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Mostrando entradas de octubre, 2017

Juan Bonilla (1966 )

Esto quería ser un poema de amor Tiras de las dos asas amarillas Y la bolsa se cierra. Luego haces dos nudos Sobre las mondas de naranja y las cáscaras de plátano, Las sobras de la cena, Unas cuantas docenas de colillas Y una planta que ha muerto. Son doce pisos luego y unos cuarenta pasos Hasta el contenedor –en el que apenas cabe ya ninguna bolsa. En el momento de depositarla allí Se ha iluminado un número en tu mente: Setenta y seis. Son pocas todavía Las bolsas de basura que habéis llenado juntos Si las comparas con las más de mil Que Laura y tú llenasteis; Son muchas, desde luego, un escorial, si las comparas Con las apenas diez Que de aquel sótano de Londres donde Marge, Sacabas rumbo a un minúsculo depósito en el patio. En La Habana Amarilis Cada noche colgaba la basura de las ramas de los árboles –para evitar la proliferación de ratas–: llenasteis juntos veintitantas bolsas. Es fea, bien lo sabes, tu costumbre De computar amores en bolsas de basura....

Jimena Arnolfi (1986 )

Tesoro Ahora dejé la ciudad y vuelvo de la huerta con olor a tomillo, albahaca, romero, vos enlazás mis manos, las respirás, pedís hacer tu casa en ellas. Un hogar es algo difícil de lograr. Un hogar es como un árbol. Si te quitan los árboles, perdés tranquilidad, belleza y protección. A veces caigo como una hoja en otoño, no sé si estoy quieta o en movimiento pero algo está crujiendo. Habrá que estudiar lo que dice el maestro. Cuando más de un árbol se seca en un mismo lugar, la naturaleza está avisando: hay un tesoro escondido bajo las raíces muertas. ("blog del amasijo")

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

De súbito estalló la guerra De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego; después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos, como rosas, como ratones que volvieran del infinito, todavía, con las alas. Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas: "Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...". Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este, el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran. De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra, arriba de las calas. ("concédeme esos cielo...

A.E. Quintero (1969 )

Veníamos... veníamos de cortar algunos capullos de mariposas. Las tardes de noviembre las usábamos para salvarlos de las primeras heladas. Y a ese bisbiseo de ir juntos, de cortar capullos, le llamabas -con tu voz de hablar bonito, ronca- silencio. Le llamabas silencio. Y yo te miraba más alto, corazón de raíz profunda, raíz, te miraba más alto y más mi padre que otros días. Y ciertamente el silencio bisbiseaba, y ciertamente todos mis corazones de niño que camina con su padre, de niño que huele a tierra despertada temprano y a yerbas echadas a un lado, bisbiseaban. Mi corazón, que no es mi corazón de ahora, te veía más alto. Y aquellos capullos de mariposa son la única prueba que aún tengo de que tuve un padre, y de que había momentos en los que caminábamos juntos y me quería. Porque hubo momentos en que me quería. ("monolito")

Theo Dorgan (1953 )

Ítaca                                                                                          para Leonard Cohen Cuando emprendas el viaje desde Ítaca otra vez deja que sea otoño, temprano, que las hojas planas caigan mientras te vas, para la primavera te sacudirían sus premuras, sus rumores de juventud. Te habrás ganado el camino de vuelta al puerto, deber cumplido, tu cuota de trabajo pagada, arraigada la casa, tu hijo en el pleno de la paternidad, su madre, tu largamente amada, disuelta en la penumbra. Camina por los umbrales, no mires a diestra o siniestra, no vayas a inhalar el humo de la leña, el tímido brillo de las muchachas, la resina y el pino de la casa. Quédate ahí, mantén su mirada, ellos han sido buenos vecinos. ...

