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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Anne Sexton (1928/1974 )

La muñeca Dy-Dee Mi muñeca Dy-dee murió dos veces. Una vez cuando arranqué su cabeza y la dejé flotar en el excusado y otra vez bajo la luz de la lámpara cuando se derritió tratando de calentarse. Era una miseria con su carita abrazando sus pequeños brazos torcidos. Murió en plena sabiduría de goma. ("otra iglesia es imposible", versión verónica zondek)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Pavana para una dama egipcia Yo sé que un día aquí sobre la tierra no estaré nunca más. Habré partido como los viejos árboles del bosque cuando los llama el viento. Y esto que escribo no me lo dicta apenas una idea pues ya se ha hecho sangre entre mis venas. También sin meditar suelen los árboles tener claro su fin. Como toda materia guarda memoria de su nada póstuma. No es preciso pensar para decirse -cada cual a sí mismo- adiós por dentro. Con ver las hojas en otoño basta; con ver la tierra allá a lo lejos, roja, flotando en el abismo, sin nosotros, se aprende casi todo... Yo sé que un día con tus egipcios ojos me buscarás sin verme aquí en la tierra, y no estaré ya más. Y no es la mente quien me lo dice ahora, sino en tu cuerpo donde puedo leerlo; aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume, porque lo eterno vive de lo efímero como en nosotros el dios que nos custodia con tanto enigma en su perfil de pájaro y su vuelo que siempre está a la puerta. (...

Mary Jo Bang (1946 )

Y como en Alicia Ella dice que Alicia no puede estar en el poema porque es solamente una metáfora de la niñez y un poema ya es una metáfora así que tendríamos una metáfora dentro de otra metáfora. ¿Ven? Asienten todos. Ven. Menos la chica con la cabeza en la madriguera. Desde esta perspectiva, su culito parece un panda blanco y negro visto de atrás. Y de hecho tiene uno en la parte interna del brazo. Claro que tieso y sin vida. ¿Quién iba a atreverse a tener un oso de verdad tan cerca de la oreja? Se pregunta por los posibles daños que podría sufrir si cayera hasta el fondo de la oscuridad a través de la que mira. Criaturas extrañas cantarían canciones en las que sílabas curiosas le pondrían al final un sibilante punto final. Tal vez los sonidos serían una forma de la luz que sisea. Como cuando una morsa sopla entre dos incisivos fracturados. Tal vez tomarían la forma de una serpiente. Pero, de haber serpiente, haría falta un árbol. ¿Podría hacer crecer uno ...

Uriel Martínez (1950 )

La anestesia antes de que sea demasiado tarde anoto en la agenda del jueves: una mascarilla de pepino, una película de crema como ese par de medias de seda, una cutícula de luna en cada dedo, un barniz en labios y un enjuague bucal para olvidarte. pero si esto no basta entonces cogeré tizones para la imagen de Narciso en el estanque, en el oído que escuchó tu nombre y lo repitió ad nauseam, en el dolor de los primeros días que pasé anestesiado, en el despertar cada vez con el sexo en llamas. [Inédito]

Eunice Odio (1922/1974 )

 Ion ¡Cuánto hacía que mi amor no la encontraba! ¡Ah, ciudad, mi ciudad! Los muros que te pulsan, tu atareado rumor, cuántas veces me rozaron el sueño. ¿Será verdad que hoy te regocijas porque vuelve quien nunca estuvo ausente? ¿Crees, en verdad, que pudo irse, íntegro, de ti, lo que era tuyo? Yo te traía desde lo más lejano y estabas ahí mismo, en mi garganta, con tus torres, tu piel y tu caballo; aquel caballo con la testa diurna y el corazón al viento que inauguramos juntos en el alba; aquella piel, tu piel, primera descendiente de la nube, continuación clarísima del árbol. (en muro fb hernán vargascarreño)

Doris Lessing (1919/2013 )

Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón, y todo el suelo blanquean con su muerte, y todas sus ramas van a sumergirse al río, y cada gota cae de mi corazón. Si hay justicia en el ángel de los ojos que brillan, va a decir “¡Espera!” y me va a alcanzar una rama de cerezo. El ángel barbudo, justo y firme como una cabra levanta una cabeza rumiante y mastica en la nieve con lentitud. ¿Hace falta, cabra, que te quedes acá? ¿hace falta que te quedes acá, quieta? ¿siempre vas a estar parada acá, a prueba de fe, a prueba de inocencia? ("el placard", versión sandra toro)

Alda Merini (1931/2009 )

Niño Niño, si encuentras el barrilete de tu fantasía, átalo con la inteligencia del corazón. Verás aparecer jardines encantados y tu madre se volverá una planta que te cubrirá con sus hojas, Haz de tus manos dos blancas palomas que lleven la paz a todas partes y el orden de las cosas. Pero antes de aprender a escribir, mírate en el agua del sentimiento. ("otra iglesia es imposible", versión j. aulicino) A través de los árboles Vos no lo sabés: hay abedules que de noche levantan sus raíces, y no creerías nunca que de noche los árboles caminan o se convierten en sueños. Pensá que en un árbol hay un violín de amor. Pensá que un árbol canta y ríe. Pensá que un árbol está en un barranco y luego se convierte en vida. Ya te lo dije: los poetas no se redimen, se los debe dejar volar entre árboles como ruiseñores listos para la muerte. (ídem, versión m. leites)

Mario Ortiz (1965 )

Virginia La ciudad del verano se vacía en invierno. Si tuviera que pensarla en una imagen diría que es un viejo que se ha encogido de reuma o una niña jugando con la ropa gigante de su madre y monta un teatrino en el momento ufano de la escena mayor niña primma-donna de la ópera imaginaria lady Macbeth con capelina como sombrero de mariachi Vine a dar clase de Lengua y Literatura en la Escuela Media porque no conseguían profesor. Me dieron un departamento en un edificio completamente vacío, el ascensor funcionaría solamente para mí si no fuese porque prefiero la escalera para subir al 5° piso Durante el invierno no importa verdaderamente que el sol salga y se ponga en el mar como dice la propaganda pero hoy levanto la vista de unos ejercicios de concordancia hacia la ventana que quedó abierta y veo a Lucianita con su abuelo sentados en la rambla envueltos en una frazada violeta mirando el atardecer dos líneas rojas: el verbo señala a un sujeto explícito el mar...

Alberto Blanco (1951 )

Primer poema del desierto Vuelan tan rápido las montañas y el colibrí que no se mueven ("portal de poesía")

Ramón Cote (1963 )

Cerezas & granizo Todo sucedió en la primera semana de marzo cuando por fin cayeron las cerezas. Y no cayeron por maduras, por redondas, por rotundas, cayeron por culpa del granizo y su inexplicable cólera. Después de la tormenta, sobre la compacta blancura del parque empezaron a brotar, aquí y allá, mínimas manchas de color púrpura, como si fuera el vestido nupcial de una novia apuñalada. Fue tanta la prohibición de febrero y la excesiva codicia entre las altas ramas las que provocaron esa avalancha de niños a quienes no les importó cortarse los labios con esa nieve de vidrio con tal de poder reventar su piel entre los dientes. Cuando pasados los años alguien les pregunte por el definitivo sabor que los devuelve a la infancia, no dudarán en decir el sabor de las cerezas, el sabor a venganza que tenían esas cerezas heladas, y enseguida añadirán que todo sucedió un lejano marzo, en su primera semana, después de una tormenta, cuando el granizo del parqu...

