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Mostrando entradas de febrero, 2018

A. E. Quintero (1969 )

La palabra joto La palabra joto siempre logra que un niño se esconda y salga de sus ojos disfrazado. Y salga menos joto. Cuidando los ojos y lo que miran los ojos. Imitando, aprendiendo, militarizando el vuelo de las manos: su certeza de pájaros navieros sobre el mundo que queda, que se hace olas. El golpe en la nuca que papá asentaba para evitar mis pies sobre las aguas, para hacerme rudo, para que la vergüenza fuera una enorme palabra sin romperse. Y sin romperlo. El miedo no es una escena única, un vocablo aislado, una sola cosa. O una sombra que pasa. El miedo es una escuela con muchos niños. Un patio de recreo. Una persona que no quiere ser persona y se queda en el salón de clase escondiendo un ratón blanco en el bolsillo del suéter, o en las mangas                                                           ...

William Butler Yeats (1865/1939 )

Versos escritos en el abatimiento ¿Cuándo vi por última vez los redondos ojos verdes y los cuerpos ondulantes de los obscuros leopardos de la luna? Todas las salvajes hechiceras, nobelísimas damas pese a sus palos de escoba y a sus rabiosas lágrimas, han desaparecido. Los sagrados centauros de los montes se han desvanecido, nada tengo ya sino el amargo sol; Heroica madre luna, destiérrate y desvanécete. Ahora que cumplí los cincuenta años, he de sufrir con el tímido sol. ("arquitrave", trad. ricardo silva santisteban)

Irma Pineda (1974 )

No me verás morir No me verás morir no podrás olvidarme Soy tu madre tu padre la vieja palabra de tu abuelo la costumbre de los tiempos la lágrima que brota de un anciano sauce la más triste de las ramas perdida entre las hojas No me verás morir porque soy un cesto de carrizo donde aún se mueven las tenazas del papá del camerón el pescado que Dios comió la serpiente que devoró un conejo el conejo que siempre se burló del coyote el coyote que tragó un panal de avispas la miel que brota de mis senos tu ombligo soy y no me verás morir Aunque creas que todos se han marchado no me verás morir Habra una semilla escondida entre los matorrales del camino que a esta tierra ha de volver y sembrará el futuro y será alimento de nuestras almas y renacerá nuestra palabra y no me verás morir porque seremos fuertes porque seremos siempre vivos porque nuestro canto será eterno porque seremos nosotros y tú y los hijos de nuestros hijos y el temblor de la tierra qu...

Lucía Fraga (1979 )

A oscuras Fumo con desgana a oscuras. Esta noche es una noche más de insomnio En la que se marchitan las flores de mi vida. Pétalo tras pétalo, siento un vacío mortal en mí Que va dejando atrás los ojos que se aplastan en la pared. La vida por la noche se ahoga en un vaso de ginebra Y juega a los dados con un Dios borracho que condena el alma. Esta noche no es una noche más de insomnio. Es el terrible nocturno que convierte en cristal la sangre de tus venas Y te invita a girar el tambor del revólver sobre la sien. Los gatos maúllan en las aceras de cemento pegados a las farolas; Quizás Dios o yo ya hemos muerto. El asesinato Yo aprendí a hablar con una piedra en la boca, cuando el mundo era un eterno desfile por brazos desconocidos y las almas se deshacían dentro de puños violentos. Me acostumbré al silencio y a la hipnosis de los relojes. A la caricia del verdugo antes de dormir. Del hacha comprendí que las heridas más dolorosas no se abren en la ...

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Qué poder tengo yo... Qué poder tengo yo para ser escudo de nadie yo que veo mi reflejo en el iris de la paloma atropellada yo que mido mi espanto con la escala de los seísmos violentos yo que no me concedo ni la tregua del descanso nocturno. Y sin embargo cogeré las riendas del caballo más salvaje le daré mis apellidos al sueño más demente robaré el tesoro más caro a la codicia en el mismo segundo en que pronunciemos las palabras mágicas: "Somos pueblo. Hasta aquí hemos llegado. No aguantamos más". Las poetas Nosotras no somos malditas somos desgraciadas depresivas, putas suicidas, locas reprimidas alcohólicas ignoradas Nosotras no somos malditas - que tiene un matiz heroico, romántico que rima con rebelde y con elegido Nosotras no somos malditas tampoco podremos ser benditas Nosotras somos la excepción de la excepción y todos los adjetivos se quedan cortos o pasan de largo. ("apología de la luz" y "rua...

