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Mostrando entradas de 2013

RB sin anteojos

“¿Ya viste lo que más me impresionó?” La voz de Gustavo Nielsen surge desde atrás como suele irrumpir la voz del escritor Nielsen, con gestualidad exuberante, mientras uno intenta analizar los cambios que Roberto Bolaño hizo a las versiones de sus manuscritos en la muestra Archivo Bolaño que se inauguró en el C.C. Recoleta. Impresionan varias cosas de la exposición: la cantidad de obras que todavía quedan inéditas según la cronología creativa de 1979 a 2003; la letra aniñada, prolija, imperturbable, en los cuadernos donde escribió sus obras; las fotografías de diferentes épocas donde se lo puede ver –siempre– con el perfil salvaje de poeta infrarrealista. Pero el tema aquí no es lo que impresiona al visitante, sino lo que le impresiona a él. A Nielsen. Y entonces me conduce hasta el final de la última sala, donde ubicaron, a lo lejos, su máquina de escribir. “Eso es lo que me impresiona, ¿ves? Eso es lo que está mal, eso es lo que me dejó temblando”, dice Nielsen, y no s...

Irma Peirano (1917/1965 )

La luz se justifica La luz, paloma familiar, corriente vuelo, ave palabra, ligerísima espuma del sentido, gerundia exactitud, talón desnudo, perfil preciso, mano de cinco dedos, anatomía irrevocable, todo eso es la luz bajo los biombos de la piel del hombre que tiene un blanco corazón de miga. Y excluida del hombre, blandiendo sus estambres, sus antorchas felices, su augusto panteísmo, su triángulo de espiga, de mazorca y de agua, lustral, candeal, hermana A, iniciadora y mansa, Lama antigua, milenio sobre milenio infusa, la luz puede invadir toda la sombra, madurarla en canicie poco a poco.   (texto tomado del sitio ''otra iglesia es imposible'' )

LOS NOVIOS

En el cuaderno de viaje tracé una explanada y follaje, un follaje anémico y discreto, como quien implora la lluvia. Sobre una cara del rectángulo levanté una capilla campanario pórtico y mierda de palomas en la fachada de piedra. A la entrada del inmueble un pordiosero tuerto y una anciana a punto de soltarle una moneda. El reloj marca las ocho a.m. y el cura impaciente no sale a escena porque de nuevo el monaguillo se dilata. El sacristán panzón ha dado la tercera: todo se ha dispuesto para que los novios entren y se encaminen a la noche de bodas.

Juan José Macías (1960 )

5 ¡nada de preocupaciones! ¡al diablo con las preocupaciones! ¡si temo romper algo lo abato lo muelo de una buena vez! oh vida madre de las demoliciones señora de las devastaciones yo soy tu hombre             yo soy tu hecatombe nada conservo de lo que recibo me quedo con lo que no he tenido: la vacua arcilla de lo que no he sido el cúmulo en trozos de lo que no me das (texto tomado de Juan José Macías: poeta, José Arturo Burciaga Campos, Taberna Libraria Editores, Zacatecas, México, 2013.)

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz (1877/1929 )

Los muertos están ebrios... Los muertos están ebrios de lluvia antigua y sucia allá en el cementerio extraño de Lofoten. El reloj del deshielo tabletea lejano entre los ataúdes sórdidos de Lofoten. Y gracias a las fosas que el entretiempo ahueca, con fría carne humana los cuervos se han cebado, y gracias al delgado viento con voz de niño, dulce para los muertos es el sueño de Lofoten. Ya no veré jamás, jamás sin duda, ni la mar ni las tumbas de Lofoten, y sin embargo hay algo en mí que me hace amar ese rincón extremo y toda su congoja. Suicidas, alejados y desaparecidos del cementerio extraño de Lofoten -¡qué raro y dulce suena su nombre en mi oído!- decidme si es verdad que allí, que allí dormís. Bien podrías contarme cosas más ocurrentes, clarete que rebasas en mi copa de plata; historias más amables o menos alocadas y dejarme tranquilo con tu eterno Lofoten. Que está haciendo buen tiempo y suave se desliza en el hogar la voz del mes más melancólico. ¡Ah,...

