ("de sibilas y pitias")

Ramón Peralta (1972 )

Mi hermano Jonás Mi hermano Jonás (en 1986) fue el tercer Cristo de Iztapalapa y un helicóptero se lo llevó porque le sangraba la lengua. Después me dijeron: Él es el mayor, se ha desplegado majestuosamente (brilla) en tanto que la Tierra se ha convertido en un planeta pequeño y el Sol ha ingresado en el rezago del universo. Al final eso no estará escrito, y en México todos seremos sacrificados. Los árboles de tu ventana se los tragará un incendio. Dedícate a cepillar muebles. Manda frente a las olas el orden de tu memoria. Ese día estuvo a punto de pegarme. Porque lo único que hay en peligro es lo que menos importa. Y me repitió que el ojo es una bella criatura musculosa en alerta. Miro las pocas nubes. He regresado continuamente al oriente de las especies. Se mueven. Encuentro esa teoría viable, como un andamiaje necesario que hay que desmontar después de creer y tragarnos el concepto de organización social. Miro las nubes se mueven, avanzan. En el cielo aparece un gran televisor...

Derek Walcott (1930 )

A mitad del verano XXV Mi cara, quemada por el sol como una terracota. Lleva el calor de su horno por toda la casa. Me gustan sus arrugas como las del agua azul. El jején hace pequeños huecos en el cacto dentado, una hornilla encrespó las hojas del laurel rosa y una rama del palo de campeche se cubre de letras salvajes. Una casa de piedra aguarda en el peldaño. Su porche llamea, blanco. Te cuento una promesa que me trajo la ola: "Verás a la transparente Helena pasar como una llama al sol, sin peso como el humo que no hace sombra en la arena". Mis palmas están rajadas por la cuerda con que arrastré una barca por más de cuarenta años. Mi Jonia es el olor de la yerba quemada, el chamuscado manubrio de una cisterna chirriando en agosto sobre mohosas islas, las líneas que amo conservan todos sus nudos. En la tarde aturdida, cuando hace mucho calor para pensar y la musa de este océano entre islas espera un nombre, y desde el saldo, oscuro cuarto, la tensa línea...

Nuno Júdice (1949 )

Ofrenda ¿Qué tengo para darte? Una gramática de sentimientos, verbos sin el complemento de una vida, los sustantivos más pobres de un vocabulario íntimo -el amor, el deseo, la ausencia. ¿Qué frase construiremos con tan poco? ¿A qué léxico de la paciencia le robaremos lo que nos falta? Entonces te ofrezco otra casa. Las paredes tienen la consistencia del verso; el techo, el peso de una estrofa. Te abro sus puertas; y el sol entra por la ventana de una sílaba, con su fuego vocálico, como si una palabra pudiese mitigar el frío que te envuelve. Y te pregunto: ¿qué otras palabras quieres? ¿La música sonora de un ocio? ¿El espeso manto con que se escribe el terciopelo? ¿El fondo luminoso del azul? Podría darte todas las palabras en la caja del poema; o prestarte el canto efímero en el que se esconden del mundo. Pero no es eso lo que me pides. Y la vida que pulsa entre adverbios y adjetivos se esfuma deprisa cuando intentamos seguir la línea del verso. ¿Qué queda?, me...

Federico Espinosa (1987 )

La Marcia Tiene los dedos congelados y la voz escarchada de tanto ¡diario! ¡diario! viste de amarillo igual que el semáforo en su espalda Río Negro en su pecho La Mañana de Neuquén interminable como el brazo de un dios está la ruta grabada en los ojos de Marcia que sólo espera el rojo para mostrar la última noticia. Marcia tiene frío y tan gastados los años que ya no quiere continuar quedó boca arriba con los ojos mirando el cielo a su esperanza la traía un caracol. Su muerte no fue noticia sino una hoja en blanco. ("griselda garcía")

Karen Plata (1986 )

Dice la abuela... dice la abuela que las ranas atraen la lluvia que son signos de felicidad que nuestro futuro se puede leer en sus panzas y en las estrellas que si ves las estrellas con atención puedes saber el día de tu muerte a mi no me gusta ver las estrellas les tengo miedo ayer al salir de casa vi tres ranas saltando en el patio quise atraparlas pero al volver las tres estaban muertas dice la abuela que la muerte esta en todas partes no le creo la muerte se esconde en las estrellas ayer todas las ranas miraban al cielo con la misma mirada de mi abuela muerta ("las afinidades electivas" blogspot)

