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Mostrando las entradas etiquetadas como prosa

Eugenio Montejo (1938/2008 )

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Fragmentario El poema es una oración dicha a un Dios que sólo existe mientras dura la oración. ("el taller blanco", uam, méxico, 1996 )

Bruce Chatwin (1940/1989 )

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1. La tortuga se refugia en su caparazón. El puerco espín eriza sus púas. La polilla se oculta camuflándose contra la corteza de un árbol, y el conejo corre al interior de una madriguera muy pequeña, donde el zorro no puede seguirlo. Pero el hombre estaba indefenso en una llanura sin árboles. La reacción del robustus  consistió en desarrollar más músculo. Nosotros utilizamos el cerebro. 2. El matorral espinoso fue el territorio donde se expandió el cerebro del primer hombre: la Corona de Espinas no fue una corona causal. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

Bruce Chatwin (1940/1989 )

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Lo que aún no había  visto era la cabeza de la serpiente, lista para atacar, erguida detrás de un arbusto. Embragué mis piernas en la marcha atrás y retrocedí, muy lentamente, uno... dos... uno... doss. La serpiente también se replegó, y se deslizó dentro de un agujero. Me dije:"Estás muy sereno"... hasta que sentí las convulsiones de la náusea. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)

Toni Morrison (1931/2019 )

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                                                                                                       Como la bruja... "...como la bruja que vuela a través de la noche hacia un infanticidio ceremonial, tan excitada por el viento negro como por el palo de la escoba  que lleva entre las piernas; como la esposa ya harta y tan preocupada por la consistencia de la polenta que ha arrojado al rostro de su marido como la potencia de la lejía que ha mezclado con ella; como la reina o la cortesana súbitamente sorprendida por la belleza de su anillo de esmeraldas en el momento en que vuelca su veneno en la copa de vino añejo, así Agar se alimentaba de la fuerza que le proporcionban los detalles de su misión." ("La canción de ...

Rubem Fonseca (1925 )

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Puta "Éramos seis, cinco mujeres y un hombre. Yo, la única blanca, de cabello liso, claro. Pero ser guapa y blanca s´lo me ayudó a ser puta. Es decir, no sé si ser una puta blanca es mejor que ser una puta mulata, comercialmente hablando. Me dijeron que me metí a puta porque quise, . Tenía entonces doce años." ("el gran arte", ed. cal y arena, méxico, 2011, trad. miriam lópes moura)

Uriel Martínez (1950 )

Avant-hier 1 El mes pasado vinieron y se llevaron mi tele, la que me regalaste Cuauhtémoc, la que me quedó como recuerdo de ti, desaparecido en alguna tumba desconocida de Coahuila. Una tumba que no se localiza como se ubican tesoros por exhumar los días últimos de semana santa. Era una tele, hoy un modelo antiguo digno de permanecer en algún museo de antigüedades.  2. Los días posteriores al cambio de domicilio de ese armatoste con perfil de camello sentí un vacío en mí que no se llenaba con pases siniestros de escoba, de agua bendita, de franelas empolvadas en el polvo, el pasado, el ayer, el Torreón de todas mis madrugadas. Era un extrañar los cables sueltos, las antenas abiertas como alas de libélula gigantesca, la necesidad de sintonizar contigo para avisarte que -ese día-, morirías un poco más. 3. El espacio que ocupó ese mueble vetusto lo llenó una mesita, un modular y dos bocinas y un altero de discos que ahora me llenan la cabeza de humo, de polvo, de tierra removida ...

Juan José Arreola (1918/2001 )

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El cuervero (1949 )              [fragmento]     Era el tiempo en que todo costaba más barato, cuando los peones ganaban sesenta centavos en las labores y cuando se pagaban a diez las colas de tuzas. Al muchacho que andaba de cuervero le daban veinticinco centavos por que los espantara todo el día con su honda.     El niño de Hilario nació y se murió en la temporada de siembra. Cuando los cuervos van volando sobre los potreros y buscan entre los surcos las milpitas tiernas, que acaban de salir de la tierra y que brillan como estrelllitas verdes. ("confabulario", edición joaquin mortiz, méxico, 1966)

Manuel Vicent (1936 )

El tiempo El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada. Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta será primavera. Ajenos a ti en algunos valles florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates. Una mañana radiante, camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas y los melocotones y sin saber por qué ya será verano. De pronto te sorprenderás a ti mismo rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte del jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las va...

Uriel Martínez (1950 )

La noria II Cuando regreso de mi pueblo, en el segundo transbordo, después de mí trepa un padre de familia. No lo identifico hasta que su niña de brazos empieza a llorar a todo pulmón. Es Vladimir, de seguro no sabe diferenciar entre el llanto de una criatura hambrienta, con sueño o con el pañal mojado. A Vladimir lo conocí recién llegado de su pueblo, había venido a estudiar arquitectura y buscaba un departamento para compartir. Después supe quien era su padre, un narrador que había perdido a su mujer joven, a pedazos, enferma de diabetes. Más adelante, el propio Vladimir me contó su verdadero oficio: la venta de droga a baja escala; me narró el infierno de vivir en un cuarto de vecindad y a merced, más que de proveedores, de la policía. Unos y otros lo visitaban a altas horas del día, en esas horas en que los golpes a la puerta son partes de sus pesadillas; ver llegar ese instante en que no sabes si te buscan para "levantarte", "desaparecerte" o llevarte espos...

