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Jorge Brash (1949 )

Soneto              para aurelio asiain,              sobre un tema suyo. En cuánta espera se desnuda el viento mientras la pura desnudez espera. Desnuda por el viento va la pera y en su fragancia nuda toma asiento. Posa desnudo el aire del aliento y su tersura, hábito de espera, tras el olvido de la noche entera deriva hacia feliz descubrimiento. Hay en los trazos del silencio abierto una suerte de luz, un dejo ingrato de la embriaguez primera y el innato deseo de ser tocado por lo incierto. Así, redondo y a mitad del huerto el fruto se desnuda en el olfato. ("la jornada semanal", nueva época, no. 11, 20 agosto 1989)

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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                                                                                                                         foto: cervantes.es Los sonetos de la muerte I Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de morirme en ella los hombres no supieron, y que hemos de soñar sobre la misma almohada. Te acostaré en la tierra soleada con una dulcedumbre de madre para el hijo dormido, y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna al recibir tu cuerpo de niño dolorido. Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, y en la azulada y leve polvareda de luna, los despojos livianos irán quedando presos. Me alejaré cant...

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

Soneto del amor oscuro La otra noche, después de la movida, en la mesa de siempre me encontraste y, sin mediar palabra, me quitaste no sé si la cartera o si la vida. Recuerdo la emoción de tu venida y, luego, nada más. ¡Dulce contraste, recordar el amor que me dejaste y olvidar el tamaño de la herida! Muerto o vivo, si quieres más dinero, date una vuelta por la lencería y salpica tu piel de seda oscura. Que voy a regalarte el mundo entero si me asaltas de negro, vida mía, y me invaden tu noche y tu locura. ("poesi.as")

Leopoldo Lugones (1874/1938 )

Olas grises Llueve en el mar con un murmullo lento. La brisa gime tanto que da pena. El día es largo y triste. El elemento duerme el sueño pesado de la arena. Llueve. La lluvia lánguida trasciende su olor de flor helada y desabrida. El día es largo y triste. Uno comprende que la muerte es así..., que así es la vida. Sigue lloviendo. El día es triste y largo. En el remoto gris se abisma el ser. Llueve... Y uno quisiera, sin embargo, que no acabara nunca de llover. ("no me quites paz")

Elvio Romero (1926/2004 )

Cintura El arco en desazón de tu cintura cimbreó su tallo en fresco movimiento, como si todo el soplo de tu aliento no cupiese en la red de su envoltura. La quemazón del lecho y su blancura, sintió agitarse ese temblor violento de tu cuerpo sembrado por el viento con que ensayé sellar mi quemadura. ¡Oh, firmamento abrasador, sencilla- mente ofrecer y asir soles profundos al frutecer la sangre en el relente! ¡Y dar y recibir dones fecundos, como un surco acogiendo la semilla feraz y fértil en su mes ferviente! ("poesía cuatro")

Luis de Góngora (1561/1627 )

Ilustre y hermosísima María Ilustre y hermosísima María, mientras se dejan ver a cualquier hora en tus mejillas la rosada aurora, Febo en tus ojos y, en tu frente, el día, y mientras con gentil descortesía mueve el viento la hebra voladora que la Arabia en sus venas atesora y el rico Tajo en sus arenas cría; antes que de la edad Febo eclipsado y el claro día vuelto en noche oscura, huya la Aurora del mortal nublado; antes que lo que hoy es rubio tesoro venza a la blanca nieve su blancura, goza, goza el color, la luz, el oro. ("cómo cantaba mayo")

Raúl Renán (1928/2017 )

Soneto en verano y en invierno Verano,    ciego hermano,     llego    cano. Mi ego ya no   riego. Páramo    areno me desamo deste invierno       que llamo pío    infierno. ("de las queridas cosas", ed. premia, méxico, 1982)

Manuel Ramos Otero (1948/1990 )

No digáis que por falta... No digáis que por falta de su bicho mi verso resplandece hasta que arde el culo es llamarada por la tarde de noche, como Dios, vuelve a su nicho. Si el lector me rechaza por cobarde por miedo a la verdad es que lo ficho tentación de poeta es lo entredicho ignorancia juzgar por puro alarde. Que no compre mi libro por la fama para ser en la esquina muy discreto que hasta muerto mi tumba será cama una orgía de huesos y esqueleto apasionado mármol para el que ama bajo el sol y la luna sin secreto. ("del mangle")

Gastón Baquero (1914/1997 )

Sintiendo mi fantasma venidero Sintiendo mi fantasma venidero bajo el disfraz corpóreo en que resido, nunca acierto a saber si vivo o muero y si sombra soy o cuerpo he sido. Camino la ciudad, la reconstruyo día tras día contemplando en vano; luego vuelvo a perderla, luego huyo protegiendo mi ensueño con la mano. Y me tropiezo a mí, me reconozco lleno de muerte, en sombra construido; y sé que no soy más, pregunto, y no conozco otro saber que el no saber sentido por el muerto futuro que conduzco bajo el disfraz corpóreo en que resido. ("crear en salamanca")

Manuel Ponce (1913/1994 )

Carpe Diem Antes de que la vida se consuma sumando en islas de verdor los años, contad uno por uno sus escaños: porque el tiempo nomás es una suma. Antes de que la rosa infiel asuma descoloridos síntomas extraños, lo efímero gozad de sus engaños: porque la rosa es nada más espuma. Gozad el curso de la edad ligera: porque la juventud es una ola que nos induce a la glacial ribera. Y antes de que marchite su corola, con risas acatad la primavera: porque la primavera es una y sola. ("el jardín increíble", ed. jus, méx., 1999)