Rubí Tsanda Huerta (1986 )

Cabellos arraigados... Cabellos arraigados a la ancestralidad, Exhalo de mi alma el perfume de las flores Mis oídos se inundan con el canto de los pájaros Mi cabello trenzado es realeza, mi piel color de la tierra Soy quien nació en mano de las parteras, el resultado del pronóstico cósmico y de la alineación de los planetas. A mí me han entregado el candado del silencio de mis antepasados que con mis palabras intento abrir. Soy quien borda en pedazos de manta la memoria de mis abuelos Soy el retoño que brota de aquel árbol viejo Soy la semilla que colocaron en el vientre de la tierra Mi piel más que pies es mi ropa Ropa de un pueblo que lucha contra la extinción. (en muro fb de susana bautista cruz)

Margaret Atwood (1939 )

Buitres Colgados del bochorno tormentoso del mediodía, son la ceniza oscura de la chimenea; dan vueltas lentos como el dedo pulgar en una tuerca, indolentes uves; como moscas, hasta que caen. Se vuelven luego hienas, roncas alrededor de su presa, agitan sus negros paraguas, como viudas emplumadas de ojos rojos, cuyos cuerpos de cántaros violan el duelo: la risa ahogada en su funeral, el eructo en un velatorio. Se apiñan, como escarabajos que ponen sus huevos en la carroña, ansiosos por hallar un hueco, un diminuto territorio de muerte para su sustento y el de sus hijos. Viejo asceta de olor rancio, de cabeza calva y mohosa, ermitaño de cuello escuálido, suspenso en esa columna de aire en llamas que no es el cielo: ¿que´haces con la muerte, esa que tú no causas, pero de la que comes cada día? Crear la vida, que es una plegaria. Limpiar los huesos. Hacer un ruido gris metálico que para mí es un canto. ¿Crees, entonces, corazón, que se puede sacar más d...

Alexandre Navarro (1972 )

Fragmentos de la vida de un poeta Ha vagado por las cortes de los tiranos de      Sicilia, después de aburrir a corintios y atenienses. Los califica de decadentes y amortiguados caro su público no le consideraba nada. Ahora hace camino a Roma. Dice que allí, cómo      no, sabrán apreciar el arte que trae bajo el brazo. Qué lastima, piensan algunos al verlo partir, cuando de Roma no tenga a donde ir. ("la lengua lemosina", ed. de medianoche, zac., méx., 2010, trad. mario bojórquez)

Txema Martínez Inglés (1972 )

El paracaidista Cuando el día despunta y el olor del crepúsculo me entierra en mi hoguera negra, sueño con nubes blancas y que yo las      sobrevuelo a bordo de un avión que ha parado los motores. Calladamente salto, cruzo agrios silencios, el aire frío de la subida, con luz clara en la piel. Abro el paracaídas y el estremecimiento hace que el tiempo se meza, apático, alrededor. En todo este lugar no tiene espacio el dolor, ni lo mezquino, ni el recuerdo, ni el miedo del      fracaso, ni calma, ni esperanza, ni la justa alegría. Despacio desciendo, y bajo los pies se me desvanece el hueco. Cada día me despierto en la tierra desierta, en algún lugar de donde nadie podrá      rescatarme . ("la lengua lemosina", ed. de medianoche, zac., méx, 2010, trad. mario bojórquez)

Pere Joan Martorell (1972 )

Desesperadamente Desesperadamente te tengo que decir que      eres mi religión. Por esto, con mi mejor muda los domingos vengo al templo a verte y enciendo dos cirios por tu      alma que se me muestra resplandeciente como una      aparición divina. Y te veo esbeltísima encima del altar luminoso, donde, de mutuo acuerdo, nos hemos consa-      grado tantas veces al dios omnipotente y atávico del Amor con el agua bendita de nuestro ardiente deseo, donde delirante y eucarístico, he escuchado tus      sermones que me han hecho abrir los ojos y tocar de pie la tierra hasta comprender el significado      esencial de la sagrada plegaria que a medianoche      pedimos: mantener los corazones limpios y la pasión      bien viva. Por esto creo en el deseo y la carne, y creo, en la carne de mi deseo que sólo tú configuras, creo en la muerte perdurable y e...

