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Mostrando entradas de septiembre, 2019

Susana Thénon (1935/1991 )

No Me niego a ser poseída por palabras, por jaulas, por geometrías abyectas. Me niego a ser encasillada, rota, absorbida. Sólo yo sé como destruirme, cómo golpear mi cabeza contra la cabeza del cielo, cómo cortar mis manos y sentirlas de noche creciéndome hacia adentro. Me niego a recibir esta muerte, este dolor, estos planes tramados, inconmovibles. Sólo yo conozco el dolor que lleva mi nombre y sólo yo conozco la casa de mi muerte. ("leepoesia")

Toni Morrison (1931/2019 )

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                                                                                                       Como la bruja... "...como la bruja que vuela a través de la noche hacia un infanticidio ceremonial, tan excitada por el viento negro como por el palo de la escoba  que lleva entre las piernas; como la esposa ya harta y tan preocupada por la consistencia de la polenta que ha arrojado al rostro de su marido como la potencia de la lejía que ha mezclado con ella; como la reina o la cortesana súbitamente sorprendida por la belleza de su anillo de esmeraldas en el momento en que vuelca su veneno en la copa de vino añejo, así Agar se alimentaba de la fuerza que le proporcionban los detalles de su misión." ("La canción de ...

Elsa López (1943 )

Te quiero porque fumas                   a pau m. viejo Te quiero porque fumas y bebes y blasfemas y escribes sin cesar por las paredes o en la estación del tren o en los bordes urgentes de una alcoba vacía. Porque le has puesto verbos al dolor que te invade y aunque lo llames Marta soy yo quien te acompaña por esa travesía pesarosa de un nombre. Y te quiero por todo o casi ya por todo lo que me das o quitas o me pones. Y sabes, tú lo sabes, y yo también lo sé, que formas laberintos para que me distraiga y me quede dormida cuando llegas la tarde. ("blogpoemas")

Carlos Martínez Rivas (1924/1998 )

Los perdedores caen en la lona Ser el ganador es una vulgaridad. Yo, personalmente, me sentiría abochornado si me levantaran el brazo ante la multitud en el cuadrilátero bajo una luz de oprobio. ¿Por qué? ¿Porque derribé a un luchador solitario que ni siquiera combate conmigo sino consigo y a lo mejor era mejor que yo? ¿Por qué no le levantan el brazo también al que está en la lona caído si peleó lo mismo? Gene Tunney era mejor que Dempsey. No un bruto. Un científico. Un poeta que escribe en su Autobiografía, ARMS FOR LIVING: “Allí estás solo. No hay amigos allí. Te la juegas sin nadie. No hay partidarios excepto tus brazos”. El perdedor estudió su técnica en anteriores combates. La suya y la del adversario. Las comparó en rollos de películas proyectadas en el comedor, después de la cena, con sus hijos. Niños de ardientes pómulos confiados en su fuerza. Seguros de la victoria del padre. Pero tal vez el perdedor estaba perdidamente enamorado de su esp...

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

Nocturno terrenal                                                         Te he buscado, Tesoro,                                     he cavado en las noches profundas.                                                               rainer maria rilke Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan Las casas profundas de los muertos, amo la llama Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo Y hacen de mí un muro que separa la noche del día. He visto los rojos campos labrados por el cielo azul, La antigua naturaleza desflecada y húmeda De vino, de rocío, mortalmente hecha con r...

Yorgos Seferis (1900/1971 )

Relato Ese hombre pasa llorando y nadie sabe por qué algunos a veces piensan que por amores perdidos como esos que tanto nos torturan en las playas de verano con los tocadiscos. Otros se ocupan de sus negocios pilas de papeles, niños que crecen, mujeres que a su pesar envejecen el hombre tiene un par de ojos como amapolas como amapolas cortadas en primavera y dos pequeños surtidores en la comisura de los ojos. Camina por las calles, nunca se acuesta recorre pequeñas plazas sobre el lomo de la tierra instrumento de una pena ilimitada que finalmente ha perdido su sentido. Algunos lo han oído hablar a solas mientras pasaba sobre espejos rotos años atrás sobre formas rotas en los espejos que nadie jamás podrá restaurar. Otros lo han oído hablar del sueño imágenes de horror en el umbral del sueño insoportables rostros de ternura. Nos hemos acostumbrado a él, atildado y tranquilo, sólo que siempre va llorando como los sauces que a la orilla del río se divisan...

