Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2015

Margarita Villaseñor (1934/2011 )

Escrito                       a rafael Ha venido el silencio a callarme la boca a romper el pico de mi pluma. Ha venido la dicha a desteñir la tinta con su sal. Se agazapan las palabras dolientes en la cuenca colmada de mis manos. Se me quema el corazón, se me pone la carne de gallina. Bebo un campo de lluvia cuando estás conmigo sin temporal, ni siembra ni cosecha y se deshace el tiempo. Escribo con tu voz no hay oreja ajena a mi semiótica ni mirada sagaz entre renglones. Hay fruta que endulza mi saliva y un hondo pozo para albergar mi angustia. Me encajo feliz en el silencio como el que pierde la razón y nada entiende. Como quien nada tiene que decir. Como un niño nacido sordomudo. Estás ciego a mi voz, a mi aullido constante de infortunio. Las palabras se me vuelven agua, viento, polvo de luz y se van hacia dentro al infarto fatal. A ningún lado al íntimo rescoldo de tu oído. ("Diecinueve poeta...

Héctor Carreto (1953 )

El nacimiento de Venus Después de nacer de la espuma, ataviada con su vestido de gotas, los labios con sabor a marisco, Venus confesó a su poeta: “No creo en milagros ni en dones divinos; soy sólida como el pan que muerdes, imperfecta como la roca o el sueño, mi sexo huele a sardina, me gustan los collares de perlas, la cerveza clara y amar sin quitarme las botas. (muro fb del autor)

Nizar Qabbani (1923/1998 )

En tus ojos, el mundo ajusta su hora Antes de que fueras mi amada había más calendarios para contar el tiempo: los hindúes, los chinos, los persas y los egipcios tenían sus calendarios. Después de ser mi amada, la gente comenzó a decir: el año mil antes de sus ojos y el siglo décimo después de sus ojos. En tu amor alcancé el grado de evaporación, el agua del mar se tornó mayor que el mar, la lágrima del ojo mayor que el ojo y la superficie de la herida mayor que la de la carne. No puedo quererte más aún ni estar más unido a ti. Mis labios no bastan para cubrir los tuyos, mis brazos no bastan para ceñir tu cintura y las palabras que conozco son muchas menos que los lunares que adornan tu cuerpo. No puedo adentrarme más en la espesura de tu pelo: llevan años publicando en los periódicos que estoy perdido. Sigo perdido hasta próximo aviso. El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte y las palabras son como caballos de madera que corren tras de ti ...

José Juan Tablada (1871/1945 )

Títeres Rosete Aranda Cuando llegó a Otumba una compañía de títeres muchos niños que no habían visto más que las pastorelas de navidad, se iniciaron en la ilusión teatral. Yo entre ellos. Aquella compañía debe  haber sido la clásica, la de Rosete Aranda... Mis hermanas y yo fuimos con los criados a una función vespertina. ¡Inefable programa! El Negrito y el Caimán; Juan Panadero y el Toro; Fiesta de Indios en Ixtacalco, ¡y una corrida de toros y una pelea de gallos...!      De regreso a casa se produjo algo curioso:      -¿De qué tamaño eran los títeres? -preguntó alguien, quizá mi madre...      -¡Del tamaño de las gentes! -contesté yo entusiasmado. ( La feria de la vida, Conaculta, Tercera serie Lecturas Mexicanas, no.22, México, 1991.)

Vicente Quirarte (1954 )

Plaza mayor En la terraza del viejo hotel Majestic celebramos los oficios del viento: montañas y nubes incendiadas al fondo de la calle nos devuelven imágenes perdidas y el Sol vuelve a poner los seres y las cosas en su sitio. Un grupo de palomas se desprende del sagrario barroco y firma en el aire su victoria. Dan ganas de decirle a la ciudad lo que el coro festivo de albañiles a esa mujer madura pero hermosa, cuando el arte mayor de sus tacones parte la plaza vespertina: "Todavía, Señora". ( Diecinueve poetas, una casa, un tiempo [antología], Silvia Aboytes compiladora, ed. UAM Azcapotzalco, México, 1999.)

