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Mostrando entradas de agosto, 2018

Efraín Huerta (1914/1982 )

Esa sangre No la veo, no me baña su doloroso color, ni la oigo correr sobre las piedras, ni mis manos la tocan, ni mis cabellos se oscurecen, ni siquiera mis huesos se ponen amarillos, ni aún mi saliva es verde, amarga y pálida. No la he visto. No. No la he sentido en mi propia sangre revolotear como pájaro perdido, llorando o nada más en busca de descanso. Es horrible que no llueva sangre española sobre las ciudades de América, como sangre de toros embistiendo o lágrimas de águilas. Pero sí, sí la veo, sí corre por el cielo de mi ciudad, sí la tocan mis manos, sí mis cabellos oscurecen de miedo, sí mi boca es una herida espantosa y mis huesos roja pesadumbre. La he visto, la he tocado con mis propios asustadizos dedos, y todavía estoy quejándome de pena, de noche, de nostalgia. Yo soy testigo de esa sangre. Puedo decir que hablé con ella como un árbol ensangrentado con una casa deshabitada; puedo decir a los incrédulos que en su corriente iban, s...

Amalia Bautista (1962 )

Mis mejores dese os Que la vida te sea llevadera. Que la culpa no ahogue la esperanza. Que no te rindas nunca. Que el camino que tomes sea siempre elegido entre dos por lo menos. Que te importe la vida tanto como tú a ella. Que no te atrape el vicio de prolongar las despedidas. Que el peso de la tierra sea leve sobre tus pobres huesos. Que tu recuerdo ponga lágrimas en los ojos de quien nunca te dijo que te amaba. ("cómo cantaba mayo en la noche de enero")

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Adiós Ya hemos gastado las palabras en la calle, amor mío, y lo que nos ha quedado no basta para alejar el frío de cuatro paredes. Lo hemos gastado todo salvo el silencio. Hemos gastado los ojos con la sal de las lágrimas, hemos gastado las manos a fuerza de apretárnoslas, hemos gastado el reloj y las piedras de las esquinas en esperas inútiles. Meto las manos en los bolsillos y no me encuentro nada. Antes teníamos tanto que darnos; era como si todo fuese mío: cuanto más te daba más tenía que darte. A veces decías: tus ojos son unos peces verdes y yo me lo creía. Me lo creía porque a tu lado todas las cosas eran posibles. Pero eso era en el tiempo de los secretos, era en el tiempo en que tu cuerpo era un acuario, era en el tiempo en que mis ojos eran realmente peces verdes. Hoy son sólo mis ojos. Es poco, pero es la verdad, unos ojos como los demás. Ya hemos gastado las palabras. Cuando ahora te digo amor mío , ya no pasa absolutamente nada. Y sin em...

Yolanda Pantin (1954 )

Poema ―Bienvenida a tu cueva, me dice la penumbra. ―Saludos, Yolanda, me recibe la parentela. ―Saludos, almas de la casa. ("el nacional")

Joan Margarit (1938 )

París Venía atravesando una ciudad construida con sueños y recuerdos. No recordaba el nombre del hotel ni dónde estaba. Se lo hizo recordar, desde el Jardín du Luxembourg, el olor de una hoguera de hojarasca. ¿Cómo salvar los días consumiéndose en el montón de hojas del pasado? Y de pronto vio el rótulo : Hotel de L´Avenir. Ella seguía allí esperándolo. Y con una sonrisa le dijo : al fin has vuelto. Lo único decente que hay en ti nunca ha salido de esta habitación, de aquí conmigo. ("javier das")

Uriel Martínez (1950 )

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Easy Rider Como en una mala película de los años sesenta pasaron esporádicos motociclistas en vehículos exhaustos con chicas en ancas de piel ajada, ojeras como volcanes y pelo volante como medusas. Salí temprano al súper con un cielo borrascoso, sin celular, sin google earth ni whatsapp inoportuno, antes del mediodía y sin cenit a la vista. Ellos llevaban tatuajes en bíceps, en codos, en uñas como quien simula el paso del mundo en una vieja cinta Eastmacolor. Quizá cuando viajan de un desierto a otro evocan escenas del Far West donde abundan dunas, serpientes, forajidos y otras faunas del cine importado. Indudablemente van al encuentro del sol de una media tarde mortecina; acamparán en una aldea desconocida y ahí -en pareja-, morirán sin rendirle cuentas a nadie. [Inédito]