Juan Carlos Moisés (1954 )

El tomate Corto el tomate en la tabla de un tajo, lo parto en  mitades sucesivas, y para no demorar lo inevitable sigo cercenando esos pedazos indefensos hasta hacerlos papilla, y salvo el color rojo como una mancha de sangre en el pecho del herido ya no podemos saber lo que fue alguna vez, bajo nuestros pies, su raíz hablando una lengua desconocida, ni lo que será, después de condimentar a gusto, sentarnos a la mesa familiar y comenzar a comer sin culpa, mientras conversamos animados sobre los temas impiadosos del día. ("la ficción del olvido")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

La hoguera Quema cuanto puedas: las cartas de amor las cuentas telefónicas el cesto de ropa sucia las escrituras y certificados la deslealtad de los colegas resentidos la confesión interrumpida el poema erótico que confirma la impotencia y anuncia la arteriosclerosis los recortes antiguos y las fotografías amarillentas. No dejes a los voraces herederos ninguna herencia de papel. Sé como los lobos: muere en la madriguera y sólo muestra tus afilados dientes a los canallas. Vive y muere cerrado como un caracol. Dile siempre no a la escoria electrónica. Destruye los poemas inacabados, los borradores, las variaciones y los fragmentos que provocan el orgasmo tardío de filólogos y eruditos. No dejes a los catadores de basura literaria ninguna migaja. No confíes a nadie tu secreto. La verdad no puede ser dicha. ("no me quites paz", trad. josé carlos de nóbrega)

Sara Teasdale (1884/1933 )

Llegarán suaves lluvias Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra, Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos; Y ranas en los estanques cantarán por la noche, Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco. Los petirrojos vestirán su fuego emplumado, Silbando sus caprichos sobre una alambrada. Y nadie sabrá de la guerra, nadie Se preocupará al final cuando todo haya concluido. A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol, Si la humanidad pereció completamente; Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer Apenas se daría cuenta que nos hemos ido. ("el espejo gótico", trad. sebastián beringheli)

Joan Margarit (1938 )

No tires las cartas de amor Ellas no te abandonarán. El tiempo pasará, se borrará el deseo -esta flecha de sombra- y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, se ocultarán en ti, al fondo de un espejo. Caerán los años. Te cansarán los libros. Descenderás aún más e, incluso, perderás la poesía. El ruido de ciudad en los cristales acabará por ser tu única música, y las cartas de amor que habrás guardado serán tu última literatura. ("cómo cantaba mayo en la noche", trad. mismo jm)

Uriel Martínez (1950 )

Enredaderas He visto trepadoras cogidas de barrotes como el reo que desea sentencia, busca agua, otra pena capital. Veo enredaderas que suben sin escalera, sin tramos donde afianzarse, cumbres no vislumbradas. Las veo y paso pronto, con la mano derecha que imita anteojos de sol, cejas ralas. Ese soy, me digo, ese que lleva prisa por no alcanzar meta, nada, ningún final. Enredaderas y trepadoras sin propósito, sólo con la idea en mente de caer y caer un día no lejano. [Inédito]

María Victoria Atencia (1931 )

Baño Comienza a serme infiel la piel de la garganta; pero ahora que se pierden tras de mí las orillas, tómame una vez más, mi desdeñoso amante, mientras las algas ponen un collar en mi cuello. ("a media voz")

Alejandro Drewes (1963 )

After hours Nunca olvides a esa pálida muchacha entre los andenes de una estación de provincia un amanecer en bancarrota. Pues todo fruto se alza y perece, y no es rosa nunca la rosa por mano. Así el fruto más oscuro del tiempo como un astro gravita en su hora y en torno la hierba de penumbra celeste lo envuelve de a poco. Nunca olvides el viaje, las palabras, el rodar del último tren que se aleja: él sabe bien que nada te llevará mucho más lejos. ("el poeta ocasional") Quaestio Pues ni en los mejores poemas puedes salvarte del mundo . Hacia la unánime noche del sueño corren los lobos . Bastardos hijos del rey de la sombra en tus oídos . Opreso en un laberinto brama tu hermano de Creta . Y ante lo incierto del alba ese temblor en los huesos . Ni te salva ya la luz por las colinas del Este . Ni de los mejores poemas esa recóndita música (muro fb daniel montoly)

César Cantoni (1951 )

Gente de letras Sálvame, Señor, de los poetas, de los críticos literarios, de los académicos de la lengua, de los profesores de Lengua y Literatura, de los ilustres literatos, de los escribidores... Y, sobre todo, de mí mismo, sálvame, Señor. ("rua das pretas")

Amaranta Caballero (1973 )

I Hay un hombre al que le gustan los poemas chiquitos como los pezones de algunas mujeres. El hombre se reinventa a sí mismo contándose una historia cada vez mientras el cuerpo le tiembla un poco bañado de constelaciones. Nunca se desorienta por eso ve claramente desde su sitio un Sol que se oculta a sus espaldas. ("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