Circe Maia (1932 )

La escalera a oscuras En la escalera oscura nadie sabe muy bien dónde está parado. Los escalones fueron devorados por gran oscuridad: el pasamanos /resbaloso, invisible. El descansillo -al torcer su dirección la /escalera puede hacernos dar un traspié. Conviene subir o descender con grandes precauciones. O mejor esperar a que se encienda la luz, si es que la encienden -si es que /alguien más sube o baja-. Atención entonces al mínimo crujido de la escalera. ("la biblioteca de marcelo leites")

Rodolfo Alonso (1934 )

Consecuencias Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso. ( Poemas pendientes, ed. UV, Xalapa Veracruz, México, 2011)

Estela Figueroa (1946 )

Principios de febrero No. El hermoso verano no ha terminado aún. Nos queda un mes para estarse en los patios y descalzarnos mientras charlamos de esto y aquello sin ton ni son. Todavía habrá hombres de brazos tostados en las calles de la ciudad envuelta por la noche brotada toda como un lazo de amor. No. No me sostengas que no voy a caerme. Sólo se caen las estrellas fugaces y yo -te dije- quiero permanecer. Un hombre es bueno para una noche. Cuando amanece es un reflejo dorado sobre la cama donde se toma café. Y es agradable el olor que deja. Dura todo un día. Pero no toda la vida. Luego hay que descansar. El libro de Kavafis y el de Pavese sobre la mesa de luz. Hay que aminorar la marcha. Sentarse un rato a solas en el sillón del patio. Mujeres: tendríamos que aprender de los gatos. Cómo agradecen el tazón que rebosa de leche! Falta para el otoño. Que nos encuentre intactas. Sin habernos negado a estas pasiones que cada tanto asaltan. ...

Jorge Aulicino (1949 )

Saint Germain des Prés El viejo temor. En una iglesia de París encendí una vela y no supe -aun con mi más ferviente deseo penetrando mis huesos, como el frío entre aquellas piedras medievales- si podía creer, si me era dado creer, si mi fe era cierta y aceptada. Eran indescifrables los labios de la Virgen en aquella piedra tan gastada. El viento, no el de ayer, no el del Quinientos, un viento frío de hoy -aunque puro en cierto modo, o puro contra todo- apagó una vela. Creí que era mi pequeño cirio, mi querido cirio, el cirio de mi deseo, rojo en su cápsula de vidrio. Y aun creyendo que había perdido todo, que la boca de Dios o del Averno o del siglo lo había apagado, lo volví a encender con el mismo encendedor de plástico. Y luego de rezar de algún modo, me di cuenta de que no era mi vela la que había vuelto a encender, sino otra, la de al lado, chamuscada, vieja, ennegrecida. Fui raramente feliz y lo confieso. Sin quererlo, había avivado otra plegaria, un re...

Uriel Martínez (1950 )

La ceniza Dame a escoger entre Vivaldi y Joaquín Rodrigo y me quedo con el silencio que guardan los muertos. Pídeme que decida entre los restos de ceniza de volcán y la ceniza de tabaco, escojo el aliento de flores estancado. Pero no me pidas que pise brasas ni roca volcánica, ni que vaya como liquen sin dueño entre tus labios. De mí no esperes paredes escritas como sonámbulo que va por la noche desnudo y al garete. No.

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978)

¡Y vete, eres demasiado enamorante! ¡Y vete, eres demasiado enamorante! Demasiado seda para este plástico roto, demasiadas esmeraldas, hebillas con jabalíes, y cuando te acaricias la mirada con las pestañas, yo Ravenna y Pisa en un asiento no sé por dónde comenzar a admirarlas, ni sé manejar con un Tiziano al lado que de reojo y a lo lejos, entre arbolitos, muestra como un secreto un agua azul pero de un azul que no es más que una idea, la idea del fondo que está más allá del fondo de un laberinto como tú de belleza, que del marfil me lleva hasta las perlas y de las perlas a la espuma de mar y de la espuma...¡Baja de este auto, eres demasiado enteramente cautivante! ("intercuerpos")

Susana Cabuchi (1948 )

La carta Ha llegado la carta. Está sobre la mesa, al lado de las flores. La miro largamente. Conozco la letra. Pero la leeré a la medianoche, cuando los trenes que pasan hacia el norte hagan temblar los vidrios de la casa. ("festival internacional de poesía de buenos aires", muro fb)

Concha Lagos (1907/2007 )

Sabrás Sabrás que me has tenido por tenerte, por saberte por fin fijo en tu adentro. Sabrás lo que se sabe al encontrarse. Y me sabrás después, desde el lejano imposible-jamás, río perdido. Ignorado final a cara o cruz. Te esperaré en ayer, en hoy, en blanco. ¿Cómo explicar en el «adiós» mañana? Si algo se puede hacer, cuenta conmigo. ("life vest under your seat")

Ana Ajmátova (1889/1966 )

