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Mostrando entradas de agosto, 2017

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Nómada Se sentó en el puerto y abrió para quienes lo escuchaban su libro de viajes. Había conocido las montañas heladas del norte y atravesado de noche blancas y densas selvas, acosado por los osos. Había cruzado ciudades luminosas donde las mujeres tenían el cabello rubio, pero nadie hablaba su idioma; y se dejó arrastrar por los vientos hasta las playas cálidas del sur donde adquirió piel morena y ojos verdes. Después se instaló provisionalmente en las ruinas de un viejo continente donde fue monje, amante, hombre letrado, y enseñó a las niñas de un claustro blanco los rudimentos de la lectura. Y, por fin, partió hacia uno de los confines del mundo, donde lo tomaron por el último marinero y lo persiguieron. Había perdido a dios en su camino y volvió hacia atrás. Por lo que recordaba, tenía una pequeña herida en la voz: en ningún lugar había hallado aún el nombre de su casa. ("emma gunst", trad. verónica aranda)

Donizete Galvao (1955/2014 )

Arte poética La lengua de la vaca lame con gusto la sal del comedero y si no queda sal, la memoria de la sal la madera, el comedero, hasta que todo quede pulido por su lija. La lengua de la vaca recoge con agrado el rastrojo meado de ratón del fondo del granero y muele, vuelve a moler y tritura el maíz y la paja dura, hasta que flores de espuma broten en la comisura de la boca, con un suave perfume de leche. La lengua de la vaca lame la cría trémula, en un baño bautismal, y engulle el mosto, el gargajo amniótico, y la lamerá todavía, cuando casi novilla exhiba la hija pústulas en el lomo. +++ Nina Simone  Voz de taturana que deja un rastro de fuego por donde pasa. Voz de sosa cáustica royendo la carne hasta excavar un foso. Voz púrpura de las cinco llagas de la pasión. Voz de acero temperado con bourbon. Voz de avatar, del dios Visnú, de San Juan de la Cruz cantando blues. Voz de negra ven...

Arturo Corcuera (1935/2017 )

Juego de espejos (el poeta) Para buscar imágenes me sumerjo en el sueño, para cazar sirenas tiro mi anzuelo al espejo (álbum de familia) ¡Oh, antiguo espejo, adónde habrás guardado la cara del abuelo! (leyenda) Cuentan los viejos que los ríos de antes desembocaban en los espejos (suspenso) ¡Cuántos rostros por la borda, ay, si el espejo se rebalsa y se desborda! (hallazgo) habita un cisne de bruma en el fondo del espejo: ayer le arranqué una pluma (ego) ¿Algún día, espejo, enseñarás mi rostro cuando no era viejo? ("hojas de vida" blogspot)

Antonio Orihuela (1965 )

Extremadura Todos los negocios del mundo se reducen a uno solo, Antonio, robar a los pobres. Por muchos nombres que le pongan, por muy bonito que lo vistan, este es el único negocio que hay en el mundo. Yo pongo la tierra, las semillas, el agua, el trabajo, y los beneficios se los llevan los intermediarios. A mí me están pagando el kilo de tomates a 20 céntimos, pero si tú vas a comprarlos a la tienda te lo cobran a dos euros. ¿Esto como es posible?, pues porque en el mundo hay listos y tontos, y a nosotros nos tocó estar entre los tontos. Los tontos son los que trabajan desde niños, los que tratan de vivir haciendo el menor daño posible, los que cumplen con las leyes, con el fisco; los tontos son los que se resignan, los que se conforman, los que agachan la cabeza, los que no quieren problemas; los tontos son los que mueren por una patria que te compra los tomates a veinte céntimos. Cada cinco minutos nace un tonto. Extremadura es uno de los sitios...