Carlos Pellicer (1899/1977 )

Estudio a Carlos Chávez La sandía pintada de prisa contaba siempre los escandalosos amaneceres de mi señora la aurora. Las piñas saludaban el mediodía. Y la sed de grito amarillo se endulzaba en doradas melodías. Las uvas eran gotas enormes de una tinta esencial, y en la penumbra de los vinos bíblicos crecía suavemente su tacto de cristal. !Estamos tan contentas de ser así! dijeron las peras frías y cinceladas. Las manzanas oyeron estofas persas cuando vieron llegar a las granadas. Las que usamos ropa interior de seda... dijo una soberbia guanábana. Pareció de repente que los muebles crujían... Pero !Si es más el ruido que las nueces! dijeron los silenciosos chicozapotes llenos de cosas de mujeres. Salían de sus eses redondas las naranjas. Desde un cuchillo de obsidiana reía el sol la escena de las frutas. Y la ventana abierta hacía entrar la montaña con los pequeños viajes de sus rutas. (texto tomado de 24 poetas latinoamericanos, C oedición ...

Vicente Gerbasi (1913/1992 )

La casa de mi infancia Por la arena de la noche galopaba un jinete sin cabeza. Al fondo de una iglesia blanca y más lejos la colina del calvario donde duermen los mendigos. Veía correr un río de apretujados conejos blancos en la sombra. Oía el viento de los fuegos fatuos, el rumor de las calaveras en los rincones de los cactos, voces oscuras reunidas en los corredores. En mi aposento ardía una lámpara de aceite al pie de un Cristo ensangrentado. Colgaban murciélagos del techo, sombras con alas de murciélagos, rumores de cielo raso, lentos rumores de espesa tela nocturna. Yo veía con los ojos de la sombra, con los ojos de las hojas, con los ojos de las grandes hojas frías de la noche. El Tirano Aguirre lanzaba bolas de fuego en la comarca de los toros salvajes, en las plantaciones de tabaco, entre los espantapájaros con sombreros de paja. Mis hermanas habían dejado una tijera abierta en el patio de la casa para que las brujas cayeran entre los tulipanes, bajo los n...

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Vuelve a tus dioses profundos Vuelve a tus dioses profundos; están intactos, están al fondo con sus llamas esperando; ningún soplo del tiempo los apaga. Los silenciosos dioses prácticos ocultos en la porosidad de las cosas. Has rodado en el mundo más que ningún guijarro; perdiste tu nombre,tu ciudad, asido a visiones fragmentarias; de tantas horas, qué retienes? La música de ser es disonante pero la vida continúa y ciertos acordes prevalecen. La tierra es redonda por deseo de tanto gravitar; la tierra redondeará todas las cosas cada una a su término. De tantos viajes por el mar, de tantas noches al pie de tu lámpara, sólo estas voces te circundan; descifra en ellas el eco de tus dioses; están intactos, están cruzando mudos con sus ojos de peces al fondo de tu sangre. (texto tomado de 24 poetas latinoamericanos,   Coedición latinoamericana, selección y prólogo: Francisco Serrano, México, 2012, sexta reimpresión.)

Aristeo Jiménez, narrador

Tala se mudó de aquí En 1989, cuando comencé a retratar el barrio de La Coyotera, conocí a Tala, un jarocho vestido de mujer que caminaba con dificultad pues siempre calzaba unos zapatos de tacones muy altos. Era diciembre, hacía frío. En una cantina llamada El Delirio lo vi por primera vez. Se acercó a mí y me pidió que le invitara una cerveza. Luego se recargo en un rincón y se quedó dormido. Tala siempre soñaba mucho, soñaba que iba remando una pequeña barca por el río Tecolutla o trepando las palmeras para cortar cocos o que comía mangos verdes con chile en polvo. Añoraba su niñez feliz en ese pueblo de pescadores del que no recuerdo su nombre. Yo le decía de apodo Pigua porque me recordaba ese personaje del niño pescador en la película  Tiburoneros,  de Luis Alcoriza. El día que le pedí permiso para tomarle una fotografía me confió que en dos semanas más se regresaría a su pueblo, pues ya se sentía viejo y los clientes ya no lo buscaban como antes. Le prometí ayuda...

NOCTÁMBULO

Hola, noctámbulo, si te es posible querría engendrar un hijo que me vea con ojos de amigo. Que me vea con esas cejas de criatura de estado especial, que al verme le escurra la alegría. Que me abrace como ramas de árbol que se toman de una roca con tal de no desprenderse. Que sus raíces ahonden en oleadas de sangre de origen y fin inciertos. Que sus dedos limpios me dejen en la piel huellas inéditas. Hola, noctámbulo, sé que no admitirás mis reclamos ni yo tus desaires.