Elvis Guerra (1993 )

Letanía para el llorón Llorar es mi número de la suerte. Llorar es morir a solas. Llorar es amar a un hombre desnudo. Llorar es entregarle todo a quien no te ama. Llorar es un acto de libertad, es un basta, un hasta luego. Llorar es temblar en una cama llena de sapos. Llorar es nadar con tu primo y su primer barro. Llorar es el árbol que guarda los pasos de mi tío que se suicidó un 31 de diciembre. Llorar es la abuela vendiendo su último centenario. Llorar es un perro que te arrastra, te lame, te chupa y se aleja sin volver la vista. Llorar es la lámpara que nunca encienden en los [hospitales. Llorar es comunión del cuerpo, oficio de la carne, sed del deseo. Llorar es un pájaro moribundo. Llorar es tu padre muerto de un disparo en la cabeza. Llorar es tu flor mejor guardada. Llorar es un perro chimuelo que te despedaza a [puñetazos. Llorar es un sí donde nadie pregunta. Llorar es tu madre llamando a las once de la noche para saber si ya terminaste de hacer e...

Briceida Cuevas Cob (1969 )

Pelota de voz Al pozo no le gusta que le tires piedras. Lastimas su quietud. Ese juego no le agrada. Si quieres jugar con él, haz de tu voz una pelota, arrójala, verás que te la devuelve. Wolis T'aan Ch’e’ene’ ma’ uts tu t’aan a pulik tuunich ti’i’. Ka ch’amik u ch’e’eneknakil. Júumpuli’ ma’ uts tu t’aan báaxal beyo’. Wa taak a báaxal tu yéetele’ woliskut a t’aane’ ka jalk’esti’, bin a wil bix ken u ka’ a sutil ti’ teech. ("tercera vía")

Idea Vilariño (1920/2009 )

Epitafio No abusar de palabras no prestarle demasiada atención. Fue simplemente que la cosa se acabó. ¿Yo me acabé? Una fuerza una pasión honesta y unas ganas de seguir. Fue simplemente eso.                                      (1964) ("poesía completa", edición cal y canto, montevideo, 2010)

Elvis Guerra (1993 )

Advertencia número ocho mil quinientos Claro que puedes venir, hacerme el amor todas las noches y marcharte al día siguiente; puedes desnudarme a cualquier hora, quitarme los zapatos en la calle o hacer que grite tu nombre. Puedes llegar, abrir mi casa sin permiso y comerte lo que haya en el refri. Claro que puedes traer a tus amigos, donde come uno, comen tres, y si me como a uno, me puedo comer a los tres. Puedes hacer conmigo lo que dicte tu asquerosa conciencia. Pero por ningún motivo se te ocurra enamorarme, porque podré creer en tus tonterías, pero nunca en estúpidas promesas de amor. ++++ Guendarusaniru ma qui ganna’ pa bia’ Ya, zanda gueedu’, gunixtilu’ naa guira’ gueela’ ne gaxhañee lu’ ra ziyaba biaani’; zanda cueelu’ lari lade’, gaxhu’ guelaguidi ñee lu neza pacaa gucoou ridxi la’ya’. Zanda gueedu’, guxhalu’ ra lidxe’ pa que guinne’ ne gou’ ni napa’ lade doo. Ya, zanda guedaneu ca ni ridxaagu’, ra gó tobi, zanda gó chonna, ne pa gahua’ tobi...

Magdalena Chocano (1957 )

Conjuro del deshauciado… Conjúrote puerta umbral Para que guardes el divino nombre oculto impronunciado Númen ácrata sol negro secta dañada Yo os conjuro con mi voz más luminosa Para que el metal no toque mis falanges [el oro es hierro y el hierro mata–] Jamba perfecta sé firme duradera Líbrame de mis amigos Y del sol blanco y paranoide Que celestiales horas no me toquen Goznes resplendentes evitádme Huidizo muro torre abrumada y viudo nerval Que yo sobreviva en la membrana intacta de la mente de Dios Aquella que humano aliento no empaña Haz que repose en su desemejanza Ésa La más sutil la más terca La que no quiso recrear en su criatura. ("sol negro")

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

La loca del pelo rojo No, no te parecías a Van Gogh (salvo en el pelo rojo, que, en tu caso, no era de nacimiento, sino apócrifo). Te faltaban la barba y el talento, y las cartas a Theo. Te sobraba una oreja. Definitivamente no tenías que ver nada con Vincent. Pero estabas tan loca como él. ("javier das")

