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Mostrando entradas de abril, 2016

César Simón (1932 )

De tarde en tarde A veces, de tarde en tarde, paso por aquella playa. Y nada pediría, si se me ofreciese; que todo regresara, por ejemplo. Disimulo quién soy, si me siento a una mesa y acude el camarero que nos atendía. Es como si dijera: yo no he sido nadie, yo no he tenido nada. Y sin rencor lo digo, con impreciso gesto, con oscuro semblante. Pues esta sensación es verdadera: no hay que sacar de nada conclusiones. Y menos que de nada de aquellos días muertos que no deben, por respeto, ni mencionarse. ("rua das petras")

Niki Marangou (1948/2013 )

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Tierra de nadie Eso que llaman "tierra de nadie" no existe porque siempre pertenece a alguien vivo. En el tendedero de la memoria las camisetas se requebrajan al sol un niño cae al suelo y se lastima la rodilla. Una mujer llora. Por fortuna la tierra no sabe de todo eso y decora los muros en ruinas con hiedra las heridas con amapolas y las tumbas con tomillo. ("estampas de chipre", uv-xalapa, ver.,méxico, 2015, trad. selma ancira)

Homero Pumarol (1971 )

Clementina Te escribí un poema y me pediste otro Que no mencionara a ninguna otra mujer, Menos solemne la forma, más eficaz el mensaje. Han pasado dos meses desde que nos separamos, Ahora vivo con mis papás y no trabajo, Una situación inmejorable para la poesía. Pero se mete entre mi deseo y tu reclamo un océano, mis papás desnudándose, tres de mis hermanas y nueve sobrinos, Sin contar los televisores, los teléfonos, los cuñados y los perros. Mientras tanto voy juntando palabras sueltas: Pantalón, Mariachi, Cabecita, Mamey, ¿Cuándo nos vamos a volver a ver? ¿Será un haiku o una larga letanía? A veces creo que nunca lo voy a terminar. Sería mucho más fácil si durmieras conmigo. ("revista ping pong")

János Pilinszky (1921/1981 )

Alguien Por un perfecto círculo, o mejor, por un óvalo imperfecto está mirando Dios al monstruo. Un millón de caras, manos y uñas en conjunto. En el fondo una cama larga y muda; una vulgar cobija y una almohada. La pezuña del monstruo perfora el pavimento, y alguien rompe a llorar. ("otra iglesia es imposible", traductores rodrigo escobar holguín y vera székács)

Charles Simic (1938 )

Los relojes de los muertos Una noche fui a hacerle compañía al reloj. Tenía un ruidoso tic tac después de la medianoche. Como si estuviera asustado. Es como silbar frente a un cementerio, Le expliqué. De cualquier manera, le dije, te comprendo. Hubo una vez relojes como este En todas las cocinas de los Estados Unidos. Ahora las ventanas de las fábricas están todas rotas. El anciano del turno de la noche está sobre el bote de Caronte. El día que te detengas, le dije al reloj, Las pequeñas ruedas de reserva Se echarán a rodar Hacia resquicios de difícil acceso. De tan sólo pensar en eso, me olvido de darle cuerda al reloj. Nos levantamos en la oscuridad. Que tranquila está la ciudad, digo. Como los relojes de los muertos, mi esposa responde. Abuela en la pared, Escucho la nieve de tu infancia Que empieza a caer. ("revista ping pong", traducción frank báez)

Billy Collins (1941 )

Los muertos Los muertos siempre nos están mirando, dicen, Mientras nos ponemos los zapatos o preparamos un sándwich, Ellos miran hacia abajo a través del fondo de cristal de los botes Del cielo. Mientras reman lentamente en la eternidad, Miran nuestras cabezas moviéndose abajo en la tierra, Y cuando nos acostamos en un campo o en un sillón, Drogados quizás por el murmullo de un tibio atardecer, Piensan que los miramos a ellos, Entonces levantan sus remos y se quedan callados Esperando, como padres, que cerremos los ojos. Sin tiempo Con prisa esta mañana Toqué la bocina mientras Avanzaba junto al cementerio Donde están enterrados mis padres Uno junto al otro Bajo una  delgada losa de granito. Luego, me paso el día pensando en él Levantándose y dándome esa mirada De reproche, Mientras mi madre, calmada, Le dice que vuelva a recostarse. ("revista ping pong", trad. de giselle rodríguez cid)