Eduardo Bechara (1972 )

La enfermera Lo único bueno que tiene este cuarto de hospital es Martica. Entra con su uniforme ceñido al cuerpo… Sus ojos negros entienden mi dolor… Acomoda la cánula en tus fosas nasales. Detallo su piel oliva, su cintura delgada, la curvatura de sus nalgas… ("marcelo leites")

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Washington McNeely Rico, honrado por mis conciudadanos, padre de muchos hijos nacidos de noble madre, todos criados ahí, en la gran mansión de las afueras del pueblo. ¡Fijaos en el cedro que hay en el césped! Mandé a todos los chicos a Ann Arbor y a todas las chicas a Rockford, mientras seguía mi vida ganando más riquezas y honores, descansado bajo mi cedro al atardecer. Pasaron los años. Mandé a las chicas a Europa; les di dotes cuando se casaron. A los chicos les di dinero para empezar sus negocios. Eran hijos fuertes, prometedores como manzanas antes de que aparezcan las partes picadas. Pero John escapó del país en desgracia. Jenny murió de parto... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Harry se quitó la vida después de una juerga. Susan se divorció... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Paul quedó inválido de tanto estudiar, Mary se recluyó en la casa por el amor de un hombre... Yo seguía sentándome debajo de mi cedro. Todos estaban muertos o con ...

Luna Miguel (1990 )

Azor común Ted Hughes escribió, a propósito de un azor, “yo mato donde quiero porque todo me pertenece”, sin embargo intuyo que el poeta no se refería exactamente a aquel rapaz, pues lo que mata cuando gusta, lo que destruye cuando se le antoja, lo que destroza cada cuerpo no es una simple ave antigua, sino el cáncer común. Lo sé: la enfermedad anida en nuestros espejos. Lo entiendo: y lavaré mi sexo con lejía. Frotaré mi sexo con lejía para que mis hijos nazcan sanos. Accipiter gentilis… los ratones tiemblan bajo el rastro de tu vuelo, los insectos tiemblan bajo el rastro de tu vuelo, los dolientes tiemblan, pero ella sonríe, ¿has visto cómo sonríe? Ahora aléjate. ("escrituras.indie")

Giovanna Pallarolo (1952 )

Después de los 30 Dicen que después de los treinta las mujeres envejecen pronto malhumoradas sufren de males jamás pensados no se resignan y sufren comparándose con la rosa marchita pétalos caídos belleza acabándose o se resignan y voltean los espejos prefieren las veladas a media luz huyen de las vidrieras hasta de los charcos de agua cuando hay luna llena. Dicen que después de los treinta las mujeres aprenden a hacer el amor y su ansiedad espanta ávida de órganos ninfómanas son suplentes en camas ajenas mujeres fáciles o se empiezan a secar asqueadas y temerosas de sus deseos (ávidas, urgentes) les falta hombre comentan putas reprimidas es a la larga lo mismo. Así dicen. (en muro fb daniel montoly)

Jean Turpy (1957 )

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Santos Cristo que moriste en la cruz a los treinta y tres años                                                                                                   sin haber fornicado ¡cuídalo! Santa Teresa de Jesús que morías porque no morías ¡ampáralo! San Arthur Rimbaud que fuiste poeta desde los siete años                                                                                                 o antes ¡protégelo! Santa Perestroica de la Glassnot concebida por obra y gracia ...

Lauren Camp (1967 )

Para el padre de las cinco niñas asesinadas en la cama ¿Qué edad tenían, tus niñas? Cada una en su mundo, creciendo en sus propios campos y océanos, el zigzag de sus cabellos castaños sobre la almohada, sus dedos entrelazados mientras dormían juntas, en la misma cama, llevando sueños hacia la oscuridad, esos serenos capullos blancos que atesoraban. Oh, tus ojos heridos, tu alarido; vivirás en el hueco de aquella habitación con el pelaje de sus fotos, tu corazón en vuelo, desde ya luchando contra la forma líquida de la codicia, una chispa de locura, nudo apretado a tu futuro. Desprendimiento de la memoria y la razón. Es obvio que no volverás a cantar pero no emerjas de ese objeto del dolor insultando y rechazando, por encima del gueto, a las familias que te marcaron. Otros pueden leer tu atrancado rostro en esos días pesados, en cada sol reluciente, en cada silencio. Las hojas se aferran a los árboles en primavera. Aq...