Uriel Martínez (1950 )

La taza La taza donde no posaste tus labios ahí sigue en el alféizar de la noche. En la ventana donde esperó las alas tenues de una boca poco a poco se enfrió. Luego vino la madrugada de abrigos gélidos y discretamente le abrió heridas nuevas. Pasaron nubes, se desvanecieron arco iris, huyeron aves sin plumas pero no llegaste, no viniste, no nada. +++ Oración Buenos días mingitorio de acero inoxidable donde muchos llegan y descargan penas preocupaciones negras puertas al campo. Buenos días muebles albos, exentos de pena cansancio y vida. Oren por mí oscuros manantiales, oren cristal de roca, rueguen por aquellas que de madrugada lloran por el niño perdido en ciegos cauces. [Inéditos]

Margaret Atwood (1939 )

Poema nocturno No hay nada a qué temerle, es sólo el viento cambiando hacia el este, es sólo tu padre el trueno tu madre la lluvia En este país de agua con su luna parduzca húmeda como un hongo, sus tocones ahogados y largas aves que nadan, donde el musgo crece en todos los lados de los árboles y tu sombra no es tu sombra sino tu reflejo, tus verdaderos padres desaparecen cuando las cortinas cubren la puerta. Somos los otros, los de abajo del lago que silentes estamos al pie de tu cama, con nuestras cabezas de oscuridad. Hemos venido a cubrirte con lana roja, con nuestras lágrimas y susurros distantes. Te meces en los brazos de la lluvia la fría arca de tu dormir, mientras nosotros esperamos, tus nocturnos padre y madre con nuestras manos frías y lámparas muertas, sabiendo que solamente somos las oscilantes sombras lanzadas por una vela, en este eco que escucharás veinte años después. ("periódico de poesía", no. cien, trad. daniela birt)

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

Deshacerme Extiendo hacia mi pasado vanos tentáculos de sueño para capturar objetos, papeles que quizás no existen más; sin embargo, como un remordimiento, sé que mis riquezas simbólicas todavía están allá, en aquella casa hoy cerrada, jaula de un loco y de una vieja: mis retratos de entonces, el sellito con mi nombre, y yo, yo por todas partes, en los espejos, sobre las paredes. Vamos, debo ir a desmantelar ese templo de mí mismo, saquear, regalar a los museos mis muebles más insólitos y tirar lo demás, exorcizar ese lugar destinado a mi culto, morir sin dejar huellas vergonzosas u otras, deshacerme de todo, irme así como he venido. ("periódico de poesía", no. cien, trad. jeremías bourbotte)

Claudia Masin (1972 )

La helada Quien fue dañado lleva consigo ese daño, como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar sobre aquel que se acerque demasiado. Somos inocentes ante esto, como es inocente una helada cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío, su necesidad de caer, había esperado -formándose lentamente en el cielo, en el centro de un silencio que no podemos concebir- su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías vivir con semejante peso sin ansiar la descarga, aunque en ese rapto destroces la tierra, las casas, las vidas que se sostienen, apacibles, en el trabajo de mantener el mundo a salvo, durante largas estaciones en las que el tiempo se divide entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse, porque lo que nos damos los unos a los otros, aún el terror o la tristeza, viene del mismo deseo: curar y se...

Adam Zagajewski (1945 )

En defensa del adjetivo A menudo nos repiten que debemos suprimir los adjetivos. Un buen estilo —oímos decir— puede prescindir perfectamente del adjetivo; le basta el arco sólido del sustantivo y la flecha ubicua del verbo. Y, sin embargo, el mundo sin adjetivos es triste como el quirófano en el día de domingo. Una luz azulina se filtra a través de las ventanas frías, zumban en voz baja los mustios tubos fluorescentes.      El sustantivo y el verbo son suficientes para los soldados y los dirigentes de los países totalitarios. Porque el adjetivo es el garante indeleble de la individualidad de los objetos y las personas. He aquí un montón de melones en un tenderete. Para un adversario de los adjetivos la situación no presenta ninguna dificultad. «Los melones están en el tenderete». Y lo cierto es que un melón es amarillento como la tez de Talleyrand mientras discurseaba en el Congreso de Viena, otro es verde, inmaduro y lleno de arrogancia juvenil, y hay uno que tiene ...

