Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2017

José Villa (1966 )

El talismán Después de la tormenta te vi tomar una de las piedras de hielo y caminar rumbo al contorno sombrío de la casa Ponés la piedra dentro del congelador donde yo me asomo a ver cada tanto aquel resplandor crepuscular ("marcelo leites")

Carolyn Forché (1950 )

El coronel Lo que han escuchado es cierto. Yo estaba en su casa. Su esposa llevaba una charola de café y azúcar. Su hija se arreglaba las uñas, su hijo salió esa noche. Había periódicos, perros, una pistola en la almohada a su lado. La luna se descubrió en su cable negro sobre la casa. En la televisión había un show policiaco. Estaba en inglés. Botellas rotas estaban incrustadas en las paredes alrededor de la casa para sacar las rótulas de la pierna de un hombre o cortar sus manos de tajo. En las ventanas había rejillas como aquellas de las licorerías. Teníamos cena, costillas de cordero, buen vino, había una campana dorada en la mesa para llamar a la sirvienta. La sirvienta trajo mangos verdes, sal, un tipo de pan. Me preguntaron si disfrutaba el país. Hubo un corto comercial en español. Su esposa se llevó todo. Había alguna charla sobre cuán difícil se ha vuelto gobernar. El loro dijo hola en la terraza. El coronel le dijo que se callara y se alejó de la mesa. Mi amiga me dijo con...

Rosabetty Muñoz (1960 )

La elevación El vendaval que dejó la santa                        al elevarse. Despojada de sí. Cerúleo el rostro. Transformada y bella. Me sorprendió encontrarla, al otro día donde mismo. Cansada. Con algunas arrugas cerca de los ojos y, sobre todo, subiendo desganada al pedestal. Quiero decir (parecía) cansada de la perfección tratando de confundirse con los feligreses. La santa de terciopelo La Santa vestido de terciopelo le cuelgan abalorios. En andas. Viaja sobre los hombros y le agitan pañuelos blancos Sortea temporales              inmóvil. Fija la mirada. Fijo el madero portentoso          de su cuerpo. Sobrepuestos los retazos de otros rezos. La pueblan arañas y polillas. Resplandeciente el rostro                        policromado. Bajo...

Adam Zagajewski (1945 )

Autorretrato Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo. Vivo en ciudades ajenas y a veces converso con gente ajena sobre cosas que me son ajenas. Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich. En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos. El cuarto no tiene nombre. Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos. Me gusta dar largos paseos por las calles de París y mirar a mis prójimos, animados por la envidia, la ira o el deseo; observar la moneda de plata que pasa de mano en mano y lentamente pierde su forma redonda (se borra el perfil del emperador). A mi lado crecen árboles que no expresan nada, salvo su verde perfección indiferente. Aves negras caminan por los campos siempre esperando algo, pa...

Aleš Šteger (1973 )

Venda Cada mañana te venda la cabeza. Y aprieta, aprieta. Por no ser deudor de nadie, has de pagar a todos. Pero no como el herido del frente. Nadie se vuelve para      mirarte. Y no como alguien que ha pegado contra la jamba del      confesionario. Sigiloso y lento con el trueno cayó el cielo sobre ti, tanto que no sabes para qué esa venda. La tocas. La buscas. intentas quitártela, la desgarras por no saber si esconde  una herida, si esconde cualquier      cosa. Tus dedos tientan en balde, se enredan como los      políticos. Tu pensamiento sólo amontona nuevos nudos en la      cabeza. Como las mujeres que se encaminan con cántaros en la      cabeza hacia su casa, así vagas con tu venda por el mundo. Pero los pozos hace mucho que se han secado. Sin límites ya no tienes adonde ir. ("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, 2014, s/c traduc...