La musa Cuando en la noche oscura espero su llegada, Se me antoja que todo pende de un hilo. ¿Qué valen los honores, la libertad incluso, cuando ella acude presta y toca el caramillo? Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo: "¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?" Y ella responde: "Yo soy aquella." ("festival internacional de poesía de buenos aires", muro fb, versión: maría teresa león)

Jorge Fernández Granados (1965 )

Las cosas Se van yendo las cosas en un ritual tranquilo. No sé si desaparecen o sólo cambian de lugar. Pero cada vez son menos las cosas y parecen perderse alrededor de mí en una blanca neblina. Esa luz de la tarde las protege. Los días se van llevando las cosas que he querido. Con pasos secretos, a mi espalda se desvanecen. Las cosas pequeñas, provisionales. Las cosas que supuse que eran mías. Y cada vez me siento más solo, pero más ligero. Un emigrante, digamos, que va perdiendo su equipaje pero no lo lamenta. Creo que mi vida ha sido un ir dejando cosas extraviadas, inútiles y queridas en lugares que he olvidado. ("life vest under your seat")

Adalber Salas Hernández (1987 )

Heredar la tierra XXII En esta ciudad, que te vio nacer, los muertos caminan por la calle despojados de su muerte. Se desplazan con esfuerzo, cojeando, desorientados, los tobillos perforados por el frío. Todos tosen. Ya no entienden bien para que sirve el aire, qué clase de broma absurda son los pulmones. Pocos no llevan hostias de plomo en el pecho. Los vivos recibimos sus visitas a cualquier hora. Jadean, ladran, rasguñan la puerta con una impaciencia tímida, ansiosos por hablarnos. Pero no comprendemos lo que dicen: en sus voces hay demasiada lluvia. Sus palabras se escurren como peces. Entonces se van a vagar de nuevo por las aceras, titubeando a cada paso. Tuyo también es este reino de muertos sin muerte. Conserva sus nombres, atesóralos. Sólo puede morir quien conoce la paz de haber sido llamado. Sólo puede morir quien ha tenido un nombre que abandonar al partir. ("décima avenida")

LAFCADIO EL ESCRITOR

LAFCADIO EL ESCRITOR                                              Uriel Martínez 1. Conocí a Lafcadio Casquillo un mediodía en un café del centro de la ciudad, Dogville. Al principio me llamó la atención verle la destreza con la que dominaba las agujas, el estambre y la plática que sostenía con dos interlocutores al tiempo que, mentalmente, contaba los puntos que se llevan en cada embestida alterna de las agujas; en mantener el hilo de estambre tenso y fluido, que guardaba en la mochila hombrera ; y en la continuidad en la charla sobre, por ejemplo, Émile Michel Cioran o Antonio Porchia. Cuando supe que era ensayista, en cuanto cayó en mis manos una selección de lecturas sobre la mujer, me soplé su trabajo acerca de una poeta sudaca que acabó con su vida de motu proprio. Más adelante entablamos plática a raíz de que coincidimos en la misma mesa con una amiga común. Por...

Kostas Karyotakis (1896/1928 )

Préveza Muerte son los pájaros que chocan contra los negros muros y los techos, muerte las mujeres que hacen el amor como si pelaran cebollas. Muerte las sucias, insignificantes calles con sus ilustres y pomposos nombres, los olivos, el mar en torno, y aún el sol, muerte entre los muertos. Muerte el inspector que verifica, en la balanza, una porción incompleta, muerte los nardos en el balcón y el maestro con el diario. Base, Guarnición, Regimiento de Préveza. El domingo escucharemos la banda. Abrí una cuenta en el Banco, primer depósito: treinta dracmas. Caminando lentamente hasta el muelle, “¿existo?”, digo, y luego: “¡no existo!”. Llega el barco. Izaron la bandera. Quizás viene el señor Prefecto. Si al menos, entre estos hombres, uno muriera de aburrimiento… Silenciosos, apesadumbrados, con modos graves, todos nos divertiríamos en su entierro. ("el hombre aproximativo", s/c al/la traductor)

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

Un probable Constantino Cavafis a los 19 Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas El amor entre hombres Fumar marihuana Y escribir poemas Mañana se levantará pasado el mediodía Tendrá rotos los labios Rojos los ojos Y otro papel enemigo Le dolerán los labios Y le arderán los ojos como colillas encendidas Y ese poema tampoco expresará su llanto. ("el hombre aproximativo")

Jorge Leónidas Escudero (1920 )

