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Mostrando entradas de mayo, 2018

Linda Pastan (1932 )

Ética Hace muchos años en clase de ética nuestro profesor nos preguntaba cada otoño: ¿si se prendiera el fuego en un museo qué es lo que salvarías, una pintura de Rembrandt o una anciana a la que de todos modos no iban a quedarle muchos años de vida? Impacientes en las duras sillas nos preocupaban poco los cuadros o la vejez, optábamos un año por la vida, al siguiente por el arte y siempre con poco entusiasmo. A veces la mujer adoptaba el rostro de mi abuela dejando por una vez la cocina para recorrer algún museo inhóspito y sólo a medias imaginado. Un año, creyendo ser ingeniosa, respondí ¿por qué no dejar que decida la anciana? Linda, explicó el profesor, evita la carga de la responsabilidad. Este otoño, casi anciana yo misma, estoy en un museo real frente a un verdadero Rembrandt. Dentro del marco los colores son más oscuros que el otoño, más oscuros aún que el invierno— los ocres de la tierra, aunque los elementos más brillantes arden a través del lienzo. ...

Sharon Olds (1942 )

Mirándolos mientras duermen Cuando llego a casa tarde y es de noche y entro a besar a los niños veo a mi hija con el brazo doblado alrededor de la cabeza, su cara sumergida en lo inconsciente; tan centrada por completo en su yo oscuro, la boca que resopla con ligereza como alguien saciado pero con una mueca leve de no haber tenido suficiente, los ojos tan cerrados que uno pensaría que han girado sobre el iris para mirar la parte posterior de la cabeza, el globo ocular desnudo y marmóreo bajo el párpado anhelante grueso y satisfecho, descansa sobre la espalda en posición cerrada y de abandono y el hijo en su habitación, oh, el hijo, está de lado en la cama, una rodilla arriba como si estuviera escalando peldaños escarpados en la noche, y bajo el temblor fino de los párpados sabes que sus ojos están abiertos de par en par, mirando y vidriosos, con su azul codicioso y cristalino en toda esta oscuridad, y la boca está abierta, respira con dificultad por la subida y j...

Isla Correyero (1957 )

Para quién escribo                       10 de octubre de 1995 Mi hijo de diez años me ha preguntado para quién escribo. Mi palabra sale de la afonía de una guardia, de un sufrimiento crónico. Escúchame, Paolo, yo quisiera escribir para todos los que sufren en esta larga galería de la muerte. Para los que lloran por el clima y desfallecidamente caen entre las sábanas mojadas. Para las madres que nunca acaban de perder al hijo estremecido y permanecen a su lado las horas eternas de las tinieblas. Escribo para los ancianos sin sucesión ni campos de manzanas que llaman solitarios a los timbres temblando por su incontinencia. Para el bálsamo de su inmovilidad escribo en el lavatorio de sus heces. Escribo, Paolo, para las alas fosfóricas de la guadaña que pasa cada noche sobre el piso noveno y deja caer su cucharón de palo para comerse al más ausente. Para los hijos, escribo, los hijos que fuman los cigarros amargos a escond...

Karmelo C. Iribarren (1959 )

Vuelve a intentarlo                            para alberto moyano Esas mañanas de domingo,                        en invierno,                        a primera hora:                        las calles recién regadas,                        el aire fresco,                        limpio,                        el olor a cruasán de las cafeterías,                        la locura                        de los pájaros... ...