Eugenio Montejo (1938/2008 )

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Yo soy mi río Yo soy mi río, mi claro río que pasa a tumbos en las piedras. Me circundan las horas y  las ondas, no sé adónde me arrastran, desconozco mi fin y mi comienzo, voy cruzando mi cuerpo como el arco de un puente. Las nubes me siguen por los campos con cálidos reflejos. Entre los árboles derivo, entre los hombres,  sólo traje a la tierra este rumor para cruzar el mundo, lo he sentido crecer al fondo de mis venas. Estas voces que digo han rodado por siglos puliéndose en sus aguas, fuera del tiempo. Son ecos de los muertos que me nombran y me recorren como peces. Yo soy mi río, mi claro río que pasa y me lleva sin tregua. Sé que existe un navío que cruza a mis espaldas, palpo sus velas en mi sueño, sigo la estela que deja en su camino, pero no sé qué busca en mi cauce ni quién va a bordo ni cuándo llegaremos. ("blanco móvil", no.53, mar-abril 1992)

Ruperta Bautista (1975 )

Fiesta de las almas En el color de las flores permanece la vida que se consumió en el ataúd. En el copalero se extinguen  los recuerdos dibujados en el transcurrir de las horas. Secos y pálidos labios saborean el encuentro, resucitan en fragancia de alimentos, beben las luces de cirios que borran oscuro paso del humo. Saludan la pureza del atardecer, en la entrada de la tumba reciben la bienvenida, y caen en umbral del territorio eterno donde la soledad descansa junto a ellos. +++ K’in  Chu'letik Li nichimetike te oy sbon ti yu bu lajbatel li kuxlejale. Xch’aybatel te yab pom li na’el lok’tabilik te sjelevel ch’uk k’aka’ltike. Taki saklikan ealetik sk’upinik li taele, xcha’ kuxiktal te smuil ch’ul ve’lil, ya’alinik skeval ch’ul kantelaetik ti  stup’bik jelevel yik’al ti ch’aile. Sk’oponik ti yutsil ch’ul malom k’ak’ale, xtaatik te ik’el te sti’ mukenal, xp’ajik te yochel batel osil ti yu bu xchi’inatik te skuxel yo’ntonik y...

Kirmen Uribe (1970 )

Pájaros en invierno Nuestra misión era salvar a los pájaros, salvar a aquellos pájaros atrapados en la nieve. La mayoría los encontrábamos cerca de la playa, protegidos por el negro mar. Los pájaros también eran negros. Los sacábamos de su escondite y los llevábamos a casa metidos en los bolsillos. Pájaros diminutos que apenas cabían en nuestras pequeñas manos de niño. Luego, los poníamos junto a la calefacción. Pero los pájaros duraban muy poco. En dos o tres horas morían. Nosotros no entendíamos por qué, no entendíamos porqué eran tan desagradecidos. Y eso que les dábamos de comer migas de pan mojadas en leche y les preparábamos la cama con bufandas de colores. En vano, se morían enseguida. Nuestros padres, enfadados, nos decían que no lleváramos más pájaros a casa, que se morían por exceso de calor, y que la naturaleza es sabia y que llegaría otra vez la primavera con sus pájaros. Nosotros dudábamos por un momento, quizás nuestros padres tendrán ra...

Juan Antonio Masoliver Ródenas (1939 )

De quién es la cama... ¿De quién es la cama junto al mar con las sábanas cubiertas de sangre y de sal? Los muertos que paseaban por el Camino Real del Masnou hace tiempo que han muerto. ¿Por qué murieron? ¿Cómo? ¿Por qué abrieron las puertas a la muerte? ¿Adónde los llevaron? Aquella noche muchos huyeron de sus casas y ya nadie les ha vuelto a ver porque para muchos no existieron nunca. De noche oíamos los remos en el agua, barcas que nunca más regresarían. En la orilla lloraban las mujeres y también oíamos sus llantos. Las mujeres cubrían su desnudez con mantillas o manteles o sábanas que luego serían sus mortajas. Muchas sacaban los enseres de sus casas, Eran demasiado hermosas para pasar desapercibidas por los asesinos. No las puedo borrar de mi memoria. Y ahora, en tiempos de una paz inverosímil, paseamos juntos al mar y pensamos en las hermanas Rosell, en Marina Pagès, en Marta Hombravella, en Helena Gibert, en Conchita Llinàs, en la monja sin ...

