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Mostrando entradas de junio, 2020

Robin Myers (1987 )

Paciente El hospital vive al lado del teatro, y comparten una plaza con una fuente, un carrito nocturno de hot dogs, una estatua de una Madonna volcánica con su bebé. Los acomodadores salen a fumar, los médicos se escapan a fumar, las camisas negras y las batas blancas se demoran y desaparecen en una nube acre. La plaza se llena. Crisis, estreno, pase lo que pase, los cuerpos se forman en fila. Algunas perlas y sacos. Algunos tuppers. Hombres que duermen con rigor en un banco de piedra, con el portafolios a un costado. La comida forma parte de sus actividades. Papas fritas de bolsa al lado de la boletería, sándwiches de queso en bolsas para sándwich, Nescafé, tacos hasta tarde. Las vueltas que da la gente, la relación con sus propias extremidades ociosas. La mayoría se amontona como gansos si están juntos. Parejas que esperan inquietas, el flash de una cámara, un llanto irregular desde un auto estacionado. Las lamparitas de las marquesinas. Miradas al relo...

Louise Glück (1943 )

El jardín No podría volver a hacerlo, Apenas soporto verlo- en el jardín, bajo la lluvia suave la joven pareja siembra una hilera de guisantes como si nadie lo hubiera hecho antes todavía los problemas no han sido enfrentados ni resueltos- No pueden verse, en la tierra aun húmeda, comenzar sin ninguna perspectiva, con las colinas al fondo, color verde pálido, cuajadas de flores- Ella quiere detenerse; él llegar hasta el final, permanecer en las cosas- Mira cómo ella le toca la mejilla pidiéndole una tregua, sus dedos ateridos por la lluvia de la primavera; en la hierba suave, estallan rojos los azafranes- Incluso aquí, en los comienzos del amor, su mano al abandonar el rostro presagia una imagen de partida Y ellos piensan que pueden ignorar esta tristeza". ("el establo de pegaso", trad. abraham gragera)

Esther Galindo (1984 )

Tenía trece años Tenía trece años cuando observé Un corazón de vaca sobre la mesa Pequeños rubíes incrustados en el latido de sus franjas azules brillos acuosos se desprenden de un segundo tórax de hielo, donde ríos inagotables y rojos se vuelven cuajos Uno cada vena, cada cartílago a tu forma de observar las ternuras del agua, creíste que bebías al mundo bajo el desfile claroscuro del sol. Bajo el eterno cobijo de una montaña Plagada de astros y roturas. El corazón profetizaba tinieblas no Creadas todavía en luz En las palabras contenidas, En la dulzura del mugido, en las Ubres de padre, madre y hermano ("tres pies al gato")

Humberto Ak'abal (1952/2019 )

Camino al revés De vez en cuando camino al revés: es mi modo de recordar. Si caminara sólo hacia delante, te podría contar cómo es el olvido. El fuego El fuego acuclillado apaga la tristeza del leño cantándole su ardiente canción. Y el leño lo escucha consumiéndose hasta olvidar que fue árbol. Oración En los templos sólo se oye la oración de los árboles convertidos en bancas. ("altazor")

Carson McCullers (1917/1967 )

Imagen
Óleo sobre tela                                                               a la pintora xanthe holloway navego en el libro de bellini y te descubro contemplo la belleza de su isla funeral te miro en la ausencia en la tersura sacra en el ardiente perfume del cielo donde yaces tropiezan mis ojos en el pedrerío del cristo muerto en la madalena cuando acaricia sus manos pregunto al papel a la música del roce a la noche por qué debe ser esta bendición tan triste tan pulcra en la desolación y plena en la desgracia por qué tan viva la serena muerte de cristo tan fruta fermentada la boca de la mujer quizá en ese instante dijo lienzo y fugacidad susurro a la pena o tal vez perdón piedad relicario miro la elegía de bellini te pienso en la añoranza y las palabras desabrigo pincel aceite de dicha vieja ...

Jorge Esquinca (1957 )

Conjuro "Vuélvete, gavilla, a tu provincia ensombrecida. Deja la esquirla invicta en la punta del sable desolado, deja tu simiente impávida bajo el alud voraz de las campanas, deja tu huracán dormido en la penumbra del astillero, tu vihuela lúbrica, tu iceberg en dársena. Has largamente gobernado nuestros almuerzos cándidos, nuestras castas mudanzas, y tu corazón desenterrado sobrevoló nuestras noches como un cometa feroz. Vuélvete, niña lamentable, con tu jauría de ángeles insomnes hasta el lagar más vasto de tu azoro. Que una nueva sangre divida las almendras y una estación benévola alumbre en las frentes de estos tus hijos. Amén". ("revista la jornada semanal", no.8, tercera época, 6. viii, 1989)

Jericho Brown (1976 )

