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Mostrando entradas de noviembre, 2017

Mary Oliver (1935 )

Cómo es con nosotros, y cómo es con ellos Nos volvemos religiosos, luego nos alejamos de eso, luego estamos necesitados y quizás volvemos atrás. Nos dedicamos a hacer dinero, luego nos volvemos a la vida moral, luego pensamos de nuevo en el dinero. Conocemos personas maravillosas, pero las perdemos ……….por nuestros negocios. Estamos, como dice el refrán, en todas partes. La constancia, al parecer, tiene más que ver con los perros que con nosotros. Una de las razones por las que los queremos tanto. ("life vest under your seat", s/c al trad.)

Soledad Castresana (1979 )

Un entierro todas las noches encerrábamos a los charitos en el gallinero una mañana cedió el tejido y un revoltijo de plumas se nos pegó a los ojos en el patio de la capilla enterramos los huesos las patas los picos hicimos guirnaldas de flores sobre las tumbas clavamos cruces de varillas y alambre las manos cubiertas de ampollas rezamos lloramos más tarde sacamos las cruces y las usamos de espadas ("pájaros lanzallamas")

Yolanda Segura (1989 )

Tengo 13 años... "Tengo 13 años (dentro de dos meses cumplo 14) y y hace 2 años me llegó, al principio me causaba ansiedad aunque siempre quise que me viniera, yo pensaba que sería un momento mágico, y me sentiría mujer, y lo mejor es que pensaba que me iba a gustar, y cuando me llegó me causó mucho miedo y mucha pena, no era capaz de contárselo a mi madre, hasta que tomé valor y le conté a ella y me ayudó, no sé en qué momento sucedió ni cómo pasó y dejé de contárselo, yo algunas veces le sacaba a mi mamá sin que se diera cuenta, o hacía cualquier otra cosa, esto ya casi lleva un año y mi mamá piensa que me dejó de venir y yo le digo que es normal". amaneciste... amaneciste con la regla,            te retiraste el calzón que tenías manchado            y lo pusiste en la cama mientras te fuiste a duchar.            olvidaste lavarlo, se quedó allí por 3 horas.   ...

Patricia Vázquez (1985 )

25 de julio de 2016 Mi esposa se alejó /sobre el temple oxidado de un taxi /acuático. Regresé/ al café americano/ de San Pedro mi tristeza/ agitaba/ las góndolas/ de esa noche en que Venecia/ mojaba/ el frente/ de sus casas. Olvidé/ el cementerio/ de poesía el sudor de la noche garganta/ de Italia                     Venecia, Italia 20  de octubre de 2016 Marcela y yo nos quedamos sin trabajo cangrejos ermitaños en un viaje sin rumbo que terminamos en las costas antes vírgenes de Oaxaca. Vi en la bóveda celeste la mirada de Marcela cuando los remos hicieron de su agua fluorescencia. Cangrejos ermitaños las pisadas de la una tras la otra con la concha sobre nuestro cuarpo ladeado en busca del orificio hacia la vulva de la tierra. Nos jaló la corriente hacia un océano que nunca conocimos tomadas de nuestras múltiples patitas somos cangrejos de la arena a los que en el puerto los vend...

Baudelio Camarillo (1959 )

Cauce interior I Como todos los niños, hicimos barcos de papel y nos subimos en ellos y nos fuimos. Después tuvimos uno verdadero, una lancha pequeña, y en ella recorrimos la misma trayectoria. Hoy poseemos las dos cosas. Cada mañana nos esperan. Mas preferimos los barcos de papel porque desde ellos el río se hace ancho como el mar que nunca hemos conocido. ("círculo de poesía")

Heraclio Castillo Velázquez (1985 )

Raíz de la materia 1. La vida duele. Así dijo mi madre, hace mucho, envuelta en los aromas del fogón. Y cada uno bebió de su silencio, de la noche tostada en el comal, remojando las palabras en el caldo. Nadie pudo cuestionar. Había dolor en el mendrugo de pan, en la cazuela con frijoles y en la tortilla con sal. Había dolor en la aspereza del petate, en las manos curtidas por la tierra, en los ojos hambrientos de horizonte. Dolor había en cada despertar, con cada paso, el pie descalzo para andar. Y en la ruta del dolor el tiempo transcurría. Hoy que no queda más camino me atrevo a cuestionar. La vida pesa, estremece, bifurca los caminos, se abre al mundo en bello ramadal. En su verdad, mi madre hablaba de algo diferente: “ser mujer” es lo que duele. [Inédito]