Caso de atar ¿Es lógico decirme que no hay que enamorarse de la mujer del prójimo? ¿Acaso el corazón entiende de taparse ojos, cerrar boca y tragarse tu nombre? ¿Acaso es tarde para que se me, en los dedos, un ansia de acariciarte exista? Muerto he de sacar la mano todavía al viento para sembrar lo que me abunda. ¿Acaso vas a impedirme el gesto de llamar al amor en tu oscura calle? Conserva vos lo tuyo, tus costumbres, tu nido; yo andaré como quiera. Suelto, violín de un grillo, al buscarte a vos amo a la hembra inmensa que es la vida. (en muro fb de marcelo leites)

Elena Shvarts (1948/2010 )

Un retrato del sitio de Leningrado mediante pintura de género, naturaleza muerta y paisaje 2, Naturaleza muerta La basura del crepúsculo lame la ventana. Un joven se encorva sobre ella impaciente, mirando fijamente una cacerola… Dentro de la cacerola, un gato balbucea. Cuando llegas a su altura, lo llama «conejo». Come, ríe salvajemente. No tarda en morir. Con calma, en el aire trazas con carboncillo una naturaleza (¡y tanto!) muerta. Una vela, un poco de cola de carpintero, una ración de pan, un puñado de lentejas. ¡Rembrandt! Así querría uno vivir y orar. Incluso congelado. Incluso en los huesos. ("rima interna", versión de martín lópez-vega)

Héctor Carreto (1953 )

¿Volver a Ítaca? xxv Cada vez estoy más y más cerca de la tranquila Ítaca; cada día lo compruebo en el espejo: el nacimiento de una arruga o una cana joven lo demuestran. xxix Cuando volví, por fin, a Ítaca, todo era de bronce: las estatuas, los retratos. Al acercarme a Penélope, acaricié sus piernas: éstas, entonces, se volvieron bronce: eran, aún, las piernas de Circe. xxxii Penélope se acostaba con un hombre distinto cada noche: aquel que la preñara se casaría con ella, sería rey de toda Ítaca. Después de veinte años un viejo marino, llamado Ulises, le daría ese gusto. ("poesía portátil 1979-2006", unam,2009)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Ante un muerto en su cama ¿Dónde estarán las abejas que hicieron la cera de tus cirios? ¿Dónde habrán ido a parar los primeros cuadernos que escribiste? ¿Dónde tu primera novia que no presiente que te has muerto? ¿En qué paisaje te has estremecido para ir a decirle que estás, quieto? (No es lo peor morirse, lo angustioso es que después, no puedes hacer nada, ni dar cuerda al reloj, ni despeinarte ni ordenar los papeles...) Te comprendo, estás triste. -Intento consolarte-. Si valiera decirte que te has muerto sobre tu cama limpia, que tu alcoba la estaban rodeando los amigos que se hizo todo lo posible por curarte -que te estaban rallando la manzana-, y que estaban bajándote el termómetro y el más creyente rezaba muy bajito. Piensa en los que no mueren en su casa, en los que mueren de pronto en accidente, o en esa mayoría que se van, en la guerra. Ya han venido los de la funeraria, estás sobre una alfombra y tienes cuatro cirios, un crucifijo blanco y un coro d...

Uriel Martínez (1950 )

Carta a Benjamín Alire Sáenz Querido Benjamín:      Un día, no recuerdo hace cuántos años, la hermana más chica de mamá me regaló un billete: "Toma, para que nuca te falte dinero", me lo extendió. Era un billete descontinuado de un peso: en una cara tenía impreso un calendario azteca y en la otra cara ya no recuerdo qué. Y un día lo perdí, como en otra ocasión extravié una pluma Parker que me regaló su hermano, también menor e hijo varón. No recuerdo que alguien me haya regañado por extraviar un billete fuera de circulación.Pero me reprocharon haber perdido la pluma, traída del país de enfrente.      Cuando releí sus cuentos, especialmente el de Javier y Juan Carlos, recordé esos dos obsequios que pronto extravié. Los perdí pero no los olvidé. Tuve que encontrarme con Kentucky Club (*), traerlo a casa y releerlo para evocar esos dos hechos. Javier porta en la muñeca un regalo de su padre, un reloj que recibió de herencia. Solemos conservar un recuerdo ...

