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Mostrando entradas de julio, 2015

Jorge Cantú de la Garza (1937/1998 )

Ajuste provisional Bueno, pues. Descolguemos los cuadros. Este para ti, este para mí. Saquemos de los anaqueles los libros y, al repartirlos, discutamos un poco por ese Pessoa, por aquel Cavafis o por el san Juan de la Cruz, en piel, que te regaló tu exmarido y el cual, estoy seguro, nunca volverás a abrir. Llévate la tele, la recámara y la lavadora. "Después vendré por la araucaria", dirás como si yo no la hubiera elegido. He pasado varias veces por este ajuste y nunca he salido indemne. ("poemas en que yo estaba escondido", uanl, monterrey, méxico, 2008)

Horacio Castillo (1934/2010 )

Salto Primero es un vacío en el estómago, enseguida una sensación de puro peso, hasta sentir el tirón del correaje en los hombros y la flor de seda que se abre encima de nosotros. Entonces la respiración recupera su ritmo y el mundo se ordena a nuestros ojos: el campo roturado, las casas y los árboles, el humo de la ciudad dispersándose hacia el río. Hasta que la gravedad nos atrapa en su red y nulas nuestras alas artificiales caemos vertiginosamente contra la superficie ávidos todavía de un aire que no es nuestro. ("los poetas no van al cielo")

Elsa Cross (1946 )

Bacantes V De pueblo en pueblo con las ropas manchadas, los cabellos al viento, comíamos, oh dioses, vuestro soma: hongos llenos de tierra. Estábamos bajo el volcán viendo la vida derruirse. Peligro en todos los pasajes. De estiércol hicimos hogueras para quitarnos tanto frío de los huesos. Oh vacas madres. De estiércol nuestro lecho. Temblaba la tierra. Ese día los toros mataron hombres en la plaza. Y desde lo alto el fuego era el sol, la oblación nuestros cuerpos, la oración esas chicharras a punto de morirse. Y esas gotas a punto de caer sobre la tierra yo las recibo. Desde lo alto mirábamos el valle y tú pedías fruta. Los tajos en el monte, las grietas hacían cantar el viento. Ese día volvían las golondrinas buscando su nido en lo alto del peñasco. Vimos sus signos. ("espirales, poemas escogidos 1965-1999", unam. méxico, 2000)

Olvido García Valdés (1950 )

Sigue el proceso... Sigue el proceso de las granadas que maduran y penden sobre el muro, observa el balanceo del ciprés, los efectos de un viento de tormenta, saluda al jardinero como saludaría un artista a otro artista, pero siente la ira que es fijeza del rostro. Así estar vivo. Abandonado el huerto, de nada sirve ya la lluvia repentina ni su olor, prefigurada y tersa hoja de limonero, perdida elasticidad de pulmón. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmix)

Joan Margarit (1938 )

El vendedor de rosas Solitario y furtivo, con su ramo, va a locales nocturnos en busca de parejas. Lo he encontrado en las calles cercanas a la Rambla con unas rosas sin olor a rosas en una noche sin olor a noche. Me perdí en las traseras de la vida. Una mujer que no eres tú, en la sombra, te ha robado los ojos y llora. La ciudad es una exacta y monstruosa copia. Como un Cupido viejo, pasa escupiendo el vendedor de rosas. Mientras se aleja, pienso que a tu amor no le perdones nada. Ni el final. ("crepusculario siglo XXI")

LAS MASCOTAS

1. Papá trajo a casa un nuevo huésped, un perro chato de pelaje gris y cara de pocos amigos. Lo trajo de un pueblo vecino a donde había ido a cobrar un dinero; como el deudor no completó para pagarle, le ofrecieron a Bulldozer, nombre del chucho que vino a vivir con nosotros, antes que mi papá se fuera de casa. 2. Creo que fue mamá la que decidió mantener la mascota en la azotea, en una casa de madera colocada a la sombra del árbol y agua del tinaco que surte las necesidades. Bulldozer se volvió bravo viviendo arriba: les ladraba a los chiquillos que regresan del colegio, a los pordioseros, a los ambulantes que pasan en la calle y a los vecinos que entran y salen de las casas. Recuerdo que un día papá lo sacó amarrado por una campaña de vacunación que llegó al barrio, era contra la rabia, el moquillo y los parásitos. Cuando regresó con el Bulldozer ya traía una correa y una placa con su nombre y la fecha de las vacunas. Fue la primera y última vez que papá lo llevó al veterinario....

