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Mostrando entradas de mayo, 2019

Anne Sexton (1928/1974 )

Rezando en un boeing 707 Madre, cada vez que le hablo a Dios tú te entrometes. Sales con tus bla bla blas en bloque, otra vez con el asunto de las cartas. Si escribo un poema tú das un reporte contable. Si hago el amor me das las frases más graciosas. Señora Sarcasmo, ¿por qué no te queda ningún hijo? Ellos se aguantan sus reverencias. Ellos se agachan con tu estilo. Ellos se estrechan las manos –como-estás-tú en esa misma forma inimitable. Ellos se saltan la sopa con perejil como tú nunca pudiste. Ellos llevan a sus hijos en sus brazos como tazas de chocolate caliente como tú nunca pudiste y todavía, todavía con tu sonrisa, con tu hoyuelo, te imitábamos te imitábamos a lo lejos… el gran pino del verano, la playa que te bañó de aceite, el jardín hecho de narices, la luna atada sobre el mar, los grandes perros de sangre caliente… la muñeca que me diste, Mary Gray, o que tu madre me dio o que me dio la criada. Quizás fue ella. Ella tenía un alma, y e...

Charles Simic (1938 )

Primavera Esto es lo que vi - nieve sucia en el suelo, tres mirlos acicalándose, y mi vecina saliendo en camisón a colgar la ropa de su marido en la soga. El viento de la mañana dificultaba el tendido. Le alzaba tanto el camisón, que tuvo que parar y cubrirse, mientras reía a carcajadas. ("griselda garcìa", trad. ma. negroni y federico barea)

Enrique Solinas (1969 )

Esta es mi lengua ¿Has visto cómo el sol cada mañana levita siendo ánima o es virgen, en ascenso constante, para empezar el día? De par en par, abro las ventanas de mi cuerpo y dejo que la brisa suceda sobre la piel, mientras cierro los ojos y puedo sentir la sombra de los pájaros, el movimiento de una flor. Puedo sentir el leve susurro de la escarcha. Qué maravilloso es despertar y que la naturaleza te abrace como a un hijo perdido y recobrado, así cada palabra con su esencia recupera el aroma del sentido. Mi lengua se construye en la visión que acabo de contarte. De la gran ciudad al bosque, un largo trecho de metáforas hay que recorrer. ¿No has visto cómo el sol irrumpe y es la lluvia de luz que nos sorprende cada instante del día? Te digo que no hay visión igual, el pensamiento suele confundirnos. Si no lo has visto aún, no has visto el mundo. ("griselda garcìa")

Alfonso Gatto (1902/1976 )

Fin Cuando la muerte sea el suave viento que la tarde del campo cobija en su regazo, o un lago o un cielo, y la hierba en sí misma un latido, el muro eterno blanco… Y paseen del brazo voces límpidas de mujeres lunares —tal creeremos— y de exhaustos soldados desplomados sobre linternas… Veremos otra vez el blanco lecho de aire, las casas a lo lejos con una sola luz entre calles que el sueño trepa y baja de voz en voz… Penetraremos hondamente el brazo vigoroso del cielo y, en la densa cerrazón de los pueblos, las tinieblas, el mar ceñido en galerías de olas. Seremos estentóreos despojos en los tronos de bárbaros legados a una vida que nos tomó de niños, con el miedo eternamente incrustado en los ojos. Final Si al volverme ya no te veo, ¿cuál de nosotros dos es el ausente? ¿Quién, de su pensamiento, un acto vio salir tan veloz que se perdió más allá de las nieblas de los muertos que miran hacia atrás? Si al volverme ya no te veo, ¿cuál de nosotro...

