Entradas

Mostrando entradas de 2014

Amalia Bautista (1962 )

Ella Ella también soy yo. Aunque no quiera, aunque ninguna de las dos queramos, somos una y la misma. Pero ella me traiciona cuando escribe por mí, cuando no se conforma, cuando lo quiere todo. Ella es la de las lágrimas de rabia, la que nunca te besa con mis labios. (fuente: "life vest under your seat")

Rebeca Urbina Balbuena (1983 )

Ronroneo Nada me enternece más que observarte desde mi balcón. Eres un animalito tan curioso. Puedes caminar en dos patas con destreza pero te cuesta tanto caer de pie. Como todo animal de costumbres, recuerdas el camino de regreso a casa y cada noche te veo volver. Más de una vez pude oler tu temor cuando me miraste directo a los ojos. Pobrecillo, tan frágil e indefenso. Tan necesitado de cariño y de calor. Guardo mis distancias para no asustarte y cuando quedas dormido abrazando una almohada, yo salgo a conquistar la noche en los tejados. Descansa tus ocho horas, hombrecito, mañana podrás seguirme adorando. (fuente: "urbanotopia")

Kim Addonizio (1954 )

Intimidad La mujer que prepara mi capuchino en la cafetería—ojos oscuros, cabello rojo teñido, cuello de tortuga negro y sin mangas—fue la amante del hombre con quien salgo ahora. Ella no me conoce; somos extraños, y sin embargo no puedo mirarla casualmente, como solía hacer antes de saberlo. Ella está junto a la máquina, hundiendo la válvula en la espuma de la leche, mirando al vacío—no sé qué es lo que piensa. En lo que a mí respecta, ella bien podría estar recordando a mi amante, recordando lo que sea que haya ocurrido entre ellos—él nunca me ha dicho nada, excepto que no fue importante, y luego cambia rápido de tema, demasiado rápido, ahora que lo pienso; ¿sería que él, después de todo, había mentido?, ¿y no había cruzado brevemente por su cara una expresión de dolor? No puedo estar segura. De seguro no fue nada, me digo a mí misma; no hay razón para sentirme incómoda aquí parada, o sentirme cómplice, como si hubiera algo importante entre nosotras. Ella podría est...

Uriel Martínez (1950 )

Las prendas Me quito el suéter y lo huelo: no, no huele a ti, huele a mí; y lo amo. Me desvisto el pantalón, paso la entrepierna por mi rostro:  y no, no huele a ti, huele igual: a uriel. No me quito la camisa, hace mal tiempo y la prenda me dará calor: huele a martínez, lo intuyo. Me visto la ropa térmica invernal, la que cubre mi timing de media noche: huele a detergente, a sol y viento. Pero no me huelo la boca, tampoco inhalo la nariz, ni los ojos ni los dedos que esta tarde te recorrieron.

Yaso (? )

Haiku Ventisca de invierno Y el gato que no para de hacer guiños. (fuente: "otra iglesia es imposible", traductor: alberto silva)

Derek Walcott (1930 )

  Volcán Joyce temía al trueno, mas durante su funeral los leones del zoológico de Zurich rugieron ¿Fue en Zurich o en Trieste? No importa. Son leyendas, así como es leyenda la muerte de Joyce, o el rumor obsesivo de que Conrad ha muerto, y Victoria es irónica. Desde esta casa en el acantilado sobre la franja del horizonte nocturno es posible ver el resplandor de dos grúas a lo lejos en el mar hasta la hora del amanecer; es como el resplandor del cigarro y el resplandor del volcán al final de Victoria. Uno podría abandonar la escritura por esas señas de los grandes que lentas se consumen, y ser en cambio, su lector ideal, meditativo y voraz, haciendo que el amor por las obras maestras sea superior al intento de repetirlas o mejorarlas, y ser así el mejor lector del mundo. Por lo menos eso necesita del asombro que se ha perdido en nuestro tiempo; tanta gente lo ha visto todo tanta gente es capaz de predecir tanta que se niega a aceptar el silencio de l...

Harold Alvarado Tenorio (1945 )

Café Blanche Creyendo que la mejor cura contra la melancolía eran esas superficies radiantes y abiertas fuiste hasta las memorables ruinas y viste la estatua de basalto que del cuerpo de Antonio hicieron. Grecia era el testimonio, bajo esa copiosa y virulenta luz, de cómo sólo lo externo tiene propia existencia. Ética y belleza eran una y lo mismo. Tallar el cuerpo era tallar también el alma. Curar el odio a sí mismo era curar la soledad. De vuelta a casa, liberado ya del pasado, con aquella camisa de colores chillones, tus negros pantalones de tres prenses, tus zapatos puntiagudos y habaneros, el desnudo pecho mostrando la cadena de oro macizo y los cinco medallones entrabas al Blanche y pasabas la noche bebiendo cubatas y quemando porros. Todas y todos eran tuyos. Te enamorabas, sin duda. Amabas tanto los ritos de la carne, su lenguaje y sus palabras que incluso ahora, cuando escribes, no sientes, tampoco, interés alguno por el "acto final"....

