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Mostrando entradas de mayo, 2015

Uriel Martínez (1950 )

La vorágine cuando vinieron los pistoleros por mis vecinos, el día señalado, guardé silencio para salvarme. cuando llegaron los militares y saquearon la casa de las muchachas, fui discreto por no meterme en líos. cuando los cacos vaciaron el domicilio de al lado y sólo dejaron el ábaco del infante, me mantuve al margen del delito consumado. cuando aparecieron los sicarios y le prendieron fuego al negocio de enfrente, fingí indiferencia porque no era el mío. cuando los cuervos derribaron mi puerta a culatazos, salí al patio y me dejé llevar por la vorágine.

Laura Yasán (1960 )

Llegar a salvo hay que saber llegar hasta la orilla sin mojarse los pies cruzar una ciudad en donde el agua es negra y negra es la saliva de los perros y negro el semen que descargan los ángeles en las sábanas sucias de los partos hay que hundir la cabeza con los ojos abiertos negociar el ardor forzar al corazón su máquina de aceite y resistirlo a flote una noche completa hay que entregar el cuerpo a la corriente fijar la convicción                                  nadie vendrá para salvarme no soltar la palabra que dispare el alud de un espejismo                                                                     nadie vendrá para salvarme tragar si es necesario la sal que se desprende generosa de tu propio temor se...

Griselda García (1979 )

Torso desnudo de un muchacho al sol El cuerpo se tensa en cien fibras enloquecidas. En el abdomen plano dos líneas se pierden en la espesura del pubis. Esas líneas bastarían para adorarlo meses. Al final del día buscarle las axilas, olerlo buscarlo entre las piernas y encontrarlo duro pesado de semen joven. Es verano. La tortura de no tenerlo es dulce. ("la biblioteca de marcelo leites")

José Emilio Pacheco (1939/2014 )

La rueda Sólo es eterno el fuego que nos mira vivir. Sólo perdura la ceniza. Funda y fecunda la transformación, el incesante cambio que manda en todo. Sólo el cambio no cambia y su permanencia es nuestra finitud. Hay que aceptarla y asumirla: ser del instante, material dispuesto a seguir en la rueda del hoy aquí y mañana en ninguna parte. ("life vest under your seat")

Charles Simic (1938 )

El caballo Me desperté en medio de la noche y encontré a un caballo muy quieto sobre mi cama. Amigo mío, qué alegría verte, le dije, está nevando y debías sentir frío y soledad en tu establo allá abajo junto al granjero y su esposa, ambos muertos. Déjame que te arrope y compruebe si hay algún terrón de azúcar en la cocina, como el que vi una vez a un hombre con chistera darle a una yegua en un circo. Aunque temo que te hayas ido cuando vuelva; de modo que mejor será quedarme en tu compañía en esta oscuridad. ("rima interna", versión martín lópez-vega)

Dino Campana (1885/1932 )

Mujer genovesa Tú me trajiste un poco de alga marina en tus cabellos, y un perfume de viento, que ha llegado desde lejos, grave de ardor, y había en tu cuerpo bronceado la divina simplicidad de tus delicadas formas, no amor ni congoja, un fantasma, una sombra de la necesidad que ambula inevitable y serena por el alma y la diluye en dicha, en encanto, serena, para que el viento del sudeste pueda llevarla al infinito. ¡Qué pequeño y leve es el mundo en tus manos! ("otra iglesia es imposible", traducción guillermo boido)

Horacio Castillo (1934/2010 )

El foso Respiré por última vez el aroma de los eucaliptos y pasé bajo el arco donde estaba escrito: Aquí termina      el mundo. ¿Dónde estamos? —preguntó el niño que todavía no      había nacido. En ninguna parte —contestó el hombre que ya había      muerto. Y señalando en el medio del campo un inmenso foso agregó: Todos saldrán por ese mismo lugar. ¿Dónde estamos? —preguntó el hombre escondiendo los ojos en el bolsillo de la chaqueta. En ninguna parte —contestó la mujer plegando su      cabellera como un mantel. En ese momento el viento cambió de dirección y sentí por primera vez el olor de la nada. Y ese olor nos atormentó durante el resto de la jornada,      y la jornada siguiente, y todas las que siguieron hasta el fin de nuestros días. ¿Dónde estamos? —preguntó el hijo templando las      cuerdas de las alambradas. En ninguna parte —contestó el padre pasando una   ...

