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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Amalia Bautista (1962 )

Ella Ella también soy yo. Aunque no quiera, aunque ninguna de las dos queramos, somos una y la misma. Pero ella me traiciona cuando escribe por mí, cuando no se conforma, cuando lo quiere todo. Ella es la de las lágrimas de rabia, la que nunca te besa con mis labios. (fuente: "life vest under your seat")

Rebeca Urbina Balbuena (1983 )

Ronroneo Nada me enternece más que observarte desde mi balcón. Eres un animalito tan curioso. Puedes caminar en dos patas con destreza pero te cuesta tanto caer de pie. Como todo animal de costumbres, recuerdas el camino de regreso a casa y cada noche te veo volver. Más de una vez pude oler tu temor cuando me miraste directo a los ojos. Pobrecillo, tan frágil e indefenso. Tan necesitado de cariño y de calor. Guardo mis distancias para no asustarte y cuando quedas dormido abrazando una almohada, yo salgo a conquistar la noche en los tejados. Descansa tus ocho horas, hombrecito, mañana podrás seguirme adorando. (fuente: "urbanotopia")

Kim Addonizio (1954 )

Intimidad La mujer que prepara mi capuchino en la cafetería—ojos oscuros, cabello rojo teñido, cuello de tortuga negro y sin mangas—fue la amante del hombre con quien salgo ahora. Ella no me conoce; somos extraños, y sin embargo no puedo mirarla casualmente, como solía hacer antes de saberlo. Ella está junto a la máquina, hundiendo la válvula en la espuma de la leche, mirando al vacío—no sé qué es lo que piensa. En lo que a mí respecta, ella bien podría estar recordando a mi amante, recordando lo que sea que haya ocurrido entre ellos—él nunca me ha dicho nada, excepto que no fue importante, y luego cambia rápido de tema, demasiado rápido, ahora que lo pienso; ¿sería que él, después de todo, había mentido?, ¿y no había cruzado brevemente por su cara una expresión de dolor? No puedo estar segura. De seguro no fue nada, me digo a mí misma; no hay razón para sentirme incómoda aquí parada, o sentirme cómplice, como si hubiera algo importante entre nosotras. Ella podría est...

Uriel Martínez (1950 )

Las prendas Me quito el suéter y lo huelo: no, no huele a ti, huele a mí; y lo amo. Me desvisto el pantalón, paso la entrepierna por mi rostro:  y no, no huele a ti, huele igual: a uriel. No me quito la camisa, hace mal tiempo y la prenda me dará calor: huele a martínez, lo intuyo. Me visto la ropa térmica invernal, la que cubre mi timing de media noche: huele a detergente, a sol y viento. Pero no me huelo la boca, tampoco inhalo la nariz, ni los ojos ni los dedos que esta tarde te recorrieron.

Yaso (? )

Haiku Ventisca de invierno Y el gato que no para de hacer guiños. (fuente: "otra iglesia es imposible", traductor: alberto silva)

Derek Walcott (1930 )

  Volcán Joyce temía al trueno, mas durante su funeral los leones del zoológico de Zurich rugieron ¿Fue en Zurich o en Trieste? No importa. Son leyendas, así como es leyenda la muerte de Joyce, o el rumor obsesivo de que Conrad ha muerto, y Victoria es irónica. Desde esta casa en el acantilado sobre la franja del horizonte nocturno es posible ver el resplandor de dos grúas a lo lejos en el mar hasta la hora del amanecer; es como el resplandor del cigarro y el resplandor del volcán al final de Victoria. Uno podría abandonar la escritura por esas señas de los grandes que lentas se consumen, y ser en cambio, su lector ideal, meditativo y voraz, haciendo que el amor por las obras maestras sea superior al intento de repetirlas o mejorarlas, y ser así el mejor lector del mundo. Por lo menos eso necesita del asombro que se ha perdido en nuestro tiempo; tanta gente lo ha visto todo tanta gente es capaz de predecir tanta que se niega a aceptar el silencio de l...