Uriel Martínez (1950 )

Las mujeres ropero Las mujeres ropero guardan al fondo cartas de amor añejas de olor a lavanda, en pequeños atados con distintos remitentes y tinta desleída. Ellas apuestan a que un día volverán antiguos pretendientes olvidados en cajones de roble, en gavetas almacenadas en el cuarto de trebejos. Las mujeres ropero salen después del almuerzo a dar la vuelta como gesto piadoso a su digestión, aprovechan el viaje y se cumplen el antojo de nieve de pistache rociada con mermelada roja. Siguen cabalmente la conseja: "pide un sorbete y un café, una coca cola para llevar y que los demás digan misa'. Viven contentas con su buena fortuna. Tienen un perchero ellas en cada habitación, ropa suficiente en el ropero, tallas cuarenta y extra grandes para los días especiales que nunca, nunca llegan. Las mujeres ropero tienen una ventana de comunicación con el mundo, ahí exhiben fotos de hace años y omiten la confesión de su verdadera edad, ocultan en cartas de ...

Alfredo Pérez Alencart (1962 )

Decimos hoy Decimos que la voz del justo nunca es un amuleto y que siempre está de viaje hacia su múltiple destino, pues rema o centellea dentro de un corazón litigando por rasgar patrañas y bostezos de los confabuladores. Decimos que todavía nieva sobre la cruz inabarcable y que siguen floreciendo enfebrecidas tardes muertas donde acampan los que urden estragos o traiciones. Decimos que ante el Poeta no hay adiós cielo arriba y sí hermandad vertiginosa acogiéndolo con palmas antes, durante y después de ardientes resurrecciones. Decimos que no existe tregua al momento de Amar, que el querer se cuece a fuego lento, tomando forma en el equilibrio de dos que van soldándose en uno. Decimos que la envidia es el infierno que más quema y que sus denodados tentáculos atraviesan centurias, igual que en días remotos, con sus hirientes certezas. Decimos que se debe ser fuerte y resistir iniquidades con las manos en alto bajo el son del sosiego, bajo...

Santiago Sylvester (1954 )

Hamlet en el mercado También nosotros podemos, como Hamlet, sostener la calavera y hacer las conjeturas de la angustia, preguntas sin paliativo que sólo tienen, como él, un estado de emergencia. Algunos, sin embargo, no preguntan: usan la calavera para abreviar la desgracia. Ahí está, por ejemplo, ese ciego que cambia ceguera por conmiseración, la puta de ojos exagerados que no cree en los hombres pero los acoge con amabilidad, el niño-monstruo, el pintor sin brazos, el sordomudo hábil en juegos adivinatorios, el gitano de la cabra que saca aplauso de la miseria de ambos. Cada uno con su calavera, con su sonrisa en mitad del espanto, ahuyentando la duda con voluntad socrática, conociéndose a sí mismo para poder comer. ("el poeta ocasional")

Federico Díaz-Granados (1974 )

Suenan timbres                                     homenaje a luis vidales Golpean, llaman. Suenan timbres en la casa. Alguien busca algo a horas imprevistas. Serán de la oficina postal o los mormones ofreciendo Biblias. Algún extranjero despistado o el mendigo que viene por su ración de pan. Será la vecina que quiere hablar sobre la carestía o su esposo el prestamista a cobrar los intereses. Quizá el plomero o la gitana a pronosticar malos días, extrañas pestes y fuertes infecciones. Quién golpeará a esta hora inoportuna. No es el amor, no es el hijo, ni mi padre. Seguro será la muerte y el ropavejero que vienen por mi cuerpo con su derrota o el casero a desalojar, que es lo mismo. Encuentros Si te estrellas de frente con mi corazón no huyas y no intentes tus huellas dactilares tampoco lo dejes por ahí a merced de algún desprevenido transeúnte y no lo escondas, com...

Dana Gioia (1950 )

Al plantar una secoya Toda la tarde mis hermanos y yo hemos trabajado en el huerto. Excavamos un hoyo, te plantamos en él Y cuidadosamente emparejamos la tierra. La lluvia oscurecía el horizonte Pero lo conservaba el viento helado Sobre el Pacífico. El cielo encima de nosotros mantenía la grisura De un año viejo que llegaba a su fin. En Sicilia los padres plantan un árbol para celebrar El nacimiento de su primogénito, Una higuera o un olivo, un signo De que la tierra debe soportar una vida más. Yo hubiera hecho lo mismo Dejando con orgullo una nueva planta En el huerto paterno, un árbol joven Que se alzara entre las hojas retorcidas de los manzanos, Una promesa de frutos nuevos para otros otoños. Pero hoy nos arrodillamos en el frío para sembrarte A ti, nuestro gigante nativo. Desafiamos la práctica costumbre de nuestros padres: Envolver en tus raíces un mechón de cabello, Un trozo de cordón umbilical, Todo lo que en la Tierra quede de un primogénito, Alguno...

