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Mostrando entradas de marzo, 2018

Odette Alonso (1964 )

Días de Géminis Fósforo A la llama pequeña casi inofensiva no le bastó el cerco que hicimos con las manos ni el soplo de la boca previsora. Infamó cuanto había alrededor. Fue incendio. Miel de agave Otra miel es la que quiero aquella que se embarra entre los dedos y los chupo hambrienta golosa del sabor y del aroma. Otra miel definitiva esa que se unta al labio y siembra con acidez propiciatoria la adicción. ("old music island", izc-zac., méx., 2018)

Al Berto (1948/1997 )

Del ardor de la pasión a la muerte en el poema El cuervo vuela como una navaja atravesada en la boca de quien escribe. Viene a posarse en el hombro luminoso del habla. Quien escribe segrega palabras negras, tan negras como sus alas: —No hubo un solo día en que no estuviese enamorado de ti. En que no haya pensado, en pleno vuelo, deshacerte a picotazos. Tan solo quiero decirte, Alexandre, que llegué a comprender el lenguaje limpio de los pájaros, a leer nuestro futuro en las entrañas de las víctimas, a vencer al miedo, a las serpientes por medio de encantamientos, a evocar las sombras, a excavar la ciudad hasta sus abismos más profundos, a hacer del día noche y de la noche día... Pero si miras el firmamento, descubrirás una ruta de estrellas. Y verás que una estrella comienza a caer. Debes, entonces, observar atentamente su recorrido y el lugar donde por fin se extinga. En ese punto de la noche insomne encontrarás Samarcanda. ("la nube habitada", versión de fernando ...

Adrienne Rich (1929/2012 )

XII Durmiendo, girando incesantes como planetas en sus praderas nocturnas: un roce es suficiente para hacernos saber que no estamos solas en el universo, aún dormidas los fantasmas del sueño de dos mundos cruzan sus pueblos fantasmas, casi hablándose entre sí. Despierto al susurro de tus palabras dichas a años luz o años sombra como si mi propia voz hablara. Pero tenemos voces diferentes, aún en sueños, y nuestros cuerpos, tan parecidos, son sin embargo diferentes y resuena el pasado a través de nuestras venas cargado con lenguajes diferentes, sentidos diferentes, pero cualquier crónica del mundo compartida podría ser escrita con un sentido nuevo: éramos dos amantes de un género, éramos dos mujeres de una generación. ("poemario de mujeres", s/c traductor)

Roberto Malatesta (1961 )

Dormir sobre una piedra Hoy dormí sobre una piedra, sobre la misma piedra dormía el sol, el sol y la piedra eran mi lecho, yo no tenía otra visión que el cielo, no tenía otro pensamiento que un cielo sin nubes. Pronto apareció un grupo de aves, creí que se trataba de nuevos pensamientos pero eran aves reales, pude oír sus gritos, giraban en círculo, quizá sospechaban que estaba muerto, seguramente eso creían pues moví una pierna y luego moví otra pierna y las aves desaparecieron. Regresé entonces a mi único pensamiento, al sonido único del viento en la montaña, a la sensación una del sol de la piedra. Me hallaba en otro sitio, era un solo y único sitio, estaba en una piedra y nadie podía hallarme, nadie podía molestarme excepto las aves que pronto regresarían a verificar si al fin me había muerto. ("otra iglesia es imposible")

Joan Margarit (1938 )

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J.L. Borges Nada ni nadie es la poesía. Ni el personaje solo en una roca que mira los embates del mar. Ni el mar, lo único que ha perdurado en la mitología. Poesía no eres tú. Ni los crepúsculos, ni el inútil prestigio de la rosa, ni haber escrito el verso más triste alguna noche. Nada ni nadie es la poesía. Ni el ínfimo temblor de las estrellas, ni mármol y ceniza, reunidos por los clásicos, ni los muelles al alba, ni las hojas muertas, ni escuchar la canción Les feuilles mortes. Nada ni nadie es la poesía. Ni las cartas de Rilke, ni Venecia, ni la bala en la sien de Maiacovski, ni la luz del farol entre la niebla donde siempre esperará Lili Marlene. Nada ni nadie es la poesía, pero ella es quien me salva de este monstruo que acecha en un lugar dentro de mí, la bestia que me hace compañía. ("poéticas")

Carilda Oliver Labra (1924 )