Carlos Eduardo Jaramillo (1932 )

Y una chica de mi pueblo llorará Yo debí tener una chica de 17 años con el rostro y la ternura                 de la Alice de “Manhattan” la tuve seguramente en otra edad pero no es lo mismo                                                                                               Woody Allen                 a los 25 que a los 46 para recordar la pureza de ese rostro y esas lágrimas cuando le dije a Ella por su bien que me había enamorado                                                                 ...

Louise Glück (1943 )

Viudas Mi madre juega a las cartas con mi tía, Rencor y Malicia, el pasatiempo familiar, el juego que mi abuela enseñó a  todas sus hijas. Pleno verano: demasiado calor para salir. Hoy, gana mi tía; le tocan las mejores cartas. Mi madre está lenta, tiene problemas de concentración. No se acostumbra a su propia cama este verano. El verano pasado no tuvo problemas para acostumbrase al piso. Aprendió a dormir ahí para estar cerca de mi padre. Él estaba muriendo; tenía una cama especial. Mi tía no afloja, no tiene consideración con el cansancio de mi madre. Es como fueron criadas: muestras tu respeto peleando. Aflojar es un insulto al oponente. Cada jugador tiene una pila a la izquierda, cinco cartas en la mano. Está bueno quedarse adentro en días como este, quedarse donde está fresco. Y este es mejor que otros juegos, mejor que el solitario. Mi abuela se anticipó; preparó a sus hijas. Ellas tienen cartas; se tienen una a la otra. No necesitan más compañía...

Uriel Martínez (1950 )

La sombra 1 si viviera papá me encontraría en sus ojos, acaso en sus manos, en sus vellos, en su nariz no -tengo el trazo de nariz de mamá-; si viviera papá me preguntaría por mi suerte; por los derroteros que tomó mi vida; quizá me preguntaría por ti, por tu forma de mirarme antes de quitarnos una a una las prendas que nos cubren. 2 si viviera papá me preguntaría por mi salud, en qué ocupo mis días; yo le hablaría del libro que no he escrito, acaso le contaría de mi cansancio, de mis siestas diferidas, de mis no sueños; pero no le hablaría de ti, ni pronunciaría tu nombre en voz alta; tampoco de tus pestañas ni de tus orejas; me guardaría muchas cosas; si viviera papá emparejaría mis palmas a las suyas; guardaría silencio como el silencio que se guarda al entrar en un templo. 3 si viviera papá le abrazaría la sombra, viviría ese momento que se vive una sola vez en la vida; acaso guardaría silencio en espera de sus preguntas; pero no le preguntaría por su ausencia... 4 ...

Fernando Pessoa (1888/1935 )

No, no es cansancio... No, no es cansancio… Es una cantidad de desilusión Que se me entraña en la especie del pensar, Es un domingo al revés del sentimiento, una vacación pasada en el abismo. No, cansancio no es… Es que yo esté existiendo Y también el mundo, Con todo lo que contiene, Con todo lo que en él se desdobla Y que es por fin lo mismo variado en copias iguales. No. Cansancio, ¿por qué? Es una sensación abstracta De la vida concreta – algo así como un grito por dar, algo así como una angustia por sufrir, por sufrir completamente o por sufrir como… Sí: o por sufrir como… Eso mismo: como… ¿Como qué? Si lo supiera, no habría en mí este falso cansancio. (Ay ciegos que cantáis en la calle, ¡qué formidable realejo es la guitarra de uno, la bandurria de otro y la voz de ella!) Porque oigo, veo. Lo confieso: es cansancio. ("trianarts", trad. ángel campos pámpano)

Stela Díaz Varín (1926/2006 )