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

Isabel Qué te vas a acordar Isabel de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de… Cuando tenías los ojos dorados como pluma de pavo real y las faldas manchadas de mango Qué va tú no te acuerdas En cambio yo no lo notaste hoy no te han contado Sigo tirándole piedrecillas al cielo buscando un lugar donde posar sin mucha fatiga el pie Haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo y sigo jugando a las muñecas bajo los reflectores del escenario Isabel ojos de pavo real ahora que tienes cinco hijos con el alcalde y te pasea por el pueblo un chofer endomingado ahora que usas anteojos cuando nos vemos me tiras un “qué hay de tu vida” frío e impersonal Como si yo tuviera de eso ("el poeta ocasional")

Antonio Gamoneda (1931 )

He envejecido He envejecido dentro de tus ojos; eras la dulzura y el exterminio y yo amé tu cuerpo en sus frutos nocturnos. Tu inocencia es como un cuchillo delante de mi rostro, pero tú pesas en mi corazón y, como una miel oscura, yo te siento en mis labios al ir hacia la muerte. ("crepusculario siglo21")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Despedida de un paisaje No le reprocho a la primavera que llegue de nuevo. No me quejo de que cumpla como todos los años con sus obligaciones. Comprendo que mi tristeza no frenará la hierba. Si los tallos vacilan será sólo por el viento. No me causa dolor que los sotos de alisos recuperen su murmullo. Me doy por enterada de que, como si vivieras, la orilla de cierto lago es tan bella como era. No le guardo rencor a la vista por la vista de una bahía deslumbrante. Puedo incluso imaginarme que otros, no nosotros, estén sentados ahora mismo sobre el abedul derribado. Respeto su derecho a reír, a susurrar y a quedarse felices en silencio. Supongo incluso que los une el amor y que él la abraza a ella con brazos llenos de vida. Algo nuevo, como un trino, comienza a gorgotear entre los juncos. Sinceramente les deseo que lo escuchen. No exijo ningún cambio de las olas a la orilla, ligeras o perezosas, pero nunca obedientes. Nada le pido a las ...

Kim Addonizio (1954 )

Aniversario fantasma Imagina que el matrimonio es duradero; en el jarrón negro, los lirios florecen por años; el agua sigue fresca. El hombre y la mujer se observan mutuamente mientras cogen, floreciendo y observando; y los ángeles observan, también, y abren sus bellas bocas abstractas como si intentaran decir algo que no es cierto ni difícil. El hombre y la mujer no se dan cuenta. Desfallecen y desfallecen sin cuidado. Y entonces los ángeles repliegan sus alas y se dejan caer hacia ellos como piedras. ("sólo una vez aquí en la tierra/ 52 poetas del mundo", trad. g.a.chaves)

Uberto Stabile (1959 )

Vidas rebeldes                                 “Ningún camino de flores conduce a la gloria”                                                                        Jean de la Fontaine Cuando era más joven pensaba que ser libre era ser libre algo así como no tener obligaciones ni compromisos, nada por lo que vivir, nada por lo que morir rebelde sin causas conocidas. Años más tarde descubrí que alguien tenía que tirar la basura todas las noche, porque la vida y la casa empezaban a oler mal, como huele uno cuando crítica todo cuanto no es. Años más tarde descubrí entre la basura que tiraba el dulce aroma de mi propio hogar tu ropa sucia, mis fotografías los juguetes viejos de los niños y esa llave que nunca supe lo qu...

Joan Margarit (1938 )

El equipo del asesino Entre los desastres amontonados como sacos, la vida me ha dejado tu amor. Qué más da ya el silencio de la noche, el coche negro que ha apagado los faros y el saxo que se escucha, flojo, en la radio. Lo que debe ser impecable es el disparo: peligroso y certero. Como tú en mi vida. ("emma gunst")

Silvia Ugidos (1972 )

Fronteras (Postal Escolar) Como estudiaban juntos él llegaba a las tardes de estudio con atlas bajo el brazo, con orgullo de un niño que transporta en sus manos cordilleras y ríos, países y montañas. Llegaba y se sentaba al lado de ella a explicarle los mapas con su dedo infantil, torciendo las fronteras de forma que Inglaterra por curiosa extensión dejaba de ser isla y llegaba al borde mismo de su falda. Después de muchas tardes, al acabar el curso, a ambos les quedaba la sensación primera de descubrir el mundo: con unas vagas nociones de geografía doblaron el estrecho de la infancia y abandonaron, confundidos, los mapas. ("emma gunst")

