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Mostrando entradas de mayo, 2014

Charles Simic (1938 )

Hotel Cielo Estrellado Millones de cuartos vacíos con televisores encendidos. Yo todavía no estaba ahí pero igual vi todo. E n pantalla el Titanic como una torta de cumpleaños hundiéndose. Poseidón, el encargado nocturno, apagó las velas. ¿Cuánto le damos de propina al botones ciego? A las tres de la mañana, la expendedora de chicles en el lobby vacío   con el espejo recién rajado es la nueva Madona con el Niño. (fuente: "el placard", versión: Sandra Toro)

Wislawa Szymborska, poeta

Los dos  monos de Brueghel Así es mi gran sueño del examen de reválida: dos monos atados con cadenas, sentados en la ventana, el cielo revolotea tras los cristales y el mar se baña. Me examino de historia de la gente. Tartamudeo y me atasco. Un mono clava en mí su mirada y aguza irónico el oído, el otro finge dormitar, y, en el silencio que sigue a la pregunta, me sopla la respuesta con un débil tintineo de cadenas. (fuente: "ignoria", traductores: Jerzy Skvomirsky y Ana María Moix)

Juan Gelman (1930/2014 )

El juego en que andamos Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices. Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser un inocente, esta pureza en que ando por impuro. Si me dieran a elegir, yo elegiría este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados. Aquí pasa, señores, que me juego la muerte. (fuente: rua das petras)

Ingeborg Bachmann (1926/1973 )

Una especie de pérdida Usados en común: estaciones del año, libros y una música. Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una cama. Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados. Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano. De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he enamorado. De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama. Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado irrevocables, he adornado un algo y he sido devota delante de una nada, (-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte) impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama. De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable. Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos. Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso. La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría. No te he perdido a ti, sino al mundo. (fuen...

Begoña Abad (1952 )

Templar al punto... T emplar al punto los espárragos, desalar perfectamente el bacalao, hervir la leche con los granos de arroz y darle el punto exacto a la crema de calabacín. estrenar las sábanas de círculos verdes, comprar un caleidoscopio, preparar los libros de poemas, perfumarme suavemente, probarme un sujetador, elegir la música, poner toallas limpias, ensayar los latidos, comprobar las llamadas del móvil que no suena, mirar el reloj otra vez más. Templar al punto los deseos, desalar perfectamente la impaciencia, hervir la esperanza con los granos de fe y darle el punto exacto a la crema de amor. Cualquier día de estos confundo las recetas con las que preparo una cita contigo. (fuente: "emma gunst")

Carmen Gloria Berríos (1954 )

Labrador Tus manos hacen surcos en mi espalda mientras la ropa se me abrevia en la cintura Los dedos que conozco van arando tenues sensaciones que anuncian con creciente intensidad una dulce jornada de siembras y cosechas (fuente: "el árbol de los libres", ediciones arlequín, coleccón canto del sátiro, Guadalajara, 2008)

Uriel Martínez (1950 )

Rescoldos no requiero las profecías de gitana alguna para saber que en tus rescoldos aparece mi nombre ni necesito el sahumerio de chamán para limpiar el aura que me viste y fortalece ni la voz ni la luz ni el trance de médium equis para saberme insano aunque la rueda de la diosa dé una y mil vueltas, un día regresarás mareado al punto en que partiste y donde encontrarás agua tibia y brasas vivas y un sartén y una olla y una casa y una cama y un acaso.

Louise Glück (1943 )

Lago en el cráter E ntre el bien y el mal hubo una guerra.  Decidimos que el cuerpo fuese el bien. Eso hizo que el mal fuese la muerte, que el alma se volviera completamente en contra de la muerte. Como un soldado que desea servir a un gran señor, el alma desea cerrar filas con el cuerpo.  Se puso en contra de la oscuridad, en contra de las formas de la muerte que reconocía. De dónde viene la voz que dice: y si la guerra fuese el mal, que dice y si fue el cuerpo el que nos hizo esto, nos hizo tener miedo del amor. (fuente: "emma gunst.blogspot", traductores: Abraham Gragera y Ruth Miguel Franco)