Dos de noviembre No quiero Que mis muertos descansen en paz Tienen la obligación De estar presentes Vivientes en cada flor que me robo A escondidas Al filo de la medianoche Cuando los vivos al borde del insomnio Juegan a los dados Y enhebran su amargura. Los conmino a estar presentes En cada pensamiento que desvelo No quiero que los míos Se me olviden bajo tierra Los que allí los acostaron No resolvieron la eternidad No quiero Que mis muertos me los hundan Me los ignoren Me los hagan olvidar Aquí o allá En cualquier hemisferio Los obligo a mis muertos En su día Los descubro, los trasplanto Los desnudo Los llevo a la superficie A flor de tierra Donde está esperándolos El nido de la acústica. ("omnibus")

Dyunzaburo Nishimaki (1894/1988 )

1 Leves son la manzana de Cezanne el vientre de una serpiente la hora eterna un plato roto abandonado en el paraíso perdido 2 La camelia no florece todo el año los botones blancos en lo más alto de las ramas son brotes de hojas las hojas son más bellas que las flores verdeoscuras con su brillo sólido silbo en una hoja enrollada hinchando mis mejillas su son triste repercute en mi alma montaraz Tranquilidad de la montaña de invierno ("material de lectura, unam", trad. atsuko tanabe)

Rodrigo Olay (1989 )

José                                   In memoriam J. B. Fue solo algunos días, los primeros del verano. Nos era todavía difícil dormir bien. Muy de mañana cuando el cielo es aún blanco, estábamos vestidos, antes casi de irse los mayores. Nos quedábamos solos pronto, y pronto cogíamos las bicis. Recuerdo bien cómo al salir de casa sentíamos el frío que no puede vencer la ropa fina de principios de junio y el aire nos hería poco a poco al ir pedaleando mientras la hierba húmeda nos lamía las piernas. Nos íbamos los tres por el sendero rojizo, junto al río, sin saber bien a dónde, pero al llegar al cruce la inercia nos llevaba a la vieja cancela. El primer día Pedro lloró un poco, pero lo convencimos. Dejábamos las bicis apoyadas junto al muro musgoso, y, ayudándonos, saltábamos la tapia. Después, dentro, el camino nos era familiar, y, al desan...

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

Ellos tenían siempre la cosecha más roja, la uva centelleante Ellos tenían siempre la cosecha más roja, la uva centelleante. A veces, al mediodía, cuando el sol embriaga -si no, nunca nos atreviéramos-, mi madre y yo, tomadas de la mano, íbamos por los senderos de la huerta, hasta pasar la línea casi invisible, hasta la vid de los monjes. La uva erguía bien alto su farol de granos; cada grano era como un rubí sin facetas con una centella dentro. Ellos estaban aquí y allá con las sayas negras o rojas, y parecían escudriñar diminutas estampillas, grandes láminas, o meditar profundamente sobre el Santo de esos lugares. A nuestro rumor alguno dirigía hasta nosotras la mirada como una flecha de oro o de plata. Y nosotras huíamos sin volvernos, temblando bajo el inmenso sol. Yendo por aquel campo, aparecían, de pronto, esas extrañas Yendo por aquel campo, aparecían, de pronto, esas extrañas cosas. Las llamaban por allí, virtudes o espíritus. Pero, en verdad eran la ...

Lila Calderón (1956 )

Vestidos bonsai I Hay vestidos bonsái con zapatillas pie de loto comprometidos, enfermos con vendas interminables sudarios y clausuras. Ocultos sus dedos quebrados desde la Dinastía Song mueren con dolor en cuerpos insostenibles por fatiga de material. II Y modelos de extrema crudeza en corte y confección muestran intervenidos trajes con ablaciones tempranas. Sus labios mal cosidos gritan hasta enmudecer. Podados, alambrados, sudan los ojales de flores muertas antes de ser expuestos en el aparador de la aldea. ("revistaaltazor")

Stela Díaz Varín (1926/2006 )