Antonio Gamoneda (1931 )

Hay una hierba... Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida. Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad. Ah la pureza de los cuchillos abandonados. ("apología de la luz")

Tove Ditlevsen (1918/1976 )

Autorretrato Yo no sé: cocinar llevar sombrero ser acogedora llevar joyas arreglar flores recordar citas agradecer regalos dar la propina adecuada retener a un hombre mostrar interés en las reuniones de padres. No puedo dejar de: fumar beber comer chocolate robar paraguas quedarme dormida por la mañana olvidarme de recordar cumpleaños y limpiarme las uñas. Hablar por boca de otros revelar secretos amar lugares extraños y psicópatas. Puedo: estar sola fregar platos leer libros construir frases escuchar y ser feliz sin mala conciencia (muro de marcelo leites, s/c al traductor)

Elsa Cross (1946 )

Bacantes XV Camino por el atrio. Todo el suelo cubierto de campanas violetas. El encuentro exaltaba mi corazón. Dentro del templo los siete arcángeles pintados en los muros. La tarde de mayo florecía. Las ofrendas a María se secaban en el arco triunfal. Miguel espada en mano resguardaba las puertas. Pero no íbamos al templo. "Tanto gentile y tanto onesta pare." Y al volverme la gracia de ¿Rafael? en tu sonrisa. Caminé entre las tumbas hasta encontrarte bajo las jacarandas. Las cercas de ladrillo se cubrían con las flores moradas. Un olor ambiguo. Abajo de las cercas gritaba el Porquerizo. Los gruñidos de los cerdos llegaban a nuestra plática. Y no dará nombre a tus espumas, pues los poetas mienten demasiado. ("espejo al sol, poemas 1964/1981", coedición sep-plaza y valdés, méxico, mcmlxxxviii)

Christian Peña (1985 )

En una aldea de Erimanto tendido -los ojos casi en blanco- sobre la cama enfermo -escucho sus bufidos- de madrugada un jabalí muriendo -la espuma de su hocico- adentro de la casa salvajemente herido -cosa de pesadilla- se desangra mi padre un animal sacrficado ("heracles, doce trabajos", uaz, mmxii)

Isla Correyero (1957 )

El silencio Todo el silencio de mi vida está encerrado en un grano de ámbar.    Todo lo que callé y aún callaré está escondido allí.    La sola voz desnuda que me obliga al secreto y ni lágrimas vierte ni impaciencia, es un punto negro dentro del amarillo fulgor que el alma tiene, una extensa planicie de oro en el desierto, esférica y helada con un solo habitante en su interior: un pájaro gigante, muy lejano, atrapado en la quietud de la resina, derretidas las patas por el tiempo y la mirada ingenua del que muere inocente.    Todo el silencio cabe en un segundo, en un sueño, en una seña, o en el último estertor junto a otra boca.    Por eso escribo sin violar las leyes del silencio, con la tristeza en flechas arrancadas del labio, escarchada en cristales de azúcar y aguardiente cual ramo de anís en la botella blanca o faisana soñando solitaria en los bajos espumeros de la sal.    Todo mi reino está rayado ...

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919/2004 )

Resurgiremos Resurgiremos aún bajo los muros de Cnossos y en Delfos centro del mundo resurgiremos aún en la dura luz de Creta. Resurgiremos allí donde las palabras son el nombre de las cosas y donde son claros y vivos los contornos en la aguda luz de Creta. Resurgiremos allí donde piedra estrella y tiempo son el reino del hombre resurgiremos para mirar a la tierra de frente en la luz limpia de Creta. Pues conviene volver claro el corazón del hombre y erguir la negra exactitud de la cruz en la luz blanca de Creta. ("life vest under your seat", sin cr. al traductor)

Uriel Martínez (1950 )

El como como la ceniza que tira el meñique o la uña desprendida a navaja; como  ojo de cerradura sin párpado o viento que atraviesa el bosque; como el lucero que brilla inadvertido o pez que remonta el cauce; como el bombeo de corriente sanguínea o flama de cerillo expuesta; como noche que corre por el pelo o dedos cruzados por impaciencia; como nubes que cruzan luna nueva o eclipse engaña botones, espigas, ojos; como flecha dirigida al centro o rueda mareada por yunta; como puerta aceitada recién o voz queda que dicta líneas; como giro telegráfico extraviado o tinta que corre sin un cuándo; como boca abierta al pasmo u hostia sin dios ni bendición; como una planicie blanca o una vida llegada al límite. Por eso hablas; por eso callas.