Alda Merini (1931/2009 )

Su esperma bebido... Su esperma bebido por mis labios era la comunión con la tierra. Bebía con mi magnífica exaltación mirando sus ojos negros que huían como gacelas. Y jamás una manta fue más cálida y lejana y jamás fue más feroz el placer dentro de la carne. Nos partíamos en dos como el timón de una nave que se abría para un largo viaje. Teníamos con nosotros los víveres para muchos años todavía y besos y esperanzas y no creíamos más en Dios porque éramos felices. ("la ficción del olvido", trad. delfina muschietti)

Svetozar Gueorguiev-Ghostdog (1976 )

marina tsvetáyeva freestyle en noviembre, tropezando con mi vestido largo, yo caminaba haciendo cuenco con la mano para que de mi mejilla goteante no cayeran frambuesas en la húmeda hojarasca. todo el mundo al besarme me sacaba sangre. ("periódico de poesía", trad. de neva micheva)

Rigoberto Paredes (1948/2015 )

Elogio de la gordura Loada sea la gordura, su grasa llena de gracia, la curva tensa y relumbrante de sus contornos. Dichosos sean los seres de ancho follaje, donde todo el que quiera halle puesto seguro para pasar la noche. Gocen de buena fama esos seres flamantes, exagerados, vivos retratos de la abundancia. Ábranles campo por donde vayan; no los hagan perder el tiempo, el peso, la vida. Convídenlos a la mesa, a la cama (sin mayores recatos ni privaciones) y celebren en público, a sus anchas, los deliciosos fastos de la gordura. ("torre trunca.blogspot")

Jorge Teillier (1935/1996 )

  Cuando en la tarde aparezco en los espejos Cuando en la tarde aparezco en los espejos Cuando yo y la tarde queríamos unirnos Tristemente nos despedimos Tristemente nos hablamos en el espejo que disuelve las imágenes Quién soy entonces Quizás por un momento De verdad soy yo que me encuentro Quién soy yo sino nadie Alguien que quisiera pasarse los días y los días Como un solo domingo Mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios Mirando a un anciano que da de comer a las palomas Y a los evangélicos que predican el fin del mundo Cuando en la tarde no soy nadie Entonces las cosas me reconocen Soy de nuevo pequeño Soy quien debiera ser Y la niebla borra la cara de los relojes en los campanarios ("los-poetas.com")

Blanca Varela (1926/2009 )

La muerte viste a la novia El pulgar de hielo levanta el párpado y coloca una gota de oscuridad Se agranda la noche y cada párpado es una parda medialuna El aire vela El hedor de la vida deja intacto el perfil Brillan con otra luz cabello y labio Calla el mar en su oído Y ahora el cuerpo entero libre de viejas sombras se alisa para el último amor ("muro fb de hernán vargascarreño")

Jesús Aparicio González (1961 )

 Lombriz de tierra Lee las sombras sin ver escucha el movimiento de sus dioses sin oír se lame las heridas sin gustar predice la tormenta sin oler. Su enemiga es la luz, entiende su universo con la piel y se sueña alfarero en un museo de raíces. Segura en su barro construye túneles para que corra el aire y respire el corazón del mundo. ("donde está el fuego", no.2, col.cuadernos de humo diez, brooklyn, ny, 2016)

Robert Creeley (1926/2005 )

Algo Me aproximo con un temblor tan cauteloso, sintiendo como siempre la definitiva tonta pregunta de cómo estuvo, qué tal se sintió, y quién lo ha de preguntar. Recuerdo una vez en un cuarto alquilado en la Calle 27, la mujer que amaba entonces, literalmente, después que habíamos hecho el amor en la espaciosa cama, sentada sobre un lavadero de dos grifos, ella tenía que orinar pero estaba nerviosa, avergonzada supongo de que la viera a ella quien hace sólo un momento estuvo completamente abierta a mí, desnuda, en la misma cama. En cuclillas, su cabeza reflejada en el espejo, el pelo oscuro ahí, su cara completa, los hombros, sentada con las piernas abiertas, abrió un grifo y temerosa orinó. Qué el amor podría aprender de tal atisbo. ("revista ping pong", versión frank báez)