Sam Shepard (1942/2017 )

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Un relato En este pueblo hay personas que tratan de desviar su propia muerte hacia otros. Dos mujeres con bata de enfermera. Un hombre con smoking azul. Sé quienes son aunque sólo los he visto de lejos. Siempre por la noche. Siempre amontonados, formando un grupo frenético en las esquinas, empujando uno hacia el otro una vieja silla de mimbre. Discutiendo en susurros. Tratando de esconder sus caras. Caminando furtivamente por el barrio con zapatillas deportivas. Sé quienes son, pero jamás revelaré sus delitos.     El centro de su discusión es la silla de mimbre. Todo su terror emana de esta silla de mimbre. Una mañana, de repente apareció en la fachada de la casa de uno de ellos. Todos estuvieron de acuerdo en que era una señal de mal augurio. Señal inequívoca de su muerte inminente. Ahora creen que si dejan la silla delante de la casa de otro evitarán su propia muerte. Pero cada mañana la silla aparece delante de su casa.     Esta noche la dejan delante de ...

Uriel Martínez (1950 )

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Villa Olvido 1 A principios de año descubrí una bodega de libros usados en Villa Olvido, distante de mi pueblo unas cuantas horas. Ahí, en un rincón, me esperaban dos libros que llegaban a mis manos sin buscarlos: una edición sureña de Villaurrutia y otra de Montejo. Ambos ya fallecidos. No quise demorarme en otra búsqueda al azar. Pagué y salí casi de prisa. En la primera esquina me detuve a revisarlos. "Nostalgia de la muerte" se había impreso cuando yo era niño; "Alfabeto del mundo" mientras cursaba la Universidad. Xavier Villaurrutia había estampado su firma de puño y letra a la mecenas Antonieta Rivas Mercado y Eugenio Montejo, el segundo poeta, a Octavio  Paz. Los cuatro ya muertos. 2 Regresé al mes a la misma Villa. El dependiente me había dicho en la primera ocasión, mientras hacía la nota de venta, que justo en un mes, recibirían otra remesa de libros de la capital, que el negocio se especializaba en libros rubricados por sus autores a otros auto...

Uriel Martínez (1950 )

Belén, 25 kilómetros 1. Como cada año aquel diciembre me invitaron de jurado al concurso de nacimientos. Entre los finalistas hubo uno que yo propuse como de los mejores, con elementos actualizados. Era una carretera a escala que desembocaba en el establo en donde, se dice, nació el salvador. Era un camino asfaltado con puentes, pasos a desnivel y arbotantes de luz mercurial que permanecen encendidos toda la noche. A la vera de algunos tramos del camino aparecían coches en miniatura descompuestos, abandonados o chocados. Si alguien se asomaba al interior, con los cristales bajados o rotos, se apreciaba un hombre decapitado o una mujer ensangrentada. Todas las figuras eran como de juguete, de porcelana asiática o de goma. En algunos vehículos se distinguían bebés en su cunero, con el biberón seco y los ojos cerrados. 2. El autor o autores habían hecho un trabajo artesanal laborioso, meticuloso y con imaginación, con movimiento. Era este un argumento que yo pensaba esgrimir ...

David Leavitt (1961 )

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                                                                    La visitación ...Celia no acaba de creer que esté sentada, colinas que pertenecen a los fondos de cuadros del siglo XV: secas pero flexibles, con el verdor roto aquí y allá por la roca, y que justamente están empezando a quemarse bajo el sol del final de la primavera. Jesucristo podría estar arrodillado en esas colinas tras recibir el bautismo, la cintura envuelta en una tela empapada; o la virgen, en una casa de piedra abierta, podría estar inclinada sobre su rueca, esperando la visitación del ángel. ("un lugar en el que nunca he estado", anagrama, 1994, tr. juan gabril lópez guix)

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Alfred Attendu En el transcurso de los diferentes procesos que tuvo que sufrir el doctor Attendu de 1946 en adelante, apareció otro detalle científico interesante: casi todos los retrasados de uno, dos o tres años que se hallaban en el sanatorio, los llamados " p´tits anges ", eran hijos suyos, producidos in loco a través, según parece, de la inseminación artificial; para las jóvenes mamás, veintitrés, se había construido algo así como un gallinero-maternidad, con un suelo de cemento fácilmente lavable. ("la sinagoga de los iconoclastas", ed. anagrama, barcelona, 2010, trad. joaquín jordá)