Nuno Júdice, poeta

La noche de verano Una noche antigua de verano en que todas las estrellas brillaban en su lugar cierto, esa noche de calor oí las ranas en el agua de los arrozales. Las nubes de mosquitos cubrían el camino por donde te vi pasar, descalza, corriendo sobre la tierra hasta el patio de la casa cerrada donde sólo vivían los fantasmas, esperando que les abrieras la puerta para atravesar el campo de los ahorcados. Pero tú no los viste, y seguiste corriendo hasta la estación donde ya ningún tren se detiene, y fuiste hacia el rincón más oscuro del jardín, quitándote la blusa para liberar el pecho del calor de la noche y ofrecer a las estrellas las puntas de los senos. (texto tomado del sitio "rima interna", El Cultural, traducción de Martín López-Vega.)

Angela Ball (1952 )

World´s End A los veinte años terminó mi primer romance. Quise emborracharme hasta morir. Mi amiga sugirió que me mudara: Chelsea, un vecindario llamado World’s End. Una librería— en el escaparate, plumas: rojas, azules, verdes, amarillas. Compré una docena y cuadernos de ejercicios negros, con reglas, y una botella de tinta y un tintero. Alguna alegría para mi nueva mesa. Después de la cena cogí una silla y escribí. Éste es mi diario. Esta es una de las razones por las que creo en el destino. Sólo los libros importan. Si dejo de escribir, mi vida habrá sido un fracaso. No me habré ganado la muerte. Sólo escribir es importante, sólo los libros te sacan de ti mismo.     (texto tomado del sitio "emma gunst, traducción Óscar Aguilera.)

Insaciable Bolaño

Como colofón al año que acaba, en el que se conmemora el décimo aniversario de la muerte del narrador y poeta chileno Roberto Bolaño, la Biblioteca Nacional de España le rindió hoy un homenaje en el que se destacó su faceta de lector: “Soy más feliz leyendo que escribiendo”, decía el autor de “2666″. “El bibliotecario valiente” fue el título del homenaje, un nombre que utilizó Bolaño en un artículo dedicado en 1999 a Borges, uno de los escritores que más influyó en su obra junto con Balzac, Melville, Baudelaire, Rimbaud o Sebald, indicó Rubén Aria. Aria participó con una conferencia sobre el mapa de la biblioteca de Bolaño junto a Ignacio Echevarría, albacea literario del escritor y coordinador del acto, y al también escritor y amigo del homenajeado Rodrigo Fresán. Para acotar algo tan difícil de limitar como las lecturas e influencias de Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona,2003), escritor convertido ya en mito desde su muerte, un autor prolífico, de culto; uno de los gran...

Ted Hughes (1930/1998 )

Los novios se ocultan por tres días Ella le encuentra los ojos y se los da Estaban entre unos escombros, entre unas cucarachas La piel de ella él parece sacarla del aire, bajarla y ponérsela sobre los hombros Ella llora de miedo y sorpresa Encontró sus manos por él y se las colocó a la altura de las muñecas Las manos están impresionadas consigo mismas y recorren su cuerpo y sienten Él reunió su espina dorsal, limpió cada pieza delicadamente Y las puso en perfecto orden Un rompecabezas superhumano pero está inspirado Ella se recuesta girando de un lado al otro, probando y riéndose Incrédula Ahora ella trajo sus pies, los está conectando De modo que todo el cuerpo de él se enciende Con las manos él centró sus nuevas caderas Con todas las piecitas completas y con nuevas bobinas, todo aceitado y brillando Está puliendo cada parte, apenas si él mismo puede creerlo Se siguen llevando uno al otro hacia el sol, ven que pueden hacerlo fácilme...

Elsa Cross (1946 )

Tu cara raspaba... Tu cara raspaba. Bajo los toldos del mercado un brillo verde sobre tu frente. Tus ojos, salidos de qué lumbre, de qué parajes hoscos, veían sin ver los platos de comida. Un brillo verde, como ya reflejando los árboles, ya viendo el campo afuera donde esperabas hallarte cierta planta. Buscamos entre piedra volcánica para encontrar flores moradas creciendo de la roca, cactos de formas finas. Todo el campo de tezontle. Mal caminábamos y la tarde también se ennegrecía. Pasamos la noche debajo de un manzano. Buscamos en el monte, sin brechas. Volvíamos rasguñados. Buscamos sin hallar, en ruinas de pirámides donde caías dormido, devorador de hongos, devorador de iguanas. Me enredabas en tu sueño, me hacía reptar. Mi lengua se alargaba puntiaguda a devorar hormigas que te andaban por el cuello. Y tu sudor olía a aguamiel. (texto tomado de Espejo al sol, poemas 1964-1981, coedición SEP-Plaza y Valdés, 1a. edición en "El Nigromante", ...