José Villa (1966 )

Último poema En la pensión donde vivo no hace mucho se ahorcó un cabrón era poeta y estaba viejo y nunca soltaba el whisky hasta esa noche cuando su cuello se cruzó en el camino de aquella cuerda lo encontraron 2 días después apestaba lo bajaron se lo llevaron en la mesa dejó un poema dedicado a "la muy puta" el cuarto que ocupo era el suyo yo también soy poeta igual de mierda y de borracho pero no estoy viejo o no mucho y si en una de esas decido ir y colgarme no pienso escribirle un último poema a la perra aquella no se merece ni siquiera eso la muy puta. ("marcelo leites")

Fabián Casas (1965 )

Final Este es el patio donde fui chico. Las baldosas se han gastado un poco y las plantas han crecido por las rendijas de las paredes. En esta soledad de la casa deshabitada tengo la terrible certeza de estar parado sobre una                                          [equivocación. No todo es tan duro, ya lo sé; pero convengamos que esta falsedad de tensar los poemas con una catástrofe se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza. Cuando veo a la gente besándose en las plazas no puedo dejar de creer en un futuro donde los únicos vestigios del amor serán videos pornográficos. Carta abierta a tres personas del Perú Rodolfo Hinostroza, José Watanabe, Antonio Cisneros: le estuve recitando sus poemas a la botella de Johnny Walker, mi psicólogo rubio, quien se veía visiblemente emocionado. Hinostroza, Watanabe, Cisneros: se repudiaban también Eliot y Williams...

Uriel Martínez (1950 )

Temprano Temprano tendemos la cama como quien tiende un cuerpo ya inerte. Sin pudor golpeamos cobertores, frazadas, cobijas como quien sacude un muerto (un muerto que ya no vuelve en sí). Acomodamos los pliegues, cojines simétricos como dedos desiguales. Comprobamos que ahí seguirán para siempre la cama y el desorden. Salimos a la puerta, a la calle, al alba y nos abrazamos al silencio. [ Inédito ]

Alexsandr Blok (1880/1921 )

Los poetas En las afueras de la ciudad crece solitario un barrio Sobre una tierra movediza y pantanosa. Allí viven los poetas y se saludan Unos a otros con una sonrisa arrogante. El día se levanta inútil y radiante Sobre este triste pantano: Sus habitantes lo dedican al vino Y al trabajo arduo y persistente. Cuando se emborrachan se juran amistad, Conversan cínica y despiadadamente Hasta el amanecer. Luego, entregados a su pasión Trabajan cual necios sin remedio. De pronto, salen a rastras de sus buhardillas Para mirar cómo arde el mar entre la tarde: Con los ojos abiertos quedan cautivados Por las trenzas doradas de las muchachas que pasan. Enternecidos sueñan el Siglo de Oro, Amigablemente riñen a sus editores Y lloran con amargura sobre una florecilla O sobre alguna nubecilla perlada ¡Así viven los poetas, amigo lector! Quizás tú pienses que todo esto sea peor Que tus diarios débiles y vanos esfuerzos, Que tu charco pequeño burgués. No, querido lect...

Celerina Patricia Sánchez (1984 )

Regalo Te obsequio las palabras antiguas de Yu’kúyata su eco viaja en la lluvia tejedora de historias para que tú sepas el pasado de la madre antigua Te regalo el sueño desgastado guardado desde siempre cuando se necesite como una gota de esperanza que despierta con ojos negros Te ofrezco mi tierra las hojas frescas /secas los ríos en amaneceres nublados con llovizna lenta que lava mis heridas desde hace 500 años y que no termina de limpiarse Ofrezco lluvia que lave las heridas provocadas en la era de castas hasta las células /antagonismos mentales solo Koosavi (tornado) quizá pueda liberar esa incapacidad de sentir la esclavitud por una estructura mental crónica ("leecirce")

Martín Tonalmeyotl (1983 )

Algunas veces me pierdo entre los escombros de la vida en otras me siento como agobiado por el silencio Hay de esas donde desvanezco como el humo En otras despierto enérgico y con ganas de pintar el mar y volar sobre el cosmos Algunas otras veces me sueño en la luna no sé cómo es eso, pero sé que me sueño ahí Otras veces hablo involuntariamente como si platicara con las ranas como si las palabras se movieran sobre las paredes como si los árboles me escucharan y en secreto murmuraran mis pálidos pensamientos A veces dejo de pensar dejo de animarme, pero no estoy triste ni afligido ni desconsolado ni apagado sólo estoy como pensativo como queriendo soñar la vida de otros de esos otros que se sueñan aves perros de raza o peces de colores Por ello escribo mi cansancio la brevedad de mis días el color de las risas para robarle vida a la noche para no dejar dormir al silencio para hacer ruido y acompañar a los grillos en sus silbidos ...

