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Ana María Shua (1951 )

Programa de entretenimiento Es un programa de juegos por la tele. Los niños se ponen zapatillas de la marca que auspicia el programa. Cada madre debe reconocer a su hijo mirando solamente las piernitas a través de una ventana en el decorado. El país es pobre, los premios son importantes. Los participantes se ponen de acuerdo para ganar siempre. Si alguna madre se equivoca, no lo dice. Después, cada una se lleva al hijo que eligió, aunque no sea el mismo que traía al llegar. Es necesario mantener la farsa largamente porque la empresa controla con visitadoras sociales los hogares de los concursantes. Hay hijos que salen perdiendo, pero a otros el cambio les conviene. También se dice que algunas madres hacen trampa, que se equivocan adrede. ("el hacedor de sueños")

Pilar Alba (1974 )

Muertos A mí no me gusta andar poniendo altares de muertos. Eso no se usaba cuando yo era niña. Tampoco me gusta eso de andarse disfrazando y pidiendo calaverita. El camote y la calabaza sí me gustan, pero a mi edad me hacen tanto daño, que prefiero no comerlas y eso que duermo sola, no hay quien se moleste si de repente se me saliera un aire. Antes sí iba al panteón en este día, pero ya no, ni se puede caminar de tanta gente, prefiero ir uno o dos días después de que haya pasado el mitote, llevo mi escoba, mi tina para el agua, unas cuantas flores y ahora sí a limpiar y rezar un padre nuestro. Lo que sí me gusta es estar en la casa, sacar una caja de zapatos de debajo de la cama que es donde guardamos desde hace mucho tiempo las fotos de nuestros muertos. No, no son fotos de cuando estaban vivos, ésas las tenemos en los álbumes ahí en la sala para cuando la gente quiera verlos. Son las fotos de los difuntos, la última foto que se toma cuando ya está uno muerto. Cuando estaba niña m...

Uriel Martínez (1950 )

Profecías 1. Por razones de vagancia y por el gusto de viajar periódicamente el mico culto (MC), emprende salidas de Dogville. Le asombra 1) entrar en otro ciudad a la sala de proyecciones Lumière y encontrarse que sobre la pared blanca: un santa claus de  fines de siglo desholline con el cepillo el chacuaco por donde se exhala el vapor del organismo y, al hacerlo, muestre las esferas que lucen en esta temporada. 2. También le sorprende que otra chica, en otro lugar y otra hora, le traiga el desayuno a la mesa y le sirva café de grano recién preparado. La observa que al levantar un pedido, entregue a su jefe inmediato la comanda y, para preparar el pedido siguiente, saque el papel carbón, previo humedecido de dedos índice y pulgar, antes de colocarlo en las siguientes hojas -original y copia -casi en cámara lenta- del santa claus que se demora en meter y sacar el cepillo largo de la tronera o chacuaco de fin de siglo. 3. En fin, que antes que antes de ingresar a la sala de...

LAS MASCOTAS

1. Papá trajo a casa un nuevo huésped, un perro chato de pelaje gris y cara de pocos amigos. Lo trajo de un pueblo vecino a donde había ido a cobrar un dinero; como el deudor no completó para pagarle, le ofrecieron a Bulldozer, nombre del chucho que vino a vivir con nosotros, antes que mi papá se fuera de casa. 2. Creo que fue mamá la que decidió mantener la mascota en la azotea, en una casa de madera colocada a la sombra del árbol y agua del tinaco que surte las necesidades. Bulldozer se volvió bravo viviendo arriba: les ladraba a los chiquillos que regresan del colegio, a los pordioseros, a los ambulantes que pasan en la calle y a los vecinos que entran y salen de las casas. Recuerdo que un día papá lo sacó amarrado por una campaña de vacunación que llegó al barrio, era contra la rabia, el moquillo y los parásitos. Cuando regresó con el Bulldozer ya traía una correa y una placa con su nombre y la fecha de las vacunas. Fue la primera y última vez que papá lo llevó al veterinario....

César Cañedo (1988 )

Máscaras                                                                 Para Carlos No había ya otra manera de estar con él, las máscaras llegaron justo a tiempo. Uno de sus habituales arrebatos de caos fue robarse de un puesto atrás del Zócalo dos máscaras hermosamente elaboradas de luchadores. Llegó a casa como niño expectante, entre el premio y el castigo por la travesura cometida, yo ya no podía más, no quería verlo, deseaba que por fin terminara de irse. Sin embargo, me miró con esos ojos que desde hacía años me robaban la calma y de nuevo fui partícipe de sus impulsos. Mira lo que traje. Lo miré con una indiferencia que contenía el silencio desbordado de una relación nacida para explotar, pero que nunca lograba su cometido. Entonces bajé la vista y ahí estaban, como tributo en una mesa que nunca compa...