Claudia Berrueto (1978 )

Ciudadciudadciudadciudadciudad fíngeme tus ojos, la suavidad de tu piel al menos. bríndame el desfile negro y mudo de tus cabellos sobre mi vientre, el cascabeleo de tu sueño a mi lado, riega mi cuerpo con el latido de tu voz, pierde tus manos en mi cuello, déjame perseguirte, devorar tu color con mi boca entreabierta, regodearme en el agua que nace de ti. que tus hombros abran por fin este puño que se ha cerrado desde un tiempo inmemorial en mi cuerpo, concédeme perder la vista ante un amanecer instantáneo que      anuncien tus brazos, entrégame la moneda quemada que vela como luna desde tu boca, cauteriza todo el silencio que invade mi noche, restalla mis piernas en lo más alto de tu cuello, ízame como si todo esto fuera asunto de banderas, finge deseo por este cuerpo, ciudad, y no dejes de ser mía. (texto tomado de Costilla flotante, antología personal, ed. Gobierno del Estado de Coahuila, México, 2013, col. Festival Internacional de Poesía ...

Odette Alonso (1964 )

Historia breve de una mujer de lejos  Una mujer espera en el andén y se asoma al hueco breve de su impronta. Cuando llegó sin haberlo previsto el sol quebró su cápsula rojiza y sorprendió un quejido de escorpiones. Quizá entonces no pensara en la estampida y fuera un simple juego comenzar pero hoy el sol es una moraleja. Con su abolida oscuridad de cobres oculta una nostalgia entre los hombros y destruye el cascarón oyendo voces quizás pasos ascendiendo la escalera o algún ruido inusual inesperado. Una mujer de lejos se convence desdice sus arranques y sus dudas con tal de que alguien quiera responderle de que alguien quiera amar de que alguien pueda. Una mujer recoge caracoles insuficientes como cuello de botella y cuelga en su cadena una angustia amarilla. Disfraza cuanto puede su estirpe de ermitaño pidiendo a gritos una desbandada y el corazón se vuelve un rótulo impreciso que dice ya no puedo. (texto tomado del sitio "el poeta ocasional"....

Sylvia Plath (1932/1963 )

Espejo Soy plateado y exacto, no tengo ideas preconcebidas, Cuanto ves, me lo trago de inmediato, Tal como es, sin sombra de amor o aversión. No soy cruel sino sincero: El ojo de un pequeño dios, cuadrangular. Me paso la mayor parte del tiempo meditando en la pared opuesta. Es rosada, con motas. La observo desde hace tanto Que creo que forma parte de mi corazón. Pero parpadea. Rostros y oscuridad nos separan una y otra vez. Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí, Buscando en mi extensión lo que es realmente. Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna. Veo su espalda, y la reflejo fielmente. Ella me recompensa con lágrimas y un estremecimiento de manos. Soy importante para ella. Viene y va. Cada mañana es su rostro lo que reemplaza la oscuridad. En mí ha ahogado a una muchacha, y en mí una anciana Se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible. (texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", versión de Jonio Gonzále...

Bolaño en Argentina

“Bolaño es un maestro de la pasión y de la intensidad, un maestro que como todo maestro verdadero es también un amigo para sus lectores. Un amigo que narra y poetiza como pocos los sueños rotos de toda una generación y que, al mismo tiempo, nos enseña a seguir buscando incansablemente ‘lo nuevo, lo que siempre estuvo ahí’. Nos enseña a no repetirnos, a no claudicar, nos incita a crear y a vivir con amor, aunque sepamos que el desamor puede ser torrencial y que la batalla está perdida de antemano.” Con esas palabras el argentino Juan Insua, curador de la muestra Archivo Bolaño, ha definido al autor de Estrella distante en una entrevista publicada en la revista Terminal . Ha llegado a ellas tras escarbar en sus papeles, libretas, notas y fotografías, tras recorrer con la vista y las manos sus textos inéditos y reconstruir sus procesos creativos siguiendo los apuntes, destacados y referencias, recortes y hasta dibujos que utilizó el escritor chileno. Archivo Bolaño, que inaugura en el...