Héctor Rojas Herazo (1920/2002 )

Un agujero Le pregunté al tendero gordo, con toda seriedad: – ¿Usted es Dios, señor? Y él me responde, mientras corta trocitos de jamón, mientras mueren poco a poco sus ojos: – No, no soy Dios, pero sí lo conozco. –¿Cómo es él? – le pregunto. Y el me responde: – Es así. Y me da su tamaño, su peso, sus medidas. ("ruadaspretas")

Uriel Martìnez (1950 )

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Encargos una libreta de taquigrafìa de cien hojas, una pluma bic de tinta negra, un epìgrafe de borges, otro de cèsar vallejo y, acaso, uno de girondo; por separado una bolsa de canicas àgata, una goma de borrar y dos làpices eagle nuevos y un sacapuntas; un thermo de cafè y dos cajetillas de cigarros; ningùn libro de oraciones ni agenda con # telefònicos, tampoco ningùn mòvil, ni biblia, ni estampitas de santos; libros no sè, voy a pensarlo... (inèdito)

Amalia Bautista (1962 )

¿Què haces aquí? Creía que te había dicho adiós, un adiós contundente, al acostarme, cuando pude por fin cerrar los ojos y olvidarme de ti y de tus argucias de tu insistencia, de tu mala baba, de tu capacidad para anularme. Creía que te había dicho adiós del todo y para siempre, y me despierto y te encuentro de nuevo junto a mí, dentro de mí, abarcándome, a mi vera, invadiéndome, ahogándome, delante de mis ojos, enfrente de mi vida, debajo de mi sombra, en mis entrañas, en cada pulso de mi sangre, entrando por mi nariz cuando respiro, viendo por mis pupilas, arrojando fuego en las palabras que mi boca dice. Y ahora, ¿qué hago yo?, ¿cómo podría desterrarte de mí o acostumbrarme a convivir contigo? Empezaremos por demostrar modales impecables. Buenos días, tristeza. Africanas La luna está africana y yo también. Esta noche se ha puesto del color de las lámparas de cuero de camello. Yo, ajorca en el tobillo, sudor en el escote, tambores en...

Catalina Gonzàlez Restrepo (1976 )

Promesa La señora, vestida de negro, exhibe su viudez mientras nosotros compartimos el postre. Nos habla de esa llama que se enciende y apaga, nos mira a los ojos, dice que se la jugó toda y no perdió, la muerte nos hace vulnerables a la verdad. Desordena su pasado y se alegra de tu mano sobre la mía. Quizás adivina que hace rato sueño con llegar a casa y que lentamente dejas caer mi falda, la misma de esa vez, cuando cenamos con tus amigos y aún no éramos nada. ("omni-bus")

Tomás Segovia (1927/2011 )

Vientos Ya por el horizonte se difunde la noche, agua sombría que moja lo mojado de las nubes murales. Yo con pasos ausentes recorro la penumbra, bajo el ala del Tiempo que sobre mí extendida ingrávida y pausada se desplaza. Vientos turbios y equívocos disponen todo el húmedo clima donde arraiga, ofrecida a la lluvia su fresca carne pura, como un fruto partido, el peso del destino. (Este soplo me llega desde oscuras distancias, cruzó mares que he visto, arrastra los perfumes de tierras que he pisado, llenó claras llanuras o bosques sofocantes donde yo enmudecía y sangraba de amor. Y en la mitad de este aterido viento, donde errabundas gotas viajan ciegamente, siento soplar de pronto un viento diferente, abierto y luminoso.) Oh viento tibio y firme, viento bueno que plasmaba de pronto en aguda presencia el campo de mi infancia donde una abeja zumba. Los árboles se instalan noblemente, los caminos recorren inamovibles huellas, los sitios tienen nombres persuasi...

Esther M. Garcìa (1987 )

La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo En el autobús camino a casa encuentro viejos conocidos: chicas y chicos con quienes compartí la escuela, algún beso, un hurto y ahora esto: hemos madurado tanto que nos hemos convertido en simple anécdota, un rostro vacío al final de la hilera de asientos. ("liberoamèrica")

Odysseas Elytis (1911/1996 )

La apuesta eterna (fragmento) 1 Porque un día morderás el nuevo limón y liberarás de su interior enormes cantidades de sol. ("trianarts", trad. cristian carandell)

Cèsar Vallejo (1892/1938 )

Fue domingo en las claras orejas de mi burro Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza) Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal, experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho, de una sola burrada, clavada en pleno pecho, de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho. Tal de mi tierra veo los cerros retrasados, ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista, que tornan ya pintados de creencias, cerros horizontales de mis penas. En su estatua, de espada, Voltaire cruza su capa y mira el zócalo, pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos un número crecido de cuerpos inorgánicos. Y entonces sueño en una piedra verduzca, diecisiete, peñasco numeral que he olvidado, sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo, lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo! ¡cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales! Y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano, quiero dec...