Jorge Cantú de la Garza (1937/1998 )

Mandrágora Del matrimonio entre el ahorcado y la muerte nace la mandrágora, al pie del cadalso, cementerio del suicida o condenado. El albumen carnoso de sus flores acampanadas despide un olor acre, mefítico, y sus raíces caprichosas rodean el lugar, como venas del pene que, erecto, eyaculó a los pies del ahorcado. En la antigua Grecia se utilizaba como narcótico y las brujas solían volar al ingerir trozos de su raíz. Los beneficios del alcohol                             para edward stachura Anoche, en un piadoso duermevela alcohólico, no vi el hilo áspero y fuerte de la lógica, mas sí uno frágil de sabiduría que por la mañana había olvidado. Armas de nacimiento Miro mis armas de nacimiento: aire de familia, insomnio pertinaz, silencioso, arribo tardío, inesperado, aislado con premura por asepsia maternal, paperas, sarampión, granos en la cabeza, rejas en la cuna, miedo, cel...

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Hija  Hija, si en algún momento,         mientras estás ocupada en crecer,         -dura y lícita tarea-         puedes mirarme a los ojos,         hazlo.         No te dejes las preguntas         para cuando sea la misma voz         la que cuestione y la que responda.         Mira que en esta familia         tenemos la dolorosa costum         de conocernos mejor de muertos. ("emma gunst")

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Catorce formas de melancolía 8 Una hormiga carga con esfuerzo una hoja.                                          La hoja es enorme y multiplica su tamaño. Se trata de un deber inevitable, de una obediencia atávica.                                         Detrás de ella idénticas hormigas cargan idénticas hojas. Mañana repetirán el rito, su razón de ser que ignoro. Pronto cumpliré cincuenta años. Pienso en la hormiga. En su ciega danza hacia la muerte. ("life vest under your seat")

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Lo que no es sueño Déjame que te hable en esta hora de dolor, con alegres palabras. Ya se sabe que el escorpión, la sanguijuela, el piojo, curan a veces. Pero tú oye, déjame decirte que, a pesar de tanta vida deplorable, sí, a pesar y aun ahora que estamos en derrota, nunca en doma, el dolor es la nube, la alegría, el espacio; el dolor es el huésped, la alegría, la casa. Que el dolor es la miel, símbolo de la muerte, y la alegría es agria, seca, nueva, lo único que tiene verdadero sentido. Déjame que, con vieja sabiduría, diga: a pesar, a pesar de todos los pesares y aunque sea muy dolorosa, y aunque sea a veces inmunda, siempre, siempre la más honda verdad es la alegría. La que de un río turbio hace aguas limpias, la que hace que te diga estas palabras tan indignas ahora, la que nos llega como llega la noche y llega la mañana, como llega a la orilla la ola: irremediablemente. Tiempo mezquino Hoy con el viento del Norte me ha venido aquella h...

José Watanabe (1946/2007 )

El miedo El burro hace girar la rueda del molino y a cada vuelta cierra               ese círculo vicioso que durante años ha hollado en la tierra. El polvillo blanco de la molienda flota en el ambiente. Se asienta en todo, pero en las pestañas del burro                   es toda la tristeza                                  y la condena. Me alejo silbando del molino, silbando para disimular el temor de poner el pie                              en una huella sin esperanza. ("blog del amasijo")

Uriel Martínez (1950 )

 El entrepaño                              in memoriam jorge cantú de la garza Sabes una cosa Jorge, nunca imaginé llevarte de paseo una tarde de otoño, una tarde cálida y previa al frío, a la oscuridad, a los Judas de pólvora. El pretexto del paseo fue una antología tuya de última hora, autorizada por tu albacea, ángel guardián o no sé quién Diablos. La cosa es que la disyuntiva era el café, el cinematógrafo o la alameda. Tú habrías preferido un mezcal o cualquier otra bebida combinada. Lo dejé a águila o sol y te traje a una mesa de café con música de Led Zeppelin antes que se haga noche. Ya lo dije: restan minutos antes de que el sol se hunda, como nosotros; antes de llevarte de vuelta al entrepaño de los poetas. [Inédito]

Clementina Arderiu (1889/1976 )