Mascha Kaléko (1907/1975 )

Melancolía del otoño  A mí no se me marchitan los jardines. No los tengo. Ni tampoco una casa donde los vientos giman. El nubarrón más negro no me daña, pues rara vez miro ya al cielo. Ya no pretendo estrellas áureas. Me conformo con una lamparita. No me engaña la dicha, ni desengaña una espera. No me duele el otoño, a mí no se me marchitan los jardines. (texto tomado de "otra iglesia es imposible.blogspot", trad. Inmaculada Moreno.)

Aldo Pellegrini (1903/1973 )

La muerte inmortal Rebeldía de los comensales. La fiesta despierta a los visionarios que fraternizan con el alba. Guerreros nocturnos de espaldas contra las murallas de luz. Los mensajeros del tiempo no obedecen las órdenes. Fracaso de la ceremonia frente al mar. Los desterrados te abandonan oh tierra inaccesible a las súplicas. Las esclavas se mueven en el infinito espacio de las palabras. La desesperación se detiene a la puerta de los insensibles. La voz henchida de una misteriosa ternura llama. Oscuras en el recuerdo. Despiertan. Izan sus manos hasta más allá del tiempo. Se clavan las uñas. Se desgarran con calculada indiferencia. Falta el dolor y todas las heridas son mortales. Los besos son mortales. La desesperación llama a todas las puertas. El tiempo cambia los cuerpos de lugar. Pasa la noche sin dejar rastros. La voz calla. Una última sonrisa se desvanece. El humo queda. Un viento de piedra nos envuelve. Sólo la muerte es inmortal.     (text...

Juan Manuel Roca (1946 )

Arenga del cuerpo I Ocurre que Roca me invade hasta el cansancio. No me deja respiro, me hurga y examina como a un raro pajarraco, no le basta con traerme noticias de su espejo. II Harto estoy de su cruenta dictadura, de su manía de exhibirme por el mundo como un perro de lujo, como un galgo. III Harto estoy de que me habite, de que cambie el oro de mis días por migajas de milagro. IV Ocurre que a veces me invade con voces de ausentes, con jerga de poetas que guarda en mí como si fuera un viejo y simple armario. V Por las noches me arroja en su cama como si fuera un pesado saco mientras duerme a pierna suelta en sus laureles. VI Si no lo arrojo desde la terraza es porque  no quiero darle el gusto de saltar conmigo al vacío, conmigo y la sombra que llevo pegada a mi destino. VII Me aburren sus chistes -que conozco hasta el cansancio- y sus decires y sus poemas y ese aire seguro de pequeño faraón de su pobreza. VIII Pero ocurre que a veces me desarma: h...

Por Zoila Márquez Chiu

Lic. Enrique Peña Nieto Presidente de México Lic. Miguel Alonso Reyes Gobernador de Zacatceas Lic. Arturo Nahle García Procurador de Justicia de Zacatecas Presentes: Las y los periodistas de Zacatecas exigimos a las autoridades que ustedes encabezan la pronta investigación sobre la desaparición de nuestra compañera periodista, Zoila Edith Márquez Chiu, registrada el sábado 7 de diciembre del presente año.    El gremio periodístico patentiza su indignación ante los hechos ocurridos a nuestra compañera, que no sólo es una profesionista, sino esposa y madre de familia, quien debe regresar a su hogar sana y salva y garantizar con ello el Estado de Derecho, las Libertades de Tránsito e Información y la Aplicación de la Justicia.    Hoy las y los periodistas nos unimos en una sola voz para exigir el regreso de Zoila Edith Márquez Chiu, y reprobamos la situación por la que actualmente atraviesa no solamente ella y su familia, sino nuestro gremio, derivado de la...