Dorothy Parker (1893/1967 )

Idilio Piensa en las cosas que nunca podrán ser,                salvo en el mundo sombrío de los sueños. Piensa en lo que podría ser, para ti y para mí,                si tan solo pudiéramos romper los tristes esquemas del mundo. Piensa en un nidito nuestro bajo una enramada,                cada día, al ocaso, te esperaría ahí, abajo donde la verja, al resplandor del oeste,                vestida enteramente de blanco, con una rosa en el pelo. Piensa en un sillón, de asiento mullido y ancho;                piensa en un hogar, donde la lumbre roja se apaga; piensa en mí, sentada allí a tu lado,      ...

Juan Carlos Moisés (1954 )

La otra cara interesante De acuerdo; si decís que tengo la cara de un viejo perro cansado no lo niego, pero a cada uno lo suyo. Cuando el turno te llegue de nada servirá mirar para otro lado, tus ojos abiertos estarán ahí para hacerse cargo de esa otra cara interesante que te tienen reservada en algún lugar seguro y que en el momento adecuado te ofrecerán como un trofeo que nadie intenta rehusar, ni yo mismo cuando me fuera ofrecida en lo alto del podio. (fuente: "otra iglesia es imposible")

Eugenio Montejo, poeta

Mi amor En otro cuerpo va mi amor por esta calle, siento sus pasos debajo de la lluvia, caminando, soñando, como en mí hace ya tiempo... Hay ecos de mi voz en sus susurros, puedo reconocerlos. Tiene ahora una edad que era la mía, una lámpara que se enciende al encontrarnos. Mi amor que se embellece con el mar de las horas, mi amor en la terraza de un café con un hibisco blanco entre las manos, vestida a la usanza del nuevo milenio. Mi amor que seguirá cuando me vaya, con otra risa y otros ojos, como una llama que dio un salto entre dos velas y se quedó alumbrando el azul de la tierra. (fuente: "cómo cantaba mayo en la noche")

W. S. Merwin (1927 )

Entre las sombras de las casas Vida tras vida el anochecer de casas que he amado Los veo ahora en esta casa por la que camino a oscuras cruzando puertas abiertas de habitación en habitación dejando las luces apagadas como siempre me ha gustado hacerlo reconociendo más allá de cualquier creencia ecos sin sonido de otros tiempos otras épocas cómo podría encontrar ahora el camino a esas habitaciones estas sombras una tras la otra en la claridad intermitente de los días cómo podría haber llegado a saber del antiguo amor de estas sombras con las luces encendidas (fuente: "el cultural", traductor: Martín López-Vega)

Louis Aragon (1897/1982 )

Habitaciones  Todas las habitaciones de mi vida Me habrán estrangulado entre sus muros Aquí los murmullos se ahogan Los gritos se rompen Aquellas en las que viví solo Con grandes pasos vacíos Aquellas Que guardaban sus espectros antiguos Las habitaciones de la indiferencia Las habitaciones de la fiebre y aquella que Había yo instalado con el fin de morir en ella fríamente El placer alquilado Las noches extranjeras Hay habitaciones hermosas como heridas Hay habitaciones que os parecerían triviales Hay habitaciones de súplicas Habitaciones de luz baja Habitaciones dispuestas para todo salvo para la dicha Hay habitaciones que para mí estarán siempre de mi sangre Salpicadas En todas la habitaciones llega un día en que el hombre en ellas se Desuella vivo En que cae de rodillas pide piedad Balbucea y se vuelca como un vaso Y sufre el espantoso suplicio del tiempo Derviche lento es el redondo tiempo que sobre sí mismo gira Que observa con ojo circular El d...

Orhan Pamuk (1952 )

Dolor Para compartir su dolor, pensé en la muerte de mi padre. Pero, a pesar de lo que le quería, entre él y yo existía una cierta tensión, una competencia. En cambio, Füsun amaba a su padre sin esfuerzo, sin cansancio, profundamente, con tanta naturalidad como se ama el mundo, el sol, las calles, el hogar. Me dio la impresión de que sus lágrimas se vertían tanto por su padre, como por el estado del mundo entero y por cómo era la vida. (fuente: "El museo de la inocencia", ed. Literatura Modadori, México, 2009, traductor: Rafael Carpintero.)