Uriel Martínez (1950 )

Asilos si un día coincidimos en la misma casa de reposo no finjas que fuimos felices; o si nos encontramos en la funeraria no muestres luto por nosotros; si acaso el destino nos junta en el manicomio, di que fui tuya y fuiste mía como error del azar. [Inédito]

Juan Manuel Roca (1946 )

Poética Tras escribir en el papel La palabra coyote, Hay que vigilar Que ese vocablo carnicero No se apodere de la página, Que no logre esconderse Detrás de la palabra jacaranda A esperar a que pase la palabra liebre Y destrozarla. Para evitarlo, Para dar voces de alerta Al momento en que el coyote Prepara con sigilo su emboscada, Algunos viejos maestros Que conocen Los conjuros del lenguaje Aconsejan trazar la palabra cerilla, Rastrillarla en la palabra piedra Y prender La palabra hoguera para alejarlo. No hay coyote ni chacal, No hay hiena ni jaguar, No hay puma ni lobo Que no huyan cuando el fuego Conversa con el aire. ("otropáramo")

Juan Manuel Roca (1946 )

Las enfermedades del alma Me da luna Verte cruzar por una esquina Cuando se enciende el faro de la isla Y se apagan los barcos del contrabando. Me da río Ver los muertos en los trenes desbocados Que viajan hacia el mar de las Antillas. Me da nube Mirar cómo trepan por el aire Las calladas catedrales. Me da barca Cuando cruzas, sonámbula, Como si empujaras al viento. Me da libro El tren que parece la cremallera de la noche, La poderosa maquinaria Que rebana dos tajos de oscuridad. Me dan buitres Las noches góticas Que se pueblan de cirios y cilicios. Me da puerto Cuando el río sestea al mediodía Entre bosques de pimienta O bajo los brazos de un samán. Me da Sur, Mucho Sur, oír tu silencio Que acompasa la música Con su discreta percusión. Me da aguja La sombra cimbreante Que vive cosida a tu belleza. Me da bar Cuando escucho en la madrugada El taladro de la lluvia. Me da nieve El llanto de una niña Que rompe el silencio del vecindario. ...

George Bacovia (1881/1957 )

Nocturno Estoy atrapado aquí... El aguanieve gotea afuera, fangoso... Para saber nada otra vez, debería haber otro método. Una lámpara de gas hay, luego no hay. Un alcohólico cruza la plaza entristecida. Penetrando en la humedad profunda, el pueblo duerme. Emparedada entre fríos muros, ella duerme también...quizá. Casas de acero, casas de ladrillo, y todas las puertas cerradas. Escaleras arriba, el quieto tararear del piano golpea como un saco sombrío las nubes, mi sombra. Está chorreado hielo derretido. Nieva sin parar. Junto a la ventana, en un vaso, una rosa amarilla mira hacia abajo. ("plomo", inédito, versión aleqs garrigóz)

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Alto jornal Dichoso el que un buen día sale humilde y se va por la calle, como tantos días más de su vida, y no lo espera y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto y ve, pone el oído al mundo y oye, anda, y siente subirle entre los pasos el amor de la tierra, y sigue, y abre su taller verdadero, y en sus manos brilla limpio su oficio, y nos lo entrega de corazón porque ama, y va al trabajo temblando como un niño que comulga mas sin caber en el pellejo, y cuando se ha dado cuenta al fin de lo sencillo que ha sido todo, ya el jornal ganado, vuelve a su casa alegre y siente que alguien empuña su aldabón, y no es en vano. ("rua das pretas")

George Bacovia (1881/1957 )

Plomo invernal El pesar de invierno me ha llevado por bosques y largos caminos junto a las vías del tren. Junto a la tarde ando sobre lagos congelados, solo, a la hora de las violetas apariciones sobre el mundo. La enfermedad y la estupidez minan mi corazón, mientras la luna aparece sobre villas nevadas. Solo, camino sobre solitarios puentes de acero y espero en la nieve... ¿Espero qué? ¿A quién? ¡Hoo!...¡Hoo!...Muy lejos, bajo estrellas congeladas. ¿A cuál puerta deberé llamar esta noche terrible? Oh, sueño...Oh, libertad... ¡Hoo!...¡Hoo!... Muy lejos, bajo estrellas congeladas. ("plomo", versión de aleqs garrigóz, inédito)

Mario Montalbetti (1953 )