José Watanabe (1945/2007 )

La natividad Esta es tu patria, hijo mío, un establo donde tu madre ya duerme de regreso a nuestra especie: hasta ahora ella era un animal mítico: el vientre avanzado y habitado por Ti, entonces voraz nonato, que le consumías hasta los huesos. Soy un hombre añoso, he visto todo. Sin embargo, me sobrecoge mirarte, mi recién nacido: a pesar de las madres todo niño está abandonado sobre la vastedad de una tierra callada. Tu madre, muchacha todavía sorprendida por Ti, no cantó una canción de cuna. Mirándote sólo murmuró inacabablemente: es espantoso esperar de Él lo que esperan. (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Denise León (1974 )

Los grillos  Los grillos han entrado y cantan debajo de las escaleras. Del otro lado de la ventana hay otros –muchos– que cantan para entrar. Detrás de la pared se oye cómo van hilando la madeja secreta del mismo sonido. (fuente: "el poeta ocasional")

Elizabeth Jennings (1926/2001 )

Mudanza Pronto estará de nuevo la casa llena, Se habrán llevado nuestras cajas, Desnudos están los muros, dejamos Apenas rectángulos donde los cuadros. Se asienta el polvo y campa ahora Por los lugares en que nos movíamos. Y aunque nos alegra marcharnos Queremos dejar un rastro tras nosotros, Algo no tan poderoso como un fantasma Pero que cierta parte de nosotros les recuerde A los nuevos inquilinos a los que no conocemos Que no se resigna la vieja casa Ni al viento ni al polvo ni al espacio Vacío donde estaban los muebles. Queremos embellecer viejos estantes Y asustar a los nuevos propietarios Y olvidamos que se alegrarán, Al encontrar en los estantes rastros De nuestro propio pasado, ya que temen, Como nosotros, un espacio sin inquilino (fuente: "emma gunst", traductor: josé luis justes amador) 

Anna Rossetti (1950 )

Imagina Imagina la oscuridad. El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla. Las sirenas crecen como aullidos de chacales, los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas. Imagina tus lágrimas como bayonetas, desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad. Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo mientras los cadáveres elevan sus montañas, mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras. Imagina el aire entrándote, invadiéndote de muerte. Se pulverizan árboles y bibliotecas; se desgarran cuerpos y muros, se mutilan recuerdos y palabras; se siembran minas, terrores y esqueletos de pájaros. Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas. Imagina cómo los héroes se envuelven en capas escarlatas. Cómo los verdugos despliegan alfombras escarlatas. Cómo las víctimas se ahogan en manantiales escarlatas. Y cómo el espanto, la venganza y el odio ganan batallas en tu corazón sobrecogido. Estás en medio del recinto...

SEIS POR AYOTZINAPA

Pilar Alba  (1974 ) Jorge Luis 1, 2, 3, 4... yo voy a la escuela todos los días... 5, 6, 7, 8... A veces no puedo desayunar, pero no me importa aun así voy a mis clases, 9, 10, 11, 12... me gustan mucho las lecciones que nos da el profe Isra. 13, 14, 15, 16...pero las que más, más me gustan son las matemáticas. 17, 18, 19, 20... Me gusta mi salón, aunque a veces haga mucho frío, porque tenemos cartones en lugar de vidrios en las ventanas. 21, 22, 23, 24... Hace un tiempo vino otro maestro a darnos clases, nomás por una semana, se llamaba Jorge Luis como yo, y también le gustaban mucho las matemáticas. 25, 26, 27, 28... El profe Jorge Luis me enseñó que los mayas han sido los mejores matemáticos de todo el mundo. 29, 30, 31, 32...Me dijo que conocían mucho antes que los europeos el uso del cero. 33, 34, 35, 36... Él sabía muchas, muchas cosas, pero ya no va a volver a venir. 37, 38... dice el profe Israel que anda desaparecido...39, 40... que todos en el país lo andan buscando.....

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Tres "el tránsito" De tu tránsito en la tierra ninguna señal quedará. El  viento de la noche arrastra las hojas que pisaste. "un secreto" Sólo para ti florezco, dice la dalia amarilla al verme pasar. Y yo guardé un secreto cubierto de rocío. "en el museo de arte moderno" Aquí nada es moderno. Todo es antiguo, hasta la misma Venus de acrílico. (fuente: "Las imaginaciones/ El soldado raso", Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, Venezuela, 2014; traductor: José Carlos de Nóbrega.)