Sharon Olds (1942 )

El gazal del moretón Ahora en mi cadera un óvalo negro-y-azul se ha vuelto azulvioleta como tinta en la cáscara de un gran corte, doloroso como mordida de amor, demasiado grande como para venir de una boca humana. Me gusta, mi adorno en la piel – marco de oro, color de la envidia adentro un camafeo, con tintes violeta sobre él, el picaporte que mordió deja un púrpura oscuro con movimientos como las temerosas patas de un ciempiés. Cuento los días que pasaron, y los que faltan para que se vayan los colores podridos y después de a poco desaparezcan. Algunas personas piensan que ya debiera haber superado a mi ex – quizá incluso yo misma pensé que lo superaría un poco más para estos días. Quizá superé a medias a quien él era, pero no a quien yo pensaba que era, y no superé la herida, repentino golpe mortal que parece venir de ningún sitio, pero que vino del núcleo de nuestra vida compartida. Dormí ahora, Sharon, dormí. Incluso mientras hablamos, el trabajo se está hac...

Josefa Parra (1965 )

Más razones para la escritura Que inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado, qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas señalando inequívoco las ausencias futuras: la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo. Perfecto en su belleza de un instante. Inasible. No hay modo de retenerlo así. Ni las palabras podrían suspender esa condena de la fugacidad: escribe y calla. Que un verso lo sostenga en el vacío, que milagrosamente se eternice cuanto vas a perder. No es suficiente que hayas amado mucho y hasta el fondo. Antes de que la luz se apague, escribe. Escribe, escribe, simplemente escribe. ("rua das pretas")

Uriel Martínez (1950 )

La enmascarada Me dijeron permanece en casa y no te muevas antes de que llegue por ti Calixto el mancebo. Si te gana el sueño duerme, apaga el móvil nosotros te avisamos pronto. No asomes al balcón no abras la puerta vienen los predicadores a calentarte. Abre un libro, toca con yemas ardientes el piano, las cuerdas de guitarras. No mires a nadie a los labios a los ojos no prestes oídos no regales anillos un día vendrá enmascarada. [Inédito]

Moya Cannon (1956 )

Olvidar los tulipanes Hoy, en la terraza, señala con su bastón y pregunta: «¿Cómo llamas a esas flores?». De vacaciones, en Dublín, en los años sesenta compró los cinco bulbos originales por una libra. Los plantó y los fertilizó durante treinta y cinco años. Los hizo crecer, los dividió, los almacenó en el galpón sobre alambres tejidos listos para plantar en hilera, corolas rojo y amarillo intenso: tesoro transportado en galeones desde Turquía a Amsterdam, tres siglos antes. Ahora en abril se balancean con un viento de Donegal, encima de las delgadas hojas de los adormecidos crisantemos. Un hombre que cavó surcos derechos y que recogió negras plantas [de grosellas, que enseñó a hileras de niños las partes de la oración, tiempos y declinaciones debajo de un mapamundi de tela cuarteada; al que le encantaba enseñar la historia de Marco Polo y de sus tíos que, desalineados, volvían a casa al cabo de diez años de viaje, tajeando entonces el forro de sus abrigos pa...

Santiago Espinosa (1985 )

Soliloquio de un raspachín Con estas manos planto semillas de viento. Espero su floración de limbos pardos antiguos como el suelo. Las hojas son los rostros de los niños sin descanso creciendo en la selva, estrellas o corales olvidados que silban entre los árboles. Desayuno. Pienso en el padre de los lunes frente a un pocillo roto, repaso cicatrices. Limpio las hojas secas sobre una tablilla, en calma, como el que lava un aluvión de oro en lo profundo de su casa. En la semilla está el sol negro de los puertos, respirando a la distancia. El viento llega a los bolsillos de la noche. Recorre plazas que no conozco, avenidas desiertas. Tiendas donde se paga una promesa en la oficina de recaudos. Descansa en la furia de las llaves, traza dos líneas de fuego en la repisa del bar. Construye palacios y destierra casas viejas, casas de rejas blancas junto al espejo del lago. Mi oficio es el oficio de mi padre. Cuido la sal,...