Octavio Paz (1914/1998 )

Espiral Como el clavel sobre su vara, como el clavel, es el cohete: es un clavel que se dispara. Como el cohete el torbellino: sube hasta el cielo y se desgrana, canto de pájaro en un pino. Como el clavel y como el viento el caracol es un cohete: petrificado movimiento. Y la espiral en cada cosa su vibración difunde en giros: el movimiento no reposa. ("el fuego de cada día", seix barral, 2014)

James Merrill (1926/1995 )

El poeta ahogado El poeta ahogado, horas antes de ahogarse tenía ojos de remolino, sal en sus muñecas, y exhibía una acuática afectación. El mar estaba enterado como las flores en la cabecera de una herida, de una responsabilidad inminente, como un imán tendióse al lado de él durante todo el día azul, ambiguo como un pulmón. El observaba a los buzos estudiar un elemento familiar como las escalas para el músico, donde nadar es una progresión de vocales largas, una comunicación que nunca puede ser buscada pues en sí misma es completa: evidente como las perlas, simple como las rocas al sol, una felicidad ligada a los acontecimientos. Ahogarse fue la perfección de la técnica, la palabra envolviendo su propio sentido, como el Tiempo, y volviéndose hacia el mar penetró en él como si hablarámos de poemas en un poema, o en el momento culminante en una sonata citáramos ejercicios de digitación: un cumplido para todo logro. ("poetas del mundo", s/c al trad....

Ana Istarú (1960 )

Primer silabario Papá lee. Mamá lava. Papá de estaño y aceras, mamá de azúcar y patio. Papá sillón, mamá armario. Papá ascensor, matemáticas, castigo, países, carro. Mamá cuchara y remiendo, mamá de jabón y paño. Papá vuela por las calles con un millón de caballos. Mamá cubre con alpiste pálidos mundos de trapo. Papá lee. Mamá lava. Yo voy a romper, mamá, alfileres y candados. ("poemario de mujeres")

Nicanor Parra (1914/2018 )

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La trampa Por aquel tiempo yo rehuía las escenas demasiado misteriosas. Como los enfermos del estómago que evitan las comidas pesadas Prefería quedarme en casa dilucidando algunas cuestiones Referentes a la reproducción de las arañas, Con cuyo objeto me recluía en el jardín Y no aparecía en público hasta avanzadas horas de la noche; O también en mangas de camisa, en actitud desafiante, Solía lanzar iracundas miradas a la luna Procurando evitar esos pensamientos atrabiliarios Que se pegan como pólipos al alma humana. En la soledad poseía un dominio absoluto sobre mí mismo, Iba de un lado a otro con plena conciencia de mis actos O me tendía entre las tablas de la bodega A soñar, a idear mecanismos, a resolver pequeños problemas de emergencia. Aquellos eran los momentos en que ponía en práctica mi célebre método onírico, Que consiste en violentarse a sí mismo y soñar lo que se desea, En promover escenas preparadas de antemano con participación del más allá. De este ...

Mayola Cruz Flores (1989 )

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XV Me quiero desnuda para ti, para mí, para otros hombres. Me quiero miedosa y abierta. Deslumbrante y peinada para mis ríos. Me quiero puta, loca, eternamente herida, ir contra mí. Me quiero vestida de tango y besar aquí, allá y pervertir al sexo con amor. Marcharme de puntitas a otros mundos para chuparle la verga a uno que otro enano. Me quiero fuerte e indiferente. Soltarle la mano a usted sólo porque sí. Morder el labio de alguna ola y secuestrar sombreros de poeta picaflor. Quiero que me odies tú, y tú y tú. Que la muerte me encuentre siendo una perra infectada de SIDA y ser la más odiada de las hijas de una familia patriarcal. Que mi padre diga con orgullo: amarren a sus gallos porque mi gallina anda suelta y no perdona, la cabrona no perdona. Y que mi pueblo diga con recelo y desprecio esa es una... Y que me marginen, que me destierren. Me quiero absurda por siempre absurda. Que los callejones más inmundos salten de los basureros en cuanto escuche...