Ballerina Vargas Tinajero (1976 )

Reflexión Hay que ser muy cabrona                una indeseable de hecho Para ir llenando de sombras otros ojos Descargando porque sí los palos Sin mirar sobre quién El daño que te hicieron Huyes de la caricia esperando el golpe Desprecias las palabras melosas Porque tarde o temprano Sentirás su filo candente La miel olerá a azufre Como una perra desconfiada Que prefiere morir de hambre A bajar la guardia y aceptar De mano de nadie Más veneno recubierto de huesos Por suerte pequeña Tú no eres así Te dice tu mirada ausente Que ya no te reconoce Desde el otro lado del espejo Contra el que se estampan Una pulga desnortada Y tu malgastado tiempo ("revista el humo")

Leonardo Sanhueza (1974 )

1984 Como todos los niños me enfermé del pulmón pero esta vez me late que perdí el camino y ahora voy por un campo de girasoles del que no veo el comienzo ni el final. A mi hijo quizá le gustaría estar aquí, En este lugar que sólo él sabría imaginar, cuando corren las sombras de la nubes y queda su nieve negra entre los dedos. Desde aquí escucho su voz por las noches pero él todavía no escucha la mía. Lo escucho crecer, saltar, detenerse. Escucho sus puños azules, sus pasos inseguros sobre la escarcha de los senderos. Pero él no escucha nada de mí y eso es lo que me dice por las noches con su oscura voz de acero y hueso. ("pájaros lanzallamas")

Uriel Martínez (1950 )

Dolientes Cómo acaricia su rostro el paciente de artritis en el espejo, en el silencio de la noche, en noche cerrada; Cómo recorre un cuerpo duplicado en la luna aquel doliente de Parkinson sin hacer añicos al otro; Cómo bajo la cauda del agua se enjabona el cuerpo aquel infectado de soledad, de fiebre, de desamor; Cómo viaja en el tren de la alegría ese que va bajo el sol, la lluvia, el frío hablando solo; Cómo adivinar intenciones del suicida que cada mañana renuncia a puertas, a su hambre; a su cuerpo, a sus propios virus. [Inédito]

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Bisontes Antaño los bisontes manchaban la llanura de un claro y suave marrón. Sus pezuñas hollaban sin miedo esta hierba. Era su casa. Su vasto dominio que nadie se atrevía a profanar. Los veranos migraban hacia el norte donde el sol se apaga. Los inviernos hacia el sur donde languidecen las estrellas. Camino a Montana he visto bisontes. Lejanos y míticos bisontes aguardando una estampida, un estrépito de pájaros, un canto de guerra. Si hubo algún Dios en estas tierras debió tener cara de bisonte. ("pájaros lanzallamas")

Vladimir Holan (1905/1980 )

Cuando llueve en domingo y tú estás solo Cuando llueve en domingo y tú estás solo, completamente solo, abierto a todo, pero no llega ni el ladrón y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo; cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado y no comprendes cómo vivir sin cuerpo y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo; cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú, !no esperes ni hablar contigo mismo! Entonces el ángel es el único que sabe lo que hay encima de él, entonces el diablo es el único que sabe lo que hay debajo de él. El libro sostenido, el poema al caer... ("revista el humo" s/c al traductor)

Josep M. Rodríguez (1976 )

Ramas A contraluz, tu pulmón al desnudo. Y en su interior (aunque no puedas verlas) ramas como de almendro o de avellano y una especie de florecillas blancas brotando en sus extremos: Una radiografía. La dejas otra vez sobre la mesa que aún conserva intacta su memoria de ramas, tronco y árbol (la memoria no muere, se transforma). Ramas en tus pulmones y en la mesa y en el papel de un libro. Todo es parte de todo, un mismo árbol. *** Primera visita al zoológico Tenía doce años y mi madre me regalaba un mundo para mí: ‒¿Si la tristeza fuese un animal? ‒Si la tristeza fuese un animal... pues un escarabajo. Y entonces le contaba que había días en que ese escarabajo fabricaba una bola muy grande en mi garganta. Los ojos de mi madre eran de búho. Parecía entenderme sin hablar. ‒¿Y cómo te imaginas ser mayor? No sé qué respondí, tenía doce años: aún no comprendía que crecer es ir al zoo y sólo ver barrotes. (...