Mario Santiago Papasquiaro (1953/1998 )

La poesìa sale de mi boca                                             Para Roberto Bolaño, al que presiento ya como mi Maharischi                                             e iniciador de 1 movimiento cuyo nombre ignoro                                             en el cual prometo realizarme plenamente La poesía sale de mi boca, asoma las narices / el pene a lo imprevisto / el estremecimiento el resplandor / & la baba también & los pelos arrancados a este tiempo a fuerza de jinetearlo & desatascarle su rodeo / & la caspa / & la petrificación de tantas de las yerbas y raíces de este mundo / que antes de morderlas nos vemos o...

Ida Vitale (1923 )

Historia Subíamos corriendo la larga escalera. Apenas si mirábamos posibles detalles laterales, sorpresas de una ventana abierta al mundo tras los vidrios, reflejos, sedimentos del que subiera antes. Velozmente cruzamos la inútil pausa del rellano, abandonadas rosas menos que naturales, los ramalazos del siempre ciego cielo a su modo indeleble. Subíamos, subíamos por lo idéntico sólo que hacía cada vez menos luz, hacia pozo más hondo. ("unpoemaaldìa")

Efrèn Rebolledo (1877/1929 )

Magna voluptas Enciende en la obsidiana de tus ojos La mirada más tierna y más amante, Y matiza el marfil de tu semblante Con la lumbre solar de tus sonrojos. Cierra tus brazos, nítidos y flojos En torno de mi cuello palpitante, Y restrega en mi pecho jadeante Tus pezones coléricos y rojos. Mírame dulcemente, dulcemente, Destilando tu beso disolvente Y sonoro en mi labio que se inclina, Y déjame chupar tu lengua untuosa Que exacerba mi fiebre voluptuosa Y me tienta como una golosina. ("unpoemaaldìa")

Thelma Nava (1932 )

Ven Ven Ayúdame a insertar mi corazón en la tapa de este libro enciclopedia donde en cualquier momento puedo leerte manual de fórmulas para ahuyentar la tristeza Ven ayúdame a olvidarte a no seguir buscando la mirada que pusiste en mi rostro cada minuto diferente ayúdame a olvidar nuestra hermosa soledad de animales en celo Si tú me ayudas te prometo no salir a buscarte en los espejos o en el fondo de la taza de té. ("unpoemaaldìa")

Angelina Muñiz-Huberman (1936 )

Piel Sobrado espacio al alba abierto extensión del eterno deseo capilares fuente de la tentación cada célula es el retrato de la infinita cada núcleo la promesa sin nacer –          suave advertencia que corre pareja con el viento irisados efectos de la luz sin remedio estremecimiento de un pétalo instantáneo áspero recogimiento en vano invocado paisajes de todas las tierras holladas –          pluma espejo deslizado levita excitación difícil de atrapar momento no existente en un punto es tanta la acumulación que no sientes el brillo de la estrella ni el haz de la luna baña breve tu cuerpo –          deslizas piel sobre piel para conocer la piel indescriptible roce del mármol encarnado –          aquello que era estática pleamar ola detenida en el estruendo del pico espuma a punto de desbaratarse trasmuta su oro líquido en sangre y nervio en aprestado corcel que...