Uriel Martínez (1950 )

El otro desde que te fuiste regresó la halitosis, tengo agruras y un presentimiento de catástrofe; me han brotado puntos negros en la cara, piojos en áreas prohibidas y sudores prietos de madrugada; el dentista me ausculta, me pregunta y calla el dermatólogo, me ocultan resultados de biopsias el internista, el cardiólogo y la chamana; todos hacen rodeos, mutis, cierran de golpe puertas y ventanas como en días ventosos. No sé si un día me vea calvo;  cada día soy otro. [Inédito]

Amalia Bautista (1962 )

Un patio del sur Un patio, cualquier patio, en un hueco del sur, limoneros de aroma mareante, la luz del día que se va muriendo indiferente, igual que cualquier día, repitiendo ese rito que conserva el misterio de las cosas sabidas y temidas a un tiempo: ¿y si fuera la última esta tarde? Bandadas de vencejos cruzan el cielo oscuro, bordean la alta torre, consiguen despistarme con sus vuelos erráticos cuyo frágil destino desconozco. Las campanas empiezan a sonar y los vencejos fingen asustarse con el estruendo, pero todo es juego, y tragedia, y cabriola, y trazado de círculos perfectos contra el gris rojizo de agonía del alto y ancho cielo. El cielo ya está negro del todo. Entre las ramas del limonero ríe y me deslumbra, tan arriba, un lucero. ("cómo cantaba mayo en la noche")

Louise Glück (1943 )

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Las migraciones nocturnas Este es el momento en que vuelves a ver las bayas del fresno de la montaña y en el cielo oscuro las migraciones nocturnas de las aves. Me duele pensar que los muertos no las verán– estas cosas de las que dependemos, ellas desaparecen. ¿Qué hará el alma entonces para consolarse? Me digo a mí misma que tal vez no necesite de estos placeres otra vez; quizás no ser es lo suficientemente sencillo, tanto como es difícil imaginarlo. ("de sibilas y pitias",trad. silvia camerotto)

Juan José Saer (1937/2015 )

El Graal El mar destila incertidumbre, la montaña perplejidad; y el propio cuerpo no abandona, por nada del mundo, su secreto. El viaje se volvió errabundo, y el aura solitaria, retirándose, nos transformó en manada. En la llanura inmóvil el cansancio nos visita: todo esto podía haber sido de esta manera o de alguna otra, el tiempo hubiese preferido correr para adelante o para atrás y abstenerse de salir, indiferente, la luna. Nos creeríamos perdidos, si fuésemos capaces, todavía, de distinguir un lugar. La mirada rebota, espesa; ni reconoce ni interroga. Astillas turbias flotan entre la sombra que amenaza. Confusos, vacilamos: salimos a buscar no sabemos qué ya no nos acordamos bien cuándo. ("de sibilas y pitias")

Fabio Morábito (1955 )

Para sentirse vivo En la naturaleza todo está de pie: los árboles, los pájaros que están sobre los árboles, las hojas que se estiran para limpiarse de las ramas. Y cada uno piensa que los otros son el suelo. Las hojas creen que toda rama está acostada y ciega, los pájaros que el árbol ya no crece, que es una especie de ruina, y el árbol cree que no hay más árboles, no cree más que en sí mismo. Nadie soporta que el sustrato en que se apoya tenga una vida propia, que no esté muerto, extinto, que sea ligero. Para sentirse vivo hay que pisar una desolación, algo que ya no tiene nada que decir. ("life vest under your seat")

Ángel González (1925/2008 )

Siempre lo que quieras Cuando tengas dinero regálame un anillo, Cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca, Cuando no sepas qué hacer vente conmigo -Pero luego no digas que no sabes lo que haces. Haces haces de leña en las mañanas Y se te vuelven flores en los brazos. Yo te sostengo asida por los pétalos, Como te muevas te arrancaré el aroma. Pero ya te lo dije: Cuando quieras marcharte ésta es la puerta: Se llama Ángel y conduce al llanto. ("salvo el crepúsculo.blogspot")