Versos como balas No me pegaré un tiro en la sien, ni me pegaré un tiro por la espalda, ni me ahorcaré con una bolsa de basura, y si lo hago, te prometo que no será en un coche de policía con las esposas puestas ni en la celda de la comisaría de algún pueblo cuyo nombre conozco solamente por tener que atravesarlo para volver a casa. Sí, puede que corra peligro, pero te lo prometo, confío en que los gusanos que viven debajo de los tablones de mi casa harán lo que tienen que hacer al cadáver de un animal más de lo que confío en que un agente de la ley del país me cierre los ojos como haría un buen cristiano, o me cubra con una sábana tan limpia que hasta mi madre me arroparía con ella. Cuando me mate, lo haré como la mayoría de los americanos, te lo prometo: con humo de tabaco o atragantándome con un trozo de carne o tan arruinado que me congelaré en uno de esos inviernos que insistimos en llamar el peor. Te prometo que si oyes que he muerto cerca de algún p...

Claudio Rodríguez (1934/1999 )

A mi ropa tendida (El alma) Me la están refregando, alguien la aclara. ¡Yo que desde aquel día la eché a lo sucio para siempre, para ya no lavarla más, y me servía! ¡Si hasta me está más justa¡ No la he puesto pero ahí la veis todos, ahí, tendida, ropa tendida al sol. ¿Quién es? ¿Qué es esto? ¿Qué lejía inmortal, y que perdida jabonadura vuelve, qué blancura? Como al atardecer el cerro es nuestra ropa desde la infancia, más y más oscura y ved la mía ahora. ¡Ved mi ropa, mi aposento de par en par! ¡Adentro con todo el aire y todo el cielo encima! ¡Vista la tierra tierra! ¡Más adentro! ¡No tenedla en el patio: ahí en la cima, ropa pisada por el sol y el gallo, por el rey siempre! He dicho así a media alba porque de nuevo la hallo, de nuevo el aire libre sana y salva. Fue en el río, seguro, en aquel río donde se lava todo, bajo el puente. Huele a la misma agua, a cuerpo mío. ¡Y ya sin mancha! ¡Si hay algún valiente, que se la ponga! Sé que le ahogaría. Bie...

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Bajo una estrella Perdona, azar, que te llame necesidad. Perdón, necesidad, si al tenerte me equivoco. Perdonen, difuntos, que apenas los recuerde. Perdón, tiempo, por todo lo que se me escapa en un segundo. Perdóname, viejo amor, que el nuevo me parezca el primero. Perdónenme, guerras lejanas, por traer flores a casa. Perdonen, heridas abiertas, que acabe de pincharme el dedo. Perdónenme los que claman desde el abismo por escuchar ese disco de minueto. Perdónenme, los que corren en las estaciones, por quedarme dormida al amanecer. Perdón, esperanza azuzada, porque a veces estalle de risa. Disculpen, desiertos, por no ofrecerles ni una gota de agua. Y tú, halcón, idéntico desde siempre, enjaulado, que miras fijamente el mismo punto, perdóname, aunque seas un pájaro embalsamado. Discúlpame, árbol cortado, por las cuatro patas de la mesa. Perdón, grandes preguntas, por darles respuestas fútiles. Verdad, no me hagas demasiado caso. Trascendencia, muéstrate ge...

Gilberto Meza (1954 )

Piazza di Spagna (fragmento) Me senté en mis recuerdos junto al quicio, que me guardaba de todo lo que te fuera ajeno. Allí acababan todos mis caminos, de allí partían todas mis rutas. Era plena confluencia. Todo tiempo y espacio estaba en mí. Veía el amor en las miradas de los jóvenes de piel sudorosa y olor penetrante que las inundaba. Yo era un tábano girando, mareado por su luz. Qué hemos hecho nosotros del amor, con nuestras dudas, con los rumores que nos corren por el cuerpo; qué si no dejar que su fluido se pierda, que se pudra en los suaves estanques capilares con que se cubren nuestros cuerpos. Qué si no dejar que se avejente en las ciudades. ("revista la jornada semanal", no.19, nueva época, 22 octubre 1989)

Luis García Montero (1958 )

Indulto                                              a joan y josé emilio Llamo a conserjería. Tengo frío en el cuarto y no funciona la calefacción. Miro por la ventana este paisaje de vertederos en la niebla sucia. Ni siquiera la niebla puede ocultar los plásticos, las latas, la carroña convertida en silencio. Sólo un rayo de luz al desnudarlo todo delante de mis ojos me concede el indulto. Es una petición en esta vida. Se han olvidado. Nadie responde a tus llamadas. ¿De qué te quejas?, pienso. Ya lo sabes, te vas a morir solo. La muerte es ejercicio solitario y no habrá nadie más que tú allí donde se duerman los recuerdos y las preocupaciones. Pero pasos de luz en la escalera -apenas un rumor en el que están los otros- me suben el indulto. Es una petición en esta vida. Como un gato que sale del estiércol, como el murmu...