Anoche Anoche me acosté con un hombre y su sombra. Las constelaciones nada saben del caso. Sus besos eran balas que yo enseñé a volar. Hubo un paro cardíaco. El joven nadaba como las olas. Era tétrico, suave, me dio con un martillito en las articulaciones. Vivimos ese rato de selva, esa salud colérica con que nos mata el hambre de otro cuerpo. Anoche tuve un náufrago en la cama. Me profanó el maldito. Envuelto en dios y en sábana nunca pidió permiso. Todavía su rayo lasser me traspasa. Hablábamos del cosmos y de iconografía, pero todo vino abajo cuando me dio el santo y seña. Hoy encontré esa mancha en el lecho, tan honda que me puse a pensar gravemente: la vida cabe en una gota. Busco una enfermedad que no me acabe... Busco una enfermedad que no me acabe sino el dolor constante de la vida: algo para fingir que estoy dormida detrás de este temblor de escarcha grave. Busco un agua cósmica que lave la lágrima terrible que me oxi...

George Bacovia (1881/1957 )

Frío Cerca de una valla rota el viento me golpea con hojas mojadas. Estoy cada vez más feo, más acabado. El frío va empañando los vidrios. Sobre la calle que se inclina en descenso hace un otoño parecido a un poema viejo. Las faldas de las mujeres se levantan por el viento; nunca podré hacer pareja con alguna de ellas. El otoño desgarra carteles y flores. Y es cada vez más triste, lejos, en los barrancos, encender el fuego varias veces al día. Ah, más triste todavía, lejos, en los barrancos... Hojuelas de nieve revolotean... (revista "la palabra y el hombre", no.43, uv-xalapa, 2018; traducción aleqs garrigós)

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Valiente ciudadano                                                                                                                           a  maría inmaculada barrios                                                                              Morid con el pensamiento                                                              ...

Mercedes Álvarez (1979 )

Por mi manía Por mi manía de remendar siempre la ropa me abandonaron muchos hombres por coser los agujeros de las medias por pegar coderas en mis pulóvers y no desprenderme de mis atuendos -a veces casi harapos-. Querían comprarme blusas, faldas un vestido nuevo pero yo desconfiaba pensaba que querían sorprenderme a medio vestir en el probador de una tienda o calzarme el zapato como a Cenicienta y yo quería ser Santa Clara y aferrarme al orden natural de las cosas. Tardé años en entender. Pero nunca dejé que me vistieran. ("el poeta ocasional")

Elvis Guerra (1993 )

Confesión Bebí de los senos de mi abuela el tibio sudor de la madrugada; busqué el tesoro que guardaron mis ancestros en el ojo de un perro que muere y resucita para morir de nuevo. Guardé una escoba en el vientre de la casa y nunca limpié el vestigio de los amantes que sólo tienen de pequeño el dedo de los pies. Amé al tren y su silbido que anunciaba la llegada de mi madre engarzando un canasto colmado de pitayas; huí del cuervo y su canto cargado de presagios; me embriagué en la boda de mi hermana y amanecí con un perro metido entre mis piernas. Lo admito: también sufrí por un hombre que no quiso casarse conmigo. ("círculo de poesía")

A. E. Quintero (1969 )

Pero el silencio Pero el silencio no es una habitación cerrada o vacía, el silencio real, verdadero, es una habitación sin recuerdos, sin memorias. No es cuando te quedas sin nadie sino cuando de tanta vida te vas quedando sin vida. El silencio no es quedarse solo sino ya no tener nada que decirse. Ahí viene el sol Ahí viene el sol acercando su escándalo hacia la ventana. Qué fiesta tan triste es un jardín sin flores, una puerta abierta sin macetas, una pelota olvidada bajo un árbol. Para mí el sol es muchas cosas menos sol. Ni tampoco un muerto o un fantasma aunque eso parezca este sol de diciembre. En ocasiones me gustaría decir sol en lugar de tarde: -llegas demasiado sol esta mañana, por ejemplo. Sólo por llevarles la contraria. Pero hoy el sol se ha hecho pasar por una nube todo el día; porque así es febrero, y porque el sol puede suplir cualquier palabra en un poema, en una ciudad, o en el corazón de un h...