Derek Walcott (1930 )

En conclusión Yo vivo sobre el agua, solo. Sin hijos ni mujer. He dado vueltas a todo lo posible para llegar a esto: Una humilde casa junto al agua gris, con las ventanas siempre abiertas al mar picado. No escogemos tales cosas, pero somos lo que hemos hecho. Sufrimos, y los años pasan, perdemos peso, pero no nuestra necesidad de llevar algo a cuestas. El amor es una piedra que se asentó en el lecho del mar bajo las aguas grises. Ahora no necesito nada de la poesía, salvo el sentimiento genuino, no la piedad ni la fama ni la curación. Esposa tácita, podemos sentarnos a observar el agua gris, y en una vida bañada por las aguas, de la mediocridad y la basura vivir como las rocas. Yo olvidaré cómo se siente, desaprenderé mi talento. Eso es más grande y más difícil que aquello que pasa allá por vida. ("pleno verano", vaso roto ed., barcelo, 2012, trad. j.l. rivas)

Jan de Jager (1959 )

Erótica media mañana de otoño mañana fría. paso al baño de un bar para mear. al rato voy por la calle y siento en los dedos el olor. el olor de tu sexo no del mío. ("marcelo leites")

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

Homero El cadáver de su amante mira Aquiles y se corta los cabellos y apartado y solitario llora No volverán unidos a la tierra de los mirmidones a cazar juntos el venado y el jabalí en el monte Ni beberán más vino entre los amigos mientras cantan poemas de los antecesores de Homero Los dioses los han derrotado al matar a Patroclo La guerra los acercó en un amor más hermoso pero los separó para siempre jamás Ya nada tendrá Aquiles sino la muerte del amante en mitad de su joven corazón trémulo A lo lejos -en el campamento- los guerreros aqueos preparan religiosamente la pira funeraria que volverá cenizas el cuerpo de Patroclo Aquiles retorna a los amigos doloridos y gimientes y unge al muerto con óleos y perfumesy él mismo enciende los maderos cuando entrega al cadáver el beso del adiós -A Homero le gustaría narrar otros dolorosos detalles que ha mezclado con su profunda amargura pero sabe que tantos jóvenes griegos llorarían al oírlo y tiene piedad de ellos y lo...

Elsa López (1943 )

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Papilochromis Ramirezi                                       a guillermo mora Era un pez sin espinas y siempre navegaba formando olas celestes. Doradas las aletas y el dorso azul turquesa, recorría la pecera en una ceremonia inexplicable y mágica. Por el fondo la arena formaba laberintos y él, tan misterioso y grave, —casi humano en sus giros— abría sus aletas como abanicos negros y dejaba una estela de ternura en el agua. Cuando llegaba el frío, abría sus grandes ojos, arrimaba su pecho al cristal transparente y acariciaba mis dedos al saberme tan triste. ("portal de poesía")

Hernán Bravo Varela (1979 )

"Pensé que no..." “Pensé que no me tocaría”, dijo mi padre aquella noche mientras tapaba la televisión. Picas, mazos, martillos y ganzúas, jóvenes que venían del otro lado, sin pensar que ahora sería cuestión de dar un paso hacia adelante, dar la espalda. Mi hermano y yo escuchamos a mi padre relatar noticias que no pudimos ver sino en fragmentos. Él vio el muro cayéndose a pedazos y nosotros su nuca, sus hombros, sus omóplatos, como la mano con que nos tapaba los ojos en la escena de amor de una película. ("instituto cultural de león")

Luis Vicente de Aguinaga (1971 )

                                                Mensaje del que duda                                                   Rien ne m' est sûr que la chose incertaine                                                   Villon Digo salud cuando estornudo, y buenas noches al mirar contra el sol mi cara en las vidrieras. Si voy de pie, me cuadro los anteojos para observar los charcos que no evito, los setos que atravieso. Y con los mapas me ha quedado muy claro que en la calle donde vivo no hay gente, ni casas --no aparece ni siquiera el buzón que guarda estos renglones. Ayer, sin ir más lejos, traía metido en la cabe...

