Mario Santiago se fue de aquí
Uno se imagina la calle y la carretera, las noches de Jack el destripador y los días de Jack Kerouac. Uno se imagina que Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño hicieron del Café la Habana un Manhattan providencial, una sucursal de la gran fábrica de la poesía. Bolaño es Kerouac (él hubiera querido ser Allen Ginsberg), Neal Cassady es Mario Santiago. Uno piensa que quizá Bucareli de noche se transforma en el Rothschild Boulevard de Tel Aviv, en la Diagonal terrible de Barcelona que se cruza con la Javier Prado en Lima. Quién sabe. Se fueron por el mundo pero aquellos años juveniles se les quedaron grabados a fuego. Toda literatura surge de la infancia y se completa en la adolescencia: no se deja nunca de narrar la adolescencia. A estas alturas del poema es hasta ingenuo descubrir a Roberto Bolaño, convertido en un santón contemporáneo. Escritores y escribidores, todos han leído a Bolaño y los que no lo han hecho de todos modos tienen una opinión sobre él. Una opinió...