Louise Glück (1943 )

El jardín A sí se vive cuando tienes un corazón helado. Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría, bajo las copas inmensas de los arces. El sol apenas me alcanza. A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos. Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo. Siento su brillo entre las hojas, vacilante, como quien golpea un vaso con una cuchara de metal. No todos necesitan de la luz en igual medida. Algunos creamos nuestra propia luz: una hoja plateada como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata poco profundo bajo la oscuridad de los arces. Pero esto ya lo sabes. Tú y aquellos que piensan que viven por la verdad, y en consecuencia, aman todo lo que es frío. (fuente: "emmagunst.blogspot", trad.: Pablo Fidalgo Lareo)

Kim Addonizio (1954 )

Intimidad L a mujer que prepara mi capuchino en la cafetería—ojos oscuros, cabello rojo teñido, cuello de tortuga negro y sin mangas—fue la amante del hombre con quien salgo ahora. Ella no me conoce; somos extraños, y sin embargo no puedo mirarla casualmente, como solía hacer antes de saberlo. Ella está junto a la máquina, hundiendo la válvula en la espuma de la leche, mirando al vacío—no sé qué es lo que piensa. En lo que a mí respecta, ella bien podría estar recordando a mi amante, recordando lo que sea que haya ocurrido entre ellos—él nunca me ha dicho nada, excepto que no fue importante, y luego cambia rápido de tema, demasiado rápido, ahora que lo pienso; ¿sería que él, después de todo, había mentido?, ¿y no había cruzado brevemente por su cara una expresión de dolor? No puedo estar segura. De seguro no fue nada, me digo a mí misma; no hay razón para sentirme incómoda aquí parada, o sentirme cómplice, como si hubiera algo importante entre nosotras. ...

Nuala Ni Dhomhnaill (1952 )

El tema del lenguaje Deposito mi esperanza sobre el agua en el pequeño bote del lenguaje, del mismo modo en que pondría a un niño en una cuna de hojas de lirios salvajes entretejidos su interior frotado con betún y brea, luego lo dejo ir   entre los juncos y el llanto de la Banshee a la vera del río mirándolo y preguntándome si la corriente lo llevará como a Moisés, si tal vez, la hija de algún Faraón vendrá a salvarlo. (fuente: "Ogham", versión de Marina Kohon)

Miriam Reyes (1974 )

Soy lo que no entiendes.. S oy lo que no entiendes y simplificas lo que no puedes cambiar y limitas lo que necesitas y humillas. Por más que te obedezca no hago lo que deseas. Por más que me anules te lastimo. (fuente: "emmagunst.blogspot")

Marià Manent (1898/ 1988)

La tumba de Rilke (Barogne, Valais) Descansas al final del cementerio, sobre la roca oscura, con la hiedra de montaña, que no teme la escarcha de febrero. Tienes una cruz muy tosca, de huesa de pastores y labriegos, y ciñe tu recinto una piedra carcomida como las arcas de novia. Nieves y soles han vuelto gris la cruz, del color de la niebla. Pero en tu tumba hay un dejo de orgullo: un escudo cincelado, algo de fábula de la Austria antigua, coronando el burgo solitario y extremo de tu palabra. Aquí descansa la frente que se inclinó a menudo al silencio y la sombra; y cuando el viento de los Apes barre la nieve sobre la hierba muerta, los campesinos, de vuelta de las viñas, donde tienen las cepas forma de lira, no saben que se ocultan bajo la cruz el azul y el miedo de tus ojos de niño, y que suspira la hiedra sobre tu corazón que ignoraba la paz. (fuente: "la mirada del lobo", traducción de José Muñoz Millanes)