Luis Alberto Arellano (1976/2016))

Suite Bollard I Celebra los idus de marzo no temas el puñal en tu costad que la victoria es siempre una pequeña venganza la muerte secreta libra al niño de su padre solitario aprendo mi piel en jirones escritos vivo al tiempo de los dragones y se inmola mi santa santa qué más da este precipicio o aquel otro si la lluvia es sólo agua el berrinche eterno de un corcel gracioso la figura soñadora de una gacela desnuda tirada en la cocina de mis entretelas agua y sólo lluvia el filo de las navidades sentada en la porción más recóndita de mis almenas y gira la bola amarilla con un corcel verde y gira la mano alrededor de tu cintura entregada a los meandros de tus pechos y el fino estilete de tus pezones surcando el espacio más íntimo agua y sólo agua las mentiras de una putidoncella acariciable la revuelta de mis sentidos más lejanos el absoluto mirar de una bola amarilla con un corcel verde. ("alforja, revista de poesía", no. xx, primavera 2002) No mi...

Alicia Silva Rey (1950 )

Razas primero Marguerite D., luego su traductora, Alejandra, hablaron del palacio de la soledad: "No les disparen a los fantasmas", dijeron, "no le disparen al viento" como en una escena de cowboys en el palacio de la soledad; cómo situar palacios de soledad en Haití -filibusteros; ejércitos de Napoleón- víctima de negros africanos dirigidos por un tal Toussaint Loverture, negro cómo, en Haití, sin hacienda, mujeres abusadas y el culto fetichista de las serpientes (ellas y yo amamos nuestros palacios de soledad); no Puerto Rico, la más culta de las Antillas, húmeda perla, colonial, ni Cuba "la más hermosa que jamás ojos vieron" controladas por la Union sólo en lo que atañe a su luz, su espacio material e inmaterial, su puerto el más vasto de América, su catedral en la europea Habana que guarda (ca. 1913) el sepulcro vacío de Colón ("otra iglesia es imposible")

Salvador Novo (1904/1974 )

Soneto Escribir por que sí, por ver si acaso se hace un soneto más que nada valga; para matar el tiempo, y porque salga una obligada consonante al paso. Porque yo fui escritor, y éste es el caso que era tan flaco como perra galga; crecióme la papada como nalga, vasto de carne y de talento  escaso, ¡Qué le vamos a hacer! Ganar dinero y que la gente nunca se entrometa en ver si se lo cedes a tu cuero. Un escritor genial, un gran poeta... Desde los tiempos del señor Madero, es tanto como hacerse una puñeta. ("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

Elkin Restrepo (1942 )

No conviene volver una y otra vez No conviene volver una y otra vez sobre lo mismo No conviene que te encierres en tu sordo, desgastado canto Y, otra vez, derrotándote, hagas de ti tu propio enemigo. No conviene que cargues el corazón con el peso de tus Soledades y vacíos Ni conviene que el dolor y la sombra te hechicen. No conviene que tu pena sea más joven que tu esperanza Ni conviene tampoco que tus palabras valgan más que tu silencio. ("no me quites paz") Anita Eckberg En Roma, eso ahora lo comprendes, el verano se convierte rápidamente en olvido, en hojas secas, en una sensación dolorosa. Las aves ya no chillan o chillan de manera distinta en las canoas de los viejos palacios, y en las calles otra luz desmorona el oro de la vida. Las cosas (tus cosas) parecen diluirse en un sueño confuso. y la desdicha llega a casa y se instala como un viejo amante. Sientes que esto es nuevo en ti, un mensaje apenas recibido, una derrota. En ...