Harold Alvarado Tenorio (1945 )

Café Blanche Creyendo que la mejor cura contra la melancolía eran esas superficies radiantes y abiertas fuiste hasta las memorables ruinas y viste la estatua de basalto que del cuerpo de Antonio hicieron. Grecia era el testimonio, bajo esa copiosa y virulenta luz, de cómo sólo lo externo tiene propia existencia. Ética y belleza eran una y lo mismo. Tallar el cuerpo era tallar también el alma. Curar el odio a sí mismo era curar la soledad. De vuelta a casa, liberado ya del pasado, con aquella camisa de colores chillones, tus negros pantalones de tres prenses, tus zapatos puntiagudos y habaneros, el desnudo pecho mostrando la cadena de oro macizo y los cinco medallones entrabas al Blanche y pasabas la noche bebiendo cubatas y quemando porros. Todas y todos eran tuyos. Te enamorabas, sin duda. Amabas tanto los ritos de la carne, su lenguaje y sus palabras que incluso ahora, cuando escribes, no sientes, tampoco, interés alguno por el "acto final"....

José Watanabe (1945/2007 )

La natividad Esta es tu patria, hijo mío, un establo donde tu madre ya duerme de regreso a nuestra especie: hasta ahora ella era un animal mítico: el vientre avanzado y habitado por Ti, entonces voraz nonato, que le consumías hasta los huesos. Soy un hombre añoso, he visto todo. Sin embargo, me sobrecoge mirarte, mi recién nacido: a pesar de las madres todo niño está abandonado sobre la vastedad de una tierra callada. Tu madre, muchacha todavía sorprendida por Ti, no cantó una canción de cuna. Mirándote sólo murmuró inacabablemente: es espantoso esperar de Él lo que esperan. (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Denise León (1974 )

Los grillos  Los grillos han entrado y cantan debajo de las escaleras. Del otro lado de la ventana hay otros –muchos– que cantan para entrar. Detrás de la pared se oye cómo van hilando la madeja secreta del mismo sonido. (fuente: "el poeta ocasional")

Elizabeth Jennings (1926/2001 )

Mudanza Pronto estará de nuevo la casa llena, Se habrán llevado nuestras cajas, Desnudos están los muros, dejamos Apenas rectángulos donde los cuadros. Se asienta el polvo y campa ahora Por los lugares en que nos movíamos. Y aunque nos alegra marcharnos Queremos dejar un rastro tras nosotros, Algo no tan poderoso como un fantasma Pero que cierta parte de nosotros les recuerde A los nuevos inquilinos a los que no conocemos Que no se resigna la vieja casa Ni al viento ni al polvo ni al espacio Vacío donde estaban los muebles. Queremos embellecer viejos estantes Y asustar a los nuevos propietarios Y olvidamos que se alegrarán, Al encontrar en los estantes rastros De nuestro propio pasado, ya que temen, Como nosotros, un espacio sin inquilino (fuente: "emma gunst", traductor: josé luis justes amador) 

Anna Rossetti (1950 )

Imagina Imagina la oscuridad. El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla. Las sirenas crecen como aullidos de chacales, los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas. Imagina tus lágrimas como bayonetas, desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad. Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo mientras los cadáveres elevan sus montañas, mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras. Imagina el aire entrándote, invadiéndote de muerte. Se pulverizan árboles y bibliotecas; se desgarran cuerpos y muros, se mutilan recuerdos y palabras; se siembran minas, terrores y esqueletos de pájaros. Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas. Imagina cómo los héroes se envuelven en capas escarlatas. Cómo los verdugos despliegan alfombras escarlatas. Cómo las víctimas se ahogan en manantiales escarlatas. Y cómo el espanto, la venganza y el odio ganan batallas en tu corazón sobrecogido. Estás en medio del recinto...