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Las necesidades Una puerta cerrada no es suficiente para que un hombre esconda su amor. También necesita una puerta abierta para poder partir y perderse entre la multitud cuando ese amor estalle como un barril de pólvora en el arsenal alcanzado por el rayo. No basta un techo para que un hombre se proteja del calor y de la tempestad. Para huir del relámpago, cuando la lluvia cae en el silencio del mundo abierto como una fruta entre dos estruendos, él necesita un cuerpo tendido sobre la cama, un cuerpo al alcance de su mano todavía temerosa de avanzar en la oscuridad. En la noche que declina, en el día que nace, el hombre necesita de todo: del amor y del rayo. (fuente: "neorrabioso", trad. de Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre)

Uriel Martínez (1950 )

Noctámbulo Hola, noctámbulo, si te es posible querría engendrar un hijo que me vea con ojos de amigo. Que me vea con esas cejas de criatura de condición especial, que al verme le escurra la alegría. Que me abrace como ramas de árbol que se toman de una roca con tal de no desprenderse. Que sus raíces ahonden en oleadas de sangre de origen y fin inciertos. Que sus dedos limpios me dejen en la piel huellas inéditas. Hola, noctámbulo, sé que no admitirás mis reclamos ni yo tus desaires.

Amalia Bautista (1962 )

Desnudo de mujer P ara ti nunca fui más que un pedazo de mármol. Esculpiste en él mi cuerpo, un cuerpo de mujer blanco y hermoso, en el que nunca viste más que piedra y el orgullo, eso sí, de tu trabajo. Jamás imaginaste que te amaba y que me estremecía cuando, dulce, moldeabas mis senos y mis hombros, o alisabas mis muslos y mi vientre. Hoy estoy en un parque, donde sufro Los rigores del frío en el invierno, Y en verano me abraso de tal modo Que ni siquiera los gorriones vienen A posarse en mis manos porque queman. Pero, de todo, lo que más me duele Es bajar la cabeza y ver la placa: “Desnudo de mujer”, como otras muchas. Ni de ponerme un nombre te acordaste.     (fuente: "emmagunst.blogspot")

Natalia Litvinova (1986 )

Recuerdo el día que nací... recuerdo el día que nací. llovía y los árboles soltaban todos sus frutos, la fertilidad de los ríos era capaz de matarnos. recuerdo el día que nací. tenía los ojos ciegos, la boca muda y el alma intocable. mi padre me prestó su mano para que yo no supiera qué hacer con ella. amo las manos de mi padre, origen de toda creación y de la fe. recuerdo los abismos del vacío, los límites, el calor del alba sobre mi nuevo rostro. mis manos extendidas al no saber. (fuente: "la mirada del lobo", sin crédito al traductor/a)

Tadeusz Rózewicz (1921/ 2014 )

El castaño No hay nada más triste que marcharse de casa una mañana de otoño cuando nada presagia un pronto regreso. El castaño que plantó mi padre junto a la casa creció con nosotros; mi madre es tan pequeña que se la podría llevar entre algodones. En los estantes hay frascos en los que las confituras como diosas de dulces labios guardan el sabor de la eterna juventud. El ejército dentro del cajón será de plomo hasta el día del juicio final. Dios todopoderoso, que mezcló lo amargo y lo dulce, cuelga en la pared impotente y mal pintado. La infancia es un rostro borroso en una moneda de oro que suena limpiamente si cae. (fuente: "rima interna", versión de Martín López-Vega.)

Josefa Parra (1965 )

Pacto Por si acaso llovizna por tu calle  y quieres secar tu cuerpo  entre mis brazos  Por si el silencio te acomete  y recuerdas el lenguaje extraño  que aprendiste a mi lado  Por si regresas  a humedecer de lunas los recuerdos  Por si el trópico te reclama impaciente  entre sus verdes  O por si acaso es de noche en tu morada  dejaré la puerta abierta (fuente: "rua das petras")

Francisco Urondo (1930/ 1976 )

No puedo quejarme Estoy con pocos amigos y los que hay suelen estar lejos y me ha quedado un regusto que tengo al alcance de la mano como un arma de fuego. La usaré para nobles empresas: derrotar al enemigo –salud y suerte– hablar humildemente de estas posibilidades amenazantes. Espero que el rencor no intercepte el perdón, el aire lejano de los afectos que preciso: que el rigor no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas afinidades tan desencontradas, porque mis amigos suelen ser como las señales de mi vida, una suerte trágica, dándome todo lo que no está. Prematuramente, con un pie en cada labio de esta grieta que se abre a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo la nariz y me dejo tragar por el abismo. (fuente: "rua das petras)