Safo (630 aC/580 aC)

Cuando la alegre fiesta Ven a mí desde Creta hasta este sacro templo; donde, en tu honor, una arboleda amable de manzanos; donde altares perfumados de incienso; agua fresca murmura aquí entre ramas de manzano, y umbrío está de rosas todo el recinto, y de la fronda trémula un sopor se desprende; y el prado que apacienta a los caballos copioso está de flores primaverales; soplan aires de olor a miel… Aquí, pues, tú, chipriota, coronada, en copas de oro, delicadamente, escáncianos el néctar ya mezclado cuando la alegre fiesta ("rima interna", trad. de juan manuel macías)

Horacio Castillo (1934/2010 )

Dice Eurídice La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías: horror de que me vieras así, con este tocado de sombra, el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar. Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria- y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo. Hace tanto que nadie venía por aquí, tanto que nadie se llevaba un alma o un perro, que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome, cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida. Después tu calor me condensó, me secó como una vasija, y caminé por el sombrío corredor otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho y un carbón encendido en medio de las piernas. Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz, los árboles junto a los cuales caminábamos, aquella habitación llena de espejos donde flotábamos como dos ahogados. Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso, tu pensamiento se espantó como un caballo, y vi qu...

Hilario Barrero (1946 )

Correspondencia Compras en un mercado de la calle Catorce cartas de amor con olor a lavanda, de seguro trazo y emocionado tono, que otros apasionadamente se escribieron y que atadas con una cinta roja todavía conservan de franquicia el perfil victorioso del nuevo dictador. Una historia secreta, lejana y misteriosa de un imposible amor, ya ceniza su fuego. Mientras la excavadora de tus ojos enturbia la clausura de la tinta y el azadón furioso de tus manos avanza perturbando la escritura tú sabes bien que nunca lograrás para las tuyas ni mirada piadosa que preserve la hiel de tus acentos ni comprador alguno interesado. Tu vida, no lo olvides, es un acto continuo de escritura maldita. ("el cultural")

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919/2004 )

Fernando Pessoa Tu canto justo que desdeña las sombras Limpio de vida viudo de persona Tu valiente atreverse a no ser nadie Tu navegación con brújula y sin astros En el mar indefinido Tu exacto conocimiento que nada posee Crearon tu poema arquitectura Y eres semejante a un dios de muchos nombres Cariátide de ausencia exento de destinos Invocando la presencia ya perdida Y diciendo sobre la fuga de los caminos Que fuiste como hierba no recogida ("cara lusitania, poetas portugese contemporáneos", ed. aldvs, méxico, 2010, trad. francisco cervantes)

José Luis García Martín (1950 )

Oración Cada vez anochece más temprano y ese simple hecho, al que debería uno estar acostumbrado, me llena de melancolía. Camino por calles apartadas, al margen de la rutina, me cruzo con desconocidos, me vuelven de nuevo los fantasmas de la adolescencia. Uno de esos fantasmas me saluda con tímida cortesía y me sugiere que le acompañe. Lo que ocurrió después ya lo he contado muchas veces, demasiadas, y resulta fácil de adivinar.             De camino a casa, recordé un poema de Carver: “A la edad que tú tienes, / casi toda la gente que admiras ya había muerto; / a la edad que tú tienes / ser un superviviente es un milagro / (como a cualquier edad, por otra parte) / y dormir como tú duermes, / de un tirón la noche entera /  casi todas las noches, un milagro aún mayor. / Agradéceselo a un Dios desconocido / y que tal vez no existe, / pero que siempre te ha mirado con amor, / pídele que siga sosteniéndote, / alto sobre el abismo, / por algún tiempo ...

Uriel Martínez (1950 )

Ese día Antes que termine el último otoño llevaré en la maleta la imagen no olvidada de ti, de mi y de lejanas playas sin sol; Después que hayan cerrado las cicatrices de frida, sylvia, marilyn y mariana de alcoforado, buscaré esquinas, avenidas y bocacalles olvidadas; Aun después de cerradas puertas. tragaluces, bóvedas y quemacocos de ciudades derruidas, ahí llegaré en pos de olvido; De equipaje sólo llevaré diazepam, vendas antiguas, agua oxigenada, aspirinas, alcohol y ungüentos naturales; sé, lo sé de antemano, que ese día vendrá. [Inédito]

Helen Mort (1985 )

Nombres comunes En algún lugar, hay una araña llamada Harrison Ford, otra especie se conoce como Orson Welles. El océano está lleno de caballitos de mar que toman sus nombres de campeones deportivos. Por encima de nuestras cabezas, una solitaria avispa Greta Garbo levanta el vuelo. Cada día, alguien adopta una orca o compra un pedazo de luna sólo para llamarlo Bob y ayer por la noche, observando meteoros que navegan dando tumbos a través del cielo Grasmere, tú me dijiste que hay planetas menores bautizados Elvis, Nietzsche, Sr. Spock. Así que perdóname si levanté la vista por encima de tu cara, para ver de cerca esas gotas plateadas que forman los ríos en la oscuridad y, por un momento, llegué a pensar que habría estrellas con nuestros nombres. ("El poeta ocasional", versión carlos alcorta)