Graciela Perosio (1950 )

a las 15,30 de un domingo en la esquina de Gurruchaga y Honduras un muchacho toca la flauta traversa suavísima música se abre paso entre paseantes y turistas tras la cabeza del ejecutante, el cielo azul venimos de comer en el restaurante de los sufíes El Señor bendiga a los verdaderos amantes rúcula con nueces, jenjibre y menta panes morenos con pasas arroz verde con brotes de arveja queso de cabra y castañas café con chocolate y canela El pan sobre la mesa no vive pero dentro del cuerpo se vuelve espíritu de la alegría Su trasmutación tiene lugar dentro de un alma nacida en el paraíso el sonido de la flauta se desliza por mis brazos, asciende la brisa se engolfa en los paraísos floridos y desde su espuma grisácea nos alcanzan oleadas de perfume la vida, a veces, ofrece instantes perfectos para que nos inunde   la añoranza ("marcelo leites")

Theodore Roethke (1908/1963 )

El vals de mi papá El olor a whiskey en tu aliento podía marear hasta a un niño; pero yo estaba aferrado a ti como la muerte: porque bailar ese vals no era fácil. Nos movíamos hasta que las sartenes cayeron desde el estante de la cocina; mientras el rostro de mi madre no podía dejar de fruncir el ceño. La mano que tomaba mi muñeca tenía los nudillos magullados; y a cada paso del baile que perdías mi oído derecho arañaba la hebilla de tu cinturón. Marcabas el compás sobre mi cabeza con la palma de la mano endurecida por la suciedad, entonces me llevaste a la cama bailando vals mientras yo aún colgaba de tu camisa. ("otra iglesia es imposible", trad. diana dunkelberger y marcelo rioseco)

Charles Simic (1938 )

Una silla Que no puede evitar crujir de noche como si una araña descendiera por un hilo para colgar sobre ella haciendo que la silla se estremezca asustada ("si le ha fallado la suerte", ed. cal y arena, méxico, 2015, trad. rafael vargas)

Tulia Guisado (1979 )

Infierno Los hombres buenos dilucidan, elucubran, toman decisiones. Me abren las vías en la muñeca, en la yugular, las arterias, la boca, la vagina, la nariz, la uretra. Me abren las piernas, me abren los brazos, me abren el pecho, me abren los ojos, el cuello, la tráquea, los pulmones, la piel. Y no me matan. ("emma gunst")

Uriel Martínez (1950 )

Las huellas en tu maleta cabe el mapa del pueblo que abandonaste días antes; lo que ya no cabe es la ciudad olvidada a donde llegas, los parques habitados, los muertos que los recorrieron, reconocieron e identificaron. en la valija que arrastras llevas anotado el croquis de tu casa, el cesto de ropa sucia, la balsa en que duermes, el retrete donde te abstraes del mundo; pero aquellos que te desvelaron ya no vienen, ni van, ni regresan; simplemente se eclipsaron. si extraviaras la maleta, la valija, el mapa, el carnet de identidad, las huellas dactilares de zapatos, calcetines, ropa de algodón, la frecuencia cardiaca, tus proyectos, la luz que reposa al fondo de ti, los pasos por andar; no sé, no sé, no sé. [Inédito]

Sharon Olds (1942 )

A último momento De repente, a último momento antes de que me llevara al aeropuerto, se levantó, tropezando con la mesa, y dio un paso hacia mí, y como un personaje de una de las primeras películas de ciencia cción se inclinó hacia adelante y hacia abajo, y desplegó un brazo, golpeándome el pecho, y trató de abrazarme de alguna forma, yo me levanté y nos tropezamos, y después nos quedamos parados, alrededor de nuestro núcleo, su áspero llanto de temor, en el centro, en el nal, de nuestra vida. Rápidamente, después, lo peor había pasado, pude consolarlo, sosteniendo su corazón en su sitio, desde atrás, y acariciándolo por delante, su propia vida continuaba, y lo que lo había unido, alrededor del corazón – unido a él conmigo– ahora descansaba en nosotros, a nuestro alrededor, agua de mar, óxido, luz, fragmentos, los pequeños espirales eternos de eros aplanados a la fuerza. ("salto del ciervo", pdf, trad. patricio foglia y natalia leiderman)