Enriqueta Lunez (1981 )

Sueños Desnuda, me veo florecer dentro de un lago que no recuerdo         . inmóvil, temerosa, confundida del sueño que no comprendo desesperadamente huyo de los ángeles y demonios que se baten por adueñarse de mis sueños. No soy la tierra... No soy la tierra del sol en mi suelo no yace el cordón umbilical de los hombres en mi suelo nadie cargó con una cruz en mi suelo jamás un hombre atentó en contra de su hermano nadie quiso ser mestizo en mi suelo tu cuerpo despedía aromas de incienso, laurel y naranjillo. Lo recuerdo en tu suelo las niñas eran hacendosas los hombre cargaban leña los viejos sabían pedir agua Mi madre conocía el conjuro para sanar la piel yo, solía de niña salir del camino para darle cabida a los pasos del tío anciano. Sí, aún lo recuerdo esa era tu grandeza, antes de hablar español. ("tercera vía" y "latin american literature today")

Manuel Iris (1983 )

Para brindar ahora                                    homenaje a pedro lastra.                                 para raúl diego y denis pech. Después diremos que hemos sido jóvenes, que salimos en aviones a buscar palabras y muchachas nuevas.                                                 Que nos sentamos la belleza en las rodillas, la encontramos amarga y la injuriamos. Después diremos que hemos sido mercenarios de calles largas y licorerías. Diremos que hemos despertado alegres. Que una mañana desnudamos la poesía y allí, frente a su cuerpo irregular y enorme difícil de preñar hemos tenido el miedo y el deseo de que todo termine. Diremos que nos hemos conformado con hacer l...

Florentino Solano (1982 )

[Origen] Devorando viene la noche a reventar en la mirada: estallido de sueños de muertos y de historias que mi abue dibujó con estrellitas en el cielo. “De la noche surgió todo” , dice abue “todo era noche y la soledad parió a los muertos y los muertos —hágase la luz— comenzaron a dar a luz y después vinimos nosotros” , dice abue. No somos hijos de la chingada sino de la oscuridad y de la muerte. Mi abue se fue una noche a oscuras como el mar: a tientas. Cada noche es un estallido. ("la piraña")

Mikeas Sánchez (1980 )

La poesía como resistencia IV Hablo de mi Madre cuyo nahual se agazapa bajo el manto de Piogbachuwe mientras su niñez es un saraguato saltando entre los lienzos de caña Pienso en mi Madre si pienso en ella y en su olor a castañas desde la cocina en esa su ternura casi ciega impenetrable Pienso en mi Madre y ella piensa en su Padre alcohólico que espera el viento del norte en señal de lluvia que espera de nuevo mirar en el río a la abuela desnuda con sus 16 años VI Soy el sembrador protector de esta tierra la flor del maíz Observo con mis ojos antiguos elijo con el corazón cada semilla no es en balde mi conocimiento del mundo Converso con el dueño del cerro riño con las plantas malignas Soy el provocador de los seres invisibles mi voz se escucha hasta los confines de las montañas porque nadie podrá negar mi paso por el universo ("lee circe")

Erri de Luca (1950 )

Cincuenta Desde Turín enseñaban a hacer una radio por correspondencia, el tendero vendía las judías en sacos y las aceitunas en cartuchos. Era pecado estropear los zapatos, jugar con ellos a la pelota, mejor descalzos. Las personas gritaban incluso desde cerca. Una vez a la semana albóndigas en su jugo, el aceite de hígado de bacalao lo curaba todo. El sol llegaba por la tarde, el cielo era un hospicio de santos, el mar un paseo de domingo. Nadie decía: no tengo palabras. Con el dialecto las tenía todas. Todo era napolitano, incluso las cartas de juego. Los soldados no, eran americanos. Los dientes caídos no regresaban, el frío mataba a los ancianos, febrero era el nombre de una epidemia. Entre aquellos a los que conocía, no faltaba ninguno, no había muertos. La cosa más hermosa que podías ver era un barco, la más preciosa, una librería. ("cómo cantaba mayo en la noche de enero", trad. fernando valverde)