La lección de economía ¿Por qué los mercados no son afectados por los grandes abandonos, por los amores que acaban, por los desencantos y los crepúsculos? Nadie lo sabe. Algunos lo saben: porque los mercados responden a dos cosas y a dos cosas solamente: al flujo de capital y a las expectativas de ganancia. Se repitió todo esto mientras andaba con pasos apurados, preparando la clase antes de dar la clase. Cruzó la calle. El vendedor de lotería estaba parado en la esquina, con las suertes enganchadas con un imperdible a su camisa de franela. Imaginó gallos. Siguió caminando. Se preguntó retóricamente: ¿y qué afecta al amor? La clase sigue. Nadie lo sabe. Algunos lo saben: una cosa y una cosa solamente afecta al amor: la demanda de amor. (Esta es la ley sorprendente de la que tiene que convencerlos: la oferta de amor no afecta al amor.) éste es el verso... éste es el verso en que la sangre se vuelve vino y el paraíso metrópolis y la daga imagina...

Uriel Martínez (1950 )

Las chanclas Necesito un látigo que me azote la pereza de ciertos miércoles de mayo; requiero con urgencia un arácnido en la tetilla izquierda que chupe este marasmo, la incertidumbre de un cumpleaños olvidado; busco una piedra en donde sentarme y esperar la salida del sol, la inquietud no escrita del mar, la sordera quieta de oscuras norias; asomarme al brocal del mundo y esperar la aparición del quelonio que me descifre el futuro, la suerte de las feas. En suma, busco las chanclas de llegada a casa, las raídas del alma. [Inédito]

Chantal Maillard (1951 )

Espejos Duelen tantas cosas, ¡tantas! Aquellas, por ejemplo, embadurnadas de azafrán, que aprisionan espejos hastiados de contornos y angustiosa ambigüedad. Mirad cómo en ellos se alarga el intangible volumen de la inexistencia, mirad cómo se encogen los ecos y se abalanzan, formando punteados y guturales reflejos de la imagen; mirad cómo el castigo no se refleja, no se exhibe, pero muerde, apuñala y se derrama en jirones de vida siguiendo el hilo de las canas y los silencios arrugados en los muslos de los viejos. Mirad de qué extraños colores se disfrazan los cristales al repartirse los despojos de un mundo soñado. Ah, quién pudiera contemplarse en espejos desiertos y ser tan sólo aquello que sueñan las ondas cuando atraviesan, rozan, hexagonean... y se dispersan. ("el placard")

Manuel Vilas (1962 )

Mujeres No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas...

Rafael Cadenas (1930 )

You Tú apareces, tú te desnudas, tú entras en la luz, tú despiertas los colores, tú coronas las aguas, tú comienzas a recorrer el tiempo como un licor, tú rematas la más cegadora de las orillas, tú predices si el mundo seguirá o va a caer, tú conjuras la tierra para que acompase su ritmo a tu lentitud de lava, tú reinas en el centro de esta conflagración y del primero al séptimo día tu cuerpo es un arrogan                                       palacio                    donde vive                                el                          temblor. ("vallejo y co.)

Zbigniew Herbert (1924/1988 )

Don Cógito lee el periódico En primera página la noticia de la matanza de 120 soldados la guerra ya duraba mucho uno puede acostumbrarse justo al lado información de un crimen espectacular con el retrato del asesino la mirada de Don Cógito salta indiferente la hecatombe de los soldados para sumergirse con deleite en la descripción del espanto cotidiano un agricultor de unos treinta años en una depresión nerviosa mató a su mujer y a sus dos pequeñuelos con precisión se describen la ejecución del crimen la posición de los cuerpos y otros detalles a los 120 caídos inútil es buscar en un mapa la excesiva lejanía los oculta como una jungla no estimulan la imaginación son demasiados la cifra cero al final los transforma en una abstracción un tema para meditar: la aritmética de la compasión ("un poema al día", trad. xaverio ballester)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