Lina Zerón (1959 )

Resucitado recuerdo Hoy resucitó un dolor maldito. Te vi cruzando la calle, tranquilo, sin prisa. Apenas nos separó el aliento, busqué tu mirada. Casi probé tus caricias. Volteaste el rostro, ella se acercó suavemente, tejió sus dedos entre tus manos y una sonrisa en común brilló. Retrocedí nerviosa. Mi mente voló a otra fecha: la misma calle, la misma hora... Tu, yo. Ella al acecho. Alucinaron mis ojos, recordé cuando eras buitre volando en círculos de aurora tras mi negra cabellera. Volví a sentir el fuego de tu sable y tu boca hurgando en mi boca. El llanto reventó en mi cara, congeló mi sangre. Se entumieron mis manos... Tu, ella. Yo en el olvido. Me di la vuelta, caminé con prisa. vomité tu nombre en la siguiente esquina. (fuente: "emma gunst")

José Watanabe (1945/2007 )

El anónimo Desde la cornisa de la montaña dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio, una acción ociosa de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar. Mientras la piedra cae libre y limpia en el aire siento confusamente que la piedra no cae sino que baja convocada por la tierra, llamada por un poder invisible e inevitable. Mi boca quiere nombrar ese poder, hace aspavientos, balbucea y no pronuncia nada. La revelación, el principio, fue como un pez huidizo que afloró y volvió a sus abismos y todavía es innombrable. Yo me contento con haberlo entrevisto. No tuve el lenguaje y esa falta no me desconsuela. Algún día otro hombre, subido en esta montaña o en otra, dirá más, y con precisión. Ese hombre, sin saberlo, estará cumpliendo conmigo. (fuente: "life vest under your seat")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Tres "La nube y la fuente" 'No llores', dice la nube errante a la fuente, 'Aprende a ser feliz'. Y, como poeta, la fuente ríe y llora de felicidad. "La verdad de la noche" En el vaso de agua la dentadura postiza: la risa en el acuario. "Escondrijo" La palabra-llave siempre se esconde detrás de la puerta. (fuente: "Las imaginaciones/El soldado raso", Fondo Editrial Fundarte, Alcaldía de Caracas, traducción de José Carlos de Nóbrega.)

Kim Addonizio (1954 )

Oración A veces, cuando estamos acostados después del amor, te observo y veo el futuro de tu cuerpo acostado bajo tierra; pongo el talón de mi mano contra tu costilla y siento cuán leves y lejanos son los latidos de tu corazón. Descanso mi mejilla contra tu pezón izquierdo y escucho las oleadas de sangre, veo tu vida siendo regada, un agua delgada que es rociada desde una olla hacia la hierba seca. Y quiero ser apretada en lo hondo de la cama y ser cubierta, de la forma en que una semilla es apretada en un hueco, y la tierra apisonada después con una pala. Quiero ser una semilla fallida, del tipo que no crece, que no sabe que debe hacerlo. Quiero acostarme aquí y no moverme, tan sin vida como un animal sacrificado, su sangre untada sobre una puerta, quiero que la muerte me lleve si tiene que hacerlo, que te deje a ti, quiero que pase. (fuente: "emma gunst", traducción: gustavo adolfo chávez)

Manuel Bandeira (1866/1968 )

El bicho Ayer vi un bicho En el basurero del patio Buscando comida entre los deshechos Cuando encontraba algo No examinaba ni olía: Tragaba con voracidad El bicho no era un perro, no era un gato No era un ratón. El bicho, Dios mío, era un hombre                                                               Río, 27-12-1947 (fuente: "Poesía nuestra", ed. Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, 2014, traducción de Juan Manuel Inchauspe.)

Uriel Martínez (1950 )

Feria del cerdo a. Era tan cerdo que buscó la sábana santa para cubrir sus emisiones nocturnas. b. Era tan cerdo que quiso viajar al planeta de El Principito para hacerle proposiciones indecorosas. c. Era tan cerdo que en noches de luna llena imitaba los berridos del puerco para llamar a su alma gemela. d. Era tan cerdo que buscó en internet el contacto con Esopo para que éste le escribiera una fábula sin moraleja. e. Era tan cerdo que a menudo golpeaba el avispero antes de lamerse las heridas. f. Era tan cerdo que siempre procuraba las heces fecales de místicos, vírgenes, locas e iluminadas. g. Era tan cerdo que a su primer puerquito le enseñó el camino a las narcofosas. h.   La rabia no tiene fecha de caducidad; la hidrofobia de las perras, sí.

Juan Manuel Roca (1946 )

Testamento del pintor chino Cuando el sobrio Emperador Me conminó a borrar del cuadro una cascada, -El chapoteo incesante espantaba su sueño- Como buen cortesano obedecí y esfumé su torrente. Sin embargo, oculté tras el dibujo de un cerezo Una rana que croa Y que el anciano Emperador confunde Con su agitado corazón. En un biombo de lino me pinté a mí mismo Al momento de dibujar un caballo. Una noche después espanté con el pincel al caballo, Pues no soportaba sus relinchos. Pronto borraré mi crepuscular figura del óleo, -Emperador de mi cuerpo- Y sabrán que es de la misma materia La ausencia de un hombre o de un caballo. (fuente: La hipótesis de nadie, Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, Venezuela, 2012.)