Óscar Hahn (1938 )

  Tratado de sortilegios En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye  unas rosas re-raras, oh,  y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,  y un semen volando de picaflor en picaflor.  Entonces entraron las niñas en el jardín,  llenas de lluvia, de cucarachas blancas,  y la mayonesa se cortó en la cocina  y sus muñecas empezaron a menstruar.  Te pillamos in fraganti limpiándote el polen  de la enagua, el néctar de los senos, ¿ves tú?  Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros  pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,  alguien se acercaba en medio de burlas y fresas  y sus cabellos ondearon en el charco  llenos de canas verdes.  Dime, muerta de risa, a dónde llevas  ese panal de abejas libidinosas.  Y los claveles comenzaron a madurar brilloso  y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,  con sus durezas...

Jorge Spíndola (1961 )

Romance del pedacito de carbón y doña rama el pedacito de carbón le dijo a la rama - pronto seré ceniza la rama lo miró desde sus brotes y pensó qué lindo ser ceniza / árbol hecho polvo que se mezcla con el viento y vuela. y entonces dijo - pedacito de carbón   acuérdate de mi   cuando andes por la mar. - no estés triste ramita de mi amor - le dijo él –   una sola gota de la lluvia   eso es toda la mar. ("la biblioteca de marcelo leites")

Luis Cernuda (1902/1963 )

Unos cuerpos son como flores Unos cuerpos son como flores, otros como puñales, otros como cintas de agua; pero todos, temprano o tarde, serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre. Pero el hombre se agita en todas direcciones, sueña con libertades, compite con el viento, hasta que un día la quemadura se borra, volviendo a ser piedra en el camino de nadie. Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o a una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega. ("life vest under your seat")

Eduardo Chirinos (1960 )

Dos cuando acorralé al ciervo dio un gran salto la tierra tembló las aves huyeron espantadas los perros dejaron de ladrar así apareció cristo jesús cómo brillaba entre los cuernos apenas podía ver tan fuerte era el resplandor me dijo plácido ¿por qué me persigues? no supe responder mi nombre es eustaquio patrón de cazadores protector de tempestades y tormentas los que nunca ingresaron al arca los que restregaron sus lomos en la puerta los que perdieron sus nombres cuando la lluvia arreciaba los que vieron de cerca el rostro oculto de la desesperación todavía existen pueblan los bestiarios recorren oscuros laberintos habitan el miedo y la fantasía de los hombres atanasio los registre san eustaquio los proteja dios los tenga en su gloria (en "humo de incendios lejanos", coed. uanl-aldus, méxico, 2009.)

Mascha Kaléko (1907/1975 )

Carta desde una tierra vehemente Desde esta tierra extrema yo te escribo a la sombra de un árbol que ayer aún no estaba pues aquí crece todo de repente. Apenas surge un plan, ya se ha cumplido. Demasiado vehemente es nuestra tierra. Yo no sé bien si tú podrías adaptarte a este clima, admito que yo misma con frecuencia lo temo. Quema el sol como cólera encendida, y él madura el grano, tuesta el grano a su gusto. No puede una fiarse: hoy representa amor, mañana odio. A partir de una nada, de una fuente, nace de pronto un río que veloz inunda el campo todo entero y de nuevo decrece en un instante. Aquello que deseas se cumple sin demora, pues los deseos tienen un poder evidente -no deseo maldades, menos mal, se metería una si no en un mar de sangre-. Tú miras con deseo a una mujer y así ya eres un hombre y tu deseo engendra un hijo. Es aquí cada cual igual que el viento, que esparce sus semillas sin tiempo a preguntar si han echado raíces. Observas con cariño a...

Enrique Solinas (1969 )

En ti confío Cuando era chico en la Iglesia me regalaron una estampa del Sagrado Corazón de Jesús. El rostro joven no dejaba de mirarme a los ojos, al mismo tiempo que la mano santa señalaba su corazón,        su corazón, su corazón: su corazón como una llama roja, rodeada de espinas; su corazón de fuego atravesado por el mundo y la cruz; su corazón divino y humano. Entonces, en ese instante, me di cuenta de que el amor de verdad es un misterio y que el dolor te hace más hermoso. Para que brilles y descubra tu belleza, siempre, siempre, siempre el corazón encontrará una nueva manera de sufrir. ("otra iglesia es imposible")

Hugo Padeletti (1928 )

Me he sentado a la puerta y he mirado pasar los años como ramas hacia el humo. Los pesados membrillos fueron humo también. Y las granadas, alveolada codicia de incendiados veranos, se abrieron sin salvarse: amarilla, astringente, con amargo sabor medicinal, la cáscara en el clavo. ("otra iglesia es imposible")