Elvis Guerra (1993 )

Búsqueda También busqué con barba, de manos largas y piel de quince años; busqué un hombre fuerte, un hombre manso. Busqué un hombre que me amara, que me besara una vez al día; busqué. Te busqué, papá. ("círculo de poesía")

Rosa María Roffiel (1945 )

Quise ser hombre Una vez quise ser hombre para casarme con mi hermana que ya lleva tres divorcios. Para amar a mis amigas que en cada relación mueren un poco. Quise ser hombre para fecundar sus vientres, no de hijos, sino de poesía, vino tinto, relojes parados, unicornios azules. Para decirle a Josefina cuanto admiro su forma de entregarse. Para escribirle a Rosi esas cartas que no llegan nunca. Llamar por teléfono a Pilar que espera tantas tardes. Llenar de caricias prolongadas el espacio de Beatriz, que vive sola y le tiene miedo a los temblores. Quise ser hombre, para amarlas a todas y no sentir más el frío de sus lágrimas en mi playera, ni mirarlas apagarse, ni presenciar sus funerales en sus ataúdes de treinta años. Quise ser hombre para invitarlas a volar el periférico, a bailar descalzas porque el América le ganó al Guadalajara, para llevarlas del brazo hasta una cama donde no tengan que fingir orgasmos. Pero soy mujer y, aunque ...

Yolanda Pantín (1954 )

Conversación en un baño Por costumbre se acuesta en la cama a esperar a su marido que llega siempre tarde da las buenas noches bosteza Ella se va al baño aplaca la furia con su mano maestra recostada en la toalla cuando él entra y pregunta: “¿Qué haces aquí?” “Nada”, responde. Deslave Desolación llorada. Nostalgia. Arenas que no son tales, escombros, costas de tierra apelmazada que el mar irá cavando hasta los huesos. En estos vertederos de basura, están las piedras también que arrancaron las casas de sus raíces. Irá cavando el mar en esa costra, y a dejar sus arenales como fueron. ("poemaspoetas" y "otra iglesia es imposible")

Aleš Šteger (1973 )

Mondadiente Un pedacito de carne sin digerir se extravió y llama a la sublevación. Cuerpo extraño desobediente. Se le oye de tu boca. Aunque no hables tú. Aunque no le hayas permitido a nadie que hable en tu nombre. Pero él sigue gritando, incita a la rebelión, presiona. Con la lengua intentas desalojarlo, pero no hay palabras que acallen su protesta. Menudo Robespierre en las fauces de Polifemo. Pero sin la suerte astuta, sin dioses y sin rebaños de su    parte. Lo extraes de tu conciencia, trituras lo que te remordía. Que muera la revolución. Y aunque caiga el último tilo. Te recuestas sobre su tronco, arrancas una astilla y lanzas      un eructo. El mondadientes asoma de tu boca como la lanza de      un centurión que ha limpiado un imperio. El agujero negro del diente murmura: también este imperio implosionará una vez. ("el libro de las cosas y los cuerpos", ed. arlequín, guadalajara, méx., 2014, s/c trad.) ...

Gemma Gorga (1968 )

Diciembre Desde la ventana observo la plaza: a los plátanos les quedan cuatro hojas exhaustas que no se deciden a emprender el último vuelo. Cuatro son también los días que cuelgan del calendario, a punto para caer cuando nadie mire. Todo acaba desprendiéndose y volviendo a tierra con la fría ventada de la estación desfavorable. El proceso es lento, casi imperceptible. Hay que estarse noches enteras acostumbrando la mirada a la quietud antes de advertir cómo la vida pierde los pétalos, pierde los días, pierde el oxígeno, pierde las aves, pierde los cuerpos y pierde las respuestas. También los muertos celebran la Navidad, sentados alrededor de los juguetes. Tras la ventana pienso en ellos, que es una manera de pensar en mí. Y la vida pierde las hojas, indiferente a todo, como un inmenso árbol caducifolio. Temperaturas Medio refunfuñando lo decía siempre la abuela: en la cocina no puedes distraerte. La leche se derramará cuando estés de espaldas trajinando ...