Manuel Ponce (1913/1994 )

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Hazla llover sobre tu cabeza La lluvia más los suplementos míos: la liviandad insigne de su peso, sus propósitos limpios de fineza y su lenta semilla que no acaba. Con intervalos de mental llovizna: sus balbucientes lenguas de blandicie, sus fragmentos de peces deshojados, multiplica minúsculos otoños. A borrar el color de mis recuerdos, lavar imperfecciones inocentes, contribuye su tela delicada. A propagarte en incidentes múltiples, y resolverte en inexhausta lluvia: la lluvia más sus consecuencias leves. ("el jardín increíble", ed. jus, méxico, 1999) 

Luz Machado (1916/1999 )

Narración de la tarde Cuando la luz se va con el ocaso y sobre el monte la cabeza inclina, la tarde quema lentas golondrinas en la pira solar de su regazo. Nubes de leve, silencioso paso, campos de dalias son y mandarinas. Arde un solo fulgor en la opalina lejanía del azul, como en un vaso. Suelta la brisa se levanta. Apenas se mueve el árbol. Y un color se niega a ser color ante el nocturno acoso. El cielo es playa de incendiada arena. Y un caracol de luz en sí repliega sus propias soledades, silencioso. ("no me quites paz")

Mónica Suárez (1965 )

Hundirse en el poema Hundirnos en la nieve del poema dejando transitar el viento frío y poco a poco crecerá su brío hasta pulir el alma en una gema. Dejar correr la tinta por la yema del dedo que, manchado, se hace río meciendo torpe al verso en su desvío hacia el muelle de la hoja, con problema. Anudar la cintura de las letras, los tiernos tallos de sus cuerpos tintos, al malecón del tiempo que los guarde. No olvidar el sonido, si penetras, los ritmos nuevos y los casi extintos, ni la pasión que en el verso siempre arde. ("afuera, arca poética de la diversidad sexual", diablura ed., méx., 2017, recopilación y prólogo saúl ordoñez, epílogo maría luisa bacarlett pérez)

Efrén Hernández (1904/1958 )

Siento que al tiempo sóbrale este día... Siento que al tiempo sóbrale este día, que es vano en todo el que le doy empleo, que se abre inútilmente mi deseo, que no tiene objetivo el ansia mía. Sólo durmiéndome le impediría su movimiento de humo al devaneo y a estas horas la angustia con que veo en vida tan fugaz, perderse un día. Ayer lo mismo fue que hoy está siendo, y mañana será tal como ahora... a sabiendas o no, pero mintiendo, al amor fingirá la eterna aurora, y un hijo manaré, que hora tras hora en vano irá a mi zaga envejeciendo. ("obras", fce, méxico, 1a. reimpresión, 1987)

Fernando del Paso (1935 )

Que te acaricie yo, tus pechos, ave... Que te acaricie yo, tus pechos, ave, como rezar las cuentas de un rosario. Y que mi amor badajo y campanario te lo repique yo, que yo te clave. Que sean mis manos, de tus muslos, llave. Tu rosa, de mis dedos, relicario, y en su fronda la lengua de un canario con mi lengua, la sal, que yo te lave. Nada más eso pido, quiero, ruego. A eso me dedico y adorarte a quererte, y a eso me consagro. Y te juro, las manos sobre el fuego, que volveré otra vez a codiciarte cada vez que cumplas el milagro. ("premio fil de literatura 2007")

Tomás Segovia (1927/2011 )

Cinco sonetos votivos III Sean dadas las gracias al sofoco, al estertor, al hipo, a la ronquera, a los ojos en blanco, a la bizquera, a la turbia visión fuera de foco. Con lealtad agradecida evoco esa carne que vi por vez primera retorcerse en su gloria, diosa y fiera, y húmeda de sudor y baba y moco. Aprendí para siempre, esa hora ardiente, qué a gusto se revuelca el alma altiva entre la piel, los pelos, la saliva, y abolida y violenta y dependiente, gime de gozo de acallar su empeño y no ser reina, y célibe, y sin dueño. (fuente: Casa del nómada, ed. Vuelta, col. La Imaginación, México, 1992.)

José Carlos Ary dos Santos (1937/1984 )

Soneto de Mal Amar Invento-te    recordo-te   distorço a tua imagem mal e bem amada sou apenas a forja em que me forço a fazer das palavras tudo ou nada. A palavra desejo incendiada lambendo a trave mestra do teu corpo a palavra ciúme atormentada a provar-me que ainda não estou morto. E as coisas que eu não disse? Que não digo: Meu terraço de ausência    meu castigo meu pântano de rosas afogadas. Por ti me reconheço e contradigo chão das palavras mágoa joio e trigo apenas por ternura levedadas. Ary dos Santos, in 'O Sangue das Palavras (soneto tomado del sitio "citador.pt" 

TOMÁS LINDEN (1935- ? )

Medianoche Señor, es medianoche en mi postigo, está a mi lado un cuerpo de mujer que en la sombra custodia su placer. No sé si soy su amigo o su enemigo. Con tanta oscuridad aún no consigo ver en sus ojos lo que quiero ver; quizá la luna comenzó a crecer, pero ya no me sirve de testigo. Entre mis brazos el temblor desnudo del cuerpo de mi amante espera el día y el café negro del amanecer. Señor, ya cantó el gallo lo que pudo... ¡Quién sabe de este amor qué te diría, antes que se volviera a adormecer. (texto de Eugenio Montejo (1938-2008), publicado bajo el seudónimo de Tomás Linden, tomado de Geometría de las horas, una lección antológica, UV, col. Ficción, Xalapa, Ver., México, 2006. Selección Adolfo Castañón.)