Jordi Doce (1967 )

Palabras para Paula ¿Nacer es la victoria ¿Victoria sobre qué? Desde la fiel certeza de tu cuerpo, mi pregunta te mira preguntarme. No has vencido a la muer- te. La muerte no es la nada anterior a la vida. Lo milagroso  es esto: vienes de lo sin nombre, de lo sin existencia. Eres inconcebible. Aho- ra, concebida, eres el rostro más claro de la existencia. Nosotros te miramos, tú avanzaspor tu sueño. ¿En qué instante dejaste de ser nosotros? ¿ónde la fisura, el deslinde? Quisiéramos hallar en tu piel nuestra piel, en tu rostro dormido los rasgos que proclaman nuestro nombre. Quiséramos, tal vez, que fueras nuestro espejo, sin saber que tu rostro será, no doble: desafío. O algo más sencillo: certeza que dialoga y nos confirma en el hogar del tiempo. Desde la fiel evidencia de tu cuerpo, la vida nos revive: el árbol es el fruto de los frutos. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

La alegría de escribir ¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito? ¿A tomar agua escrita que refleje su hocico puntualmente? ¿Por qué alza la cabeza? ¿Escucha algo? Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta. Mueve bajo mis dedos una oreja. Silencio, esa palabra, susurra en el papel como las otras y remueve ramas por las palabras del bosque cansadas. En la hoja blanca de papel acechan letras que pueden componerse mal, frases que pueden ser un cerco y no habrá salvación. En la gota de tinta un regimiento de cazadores enfocan la mira listos para correr pluma empinada abajo, cercar la corza y preparar el tiro. Olvidan que esto no existe Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera y podré dividirlo en pequeñas eternidades llenas de balas quietas en el aire. Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí. Ni una hoja caerá si no lo quiero ni las pezuñas hollarán la hierba ¿Existe pues un mundo sobre el cual so...

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Caricia La mitad de lo que le ocurra a mi hijo, será culpa mía. Qué bien. Lo digo así, recubierta de collares y lunares, veinticuatro horas después de enviarte a París, y supieras lo que es estar lejos de casa. Llega hasta a mí tu rostro de adolescente despeñado, levantado hacia un profesor ansioso de enderezar a este pequeño viejo rico. Hay que ser fuerte, te dicen: sólo si lo eres tendrás derecho a cumplir dieciocho años y oler la cocaína que quieras. Y vomitarte sobre la vajilla de tu madre en la cena ofrecida para celebrar tu regreso. Por ahora, te sacude el frío en el dormitorio de los grandes y aprietas la medalla que te regaló tu novia en el aeropuerto. No he terminado contigo, decía la tarjetica, prefiero que lo hagan otros. Y firmaba: mami te quiere. Te sacaron de la galería de espejos para que no rompieras el diseño de la arquitectura holandesa. Aun antes de tu llegada ella sufría de baby blues porque, ¡ay!, gemía, no estoy preparada para...

Olvido García Valdés (1950 )

Cuando voy a trabajar... Cuando voy a trabajar es de noche, después amanece poco a poco, hace mucho frío aún. A menudo en el cine me parece oír la lluvia azotando el tejado, como si no hubiese lugar donde guarecerse. Hoy alguien en un sueño dijo: ten, en esta garrafa hay agua limpia, por si toma moho la del corazón. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, xxix)

Selva Almada (1973 )

Poema La brasa de un cigarrillo cae en un descuido de mamá quema el pie derecho de la Flaca. Yo lloro            las otras se ríen la Flaca llora            mamá se aflige le echa la culpa al gin tonic y promete tejerle unos zapatitos                   al crochet. Todos sabemos que no hay solución: sólo yo querré a la Flaca renga perderá la corona de princesa con que Niño Valor la ungiera dos meses atrás su carrera de top model en ascenso se trunca sus sueños de bailarina de tap se rompen como espejitos. Mamá le habla a la Flaca: no es tan tremendo, dice, una amiga suya, cuenta, perdió el útero y los ovarios, a su cuñada le extirparon un pecho y sigue enumerando mutilaciones varias que asustan a la Flaca y también a mí que agradezco que nunca traiga sus conocidas a casa. ("emma gunst" y "las afinidades electivas")

Ana Rossetti (1950 )