Truman Capote (1924/1984 )

El regalo  Empecé a escribir a los ocho años – de la nada, sin ningún ejemplo que me inspirara. No había conocido a nadie que escribiera; en verdad conocía bastante poca que leyera. Pero el hecho fue que las únicas cuatro cosas que me interesaban eran: leer libros, ir al cine, el tap y dibujar. Después un día empecé a escribir sin saber que me encadenaba de por vida a un noble pero impiadoso amo. Cuando Dios te da un regalo también te entrega un látigo, y la sola función de ese látigo es la autoflagelación. ("hasta donde llega la voz", versión de tom maver)

CALAVERITAS QUEER

José María Covarrubias Conocí a José María Covarrubias en el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, tiempo antes de que se echara a andar la semana de la diversidad sexual en el Museo del Chopo. Recuerdo que su inclinación culinaria lo llevaba a preparar en casa -vívia en la Nápoles, cerca del hotel de México y de Insurgentes- la sopa de cebolla, que alguna vez le vi prepararla. En ese entonces vivía con su pareja, con la que duró mucho tiempo. Era de Nayarit. Me contó que en una ocasión que fue a ver a su madre, la acompañó al mercado; en el trayecto, alguien lo vio de lejos y le gritó: "¡Chema, Fulano de Tal quiere contigo!" Y a José María se le contrajo lo que se le tenía que contraer. Madre e hijo siguieron su camino como si ninguno hubiese escuchado. Pasó el tiempo.Yo ya no vivía en la misma ciudad. Supe por alguien que Jorge, su pareja de años, lo había dejado por otro amor; y aunque ya había pasado tiempo de la separación, Chema no acababa de reponerse. Y ...

Abilio Estévez (1954 )

22    En una pequeña plaza veo a un niño con las manos atadas, está sobre un entarimado, le han tapado los ojos, a su alrededor, cientos de hombres y mujeres ríen, lo señalan y ríen, vociferan y ríen, una anciana sube donde el niño y lo viste de mujer, la multitud grita, aplaude enardecida, el niño es hermoso y como está triste es más hermoso, no maldice, es un niño sereno y resignado, se le acerca un hombre, dice ser su padre, lo alza en brazos, lo lanza a la multitud, el niño desaparece entre gritos y blasfemias, ya no distingo a nadie, sino una masa oscura que se mueve y brama, y luego parece que llegara el silencio y la plaza quedara vacía, tengo la impresión de que estoy solo, creo ver el traje de mujer, me acerco,  no, no es ningún traje, es un poco de ceniza que el viento dispersa. (fuente: Manual de tentaciones, Tusquets editores, col. Marginales, 179, Barcelona, 1999.)

José Saramago, narrador

Locos Vivimos en un tiempo en el que cualquier monja, como si fuera lo más natural del mundo, encuentra en el claustro al Niño Jesús o en el coro a un ángel tocando el arpa, y, si está encerrada en su celda, donde, por mor del secreto, son más corporales las manifestaciones, la atormentan los diablos agitando la cama, y sacudiéndole así los miembros, los superiores de modo que hasta los senos se le agitan, los inferiores, hasta donde el punto de que se estremece y transpira la hendidura de su cuerpo, ventana del infierno, si no puerta del cielo, ésta por estar gozando, aquélla porque gozó, y en todo esto se cree, no obstante, no puede Baltasar Mateus, llamado Sietesoles, decir, Yo volé de Lisboa al Monte Junto, porque lo tomarían por loco, y eso si hay suerte, porque por tan poco no puede inquietarse el Santo Oficio, lo que sobran son locos en esta tierra barrida por la locura. (fuente: Memorial del convento, ed. Seix Barral, Biblioteca Breve, traducción de Basilio Losada, Méxic...

José Saramago (1922/2010 )

Putas Quiénes son éstas, preguntó Sietesoles, y cuando un hombre se lo dijo ya estaba él seguro de que eran las inglesas llevadas al navío de donde por fraude del capitán habían salido, y qué remedio ahora sino ir a las Barbadas, en vez de quedarse en esta buena tierra portuguesa, tan favorecedora de putas extranjeras, oficio que se ríe de las confusiones de Babel porque en sus oficinas se puede entrar mudo y salir callado, si es que antes ha hablado el dinero. (fuente: "Memorial del convento", ed. Seix Barral, México, 1990, trad. Basilio Losada.)

Orhan Pamuk (1952 )

El alma En una página del volumen que estaba intentando leer, el El libro de las circunstancias del Juicio Final, estaba escrito que tres días después de la muerte el alma recibe el permiso de Dios para visitar el cuerpo en el que antes vivía. El alma, al ver el lastimoso estado de su antiguo cuerpo en la tumba, sanguinolento y entre líquidos putrefactos, siente pena, llora diciendo "pobre cuerpo, pobre y querido antiguo cuerpo mío" y lleva luto por él. (en "Me llamo Rojo", trad. de Rafael Carpinteiro)