Eugenio Montejo poeta

Pavana para una dama egipcia Yo sé que un día aquí sobre la tierra no estaré nunca más. Habré partido como los viejos árboles del bosque cuando los llama el viento. Y esto que escribo no me lo dicta apenas una idea pues ya se ha hecho sangre de mis venas. También sin meditar suelen los árboles tener claro su fin. Como toda materia guarda memoria de su nada póstuma. No es preciso pensar para decirse —cada quien a sí mismo— adiós por dentro. Con ver las hojas en otoño basta; con ver la tierra allá a lo lejos, roja, flotando en el abismo, sin nosotros, se aprende casi todo... Yo sé que un día con tus egipcios ojos me buscarás sin verme aquí en la tierra, y no estaré ya más. Y no es la mente quien me lo dice ahora, sino tu cuerpo donde puedo leerlo; aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume, porque lo eterno vive de lo efímero como en nosotros el dios que nos custodia con tanto enigma en su perfil de pájaro y su vuelo que siempre está a la puerta. (fuente: ...

René Char (1907/1988 )

El ruido del fósforo    Crecí entre la leña encendida, al borde de brasas que no se volvían cenizas. A mi espalda, girando sobre un vidrio azafrán, el horizonte reconciliaba el empenachado plumaje marrón de las cañas con el pantano plácido, El invierno favorecía mi suerte. La leña caía en ese desorden frágil mantenido en suspenso por la alianza del absurdo y del amor. El abrasamiento me era al mismo tiempo soplo en el rostro y humo acre. Cuando no cerraba los ojos para sufrir, el héroe enfermo me sonreía desde su lecho. ¿Aprendí, junto a él. a permanecer silencioso? ¿A confiar el el bosque de mi corazón a la llama que habría de conducirlo a chispas ignoradas por los enclaves del porvenir? Las fechas se borraron e ignoro las convulsiones del compromiso. (fuente: "poesías", Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, enero 2013, versión de Luis Alberto Crespo.)

Francisco Madariaga (1927/2000 )

Canciones en un viaje a caballo 1 Los caballos nacen para amar secretamente como las madrugadas. 2 Los caballeros viajan con ponchos de cueros de ciervos celestes manchados de sangre. 3 Un dolor como el trino de un pájaro de agua, perdido en la infinitud. 4 El amor de un guerrero cuya lanza tiene el acero del agua. 5 El terror de los paisajes que se hundieron con los tesoros del Diablo. 6 Hay cierta agua de oro en la infinitud: solo la conocieron Jesucristo y Rimbaud. 7 Conservar siempre una tinaja con esa agua. (fuente: "rua das petras")

Mahmoud Darwish (1941/1998 )

Aldeanos sin malicia      fragmento Yo no conocía todavía las costumbres de mi madre ni a su familia cuando los camiones vinieron del mar pero conocía el olor del tabaco en torno al manto de mi abuelo y el perfume entero del café, desde que nací, como nacen aquí los animales domésticos: de un solo empujón. Nosotros también gritamos cuando descendemos al borde de la tierra, pero no depositamos nuestras voces en jarras antiguas. No colgamos la cabra en el muro, no pretendemos el reino del polvo y nuestros sueños no se asoman a las viñas de los otros ni rompen las reglas. Mi nombre no tenía todavía su pluma para que yo saltara más lejos que la tarde. El calor de abril era como los rabeles de nuestros visitantes de paso, nos hacían volar como palomas. Tengo mi primera campana. El encanto de una mujer me inclina a oler la leche en sus rodillas y a huir de la picadura de los manjares. Nosotros también tenemos un secreto cuando el sol cae de los ...

Salvador Novo cronista

Salones de belleza  En efecto, el viejo "Godefroy" era el único. Vendí postizos para los grandes chongos porfirianos, bisoñés para los calvos no resignados, cremirrumpieron su moda, a Simón. Cuando, en 1925, las pelonas, y los cultos periodistas hicieron chistes consabidos sobre los "cabellos largos e ideas cortas", que habían leído en las ediciones Maucci Schopenhauer (perdón; eran Samperer), la ciudad no estaba preparada para servir en sus peluquerías masculinas a las señoras que las invadieron. Pero bien pronto ya hubo "salones de belleza" para ellas solas, que ahora los llenan y hacen cola para ocuparlos y salir transformadas, metamorfoseadas; ya desde el de Esperanza, a que acude toda la aristocracia, ya desde el de cualquier barrio, que emperifolla a toda la vecindad. (fuente: Nueva grandeza mexicana, ed. Conaculta, 1992, col. Cien de México, Primera edición en Hermes, 1946.)

