Luis Arturo Ramos (1947 )
Sexo El paisaje se me reveló en el cuerpo de una mujer. Esperanza, la primera mujer en mi vida, acostumbraba mostrarnos los calzones como anticipación del sexo con que después nos inauguraría el sentido de la vista. Luego de un bailoteo eficaz con la falda hasta la cintura, nos bendecía con la luz de su entrepierna desde el corredor de su casa. Nosotros, mis amigos y yo, atisbábamos del verde tierno de su pubis tras un seto de arbustos a casi 20 metros de distancia. Desde entonces asocio el sexo de las mujeres con el reino vegetal. Años después, de regreso de un partido de beisbol en los llanos que rodeaban a mi pueblo, vi a una loca recién violada dar alaridos entre las raíces mastodónticas de una ceiba. Desnuda y desmelenada, nos ofrecía entre aullidos su sexo con las manos que yo vi como si fuera una madejada de bejucos oscuros. Ante mis ojos, había amputado con las uñas su sexo aterrador y me lo aventaba a la cara como un escupitajo o una maldición. La mujer se despenaba a lomos...