Uriel Martínez (1950 )

Planes este diciembre venidero como el anterior, me quedaré en casa; si salgo saldré con la costurera en busca de remiendo para cuadernos, igual que el año pasado; como no sé natación no extrañaré mares, ríos  ni al monstruo de Loch Ness; tampoco practico alpinismo ni imaginaré ningún Pico de Orizaba; si acaso, con la vista que me quede, igual el pasado diciembre escalaré montañas, echaré de menos a Zaratustra y sus discursos descabellados; este mes próximo ni vendrá el correo, será otro fin de año blanco. [Inédito]

Robin Myers (1987 )

Exceso Hay un mercado acá que vende todo: delineador, papayas, rosarios, carne cruda, plantas en sus macetas junto a otras retorcidas en ramos. No sé muy bien cómo lo toleramos. Hace ya varios años, vi una puesta de sol que duró horas; o eso me pareció: el resto de mi cuerpo acompañó a mis ojos a mirar desde el techo como si hubiera sido la primera vez. Más tarde, en camión por las montañas, todos los que subían en cierta parada trataban con apremio de venderte algo, casi siempre cebollas. Ayer me desperté con una angustia clavada al corazón igual que una mordida sobre un hombro, y a la mañana fui al mercado y compré una canasta para el pan. Me parece que esto es lo que busca la memoria: no en sí la permanencia, sino una relevancia permanente. Lo dispar todo junto y luego una canasta para el pan. ("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidenwerg)

Luis Antonio de Villena (1951 )

Un cuento de Isak Dinesen Hay noches en que pienso que tendré que irme y entonces me parece raro ser tenaz y hasta tener cobijo. Pienso en dejar que la casa envejezca y que todo se vaya deteriorando conmigo. Que sea todo viejo cuando el viaje se acabe y el fin de la noche sea el fin del invierno. Somos soldados en tormentas de nieve, capitanes que sueñan con un puerto lejano, buscadores de oro en ríos sucesivos... Pero una noche, en un puerto cualquiera, sabes que ese viaje habrá de interrumpirse. La caza se acabó, las tabernas, el oro y la ventisca. Sentado en una hamaca mirarás tranquilo todo lo que se va sin ti, todo lo que ya no existe. Brilla el mar lejano y en las montañas nieva... Adiós. El viaje sin destino te abandona. Solo fue un sueño la verdad del mundo, lo sabías. El hueco de la mano pareció un gran rey. Y el barco que era tuyo -sin ti- se pierde ya en la bruma. ("en afán desmedido", ed. uv-xalapa, ver., méx., 2017)

Brendan Kenelly (1936 )

Tres mareas En nuestra muy propia y pequeña guerra civil el mar, como lo emplean algunos, es un arma ejemplar que combina la capacidad de rematar un trabajo con un sólido estilo para humillar. El uso correcto de esta eficiencia natural, sin embargo, lo aprovechan solamente aquellos que conocen el carácter juicioso del mar en su flujo y reflujo constitutivo. Cuando se acerca a la costa empuja suavemente, primero, sobre los labios agonizantes, un tímido, espumoso veneno que recuerda al limo antes de ese estertor que siempre puede desmembrar a la familia más unida y provocar molestas especulaciones sobre un testamento. Ese es un veneno lento, rítmica, sensualmente lento. Acaso la estimulante luna apura el compás porque nuestro mar respetuoso de la ley acelera como un plan bien ejecutado de olas puntuales que ahogan, inexorables como las generaciones de una fecunda familia católica ajustada a las lujuriosas leyes de Dios, yendo, viniendo, yendo, viniendo, como los...