Uriel Martínez (1950 )

Pasajes Hay noches que yo no soy yo, es la enfermedad, los labios escarcha, los vidrios el iris. Hay enfermedades en que uno no es uno, son los antibióticos contra ti, el cansancio. Hay placebos que no son tales sino el impulso de cogerse del alféizar como escena blanco/negro. Hay caídas que no abren puertas sino bocas de cráter, domos frágiles, cristales como añicos de diamantes. Hay noches que son cruce de vías, trenes que pasan, raíles nerviosos, yemas enrojecidas, en llamas. Pasajes secretos que uno atraviesa sordo, a punto de tocar con la lengua la letra Z, la O de humo desvanecido.

Carlos Battilana (1964 )

Parrilla Sobre el fin de la calle rumbo al cuartel hay un asador: es verano pero corre una pequeña brisa. Mi padre mi madre nuestros hermanos disfrutan de la cena familiar al aire libre. No hay nada que temer estamos abrazados por el campo el mundo acontece en ese punto minúsculo del universo. Tengo seis años. Conozco todo lo que me circunda. Somos libres en el lugar. Mi padre es feliz; se rodea de sus hijos de su mujer tiene información suficiente para proveernos durante algunos años: axiomas, libros, narraciones de adolescencia. Ahora que su muerte es fresca y reciente, recreo el instante en que mi padre distribuye la carne, las achuras, las ensaladas en derredor. Mi madre lo roza con los ojos y deliberadamente lo deja hacer deja que su fuerza crezca allí, en ese punto minúsculo del universo. (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Richard Eberhart (1904/2005 )

New Hampshire, Febrero La naturaleza hizo que se ocultasen en grietas, dos avispas tan frías que tenían aspecto de corteza. Por qué, no lo sé, pero las agarré y las metí en un cazo de metal, de día y de noche. Como Dios al tocar con su dedo a Adán me sentí, y pensé en Miguel Ángel, porque cada vez que les echaba el aliento, el aliento más leve, brincaban y se atildaban como para irse. Mi aliento siempre las controlaba por completo. Más sensibles que chispazos eléctricos volvían a la vida o se retiraban al hielo, mientras yo acechaba, suspendiendo las observaciones. Entonces, una, en una ciega carrera, logró escapar, y cayó al suelo de la cocina. La aplasté con mi fría bota de esquí, por accidente. La otra no tuvo la viveza de intentarlo o morir. Y así, la otra aún es mi mascota. La moraleja de esto es evidente. Pero la soslayaré. No os gustaría. Y Dios no vive para explicar. (fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Jonio González) ...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Theodore el poeta De niño, Theodore, te pasabas las horas muertas sentado a orillas del turbio Spoon con los ojos clavados en la entrada de la madriguera del cangrejo esperando a que asomara y se arrastrara afuera, primero sus antenas ondulantes como pajas de heno, y enseguida su cuerpo color de jaboncillo, adornado con ojos de azabache. Y en éxtasis mental te preguntabas qué sabía, qué deseaba y por qué vivía. Pero más tarde tu vista se volvió a los hombres y mujeres y esperabas a que salieran sus almas para ver cómo vivían y para qué, y por qué seguían arrastrándose tan afanosamente por el arenoso camino donde falta el agua al declinar el verano. (fuente: "life vest under your seat", sin crédito al traductor/a)

Francisca Aguirre (1930 )

Una mala disposición Quizás tuvo la culpa una mala disposición de mi esqueleto.                                         Seguramente me falló la osamenta. Debo tener la tráquea demasiado estrecha y cualquier cosa le molesta se irrita y trago mal. El caso es que aquel hombre estaba hecho una furia y todo le estorbaba: los mendigos, los chinos, los rumanos. Estaba hasta los pelos de las quejas de las mujeres. Y se puso a decir que lo que hacía falta era una mano dura como antes. Y a mí me dio por toser y terminé escupiéndole. (fuente: "rua das petras" y "emma gunst")

Herta Müller (1953 )

Los barrenderos La ciudad está impregnada de vacío. Un coche me atropella los ojos con sus faros. El conductor me maldice porque no se me ve en la oscuridad. Los barrenderos están de servicio.Barren las bombillas, barren las calles fuera de las ciudades, barren el vivir de las viviendas, me barren las ideas de la cabeza, me barren de una pierna a otra, me barren los pasos al andar. Los barrenderos me envían luego sus escobas, sus magras escobas saltarinas. Los zapatos se me alejan taconeando. Y camino detrás de mí, caigo fuera de mí, por sobre el borde de mis pensamientos. A mi lado ladra el parque. Las lechuzas se comen los besos que han quedado en los bancos. Las lechuzas ni me miran. En la maleza se acurrucan los sueños cansados, hartos de trajinar. Las escobas me barren la espalda porque me apoyo demasiado contra la noche. Los barrenderos hacen un montón con la estrellas, las barren en sus palas y las vacían en el canal. Un barrendero le dice algo a otro barr...