David Herbert Lawrence (1885/1930 )

  El elefante es lento para aparearse El elefante, ese enorme y viejo animal, es lento para aparearse; encuentra una hembra y ninguno parece apurarse, ambos saben esperar que la simpatía, lenta, muy lentamente, en sus tímidos y vastos corazones se asiente mientras en las riberas vagabundean y beben y se apacientan y huyen en pánico entre las malezas de la selva con la manada, y duermen en masivo silencio, y despiertan juntos, sin una sola palabra. Así, lentamente, los ardientes corazones inmensos de los elefantes se llenan de deseo y por fin las grandes bestias se aparean en secreto, ocultando su fuego. Son las bestias más sabias y las más viejas así que saben perfectamente esperar la más solitaria de las fiestas, el generoso banquete. No desgarran, no arrebatan, no laceran; su sangre inmensa se mueve con las mareas, cada vez más cerca, hasta que desborda y se mezcla. (texto tomado de "otra iglesia es imposible",traducción de Mirta Rosenberg...

Robert Walser (1878/1956 )

Escaparates (I) Curiosear en escaparates, ¿a quién no le gustaría? Al vuelo, la mirada saborea un chocolate.    Aquí te interesan los sombreros, allí, las corbatas, en otro sitio, las salchicas de Frankfurt y Viena. A veces se consiguen gratis cosas bellísimas, como por ejemplo la posibilidad de contemplar reproducciones de maestros famosos.    Apetecibles ramitos de violetas con su delicado color al lado de unas naranjas. Nuestros ojos nos procuran un cúmulo de alegrías.    En las tiendas de antcuarios se exponen batallas de la historia suiza. Asombra ver lo atroz que era todo aquello. La posibilidad de gozar de la vida desde el mejor lado hay que conquistarla con uñas y dientes.    Percibo cosas nutritivas, como el queso emmental y el greyzer.    Las tiendas de moda recuerdan las ventajas de una buena imagen. Ir bien vestido jamás perjudica. ¿No he comido ya a menudo un pastelillo de manzana en una penadería de la Aarbergergasse...

MEDUSA

No soy yo, es la noche que va sonámbula sobre mis piernas. No son mis párpados, es una aguja que lleva por mal camino. No son mis labios, es el hilo rojo que los borda sin dedales. No es mi boca que quiere maldecirte; es el veneno que subyace. No es mi lengua, atravesada por tus vocales inicial y última. No son mis cabellos, es la medusa imaginaria que me incendia. No son los cascabeles, es el silencio y la presencia de un felino negado al reposo.

Claudia Berrueto (1978 )

Conversación nací mientras mi madre conversaba con sus 35 años. vine con serpentinas de madrugada atadas a mis dedos. entré en mis vestidos como por túneles que me llevaban a fotos en las que yo era la niña de calcetas sucias con gesto adulto al lado de un pastel. pasados los años, mi madre me entregó mi ombligo, mi pulsera de hospital y mis pequeños túneles; fue un reclamo por haber crecido, un reclamo por no ser tan jóvenes como cuando interrumpí su conversación.   (texto tomado del blog "emma gunst")

Casimiro de Brito (1938 )

Empiezo a creer... Empiezo a creer que hay dioses pues me protegen. Tengo 66 años Y bebo y como y amo como si tuviera 30. Empiezo a creer en esos cabrones en los que nunca creí – o que sólo habían sido acné adolescente. Ahora miro las estrellas, tan pacatas y pienso: me iluminan sin quemarme. Miro a las mujeres y pienso: las amo porque no hay hierba mejor que la mierda luminosa que ellas son. Sus nidos me acogen y no me asfixian. Sus bocas se abren tristes y salgo de ellas como un pájaro en el cielo azul. Y ellas, rastro de los dioses, sonríen.     (texto tomado del sitio "alpialdelapalabra", traducción de Montserrat Gibert.)  

Xi Chuan (1963 )

Murciélagos al atardecer En los cuadros de Goya traen pesadillas al artista. Volando hacia arriba, hacia abajo, a derecha y a izquierda, murmuran furtivamente sin llegar a despertarlo Una felicidad indecible aparece en sus caras casi humanas. Estas criaturas que parecen pájaros pero que no lo son, completamente negros se funden con la oscuridad, como semillas que nunca florecerán Como demonios sin esperanza de redención ciegos y crueles, llevados por su voluntad, cuelgan a veces boca abajo de las ramas igual que hojas secas, excitando nuestra lástima En algunas historias se concentran en húmedas grutas; cuando el sol cae tras la montaña es su momento para salir de caza, parir, luego desaparecen Pueden obligar a un sonámbulo a unírseles, arrebatarle la antorcha de su mano y apagarla; pueden alcanzar a un lobo acechante y hacerlo caer mudo por un precipicio A la noche, si un niño no puede dormir es sin duda porque un murciélago sorteando los ojos hinchados del gu...