Cristian Aliaga (1962 )

Arte poética Un poeta –un lobo sin cartel– no muestra sus cartas, no baraja de nuevo, no escancia vinos que no es capaz de beber. Es un animal procaz que no ve detrás de las ventanas sino más allá de las rejas, un espectro sordo que no domina su carga y se entrega a ella. Un poeta –un punto azul sobre la mesa– no mira para ver sino para abrir los ojos. ("rua das pretas")

Mario Trejo (1926/2912 )

Ultimátum a un joven poeta Que el pan sea pan y mar el mar Basta de conjeturas Murciélagos lunares o roedores de orquídeas Toda palabra tiene precio Las palabras que atacan como rayos o víboras Y también madre Amigo Y alcohol y cama y mesa Y el hijo concebido a dulces empujones Y los hongos que provocan destellos de amor O resplandores de muerte Y el poeta que cae bajo las balas Como un sol que la noche acribilla Que el pan sea pan y mar el mar el agua eterna Pero la sed eterna Para poder decir al fin: He hallado un pan junto al mar Los buitres sobrevolaban mi amor He mordido una orquídea Los buitres disputaban un cuerpo querido He guiado camiones y dormido en aserraderos Los buitres devoraban a mi amada Viajé de noche sobre la arena caliente Invoqué los nombres secretos Conjuré un maleficio Contuve una catástrofe Conduje un águila a su nido He muerto con mis muertos y estoy vivo Cuando llegué a la ciudad Un loco vagaba por las calles En su mirada h...

Ángela Figuera Aymerich (1902/1984 )

La otra orilla A la orilla del río, en una orilla, miro la otra: juncos, hierva suave, troncos erguidos, ramas en el viento, cielo profundo, vuelos desiguales... ¿Y esta orilla?... Mirarla, verla, verme, estando aquí y allí; completa, ubicua... Cuando te miro, amado -amor en medio- también quisiera estar en la otra orilla. ("a media voz")

Jorge Teillier (1935/1996 )

Blue Veré nuevos rostros Veré nuevos días Seré olvidado Tendré recuerdos Veré salir el sol cuando sale el sol Veré caer la lluvia cuando llueve Me pasearé sin asunto De un lado a otro Aburriré a medio mundo Contando la misma historia Me sentaré a escribir una carta Que no me interesa enviar O a mirar los niños En los parques de juego. Siempre llegaré al mismo puente A mirar el mismo río Iré a ver películas tontas Abriré los brazos para abrazar el vacío Tomaré vino si me ofrecen vino Tomaré agua si me ofrecen agua Y me engañaré diciendo: “vendrán nuevos rostros vendrán nuevos días”. ("life vest under your seat")

Sam Shepard (1942/2017 )

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Un relato En este pueblo hay personas que tratan de desviar su propia muerte hacia otros. Dos mujeres con bata de enfermera. Un hombre con smoking azul. Sé quienes son aunque sólo los he visto de lejos. Siempre por la noche. Siempre amontonados, formando un grupo frenético en las esquinas, empujando uno hacia el otro una vieja silla de mimbre. Discutiendo en susurros. Tratando de esconder sus caras. Caminando furtivamente por el barrio con zapatillas deportivas. Sé quienes son, pero jamás revelaré sus delitos.     El centro de su discusión es la silla de mimbre. Todo su terror emana de esta silla de mimbre. Una mañana, de repente apareció en la fachada de la casa de uno de ellos. Todos estuvieron de acuerdo en que era una señal de mal augurio. Señal inequívoca de su muerte inminente. Ahora creen que si dejan la silla delante de la casa de otro evitarán su propia muerte. Pero cada mañana la silla aparece delante de su casa.     Esta noche la dejan delante de ...