Stefan Ivanov (1986 )

Primeras nieves Cerca de Nevski las hojas son del color de la cúpula y de mi cabello. El fuego al Soldado Desconocido sigue esperando un cigarro gigante. Los travestis de la plaza Makedonia otra vez me dijeron solecito . Volví a casa en taxi y aguardé en silencio al insomnio. ("el poeta ocasional" s/c al traductor)

Yolanda Pantin (1954 )

24 horas en la vida de una mujer Se levanta se peina se lava llena de agua un tarrito se viste se arregla se calza besa a quien quiere sin fuego sin vida sin alma se acuesta se duerme ("de sibilas y pitias")

Laura Victoria (1904/2004 )

Ya ni versos... Ya ni versos escribo, sólo queda este soñar de lágrimas teñido, y una queja distante en el olvido azul lejano de tu voz de seda. Amor no es, es algo que remeda la desmembranza del rosal caído, donde ya ni las sombras hacen nido, ni el viento en rondas de cristal enreda. Algo que ayer fue lirio de mi fuente, frescura de mi noche, y suavemente luminar en mi senda florecida. Algo que en mi agonía aún retengo, porque es la única verdad que tengo y no puedo arrancarla de mi vida. Deseo Sobre la tibia arena de la playa tu amante cita con placer espero; el sol retuesta mis desnudos hombros y entre mi falda juguetea el viento. Ya con salobres aguas cristalinas el mar de añil acarició mi cuerpo; llevo en los labios un coral partido y una concha prendida en los cabellos. Las esmeraldas de mis ojos tristes aguardan tus pupilas de bohemio, y mis manos germinan las caricias que brotan al contacto de tus dedos. Ven, ya se abren cual rojos amara...

Manuel Ramos Otero (1948/1990 )

No digáis que por falta... No digáis que por falta de su bicho mi verso resplandece hasta que arde el culo es llamarada por la tarde de noche, como Dios, vuelve a su nicho. Si el lector me rechaza por cobarde por miedo a la verdad es que lo ficho tentación de poeta es lo entredicho ignorancia juzgar por puro alarde. Que no compre mi libro por la fama para ser en la esquina muy discreto que hasta muerto mi tumba será cama una orgía de huesos y esqueleto apasionado mármol para el que ama bajo el sol y la luna sin secreto. ("del mangle")

Alda Merini (1931/2009 )

Nuestro triunfo El pie de la locura está manchado de azul. Con él hemos emigrado por montes de ascensión; el pie de la locura nada tiene de divino pero la mente nos lleva por las pendientes blancas donde llora la nieve,             medra el saúco             gime el cordero. Hemos cruzado puentes, examinado reglas, y cuando la oscura sombra del delirio gravitaba en la profunda nuca, inclinábamos la cabeza como ante una ley; y hemos promulgado la ley mosaica desactivando minas en altiplanos prohibidos. Nuestro triunfo baja de las montañas como enorme cascada, y nos hemos quedado igual a aquellos ángeles a quienes en un día de aurora les brotaron alas. ("pájaros lanzallamas", trad. guillermo fernández)

Sandra Toro (1968 )

Vayan sabiendo No quiero sacar una hoja dejar renglón bajarme la pollera peinarme un poco terminar todo el plato sacar la mano de ahí. No quiero abrir la boca decir “Ahhhhhhhhhhh” toser seguir el dedo respirar hondo-contener el aire-respirar normal. No quiero dar excusas buenos días pésames lástima rienda suelta la mano en la reunión. No quiero precalentar el horno batir a punto letra enmantecar el molde agitar antes de servir. No quiero apilar siempre con este lado hacia arriba tirar de la palanca en caso de incendio conservar mi derecha mirar atrás al bajar. No quiero cortar por la línea de puntos mantener la distancia firmar al pie tachar lo que no corresponda Marcar con una cruz presionar 1 cerrar paréntesis ("emma gunst")