El jardín de tus delicias Flores, pedazos de tu cuerpo; me reclamo su savia. Aprieto entre mis labios la lacerante verga del gladiolo. Cosería limones a tu torso, sus durísimas puntas en mis dedos como altos pezones de muchacha. Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja, y es una caracola. Ella sabe a tu leche adolescente, y huele a tus muslos. En mis muslos contengo los pétalos mojados de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo. ("poética y poesía, juan march, madrid, mmvii)

Kyra Galván (1956 )

En Auschwitz No fueron los hornos crematorios ni las barracas, ni aún las letrinas o incluso, las celdas de confinamiento. Fueron los cuartos repletos, rebosantes, exultantes: de cacerolas, de peines y cepillos. De zapatos de hombres, mujeres y niños los que quebraron mi espíritu para siempre. © Kyra Galván en muro fb de la autora

Uriel Martínez (1950 )

La sábila no todos los muertos mueren de cáncer ni todas las sienes llevan sábila ni la saliva de cualquier cura. ni todos los mariachis lloran al muerto, tampoco los vivos, las viudas ni, mucho menos, los mocosos ni vecinos. nadie imagina que la caja irá a la deriva bajo tierra como balsa süave al garete, tampoco los latines de despedida. ninguno añora las flores del muerto, ni los dientes de oro, ni la leontina y su estuche de preservativos olvidados. nadie después de las cinco, en veranos de lluvia, sale a esperar el arco iris al campo, aunque algunos aguardan detrás del vidrio. ninguno levanta la cortina ni escucha sollozos luego de bajado el telón, simplemente guarda silencio como quien espera el aguacero de los aplausos. pocos habrá que deseen un bis si la conmoción es mayor a la capacidad del teatro donde también se apagan luces.

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

Mutatis mutandis 10 escribo algo algo todavía algo más aún añado palabras pájaros hojas secas viento borro palabras nuevamente borro pájaros hojas secas viento escribo algo todavía vuelvo a añadir palabras palabras otra vez palabras aún además pájaros hojas secas viento borro palabras nuevamente borro pájaros hojas secas viento borro todo por fin no escribo nada ("otra iglesia es imposible")

Katerina Anghelaki-Rooke (1939 )

Aquí estudias el silencio Aquí estudias el silencio como si fuera una lengua extranjera. Y si practicas bien sabrás distinguir el dialecto del día frente al marcado acento de la noche. Te aprendes los pájaros de memoria y también la luz que trastoca el sentido de la nada. No podrás nunca expresarte con naturalidad en esta lengua. Pero te sorprenderá siempre su verdad. Lees los árboles, las montañas en el original Preguntas: “¿qué tengo yo que decir en esta lengua?” El animal herido en lo más profundo de ti no contesta. Guarda silencio. ("life vest under your seat", sin c/al traductor-es)

Luis Cernuda (1902/1963 )

Como leve sonido Como leve sonido: hoja que roza un vidrio, agua que acaricia unas guijas, lluvia que besa una frente juvenil; Como rápida caricia: pie desnudo sobre el camino, dedos que ensayan el primer amor, sábanas tibias sobre el cuerpo solitario; Como fugaz deseo: seda brillante en la luz, esbelto adolescente entrevisto, lágrimas por ser más que un hombre; Como esta vida que no es mía y sin embargo es la mía, como este afán sin nombre que no me pertenece y sin embargo soy yo; Como todo aquello que de cerca o de lejos me roza, me besa, me hiere, tu presencia está conmigo fuera y dentro, es mi vida misma y no es mi vida, así como una hoja y otra hoja son la apariencia del viento que las lleva. ("rua das petras")

Mary Jo Bang (1946 )

Disculpas por desear  Me he preocupado muchísimo por la mirada del otro: el dueño de la tienda y sus empleados serviles que piensan que robo. Sé que paso muchísimo tiempo observando con rostro anhelante los tonos apagados de los objetos en las estanterías. Qué inteligentes nos estamos volviendo. Pronto lo entenderemos todo : porqué nuestro primer aliento, cuándo el último. Porqué una rata, aunque reciba un shock cada vez que come, no deja de sentir hambre. Cómo pájaros de huesos vacíos y peces con branquias calculan el tamaño de la recompensa, recuerdan dónde guardaron la comida. Hay pocas formas de liberar al cuerpo del deseo, y todas terminan en anarquía. Mañana, regresaré a la tienda—a la historia donde la dejé— me centraré en aquellos ítems que tienen pedacitos de lavanda escondidos dentro: puntas de brócoli articuladas, espárragos alterados. La supervivencia consiste en resistir, en el reverso de lo que es delicado y tiene hojas. Entre los animales,...