Uriel Martínez (1950 )

A B C pensé en reunir en un mazo los versos sueltos escritos desde el primer día; subdividirlos por temas, aquellos soleados de junio, abejas y lluvia; después los textos de sitios angostos: ascensores, áticos, vagones y tumbas; luego los dominados por el silencio, la catástrofe, la capilla ardiente; quizá el templo, los altares; los de epílogo, lógico, a modo de colofón, el cloroformo, la anestesia, el hospital; pero no hay tiempo de buscarlos, encontrarlos, escribirlos; no has llegado aún. [Inédito]

Janet Frame (1924/2004 )

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Ay pulmón que floreces como árbol Ay pulmón que floreces como árbol un pájaro misterioso te molesta un pájaro extraño que no se alejará volando ni cantará al amanecer o en el crepúsculo. Tomaré mi cuchillo cortaré la rama del árbol del que cuelga y se aferra para que el amplio cielo pueda asomarse y la luz recubra de esmalte las hojas de sangre que palpitan con vida. Ah sí, mañana tomaré mi cuchillo y la luz y yo nos asomaremos ay pulmón infestado que floreces como árbol, dijo el cirujano. ("huesos de jilguero", uv-xalapa, ver., méxico, 2015, traducción nair anaya)

Sharon Olds (1942 )

La charla En el oscuro cuarto de madera al mediodía la madre tuvo una charla con su hija. La grosería no podía seguir, la maldad con su pequeño hermano, el egoísmo. La niña de ocho años se sentó en la cama en un rincón del cuarto, los iris destilados como las última gotas de algo, su cara terca derritiéndose, avergonzada, destellos plateados en los ojos como agua distante que se vislumbra a través de los bosques. Aguantó y aguantó hasta quebrarse y gritar ¡Odio ser una persona! Y se zambulló en su madre como en un estanque profundo -y no sabe nadar, la niña no sabe nadar. ("otra iglesia es imposible", traducc. inés garland e ignacio di tullio) 

Rigoberto Paredes (1948/2015 )

Post mortem No aplacaré con lágrimas lo que arde en la punta de mi lengua. De más está llorar por quien vivió en la holganza, dando palos a cambio de abrazos y de querencia. Ahora, en esta hora de la verdad, en que tus pompas se estrenan en lo duro y pelado de la tierra, todo cuanto luciste, ufano y altanero, pesa más sobre ti como una losa a imagen y medida de tus restos. ¿Qué otra suerte esperaba quien en vida olvidó, a su debido tiempo, que también el poder y sus deidades pasto son de gusanos, hálito de la nada? Un áspero hierbajo se abre paso por dentro, te hiende la cabeza, el pecho, los muñones: es el estrago tenaz de la venganza, su lenta mordedura, la soga del rencor, únicas prendas que ostenta la oquedad de tu memoria. ("torre trunca.blogspot")

Jorge Teillier (1935/1996 )

Otoño secreto Cuando las amadas palabras cotidianas pierden su sentido y no se puede nombrar ni el pan, …ni el agua, ni la ventana, y la tristeza ha sido un anillo perdido bajo nieve, y el recuerdo una falsa esperanza de mendigo, y ha sido falso todo diálogo que no sea con nuestra desolada imagen, aún se miran las destrozadas estampas en el libro del hermano menor, es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa, y ver que en el viejo armario conservan su alegría el licor de guindas que preparó la abuela y las manzanas puestas a guardar. Cuando la forma de los árboles ya no es sino el leve recuerdo de su forma, una mentira inventada por la turbia memoria del otoño, y los días tienen la confusión del desván a donde nadie sube y la cruel blancura de la eternidad hace que la luz huya de sí misma, algo nos recuerda la verdad que amamos antes de conocer: las ramas se quiebran levemente, el palomar se llena de aleteos, el granero sueña otra vez con...