George Bacovia (1881/1957 )

Neurosis Mi amada toca el piano, afuera cae la nieve sobre las ruinas. El pueblo está oscurecido y nieva sobre el cementerio. Mi amada toca una marcha fúnebre. Yo estoy perplejo y pregunto -¿Por qué?, ¿por qué está tocando una marcha fúnebre...? Sigue nevando en el cementerio. Ella llora. Se ha derrumbado sobre el teclado y gime, febril, duramente... La música del piano muere en una discordia. Sigue nevando en el cementerio. Tiemblo, extiendo sus cabellos y sobre sus hombros lloro yo también... Afuera el pueblo está desierto. Y sigue nevando en el cementerio... (revista "La palabra y el hombre", no.43, ene-marzo 2018, uv-xalapa,; trad. aleqs garrigóz)

Uriel Martínez (1950 )

Álbum En esta foto cargo al bebé mi sobrino el gordo antes que le diagnosticasen muerte temprana; en esta otra, también en blanco y negro, me asomo al río de mi infancia, cercado de huizaches y cruces para el cementerio; esta impresión en sepia es porque nací en mayo, me la tomaron en un estudio de pueblo: de ahí un halo vintage; sería por ocio, no recuerdo, pero en esta me hallo con mis amigos de generación, la mujer que nos preside es la maestra; cuando aún todos estábamos sanos. [Inédito]

María Teresa Andruetto (1954 )

El paraíso es un árbol De chica imaginaba el paraíso como un árbol más grande que los reales, con sus flores lilas, allá arriba. Melia azedarach, cinamomo, agriaz, había muchos en mi pueblo, enhebrábamos collares con los estigmas de sus flores y hacíamos tortitas con bumbulas amarillas. Lila de Persia, orgullo de la India con frutos purgantes, abortivos. Frente a la escuela, había un patio repleto de esos árboles, una mañana corrió entre los niños la noticia y cruzamos hacia el cerco de ligustros intentando ver la cuerda, el sitio oscuro, hasta que la maestra nos devolvió a los gritos al mástil, el himno, la bandera. Cuando voy a la casa de mi madre, veo esos árboles de frutos venenosos, vuelvo al vecino que perdió una noche su sentido de vivir y se colgó en el patio de la casa esquina, la que tenía un bar y un almacén. ("eterna cadencia")

María Victoria Atencia (1931 )

Una brisa Con no previsto acuerdo a mitad del verano, en el torpe sofoco del hueco de la siesta me recorre una brisa, nuca abajo, la espalda. Me doblego al quehacer de su oficio envolvente, y al sueño al que me entrego, mientras arde la tarde en la impasible llama que no consiente tregua. ("poemario de mujeres")

Flor Alba Uribe (1943/2004 )

Amantes Ascendente marea creciendo en lenta fiebre los amantes se buscan y enlazan dulcemente, como árboles que avanzan, cumpliendo su destino de incendiada epidermis. De pie son dos espadas que luchan tercamente por distraer la muerte, tendidos son dos ríos fluyendo hacia el instante que anula la sellada consigna del olvido. Y si el mundo, impaciente, se sale de sus goznes, estalla o se disuelve, los amantes lo ignoran, apenas necesitan el canto de su sangre, su vida recobrada en húmedas batallas y las pequeñas muertes en cada despedida. ("poemario de mujeres")

George Bacovia (1881/1957 )

Lacustre Tantas noche he escuchado la lluvia; he escuchado la materia que llora... Estoy solo. Lentamente voy ahogándome en esta morada lacustre. Duermo sobre tablones mojados, una ola me golpeará la espalda. Despierto estremecido: ¿han retirado el puente a la orilla? Una era vacía se ha extendido. Me encuentro a mí mismo igual que siempre. Siento cómo por la incesante lluvia los pesados pilares se colapsan. Tantas noches he escuchado la lluvia, siempre esperando, esperando... Estoy solo... Lentamente voy ahogándome en esta morada lacustre. ("la palabra y el hombre, no.43, revista de la uv-xalapa; trad. aleqs garrigós)

Anthony Hecht (1923/2004 )

Una colina En Italia, donde estas cosas pasan, tuve una vez una visión —se entiende: no como las de Dante, no la visión de un santo, quizá ni una visión de veras. Con mis amigos curioseaba en la plaza soleada muy de mañana. La greca nítida de sombras de las grandes sombrillas cubría el pavimento: bajíos relucientes en que anclaba la breve armada de carretas. Libros, monedas, mapas, paisajes burdos, feas estampas religiosas, todo en venta. Colores, ruidos, manos al vuelo: gestos exultantes; aun el regateo cual verbosa piedad subía hasta el oído. Y entonces ocurrió: todo calló de pronto, y oscureció; los carros, la gente y el mismísimo gran Palacio Farnese, con todo y tanto mármol, se hicieron aire. En su lugar había una colina ocre pelada. Cuánto frío hacía, casi helaba, con presagios de nieve. Como viejos herrajes, los árboles: chatarra junto a un muro de fábrica. No había viento y no hubo más sonido en un rato que el crujido levísimo del hielo que mis pies q...