Luz Machado (1916/1999 )

La casa por dentro La casa necesita mis dos manos. Yo debo sostener su cal como mis huesos, su sal como mis gozos, su fábula en la noche y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo. Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas muertas en el vuelo. Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado, el ladrillo inocente acusado de no haber alcanzado los espejos, y las puertas abiertas para las recién casadas con su rumor de arroz creciendo bajo el velo. Debo atender su réplica del universo, la memoria del campo en los floreros, la unánime vigilia de la mesa, la almohada y su igualdad de pájaros dispersos, la leche con el rostro del amanecer bajo la frente con esa yerta soledad de una azucena simplemente naciendo. Debo quererla entera, salida de mis manos con la gracia que vive de mi gracia muriendo. Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol con el mar a la puerta y sin nombres ni lámparas. +++++ En mi habitación Aquí están mis zapatos, co...

José Agustín Solórzano (1987 )

Adentro: (fragmento) la sangre hierve al tiempo que el agua de la cafetera             el reloj digital del microondas responde a mi resaca:             son las 00:00              parpadea: tiene sueño todavía             nadie quiere morirse                                          un domingo             nadie tiene ganas de vivir             la libertad me da comezón en la espalda y enlosdeabajo             mosquea la casa                          abre grietas en el techo             la libertad podría ser esa gotera que me recuerda a tus ojos     ...

Laura García del Castaño (1979 )

Nadie te conoce no saben cómo dispones la risa, moderas el hambre, controlas el celo, la voracidad de la carne desconocen cuándo clavarías la lanza, si serías quien da o quien bebe del veneno lo inesperado es un mundo de ciegos mirando el mar esta habitación, la ropa sucia, tu dolor de espalda que rujas como un niño maldito no sugieren nada sobre el corazón más tierno sobre el bonsái más soleado se esparce el musgo florece la catástrofe. llueve el agua sube airosa con la ingenuidad de un niño que desconoce su fortaleza busca a su ahogado Un colectivo de la virgen de Lourdes está cruzado como una ballena que corta el mar frascos con flores aguardan bajo un puente marchito tres hombres lloran contra el capot de un auto a su hermana muerta por propia voluntad La nicotina en un puño la insolente excusa del que llama Un flaco se arremanga Una anciana revuelve su cartera en busca de consuelo Peregrinan detrás del féretro dejando un espacio como si fue...

Ballerina Vargas Tinajero (1976 )

Reflexión Hay que ser muy cabrona                una indeseable de hecho Para ir llenando de sombras otros ojos Descargando porque sí los palos Sin mirar sobre quién El daño que te hicieron Huyes de la caricia esperando el golpe Desprecias las palabras melosas Porque tarde o temprano Sentirás su filo candente La miel olerá a azufre Como una perra desconfiada Que prefiere morir de hambre A bajar la guardia y aceptar De mano de nadie Más veneno recubierto de huesos Por suerte pequeña Tú no eres así Te dice tu mirada ausente Que ya no te reconoce Desde el otro lado del espejo Contra el que se estampan Una pulga desnortada Y tu malgastado tiempo ("revista el humo")

Max Rojas (1940/2015 )