Ven de la luz, hijo   Que te ciegue la luz, hijo. Ven de la luz; Desde donde la pupila sueña y vuelve atormentada, como un escombro vivo, como especie de flor, como pájaro. Carbón de víscera terrestre, así como víscera de árbol. Deja que se ensañe la luz, hijo, Desciende como los antiguos ángeles, como los malos discípulos, ardiendo en su pasión, desheredados. Así como las fieras, hijo. Incomprendidas del río, intocadas absolutas, tristes. Ese será el día -presentimiento que no quise, tú sabes, los conoces- que tomaré la forma deseada. Ojo de estiércol, húmedo; aprisionaré tu llama, tu superficie extraceleste tu mirada de centro obscuro, tu trigal; la tibia voluntad de tu piel me ayudará y seremos. Nunca antes pudimos. Yo era como esas pequeñas fuentes secas. Desciende, hijo, de la luz; avizora el espacio, avizora el horizonte. La curva que deja el corazón de un muerto, la mano que se esconde, la mano que nadie quiso acariciar. Seremos. ...

Alfredo Fressia (1948 )

Imagen digital                                          a jean-francis aymonier, in memoriam En la última foto beso tu cabeza, enorme como la de un elefante (hoy tu cabeza ya no existe más). Estamos en la soledad de una sabana (tampoco era el París de nuestra juventud) Los dos sonreímos, incluso con los ojos. Mi mentón está pegado a tu cráneo y tu boca se cierra para respirar por la traqueotomía. Ya no esperamos nada, bramamos en el flash, espléndidos como el orgullo al borde del abismo. (Mi boca mortal sigue deslizando sobre la piel de tu cráneo) El amor era un arte hecho de polvo y huesos como nuestras tallas trabajadas en marfil. Y hoy me resta este poema narrativo (que apunta la escopeta a los recuerdos y no acorta mi espera). ("poesiacuatro")

Lina Zerón (1959 )

Antes de amarnos ¿Qué fuimos antes de amarnos? ¿Quién eras tú? ¿Y yo quien era? Fría lumbre en los labios contenida, rígido corazón opaco, áspero fruto mi vientre, ligero ropaje de verano tu mirada. Ahora que nos amamos… fuego somos donde mariposas se suicidan, cuerpos de luz, piel ardiendo en rojas llamas, hechizo inacabable. Unidas en el mismo cuerpo sombras somos, sueños revelados en poemas, atraídas mareas por la luna, enormes olas de amores fatigadas. Ahora que te amo… un insecto que nace en las mañanas y muere por la tarde entre tus muslos soy, suspendidas gotas de placer, suspiro de Sol en el cenit, sirena de agua dulce, develada estrella bajo tu cuerpo. Ahora que tú me amas… eres símbolo de alianza entre los dioses, amuleto colgando de mi cuello, turbulenta agua con que mis flores riego, lámpara que guía a los ciegos soy. Ahora que nos amamos… somos raíces cálidas de la tierra. ("zendalibros")

Westonia Murray (1938 )

A las bacterias A las bacterias de la levadura Hay que dejarlas quietas Y a oscuras para que se activen También a las palabras Una debe darles espacio Para que traigan recuerdos De texturas y sabores Probados tiempo atrás Una no se saca de encima Una no se saca de encima Los amores.  Los contenta Hay que darle Campo abierto al animal Y dejarlo volver con hambre ("el poema del momento", trad. tom maver)

Julio Llamazares (1955 )

Hace ya mucho tiempo Hace ya mucho tiempo que camino hacia el norte, entre zarzas quemadas y pájaros de nieve. Hace ya mucho tiempo que camino hacia el norte, como un viajero gris perdido entre la niebla. Una verdad cifrada dejé atrás: el humo denso y obsequioso de los brezos y la alegría de mis padres en el anochecer. En el camino del norte, sin embargo, sólo mendigos locos me acompañan. Duermo bajo sus capas en las noches de invierno. Les digo este relato para ahuyentar el miedo. ("trianarts")

Rubén Bonifaz Nuño (1923/2013 )

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Yesod Y Mi viuda: el más sentido pésame, insepulto yo, te doy ahora. Pésame en la nuca tu contento; me pesan y cargan, abrumándome, el baile que armaste en mi velorio, tu gusto de lo femenino, la población de tu memoria. Laureado por el abandono, perdidas mi agua, mis azúcares, mis flores póstumas, lo digo. No se cumplieron los presagios felices, y oigo entre el escándalo ajeno, el bullicio que tú haces. No hallaste lo que pretendías; mis respuestas a tus preguntas no eran las respuestas que te dabas; defraudada y otra, me partiste. Me corriste de tu fiesta; alguna visita que tuviste, hurgando las entrañas tuyas de otros años, conspiró en mi contra: me mataste. Hoy me pesa mi vejez de muerto; pésame que no me conocieras en otro tiempo; tus melindres sin consideración, me pesan: son mi monumento funerario. Me ajusticiaron tus recuerdos de una pasión; tus malos modos me dieron el tiro de gracia. Todo me pesa ahora, menos las tierras y las ...