George Bacovia (1881/1957 )

Tarde sombría Bárbaramente esa mujer cantaba en el café desierto, aquella tarde. Bárbaro y lleno de dolor era el canto y había tanto ruido alrededor: el monstruoso estruendo de los címbalos. Bárbaramente es mujer cantaba. Bárbaramente esa mujer cantaba... Y allí estábamos en tal penumbra, entre nubes espesas de humo de cigarro reflexionando en mundos que no existen... Con tremendo esplendor satánico bárbaramente esa mujer cantaba. Bárbaramente esa mujer cantaba, y había tanto ruido alrededor... Desganados por irnos a casa, de bruces sobre la mesa, llorábamos; mientras en el café desierto bárbaramente esa mujer cantaba... ("la palabra y el hombre", revista de la uv, no.43, enero-marzo 2018; traducción de aleqs garrigóz)

Donald Hall (1928 )

Los últimos días “Era algo razonable de esperar”.” Así él lo escribió. Al día siguiente, en una sala de consultas, la hematóloga de Jane, Letha Mills, se sentó, firme, su asistente parada dando la espalda hacia la puerta. “Tengo noticias terribles,” les dijo Letha. “La leucemia ha vuelto. No hay nada qué hacer.” Los cuatro lloraron. Él preguntó cuánto tiempo ¿por qué ahora? Jane sólo preguntó: “¿puedo morir en casa?” En casa, aquella tarde, tiraron juntos las medicinas a la basura. Jane vomitó. Él gemía mientras ella permanecía con los ojos secos – callada, tratando de dejar ir. Por la noche él tomó el teléfono para hacer llamadas que trajeron a un niño o a un amigo al horror. A la mañana siguiente, trabajaron seleccionando de entre los poemas de ella aquellos para Otherwise , escogieron himnos para su funeral, y se daban palabras mientras escribían y revisaban su obituario. Al día siguiente, con más trabajo por avanzar en torn...

Enrique Banchs (1888/1968 )

I. Hospitalario y fiel en su reflejo donde a ser apariencia se acostumbra el material vivir, está el espejo como un claro de luna en la penumbra. Pompa le da en las noches la flotante claridad de la lámpara, y tristeza la rosa que en el vaso agonizante también en él inclina la cabeza. Si hace doble al dolor, también repite las cosas que me son jardín del alma. Y acaso espera que algún día habite en la ilusión de su azulada calma el Huésped que le deje reflejadas frentes juntas y manos enlazadas. II. Si la muerte es final, total olvido, el alma, en ese sueño no sentido, nada es, pues no sabe que ha vivido; nada, pues de sí misma está vacía. O, acaso, sombra es de lo que ha sido, y en vena vana hay eco de un latido y oye caer en ilusorio oído hojas secas de extinta melodía. Sombra. Sombra de todo lo perdido, reflejo que por siempre ha recogido fugaz amor e instante de agonía, y por siempre, en el Tiempo detenido, sueña que es cierto su vivir mentido...

Lucian Blaga (1865/1961 )

Autorretrato Lucian Blaga está mudo como un cisne. En su patria la nieve del ser reemplaza a la palabra. Su alma está en búsqueda, en muda, antigua búsqueda de siempre, hasta la última frontera. Busca el agua de la que bebe el arcoiris. Busca el agua, de la que el arcoiris bebe su belleza y su noser. A los lectores  Esta es mi casa. Allá el sol,  el jardín y las colmenas. Pasáis por el camino, miráis por las rejas del portón y esperáis mis palabras. ¿Cómo empezar? Creed, creedme, mucho se puede hablar de tantas cosas: del destino y la serpiente del bien, de los arcángeles que roturan la tierra en los huertos del hombre, del cielo hacia donde crecemos, del odio y la caída, de la tristeza y las crucifixiones y, sobre todo, del gran tránsito. Mas las palabras son lágrimas de quienes, deseándolo, no pudieron llorar como quisieron. Amargas son, amargas todas las palabras, por eso, dejadme pasar entre vosotros, mudo, ...