Habla el alma Entonces, cuando ya hayas hallado en el barro reposo, oh poder de esta carne que por vil me es pesada, el mundo espléndido mostrado y prometido por mi amigo el leve Inexpresable vendrá a ser mi patria generosa, y en el fuego sagrado que alto frente a Él se enciende, podré -¡oh goce supremo!-, purificarme. La tierra, lugar de dolorosas glorias y amores fementidos, quieras que no me gobierna. Mi paño débil de humana vestidura, más que yelmo y escudo es conductor de ofensas. Ligeras compañeras que ya os habeis desligado, oíd mi lamento, y mi conjuro oídme: venid a mí en divina lozanía, dadme las manos, y elevada me vea por vuestro esfuerzo a las regiones serenas. Yo sabré en un cántico tierno loaros como nunca otro podría ser oído por los inmortales. (muro fb de orlando guillén, traducción él mismo)

Ángel González (1925/2008 )

En serio Te llamábamos a veces por tu nombre para decirte lo que nos dolía, para pedirte cosas,                             para quejamos del frío —como si fueses responsable del invierno— para preguntarte, suspicaces, en dónde habías guardado esto o lo otro. Pero ¿qué te dimos realmente? ¿Qué hubiéramos podido haberte dado a ti, que no pedías, que parecías no necesitar nada más que estuviéramos allí, llamándote a veces por tu nombre, para pedirte siempre:                                 —danos, danos? Acaso amor, esa palabra impronunciable, impura. Porque lo extraño es que tal vez te amábamos. Pienso que te amábamos. ¡Ah, sí, cómo te amábamos! Presenciamos inmóviles tu vida y ahora, frente a tu muerte, se nos vienen de pronto todas esas palabras que no escucharás nunca. ("no me quites paz")

Cecilia Juárez (1980 )

Alter ego (aquí hay un blackout de dieciocho años) no te conocí cuando el terror bajó raudo entre las rodillas rojísimo a decir quién vive a decir que el himen finalmente había abandonado el edificio no supe de qué estabas hecha aunque el dolor fue levantando casas y albercas y asientos de cine y almejas vacías y cárceles y pozos Animal feral glaciando hacia la sutura esa frontera entre el albañal y el tejado de agujeros todas mis razones estaban equivocadas y todavía se jalan las greñas frente a sus ventanitas mientras pasa el animal con todo el territorio que carga agitado en el vaivén retórico y post erótico de la desnudez no te conocí ante la cercanía de los otros ni cuando el hambre fue talando los árboles no te conocí cuando el aviario estropeó las cerraduras y todos los pájaros huyeron tomaron el cielo lo hicieron negro y precioso como el plumaje del cuervo. no te conocí ni el polvo nunca supe qué pasaba contigo por qué tu afán de quedártel...

Hanni Ossotti (1946/2002 )

Por salir del charco                      a washington con manuel En algún lugar del mundo una mujer se sentaba todas las mañanas a contemplar un viejo edificio. Y había ventanas, sí plenas de sombras hombres, mujeres, monstruos. Esa casa estaba deshabitada no había amantes, no. Sólo aves que a veces cruzaban el horrendo paisaje. En algún lugar del mundo   había una lámpara rota   que no era de ella. También un diccionario. Eso no podía resolver su soledad. Había tres árboles, cuatro árboles y ruidos, la calle, los automóviles. En algún lugar del mundo ella no pudo hablar con quien podría      ser su amante. El placer estaba vedado. Las ambulancias pasaban El fastidio cundía. En algún lugar del mundo ella se detenía a ver un enchufe un sofá una mesa repleta de libros y de centavos y al marido: mustio, callado, leyendo... También había pastillas, muchas pastillas y un ...

Charles Bukowski (1920/1994 )

Con el collar al cuello Vivo con una mujer y cuatro gatos algunos días me llevo muy bien con todos ellos. Cualquier día tengo problemas con uno de los gatos. Otros días con sólo dos de ellos. Después con tres miembros de la maldita ganga! Algunos días me peleo con los cuatro felinos y con la mujer también. Diez ojos mirándome todos, fijamente, como si miraran a un perro. (muro fb de daniel montolay y traducc. suya)

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Verano (I) Verano en una ciudad blanca. El olor del jazmín y del sexo inundan la habitación en penumbra. Desde el cajón el reloj dicta sentencia como un juez en un país sin policía. Durante una semana marcharé al ritmo que marca mi cuerpo. Mi cuerpo: paraíso fiscal sólo para tus riquezas. ("emma gunst")

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Posibilidades Prefiero el cine. Prefiero los gatos. Prefiero los robles a orillas del Warta. Prefiero Dickens a Dostoievski. Prefiero que me guste la gente a amar a la humanidad. Prefiero tener a la mano hilo y aguja. Prefiero no afirmar que la razón es la culpable de todo. Prefiero las excepciones. Prefiero salir antes. Prefiero hablar de otra cosa con los médicos. Prefiero las viejas ilustraciones a rayas. Prefiero lo ridículo de escribir poemas a lo ridículo de no escribirlos. Prefiero en el amor los aniversarios no exactos que se celebran todos los días. Prefiero a los moralistas que no me prometen nada. Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula. Prefiero la tierra vestida de civil. Prefiero los países conquistados a los conquistadores. Prefiero tener reservas. Prefiero el infierno del caos al infierno del orden. Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico. Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas. Prefiero los p...