¡Qué barullo en la herida! ¡Qué barullo en la herida!… ¡Qué suerte si esto que siento fuera sed y se me quitara bebiendo un vaso de agua! Es entonces cuando llueve tristeza para ahogar en mi boca la palabra imposible. Intento gritar, y sólo consigo un cobarde silencio. Una tarde al llegar a casa8 me encontré con la sorpresa de quererte, fue una bomba en mis manos. Y yo, por si te hiere, esperando a que explote estando sola aunque me parta el pecho la locura. ("un poema al día")

José Rui Teixeira (1974 )

Los que van a morir Los que van a morir traen el fuego en la extremidad de las palabras, ponen la boca en el suelo sobre la propia sangre como si dijeran la noche por dentro de los huesos. Los que van a morir traen canciones como aves azules en los hombros de las viudas, dejan los hijos en las mesetas del otoño y viven sobre el cielo como si ojeasen la escasez a través de muchas escotillas. Los que van a morir mezclan barro con limaduras y enferman. El semen escurre desde el interior de las mujeres como si no hubiese promesa o mañana en los cuerpos caídos. Los que van a morir adormecen como si la tierra les pasase desmesuradamente sobre la carne, como si los insectos les devorasen las entrañas. Y mueren por amor, creo. ("arquitrave", no 44, trad. uberto stabile)

George Bacovia (1881/1957 )

Crepúsculo Como grandes lágrimas de sangre las hojas caen de las ramas; y lentamente el crepúsculo sangriento penetra en la ventana. Sobre los montes azules una luna de sangre emerge. El lago luce como sangre: un rojo cada vez más profundo... En la ventana, en el crepúsculo enfermo, una muchacha tose. Su pañuelo luce ahora como las hojas que caen. Exhausto Amada, he venido otra vez, sólo que ahora difícilmente puedo incorporarme. Abre el piano y cántame una canción de muerto. Si me derrumbo en la alfombra del salón silencioso y oscuro sigue tú tocando, mi amada,  monótona... lentamente... ("plomo", versión de aleqs garrigóz)

Omar Cáceres (1904/1943 )

Anclas opuestas Ahora que el camino ha muerto, y que nuestro automóvil reflejo lame su fantasma, con su lengua atónita, arrancando bruscamente la venda de sueño de las súbitas, esdrújulas moradas, hollando el helado camino de las ánimas, enderezando el tiempo y las colinas, igualándolo todo, con su paso acostado; como si girásemos vertiginosamente en la espiral de nosotros mismos, cada uno de nosotros se siente solo, estrechamente solo, Oh, amigos infinitos. (100, 200, 300, miles de kilómetros, tal vez). El motor se aísla. La vida pasa. La eternidad se agacha, se prepara, recoge el abanico que del nuevo aire le regala nuestra marcha; en tanto que enterrando su osamenta de kilómetros y kilómetros, los cilindros de nuestro auto depáranse a la zona de nuestros propios muertos; he ahí a los antiguos héroes dirigiéndonos sus sonrisas de altivos y próximos espejos; mas, junto a ellos, también resiéntense, los rostros de nuestros amigos, los de nuestros enemigos, y ...

Raúl Gómez Jattin (1947/1997 )

Imagen
Príapo en la hamaca Cuando te conocí venía de estar muerto Muerto y amortajado en mis propios recuerdos Venía de esconderme en una grave locura que tomaba mi vida y se la ofrecía al viento para que él la llevara a un lugar ciego lejos libre de aquellas cosas que parecen la vida y que la ocultan a costas de nuestra lozanía Libre de la desdicha de ser amargo y solo Cuando te conocí hasta el sol era enemigo Las palabras habían huido de mi voz Llevaba tantas noches sin tomar una mano que era de dolor y hielo el hueso de las mías Hoy estás allí en la intimidad de mi hamaca tendiendo como un fauno priápico y soñoliento el cuerpo de tu virginidad entregada No te amo demasiado pero te necesito más que al poema. ("un poema al día")