Uriel Martínez (1950 )

El necio A veces quisiera no tener oídos para atender a los difuntos que tocan a la puerta. Otras deseara no tener ojos para aquellos que entran a guarecerse en páginas no leídas. Por momentos pierde el sentido del equilibrio si le murmuran versos ilegibles u oscuros en camino. Gustoso a veces daría vuelta a la página para atenderlos la víspera la hora y el día. Pero otras, otras más, se plegaría a los dictados de una voluntad plural reñida con horas. Obcecado les dice que no, les dice que sí, que luego, que otra noche.

Kim Addonizzio (1954 )

Primer poema para vos Me gusta tocar tus tatuajes en completa oscuridad, cuando no puedo verlos. Estoy segura dónde están, sé de memoria las prolijas líneas de relámpago pulsando justo debajo de tu pezón, puedo encontrar, como por instinto, el azul remolino de agua en tu hombro donde una serpiente se retuerce enfrentando a un dragón. Cuando te acerco a mí, tomándote hasta rendirnos y caer sobre las sábanas, me encanta besar las fotos en tu piel. Van a durar hasta que seas ceniza; lo que sea que persista o se vuelva dolor entre nosotras, van a seguir ahí. Semejante permanencia da terror. Así que las toco en la oscuridad; pero las toco, intentando. (fuente: "hasta donde llega la voz", versión: tom maver)

David Huerta (1949 )

Ayotzinapa Mordemos la sombra Y en la sombra Aparecen los muertos Como luces y frutos Como vasos de sangre Como piedras de abismo Como ramas y frondas De dulces vísceras Los muertos tienen manos Empapadas de angustia Y gestos inclinados En el sudario del viento Los muertos llevan consigo Un dolor insaciable Esto es el país de las fosas Señoras y señores Este es el país de los aullidos Este es el país de los niños en llamas Este es el país de las mujeres martirizadas Este es el país que ayer apenas existía Y ahora no se sabe dónde quedó Estamos perdidos entre bocanadas De azufre maldito Y fogatas arrasadoras Estamos con los ojos abiertos Y los ojos los tenemos llenos De cristales punzantes Estamos tratando de dar Nuestras manos de vivos A los muertos y a los desaparecidos Pero se alejan y nos abandonan Con un gesto de infinita lejanía El pan se quema Los rostros se queman arrancados De la vida y no hay manos Ni hay rostros Ni hay país Solame...

Berta Piñán (1963 )

Para otros Para otros la aventura, los viajes, el ancho del océano, Roma ardiendo y las pirámides, las selvas indomables, la luz de los desiertos, los templos y el rostro de la diosa. Para ellos rascacielos y ciudades, palacios del sueño contra el tiempo, la sonrisa de Buda, las torres de Babel, los acueductos, la industria incesante del hombre y sus afanes. A mi dejadme la sombra difusa del roble, la luz de algunos días de otoño, la música callada de la nieve, su caer incesante en la memoria, dejadme las cerezas en la boca cuando niña, la voz de los amigos, la voz del río y esta casa, de algunos libros, pocos, mi mano dibujando, despacio, la curvatura perfecta de tu espalda. (fuente: "rua das petras")

Bertolt Brecht (1898/1956 )

Parábola de Buda sobre la casa en llamas Gautama, el Buda, enseñaba la doctrina de la Rueda de los Deseos, a la que estamos sujetos, y nos aconsejaba liberarnos de todos los deseos para así, ya sin pasiones, hundirnos en la Nada, a la que llamaba Nirvana. Un día sus discípulos le preguntaron: «¿Cómo es esa Nada, Maestro? Todos quisiéramos liberarnos de nuestros apetitos, según aconsejas, pero explícanos si esa Nada en la que entraremos es algo semejante a esa fusión con todo lo creado que se siente cuando, al mediodía, yace el cuerpo en el agua, casi sin pensamientos, indolentemente; o si es como cuando, apenas ya sin conciencia para cubrirnos con la manta, nos hundimos de pronto en el sueño; dinos, pues, si se trata de una Nada buena y alegre o si esa Nada tuya no es sino una Nada fría, vacía, sin sentido.» Buda calló largo rato. Luego dijo con indiferencia: «Ninguna respuesta hay para vuestra pregunta.» Pero a la noche, cuando se hubieron ido, Buda, sentado todav...