Diane di Prima (1934 )

Nirvana azul Lo que sucede es que no sucede nada. Mis heridas ya no sanan y tampoco se infectan. Voy ansiosamente tras las personas que antes he ansiado. Anoche dormí sola porque, ante todo, soy una pagana. Y creo que esto conmoverá a los dioses para que el poder nocturno se vuelva gozo en el día. Parece irrelevante pero, cada cosa que está aquí, fue puesta para reconfortarme. De esto me doy cuenta dolorosamente. ("emma gunst", trad. j.v. anaya)

Jorge García Sabal (1948/1996 )

Sola Hace que se arrastra, que camina, que vuela. Que está ciega y sorda y muda. Que no está. Que es otra. Hace de encerrada en un jardín, como sombra, voz sin nadie entre el olor malsano de las flores y los silbidos del viento; pero llama, se muerde, parte la lengua. Hace, rota, partida, nuestro días y noches: Como novia, muerte, niña. ("artesanías literarias")

Jotamario Arbeláez (1940 )

Manos Me gusta más la izquierda, la del reloj, la de la argolla de oro. La otra mano es más blanca y más directa. Como que está más cerca de sus actos. Me he fijado en las líneas de la suerte y en cada una el trazo es diferente. Por lo poco que sé de quiromancia adivino que es frágil, enfermiza, con un tic de maldad. En lo que toca deja huellas de polen. O de polvo para ser menos líricos. Para ser más concisos, periodísticos. Describiré sus manos dedo a dedo pero en otra ocasión. ("todoismo")

Marina Colasanti (1937 )

Muerte bajo el sol Cuando se tira abajo una casa no se clava el hacha de un solo golpe bien de raíz. Ni es de pie que ella cae con sus ramajes. Una casa se mata despacio. Se arrancan primero los pasamanos de la escalera abriendo a la ruina los peldaños inútiles. Se retiran los herrajes y las vigas. Después se arrancan puertas y ventanas se vacían en la fachada los dinteles ciegos. Y quien pasa ya sabe. Aquí no se vive más. Entonces es la hora de las tejas despellejadas sin sangre una por una. Mostrando los huesos yace más que muerto el descarnado esqueleto en el jardín. Cruel laparoscopia de mis fantasmas la casa en que viví fue tirada abajo. Se van los espectros, todos sin abrigo deshaciendo las imágenes superpuestas. Vamos nosotros sin marcas en el polvo. Y las palabras tantas palabras que hilamos juntos y que las paredes guardan en sus entrañas son deshechas a mazazos. ("imaginaria", trad. maría teresa andruetto)

Raúl Gómez Jattin (1945/19997 )

Pájaro 2 En la clínica mental vivo un pedazo de mi vida. Allí me levanto con el sol y entre tanto escribo mi dolor y mi angustia. Sin angustias ni dolores ataraxia del espíritu en que mi corazón como una mariposa brilla con la luz y se opaca como un pájaro al darse cuenta de los barrotes que lo encierran. ("al pial de la palabra")

Constantino Cavafis (1863/1933 )

Murallas Sin consideración, sin lástima, sin pena me encerraron en altas y sólidas murallas. Ahora estoy sentado aquí sin esperanza. No pienso en nada más. No hay esperanza. No pienso en nada más, a mi alma la devoró la suerte. ¡Eran tantas las cosas que pude hacer afuera! ¿Por qué no me di cuenta cuando levantaron las murallas? Nunca escuché a los albañiles, nunca un ruido… Imperceptiblemente me encerraron fuera del mundo. ("el muchacho de los helados", trad. cayetano cantú)

Joaquín Morales (1955 )

Variación retórica mínima Der Tod ist kein Ereignis des Lebens. que te agarre la muerte en medio del café con leche, a solas con la gloria de tu mejor medialuna; que te agarre la muerte con helado a medio consumir, y lo que resta, delicia de la mosca anónima; que te agarre la muerte en calzoncillos, plácido, indefenso, rascándote el ombligo y la experiencia; que te agarre la muerte con tu historia poco florecida de fanfarrias, casi todavía en plena afinación; que te agarre la muerte tal tropiezo en vals de maniquí de escaparate, descompuesto el tres por cuatro, el charol pisoteado; que te agarre la muerte como en broma, un empujón nomás hacia un costado. ("marcelo leites")

Joan Margarit (1938 )