Leonardo Sinisgalli (1908/1981 )

A manos llenas... A manos llenas se me hace el día y el alba tarda en levantarse como una vela fresca sobre mi cuerpo, la sangre es feliz y me corre la brisa, me crece la mañana sobre el mar. En la vigilia las voces de la regata tienen cadencias de aventura extrema. El agua es un prado bajo los pies florecida, la luz en las manos es fría como una uña. (texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible", versión  de Alberto Girri y Carlos Viola Soto)

Eduardo Lizalde (1929 )

Pobre Desdémona La espalda de esta luz son esos sueños tuyos, amada, que duelen al soñarse y que hacen florecer las prímulas y azahares en tus flancos. Y caen del lecho moras de grueso jugo, cuando sueñas; y zarzarrosas crecen bajo el cojín de pluma; y tiernos gansos pican, bajo el tálamo, hierbas prodigiosas del sueño enternecido. Despiertas luego: me miras, descubres en mis ojos la muerte; ves en mi mano flores arrancadas al sueño que soñabas y se deshacen lentas, como el mundo del sueño que pasa a la vigilia, como el flotante polen del jardín distraído hacia los muladares. Los pelos de la burra en esta mano que ha de cortar tu vida. Vuelve a dormir, te digo, en un dormir sin sueño y sin campánulas. Las flores se diluyen plenamente; vuelven a ser remate de las telas. Los gansos vuelan torpes hacia el azul del techo. Las moras son tranquilas manchas de sangre remolida que el tigre deja ahora al balancear su hocico. Y ya no existe el sueño. (texto tomado del sitio "el poeta ...

Juan Manuel Roca (1946 )

Corpus delicti Los que esconden Un libro Que les prohíben leer. Los que cantan en clave Una canción Que no entiende el enemigo. Los que envejecen Sin perder el saco incoloro Del desaparecido. Los que llevan carteles Que preguntan Por sus sombras. Los que tocan un violín En el centro De la ausencia. Los que dan a la muerte La dirección Equivocada. Los que siempre serán, Madre, Su propio cuerpo del delito. (texto tomado de Lugar de apariciones, antología personal 1973-2007 , ed. Aurora, Colombia, 2007, 2a.ed.)

Mascha Kaléko, poeta

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LA ESCARCHA

Antes que los cristales se empañen de escarcha donde tengo la M de muerte aparece un surco que anticipa el invierno. Antes que las aves emigren en oleadas al sur el cuerpo cobra cuerpo en el agua cristalizada. Antes que los niños se arropen con ropa gruesa la garganta se cierra, las uñas cambian de textura. Pero antes, todavía más atrás, las hormigas, las moscas, negras larvas invaden tejidos, músculos y ojos. Aun así maduraba tu piel sueños, umbrales, noches perpetuas.

Titos Patrikios (1928 )

Los ejecutaron Los ejecutaron en la plaza central los ejecutaron en la cantera con su grave eco frente a cafés en ruinas y monumentos, y corrieron mujeres enloquecidas al encuentro de las ropas ensangrentadas, los ejecutaron en la tapia de los basureros entre vidrios filosos y latas, los ejecutaron en la calle, en el umbral de sus casas, en el campo de tiro de miles de cuarteles, en la muda soledad de espesos campos cultivados, los ejecutaban todos los días en vuestras manos, en vuestra voz, en el forro de vuestra ropa nueva Y vosotros, ¿los habéis olvidado?     (texto tomado del sitio "revista arquitrave", versión de Francisco Torres Córdova.)

Eugénio de Andrade, poeta

Lo que respira... Lo que respira en ti son los ojos, el azul de un sol intacto, las primeras aguas de un roce. ¡El sabor a barco que tiene la boca! A esto se le llama juventud, quizá, o estrella de sangre viva. De espaldas a la noche, la tierra mientras arde es casi un río. (texto tomado de la revista "La palabra y el hombre", no.26, otoño 2013, Universidad Veracruzana, México.Traducción de María Auxiliadora Álvarez.)