Cesare Pavese (1908/1950 )

Eres como una tierra... Eres como una tierra que nadie ha pronunciado Tú no esperas nada salvo la palabra que brotará del fondo como un fruto entre las ramas. Hay un viento que te alcanza. Cosas secas y exánimes te impiden el paso y van en el viento. Miembros y palabras antiguas. Tiemblas en el verano. ("trianarts", trad. carles josé i solsora)

Uriel Martínez (1950 )

Oración del chancho 1. Señor, ayúdame a regresar a mi hábitat natural, la marranera, haz que acabe la estigmatización en que vivo desde que el hombre me degradó a mí y a mis lechones al usarme como pretexto para aquello, lo otro y lo de más allá. 2. Mira, Señor, que yo era feliz al ser cebado antes de ocasiones especiales para el ser humano. Con gusto toda mi vida la ofrendaba llegado el momento. Es cierto que mis berridos rompían ventanas, trozaban cristales de anteojos, de quevedos, de ojos de buey, etcétera. Pero nunca maldije ni reculé al verme llevado al matadero. 3. De mi zalea se hicieron los primeros chalecos y cinturones, de mis colmillos surgieron collares, dijes, pulseras y torsales, de mis berridos derivaron los primitivos cantos gregorianos. Competí con otros animales por el sazón de mi carne, de mi grasa, tejidos y tendones se fabricaron carnes frías y embutidos y demás conservas propias del invierno. 4. Nunca fui motivo de pinturas rupestres como otros anima...

Dario Belleza (1944/1996 )

No hay nada mejor... No hay nada mejor que seguir engañándose: estar en la cocina preparando un caldo. Se vaciará la nevera repleta de achicoria, tomates podridos, zanahorias y calabacines: se esperará al huésped encerando dando de comer al gato legañoso que hallé en Campo dei Fiori, más bien que me ofreció un muchacho reaparecido en el tiempo un fulgor del recuerdo que nunca he saboreado verdaderamente, no viviendo ya de limosna sino modestamente, despreciando yo solo a los ricos, huyendo cadenas de denuncias por corrupción. Sí, no queda sino permanecer en casa esperando el frío, encontrando a veces a alguna poetisa enemiga, y yendo a Porta Portese en busca de una buena manta de lana. El gato ronroneará en invierno con circunspección: está todavía enfermo, su nariz quemada por el agua oxigenada que tomé por ácido bórico. El triunfo verdadero es el de la cotidianidad. ("revista altazor", traducción emilio coco)

Jorge Fernández Granados (1965 )

Espectros La memoria echa sus cartas en un lento ritual siempre incompleto, como quien busca una inscripción, el árbol donde las cicatrices están frescas; los rostros repetibles de la gente y el aroma verde de la lluvia, en esta ciudad la piedra que recuerda los hoteles y los templos, la manía amontonadora de los escaparates, los cafés de luz fría y bebidas tibias donde se gastaron las palabras sobre el arte y el amor, entre otras bellas mentiras inmortales; el paraíso barato de los cines, el maquillaje cursi de las citas, la transparencia de unos ojos en que todavía no ha entrado el mundo y arden con ese temblor brillante entre el asombro y la codicia; noches que parecen existir antes de ser vividas y en que una parte de nosotros muere; noches de sangre, risa y turbias confesiones, cuando se aprende a hablar de todo y nada oyendo cómo pasa el tiempo encima de la piel desnuda y en la avenida el ruido de la gente es mejor que la música, es el fondo ambigu...