Derek Walcott (1930 )

Juncos de mar La mitad de mis amigos están muertos. Te daré otros nuevos, dijo la tierra. No, en vez de eso, devuélvemelos como eran, con defectos y todo, grité. Robar puedo esta noche sus palabras al confuso rumor del oleaje entre los juncos, pero no andar a solas sobre las hojas del océano que la luna baña por aquel blanco camino, ni cernirme en el vuelo, propio de un sueño, de los búhos ya libres del peso de la tierra. Los amigos que guardas, oh tierra, son más que aquellos que dejaste para amar. Al pie del farallón brillan los juncos, verdes, plateados; fueron lanzas seráficas de mi fe, pero de eso que está perdido crece algo más fuerte que irradia el resplandor racional de la piedra, tenaz claro de luna, más allá de la desesperación, resuelto como el viento, que entre divisores juncos trae delante de nosotros a los que amamos, como eran, con defectos y todo, no más nobles, pero aquí. ("pleno verano, poesia selecta", ed. vaso roto, trad.jos...

Rubén Bonifaz Nuño (1923/2013 )

Del templo de su cuerpo E Aromado como la mañana en los huertos llovidos, flota tu cuerpo, ya a medias en las redes del despertar. Santos aceites exudados de las bestias húmedas que por dentro lo forman, ungen el calor dormido entre tus sábanas. Gloria insigne de la corruptible eternidad, lo sientes; pruebas, con él, la carne de la dicha perdurable; te transmuta entera en la suavidad ambicionada de tu anillo de bodas. Naces. Pobre yo, pecador, te indago en su opulencia; te pretendo a tientas; exploro, paulatinos, sus invernaderos de profundos cálices; su raso de cisternas escruto; sus rincones de ámbar, sus olores de urnas memorizo. Y recibo de él los santos óleos del postrer bautismo y la primera extremaunción. Y tú me absuelves. ("del templo de su cuerpo", fce. méx., 1992)

Uriel Martínez (1950 )

La espera esperaré hasta tarde la lluvia que lava calles esquinas y muros de esta ciudad hostil si antes me gana el sueño no importa, sé que su llegada me hará recordar y oírla me asomaré al balcón, o de pie detrás de cristales la veré en descenso por caminos y veredas esperaré hasta muy avanzada la noche, cuando pasan raudas alas muy por encima de tu sueño separado de mí. [Inédito]

Carlos Marzal (1961 )

Decrepitud Asilados en una infancia obscena, en el exilio de su misma sombra, desde un limbo de hielo, derritiéndose, los viejos testimonian, sin enigma, sobre el enigma viejo de estar vivo. Gota a gota en presente, son futuro, evanescencia al fin fuera de tiempo, que en la fronda del tiempo anda perdida. Espectros de la carne en su derrota, se acogen al sagrado de la carne, que en deserción de sí no los ampara. pabilos sin fulgor de inteligencia, arden a fuego extinto en su hendidura, ascuas de quienes fueron, balbucientes. Isla del fin del mundo, conmovidos, vemos flotar en pasmo la vejez, a la lunar deriva del asombro. Nos resulta del todo inconcebible nuestra decrepitud, nuestra mudanza hasta desconocernos en nosotros y en nosotros errar entre lo ajeno. Cómo subsiste ciega la energía en su impúdico afán de propagarse. Madre senilidad, nunca te amamos. Madre senilidad, no te amaremos. Qué frágil, en su ser, la fortaleza. Qué sólido el vivir, de su...

Octavio Paz (1914/1998 )

Colibrí Quieto No en la rama en el aire No en el aire en el instante el colibrí. ("salvo el crepúsculo.blogspot")

Rafael Alberti (1902/1999 )

¡A volar! Leñador, no tales el pino, que un hogar hay dormido en su copa. —Señora abubilla, señor gorrión, hermana mía calandria, sobrina del ruiseñor, ave sin cola, martín pescador, parado y triste alcaraván: ¡A volar pajaritos al mar! ("salvo el crepúsculo")