Dana Gelinas (1962 )

Antes de existir un jardín en mi casa... Antes de existir un jardín en mi casa, entre los escombros de la construccion, dentro de un nicho, dos albañiles protegieron un milagro: la jacaranda de treinta centímetros que nació bajo unos tablones de madera. Jacaranda, el árbol que endulzaba el aire de la acera, de ventanas y puertas, con ráfagas de lilas descompuestas, fue la cortina de follaje que también pobló el tallo de mi cerebro durante los cuatro mil días que existí bajo el eterno crepúsculo multiplicado cada tarde. En ellos clavé los ojos y los pies y la raíz de mi existencia ante la creación del acero. Ah, y durante los días más calcinantes al lado de la puerta principal se enredó una madreselva que perdía el interés en la vida. (texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible")

Philip Larkin (1922/1985 )

Este es el verso Te joden, tu mamá y tu papá. Podrían no hacerlo, pero lo hacen. Te llenan con los defectos que tenían Y agregan algo extra, justo para ti. Pero también ellos, en su momento, fueron jodidos Por gente estúpida que usaba sombreros y abrigos pasados de moda. Gente que la mitad del tiempo era sentimentalmente austera Y la otra mitad, se agarraban del cuello. El hombre le cede la miseria al hombre, Y se hunde en las profundidades como una plataforma marina. Sal de ahí lo más pronto posible. Y tú mismo no tengas hijos. (texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", traducción de Diana Dunkelberger y Marcelo Rioseco.)

Ingeborg Bachmann (1926/1973 )

Despedida La carne, que envejeció muy bien conmigo, la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía, ha de quedarse sobre el pálido muslo, rejuvenecerse la carne, por un instante, para que así venga más rápido el derrumbe en ella, rápido llegan las arrugas, casi sanas, y todo sobre la rígida musculatura. No ser amada. El dolor podría ser aún mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta. Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla, las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche, el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde, donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro. Avejentada en cien años, en un solo día, El confiado animal fue llevado bajo latigazos a su armonía preestablecida. (texto tomado del blog "batalla de papel", traducción de Breno Onetto.)

Blanca Varela (1926/2009 )

Vals del Ángelus     Ve lo que has hecho de mí, la santa más pobre del museo, la de la última sala, junto a las letrinas, la de la herida negra como un ojo bajo el seno izquierdo. Ve lo que has hecho de mí, la madre que devora sus crías, la que se traga sus lágrimas y engorda, la que debe abortar en cada luna, la que sangra todos los días del año. Así te he visto, vertiendo plomo derretido en las orejas inocentes, castrando bueyes, arrastrando tu azucena, tu inmaculado miembro, en la sangre de los mataderos. Disfrazado de mago o proxeneta en la plaza de la Bastilla —Jules te llamabas ese día y tus besos hedían a fósforo y cebolla. De general en Bolivia, de tanquista en Vietnam, de eunuco en la puerta de los burdeles de la plaza México. Formidable pelele frente al tablero de control; grand chef de la desgracia revolviendo catástrofes en la inmensa marmita celeste. Ve lo que has hecho de mí. Aquí estoy por tu mano en esta ineludible cámara de tortura, gui...

UNO A UNO

La mañana siguiente concluye el horario de verano: tendrás tiempo de morir a tiempo; querrás abrazarte a tu tronco como aquellos que murieron equivocados en su fe; podrás aquilatar de nuevo los días las horas y los meses en que alguien murió ajeno a ti; te sobrará parte de la mañana y repasarás el álbum de tus muertos, zurcirás de nuevo un luto desleído; quizá con el cepillo de cerdas duras acariciarás la piel de paquidermo que tapiza tus noches; acaso el motor del día tarde más en el arranque; puede que incisivos y molares se desprendan uno a uno.

Muriel Rukeyser (1913/1980 )

Balada de naranja y uva Después de terminar tu trabajo despues de que te hiciste el día después de haber leído tus lecturas y escrito tu opinión vas hasta el puesto de panchos de la otra cuadra, cruzando, en una tarde abrasadora de East Harlem, siglo XX. Casi todas las ventanas están tapiadas, las ratas salen corriendo de una bolsa-- del garage miserable asoma un Cadillac largo y lustroso; en la puerta del centro de adicciones hay un hombre que quisiera romperte la espalda. Pero también una mujer morena con una nenita de rosado y rosa. Salchichas salchichas crepitan en el asador donde el panchero se inclina en la barra no hay nada más que las dos máquinas de siempre: la de uva, vacía. Y la de naranja, vacía. Yo, enfrente, entre las dos. Pasa un negrito, mira los panchos y sigue caminando. Miro al hombre mientras se para y vuelca en esa forma familiar violeta intenso en la que dice NARANJA anaranjado en la ...