Irma Verolín (1953 )

Despedida pusiste mi mano sobre tu pecho y cerraste los ojos: mi mano quedó dentro de tu pecho. Del otro lado de tus ojos mi mano acarició tu memoria parsimoniosamente, mi mano se ahogó en tu lisa memoria, después alguien silbó en el pasillo. La tarde pulió sus aristas, despedirse es fácil cuando el silencio envuelve a la vida sin límites, el silencio es un pequeño dios que convierte  nuestra despedida en sitio de llegada. Puedo mirar ahora mi propia muerte en tus ojos, la veo trepándose sobre el borde de mi nombre y nos cobija a los dos. ("eurasiahoy")

Kenneth Rexroth (1905/1982 )

Las ventajas de aprender Soy un hombre sin ambiciones Y con pocos amigos, totalmente incapaz De ganarse la vida, que no Rejuvenece, fugitivo de alguna condena. Solitario, mal vestido, qué importa? A medianoche me preparo una taza De vino blanco caliente y semillas de cardamomo. En una rasgada bata gris y vieja boina, Me siento en el frío a escribir poemas, A dibujar desnudos en los arrugados márgenes, A copular con quinceañeras Ninfómanas de mi imaginación. Buitre Santo Tomás de Aquino pensó Que los buitres eran lesbianas Fertilizadas por el viento. Si buscas los hechos de la vida, Los intelectuales papistas Pueden ser de muy poco fiar. ("sinfónica caótica",y "contranatura" s/c al traductor)

Hubert Matiúwàa (1986 )

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Cicatriz que te mira IX Sobre el pueblo la neblina se enciende, nos hierve en la cicatriz, estás donde se reúne nuestra cara, haces falta allá para entrecruzar la vida, a mí también me hace falta tu agreste silencio, para caminar juntos y luchar ante aquellos que compran leyes y mandan soldados a violar a Inés y a Valentina. IX Natsíkáminà ndùù ná tsudùù xuajñàn ló’ rí nàmagwiì tsína’ èjnè, xtaà ná mugíín ná nàwàa ina ló’, rí phú gí’doo numaá ikhíín, numuu rí nànujgàà xtiin wajèn ná rawun iya, xó ma’ ikhúún nda’ñaá, nda’yaá ajngáa wiyáa, nda’yaá jàmboò skiyáa, ná maxnáa tsiàkè mì’nà inuu xàbò tsí nutsè xtángóo, tsí nuxú’mii xàbò maxììn ikhíín tsí nìrugwaà Inés gájmàá Valentina ("cicatriz que te mira", pluralia ed. méxico, 2018)

Enriqueta Lunez (1981 )

Sahúmo la tersura de tu cuerpo Sahúmo la tersura de tu cuerpo ilumino tu próximo destino sacio tu ser de notas interminables te derramo fermentos exquisitos. Susurro sortilegios sin que me escuches acaricio con los pies el origen inaudito manso y benévolo eres al otorgarme el último aliento desvestido. +++ Ta jmui’mtas ta pom lia be’ktal ta kopale taj jsaku’mtas li xtal a be’e ta jnojesot ta ts’ibetik k’ejimol ta jmaltaot ta xmuet paju’mtaubil pox. Ta k’un k’un chkal li k’usi mu xa jna’yo’ mu xa va’ie ta jaxulan ta kok li k’usi muk’bu na’bile k’anbilot xapas aba’ k’alal cha vak’bon li jamal slajebal a vik’e. ("tercera vía")

Alberto Muñoz (1951 )

Los días perdidos Al mirar una locomotora vemos una máquina Singer al mirar una Singer vemos la rueda de hierro la rueca al burro girando alrededor del molino levantando agua. al ver el agua vemos el aljibe con su roldana giratoria al ver el giro de la roldana escuchamos el canto del óxido al escuchar cantar tocamos el hombro de la amada tocamos la curva del pez tocamos la seda. Al tocar el hombro vemos el hilo de las despedidas al escuchar el adiós oímos el golpe del viento en las velas al ver la nave escuchamos la tierra girar en su canto de óxido. Al oír el giro de la tierra movemos un asno alrededor del molino al mirar el aspa levantamos el agua y oímos las velas al oír la nave tocamos el hombro de los peces tocamos la curva del tren tocamos la seda. Mi padre está sentado al borde de mi cama Mi padre está sentado al borde de mi cama, quizás para aliviarme de la fiebre. Está desnudo, blanco y desnudo. -Tu madre anduvo por aquí? -No, hace mucho tiempo que ...

