PELONES DE HOSPICIO
uno. Milán, febrero de 1953. He tenido una conversación con el comendador Z., industrial pero también filàntropo. Acaricia el propósito de construir en la pequeña ciudad romañesa de F., donde nació, una institución para viejos y jóvenes artistas escritores. Sobre los viejos es fácil ponerse de acuerdo. Será una casa de reposo, un hospicio como tantos otros. Pero, ¿y para los jóvenes? Parece ser que cada uno tendrá una habitación con baño, tres buenas comidas al día, y gozará de una hospitalidad que está prevista para un año, renovable para quienes se hayan distinguido en su "producción". dos. El intento es ciertamente noble. Pero yo no sé imaginar qué pueda producir un joven de veinte años que, al despertarse en F., en la habitación a él asignada, después de un buen baño y de un satisfactorio breakfast , tenga que echar una ojeada al calendario y sentarse a la mesa para justificar, en el plazo de otros 364 días, su presencia en la institución. No veo, en esa situación, ni...