SEIS POR AYOTZINAPA

Pilar Alba  (1974 ) Jorge Luis 1, 2, 3, 4... yo voy a la escuela todos los días... 5, 6, 7, 8... A veces no puedo desayunar, pero no me importa aun así voy a mis clases, 9, 10, 11, 12... me gustan mucho las lecciones que nos da el profe Isra. 13, 14, 15, 16...pero las que más, más me gustan son las matemáticas. 17, 18, 19, 20... Me gusta mi salón, aunque a veces haga mucho frío, porque tenemos cartones en lugar de vidrios en las ventanas. 21, 22, 23, 24... Hace un tiempo vino otro maestro a darnos clases, nomás por una semana, se llamaba Jorge Luis como yo, y también le gustaban mucho las matemáticas. 25, 26, 27, 28... El profe Jorge Luis me enseñó que los mayas han sido los mejores matemáticos de todo el mundo. 29, 30, 31, 32...Me dijo que conocían mucho antes que los europeos el uso del cero. 33, 34, 35, 36... Él sabía muchas, muchas cosas, pero ya no va a volver a venir. 37, 38... dice el profe Israel que anda desaparecido...39, 40... que todos en el país lo andan buscando.....

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Tres "el tránsito" De tu tránsito en la tierra ninguna señal quedará. El  viento de la noche arrastra las hojas que pisaste. "un secreto" Sólo para ti florezco, dice la dalia amarilla al verme pasar. Y yo guardé un secreto cubierto de rocío. "en el museo de arte moderno" Aquí nada es moderno. Todo es antiguo, hasta la misma Venus de acrílico. (fuente: "Las imaginaciones/ El soldado raso", Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, Venezuela, 2014; traductor: José Carlos de Nóbrega.)

Lina Zerón (1959 )

Resucitado recuerdo Hoy resucitó un dolor maldito. Te vi cruzando la calle, tranquilo, sin prisa. Apenas nos separó el aliento, busqué tu mirada. Casi probé tus caricias. Volteaste el rostro, ella se acercó suavemente, tejió sus dedos entre tus manos y una sonrisa en común brilló. Retrocedí nerviosa. Mi mente voló a otra fecha: la misma calle, la misma hora... Tu, yo. Ella al acecho. Alucinaron mis ojos, recordé cuando eras buitre volando en círculos de aurora tras mi negra cabellera. Volví a sentir el fuego de tu sable y tu boca hurgando en mi boca. El llanto reventó en mi cara, congeló mi sangre. Se entumieron mis manos... Tu, ella. Yo en el olvido. Me di la vuelta, caminé con prisa. vomité tu nombre en la siguiente esquina. (fuente: "emma gunst")

José Watanabe (1945/2007 )

El anónimo Desde la cornisa de la montaña dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio, una acción ociosa de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar. Mientras la piedra cae libre y limpia en el aire siento confusamente que la piedra no cae sino que baja convocada por la tierra, llamada por un poder invisible e inevitable. Mi boca quiere nombrar ese poder, hace aspavientos, balbucea y no pronuncia nada. La revelación, el principio, fue como un pez huidizo que afloró y volvió a sus abismos y todavía es innombrable. Yo me contento con haberlo entrevisto. No tuve el lenguaje y esa falta no me desconsuela. Algún día otro hombre, subido en esta montaña o en otra, dirá más, y con precisión. Ese hombre, sin saberlo, estará cumpliendo conmigo. (fuente: "life vest under your seat")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Tres "La nube y la fuente" 'No llores', dice la nube errante a la fuente, 'Aprende a ser feliz'. Y, como poeta, la fuente ríe y llora de felicidad. "La verdad de la noche" En el vaso de agua la dentadura postiza: la risa en el acuario. "Escondrijo" La palabra-llave siempre se esconde detrás de la puerta. (fuente: "Las imaginaciones/El soldado raso", Fondo Editrial Fundarte, Alcaldía de Caracas, traducción de José Carlos de Nóbrega.)