Nadia López García (1992 )

Tía Chelo Guardaron todas tus herramientas de hombre de campo y sellaron la puerta de tu casa, quizá, para que a varias de nosotras, no nos gane la tristeza y corramos a buscarte en la soledad de tus cuatro paredes. Tú tienes la culpa, Tío Chelo, que estemos enojadas contigo: nos acostumbramos a creer que nada te vencería. Sobreviviste a  casi todo: a  esa única vez en que tu cuerpo se enfermó, a aquella embestida del caballo y a esos meses de vivir a la intemperie; cuidando que nadie robara las mazorcas. Hasta llegue a pensar, en mi mente de niña, que eras un toro que se hizo hombre. Abuelita decía que tú nos enterrarías a todas, como premio por ser único entre tanta mujer. Nadie imaginó que sería ahí, en la intimidad de tu cama, donde se tejería el murmullo de tu muerte. ¿Cómo no lo viste, Tío Chelo?, Tú, que en la lejanía distinguías el rayo de la liebre que después sería manjar en la mesa, tú, que al menor movimiento de una coralillo le saltabas encima para termina...

Irma Pineda (1974 )

Me enseñaste a amar Bisiidu’ naa ganaxhiee’ casi mani’ nadipa’ ne xhiana Bisiaalu’ naa ruaalu’ ni raxha beela lade’ ra go yaa Gupa chaahue’ rinni ni guceeza guendariati nisa stiu’ lu guelabeeu’ Gunaxhiee yuuba’ ni biaana ra bizaalu’ xhuga guidilade’ Beedxe gucalu’ luguia’ya’ ne bisiidu’ naa ganaxhiee casi ridunaxhii mani’ ne guirá runi gasti’ * Me enseñaste a amar como las bestias con fuerza y con rabia Me acostumbré a tu boca que a mordidas arrancaba trozos de mi carne Cuidé mi sangre para calmar tu sed en las noches de plenilunio Amé el dolor con que tus garras dibujaron signos en mi piel Fuiste tigre sobre mi cuerpo y me enseñaste a amar como se aman las fieras con todo y por nada. ("revista el humo")

Erri de Luca (1950 )

Madera Una barca de pesca, las traviesas en roble del ferrocarril, los barriles explotados por el vino, los mangos de las herramientas, el arado, la guitarra, la madera sostenida por el puño desangrado de resina y grasiento por el uso: de esta segunda materia está hecho el altar. ("el cultural", trad. fernando valverde)

José Watanabe (1946/2007 )

En el ojo de agua Era un ojo de agua, una lagunilla de donde bebíamos gentes y caballos. La luz no entraba en el agua, la oscuridad que venía del fondo era más poderosa. Los niños nos acuclillábamos en su borde redondo y esperábamos los pobres envíos de lo insondable. En sus orillas había una respiración, la cadencia de un animal muy remoto, un dios mudo que desde su profundo lecho mantenía la vida de todos nosotros. Del fondo afloraban restos de algas, insectos abisales que nadie podía cazar, pajitas, líquenes pero todo era indescifrable. En realidad no esperábamos nada, sólo el placer de estar en el borde, no sabiendo nada claro, imprecisos y un poquito idiotas.         A los cincuenta años         ya sabes que ningún dios te va a hablar claramente.         En el viejo ojo de agua         esta vez tampoco hay imágenes definitivas.         Aquí abandona tu arr...

Manuel Bolom Pale (1979 )

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                                                       (autor angélico jiménez) Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio Sk'inal xikitin: k'opojel yu'un nupunel Solicitud de palabras (primera ceremonia) Divina señora, que estás en el cielo; divina señora, que estás en la tierra; dueña del firmamento, dueña del mundo. Luna, madre divina, que estás en el cielo; luna, madre divina que estás entre jaguares; dueña del cielo y de la tierra... dueña de los vientos dueña de la llanura. He venido caminando bajo las hojas de los viejos árboles mojándome con la lluvia de ayer con los marañones del bosque con las avecillas, amarillas, naranjas, bajo el árbol nido de pájaros que vuela en el color del horizonte como la brasa resplandeciente en el fogón nocturno, vaya hacia ti la palabra de selvas y orquídeas...