Carlos Marzal (1961 )

Nasciturus Mientras ocupas de aposento el agua, y en el amor del agua te abandonas a tu despreocupada travesía, como la pompa de un jabón quimérico, sin memoria de ti ni de tu mundo, perteneces al mundo en su memoria, porque en la tierra firme alguien te sueña. En germen, y ya en marcha, en esbozo, y ya en obra,                                         mientras duermes en el conjetural jardín de la inocencia y al egoísmo de vivir te aplicas, eres la historia entera de los hombres, metáfora de todo lo increado, ascua de certidumbre en lo imposible. Has negado la nada, aun siendo nadie, has abrazado el ser, sin ser tú mismo; en la fragilidad de tu letargo se gesta, inquebrantable, nuestro orgullo, nuestro destino en pie, nuestra disposición a las alturas. Al mecerte, en la oquedad marítima, no intuyes de qué indómita herencia ya eres dueño, de qué furiosa raza f...

Amalia Bautista (1962 )

Los pies Qué feos son los pies de todo el mundo, menos los de mis hijas. Qué bonitos son los pies de mis niñas. Los mofletes redondos y rosados de los ángeles envidian sus talones, y sus dedos, vistos desde la planta, diminutos, tienen la suavidad de los guisantes. Los tienen a estrenar. Y me conmueve pensar en cada paso que aún no han dado. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

Laura Casielles (1986 )

Ascendente Libra Conoceréis el amor y entonces pensaréis en la muerte; reconoceréis la belleza y entonces pensaréis en la maldición del paso del tiempo. Leeréis un verso y recordaréis que la fruta se pudre, que la violencia impera; veréis una joven hermosa y pensaréis en huesos y en polvo. Conoceréis la paz y oiréis el eco del grito; os llevarán al mar y os asombrará la certeza del llano que es devastado por el fuego. Conoceréis el deseo y entonces temeréis el fin de la tierra. Pero, otras veces, conoceréis la muerte y pensaréis en el amor, reconoceréis la maldición del paso del tiempo y os haréis súbditos incorruptibles de la belleza. ("rua das petras" y "portal de poesía")

Félix Dauajare (1920/2011 )

1. Podrás llegar a la frontera del movimiento y la palabra o de lo que camina en la zozobra Podrás imaginar los manzanos y los pecados de la vieja expulsión Podrás hundirte en el agua pesada      de la noche en el incienso que mantiene la respiración de los ángeles o tocar en la mesa oscura donde la sed camina en las voces      ausentes Al fin encontrarás el equilibrio dibujando      su nombre 2. En la persecución y en la sorpresa el cazador evoca la identidad con el paisaje los animales y los astros Corre acecha y consuma en lugares      sagrados el arrepentimiento el gozo y todo lo      demás En el paso ordenado de la fiera no se puede adivinar la disonancia ni en el aire del vuelo el sobresalto Un dios por ejemplo no conoce el      tropiezo y en su actitud existe la uniformidad      silenciosa La ruptura se anuncia cuando golpea la     ...

Adam Zagajewski (1945 )

Canción del emigrado En ciudades ajenas venimos al mundo y las llamamos patria, mas breve es el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres. Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda el gran aro del sol ardiente, a través del cual, como en el circo, salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas contemplamos las obras de viejos maestros y, sin asombro, en añejos cuadros vemos nuestros propios rostros. Habíamos existido antes, e incluso conocíamos el sufrimiento, nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia ortodoxa de París los últimos rusos blancos, encanecidos, rezan a Dios, varios lustros más joven que ellos y, como ellos, impotente. En ciudades ajenas permaneceremos, como los árboles, como las piedras. ("el azul de los lápices", traducción de elzbieta bortkiewicz)

Víctor Sandoval (1929/2013 )

Pasaba las tardes... Pasaba las tardes en una vieja plaza. Tardes y plaza, árboles quemados, un roble partido en dos, la piel arrugada, pero erguido y muy alto, un oscuro mundo en sus ramas. Tardes y plaza ardiéndome en la garganta. Conminatoria y rápida la revelación apenas me rozó. Había que escapar o quedarse para siempre. Como en Fraguas, la ciudad de la que soy un      fugitivo ahí estabas, padre, llamándome, con tu piel calcinada, el tronco gigantesco, tu oscuro mundo de yunques, fragores y descensos. ("fraguas", joaquín mortiz, 1980)