Ryszard Kapuscinski (1932/2007 )

A la muerte de un poeta Quizá antes de morir se acercaba a la estantería donde estaban sus libros de poemas apenas unas briznas de hierba le atormentaba una cosecha tan nimia invisible para una mirada rápida pero ¿aquello que dejaron tras una paciente vida los vecinos de Spinoza talladores de diamantes (La Haya, Ámsterdam) no es cierto que cabía apenas en la mano de un niño? ("cómo cantaba mayo en la noche de enero", trad. abel a. murcia soriano)

Nayar Rivera (1973 )

Mensajes de texto 1 Mi espalda es una fragua, mi boca es un molino, mi pecho es un cuaderno demasiado pintarrajeado. Sólo creo en el pasto, sólo pienso en coger como perro, sólo deseo esperanza, nada de nombres, nada de suspiros, nada de pequeños miedos, la membrana gris de la muerte, la pobreza, el tacto y nunca antes, la maldición del deseo. ("reglas de urbanidad", ed. quimera, méxico, 2008)

Aurelio Arturo (1906/1974 )

Morada al sur III En el umbral de roble demoraba, hacía ya mucho tiempo, mucho tiempo marchito, un viento ya sin fuerza, un viento remansado que repetía una yerba antigua, hasta el cansancio. Y yo volvía, volvía por los largos recintos que tardara quince años en recorrer, volvía. Y hacia la mitad de mi canto me detuve temblando, temblando temeroso, con un pie en una cámara hechizada, y el otro a la orilla del valle donde hierve la noche estrellada, la noche que arde vorazmente en una llama tácita. Y a la mitad del camino de mi canto temblando me detuve, y no tiembla entre sus alas rotas, con tanta angustia un ave que agoniza,cual pudo, mi corazón luchando entre cielos voraces. ("morada al sur", editorial panamericana, 2000, bogotá)

Diego Brando (1987 )

No esperábamos tanto viento No esperábamos tanto viento pero aquí está, cambiando todo de lugar. También nosotros que miramos con extrema quietud desde la ventana de qué manera se mueven las hojas acumuladas al fondo de la casa y la ropa que olvidamos colgada en el tendedero de cemento. En su soporte la inscripción de una fecha: primero de diciembre de mil nueve noventa y dos. Más allá del transcurso de los años en los que no hemos aprendido nada queda el suave paso de las hojas, la virtud del movimiento. Como seres ateridos por el frío admiramos lo que no entendemos. Soportamos las bromas de un dios urbano II A la hora en la que los obreros retornan a la fábrica nosotros nos dirigimos con nuestras motos a la laguna, incluso uno de nuestros amigos nos saluda con su casco amarillo en la mano, lo mantiene y lo mueve en el aire. Se ríe, pero nosotros lo compadecemos, a esa hora de la tarde, ese calor, quedar encerrado en un pequeño galpón en las afueras ...

Circe Maia (1932 )

  Supervivencias  De todo lo que está con nosotros ahora algunas cosas sobrevivirán. ¿La jarrita de loza? No lo creo. Es muy frágil. Los estoicos decían que al vidrio hay que mirarlo ya quebrándose. (Como deberíamos también mirarnos). —¿Y la pared? —Con el tiempo también se deshacen los muros. Y solo quedan ladrillos rotos, piedras sobre el suelo. —¿Y la escalera? Toda la madera desaparecerá. Un día –cierto y lejano– Se verá solo la armazón de hierro… Hierro-herrumbre. No te creas tampoco para siempre salvado. ("op. cit.")

María Víctoria Atencia (1931 )

Marchaba por su curso el Adviento Marchaba por su curso el Adviento y se estaban quedando los jardines a merced del poniente. Algunos animales prosiguieron en celo. Escurrían los peces su plata en las orillas. Derramaban serrín las muñecas de trapo y sintieron las tejas verdecer sus aleros. La tristeza en los barcos no aumentó con la lluvia ni lloraron los sauces más de lo conveniente. Encontró el recental las ubres deseadas. Ajenos, los amantes continuaron su sueño. Y aunque un frío finísimo paralizó mi sangre, estuvo a punto el té, como todos los días. ("no me quites paz")