César Antonio Molina (1952 )

Obligado a esperar durante varias horas en el aeropuerto de Pekín, debido a las inclemencias del tiempo,  pienso que ya  estarán las lluvias cayendo sobre el Eume Una densa niebla y una gran ventisca impiden despegar. Donde quiera que vaya: peligro y dificultades. Haga lo que haga: complicaciones y fracasos. Al igual que en Madrid pierdo el Metro, ahora en este otro continente me detienen adversos aires. Envejezco en cada aeropuerto. Envejezco en cada terminal. Envejezco en cada sala de espera. ¿A dónde van a parar estas horas? ¿Podré reclamarlas al final de mis días? Como nimbo vagabundeo a merced e los altavoces. Como nimbo vagabundeo a merced de las pantallas. La azafata de información me sonríe y me entrega una rama de sauce. Tu Lung escribió esta máxima: Un buen viajero es el que no sabe a dónde va. Un viajero perfecto es el que no sabe de dónde viene. En el aeropuerto de Pekín el río humano de pasajeros perdidos también se llama Eume. ("poétic...

Charles Simic (1938 )

Nuestra salvación Lo que aborrezco son los brevísimos días de invierno y las tardes frías y sin nieve, la oscura noche que se apresura a caer apenas pasa el último autobús escolar. Me disgusta la mujer que no enciende más de una lámpara en la casa, que mantiene baja la calefacción y usa tres suéteres y un chal. Lo que me desespera son las comidas en silencio ante el televisor encendido, el recital de los horrores del día seguido de un lúgubre informe sobre el clima. Me parte el corazón irme a la cama cada noche en un cuarto helado con alguien que todavía tiene fuerzas para pedirle a Dios por nuestra salvación. ("el cultural", no.1, traductor poeta rafael vargas)

Pablo Antonio Cuadra (1912/2002 )

El testamento Llegó la abuela con su pausado balanceo de navio. Cuando ella entraba la Historia con un fru-fru de páginas innumerables en el ruido de sus enaguas. Sus ojos gobernaban por decretos de dulces mimos y maternas severidades, pero esta vez avanzó cargando la mansedumbre con fatiga, se sentó quejumbrosa en el monárquico taburete de las amonestaciones y puso su canasta de tejedora al pie de la silla. —Hija mía Juliana —murmuró—: este delantal de bambas es para que bailes al Doctor Jerónimo en nombre de tu raza. Sé que te gusta el baile y la tremolina ¡baila, muchacha! ¡que no se acabe el ritmo de este pueblo! El día que nuestros huesos pierdan su música seremos desplazados por extranjeros. —Y a vos, Celedonio, te dejo el puño de plata del bastón de tu padre. Eres el mayor y tengo años de esperar que presidas al Cabildo con la vara de Alcalde en la mano. ¿Qué te pasa muchacho? ¿Se hizo horchata tu sangre de cacique? ¡A la casa de tu padre el puebl...

Beatriz Vignoli (1965 )

Función de la lírica Mi padre agonizaba en una sanatorio con TV por cable. Puse el canal de ópera para amortiguar sus alaridos constantes. Justo cuando Rigoletto abraza el cadáver de su hija, debí tenerlo al viejo para que no se cayera de la cama: la doble simetría de la escena me la volvió soportable. ("ars scribendi")

Anne Sexton (1928/1974 )

Ama de casa Algunas mujeres se casan con su casa. Es otro tipo de piel; tiene corazón, boca, hígado y mueve el intestino. Las paredes son firmes y rosadas. Mira cómo ella se pasa el día de rodillas, lavándose a sí misma con fidelidad. Los hombres penetran por la fuerza, como Jonás atraídos por su madre carnal. Una mujer es su propia madre. Esto es lo principal. ("ars scribendi", s/c al traductor)

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Adiós Ya hemos gastado las palabras en la calle, amor mío, y lo que nos ha quedado no basta para alejar el frío de cuatro paredes. Lo hemos gastado todo salvo el silencio. Hemos gastado los ojos con la sal de las lágrimas, hemos gastado las manos a fuerza de apretárnoslas, hemos gastado el reloj y las piedras de las esquinas en esperas inútiles. Meto las manos en los bolsillos y no me encuentro nada. Antes teníamos tanto que darnos; era como si todo fuese mío: cuanto más te daba más tenía que darte. A veces decías: tus ojos son unos peces verdes y yo me lo creía. Me lo creía porque a tu lado todas las cosas eran posibles. Pero eso era en el tiempo de los secretos, era en el tiempo en que tu cuerpo era un acuario, era en el tiempo en que mis ojos eran realmente peces verdes. Hoy son sólo mis ojos. Es poco, pero es la verdad, unos ojos como los demás. Ya hemos gastado las palabras. Cuando ahora te digo amor mío, ya no pasa absolutamente nada. Y sin embar...