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Después de todo ¿Cuántas personas caminan en mi dirección? ¿Cuántas me descubren entre la multitud y posan sus ojos enteros en mis ojos? Podría asegurar que entre ellas está el hombre que enlazaría conmigo los dedos sobre la mesa, una palabra que fuese gajo de naranja y poema, el cuerpo encendido sobre la sábana un día agotador ¿Pero cuántos de esos rostros de piedra que me cercan esconden el suyo por las calles esta tarde? ¿Cuántos nombres de casualidad y en secreto tendré que escuchar para descubrir el suyo en mi oído? ¿Cuántas personas caminan frente a mí? ("emma gunst", trad. selo blanco)

Fadir Delgado (1982 )

Lo que diga está lleno de polvo Debajo de la lengua tengo palabras heridas en combate Hospitales con sus gasas ahogando la herida Debajo de mi lengua tengo una legión de escombros Me he partido los labios por quitar esos restos de piedras pegados a los dientes Lo que diga está lleno de polvo De ciudades en ruinas Lo que diga tiembla como punto de luz en el agua será siempre un grito encalambrado Siempre el domingo apuntándome con su escopeta Siempre los perros abriendo la tierra para mostrarme sus huesos Siempre la palabra que se escucha como la explosión de un tiro Esa misma palabra que cava su tumba dentro de mi boca. ("círculo de poesía")

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Al final de este poema, partirás Al final de este poema, partirás. Después de la mordedura vana de mi silencio y de las piedras que te he arrojado al corazón, la poesía es la última coincidencia que nos une. Al escribir este poema, la misma neblina que impide la memoria límpida de los sueños y confunde los navíos llevándolos a un mar desconocido se adentra en mis ojos – porque es difícil mirarte en este preciso instante sabiendo que no estarías aquí si yo no escribiese. Y yo, que sigo amándote en sordina, con esa inercia sobria de las montañas, te ofrezco palabras, y no besos, porque el poema es el único refugio donde podemos repetir la luz de los antiguos encuentros. Pero ahora me pides que pare, que me detenga aquí, que escriba solo hasta el fin de esta página (que, como las demás, será solamente tuya – ese beso que ya no deseas de mis labios). Y yo, que aprendí todo sobre las despedidas pues la nostalgia nos hace adultos para siempre, sé que te perderé. En ...

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Cómo escribir un poema a las tres de la madrugada Cuando el dolor acucia cuando el reloj se para cuando el gato procrea cuando todo es feliz -menos tú-; cuando son las tres de la madrugada y no sabes nada (si viajarás en taxi o ataúd…) Te sientas en la cama, rezas lo que recuerdas concentrado en quien amas, y recitas su nombre entre las sábanas… Así está hecho el poema (pero sólo el poema). ("life vest under your seat")

Uriel Martínez (1950 )

Las llaves Durante tres lunes consecutivos busqué un duplicado de llaves de casa; durante tres jueves de febrero las devolví por desavenencia con la combinación de entrada; durante tres martes continuos les pasaron limas, esmeriles y aceites. Finalmente desistí al ver que ninguna respondía a mis propósitos. Así que ni vuelvas, no hallarás quién confie en nosotros. [Inédito]

Carmen Villoro (1958 )

Escoba Eres un gallo surrealista, escoba. Con la cresta hacia abajo pintas la madrugada, borras la luna en el papel del cielo. Es tu rezo de espigas un anuncio. Si mueves tu cintura de provincia amanecen los pájaros. Rascas la calva gris del pavimento, las calles sueltan otra vez las trenzas, algunos coches comienzan a ser ríos. Barres con eses largas las sombras que cayeron de los árboles. Cuelgan de las persianas racimos de agua. Tiende la luz entusiasmos recientes en las cuerdas del aire. Tu voz de lija blanca despeja otras ciudades. Yo despierto. Telón Quien haya espiado por las cerraduras quien haya andado a gatas bajo la mesa del comedor quien haya desvestido poco a poco a un ser amado quien haya quitado la venda de unos ojos quien haya tapado con la sábana a un muerto quien haya jugado al escondite atrás de las cortinas quien haya escuchado tras la puerta una conversación quien haya escondido una fotografía en un libro una flor en un cajón qui...

Margaret Atwood (1939 )

Hongos IV No sólo los recojo para comer, sino por el placer de recogerlos y porque huelen a muerte y a pieles de cera de los recién nacidos, carne hecha tierra, tierra hecha carne. He aquí el puñado de sombra que te he devuelto: la podredumbre, la esperanza, un bocado de estiércol, la poesía. ("historias reales", bruguera, barcelona, 2010, trad. maría del pilar somacarrera íñigo)

Claudio Bertoni (1946 )

No  faltaba más  Es cierto cometí errores y lo siento. Pero debes comprender: Yo era joven inexperta y muy caliente. ("marcelo leites")