Fernando del Paso (1935 )

Que te acaricie yo, tus pechos, ave... como rezar las cuentas de un rosario. Y que mi amor badajo y campanario te lo repique yo, que yo te clave. Que sean mis manos, de tus muslos, llave. Tu rosa, de mis dedos, relicario, y en su fronda la lengua de un canario con mi lengua, la sal, que yo te lave. Nada más eso pido, quiero, ruego. A eso me dedico y a adorarte a quererte, y a eso me consagro. Y te juro, las manos sobre el fuego, que volveré otra vez a codiciarte cada vez que cumplas el milagro. ("cómo cantaba mayo en la noche de enero")

Miguel Hernández (1910/1942 )

Canción última Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias. Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa con su ruidosa cama. Florecerán los besos sobre las almohadas. Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada. El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave. Dejadme la esperanza. ("no me quites paz")

Ámbar Past (1949 )

12 Nunca te dediqué ningún poema. Sólo una vez te di un buen masaje en un hotel sin agua. Nunca te dediqué nada. Ni un momento. Sólo escuchamos unos pájaros y ya. ("emma gunst", s/c traductor)

Ruperta Bautista (1975 )

Asesinato En la silueta de los ecos muere el agua, el pánico bebe el dolor, el regreso espera. Color de funeral baña las praderas, masacre de gigantes vidas en los cerros, heridos caen agonizantes. Sangre verde derramada, la muerte reina en la selva. ("círculo de poesía")

Isaac Esau Carrillo Can (1983/2017 )

Tseek Digo el discurso, palabras sueltas como piedras: gime mi trompeta de madera en medio de la selva, baño mi cuerpo de cacao para que mi espíritu tenga valor, para que mi canto sea escuchado me trago la última canción de la noche mientras mariposas lamen mi espera, soplo mi trompeta de madera para que los espíritus me hagan compañía, canto en silencio, canto despacio… quiero ser el insecto que escupa su veneno en tu madriguera. ("brasiliana")

Mayola Cruz Flores (1989 )

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Querida Eva, yo nunca había entendido tu necesidad de dar a comer tu manzana bruñida a un Orangután. Tu manzana sexo. Tu sexo rojo clavel. Esa fruta necesidad nos amiga, nos hermana. Nos hace hijas de algo rico y espeso. De una condena deliciosamente amarga. Ayer le hice el amor a un Adán. Mordió mi sexo agua de manzana, pero él no abrió los ojos como tu Adán. Ahora mi Adán sigue comiendo manzanas, mientras yo camino entre abrojos deseosa de poner de nuevo mis pies espinas en su bosque sexo, de sacarle brillo a su verga con mis labios garganta, de dormir en su pecho orangután, pero sólo yo abrí los ojos, mi querida Eva. Sólo yo. (en fb de la autora)

Anita Leporina (1986 )

En el bar de una playa mexicana El norteamericano de al lado toma Corona y come nachos con guacamole. Lleva un pequeño perico al hombro, una niña mendiga lo mira fascinada. A veces el lorito caga en el plato y el señor debe tirar su nacho. Alguien cuenta hacia atrás en inglés y saca una foto. El norteamericano sonríe: le falta una de las paletas. Usa malla roja, es gordo y el sol del trópico viene castigando su piel tan blanca. Un poco lo amo, creo. Miro su ombligo raro: con una línea vertical que lo parte en dos y un botoncito arriba. Como una vagina que este hombre tiene en medio de la panza. "La revolución la haremos los hombres que somos" dijo Lenin. De tanto en tanto la mendiguita suspira. Me parece que ya somos dos las que amamos a este señor. ("malón malón")

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

Adiós Cualquier cosa valiera por mi vida esta tarde. Cualquier cosa pequeña si alguna hay. Martirio me es el ruido sereno, sin escrúpulos, sin vuelta de tu zapato bajo. ¿Qué victorias busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas estas calles? Ni miro atrás ni puedo perderte ya de vista. Esta es la tierra del escarmiento: hasta los amigos dan mala información. Mi boca besa lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma del labio es la del viento. Adiós. Es útil norma este suceso, dicen. Queda tú con las cosas nuestras, tú, que puedes, que yo me iré donde la noche quiera. Ahí mismo Te he conocido por la luz de ahora, tan silenciosa y limpia, al entrar en tu cuerpo, en su secreto, en la caverna que es altar y arcilla, y erosión. Me modela la niebla redentora, el humo ciego ahí, donde nada oscurece. Qué trasparencia ahí dentro, luz de abril, en este cáliz que es cal y granito, mármol, sílice yagua. Ahí, en el sexo, donde la arena niña, tan desnuda, donde l...