César Cañedo (1988 )

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Rostro cuir Hay pájaros que nacen con el pico en la cola, con el nido en los huevos, con el vuelo en reversa. Yo nací, además, con el rostro torcido y la cicatriz abierta. Éste es mi cuerpo que será derramado por vosotros. En pedacitos Chuequito Jotito con retazos de burlas de despedidas de fracasos. Pegándome versos donde me falta pelo, mordiéndome el rabo donde me falta escroto, pelándome el chile donde me sobra rabia. La misericordia me llegó del culo y me encendió las noches en que mi cuerpo incompleto mi legado incompleto mi rostro incompleto mi amor incompleto mi nombre incompleto se encarnaban de la diferencia. Las miradas repulsivas los silencios de familia la penitencia, acaso por no nacer como debía nacer, lo llevo a cuestas, a cogidas, a carcajadas incrustadas en la espalda. Pesan lo que han pesado las íntimas sagradas perversiones que vomitan familia y no se borran. Rechazado antes de cualquier réplica exiliado de la si...

Adélia Prado (1935 )

Pistas No puede ser una ilusión fantástica lo que nos hace domingo tras domingo visitar a los parientes, insistir que así es mejor, que un buen empleo es medio camino andado. No puede ser verdad que tanto afán excave en la insolvencia. Hay vuelos maravillosos de ave, aviones tan bellos reposando en los campos y lo que es piadoso en el muerto: no su sexo marchito, sino sus manos empeñadas sobre el pecho. ("huellas en la ciénaga", versión josé francisco navarro)

Rodolfo Hinostroza (1945/2016 )

Con una camioneta llena de chicos soñolientos... Con una camioneta llena de chicos soñolientos Regresamos a Lima la tarde del Domingo Cuando la luz declina y en retrovisor Se desdibujan pueblos polvorientos Encallados como paquebotes en el desierto humeante Y de pronto avistamos el mar enrojecido Mis hijos se despiertan balbucientes, nos tocan sus manitas temblorosas Y la felicidad, salvajemente, nos roza con sus alas Dó están ahora, amigo mío, Los crepúsculos metafísicamente atormentados de París Dó mi psicoanalista Que hurgaba con un palito mis llagas purulentas Hasta hacerlas sangrar rojos fantasmas Dó las mujeres espléndidas y locas Que apasionadamente disputaban Mis despojos de poeta perdido entre dos siglos Desamparado y cínico Se han hundido en la bruma de los días Las ocasiones desaprovechadas Los viajes minuciosamente desolados Los poemas que no fueron escritos Las reconciliaciones perdidas para siempre Las ambiciones que no fueron colmadas Los hij...

Giorgio Bassani (1916/2000)

Llego mi madre no está bien... Llego mi madre no está bien telefoneo al primo médico rápido presto a declararse en pijama agarro el auto voy y helo allá debajo justo que llego ya me espera en corbata delante del umbral de su rosada rozagante vetusta casa de campo ¿Qué diablos decirse después de casi treinta años en los que no nos hemos visto? Nada comprometido ni demasiado íntimo naturalmente y así durante el breve tránsito de casa a casa no nos decimos casi nada. Me percato sin embargo mirándolo de reojo cómo en un cuarto de siglo se las ha ingeniado increíblemente para parecerse a mi padre médico también -pero a ratos perdidos- de cabecera Tiene los mismos -me digo- frágiles pómulos los mismos finos cansados un poco violáceos labios neuróticos los mismos cartílagos amarillentos emplea la misma idéntica paciente sumisa ironía hebrea. Insiste entretanto en guiarme de callejuela en callejuela en la sombra con la dulzura un poquito burlona del citadino que...