Uriel Martínez (1950 )

María Félix Vine a Comala a la exposición "María Félix cien años de esplendor"; sólo encontré tapias entre tapias.

Clarice Lispector (1920/ 1977 )

Felicidad clandestina E lla era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería. No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos". Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello ...

Humberto Dib, fabulador

Todo un circo Se conocían desde muy pequeños, sus padres habían trabajado toda la vida en ese circo, así que jugaron, crecieron y se enamoraron entre animales, cuerdas, zancos y carromatos. Con el tiempo, él se convirtió en Tatín , el payaso, ella en Mamba , la encantadora de reptiles. Pasaron años muy felices hasta que la muchacha comenzó a notar que la carpa le quedaba chica, aseguraba que en aquel muladar nadie podía sentirse digno. Sus reclamos fueron creciendo al pulso de la inacción de su novio, por lo que, ya desilusionada, se dejó convencer por el primer embuste frondoso de cierto empresario de la capital. Desesperado, el payaso le prometió un mundo nuevo, otro cielo, en fin, hasta le juró que se volvería equilibrista y que no usaría red sólo por ella, pero ya era tarde, antes de que comenzara el espectáculo, encontró una escueta carta de despedida junto a los potes de maquillaje, justo debajo de la gran nariz roja. Dicen que nunca estuvo más gracioso que esa noche, los niñ...

LOS DESCONOCIDOS

Le llamó la atención el muchacho de unos 35 años, moreno de bigote discreto, que estaba de pie a su lado, jalándosela. Luego observó que se bajaba el pantalón cerca de su mano derecha, como una invitación muda a tocarle las nalgas carnosas. Así lo hizo. Lo primero que le atrajo la atención fue la temperatura fresca de las posaderas, que contrastaba con los 38 grados Celsius de esa tarde. Luego, el desconocido, él también era un desconocido para el otro, se levantó la playera; le vio los pelos en torno a las tetillas y parte del torso. Era una invitación, supuso, a que le pasara los labios o la lengua por los botones cafés. Así lo hizo, sin decir nada. Mientras succionaba de uno y otro lado, se le ocurrió darle un ligero mordisco en la tetilla izquierda. El moreno se estremeció, como se estremece un cuerpo al recibir una descarga eléctrica. Luego pasó la boca a la otra tetilla, la derecha. Hizo lo mismo. El muchacho de sombrero de fieltro y bigote volvió a estremecerse. Se bajó la play...

LA DIVA

José entra en el camerino luego de su número más exitoso del año: el show de Jenny Rivera, La diva de la banda . Ahí está un desconocido, esperándola, le avisaron de la gerencia. El visitante va al grano: "El Patrón quiere conocerla". José se acomoda en una silla, antes de pasar al espejo que la espera para ayudarlo a desmaquillarse. En su fuero interno, el actor y mimo, sabe que la Diva posee una fuerza que se manifiesta en él, en sus decisiones. Dile que muchas gracias, responde a la visita, a la una tengo otro show en el Palenque de la Feria. "Nadie desaira al Patrón. No le recomiendo que lo haga", responde el mensajero, que exhibe las joyas ostentosas del torso, los dedos y las muñecas, "sólo quiere invitarle un trago". Con un guiño de impaciencia, José imagina que traslada e interpone la luna del tocador entre él y el desconocido. No tiene caso, sabes, yo no soy Jenny. Luego de una pausa, José se quita la peluca y le muestra la calvicie como rodilla...

EL LIBRO DE HIELO

Cuando hubo terminado el manuscrito de cientos de hojas, quiso encontrarle un nombre que abarcara el Universo, pero el primer nombre que le vino a la mente no le agradó demasiado: "El libro del desasosiego"; el adjetivo le resultaba insatisfactorio, aunque no del todo. Después buscó un seudónimo que ahuyentara a sus posibles biógrafos, quizá Bernardo Soares, se dijo, por la eufonía al pronunciarlos juntos. Pensó también en "El libro de las constelaciones" y en Álvaro de Portugal. Por último, antes de consultar el I Ching, abrió la ventana de internet y vio que ya había una enciclopedia que registraba ambos nombres: el del libro y el del escritor. Decidió dejarlo para después hasta dar con el Innombrable, el Otro, el Ciego.