Joan Margarit (1938 )

No estaba lejos, no era difícil  Ha llegado este tiempo cuando ya no hace daño la vida que se pierde, cuando ya la lujuria es tan sólo una lámpara inútil, y la envidia se pierde en el olvido. Es un tiempo de pérdidas prudentes, necesarias, y no es un tiempo de llegar sino de irse. El amor, ahora, por fin coincide con la inteligencia. No estaba lejos, no era difícil. Es un tiempo que no me deja más que el horizonte como medida de la  soledad. Un tiempo de tristeza protectora. (fuente: "otra iglesia es imposible",versión del propio autor)

Eliseo Diego (1920/1994 )

Arqueología Dirán entonces: aquí estuvo la sala, y más allá, donde encontramos los fragmentos de levísimo barro, el sitio del calor y la dicha. Luego vendrá una pausa, mientras el viento alisa los hierbajos inconsolables; pero ni un soplo habrá que les evoque la risa, el buenas tardes, el adiós. (fuente: "otra iglesia es imposible")

Lao Tse

Evitar la fuerza Cuando el hombre nace es suave y flexible. Cuando muere se vuelve duro y rígido. También las plantas y los árboles nacen tiernos y delicados pero al morir quedan mustios y secos. Lo duro y lo rígido pertenecen al dominio de la muerte. Lo suave y lo flexible pertenecen al dominio de la vida. Por eso el ejército demasiado poderoso no puede vencer y el árbol rígido es quebrado por el viento. Lo fuerte y lo poderoso deben estar abajo, y arriba lo débil y más tierno. (fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductor: juan fernández oviedo) 

Francisco Ruiz Udiel (1977/2011)

Nada Nada es una palabra inventada por Dios para escupir su desprecio. Yo soy la palabra de Dios. (fuente: revista arquitrave en línea, no. 49, agosto 2010)

José Watanabe (1947/2007 )

El pan Perdonen que lo diga sin pudor, pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo                   de hambrunas. Las carencias nos llevaban a todos a una especie de inocencia,                      a un vivir en el centro puro de nosotros mismos. Así es cuando ya no queda nada, salvo la postura orgullosa de mi madre                  que dormía como saciada. Cada cierto tiempo pasaban profetas que repetían monsergas en nombre de un dios                   prometedor, pero cruel. Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos          ni hizo el milagro de una simple lechuga. Una tarde se asomó a nuestra puerta un extranjero de mirada llameante, otro agorero, pero no supimos quién ardía en él, si su dios                 ...

César Moro (1903/1956 )

El fuego y la poesía III Amo la rabia de perderte Tu ausencia en el caballo de los días Tu sombra y la idea de tu sombra Que se recorta sobre un campo de agua Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo Que me deshace y te recrea El tiempo que amanece dejándome más solo Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en la sombra de los días Como una bestia desdentada que persigue su presa Como el milano sobre el cielo evolucionando con una precisión de relojería Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti Con una fatalidad de bomba de dinamita Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre Luchando con el día lacerando el alba Zafando el cuerpo de la muerte Y al fin es mío el tiempo Y la noche me alcanza Y el sueño que me anula te devora Y puedo asimilarte como un fruto maduro Como una piedra sobre una isla que se hunde (fuente: "la biblioteca de marcelo leites")

Marcos Fabián Herrera (1984 )

Añoranza En esta casa y en este patio de insomnes mujeres la vida es un vago recuerdo, jirones de un tiempo ignorado. La luz que atraviesa las hendiduras alimenta fantasmas y revive el temor. (fuente: arquitrave en línea, no.49, agosto 2010)

Jorge Posada (1980 )

Paso doble la cocinera de la fonda argentina al quemarse con el aceite dice laputísimaverga como su hermana que en la caja de costura esconde fotografías forenses el repartidor de garrafones se ata las agujetas como su prima que murió al atravesar división del norte el vigilante del conjunto residencial se escarba los dientes como su tía abuela que durante los años 90 le gustaba mandar cartas a una abogada que trabajó para impedir el desafuero de un expresidente la encargada de los helados lava las cucharas como su padre al que vio dos veces la maestra del 4b grita en el micrófono con los mismos defectos de pronunciación que su primo el bombero que desertó durante el terremoto de 1985 el empleado de bimbo desarrolla en la laringe los mismos quistes de su abuela que aún en el hospital se negó a revelar su fecha de nacimiento el dueño de los abarrotes tiene una mala digestión semejante a su segunda esposa que durante ciertas noches sufre ataques de ansiedad que no le perm...