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Nómada Se sentó en el puerto y abrió para quienes lo escuchaban su libro de viajes. Había conocido las montañas heladas del norte y atravesado de noche blancas y densas selvas, acosado por los osos. Había cruzado ciudades luminosas donde las mujeres tenían el cabello rubio, pero nadie hablaba su idioma; y se dejó arrastrar por los vientos hasta las playas cálidas del sur donde adquirió piel morena y ojos verdes. Después se instaló provisionalmente en las ruinas de un viejo continente donde fue monje, amante, hombre letrado, y enseñó a las niñas de un claustro blanco los rudimentos de la lectura. Y, por fin, partió hacia uno de los confines del mundo, donde lo tomaron por el último marinero y lo persiguieron. Había perdido a dios en su camino y volvió hacia atrás. Por lo que recordaba, tenía una pequeña herida en la voz: en ningún lugar había hallado aún el nombre de su casa. ("emma gunst", trad. verónica aranda)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Labor Para que Dios exista un poco más -a pesar de sí mismo- los poetas guardan el canto de la tierra. Para que siempre esté al alcance la cantidad de Dios que cada uno niega diariamente y puedan ser al fin ateos los hombres, las nubes, las estrellas, los poetas e vela hasta muy tarde se aferran a viejos cuadernos. Dios rota en sus eclipses y se deja soñar desde muy lejos. En medio de la noche las sombras borran las ventanas de rectos edificios. Son pocas las lumbres encendidas que tiemblan a esa hora en la intemperie, son pocas, pero cuánto resisten para inventar la cantidad de Dios que cada uno pide en sueño. ("alfabeto del mundo", fce, méxico, 2005, 2a. ed.)

Derek Walcott (1930 )

En conclusión Yo vivo sobre el agua, solo. Sin hijos ni mujer. He dado vueltas a todo lo posible para llegar a esto: una humilde casa junto al agua gris, con las ventanas siempre abiertas al mar picado. No escogemos tales cosas, pero somos lo que hemos hecho. Sufrimos, y los años pasan, perdemos peso, pero no nuestra necesidad de llevar algo a cuestas. El amor es una piedra que se asentó en el lecho del mar bajo las aguas grises. Ahora no necesito nada de la poesía, salvo el sentimiento genuino, no la piedad ni la fama ni la curación. Esposa tácita, podemos sentarnos a observar el agua gris, y en una vida bañada por las aguas, de la mediocridad y la basura vivir como las rocas. Yo olvidaré cómo se siente, desaprenderé mi talento. Eso es más grande y más difícil que aquello que pasa allá por vida. ("pleno verano", ed. vaso roto, madrid-méxico, 2012, trad. josé luis rivas)

Yves Bonnefoy (1923/2016 )

La rapidez de las nubes La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo, La rapidez espléndida de esas nubes, La súbita garra de la lluvia en los cristales Como si la nada rubricase el mundo. En mi sueño de ayer El grano de otros años ardía a fuego lento, Sin calor, en el suelo embaldosado. Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida. ¡Oh amiga mía, Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos! La hoja de la espada del tiempo que merodea Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer! ("vallejo & co., trad. carlos cámara y miguel ángel frontán)

Vasko Popa (1922/1991 )

No te llevaré a horcajadas... No te llevaré a horcajadas No te llevaré a donde me digas Ni herrado con oro Ni uncido a la carroza del viento Ni con brida de arco iris No quieras comprarme No lo haré ni con las piernas en el bolsillo Ni anudado ni enhebrado Ni reducido a simple pértiga No quieras asustarme No lo haré ni aunque me asen Ni crudo ni salado No lo haré ni en sueños No te engañes No entraré en el juego ("poesía", coed. calamus-fce, méxico, 2012 2a ed., trad. juan octavio prenz)

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

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Lola Jattin                       "para alejandro obregón" Más allá de la noche que titila en la infancia Más allá incluso de mi primer recuerdo Está Lola -mi madre- frente a un escaparate empolvándose el rostro y arreglándose el pelo Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte y está enamorada de Joaquín Pablo -mi viejo- No sabe que en su vientre me oculto para cuando necesite su fuerte vida la fuerza de la mía Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara de su dolor inmenso como una puñalada está Lola -la muerta- aún vibrante y viva sentada en un balcón mirando los luceros cuando la brisa de la ciénaga le desarregla el pelo y ella se lo vuelve a peinar con algo de pereza y placer concertados Más allá de este instante que pasó y que no vuelve estoy oculto yo en el fluir de un tiempo que me lleva muy lejos y que ahora presiento Más allá de este verso que me mata en secreto está la vejez -la muerte-...