Kim Addonizio (1954 )

Oración A veces, cuando estamos acostados después del amor, te observo y veo el futuro de tu cuerpo acostado bajo tierra; pongo el talón de mi mano contra tu costilla y siento cuán leves y lejanos son los latidos de tu corazón. Descanso mi mejilla contra tu pezón izquierdo y escucho las oleadas de sangre, veo tu vida siendo regada, un agua delgada que es rociada desde una olla hacia la hierba seca. Y quiero ser apretada en lo hondo de la cama y ser cubierta, de la forma en que una semilla es apretada en un hueco, y la tierra apisonada después con una pala. Quiero ser una semilla fallida, del tipo que no crece, que no sabe que debe hacerlo. Quiero acostarme aquí y no moverme, tan sin vida como un animal sacrificado, su sangre untada sobre una puerta, quiero que la muerte me lleve si tiene que hacerlo, que te deje a ti, quiero que pase. (fuente: "emma gunst", traducción: gustavo adolfo chávez)

Manuel Bandeira (1866/1968 )

El bicho Ayer vi un bicho En el basurero del patio Buscando comida entre los deshechos Cuando encontraba algo No examinaba ni olía: Tragaba con voracidad El bicho no era un perro, no era un gato No era un ratón. El bicho, Dios mío, era un hombre                                                               Río, 27-12-1947 (fuente: "Poesía nuestra", ed. Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, 2014, traducción de Juan Manuel Inchauspe.)

Uriel Martínez (1950 )

Feria del cerdo a. Era tan cerdo que buscó la sábana santa para cubrir sus emisiones nocturnas. b. Era tan cerdo que quiso viajar al planeta de El Principito para hacerle proposiciones indecorosas. c. Era tan cerdo que en noches de luna llena imitaba los berridos del puerco para llamar a su alma gemela. d. Era tan cerdo que buscó en internet el contacto con Esopo para que éste le escribiera una fábula sin moraleja. e. Era tan cerdo que a menudo golpeaba el avispero antes de lamerse las heridas. f. Era tan cerdo que siempre procuraba las heces fecales de místicos, vírgenes, locas e iluminadas. g. Era tan cerdo que a su primer puerquito le enseñó el camino a las narcofosas. h.   La rabia no tiene fecha de caducidad; la hidrofobia de las perras, sí.

Juan Manuel Roca (1946 )

Testamento del pintor chino Cuando el sobrio Emperador Me conminó a borrar del cuadro una cascada, -El chapoteo incesante espantaba su sueño- Como buen cortesano obedecí y esfumé su torrente. Sin embargo, oculté tras el dibujo de un cerezo Una rana que croa Y que el anciano Emperador confunde Con su agitado corazón. En un biombo de lino me pinté a mí mismo Al momento de dibujar un caballo. Una noche después espanté con el pincel al caballo, Pues no soportaba sus relinchos. Pronto borraré mi crepuscular figura del óleo, -Emperador de mi cuerpo- Y sabrán que es de la misma materia La ausencia de un hombre o de un caballo. (fuente: La hipótesis de nadie, Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, Venezuela, 2012.)

Eugenio Montejo poeta

Pavana para una dama egipcia Yo sé que un día aquí sobre la tierra no estaré nunca más. Habré partido como los viejos árboles del bosque cuando los llama el viento. Y esto que escribo no me lo dicta apenas una idea pues ya se ha hecho sangre de mis venas. También sin meditar suelen los árboles tener claro su fin. Como toda materia guarda memoria de su nada póstuma. No es preciso pensar para decirse —cada quien a sí mismo— adiós por dentro. Con ver las hojas en otoño basta; con ver la tierra allá a lo lejos, roja, flotando en el abismo, sin nosotros, se aprende casi todo... Yo sé que un día con tus egipcios ojos me buscarás sin verme aquí en la tierra, y no estaré ya más. Y no es la mente quien me lo dice ahora, sino tu cuerpo donde puedo leerlo; aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume, porque lo eterno vive de lo efímero como en nosotros el dios que nos custodia con tanto enigma en su perfil de pájaro y su vuelo que siempre está a la puerta. (fuente: ...