Jorge Fernàndez Granados (1965 )

Non serviam No tengo intención de tener un hijo. De verlo crecer en esas tardes en que nada espero. No tengo frases para amarlo cuando me pregunte a dónde voy o de dónde vengo tan cansado. No tengo una mujer con suficiente alevosía, inocencia o amor para darme ese hijo. Tampoco la he buscado.            Por eso no lo tengo. No tengo dinero ni paciencia para su tos, para sus preguntas, vacunas, calificaciones, su primitiva maldad, sus diminutas catástrofes. Pero sobre todo no tengo corazón para heredarle la tristeza que madurará en sus ojos cuando su alma abra las velas. ("unpoemaaldìa")

Antonia Pozzi (1912/1938 )

Pausa Me parecía que este día sin ti tenía que ser inquieto, oscuro. Sin embargo está lleno de una extraña dulzura, que aumenta con el paso de las horas igual que la tierra después de un chubasco, se queda sola en silencio para beberse el agua caída, y poco a poco en sus venas más profundas se siente penetrada. La felicidad que ayer fue angustia, tempestad, vuelve ahora en breves oleadas al corazón como mar apaciguado. Bajo el suave sol reaparecido brillan cándidas ofrendas: las conchas que la ola dejó en la orilla. 7 de diciembre, 1934 ("la nube habitada", trad. herme g. donis)

Uriel Martìnez (1950 )

Dos cuchillos Tengo dos cuchillos en casa de uso frecuente, uno dentado con que parto limones, naranjas y toronjas; eventualmente lo uso  para hacer gajos de manzana. El segundo es del mismo tamaño y con él separo la grasa de la carne, las orillas de cicatrices que no cierran, los recuerdos que no se desvanecen y los párpados del insomnio. Al fondo del horno de la estufa guardo un tercero más grande y sin un uso particular; ese, aparentemente escondido y olvidado tiene tus iniciales. Si un día regresas de una gaveta helada como dicen que vuelven los muertos al descongelarse el mecanismo de hibernación que los contiene, que Dios nos acoja. (Inédito)

Rose Ausländer (1901/1988 )

Tanto Quien puede decir tanto como quiere Quien quiere tanto como piensa Quien piensa tanto como vive Quien vive tan seguro como muere ("cómo cantaba mayo en la noche, trad. josé juan batista)

Coral Bracho (1951 )

Un gotear incesante en el perfil de la noche Una caída lenta. Un hondo, denso caer sin asideros, sin refugio, sin voz. Un indeciso estar cayendo en lo oscuro. Como una gota, como un gotear incesante en el perfil de la noche. Llueve la noche y entra por los huecos, las zanjas. Hunde En su oquedad la tristeza y la infinitud. Una bóveda inmensa y negra, unas estrellas; su apaciguada luz. ("un poema al dìa")

Balbino Dàvalos (1866/1951 )

 Croquis sentimentales Arrasados de lágrimas los ojos, solíame decir: “Cuando me muera, no vayas presto a mi sepulcro, espera al claro mes de los claveles rojos. –          “Entonces habrá pájaros y flores y brisas olorosas a tomillo, y esplenderán las lápidas con brillo de lucientes cristales de colores. –          “Entonces, alfombrados de verdura hallarás, a tu paso, los senderos, y la voz de uno o dos sepultureros entonará canciones de ternura. –          “Entonces ven a mi sepulcro; llega risueño el rostro, alborozada el alma, como el amante que en serena calma al dulce afán de amar feliz se entrega. –          “Cuando te acerques, alzarán los lirios su cáliz ormesí, los nomeolvides serán mis valerosos adalides que han de vencer tus lúgubres delirios. –          “Allí leerás mi nombre entre festones de espigas frescas y de ramas ...

Ron Padgett (1942 )

Instrucciones para ser perfecto (fragmento)                                                               Todo es perfecto, querido amigo.                                                               – Kerouac Duerme bien. No des consejos. Cuida tus dientes y encías. No tengas miedo a nada que no puedas controlar. No tengas miedo, por ejemplo, a que el edificio se derrumbe mientras duermes o a que alguien a quien amas muera repentinamente. Come una naranja todas las mañanas. Sé amable. Eso te hará feliz. Ten esperanza de todo sin esperar nada. Encárgate primero de las cosas que te quedan cerca. Ordena tu cuarto antes de salvar al mundo. Ten en mente que el...