Olga Orozco (1920/ 1999 )

Mujer en su ventana E lla está sumergida en su ventana contemplando las brasas del anochecer, posible todavía. Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora como el mar en un cuadro, y sin embargo el cielo continúa pasando                                                                                                 con sus angelicales procesamientos.  Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste; allá lejos  seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada, y alguien en cualquier parte levantará su casa sobre el polvo y el humo de otra casa. Inhóspito este mundo. Áspero este lugar de nunca más. Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche –¿o acaso será un dios...

Uriel Martínez (1950 )

LOS GORDOS 1. A los doce años yo asistía a la primaria. Era gordo y malo para caminar pues nací con la deficiencia de quienes carecen del arco del pie: me cansaba pronto. No hacía deporte. Pero era de los adelantados en clase, cumplía con las tareas y las lecturas. Tenía la ventaja de que en casa no había tele y cuando la veía tenía que pagar con alguna vecina para verla antes de ir a la cama. 2. Los gordos, en aquel entonces, eran discriminados por gordos. No se diga las niñas. Pero también eran discriminados/as los miopes que ya usaban anteojos, eran señalados con apodos aquellos que habían padecido de poliomielitis y rengueaban al caminar o calzaban un zapato de suela de hule más gruesa para compensar la asimetría de las piernas. Recuerdo a un chico que le decían Chester por un programa de televisión en que el actor arrastraba el pie corto al tratar de alcanzar al sheriff del pueblo. Quizá por este recuerdo del cojo es que me sorprendió una historia de Flannery O'Connor en ...

Carina Sedevich (1972 )

La gata me habla... L a gata me habla como un bebé. Y me lame las manos como un perro.  Y monta guardia mientras duermo como un planeta.  Cuando escribo se acomoda sobre los papeles. Y me mira. Sólo para que sepa  que ella está.  El peor momento es la mañana. Ella lo sabe. Cuando sé que no puedo dormir más.  Y confirmo que estoy mejor así sola y despierta pero recuerdo vagamente  las trazas de algún hombre y me entristezco.  Pienso si el amor apagado puede servir para algo. Si es como una ceniza para mezclar con arcilla o con agua o con savia y hacer una cataplasma un ungüento un bálsamo. ¿De qué puede servir todo el amor apagado? Lo pongo fuera de mí. Pienso en alguna cosa que con el paso del tiempo consiga cada vez una hoja más tibia más azul más lenta para surgir más rápida de aplacar. Una hoja donde se haya escrito la idea del amor una vez. Una idea  tal vez como una pera. La pera guarda la f...

Robert Lowell (1917/ 1977 )

A la venta Pobre juguete avergonzado, organizado con despilfarradora animosidad, vivió durante solo un año: la casita de papá en Berverly Farms ya estaba a la venta el mismo mes en que murió. Vacía, abierta, íntima, su mobiliario de casa de ciudad tenía un aire provisorio como si esperara a los de la mudanza, que van pisando los talones a los sepultureros. Preparada, asustada de vivir sola hasta los ochenta, mamá languidecía en la ventana como si se hubiera quedado en el tren una estación más allá de su destino. (fuente: "otra iglesia es imposible", traducción de Sergio Coddou)

María Rosal (1961 )

Diagnosis   He  sufrido  por  ti  la escarlatina. El crujir de los           huesos cuando crecen. He sufrido contigo la difteria,  la  malaria mortal           de  quien   lame   una   piedra  en  busca  de           alimento. Me has contagiado tus peores males. He  expiado  por   ti   el   sarampión del amor  que           comienza, la artrosis voraz de la rutina. Escorbuto  de  sed  son tus abrazos mientras bebo           tus labios de vitamina 12. He sufrido el dolor y la tregua. Te he tomado con los dientes amargos con que  se           muerde la aspirina. He sufrido del corazón y l...