Martín López-Vega (1975 )

Luz de invierno en el Gianicolo Estropeó todas las fotografías, aquella luz de invierno sobre los árboles del Gianicolo: demasiado intensa como para quedar bien fijada. Lo mismo ocurre con los momentos en exceso felices: la memoria no consigue después interpretarlos adecuadamente, otorgarles la luminosidad precisa. Quedan en la fotografía cosas que no están en ella: los racimos de muchachas americanas camino del bar Gianicolo, el cañonazo de las doce en homenaje a Garibaldi, mis manos, dos partes de mi cuerpo que no me agradan -sus dedos como ramas de un árbol demasiado cansado de buscar en vano la ternura. Queda esa luz que acaricia el lomo de los días y que niega al recuerdo de aquella colina esa intuición misteriosa: allí es imposible prever el olor que rodeará nuestras sepulturas. ("un poema al día")

Heberto Padilla (1932/2000 )

En tiempos difíciles A aquel hombre le pidieron su tiempo para que lo juntara al tiempo de la Historia. Le pidieron las manos, porque para una época difícil nada hay mejor que un par de buenas manos. Le pidieron los ojos que alguna vez tuvieron lágrimas para que no contemplara el lado claro (especialmente el lado claro de la vida) porque para el horror basta un ojo de asombro. Le pidieron sus labios resecos y cuarteados para afirmar, para erigir, con cada afirmación, un sueño (el-alto-sueño); le pidieron las piernas, duras y nudosas, (sus viejas piernas andariegas) porque en tiempos difíciles ¿algo hay mejor que un par de piernas para la construcción o la trinchera? Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño, con su árbol obediente. Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros. Le dijeron que eso era estrictamente necesario. Le explicaron después que toda esta donación resultaría inútil sin entregar la lengua, porque en tie...

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

All passion spent Cuánto trabajo cuesta, cuando la dicha acaba, Admitir que acabó y aceptar dignamente Esa nada terrible que sigue a la hermosura. Ha cesado el encanto y ya no somos dueños De aquella llamarada: tanta luz, maravilla De lo que siendo efímero semeja eternidad. Ahora vuelven los días a ser hábito triste, Tiempo destartalado en el que va cumpliéndose Nuestro destino de hombres. “No puede ser -decimos- verdad esta indigencia en que nos ha dejado, De repente, la vida; un mal sueño nos tiene”. Y removemos, tercos, la escoria de la luz. Pero nada encontramos. Y respiramos muerte. ("un poema al día")

José Luís Peixoto (1974 )

Todo será ordenado Todo será ordenado algún día. Los secretos, organizados en palabras indelebles. Las aves de antaño existirán en páginas numeradas, En la piel y en los altiplanos. Las aves, las palomas, las cigüeñas, planearán dentro de la tierra y la ceniza de los archivos. El polvo será organizado algún día. Cada hombre será una llama en las estanterías de las bibliotecas. Las miradas, los gestos, lo que no sabemos explicar, las manos, serán humo en orden alfabético. Algún día, después de mí, estos versos serán huesos incomprensibles y mudos. Las flores se abrasarán en el aire que respiré. De mi pecho crecerán los árboles. Y cuando las paredes muertas, el cielo, sean sólo esta mesa donde escribo, seré el impreciso lugar de mí y de mis pasos que suben, que bajan, una escalera de plomo. Y de noche, despertarán las sombras en su orden perfecto incandescente. ("arquitrave", no.44, trad. de pedro josé vizoso)

Uriel Martínez (1950 )

Balance Algún día no lejano olvidaré lecturas tempranas y el celular de amigos y el password de mis propios correos; olvidaré mi dirección incluso y el piso en que fui tuyo y de nadie más; alguna noche cercana habré borrado de mí tus manos, tu perfil, tus impulsos bestiales; me asomaré al pasado previo al balance de egresos que se hace una vez en la vida. [Inédito]

