Gombrowicz, antes y después
Cuando un escritor muere, lo que queda es su obra. Y sus herederos: los legítimos, burocracia mediante, y los imaginarios, que son los que siguen o intentan seguir su camino. Los que lo toman como referencia, como punto de partida o faro, como ariete, como talismán. Los herederos imaginarios son quienes resignifican la obra de un autor y quienes, probablemente, la reinventen, le otorguen un nuevo lugar en el panteón de literatos consagrados, algo que no es nuevo en absoluto, desde Platón y Sócrates, desde Borges y Macedonio. Con Witold Gombrowicz ocurre algo similar. Hace cuarenta y cinco años que murió, pero su nombre y su obra siguen expandiéndose, en parte por el trabajo de su viuda, Rita, y en parte por la filiación de un grupo de gombrowiczianos que, en el último tiempo, parece haberse acrecentado. ¿Será que, por los motivos que sea, Gombrowicz se puso de moda? ¿Será que después de tantos años se le van autorizando los pergaminos para ser parte del selecto club de los grandes? ¿S...