Wang Yin (1962 )

Amante Ya alcanzamos el mar, cariño, Las luces en la orilla ya se extinguen Los hipocampos soplan sus flautas, melódicas ondulaciones surcan el aire Ya llegamos a la orilla Abro tu caja para esparcirte y tú, desmenuzada tan lento, más lento aún que el polvo rocías la superficie de soslayo Acabo de esparcirte por completo Haces que el agua se ruborice Haces que se calme la marea A medianoche, la nieve cae sobre mi mano abierta igual que cuando aún vivías Te di el firmamento Te di también el piélago Ya te di todo      todo te lo di Guardo la caja en que moraste entre mi ropa, cerca del pecho Me guardo dentro de tu caja Reposo en medio de tus sueños ("altazor", traducción de radina dimitrova)

Blas de Otero (1916/1979 )

Los muertos La sangre – nuestros muertos- se levanta con el humo del pueblo silencioso; en la sombra del río, aún más hermoso, el chopo antiguo, al contemplarse, canta. Archivando la luz en la garganta, vuela, libre, el insecto laborioso. Alto cielo tallado: luminoso cristal donde la rosa se quebranta. Es nuestro ayer, nuestro dolor sin nombre, retornando, de nuevo, su camino; futuro en desazón, presente incierto, sobre el hermoso corazón del hombre. Como una vieja piedra de molino que mueve, todavía, el cauce muerto. ("trianarts")

Sylvia Plath (1932/1963 )

Metáforas Soy un enigma de nueve sílabas, una elefanta, una casa poderosa, un melón caminando sobre tijeras. ¡Ah, fruta verde, marfil, madera preciosa. Panecillo inflamado por la levadura. Moneda de una nueva denominación para abultar los bolsos. Soy el significado, el proscenio, una vaca con su becerrito. Me comí las manzanas verdes que llenaban la bolsa y abordé el tren del que no dejan bajarme. ("revista la jornada semanal", n.e. no.15, 24. ix.1989, trad. j. vicente anaya)

Denise Levertov (1923/1997 )

Intromisión Después de cortarme las manos me crecieron las nuevas y algo que mis manos había deseado llegó y pidió que lo meciera Después de sacarme los ojos se marchitaron, y brotaron los nuevos y algo que mis ojos habían llorado llegó pidiendo que lo suavizara. ("revista la jornada semanal", no. 15, 24 sept. 1989; trad. j. vicente anaya)

Allen Ginsberg (1926/1997 )

Lágrimas Estoy llorando, ahora, todo el tiempo. Lloré por todas las calles desde que salí del edificio de los Wobblies en Seattle. Lloré oyendo a Bach. Lloré mirando las flores alegres de mi patio, lloré por la tristeza            de los árboles medievales. Sé que la felicidad existe. Si lloro es por mi alma, lloro por el alma del mundo. El mundo tiene un alma bella. Dios aparece para ser visto y llorado.                  El  corazón del barrio Paterson                   vuelve a florecer. ("revista la jornada semanal", no.15, 24.IX, 1989, nueva época; trad. j. vicente anaya)

Fernando Pessoa (1888/1935 )

Poema en línea recta Nunca conocí a quien le hubieran dado una paliza Todos mis conocidos han sido campeones en todo. Y yo, tantas veces bajo, tantas veces puerco, tantas veces vil, Yo tantas veces indiscutiblemente parásito, Indisculpablemente sucio, Yo, que tantas veces no he tenido paciencia para darme un baño, Yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, Que he enrollado los pies públicamente en los tapetes de las etiquetas, Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante, Que he sufrido injurias y he callado, Que cuando no he callado, he sido más ridículo aún; Yo, que he sido gracioso con las criadas de hotel, Yo, que he sentido el guiñar de ojos de los mandaderos, Yo, que he cometido vergüenzas financieras, pedido prestado sin pagar, Yo, que, cuando la hora del golpe surgió, me he agachado Fuera de la posibilidad del golpe; Yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, Yo, declaro que no tengo par en todo esto en est...

Zhao Lihong (1952 )

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                                                                         u.chile Pulmones Mis pulmones son hojas que abanican mientras el aire entra y sale. Aire de este mundo, informe y formado, alguna vez insinuante y grave, alguna vez tontamente revoltoso, emisor de ecos que conmueven el alma. Cuando yo era joven, mis pulmones eran tiernos retoños, a pesar de haberse endurecido al crecer, hambreados  y solos, respiraban aire puro. Nunca aprendí a fumar, por eso mis pulmones se libraron de los males de la nicotina. Ahora que mis patillas son de un blanco níveo y no me preocupa más mi subsistencia, mis pulmones están amortajados en smog. ¿Cómo puede una endeble máscara proteger de este penetrante polvo? Cicatrices Al desnudarme encontré cicatrices, lacer...