René Char (1907/1988 )

El ruido del fósforo    Crecí entre la leña encendida, al borde de brasas que no se volvían cenizas. A mi espalda, girando sobre un vidrio azafrán, el horizonte reconciliaba el empenachado plumaje marrón de las cañas con el pantano plácido, El invierno favorecía mi suerte. La leña caía en ese desorden frágil mantenido en suspenso por la alianza del absurdo y del amor. El abrasamiento me era al mismo tiempo soplo en el rostro y humo acre. Cuando no cerraba los ojos para sufrir, el héroe enfermo me sonreía desde su lecho. ¿Aprendí, junto a él. a permanecer silencioso? ¿A confiar el el bosque de mi corazón a la llama que habría de conducirlo a chispas ignoradas por los enclaves del porvenir? Las fechas se borraron e ignoro las convulsiones del compromiso. (fuente: "poesías", Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, enero 2013, versión de Luis Alberto Crespo.)

Francisco Madariaga (1927/2000 )

Canciones en un viaje a caballo 1 Los caballos nacen para amar secretamente como las madrugadas. 2 Los caballeros viajan con ponchos de cueros de ciervos celestes manchados de sangre. 3 Un dolor como el trino de un pájaro de agua, perdido en la infinitud. 4 El amor de un guerrero cuya lanza tiene el acero del agua. 5 El terror de los paisajes que se hundieron con los tesoros del Diablo. 6 Hay cierta agua de oro en la infinitud: solo la conocieron Jesucristo y Rimbaud. 7 Conservar siempre una tinaja con esa agua. (fuente: "rua das petras")

Mahmoud Darwish (1941/1998 )

Aldeanos sin malicia      fragmento Yo no conocía todavía las costumbres de mi madre ni a su familia cuando los camiones vinieron del mar pero conocía el olor del tabaco en torno al manto de mi abuelo y el perfume entero del café, desde que nací, como nacen aquí los animales domésticos: de un solo empujón. Nosotros también gritamos cuando descendemos al borde de la tierra, pero no depositamos nuestras voces en jarras antiguas. No colgamos la cabra en el muro, no pretendemos el reino del polvo y nuestros sueños no se asoman a las viñas de los otros ni rompen las reglas. Mi nombre no tenía todavía su pluma para que yo saltara más lejos que la tarde. El calor de abril era como los rabeles de nuestros visitantes de paso, nos hacían volar como palomas. Tengo mi primera campana. El encanto de una mujer me inclina a oler la leche en sus rodillas y a huir de la picadura de los manjares. Nosotros también tenemos un secreto cuando el sol cae de los ...

Salvador Novo cronista

Salones de belleza  En efecto, el viejo "Godefroy" era el único. Vendí postizos para los grandes chongos porfirianos, bisoñés para los calvos no resignados, cremirrumpieron su moda, a Simón. Cuando, en 1925, las pelonas, y los cultos periodistas hicieron chistes consabidos sobre los "cabellos largos e ideas cortas", que habían leído en las ediciones Maucci Schopenhauer (perdón; eran Samperer), la ciudad no estaba preparada para servir en sus peluquerías masculinas a las señoras que las invadieron. Pero bien pronto ya hubo "salones de belleza" para ellas solas, que ahora los llenan y hacen cola para ocuparlos y salir transformadas, metamorfoseadas; ya desde el de Esperanza, a que acude toda la aristocracia, ya desde el de cualquier barrio, que emperifolla a toda la vecindad. (fuente: Nueva grandeza mexicana, ed. Conaculta, 1992, col. Cien de México, Primera edición en Hermes, 1946.)

Uriel Martínez (1950 )

Pasajes Hay noches que yo no soy yo, es la enfermedad, los labios escarcha, los vidrios el iris. Hay enfermedades en que uno no es uno, son los antibióticos contra ti, el cansancio. Hay placebos que no son tales sino el impulso de cogerse del alféizar como escena blanco/negro. Hay caídas que no abren puertas sino bocas de cráter, domos frágiles, cristales como añicos de diamantes. Hay noches que son cruce de vías, trenes que pasan, raíles nerviosos, yemas enrojecidas, en llamas. Pasajes secretos que uno atraviesa sordo, a punto de tocar con la lengua la letra Z, la O de humo desvanecido.