Alfredo R. Placencia (1875/1930 )

Ciego Dios Así te ves mejor, crucificado. Bien quisieras herir, pero no puedes. Quien acertó a ponerte en ese estado no hizo cosa mejor. Que así te quedes. Dices que quien tal hizo estaba ciego. No lo digas: eso es un desatino. ¿Cómo es que dio con el camino luego, si los ciegos no dan con el camino...? Convén mejor en que ni ciego era, ni fue la causa de tu afrenta suya. ¡Qué maldad, ni qué error, ni qué ceguera...¡ Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya. ¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado, que me llamas, y corro y nunca llego...! Si es tan sólo el amor quien te ha cegado, ciégueme a mí también, quiero estar ciego. ("el libro de dios", ed. conaculta, tercera serie lecturas mexicanas, no. 9, 1990.)

Domingo Alfonso (1935 )

Matinal   A Javier Marimón  "Abrí la verja de hierro": Fayad Jamís Pongo los pies encima del suelo. Calzo mis chancletas, una detrás de la otra me incorporo con cierta dificultad: Miro la sábana que cubre mi cama con su montón de arrugas Doy ocho pasos (estoy en el cubículo del baño) Un líquido ocre y maloliente me abandona, camino dos metros, enfrento la escalera y bajo los escalones de madera sin pintar Tuerzo a la derecha, atravieso la sala (Un golpe de ceniza me empuja a este espejo que rechaza mi imagen) Giro la llave, abro la puerta de hierro y absorbo como a nueva vida. La flor de la mañana que comienza a despertar. ("el poeta ocasional")

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Horario ¿Qué hiciste hoy? Leí el periódico y no reconocí a ningún amigo. Derretí la escarcha de la nevera para que la cerveza enfriara mejor. Me di un baño de espuma. Sequé mi cabello. No parece que hayas hecho tantas cosas. Hago muchas cosas y nadie se da cuenta. Puedo verme en el fondo de las ollas y en el piso de la cocina. Pero no saliste. Lo habías prometido. Estuve en la parada. Levanté la mano y nadie se detuvo. Tampoco leíste el libro que te compré. No tuve tiempo. Nunca tienes tiempo. Tú tampoco. Y no te molesto preguntando ¿qué hiciste hoy? Imagino cómo pasan las horas en esta casa. Pasan, te lo aseguro, pasan. ("ars scribendi")

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Hod Putt Descanso aquí junto a la tumba del viejo Bill Piersol, que se hizo rico comerciando con los indios, y que más tarde se acogió a la ley de quiebras y salió de aquello más rico que nunca. Yo me cansé del trabajo y la pobreza y viendo cómo el viejo Bill y otros aumentaban su fortuna, asalté a un viajero una noche, cerca de Proctor’s Grove, y sin querer lo maté, por lo cual me juzgaron y colgaron. Esa fue mi forma de entrar en bancarrota. Ahora nosotros, que aprovechamos la ley de quiebras cada uno a su manera, dormimos en paz uno junto al otro. ("otra iglesia es imposible", versión gerardo gambolini)

Hamutal Bar-Yosef (1940 )

Si logras recordar Si logras recordar cómo me dabas de comer cerezas partidas boca a boca con la habilidad de un actor de cine y cómo al cabo de un año te propuse probar la tibia leche que manaba de mis duros pechos y cuál fue la expresión de tu rostro cuando lo hiciste y cómo comiste y elogiaste el primer arroz mal cocido y el pollo que guisé con sus vísceras el primer otoño para nuestra cena antes del Yom Kipur y cómo me compraste con tu primer sueldo un vestido de gamuza gris y guantes de gamuza violeta y cómo a escondidas y a plazos te compré la bata de lana con el cuello chino y si logras recordar mi chaqueta de cuero y tu pantalón pijama celeste que tendimos en el jardín del hospital entre los arbustos la noche que te visité a escondidas porque me llamaste para decir que me necesitabas y yo ya era madre de cuatro hijos y cómo volviste a casa del cuartel en plena noche y qué feliz y orgullosa estaba yo de que fueses mío y si logras recordar cómo reclinaste ...