José Luís Peixoto (1974 )

Este libro Este libro. Pasa un dedo por la página, siente el papel como si sintieras la piel de mi cuerpo, mi rostro. Este libro tiene palabras. Olvida las palabras por momentos. Lo que tenemos que decir no puede decirse. Siente el peso de este libro. El peso de mi mano sobre la tuya. Nos damos la mano cuando sujetas este libro. No me preguntes quién soy. no me preguntes nada. Yo no sé responder a todas las preguntas del mundo. Pon los labios sobre la página. pon los labios sobre el papel. Despacio, muy despacio, vamos a besarnos. ("arquitrave", no.44,trad. pedro josé vizoso)

Horacio Cavallo (1977)

Dos A veces en la noche me despiertan. Ladran concatenados y en jardines, persiguiendo los rabos imposibles, con las fauces babeantes. Los he oído: Tu nombre es ese aullido interminable. * Este río no muere entre tus piernas, pero todos tropiezan, se sumergen, aunque acaben al fin de cara al cielo con los ojos comidos por los pájaros. ("antonio miranda")

Dana Gioia (1950 )

Lo no dicho La experiencia vivida Pasa por dentro en gran parte. No por haber quedado sin decirse Son menos reales Los diarios de la pena, los temerosos sufrimientos Del amor no reconocido. Siempre ocultamos Más de lo que nos atrevemos a confesar. Pensemos en las cartas Escritas a nuestros muertos. ("la escala ardiente", el tucán de virginia-conaculta, 2010; trad. j.e. pacheco)

Irma Pineda (1974 )

Callejones Mi pueblo tiene callejones oscuros y una orquesta de grillos bajo la lluvia que permiten el quehacer de los amorosos –arduo trabajo el de reconocer los cuerpos– en medio de una exhibición gimnásticas de sapos. Mi pueblo tiene callejones oscuros donde una mujer se revuelca y se convierte en mono que persigue el olor de los recién nacidos pues ser nagual es su maldición y oficio. Mi pueblo tiene callejones oscuros donde los niños se reúnen a contar historias para atraer a duendes y poner en práctica el canto de exorcismo que enseñó la abuela: Dope ca guichi gué binidxaba’ huiini dope ca guichi che’ca’ gabia’. +++ Lade yoo Ndaani’ xquidxe’ nuu lade yoo nacahui ne ti saa berendxinga xha’na’ nisaguié ra ridunaxhii badunguiu’ ne badudxapa guie’ –xhianga naná dxiiña guenda racabiá– lade bidxi mbo’co’ cacheza ne ca gaa. Ndaani’ xquidxe’ nuu lade yoo nacahui ra rutubi ti gunaa ne raca ti migu huiini ma canazá nánda xinaxhi badu r...

Giovanni Quessep (1939 )

Canción del que parte Por la virtud del alba quieres cambiar tu vida, y aferrado a la jarcia partes sin rumbo conocido. Todo es propicio, los acantilados y el arrecife duermen en la espuma, tan sólo una gaviota espera sobre el palo mayor de caoba y de luna. Quizá te aguarden para darte el amor y la palma del vino o en la orilla sin nombre, pescadores vestidos de un luto azul. Vas solo con tu alma, barajando canciones y presagios que hablan del bosque donde la hierba es tenue, lejos de la desgracia que en ti se confabula. A tu paso verás las islas que otorgan el sonido de un caracol, verás tu casa, el humo que ya aspiraron otros en la aurora. Mas, ay, si te detienes tal vez allí se acabe tu destino; ¿y quién podrá salvarte, quién te daría lo que buscas entre hadas? Duro es partir a la fortuna; el hombre solo cierra los ojos ante el cielo y oye su propia historia si se rompe el encanto. Pero, si quieres seguir, sigue con la felicidad entre tu bar...