Lina Zerón (1959 )

Un gran país Vivo en un país tan grande que todo queda lejos: la educación, la comida, la salud, la vivienda. Tan extenso es mi país           que la justicia no alcanza para todos. (fuente: "blog del amasijo")

Uriel Martínez (1950 )

  El buen fin Era tan pobre que cuando nació lo echaron a un moisés que desembocó en el Mar de los Sargazos Era tan pobre que le dijeron que se callara porque ya no había especialistas en esperanto. Era tan pobre y distraíd@ que cuando salió de la representación de "La Orestiada" el dictador ya era cadáver. Era tan pobre que España nunca apartó de él aquel cáliz. Era tan pobre que vendió el manuscrito de su "Libro del Desasosiego" a un hombre taciturno con trastornos hepáticos. Era tan pobre que en sus periodos de insomnio se levantaba a verificar las ratoneras vacías y sin queso. Era tan pobre que tenía años con la muela del juicio bajo la almohada. Era tan pobre que había días que merendaba las hojas en blanco. Era tan pobre que pensó erigirle un altar al As de Oros. Era tan pobre que concibió sus últimos días ayuno de hambre. Era tan pobre que lo contrataron en un circo ya sin animales,ni la Mujer...

Eloy Sánchez Rosillo

En la mañana Despertarse un buen día y descubrir que la turbia amenaza que tanta muerte puso durante tanto tiempo en nuestra vida ya no nos mira con sus ojos fijos, con sus ojos terribles. ¿Qué sucede? ¿Cómo se hizo en mi casa este silencio puro, este sosiego que tenía olvidado? ¿Quién ha abierto el balcón y allí a dispuesto esa maceta con geranios rojos? ¿Es cierto que se adentra por la estancia, despacio, un sol muy dulce y acaricia el suelo, este sillón, mis manos, mi cabeza, mi pecho que agradece, mi corazón que canta? (fuente: rua das petras)

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

De lo que soy En este cuerpo en el cual la vida ya anochece vivo yo Vientre blando y cabeza calva Pocos dientes Y yo adentro como un condenado Estoy adentro y estoy enamorado y estoy viejo Descifro mi dolor con la poesía y el resultado es especialmente doloroso voces que anuncian: ahí vienen tus angustias voces quebradas: pasaron ya tus días La poesía es la única compañera acostúmbrate a sus cuchillos que es la única (fuente: griselda garcía.blogspot)

Ana Pérez Cañamares (1968 )

Entonces... Entonces ¿tú también me ves así? ¿Tú también me ves fuerte? Porque le echo cayena a la comida, porque bebo como un hombre (un hombre que bebe mucho) porque me he horadado el cuerpo -y el cerebro- porque he parido a cuatro patas como una hembra en su guarida porque okupé en Londres porque he hablado en público y he lavado y vestido a mi madre muerta porque me he rapado el pelo y lo he teñido de amarillo porque he dormido sola en el monte y he puesto a conversar mi oscuridad con la oscuridad de fuera. Así que tú también me ves fuerte. Serás de los que te sorprendas el día que me desplome; insistirás en que nunca me viste dar una señal de debilidad o de abatimiento. Te equivocarás como todos y no podré culparte: toda la vida llevo apoyándome en esta fama de fuerte. Sólo yo sé que la fama camina sobre muletas podridas. (fuente: "apología de la luz")

Gonzalo Rojas (1917/2011 )

Desde abajo Entonces nos colgaron de los pies, nos sacaron la sangre por los ojos,                                    con un cuchillo nos fueron marcando en el lomo, yo soy el número 25.033,             nos pidieron dulcemente, casi al oído, que gritáramos viva no sé quién.                            Lo demás son estas piedras que nos tapan, el viento. (fuente: "apología de la luz")

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

No estés mucho tiempo lejos de mí No estés mucho tiempo lejos de mí si no querés que el recuerdo lo invada todo y no deje más lugar a la presencia, a menudo te veo bajo los árboles, te repiten las calles, la bañera, los cuartos, los discos, y el mar es igual a ti, te tengo aquí en los ojos como un aparato oftalmológico de precisión, y también si subo al techo te veo, no estés mucho tiempo lejos de mí, no querrás diluirte en el espacio infinito de mi vista que se extiende en los años, cuando estudiabas conmigo en el '39 o cuando te aburriás en la Torre de Londres llena de hierros negros en el '51, y ayer en el valle Caffarella que ni siquiera te pareció lindo, no querrás diluirte en el tiempo infinito: no estés mucho tiempo lejos de mí. (fuente: "el poeta ocasional", traducción de guillermo piro)

José Watanabe (1945/2007 )

Los amantes Abundantes ropas envuelven a los amantes, sólo un hombro o un muslo están desnudos como pulpas de luz y los sexos en su quieta fiereza.  Si el acoplamiento es inmóvil, las sedas de las ropas no dejan de ondular. Las telas, delicadamente estampadas con menudas flores de una primavera geométrica, se deslizan por toda la esterilla, avanzando y acumulándose en pliegues breves y rápidos. Si la luz de la carne es blanca, las sedas fluyen como un río de varia coloración, un río que se desprende del cuerpo de los amantes que, cerrados al mundo, ignoran cómo se agitan esas pequeñas flores rojas. (fuente: la biblioteca de marcelo leites)