Adélia Prado (1935 )

Tregua Hoy estoy vieja como quiero estar. Sin ninguna estridencia. Cambié todos los deseos por recuerdos y una tacita de té. ("life vest under your seat", s/c al traductor)

Ron Padgett (1942 )

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P oema de amor Tenemos muchísimas cerillas en casa. Siempre las tenemos a mano. En este momento nuestra marca favorita es Ohio Blue Tip, aunque antes preferíamos las Diamond. Eso fue antes de descubrir las cerillas Ohio Blue Tip. Tienen paquetes perfectos, cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas con palabras grabadas con forma de megáfono, como para decirle más alto al mundo “Aquí está la cerilla más hermosa del mundo, sus cuatro centímetros de pino suave coronados por una cabeza rojo oscuro, tan sobria y furiosa y decidida siempre a estallar, y encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas, por primera vez —y ya nada nunca vuelve a ser igual. Todo eso te daremos.” Eso es lo que me diste, yo soy el cigarro y tú la cerilla o yo la cerilla y tú el cigarro, quemándonos con besos que arden hacia el cielo. ("kriller 71", trad. patricio griberg y aníbal cristobo)

Yannis Ritsos (1909/1990 )

Bajo el olvido El único resto palpable de él era su chaleco. Lo colgaron allí, en el ropero grande. Se olvidaron de él, quedó apretujado en el fondo, sepultado por nuestras ropas, de invierno, de verano, nuevas cada año, para nuestras nuevas necesidades. Hasta que, un día, nos saltó a los ojos, ─puede que por su color curioso, puede que por el corte anticuado─. Sobre sus botones quedaban tres paisajes circulares similares: el paredón de fusilamiento con cuatro agujeros, y todo alrededor, nuestro remordimiento. Funeral El abuelo en un rincón, en el otro sus diez nietos, y nueve velas hincadas en el pan están ardiendo. Los niños callan, las madres se arrancan locas el pelo y, al fondo, la libertad mira y suspira en silencio. ("trianarts", traducción román bermejo y juan josé tejero)

Milagros Terán (1963 )

Monólogo En esta edad no temo a nada el cuerpo no rinde más culto a la belleza ni el alma busca a tientas su origen. A mis tres años tengo la experiencia de una mujer de setenta, liberada de selvas y de cazadores blancos sin miedo a entrar en aguas de verdes cocodrilos. En esta edad no temo a sentarme mal, tengo las dos piernas abiertas donde se divisa un hueco negro marco de tu risa. Tengo la energía para jugar con leones, dar paseos lentos subida a un elefante, perezoso y tristón, asida a su lomo ceniciento. Agarro con mis manos las tormentas caben en un rincón las nubes todo el hemisferio austral en la sonrisa. En un cuento de viejas una enérgica niña salta de una alta pared al vacío. ("eg")

Fernando Pessoa (1888/1935 )

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intervalo doloroso todo me cansa, hasta lo que no me cansa. mi alegría es tan dolorosa como mi dolor. quien me diera ser un niño poniendo barcos de papel en un estanque de la quinta, con un dosel rústico de redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra verde en los reflejos sombríos de la poco agua. entre yo y la vida hay un vidrio tenue. por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar. ¿razonar mi tristeza? ¿para qué si el raciocinio es un esfuerzo? y quien está triste no puede esforzarse. ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que yo tanto querría abdicar. abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme. ¿cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche, el conductor de aquel tren! ¡cualquier banal Otro supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra para que yo la quiera y se me finge ajena! yo no tendría el horror a la vida como una Cosa. la noción de la vida como un To...

Dolores Etchecopar (1956 )

Epílogo IV ella no dijo su nombre se dejó prender fuego lentamente con una carta en la mano El sacrificio ella murió pero pudieron salvar al primer resplandor del océano que se abría en el iris de sus ojos ("poesía cuatro")

Constantino Cavafis (1863/1933 )

Una noche Era una habitación barata y sórdida, oculta por encima de la dudosa taberna. Desde la ventana se distinguía el callejón, sucio y estrecho. Desde abajo llegaban las voces de los trabajadores que jugaban a las cartas y se divertían. Y en ese camastro mundano y humilde, yo tuve al cuerpo del amor, tuve los labios lascivos y rojos de la embriaguez, rojos labios de una embriaguez tan grande, que aún ahora cuando escribo, ¡después de tantos años!, en mi casa solitaria, me siento borracho de nuevo. ("trianarts", trad. juan manuel macías)