Cinzia Marulli (1965 )

Poema Escribo porque siento la luz hacerse espejo porque busco el camino que me lleve a un destino sin llegada a un bosque que huela a bosque, porque me siento una bellota diseminada en la tierra escribo porque florezco como un hibisco al sol porque mi voz no es suficientemente fuerte para gritar en la tempestad que me sacude. Escribo porque un día un amigo me regaló una pluma haciéndome creer que era una varita mágica. ("buenos airespoetry", trad. emilio coco) Relato Subí a la montaña más alta porque quería volar el viento estaba suave y debajo de mí las tierras salvajes me esperaban ‒verdes y grávidas me puse al borde del precipicio esperando que me crecieran las alas estuve allí hasta que el pelo se me puso blanco pero las alas no habían crecido aún luego dejé de esperar y me lancé al vacío con los brazos abiertos y los ojos cerrados en ese momento todos mis sueños se estremecieron alarmados  se esforzaron mucho se transformaron ello...

María Victoria Atencia (1931 )

Epitafio para una muchacha Porque te fue negado el tiempo de la dicha tu corazón descansa tan ajeno a las rosas. Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico y la tierra no supo lo firme de tu paso.     Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente -tal se entierra a un vencido al final del combate-, donde el agua en noviembre calará tu ternura y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.     Quieta tu vida toda al tacto de la muerte, que a las semillas puede y cercena los brotes, te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca sabrás el estallido floral de primavera. Lavadero viejo Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato  con un frescor que acepta mi mano en su recinto.  Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo:  doy paso a las rameras y al ajuar de los muertos.  Públicamente expongo al agua mis razones.  Su corriente no sabe más pasión que el olvido. ("poemas del alma")

Mashka Kaléko (1907/1975 )

Melancolía de otoño A mí no se me marchitan los jardines. No los tengo. Ni tampoco una casa donde los vientos giman. El nubarrón más negro no me daña, pues rara vez miro ya al cielo. Ya no pretendo estrellas áureas. Me conformo con una lamparita. No me engaña la dicha, ni desengaña una espera. No me duele el otoño, a mí no se me marchitan los jardines. ("no me quites paz", s/c al traductor)

Eva Strittmatter (1930/2011 )

Demonio No me puedo salvar. Me voy a pique. No hago otra cosa que autodestruirme. Cada hora resulta insuperable. Y mi poesía es una droga. Quién me ha perdido. Quién me ha traicionado. ¿Qué ocultos hechos pasados debo purgar? ¿Quién sucede dentro de mí? ¿Quién les calla a mis palabras el contexto y confunde su significado? Bien puede ser que sea yo. ("revista arquitrave", no.66,trad.I.G.)

Óscar Hahn (1938 )

Cosas que se escuchan Qué extraño es sentir el sonido de la lluvia cuando no está lloviendo mirar por la ventana las calles secas y sentir el sonido incesante de la lluvia Ahora escucho el crujido de una silla mecedora Alguien teje alguien se para alguien entra con unas tazas de té alguien hace ruido con la vajilla Qué extraño es sentir el quejido de una silla mecedora cuando nadie se está meciendo el tintinear de la vajilla cuando nadie está poniendo la mesa la algarabía de los invitados cuando las sillas están vacías y el sonido de la lluvia el persistente sonido de la lluvia cuando no está lloviendo ("marcelo leites")

Jotamario Arbeláez (1944 )

Cadena de los amores imposibles He cortado todas las rosas del mundo, una por una, para nada, pues cuando voy con ellas acunadas entre mis brazos ardorosos en busca de mis amores, no están, o están haciendo la siesta, o en sus clases de piano con mequetrefes. Sobre áreas restringidas de mi piel he colocado gotas de perfumes exóticos y frotado mi cuerpo con todo tipo de menjurjes preparados por brujos con barbas de chivo.  Ninguno de estos aromas ha doblegado a ninguna de mis anósmicas amigas. He comprado libros de versos delicados, desde los Gazales de Haffiz hasta las perlas de Amarú, El Jardín Perfumado, La Unión Libre, La Amada Inmóvil, La Ciudad sin Laura, pero he comprobado que los libros permanecen sin abrir en sus tocadores entre potes de afeites y adornados portarretratos. Lo mismo pasa con mis cartas lacradas, idas a colocar en buzones de remotos países, a las que sólo arrancan las estampillas para el álbum del hermanito. Yo mismo ...