Irene Gruss (1950/2019 )

Sirena Ahora que todavía puedes, canta tu delirio; después, sirena encantada por marinos atados a un poste, después, sirena de voz dulce y corazón tenebroso, incapaz de sostener no la nota sino la cordura –elige el mar, no el barco–, después, elegir será más tarde que inútil: tu canto, sirena, te desviará a ti misma, te perderás ahí en cubierta, en la orilla o allá, en tu casa. Aprovecha la garganta, ahora que no tienes pies en la tierra, marea y ensordece el oído del humano hasta que se canse, hasta que te canses, y el estruendo sea como el de un barco que encalla en el ojo de la tormenta, no en el sonido cabal de la tormenta. O canta esa suave y triste canción que te sabes de memoria, hasta que el agua misma se confunda, o aquella que habla de cosas alegres, cosas que duran, cosas reales, imaginarias, y tu voz suene tan real o imaginaria que consterne. Hazlo ahora, sirena, ahora que la prudencia, como la noche, llama a víspera, ahora que la luna...

Santa Teresa de Jesús (1515/1582 )

Alma, buscarte has en Mí Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti. De tal suerte pudo amor, alma, en mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar. Fuiste por amor criada hermosa, bella, y así en mis entrañas pintada, si te perdieres, mi amada, Alma, buscarte has en mí. Que yo sé que te hallarás en mi pecho retratada, y tan al vivo sacada, que si te ves te holgarás, viéndote tan bien pintada. Y si acaso no supieres dónde me hallarás a Mí, No andes de aquí para allí, sino, si hallarme quisieres, a mí buscarme has en ti. Porque tú eres mi aposento, eres mi casa y morada, y así llamo en cualquier tiempo, si hallo en tu pensamiento estar la puerta cerrada. Fuera de ti no hay buscarme, porque para hallarme a mí, bastará sólo llamarme, que a ti iré sin tardarme y a mí buscarme has en ti. ("zendalibros")

Malú Urriola (1967 )

Hija de perra Cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta… daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que es­cribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de ...

Rodolfo Hinostroza (1941/2016 )

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Adolescente que despierta Una deliberación del ala y la tormenta es lo que cae cuando la agria balandronada de los sueños se pega al paladar y el muchacho despierta en la mañana penetrando el espejo con un grito. La estridencia que acecha en la materia de los violoncellos, el enemigo bosque turgente como una curva embreada, someten bruscamente su furor y su régimen. Y el muchacho despierta en el silencio tatuado por el vuelo de un mosquito y el terror se evapora con el sol que empuja levemente al aire perezoso. No ha crujido la rama ni se ha partido el trueno y el burro blanco rumia bajo el sol de noviembre. No habrá noche esta vez, ni el sol tirará de sus redes llevándose este suave calor a las sentinas. Y el zumbido infinito de la queresa, indica que el tiempo no transcurre. (Esta misma mañana podría suceder toda una historia de gorriones y de bárbaros, un confuso ajedrez de mil mundos guerreando sobre la palma de una mano, un mismo verbo gimiendo y l...

Jaime Reyes (1947/1999 )

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Entre la espuma, sal en mi lengua, gota en mi cuello Estoy dondequiera a la hora del desastre porque contigo estoy, porque sin ti no estuviera. Nada más a ti te amo, no estoy para los demás, en nadie estoy si no estoy en ti, raíz de miedo, agua derramada. Yo soy el hilo de agua que ata las esquinas, los rincones, las puertas de los que babeantes han descubierto entre cuerpo y cuerpo pústulas enfebrecidas, lagos sangrientos y han descubierto que atropellados estamos, hermana, muertos. Pero a pesar de todo, contra ti, contra mí, a la semilla que eres fecundado regreso. A ti que eres, que estás cavando, que me levantas de la ceniza. Alejarme de ti es recorrer y caer y regresar con la garganta ahogada en el olor de amorosa gente dormida. Con el olor de abrazos insaciables, feroces, tenaces. Irme de ti, sin ti, es romper el hilo que me ata, títere de la muerte. Irme de ti, estar frente a ti que juegas a abandonarme, es ir siempre hacia atrás, quitándome las man...