Raymond Carver (1938/1988 )

Sala de autopsias En esos tiempos yo era joven y la fuerza de diez hombres habitaba mi cuerpo. Para lo que mandaran, eso pensaba. Trabajaba en el hospital en el turno noche y una de mis responsabilidades cuando el forense terminaba su trabajo era la de limpiar la sala de autopsias. Ellos no tenían horario, algunas veces terminaban temprano, otras demasiado tarde. Y, dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo construida para esas tareas en particular. Un pequeño bebé quieto como una piedra y más frío que la nieve. Otra vez un  negro corpulento de pelo blanco con el pecho partido al medio todos sus órganos vitales en una bandeja a un costado de su cabeza. La manguera derramaba agua. Las luces colgadas del techo encandilaban. Una vez dejaron sobre la mesa una pierna, una pierna de mujer, pálida y bien formada. Yo sabía para qué era la pierna, en ocasiones los había observado. A pesar de eso me quedé sin respiración. Cuando regresaba a mi casa tarde en ...

Aurora Luque (1962 )

Oda a la ciprina Estudiamos el Nilo, largo río premiado en los compendios milenarios de historia con sus miles de leguas, panza del mundo arriba: pueblos hormigueantes, enigmas, monumentos, oro arenoso, limos, verdes cañas, murmullos. Nadie nos dijo nada de otros ríos, no circulaba el nombre de su cauce. Pero eran opulentos manantiales nocturnos. Una noche, de pronto, somos ríos, y los muslos relucen embriagados: oro limoso, enigmas, pirámides de luz. Late una oscura vida en el vergel de un delta humedecido. Brota de mí: le canto. También yo soy un Nilo. ("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmvi)

César Cañedo (1988 )

Máscaras                                                                 Para Carlos No había ya otra manera de estar con él, las máscaras llegaron justo a tiempo. Uno de sus habituales arrebatos de caos fue robarse de un puesto atrás del Zócalo dos máscaras hermosamente elaboradas de luchadores. Llegó a casa como niño expectante, entre el premio y el castigo por la travesura cometida, yo ya no podía más, no quería verlo, deseaba que por fin terminara de irse. Sin embargo, me miró con esos ojos que desde hacía años me robaban la calma y de nuevo fui partícipe de sus impulsos. Mira lo que traje. Lo miré con una indiferencia que contenía el silencio desbordado de una relación nacida para explotar, pero que nunca lograba su cometido. Entonces bajé la vista y ahí estaban, como tributo en una mesa que nunca compa...

Uriel Martínez (1950 )

Graceland Me pregunto si ya estaré listo para que me incluyan en una antología bilingüe: he desayunado corn flakes, mamey, fresas y leche deslactosada en trozos me espera también un huevo duro con sal y una brizna de salsa roja aunque no soy afecto a la tristesse du matin escucho al rey de graceland lavo los trastos que uso los trapos de cocina y los coloco cerca del fuego aunque si es viernes y la casa comienza a incendiarse es señal de un fin de semana de agonía.

Saúl Ordóñez (1981 )

  Saúl Ordóñez (1981 )   Mel Ramos, Lucky Lulu Blonde , 1965 pequeña Lulu      se me acabó la suerte te miro y en mis ojos un infante americano,      congelándose en una trinchera de Bastogne,      invierno del 44, te mira también la artillería alemana se aproxima y aquí arde algo,      pero no es un astro ni tus ojos, Lulu, es un cigarrillo      entre dedos engarrotados     -¡apaga pronto! ¡pronto! oh mi Lulu, mi pequeña Lulu      el pan sobre la mesa, la ducha tibia, la cama                                                                  tendida trigo la alegría rebosante de tus pechos te miro y en mis ojos un infante americano también               ...

Laura García del Castaño (1979 )

Se  habla cada vez con más certezas Así, como el color del humo presume la voracidad del fuego, o el cauce de un río su arrebato por cómo naces se adivina el carácter, por la línea de tu mano los hijos que te esperan, por la forma de tu cráneo la inteligencia, por el ancho de tus huesos tu fortaleza, por tus actos la magnitud de tu entierro y por tu cadáver la demora de tu olvido. ("el poeta ocasional")