Búsqueda de un cuerpo Esta búsqueda atroz, que ya termine; este mordisco, no, que me desgarra. Ven. Mi sombra no te hará nunca más daño. Se ha ido ya, sobre cristales rotos; se ha ido ya, pero ha dejado las guitarras. Vuelve. Es un clamor. Regresa. Un huraño sonido nos espera, un territorio de aves o de espinas nos acoge. Es un clamor: regresa. Idos, mis cirios, campanas tañen tenuemente su clamido: vuelve. Ya. Esta búsqueda atroz, que ya termine, que ya cese este constante deshacerse. Estoy al borde. Vuelve. Pájaros: decídmele que vuelva, que ahora mis manos son helecho y no, nunca jamás le harán más daño. Campanas: tenues tañed clamando su regreso. Pero ya: que esto termine; este irse apenumbrando entre el olvido, este yacer entre herrumbrados fierros, esta batalla atroz por hallarme en tu cuerpo, que terminen. —¡Adiós! ("revista el humo")

Uriel Martínez (1950 )

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Villa Olvido 1 A principios de año descubrí una bodega de libros usados en Villa Olvido, distante de mi pueblo unas cuantas horas. Ahí, en un rincón, me esperaban dos libros que llegaban a mis manos sin buscarlos: una edición sureña de Villaurrutia y otra de Montejo. Ambos ya fallecidos. No quise demorarme en otra búsqueda al azar. Pagué y salí casi de prisa. En la primera esquina me detuve a revisarlos. "Nostalgia de la muerte" se había impreso cuando yo era niño; "Alfabeto del mundo" mientras cursaba la Universidad. Xavier Villaurrutia había estampado su firma de puño y letra a la mecenas Antonieta Rivas Mercado y Eugenio Montejo, el segundo poeta, a Octavio  Paz. Los cuatro ya muertos. 2 Regresé al mes a la misma Villa. El dependiente me había dicho en la primera ocasión, mientras hacía la nota de venta, que justo en un mes, recibirían otra remesa de libros de la capital, que el negocio se especializaba en libros rubricados por sus autores a otros auto...

Miguel Ángel Ortiz (1984 )

Hotel con piscina (fragmento) He ahí el mundo: la piscina de un hotel. Me sumerjo en el agua, me sumerjo. Ellos fuman, toman su cerveza, hablan de los campos. Me sumerjo en el agua, me sumerjo a volar. * ¿Era Tijuana? No, no era Tijuana ¿Era el D.F.? No, no era el D.F. ¿Era Durango? No, no era Durango Era un sueño pero no era un sueño. Los cisnes de    ¿Yeats?       ¿Rilke? Recuerdo los cisnes,       el agua en tus ojos, tus ojos en el agua. Nombro a los cisnes, quiero recordar la poesía, pero no puedo decir la poesía que recuerdo. ("revista el humo)

Valeria Pariso (1970 )

Mientras desayuno Mientras desayuno una libélula se pierde y entra en la habitación. La miro: está sobre la lámpara que permanece apagada desde anoche. ¿Qué destino insiste en los cuerpos que alguna vez tuvieron luz? ("marcelo leites")

Karmelo C. Iribarren (1959 )

En el último bar Y qué pasó entonces. Pasó una mujer. Pero qué pasó. Que era de las que nunca terminan de pasar. ("apología de la luz")

Ana María Moix (1947/2014 )

Aquel hombre de ojos rojos Aquel hombre de ojos rojos y chaqueta azul venía de muy lejos. Balbuceaba canciones por los parques y solía relatar historias aparentemente sin sentido. Sin embargo, parecía poseer un extraño entendimiento y saber por qué algunos adolescentes lloran al despertar, herido el pecho por el resplandor de la mañana. ("no me quites paz")

Juan José Saer (1937/2005 )

El balcón Llegó un punto en el cual estaba ciego y enloquecido en un camino vacío, bajo un cielo amarillo, contra un árbol seco. Creí que iba a morir. En plena madrugada, me eché a llorar, odié mi vida, encendí la luz. Y con una camisa blanca, los pies desnudos, caminé hasta el balcón y contemplé la ciudad diminuta desde el décimo piso. Después volví a mi cama y el sol me despertó. Porque la altura, pasado el trepidante vértigo, da -si uno no es demasiado orgulloso- serenidad. ("la ficción del olvido")