Enriqueta Lunez (1981 )

Ella sueña con ser actriz de televisión todas las noches en punto de las ocho, presurosa toma la silla más cómoda y con café en mano comienza a pensar en el vestido entallado de la chica, el maquillaje, el cabello rubio y el coche. No menos importante es el hombre que la rescatará de la inmundicia del ser. Si fuera ella, imagina imagina mientras toma al bebé en brazos. Ja' taon ti oyuk k'uxi x-abtej ta televisione skotol k'ak'al me sta vaxakib ora sujon xa ta sa'bu lek sxchotlebe xlechoj jboch skajve te xvulvun sjol yo'on tsk'el ti tsinil lek sk'u spok' ti tsebe, sbonol satil, stsatsal sjol xchi'uk ti oy lek skaroe. Ja' xa ta yo'on ti vinik boch'o chlok'esat yu'un ta mu me'onal kuxlejale. Oyuk la vu'un ka'aytike, xi xa ti sjole. Te kejel chtajin xchi'uk ti yuni ole. ("cantos de luna", "sk'eoj jme'tik u", coedición pluralia-conaculta, méxico, 2013)

Uriel Martínez (1950 )

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Playas Mediodía de verano: escucho el ulular de ambulancias que vienen raudas; me reviso extremidades completas, estoy sano, estoy vivo, me digo y me repito como un conjuro contra la desgracia. El sol se encuentra en el punto álgido del día, ya pronto será la hora de comida; me espera un platillo sin aderezo del día anterior y otro que lleva pocos minutos la cocción. Mentalmente repaso ingredientes a la mano: huitlacoches tiernos, tomate, chile, ajos, cebolla, aceite y mantequilla, salsa inglesa, queso de cabra y sal de mar. También epazote, mi lengua, mi sazón, tus labios inertes, tortillas de maíz, los proyectos cancelados, los días en la arena, las noches oscuras, el alcohol, las despedidas no consumadas. En fin, un verano más de ambulancia, torretas rojas, vendas, las intravenosas, el suero, el oxígeno, la espera; la odiosa espera. [Inédito]

Anónimo

Petición "Hola te quiero pedir un favor... Si desapareces a nuestras familias, no los entierres, no los tires en lugares donde no podamos encontrarlos, no los quieras borrar de la tierra, no los quemes por favor, ayúdanos a que no pase eso, al fin ya están muertos, tu objetivo ya lo cumpliste, sabes? No nadamás desapareciste a nuestra familia, desapareciste a toda su familia que tanto los amamos, a ellos los mataste y a nosotros nos dejaste muertos en vida, no te imaginas cuántas familias están muriendo de dolor y angustia, no porque los hayas desaparecido si no porque no los encontramos, yo no te culpo ni te juzgo.. tus razones tuviste para hacer lo que hiciste, creeme que ya ni pedimos justicia ni quién lo hizo, ya no nos importa esa parte, pero si te pido que nos ayudes a encontrarlos, tu más que nadie sabes dónde están, ayúdanos a hacer milagros para que ellos regresen con su familia que tanto los espera, a lo mejor si crees en Dios el te perdona por ayudarnos a encontrar...

José Watanabe (1946/2007 )

Nuestra leona Sé que el sol va y viene, inquieto, husmeándome                                 entre los cañaverales. Sé que se demora en el cenit mirando ansiosamente el valle.          El sol era nuestra leona. Una imagen, aun de humilde imaginación verbal como ésta, va a la mente          y le pide que condescienda con el poeta. Es el trato. Esta vez no, esta vez sólo pido vuestra mirada inmediata y literal: ¿Quién, tan esbelto, salta de la venta a mi tarima y me levanta de la nuca con sus suaves fauces          y me lleva al río                      sino es el sol?          El sol era nuestra leona. Un viento cálido me envuelve siendo aquí, en Baja Sajonia, invierno: es la imagen creando su espacio en mi cuerpo enfermo,    ...

Rubem Fonseca (1925 )

Encanto femenino Sigo sensible al encanto femenino. Me siguen gustando los sapos. Pero en casa no tengo ni mujer ni sapo. Tengo libros. Tenedores y cuchillos. Tengo zapatos. Este par fue comprado hace más de 15, quince, repito quince años. Esto es un poema, vayan sabiendo. Un sujeto dice que poesía es aquello que se pierde en la traducción. Yo digo que poesía es lo que cada uno cree que es poesía. Encontrar las mujeres lindas es poesía. He dicho. ("ámbar y spunk", versión ignacio bajter)