Carlos Battilana (1964 )

Parrilla Sobre el fin de la calle rumbo al cuartel hay un asador: es verano pero corre una pequeña brisa. Mi padre mi madre nuestros hermanos disfrutan de la cena familiar al aire libre. No hay nada que temer estamos abrazados por el campo el mundo acontece en ese punto minúsculo del universo. Tengo seis años. Conozco todo lo que me circunda. Somos libres en el lugar. Mi padre es feliz; se rodea de sus hijos de su mujer tiene información suficiente para proveernos durante algunos años: axiomas, libros, narraciones de adolescencia. Ahora que su muerte es fresca y reciente, recreo el instante en que mi padre distribuye la carne, las achuras, las ensaladas en derredor. Mi madre lo roza con los ojos y deliberadamente lo deja hacer deja que su fuerza crezca allí, en ese punto minúsculo del universo. (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Richard Eberhart (1904/2005 )

New Hampshire, Febrero La naturaleza hizo que se ocultasen en grietas, dos avispas tan frías que tenían aspecto de corteza. Por qué, no lo sé, pero las agarré y las metí en un cazo de metal, de día y de noche. Como Dios al tocar con su dedo a Adán me sentí, y pensé en Miguel Ángel, porque cada vez que les echaba el aliento, el aliento más leve, brincaban y se atildaban como para irse. Mi aliento siempre las controlaba por completo. Más sensibles que chispazos eléctricos volvían a la vida o se retiraban al hielo, mientras yo acechaba, suspendiendo las observaciones. Entonces, una, en una ciega carrera, logró escapar, y cayó al suelo de la cocina. La aplasté con mi fría bota de esquí, por accidente. La otra no tuvo la viveza de intentarlo o morir. Y así, la otra aún es mi mascota. La moraleja de esto es evidente. Pero la soslayaré. No os gustaría. Y Dios no vive para explicar. (fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Jonio González) ...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Theodore el poeta De niño, Theodore, te pasabas las horas muertas sentado a orillas del turbio Spoon con los ojos clavados en la entrada de la madriguera del cangrejo esperando a que asomara y se arrastrara afuera, primero sus antenas ondulantes como pajas de heno, y enseguida su cuerpo color de jaboncillo, adornado con ojos de azabache. Y en éxtasis mental te preguntabas qué sabía, qué deseaba y por qué vivía. Pero más tarde tu vista se volvió a los hombres y mujeres y esperabas a que salieran sus almas para ver cómo vivían y para qué, y por qué seguían arrastrándose tan afanosamente por el arenoso camino donde falta el agua al declinar el verano. (fuente: "life vest under your seat", sin crédito al traductor/a)

Francisca Aguirre (1930 )

Una mala disposición Quizás tuvo la culpa una mala disposición de mi esqueleto.                                         Seguramente me falló la osamenta. Debo tener la tráquea demasiado estrecha y cualquier cosa le molesta se irrita y trago mal. El caso es que aquel hombre estaba hecho una furia y todo le estorbaba: los mendigos, los chinos, los rumanos. Estaba hasta los pelos de las quejas de las mujeres. Y se puso a decir que lo que hacía falta era una mano dura como antes. Y a mí me dio por toser y terminé escupiéndole. (fuente: "rua das petras" y "emma gunst")

Herta Müller (1953 )

Los barrenderos La ciudad está impregnada de vacío. Un coche me atropella los ojos con sus faros. El conductor me maldice porque no se me ve en la oscuridad. Los barrenderos están de servicio.Barren las bombillas, barren las calles fuera de las ciudades, barren el vivir de las viviendas, me barren las ideas de la cabeza, me barren de una pierna a otra, me barren los pasos al andar. Los barrenderos me envían luego sus escobas, sus magras escobas saltarinas. Los zapatos se me alejan taconeando. Y camino detrás de mí, caigo fuera de mí, por sobre el borde de mis pensamientos. A mi lado ladra el parque. Las lechuzas se comen los besos que han quedado en los bancos. Las lechuzas ni me miran. En la maleza se acurrucan los sueños cansados, hartos de trajinar. Las escobas me barren la espalda porque me apoyo demasiado contra la noche. Los barrenderos hacen un montón con la estrellas, las barren en sus palas y las vacían en el canal. Un barrendero le dice algo a otro barr...