Uriel Martínez (1950 )

Los invitados Hoy dormiré en el cuarto de huéspedes, donde nunca termino de ordenar maletas valijas ni portafolios. En un ala del armario guardo los muertos, libros empolvados sin orden ni alfabeto. La cama de invitados permanece sin grandes llanuras ni cañada ni ojos de agua. No sé si ya dormido aparezcan alimañas, seres no imaginados en los mejores circos. De cualquier modo estaré presto por si un día recuerdas aquellas tardes de insomnio. Considera que estamos a pocos días de noches dilatadas, cuando veo la luna trazar siluetas vivas. [Inédito]

Joaquín Benito de Lucas (1934 )

El búho  El búho ¿vive dormido o meditando? La noche le abre caminos de luz, el día le sobrecoge. Descansa sobre la rama de una encina mientras pone en orden su pensamiento. Ni se muestra ni se esconde. Su color es el color de la madera del bosque; en la frente le han crecido dos hojas con las que oye -verdinegras- el sonido silencioso de la noche. Cuando ésta llega despliega sus alas y vuela al monte, al llano, al valle, al río desperezado e insomne. ¡A cazar va por el Tajo lo que las aguas esconden! ("la sombra del membrillo")

Marin Sorescu (1936/1996 )

Ladrones Tenía un poema que no me dejaba dormir Y lo mandé al campo Donde un abuelo. Después escribí otro Y se lo envié a mi madre Para que lo guarde en el desván. Volví a escribir después unos cuantos Y con el dolor de mi corazón se los confié a mis parientes, Los que me prometieron cuidarlos bajo palabra de honor. Y así siempre, para cada nuevo poema, Se halló también un hombre que lo recibiera, Pues cada amigo mío Tiene a la vez un amigo, Tan bueno como para confiarle el secreto. Así que ni siquiera yo mismo sé ahora Dónde se encuentra cierto verso Y en caso que me atraquen los ladrones, Por más que me torturen, Igual no puedo decirles gran cosa, sino Que ellos están en un sitio seguro, En este país. ("círculo de poesía", versión omar lara) He vendado Vendé los ojos de los árboles Con un pañuelo verde Y dije: búsquenme. Y los árboles me hallaron en seguida Con una carcajada de hojarasca. Vendé los ojos de los...

Mary Oliver(1935 )

Rojos Todo el tiempo que estuve dando clases en el estado de Virginia quise ver al zorro gris. Finalmente lo encontré. Estaba en la autopista. Estaba cantando su canción de agonía. Lo levanté y lo llevé a un campo mientras los autos seguían pasando. Me mostró cómo podía gemir cómo podía sangrar. Adiós, le dije a la luz de su ojo mientras los autos pasaban. Dos días después encontré a su pareja. Estaba en la autopista. Estaba cantando su canción de agonía. La levanté y la llevé al campo donde gimió mitad gris mitad roja mientras los autos seguían pasando. Mientras los autos seguían pasando. Zorro gris y zorra gris. Rojos, rojos, rojos. ("griselda garcía", trad. natalia leiderman y patricio foglia)

Amelia Biagnoni (1916/2000 )

Poema de octubre Cuando desde mi nuca vuelvo al cuarto -que a veces me repite por todos los hoteles del mundo-, el espejo se mira, narciso de su historia, que acumula con suave, pavorosa memoria; la mesa da un gemido de bosque moribundo; y el agua de mi vaso cuida lejanos peces. De pronto se alzan noches de llama con rocío, esa mujer soltó su muerte agazapada, un gris viajante cuelga su sombra en el ropero, se volcó en esta silla un dolor verdadero, hay nudos y relámpagos de piel desesperada, un viejo calculaba, cuando llegó su frío... Y canto. Los fugaces de este cuarto de hotel dejaron, sin saberlo, su trance aquí; de suerte que yo, la socavada, sueno de su rumor. Dame tu colección, denso espejo: el amor, la esperanza, el fracaso, el instinto, la muerte... Toma, en cambio, una gota de mi agonía fiel. ("concédeme esos cielos")