Pilar Alba (1974 )

El mismo cuento Te escribiré un cuento, el mismo toda la vida. No, no será aquel de las princesas encantadas, el de los caballeros andantes o el de dragones y hadas, no. Tampoco será aquel idílico en el que se cree que todo es posible, no hay cielos oscuros ni tormentas; y al final todos serán por siempre felices, jamás habrá llanto, tristeza ni desilusión. Sólo te escribiré el mismo cuento, el otro, ése en el que te digo cómo es que una vez nos conocimos, que entre tanta y tanta gente nos encontramos en el mundo, a la vuelta de la esquina, más cerca y más lejos de lo que algún día nos imaginamos. Ese cuento, el de siempre, en el que sin decirlo nos juramos amor para toda la vida y, también, sin promesas decidimos ser fieles aunque la vida nos llevara por otros caminos, aunque cogiéramos con otras, muchas, personas, Te escribiré un cuento, el único que sé y permanecerá por siempre en la memoria. El que por más vueltas que le dé acabará en la misma historia. Sí, ese, el que está plasm...

JULIO RAMÓN RIBEYRO (1929- 1994)

La tentación del fracaso Ayer con el embajador dejamos una corona de flores en la tumba de Vallejo. Esta tarde dejaré con mis amigos poetas palabras y poemas. ¿Qué sentido tienen estos homenajes? Probablemente ninguno. El propio Vallejo miraría estas ceremonias con sarcasmo. Honrar a los propios muertos forma parte de una vieja tradición. Tradición que en nuestra época ya no tiene sentido, pues se da fuera de su contexto cultural: religioso, mágico, mítico. Lo sigo pensando en quienes iremos, todos incrédulos, todos escépticos. Pero esto se presta a confusiones. Por un lado están los restos materiales, las reliquias y símbolos (la tumba, los huesos o el polvo del homenajeado), por otro su memoria, el respeto o admiración por él mismo. Una y otra cosa nada tienen que ver. Yo sigo reverenciando a mi padre, pero soy incapaz de ir a visitar su tumba. Mi reverencia se da en un plano que no requiere de signos ostentatorios. Él está presente en mí en otras formas. En resumen, n...

FRANZ KAFKA (1883- 1924)

La verdad de Sancho Panza Sancho Panza, quien por lo demás nunca se ha vanagloriado de ello, logró con el correr de los años, en las horas vespertinas y nocturnas, mediante el aprovisionamiento de una cantidad de novelas de caballerías y de bandidos, apartar de sí a su demonio, a quien más tarde dio el nombre de Don Quijote, de tal modo que éste luego ejecutó descaradamente las acciones más locas que, a falta de un objeto predeterminado, que hubiera tenido que ser Sancho, no causaron daño a nadie. Sancho Panza, un hombre libre, siguió ecuánime, tal vez solo por cierto sentimiento de responsabilidad, a Don Quijote en sus salidas y disfrutó de un entretenimiento grande y provechoso hasta su final. (texto tomado de Microcuentos y dibujos, selección, traducción y prólogo de Selnich Vivas Hurtado, ed. Universidad de Antioquía, Medellín, Colombia, 2010, col. Biblioteca Clásica para Jóvenes Lectores.)

EVARISTO

uno. Durante 23 años hice penitencia, no por los demás sino por mí, en una secta religiosa de origen oriental. Ahí aprendí oraciones en un idioma de caligramas desconocidos hasta entonces, pero tan remotos que  abordaban sonidos de la lengua de mis ancestros semitas. La penitencia comprendía también la contemplación del fuego, la renuncia a los bienes acumulados incluso en el sueño y en la memoria, el aprecio al silencio que emana del sollozo de las piedras y la dilatación de sus círculos concéntricos en la superficie del agua y otros líquidos disputados por países enemigos.    Durante cinco lustros fui entrenado para los tiempos de grandes catástrofes, para la temporada de desgracias colectivas, para la culminación de otro ciclo de epidemias cebadas en carnes bienaventuradas. Así llegó el amanecer de grandes oleadas de langostas, de diques insospechados de mosquitos, de carne putrefacta en las estaciones, en los andenes y  espejos repetidos de los mapas. La no int...