Fulgores                               Nadie es la patria.                               J.L. Borges Nada ni nadie es la poesía. Ni el personaje solo en una roca que mira los embates del mar. Ni el mar, lo único que ha perdurado en la mitología. Poesía no eres tú. Ni los crepúsculos, ni el inútil prestigio de la rosa, ni haber escrito el verso más triste alguna noche. Nada ni nadie es la poesía. Ni el ínfimo temblor de las estrellas, ni mármol y ceniza, reunidos por los clásicos, ni los muelles al alba, ni las hojas muertas, ni escuchar la canción Les feuilles mortes. Nada ni nadie es la poesía. Ni las cartas de Rilke, ni Venecia, ni la bala en la sien de Maiacovski, ni la luz del farol entre la niebla donde siempre esperará Lili Marlene. Nada ni nadie es la poesía, pero ella es quien me salva de este monstruo que...

Juan Gil-Albert (1904/1994 )

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Ver llover                                 a Rosalía de Castro Cuando llueve la tierra suspende sus labores y el hombre se recrea en su silencio como si nada externo fuera nada, sino tan sólo el húmedo murmullo del agua universal. Se asoma enfrente de mi balcón un rostro entre penumbras y ambos lejanos, mudos, solitarios, contemplamos el raudo deshacerse de las nubes ha poco luminosas. No hay como estas paradas de la vida para que todo adquiera fugitivo su semblante más vasto: su invisible poder evocador: ¿Será la vida más que nuestro ajetreo este trastorno dulcemente fragante, esta fragancia trastornadora, un eco de lo que por debajo de la tierra se cumple ante los ojos en la forma de una suave bondad? ¿Es todo un aire sombrío que se anega en su belleza? Mucho ha indagado el hombre de las cosas que en torno lo rodean; mas si llueve olvídase de todo y sólo entonces asiste...

Uriel Martínez (1950 )

Doble llave Antes de emprender un viaje procuro las llaves cerradas del gas y los sueños. Si me es posible bajo el switch de luz y cierro puertas y persianas. Me despido de plantas vivas y muebles maquillados de polvo y humedad. Hago una pausa y espero el momento de guardar guantes, bastones, sombrillas y otros. Cojo la bolsa de hombro y levanto el asa de hierro de viejos y olvidados proyectos. Si la noche es propicia y el día joven, según el destino de arribo, me demoro. Y aunque la casa no tiene eco ni es de resonancia, pronuncio mi nombre y el tuyo. Pero, insisto, no tengo réplica y echo doble cerrojo.

Charles Simic (1938 )

Imperios Mi abuela profetizó el final de vuestros imperios, ¡oh locos! Ella planchaba, la radio estaba puesta. La tierra temblaba bajo nuestros pies. Uno de vuestros héroes daba un discurso. "Monstruo", le llamó ella. Hubo vítores y salvas para el monstruo. "Podría matarlo con mis propias manos", me declaró. No hacía falta. Se irían todos al diablo en cualquier momento. "No vayas a nadie con estas habladurías", me advirtió. Y me tiró de la oreja para dejar claro que yo la entendía. ("apología de la luz", sin crédito al traductor)

Paula Meehan (1955 )

El entierro de un niño Tu ataúd parecía irreal, decorado como un pastel de boda. Elegí tus ropas para el entierro con cuidado, tu camisa a rayas favorita, tus pantalones de algodón azules. Olían a humo amaderado, a Octubre, tu propio olor allí, también. Elegí un suéter de lana hilada a mano, abrigado y lanudo para vos. Hace tanto frío abajo, en la oscuridad. Ninguna luz puede alcanzarte y enseñarte los senderos de las aves salvajes los nombres de las flores, los peces, las criaturas. Ignorante debes mantenerte del sol y de su trabajo, mi cordero, mi ternero, mi aguilucho, mi cachorro, mi pequeño, mi polluelo, mi bebé, mi potrillo. Desovillaría el tiempo, te pondría dentro de mi útero, tu guarida amniótica, y te llevaría más atrás a través de los nueve meses lunares hasta el momento justo de la separación de la simiente en que elegiste hacerte carne, palabra dentro mío. Cancelaría la celebración de amor la noche ardiente en que fuiste conceb...