Bruce Chatwin (1940/1989 )
Lo que aún no había visto era la cabeza de la serpiente, lista para atacar, erguida detrás de un arbusto. Embragué mis piernas en la marcha atrás y retrocedí, muy lentamente, uno... dos... uno... doss. La serpiente también se replegó, y se deslizó dentro de un agujero. Me dije:"Estás muy sereno"... hasta que sentí las convulsiones de la náusea. ("los trazos de la canción", ed. península, barcelona, 2000, trad. eduardo goligorsky)